JUSTO GARCÍA GIL, PROFESOR DE FORMACION DEL ESPIRITU NACIONAL

En mi recorrido y caminar, paulatino, por los profesores del Instituto Nacional “El Brocense” del Cáceres de Aquellos Tiempos aparece la figura sosegada, serena, de bonhomía, de Justo García Gil.

Justo García Gil en un almuerzo de profesores del Instituto.

Justo García Gil en un almuerzo de profesores del Instituto.

Era don Justo García Gil un hombre cercano, próximo, que nos inculcaba al alumnado bachiller unas lecciones de aquella asignatura que se llamaba Formación del Espíritu Nacional y que todos veníamos a conocer como Política.

Una clase, por cierto, que a buena parte de los estudiantes, le servía de relajo y distensión ante la presión habitual de asignaturas más complejas y enrevesadas, como las Matemáticas, el Latín, la Historia, la Química, el Francés, las Ciencias. Y es que, como aquellos estudiantes del primer curso de bachiller, la Educación Física, también conocida como Gimnasia, la Religión y la Formación del Espíritu Nacional, conformaban un grupo de asignaturas conocidas como “Marías” o secundarias. Es decir, que se les prestaba una atención menor. Porque en las mismas se solía imponer, salvo excepciones, el aprobado general…

Don Justo era, sin duda alguna, buena gente. Pasaba lista con la calma propia de su tranquilidad, preguntaba a los bachilleres las nociones explicadas la clase anterior, y, posteriormente, nos explicaba, por lo general, uno de los textos del libro que se impuso en la asignatura, durante aquella etapa, y desde el curso escolar 1958/59. Lo que hacía y llevaba a cabo con un énfasis con el que nos inculcaba los valores formativos y educativos propios de la época.

El libro de Formación del Espíritu Nacional se titulaba “Vela y Ancla“. Un texto escrito por Eugenio de Bustos Tovar, que fuera catedrático de Lengua en la Universidad de Salamanca, que se dividía en tres partes,; Tú y yo“, sobre la importancia del hombre en la vida, “Todos“, una configuración histórica a lo largo de los tiempos, y “España“, alrededor del sentido de la unidad nacional.

El mismo llevaba sello editorial de Doncel, y se compendiaba por una antología de fragmentos escogidos de forma cuidadosa y detallada de obras tan señaladas como pueden ser, por ejemplo, “Don Quijote de la Mancha“, de Miguel de Cervantes, “El principito“, de Antoine de Saint-Exuperi, “Soledades: Recuerdo infantil“, de Antonio Machado, “Las confesiones de un pequeño filósofo“, de José Martínez Ruiz, Azorín, ” El espejo de Matuyana“, de Juan Valera, “Vidas sombrías” de Pio Baroja, “Platero y yo”, de Juan Ramón Jiménez…

También se incluían en el libro de Política “Vela y Ancla” otros textos entresacados de obras escritas por autores de la talla de Miguel de Unamuno, de Vicente Blasco Ibáñez, de Calderón de la Barca, de Félix Lope de Vega…, con lo que se nos marcaba un camino en la orientación bachiller.

Un profesor, don Justo García Gil, que caminaba entre la semblanza de la sensibilidad humana, que le distinguía, y el ritual de la pedagogía y de la enseñanza de aquellos tiempos, en los que el bachiller se consideraba, entre otras razones, como escuela de vida.

Justo García Gil, Jefe de Campamento, 1957.

Don Justo García Gil también fue Jefe del Campamento del Frente de Juventudes “Emperador Carlos“, que desplegaba sus tiendas de campaña y sus escuadras y compañías de bachilleres cacereños en un lugar de manifiesta belleza como es Cuacos de Yuste.

En el mismo don Justo preparaba para la muchachada cacereña todo una larga serie de cuidadas y entretenidas actividades en aquellos veinte días veraniegos entre toques de diana, gimnasia, marchas, charlas formativas y religiosas, juegos, lecciones de variada índole, habilidades manuales, fajinas, petates, fuegos de campamento, izado y arriado de banderas, el día familiar, y otras variables de los tiempos, compitiendo por alcanzar el banderín del día en rivalidad entre las diferentes escuadras como una distinción de honor.

Asimismo Justo García Gil fue asesor de la Inspección de Enseñanza Primaria.

Un profesor cacereño que dejó la estela de esa sencillez en la profundidad de sus explicaciones profesorales o, quizás, esa hondura en el recorrido que emanaba desde la muy especifica tipología de su magisterio. En este caso, claro es, la Formación de Espíritu Nacional en los jóvenes bachilleres del Cáceres, ay, de Aquellos Tiempos…

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