ANGELETE, PRIMER TORERO CACEREÑO

Angel Fernández Pedraza, «Angelete», es el primer diestro cacereño que tomó la alternativa en la historia del toreo… Una trayectoria en la que empezó con ganas, entró en Madrid, siguió con cierta irregularidad y que demostró coraje y valentía, aunque no alcanzara el escalafón con el que soñaba.

Nacido en la localidad de Baños de Montemayor, 1892, y fallecido a la temprana edad de 38 años, Angel Fernández Pedraza sintió correr por sus venas, ya desde muy pequeño, la vocación torera por cuyos surcos se fue incrustando poco a poco intentando triunfar en el siempre complejo mundo del arte de Cúchares.

Todo un recorrido que, para no engañarnos, le costó harto trabajo. Y quizás, nunca mejor dicho, sangre, sudor y lágrimas.

Tras iniciarse como banderillero en la cuadrilla de su hermano Víctor, conocido como «El Extremeño» en el mundillo taurino de aquellos lejanos tiempos, con más de un siglo de antigüedad, ya en 1913 va alternando, con el tan anhelado traje de luces de novillero, por diversas plazas de cierta entidad. Lo que desembocó en su presentación en el coso de la capital madrileña el 18 de marzo de 1916, cautivando a los aficionados con su temple, con su valor, con el arrojo con los rehiletes en el tercio de banderillas y otras cualidades. Lo que le llevó a ser uno de los novilleros por los que la afición mostraba sus predilecciones.

Ya en el año 1916 Angelete hizo el paseíllo en 37 ocasiones, con diversas actuaciones en Madrid, lo que le iba facilitando una especie de pasaporte para el siguiente paso, el de la alternativa. Y consolidarse y pasar a la historia como el primer torero cacereño doctorado en tauromaquia.

De este modo el diestro cacereño llegó a tomar la alternativa como matador de toros el 12 de septiembre en la Plaza de Salamanca, dentro del programa de sus Ferias y Fiestas.

Un día de excepcional relevancia en su vida, recibiendo muchas visitas de paisanos extremeños con frases de aliento y entusiasmo para esa tarde, cuando ya había lidiado más de trescientos novillos.

Y todo ello en medio de un cartel de relevancia y tronío. Puesto que es de señalar que le entregó la muleta y el estoque Joselito, el Gallo, ante Saleri y Silveti. Angelete, que toreó con decisión y valentía al astado de la alternativa, de nombre Gitano, de la ganadería de Andrés Sánchez, mató de media estocada superior y obtuvo el silencio del respetable. En el último de su lote, de la ganadería de Coquilla, logró una ovación del público. Ese día Angel Fernández, «Amgelete», hizo el paseíllo con un terno gris perla y oro y brindó el toro de la alternativa al compositor trujillano Jacinto Cabrera Orellana.

Una alternativa que confirmaría tan solo once días después en la Plaza de Toros de Madrid, con el diestro Cocherito de Bilbao, de padrino, y con Celita de testigo.

De su confirmación escribe Don Benigno, crítico taurino del periódico “El Heraldo de Madrid”, escribe estos versos:

Angelete va hacia el toro.

Angelete va hacia el toro

corajudo y decidido.

Luce un flamante vestido

de seda lila con oro.

La muleta es encarnada,

como también encarnado

es el puño cincelado

de la rutilante espada.

Es negra como el carbón

la montera que ha traído,

y de un rojo muy subido

faja y pañoleta son.

Las medias que luce el niño

son de un carmín que atortola,

y en cuanto a la camisola,

blanca como el propio armiño.

¡Que no es preciso, lectores,

que tantos datos se den!

¡Por Dios! ¡Qué dirían

en Baños de Fuentemayor!

En el año 1917 el compositor Esteban Dodignon compuso el pasodoble flamenco titulado «Angelete» y dedicado, como se aprecia en la carátula de la edición correspondiente «Al valiente diestro Angel Fernández, Angelete«.

Angelete en 1915

Angelete en 1915

Angelete, como era conocido en el panorama taurino, fue haciendo frente a sus diversos compromisos. Y el 18 de agosto del año 1919 sufrió una cogida, calificada como de muy grave, en la arena del ruedo de la plaza de toros de Ciudad Real. Una cogida que le truncó, en parte, su recorrido torero. Si bien un día el torero cacereño decide emprender el reto de las Américas e intentar salir delante de las dificultades, adversidades y sinsabores que quedaban atrás por culpa de las escasas actuaciones y los difíciles astados ante los que tenía que lidiar.

No obstante Angelete regresa a España donde toreando esa temporada de su regreso tan solo cuatro corridas. Dos de ellas en el coso que hoy conocemos como la Era de los Mártires.

Aún así el torero no se conforma con la complejidad de su recorrido torero en España. Por lo que vuelve, nuevamente, a América, más concretamente a Méjico, y regresa en 1925 toreando tan solo tres corridas.

Ya le comenzaban a fallar y a faltar las fuerzas de su recorrido. Se lo pensó, cuenta la historia, mucho. Y mucho fue lo que reflexionó en sus recorridos de soledad y penar por las calles de la soledad madrileña y por los hermosos campos de Baños de Montemayor.

Hasta  que uno de esos días, tras tantos sueños arrebatados en muchas noches de inquietud, decidió despedirse de la afición de Cáceres, que tanto le había mostrado su cariño, su apoyo y su comprensión. Una corrida que se anunció como la de su despedida para el 8 de septiembre de 1925. Y con un cartel de lujo en el que compartió el paseíllo en el coso de la plaza de toros de Cáceres con Chicuelo y con Marcial Lalanda. Ahí es nada.

La crónica del festejo relata que Angelete, nada más finalizar el paseíllo recibió un gran aplauso del público, lo que le lleva a saludar montera en mano. Nuestro paisano obtuvo aplausos en el primero de su lote y en el segundo, que brindó a sus compañeros de terna y a Cáceres, consiguió un gran triunfo logrando cortar las dos orejas y el rabo del astado. Chicuelo le brindó el primer toro, con el que obtuvo una oreja y palmas en el quinto, y Lalanda, que también le brindó el primero de su lote, consiguió las dos orejas y el rabo del primero y ovación en el que cerraba plaza.

Aún así Angel Fernández, Angelete, pasó el invierno entero jugando con el capricho de la reflexión a caballo entre las dudas y los campos de las luces toreras. Por lo que decidió organizar las dos corridas de la feria de Cáceres del año siguiente, 1926. Y, de éste modo, volver a vestirse de luces, en la capital de la provincia que le viera nacer y cuyo nombre tanto divulgó por los ruedos de España y América.

El cartel del 30 de mayo de 1926 lo conformaban Angelete, Chicuelo y Lalanda. Chicuelo, que brindó el primero de sus toros a Angelete, silencio y aplausos y Lalanda ovación y petición de oreja.

El paseíllo del día siguiente en el coso cacereño lo hicieron Rafael, el Gallo, Angelete, Chicuelo y Lalanda.

Angelete, que lucía un terno de verde y oro, consiguió aplausos y ovación.

De este modo Angelete decía adiós, con lágrimas de dolor torero, al mundo de los ruedos donde siempre dejó constancia de su pundonor y de su valía. Atrás quedaban, tan solo, ochenta y dos actuaciones desde la alternativa, dejando el mayor pundonor y abandonado por esa larga serie de circunstancias, de enigmas y de silencios que tanto se dan en el panorama taurino.

Cinco años después en 1930 fallecía en Baños de Montemayor.

No obstante lo anterior es de señalar y dejar constancia que Angel Fernández, Angelete, se conformó como un diestro valiente y que la ciudad de Cáceres, sus amigos, su gente, su público, los aficionados le rindieron en gran homenaje que tuvo lugar en 1914 en los salones del Hotel Europa, instalado en el esquinazo de la Plaza Mayor y la calle General Ezponda.

Angelete cuenta con una calle en su localidad natal de Baños de Montemayor.

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