Un trabajo de Juan de la Cruz Gutiérrez, que aparece publicado hoy, 26 de septiembre de 2026, en «El periódico Extremadura», como el capítulo XXVI de su sección semanal «CACEREÑEANDO».

Un insigne sacerdote, de señalada oratoria, cercano y profundo, divulgador de la imaginería de Santiago en la Semana Santa, fue parte de todos los cacereños que, de uno u otro modo, convergían en su iglesia.
Siguiendo el curso del Cáceres de Aquellos Tiempos me encuentro con la figura y la imagen de don Lorenzo Pascual Manzano, párroco de la iglesia de Santiago, una de las cuatro más importantes de Cáceres, que contaba con una amplia feligresía bajo su criterio y exposición en materia de asistencia religiosa.
Lorenzo Pascual (Gata, 1910-1987), hijo de Elías y Cipriana, era el único varón de siete hermanos, atravesando una compleja niñez, ya que su padre elaboraba zapatos al tiempo que atendía algunas propiedades agrícolas, con las que sacaban a flote y adelante una familia que sumaba nueve miembros, con las adversidades propias de aquellos tiempos y oficios.
Lorenzo, desde muy pequeño, echaba una mano como buenamente podía a su padre en sus labores, conociendo el sabor de la crudeza y los sinsabores del tiempo. También, desde temprana edad, influenciado y convencido por el párroco de su localidad natal, fue enfocando una ruta vocacional que se dirigirían, con el paso del tiempo, a su ingreso en el Seminario de Coria. Un lugar en el que, poco a poco, fue madurando en sus horizontes. Más, aún, conociendo tan de cerca la vida de los estudiantes, compañeros y aspirantes, asimismo, y concienciándose de labor de todos ellos en el sendero religioso, que, según se deducía de sus testimonios, en el correr de aquellos tiempos no resultaba nada fácil ante las exigencias formativas por parte de los rectores del Centro.
Un lugar, el Seminario de la ciudad cauriense, en el que se fue forjando, poco a poco, a través de su adolescencia, juventud y la paulatina madurez y sensibilidad, tanto religiosacomo humana y social que impregnaban, para mayor identidad de su predicamento y ejercicio sacerdotal, algunos de los vértices sobre los que pivotaría, de modo significativo y social, el eje de su vida. También formándose en las reflexiones de sus soledades, en el estudio y hondura de los textos, en su identidad con los cánticos, disfrutando, sobre todo, del gregoriano, que rebotaba y se expandía por el campo de sus emociones.

Sus primeros pasos en Valencia de Alcántara y Montehermoso
De este modo el 21 de septiembre del año 1935 Lorenzo Pascual Manzanofue ordenado sacerdote, cantando la primera misa, rodeado por una amplia alegría y celebración familiar, en su pueblo natal. Flotaban en el ambiente la dificultad de los tiempos. Por exigencias de las circunstancias, nuestro protagonista tiene que incorporarse al Ejército. Ingresando en filas trata de llevar a cabo una misión la mar de compleja, ya en plena Guerra Civil. En base a sus propuestas, sin embargo, logra ser trasladado muy pronto como capellán al Hospital Militar de la localidad de Valencia de Alcántara, para pasar más tarde, como coadjutor a una iglesia de la misma localidad, Nuestra Señora de Rocamador, hasta el año 1942, tratando de impregnar a todos los fieles y a los parroquianos el significado de las puertas abiertas que ofrecía la iglesia.
Ese mismo año pasa a ejercer como ecónomo en el municipio de Montehermoso. Hasta que dos años después, en el transcurrir del año 1944, es nombrado Ecónomo en la Iglesia de Santiago en Cáceres. De este modo alcanza una de sus inquietudes y aspiraciones como la de regir los destinos de una de las iglesias que se alza en Cáceres junto a templos como los que significan y representan en el panorama eclesial cacereño, los templos de Santa María, San Mateo. San Juan, San Francisco Javier, tratando de predicar la doctrina católica y llevar a cabo todas las actividades que buenamente podía con una feligresía, ya, tan amplia y numerosa, así como la colaboración de numerosas personas entre unas y otras labores.
Don Lorenzo, siempre muy trabajador y dinámico, iba desplegando y poniendo en marcha, en el seno de la iglesia de Santiago, un plan de iniciativas y de acciones, como producto de las numerosas inquietudes que le guiaban y de las que le aportaba, al tiempo, el sentir de los fieles.
Manifiesto intelectual y sobre todo un humanista en aquel Cáceres, transitaba en sus misiones y labores desde los senderos de unamanifiesta sencillez y transmisión de su programa, desarrollando y cumpliendo con su sentir y las enseñanzas apostólicas de aquel entonces. Amigo de charlas y encuentros tintados de pormenores históricos, culturales, sociales y religiosos, bautizó, impartió la catequesis y dio la comunión a los siete hermanos de la sagaGutiérrez Gómez, de la calle General Margallo, como lo hizo con tantas y tantas familias de su jurisdicción religiosa. Desempeñando, en ese recorrido vocacional al que se entregó desde su temprana vocación, hasta la conformación de una relevancia ciudadana y pastoral de notable alcance en la pequeña capital de provincia. Pero, eso sí, quede constancia escrita en estas líneas, con una intensa actividad de compromiso moral por parte de don Lorenzo.
Buena gente, persona agradable y próxima a todos, se distinguía por una manifiesta proximidad a los feligreses, por sus homilías desde el púlpito, tan brillantes como claras, caracterizadas por el rigor de su amplia formación y de los considerandos en el objetivo de llegar a todos con su palabra, de orientar y guiar a todos los fieles de su iglesia, desde sus responsabilidades, al mejor servicio.

Enamorado de la imaginería de la iglesia de Santiago
Enamorado apasionadamente de la amplia y rica imaginería, que se alberga históricamente arraigada en la iglesia de Santiago el Mayor, volcado con y por el fervor inmenso de la cada día excelsa Semana Santa de Cáceres y la aportación representativa del templo, siempre manifestabay destacaba la excepcional aportación del templo en la expresión conjunta de las celebraciones que se llevan a cabo desde el templo enclavado en la plaza de Santiago y la sublime y expresiva belleza que desprenden todas y cada una de las numerosas estampas que se dan cita en los desfiles procesionales con las representaciones entre el Domingo de Ramos y el Domingo de Resurrección: El Cristo de las Indulgencias, la Magdalena, la Verónica, la Caída del Señor, la Virgen de las Angustias…
También el besapiés de la talla de Jesús Nazareno, una obra de relieve del imaginero Tomás de la Huerta, con largas colas de gentes por la devoción cacereña al mismo, la Procesión de la Madrugada, que rezuma e impregna de fervor y solemnidad, en una llamada al todo Cáceres que se apostilla en torno a su Semana Santa
Coros, ejercicios espirituales, cursillos prematrimoniales, funerales, el compromiso y responsabilidad en el cometido social de la iglesia, , el cuidado y la mejora del templo,a través de una palabra siempre amable y próxima. Del mismo modo que se volcaba con el testimonio de la Hoja Parroquial. Una publicación semanal en la que trataba de acumular el máximo contenido posible que pudiera alcanzar a los feligreses.
Una vida intensa, repleta de actividades, de compromisos que, al tiempo, le enriquecían cada día más y con el objetivo de nuevos retos. Todo ello lo iba compatibilizando con su pasión por la familia, sin olvidar que el mismo vivía en la casa parroquial de Santiago, con dos hermanas, dos sobrinas, hijas de otra hermana cuyos padres fallecieron a temprana edad, y durante un largo tiempo, también con su padre, con lo que la vida no resultaba demasiado fácil para salir adelante. Pero la capacidad de esfuerzos de todos hizo posible un hogar armónico y de lucha por el día a día.
“Que todo sea por el bien de Cáceres y de la iglesia”.
En Cáceres fomentó y cultivó también un círculo de amistades con los que se recrea en tertulias caracterizadas por la identidad cultural, la inquietud historia y religiosa, el relieve de su comunión social con la sociedad cacereña, para incrustarse del mejor y mayor conocimiento de la capital, un anhelo al que aspiró desde siempre, lo mismo que componía algunos poemas, como testimonios personales en la soledad de la noche, cuando se dejaba llevar por el silencio y el azul oscuro del cielo…
Habían transcurrido, así, de repente, casi a vuela pluma treinta y cinco años al frente de la iglesia cacereña de Santiago el Mayor. Atrás queda, sin embargo, el pálpito de la emoción de la historia que recogen sus pasos, siempre venerables, u siempre, como solía expresar, “que todo sea por el bien de Cáceres y de la iglesia”.
Más tarde pasó a ser Canónigo de la Santa Iglesia Concatedral de Santa María, también el de Consiliario de Mujeres de Acción Católica, practicando su compromiso y misión de alcanzar los mejores logros posibles. Siempre, claro es, de acuerdo con el criterio de las mismas y que veían en don Lorenzo Pascual Manzano un sacerdote ideal para las aspiraciones e inquietudes de las mismas.
Un día, en el transcurso del año 1997, cuando respiraba la satisfacción de la paz interior que se expandía a través del recorrido de la vida, con la conciencia de y en la obra bien hecha, sobre todo con el desempeño de mucho amor y alegría, don Lorenzo Pascual Manzano falleció, dejando una estela de consideración, respeto y admiración entre quienes le conocieron a base de bien, durante largo tiempo.