El baticulo del Insti: Una tradición estudiantil que marcaba a los novatos de «El Brocense»

Hoy, 21 de marzo de 2026, he iniciado en el periódico «Extremadura» la sección «DE AQUEL CACERES». El primer artículo se titula «El baticulo del Insti: Una tradición estudiantil que marcaba a los novatos de «El Brocense» en Cáceres. Aquí os lo dejo

De aquel Cáceres

El «baticulo» del Insti: la tradición estudiantil que marcaba a los novatos del «El Brocense» en Cáceres

El Instituto “El Brocense” de Cáceres, conocido por su ambiente académico y sus peculiares tradiciones, forjó a generaciones de estudiantes con un profesorado que dejó huella profunda

Claustro del Instituto en el Curso 55-56: Junto al obispo Manuel Llopis Ivorra, un profesorado ilustre: Abilio Rodríguez Rosillo, Daniel Serrano García, Casimiro García García, Eliseo Ortega Ramiro, Pablo Naranjo Porras, Elena Málaga, Justo García Gil, Juan Delgado Valhondo...
Claustro del Instituto en el Curso 55-56: Junto al obispo Manuel Llopis Ivorra, un profesorado ilustre: Abilio Rodríguez Rosillo, Daniel Serrano García, Casimiro García García, Eliseo Ortega Ramiro, Pablo Naranjo Porras, Elena Málaga, Justo García Gil, Juan Delgado Valhondo… / Cedida a El Periódico

Juan de la Cruz Gutiérrez

Cáceres21 MAR 2026 7:00

Aquel Instituto Nacional de Enseñanza Media “El Brocense”, enclavado en el corazón de la ciudad histórico-monumental, marcó el paso de muchos cacereños que hicimos camino al andar.

Un centro en el que tantos bachilleres nos dejamos una parte importante del recorrido personal entre enseñanzas, deberes, fugas o novillos, aprobados ramplones, matrículas de honor y suspensos, también conocido como cates, a la hora de pasar revista a las notas finales de curso, que se exponían públicamenteen los tablones del centro, junto a la estancia de los bedeles (Zazo, Paco y Sánchez), con un profesorado, del que hemos de dejar constancia porsu notable relieve, que forjó a tantas generaciones con sus lecciones magistrales, su humanismo, su sentido del estudio, deber y formación…

La historia de Cáceres sería muy difícil de entendersin la existencia de este centro. Unas páginas que sembraron el tesoro de la enseñanza y las doctas lecciones para la aplicación del alumnado y el esmero en el estudio como recibía aquella adolescencia y juventud cacereña.

https://buy-eu.piano.io/checkout/template/cacheableShow.html?aid=HbRHGYNxpe&templateId=OTTFZ5END760&templateVariantId=OTV2YDE0W4OLF&offerId=fakeOfferId&experienceId=EX95RNDY7CSI&iframeId=offer_8b500b52e50295adb843-0&displayMode=inline&pianoIdUrl=https%3A%2F%2Fauth.elperiodicoextremadura.com%2Fid%2F&widget=template&url=https%3A%2F%2Fwww.elperiodicoextremadura.com%2Fcaceres-local%2F2026%2F03%2F21%2Fbaticulo-insti-tradicion-estudiantil-marcaba-128207584.html&isConsentManagerEnabled=false

José Luis Turina, Raimundo Rodríguez Rebollo, Casimiro García, Eliseo Ortega Ramiro.
José Luis Turina, Raimundo Rodríguez Rebollo, Casimiro García, Eliseo Ortega Ramiro. / Cedida a El Periódico

Un Insti que figura como un libro abierto para el sabor y el saber de aquellas nuestras generaciones y cuyo profesorado se merece el mejor tributo como homenaje a quienes supieron incentivar la aplicación en la disciplina delaprendizaje de las asignaturas a aquel alumnado que en numerosas ocasiones se distraía con los chillidos, el aleteo y el vuelo de las chovas, los vencejos, los cernícalos o las cigüeñas, entre torres, iglesias, conventos y palacios de alzada medieval por el conjunto que entonces se conocía como Ciudad Antigua o parte Vieja y hoy se adorna como Ciudad Medieval y Patrimonio de la Humanidad.

Abilio Rodríguez Rosillo recibiendo la Encomienda de Alfonso el Sabio, 1961.
Abilio Rodríguez Rosillo recibiendo la Encomienda de Alfonso el Sabio, 1961. / Cedida a El Periódico

Pasando revista al Cáceres de aquellos tiempos, emociona en el alma rememorar, los nombres del profesorado del Instituto “El Brocense”, en el que tantos bachilleres nos formamos en base a sus instructivas clases. De este modo resulta gratificante para el articulista dejar constancia y testimonio de una serie de enseñantes que se entregaban en pro de su instrucción y función pública y que me perdonen tantos: Abilio Rodríguez Rosillo, Ciencias Naturales; Eugenio Matas García, Latín; Pablo Naranjo Porras, Historia; Fernando Marcos Calleja, Gramática; Emilio Macías, Dibujo; Justo García Gil, Formación del Espíritu Nacional; Daniel Serrano García, Matemáticas, con su bata blanca; Secundino Carvallo, Geografía; Casimiro García, Religión, que tildaba de bolcheviques a los alborotadores; Eliseo Ortega Ramiro, Filosofía; Gerardo García del Camino, Literatura; Pedro Mohedano,Educación Física,del que coreábamos: “Hombros arriba, hombros abajo, qu´el profe de Gimnasia, se vaya p´al carajo”; Elena Málaga, Francés…

El Insti se alzaba y erigía como una docta institución en la ciudad y en la provincia, con hornadas de estudiantes serpenteando por sus aulas, entre apuntes y los libros que adquiríamos en “La Minerva”, entre los últimos días de septiembre y principios de octubre, aguardando largas colas en los soportales de la Plaza Mayor.

Para algunos, en aquel tiempo de entonces, las lecciones eran plúmbeas. Sin embargo, hoy, pasando revista al tiempo que lamentablemente queda, ya, tan atrás, interesantes y necesarias, para la adecuada formación de los bachilleres.

El baticulo de los pipiolos

Una de las peculiaridades del Insti “El Brocense”, en aquellos tiempos radicaba, como muchos aún recordamos tantos años después, en el baticulo. Esto es, el bautizo de los conocidos pipiolos que ocupaban de año en año las bancadas de las aulas en el primer curso. Una novatada practicada a lo largo de muchos cursos escolares y que suprimió, ya, de forma definitiva, cuando la muchachada escolar cambiamos de edificio y acudíamos a las instalaciones en El Rodeo.

La palabra baticulo, según el diccionario de la RAE quiere decir “golpe en las nalgas” y ya se encuentra prácticamente en desuso.

Martín Duque Fuentes.
Martín Duque Fuentes. / Cedida a El Periódico

El bautizo de aquellos estudiantes novatos en el Insti consistía en que los alumnos más veteranos, pertenecientes a los cursos superiores, preferentemente Preuniversitario y sexto, perseguían a los neófitos bachilleres de uno en uno, tras haber oteado con la mirada por el largo pasillo y comprobar la ausencia de profesores:

–¡Mira, un novato, a por él…! –gritaba un veterano, seguido por una legión de alumnos encabezada por los mayores. Entre todos procedían a trasladar al pipiolo a unas escalinatas, detrás del patio central y por las que se accedía al sótano, donde se impartían las clases de Educación Física y en cuyo salón de actos se celebraba la festividad de Santo Tomás de Aquino, patrón de los estudiantes, en aquel entonces el 7 de marzo, con tómbola, representación teatral y misa en la iglesia de San Francisco Javier.

El grupo de mando sentabaal más que asustadizo novato, en el primer escalón. Unos cuantos de los veteranos procedían a ubicarse tres o cuatro escalones más abajo del que ocupaba el pipiolo, otros se situaban detrás del recién llegado al Instituto, y otros cuantos se colocaban a ambos lados para corear el proceso de los baticulos.

La suerte, pues, ya estaba echada.

La peculiar firma de Martín Duque.
La peculiar firma de Martín Duque. / Cedida a El Periódico

El ambiente se iba caldeando entre los más mayores, claro es, mientras que otros nuevos bachilleres trataban de escabullirse a todo meter, saliendo despavoridos cuando el jefe de los veteranos gritaba:

–¡A la una, a las dos y a las tres…!

Un grito de guerra que aglutinaba a numerosos estudiantes de los diferentes cursos. Entonces los grandullones, en las escaleras bajas tiraban de las piernas del nuevo alumno del Insti para bajarle de escalón en escalón, mientras los de atrás empujaban sobre los hombros del incipiente bachiller para que el golpe en las posaderas fuera mayor y le imprimiera unmás severo dolor.

De este modo todo el bando de los estudiantes agolpados junto al pequeñuelo, coreaba los golpes de los baticulosde modo escandaloso:

–¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete…!, –lo que conllevaba a una animación por el largo pasillo que, al otro lado, se configuraba con las aulas de enseñanza y su panorámica la inmensidad de la Ciudad Antigua…

Tras unos cuantos golpetazos en el trasero, un condescendiente mayor gritaba:

— ¡Valeeeee…!

1960: Festividad de Santo Tomás de Aquino, patrón de los estudiantes: El Obispo Manuel Llopis Ivorra, Martín Duque Fuentes, José Luis Turina, Secundino Carballo, Pablo Naranjo Porras, Raimundo Rodríguez Rebollo. Miguel Antonio Esteban...
1960: Festividad de Santo Tomás de Aquino, patrón de los estudiantes: El Obispo Manuel Llopis Ivorra, Martín Duque Fuentes, José Luis Turina, Secundino Carballo, Pablo Naranjo Porras, Raimundo Rodríguez Rebollo. Miguel Antonio Esteban… / Cedida por la Diputación de Cáceres

Un recorrido de unos cuantos peldaños, entre un severo susto y el dolor del estudiante novatillo que, con la ración debida de baticulos, ya había sido bautizado en el Instituto “El Brocense”, tal cual mandaba la inveterada tradición.

Una bienvenida de la queninguno de los miles de bachilleres que pasamos por aquellas ilustres aulas, sepamos el cómo, el por qué, el cuándo ni el dónde arrancaaquel bautizo que llevaba a que los novatos salieran correteando despavoridos y a todo meter, salpicando su rostro barbilampiño desdibujado con el asombro, la cara de terror y unas lágrimas mientras la hueste veterana se descuajaringaba de risa, con la satisfacción de haber contribuido a mantener la esencia del costumbrismo estudiantil, del quedan cuenta las crónicas.

¡Ay, aquellos añorados tiempos del Insti, entre sabios profesores de un claustro magistral, docente por excelencia, y a quienes tanto debemos todos aquellos bachilleres…! 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *