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Archive For The “Historia” Category

MENCIA DE LOS NIDOS

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Mencía de los Nidos, una valerosa mujer cacereña, durante la conquista de Chile, que aún no cuenta con calle en Cáceres, aunque sí en las ciudades de Concepción y de Santiado de Chile, país en el que nuestra paisana es considerada con el rango de heroína nacional. Mi artículo de hoy, que aparece publicado en el periódico regional extremeño «Hoy».

Si el lector busca la calle Mencía de los Nidos, heroína cacereña, lamentablemente no la encontrará. Pero sí hallará la misma en las ciudades de Santiago de Chile y de Concepción.

Mencía de los Nidos Alvarez de Copete, hija del propietario de unas casas en la calle Tiendas, se enroló en 1544 en una expedición a las Indias, siguiendo a su hermano Gonzalo, uno de los conquistadores de Perú, regidor de Cuzco, que sería macabramente ajusticiado. Mencía de los Nidos, entonces, emprende la ruta hacia La Concepción de María Purísima del Nuevo Extremo, Chile, fundada por Pedro de Valdivia.

Tras la derrota de Valdivia ante los araucanos en el desastre de Tucapel, donde dieron muerte y cortaron la cabeza al conquistador, fue nombrado Gobernador Francisco de Villagra, cuyas fuerzas fueron estrepitosamente vencidas por los mapuches en la batalla de Marihueñu. De tal forma que el Gobernador español, ante un cercano ataque de los indígenas, pidió a la población de Concepción la huida a Santiago de Chile, Pero le hizo frente una valerosa Mencía de los Nidos, que, con una espada y un escudo, arenga a la población a defender la ciudad y su hacienda, culpa de aquellas desgracias al Gobernador, ensalza el esfuerzo de los conquistadores y recuerda a los soldados y hombres su honor y obligación guerrera.

Incluso señala que ella será la primera en “arrojarse a los hierros enemigos”. Pero todos los pobladores optaron por abandonar la ciudad. Concepción acabó arrasada y saqueada por los araucanos.

Una rebelión de la heroína cacereña, referenciada en la obra «La Araucana«, de Alonso de Ercilla, inmortalizando su gesto, calificándola como noble, valerosa y osada.

En su día el historiador y entonces concejal Francisco Acedo, reivindicó una calle con el nombre de Mencía de los Nidos. Pero el grupo político del que formaba parte no lo consideró oportuno.

Bueno resultaría ahora que Cáceres reconociera la gesta de Mencía de los Nidos incorporando su nombre al callejero de la ciudad.

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MISA DE SOLDADOS CACEREÑOS EN LA GUERRA DE AFRICA

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En el año 1919 se creó en Cáceres el Regimiento «Segovia 75». primera guarnición fija en la ciudad, gracias al General Esponda y la influencia del diputado Juan Vitórica Casuso con el Rey Alfonso XIII, que contó con numerosos soldados cacereños.

 

Su sede inicial fue el cuartel instalado en el Seminario Galarza. Y sus soldados se incrustaron e integraron, de forma rápida, en el ámbito de la sociedad cacereña, que, por aquellos tiempos, contaba con unos treinta mil habitantes.

Una guarnición, por cierto, que se fue componiendo, a lo largo de su historia, de un muy elevado y significativo componente de soldados cacereños, lo que fue prestando una identidad de manifiesta convergencia con el espíritu social, humano, participativo de la propia sociedad cacereña, por cuanto la incorporación de los mismos iba suponiendo un altísimo grado de unión entre el pueblo y su Regimiento, el denominado con el nombre histórico de «Segovia 75«.

En su historia, que hemos analizado en otros capítulos de este Blog, destacan, entre otros hechos de extraordinario arrojo y valor, una constante de los mismos, y por parte de todos sus componentes, tal como figura en las páginas de la historia militar y como tenemos constancia, el hecho de que dos compañías de soldados cacereños del Regimiento «Segovia 75«, participaron en una serie de muy arriesgadas operaciones y combates en el transcurso de la Guerra de Africa, a caballo entre los años 1921 y 1924, y en las que se registraron numerosas bajas de militares cacereños, como en la muy dura acción llevada a cabo en el Zoco el Hach.

Un Regimiento glorioso, pues, el «Segovia 75«, en lo que representa la configuración histórico-militar y ciudadana de Cáceres.

Es de señalar que hoy, todavía, queda algún hijo y numerosos nietos de Aquellos Heroicos Soldados Cacereños, mejor, sí, con mayúsculas, que saben de las aventuras, de las glorias, de las adversidades, de los sufrimientos, de los avatares de la Guerra de Africa y de la generosidad y entrega por parte de sus antepasados… Y que aún recuerdan algunos con extraordinaria memoria entre los relatos de aquellos soldados, también de las fotografías que permanecen, quizás perdidas, acaso olvidadas, en algún rincón, y que todavía pueden enriquecer, y mucho, a la Historia Militar de Cáceres…

… Y en nombre, por supuesto, de todos ellos, soldados anónimos que figuran en el libro de oro del Regimiento «Segovia 75«, de la ciudad de Cáceres.

En la fotografía adjunta se puede aprecia a los soldados del Regimiento «Segovia 75» en una Misa de Campaña, celebrada en el campamento militar en tierras melillenses, bajo las directrices de Federico Rodríguez Serradell, uno de los más significativos y cualificados mandos del Regimiento, del que llegaría a ser Coronel Jefe, de una enorme capacidad de esfuerzo y de estrategia, de lucha, de defensa de sus misiones, y dirigiendo las complejas operaciones de aquellos difíciles momentos, por parte de los héroes que fueron aquellos soldados cacereños en los duros frentes de la Guerra de Africa y que, en honor a la  justicia, se batieron el cobre allá, como nadie, entre tantas adversidades como las que representaban las tierras africanas.

Soldados anónimos, pues, de los que hemos escrito bastantes páginas y que siguen quedando abiertas a la presencia de aquellos recuerdos, de aquellas imágenes, de aquellas estampas, que dignificaban el coraje y la valentía de aquella larga y valiente serie de Anónimos Soldados Cacereños, que se merecen un lugar de honor en las páginas de esa misma Historia Militar de Cáceres, de Extremadura, de España…

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DEL REGIMIENTO «SEGOVIA 75»

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El Regimiento «Segovia 75» fue el primero con guarnición permanente en Cáceres, y que prestó un extraordinario servicio a la ciudad. Este artículo «Del Regimiento Segovia 75» aparece hoy, 26 de febrero, publicado en el periódico regional extremeño «Hoy», en la sección «Plaza Mayor».

El Regimiento "Segovia 75", en 1930, cuando estaba al mando el coronel Rodríguez Serradell.

El Regimiento «Segovia 75», en 1930, cuando estaba al mando el coronel Rodríguez Serradell.

Un acontecimiento relevante en la historia militar de Cáceres es la puesta en marcha, en 1919, del Regimiento de Infantería “Segovia 75”, con base en el Seminario Galarza, en la calle Parras.

Los militares del “Segovia 75” prestaron un brillante servicio en Cáceres, incrustándose de pleno en la ciudad, que contaba entonces con 30.000 habitantes, acogiendo al Regimiento con extraordinarias muestras de agradecimiento.

El Regimiento Segovia 75 fue creado por la influencia del diputado cacereño Juan Vitórica Casuso con el Rey Alfonso XIII, que fuera asesinado en 1936

Un Regimiento fundado en 1694, con Su Majestad Carlos II como Rey, como Tercio Provincial Nuevo de Segovia, extinguiéndose en 1715, destacando su presencia en Extremadura, bajo Felipe V, para participar en la invasión de Portugal.

La reaparición del Regimiento «Segovia 75» en Cáceres, se hace bajo el mando del coronel Núñez Antón, siendo la primera guarnición que, con carácter permanente, se instaló en Cáceres.

La primera jura de bandera fue en la Plaza Mayor en octubre de 1919, con la presencia de la Infanta Isabel, La Chata, hija de la Reina Isabel II y Francisco de Asís Borbón.

En 1921 y 1924 dos expediciones del “Segovia 75” participaron en la Guerra de Africa. El regreso a Cáceres de la segunda expedición contó con el recibimiento de autoridades civiles, militares y religiosas, Carabineros, Guardia Civil y el gentío que invadía la estación.

Entre ovaciones de la población, los soldados desfilaron por la Avenida de Armiñán, San Antón, San Pedro, Plazuela de San Juan, Alfonso XIII, Plaza Mayor, General Ezponda, Canalejas, Avenida Ramón y Cajal y llegada al Cuartel.

Un Regimiento que tuvo a coroneles como Rodríguez Arias, que llegaría a Teniente General, firme impulsor del Cuartel Infanta Isabel, García Pérez, que se preocupó por la mejora de las condiciones de vida del soldado y su integración en la sociedad, Castelló Pantoja, Ministro de la Guerra durante tres semanas, y Rodríguez Serradell, destacado empresario cacereño.

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ALVAREZ DE CASTRO, HEROE Y MARTIR DE LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

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Juan Alvarez de Castro (Mohedas de la Jara, Toledo, 1724-Hoyos, Cáceres, 1809), que fuera Obispo de Coria, murió asesinado en la localidad de Hoyos por las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia.

Juan Alvarez de Castro, retrato aparecido en la revista «Guadalupe» en el año 1909.

Juan Alvarez de Castro era hijo de agricultores, doctor en Teología y Cánones, ejerció de párroco en los municipios de Navaltoril y Azután, así como de la parroquia de los Santos Justo y Pastor, en Madrid, destacando en la Villa y Corte por sus cualidades como orador y predicador así como por la influencia de su discurso.

Lo que posibilitó que el Rey Carlos IV, a instancias del gobierno de Godoy, le designara al frente de la sede episcopal de Coria, en 1790, en la que se distinguió, a lo largo de su apostolado, fundamentalmente, por su entrega a compromisos de tipo eminentemente social, de beneficencia y piadosas obras de caridad, instaurando, como en señalado ejemplo de relieve, las Juntas de la Caridad con la labor de carácter asistencial a los pobres y menesterosos, y, también, a los enfermos sin medios para poder hacer frente a su salud, cuidó de “la decencia y ornato de los templos” así como, entre otras muchas preocupaciones de “la educación de los niños expósitos”, fundó la Casa de Misericordia para los niños huérfanos y restableció, además, la disciplina eclesiástica en la geografía diocesana episcopal.

Juan Alvarez de Castro también, durante su largo tiempo al frente de la diócesis, tuvo imagen y fama de Obispo limosnero y muy preocupado por sus fieles.

En su más que incansable labor, como señalan tratadistas y estudiosos, logró cambiar el contenido de las enseñanzas del Seminario Conciliar de la villa de Cáceres y hasta su traslado, ante las muy malas condiciones en que se encontraba el mismo, al Colegio de la Compañía de Jesús.

También como nota cultural de relieve Juan Alvarez de Castro consiguió un órgano, del prestigioso maestro y organero José Verdalonga, por una cuantía de ciento veinte mil reales.

Lo mismo que en su día acogió a catorce sacerdotes franceses que huían de las persecuciones a que eran sometidos en Francia.

Un día del correr del año 1805, ante su delicado estado de salud, el prelado consiguió estableció su residencia en la localidad cacereña de Hoyos, cerca de la diócesis cauriense, donde enfermaría de gravedad y quedándose, prácticamente, ciego. Previamente había dejado al arcediano Sebastián Martín Carrasco como Gobernador Eclesiástico aunque el mismo seguía ejerciendo de Obispo.

Posteriormente con la declaración de la Guerra de la Independencia es de señalar que la misma fue muy virulenta en el norte de la provincia de Cáceres, por su lugar estratégico ante la frontera con Portugal, y, más aún, en la zona norte.

Una Guerra ante la que el obispo de la diócesis cacereña de Coria publicó dos duras, relevantes, severas y firmes pastorales, ante lo que consideraba tiranía napoleónica, haciendo hincapié, fundamentalmente desde su dinámica humanista e intelectual, y abogando por la unión, del pueblo español ante la invasión por parte de las tropas francesas, “porque lo que quiere Napoleón es dividirlos y así poder dominarlos”. De este modo el Obispo cauriense exhortaba “para repeler las fuerzas de nuestros enemigos, vencerlos y subyugarlos a la razón y justicia”.

Inclusive Juan Alvarez de Castro, de modo tan firme como consistente, procedió a dejar constancia de la comparación que hacía de Napoleón con Lucifer. De forma específica en la segunda pastoral mostraba su alegría por la derrota de los invasores en Aragón, Valencia, Cataluña y en “las Andalucías han visto renacer en su seno los dignos sucesores del Gran Capitán”  y daba las “gracias eternas al Dios de las batallas”.

Asimismo en esta segunda pastoral manda que “se cante en las Iglesias de nuestro Obispado con toda pompa y solemnidad una Misa con Manifiesto y Te Deum en acción de gracias al Señor Omnipotente”. Y, también “vigilia por los militares difuntos en la presente guerra”.

Las dos Pastorales fueron muy mal recibidas, claro es, por los franceses y los afrancesados y por las que sufrió y padeció la persecución de los mismos.

El 29 de agosto del año 1809 las huestes francesas por orden del sanguinario mariscal Jean de Dieu Soult, duque de Dalmacia, conocido del mismo Napoleón, alcanzaron a entrar en dicho municipio serragatino, arrasando por las calles y plazuelas, mientras Juan Alvarez de Castro se encontraba invadido por fuertes fiebres. Ante la llegada de las tropas francesas as gentes del lugar procedieron a avisar al Obispo que se negó a abandonar la población.

La situación se tensó al máximo con las fuerzas militares invasoras y que arrasaron con todo cuanto encontraban al medio, saqueando el pueblo, mientras la inmensa mayoría de sus gentes, hombres, mujeres y niños, procedían a huir monte arriba y esconderse en medio de la sierra.

Los franceses perseguían al Obispo. Y cuando entraron en su casa procedieron a destrozar todo el mobiliario, mataron al que hacía las veces de portero, golpearon hirieron y mortificaron a cuantas personas encontraron a su paso y cuando dieron con él, sin ninguna piedad, le sacaron a golpes del lecho, le despojaron de su ropaje, le tiraron al suelo, la soldadesca hizo burla y escarnio del pectoralmientras el comandante al frente de seis soldados que le acompañaban le gritaba: “¡Viejo loco! O juras hoy obediencia a José Bonaparte o te fusilo sin compasión”. Posteriormente al grito de: “¡Fuego! ¡Fuego!”, le dispararon dos tiros, en la garganta y en los genitales, matándole en el acto.

Juan Alvarez de Castro, sepultado en algún lugar de la iglesia de Hoyos, ha pasado a las páginas de la historia, al menos desde una perspectiva popular, como un héroe y como un mártir. Hoy presta su nombre y apellidos a un Adarve en Cáceres, una calle en Hoyos y otra en su localidad natal de Mohedas de la Jara. Asimismo una lápida en la Catedral de Coria alude al recuerdo de su heroísmo y caridad y otra lápida en la Catedral de Córdoba recuerda que fue asesinado por las tropas francesas. De igual modo el CEIP de Hoyos lleva, también, su nombre.

Por su parte el obispo de Coria-Cáceres, Francisco Cerro, ya dejó constancia en su día que “a Alvarez de Castro le mataron por movilizar a la gente contra la invasión napoleónica a través de sus cartas pastorales”.

Un Obispo ilustrado, preclaro, que se convirtió a la vista de los hechos, en una de las figuras más sobresalientes y en una de las ilustres víctimas en el entorno de la Guerra de la Independencia, y que, como se subraya en el periódico “El Bloque”, en 1909, el primer centenario de su muerte, fue un “varón ilustrado que con su vibrante palabra unía a todos en un solo sentimiento de amor a la patria, para que se aprestase a la pelea contra los invasores, que inútilmente trataron de arrebatar nuestra independencia, y pusieron a imitación suya su dinero, sus energías y su misma vida en aras de tan santa causa”.

El mismo periódico deja constancia de las fuerza de sus pastorales, “estas exhortaciones dirigidas a sus diocesanos con viril acento en sus hermosas Pastorales concitaron las pasiones del ejército francés, hasta el punto de hacerlo blanco de sus iras y darle muerte alevosa”.

Es de señalar, finalmente, que en el año 1814 el diputado Antonio Larrazábal y Allivillaga, canónigo guatemalteco y diplomático ante las Cortes de Cádiz defendió el “hondo sentir patriótico y españolista” de Juan Alvarez de Castro junto una propuesta para que se procediera a declarar al prelado Benemérito de la Patria al martirizado y asesinado Obispo. Argumentos, consideraciones y propuestas que no se tuvieron en cuenta ni por el Gobierno, ni por Las Cortes y ni tan siquiera por el Cabildo Catedralicio de Coria.

… Y hasta hoy.

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GUADALUPE, DIOCESIS DE TOLEDO

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Un año más Extremadura ha sufrido el agravio de celebrar el Día de la Comunidad, con Guadalupe, enmarcada en la diócesis de Toledo, a la que pertenece desde 1222.

GUADALUPE

Monasterio de Guadalupe

El pasado día 8 de septiembre se celebró el Día de Extremadura, en la festividad de la Virgen de Guadalupe, con el municipio cacereño y otras treinta localidades extremeñas más, que pertenecen, lamentablemente, a la diócesis de Toledo. En lo que, sin lugar dudas, supone, cuando menos, una ofensa, a la Comunidad Autónoma Extremeña, mientras la mente se nos va a la pregunta de si los catalanes y sus máximos responsables, políticos y religiosos, permitirían que la Virgen de Montserrat, la Moreneta, permaneciera en un santuario radicado, por ejemplo, en Aragón, o si los vascos consentirían que la Virgen de Aránzazu, patrona de la Comunidad Vasca, estuviera ubicada en Cantabria.

Un hecho que podemos calificar de manifiesta injusticia y ante el que, al parecer, nadie tiene capacidad, no ya para conseguir que Guadalupe pertenezca a una de las tres diócesis extremeñas, si no lo que es peor, nadie, hasta donde podríamos tener conocimiento, al menos públicamente, no pasa de meras y débiles declaración de intenciones. Y las respuestas, claro, diplomáticas, arcaicas, inadmisibles.

Lo cual, claro es, no se ajusta a la división territorial política y supone, para no engañarnos, ir alargando un conflicto histórico que crispa a un puñado grande de extremeños, con sentimientos extremeñistas, que de año en año, por esas fechas, reivindican, desde la razón, que Guadalupe, foco de peregrinación y de fe, capitalidad religiosa de Extremadura, pertenezca a una diócesis regional.

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La Virgen de Guadalupe, Patrona de Extremadura desde 1907.

Y allá que se van en ese día hasta el precioso pueblo de Guadalupe miles de extremeños para ponerse a los pies de la Morenita de las Villuercas, soltar sus preces en tierra extremeña, al menos territorialmente hablando, mientras que las oraciones y las rogativas volanderas caminan por aires de la diócesis de Toledo. Un anacronismo, la verdad, poco razonable, poco serio, irresponsable y una burla, corresponda a quien corresponda, contra Extremadura, ante la que sería preciso que Guillermo Fernández Vara, los tres obispos, los presidentes de las Corporaciones provinciales y diputados provinciales, alcaldes y concejales de todos los municipios, diputados nacionales y senadores llevaran a cabo cuantos esfuerzos fueran precisos por devolver a Extremadura lo que es de Extremadura, como al César lo que es del César y a Dios cuanto es de Dios.

Sería, de verdad, un acto de relieve y de fe, de esperanza y de justicia, de sensibilidad histórica, política y religiosa…

Mucho más si tenemos en consideración que la decisión de que Guadalupe y treinta pueblos más, de la Extremadura de hoy, como Helechosa de los Montes, Villar del Pedroso, Talarrubias, Carrascalejo, Bohonal de Ibor, Puebla de Alcocer, Zarzacapilla, Siruela y otros forman parte de dicha diócesis toledana ni más ni menos que desde el ya lejano año de 1222, cuando el arzobispo toledano Rodrigo Ximénez de Rada procedió a adquirir los Montes de Toledo.

Si bien es de señalar, desde la vergüenza ajena, que el pasado año cuando por estas fechas un grupo de animosos extremeños trataba de reivindicar a Guadalupe como parte de una diócesis extremeña, Braulio Rodríguez, a la sazón Arzobispo de Toledo, con mando en plaza religiosa, tuvo el valor de señalar que se trata de «un problema político y me atrevería a decir que un poco nacionalista». Lo que, con todo el respeto, nos parece inaceptable. Y menos en un dirigente eclesiástico como el del cargo señalado.

Y al que habrá que recordar, con toda transparencia y claridad, por si lo ignorase, que la Virgen de Guadalupe es la Patrona de Extremadura desde el año 1907, por decisión del Papa Pío X, y que en el año 1928 la misma, la Morenita de las Villuercas fue coronada canónicamente como Reina de las Españas, por parte del Cardenal Primado, Pedro Segura, y con la asistencia de Su Majestad el Rey Alfonso XIII.

Se trata, por tanto, de una reivindicación de extrema urgencia y necesidad. Lo que no parece preocupar ni a los responsables eclesiales ni a los mandamases extremeños que hoy debieran de aunar fuerzas para proclamar, todos a una, que Guadalupe es Extremadura y no diócesis de Toledo.

Y que la Iglesia de hoy, presidida por el Papa Francisco I, una mente abierta y razonable, por lo general, muy sensible con las cuestiones sociales, probablemente accedería, de una vez por todas, a encuadrar a Guadalupe y a otros treinta pueblos extremeños en una diócesis perteneciente a nuestra Comunidad Autónoma.

Basta ya de tanta ofensa, aún cuando la misma fuera involuntaria, por ser generosos, de tanta ignorancia y de tanto pasotismo sobre un fenómeno que, de verdad, duele, y mucho, en Extremadura.

Y no hace falta, seguro, que se pague nada, como cuando al adquirir los Montes de Toledo se abonaran ocho mil morabetinos y mil cahices de trigo y cebada.

Basta, solamente, con un acto de buena por parte de la autoridad religiosa pertinente que no puede ni debe de seguir consintiendo una extemporaneidad ajena a estos nuevos tiempos y pasando de largo de un tema que viene conformándose como una muy larga, penosa, áspera y estéril reivindicación en el tiempo de cientos de miles de extremeños desde aquel muy lejano año de 1222.

Depositemos, pues, nuestras esperanzas en que lo que en su día no consiguieron el obispo placentino Sancho pidiendo que la jurisdicción eclesiástica se adecuara a la civil, allá por 1349, ni los expresidentes de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra y José Antonio Monago, lo pueda conseguir una enérgica acción de Guillermo Fernández Vara que ya reclamara a las autoridades de la Iglesia Católica que escuchen a la mayoría de extremeños, que reivindican que el Monasterio de Guadalupe deje de pertenecer a la Diócesis de Toledo.

Bueno es recordar al tiempo, en este artículo, que ya en 2009 el Nuncio Apostólico en España, Manuel Monteiro de Castro, tras la pregunta de cuándo pasaría Guadalupe y su Virgen a una diócesis extremeña, respondió con harta insensibilidad y hasta indiferencia: «¿La Virgen de Guadalupe es la patrona de Extremadura? Entonces eso hay que estudiar y ver, ahora no tengo respuesta para dar«. Añadiendo que la reivindicación sobre Guadalupe “no era un asunto capital, que podría dividir, ya que lo relevante es la fraternidad”. ¿Qué pensará, ahora, Manuel Monteiro de Castro, siete años después? Pero más sorprendente es que el mismo hasta se atrevió a decir en aquella entrevista: “La Virgen es de todos, ¿no?”. Toda una eminencia que, además, es jurista, ha ejercido con rango diplomático en la Santa Sede, está condecorado con la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, fue nombrado Cardenal y hasta alcanzó el rango de Penitenciario Mayor.

Un señalado recorrido en el ámbito de la Iglesia que no exime que su declaración pudiera semejar, cuando menos, una falta de delicadeza, por ser muy generoso en el término, que, por mucho que provengan de autoridades religiosas, tan falibles como cualquier ser humano, debieran de aplicarse el dicho histórico de que rectificar es de sabios.

Todo un anacronismo, en nuestra opinión, que se ha convertido en injusticia regional histórica Y que, salvo error u omisión, no tiene precedente en España. ¿Una Patrona de una Comunidad Autónoma instalada en territorio de otra diócesis?

Finalmente señalar que 794 años después, desde la moderación, desde la templanza, pero también desde el respeto y la fuerza de la razón de la historia y de la realidad, el articulista se sonroja de tener que escribir estas líneas.

NOTA: Este artículo de Juan de la Cruz aparece publicado hoy, 15 de septiembre de 2016, en el periódico digital extremeño «REGION DIGITAL«.

 

 

 

 

 

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DEL REGIMIENTO SEGOVIA 75 EN CACERES

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Uno de los acontecimientos de mayor notoriedad y relieve en la historia militar de Cáceres es el de la creación del Regimiento de Infantería Segovia 75, que se puso en marcha el año 1919.

La base inicial del Regimiento «Segovia 75«, en la ciudad de Cáceres, estuvo situada en el edificio conocido como Seminario de Galarza, que se encontraba ubicado en la céntrica calle Parras.

Justo en el edificio que se puede apreciar a la izquierda de estas líneas y en el que se ve un centinela de guardia en la fachada del mismo.

La base inicial del Regimiento «Segovia 75» estuvo en el edificio conocido como Seminario de Galarza, que se encontraba ubicado en la calle Parras. Posteriormente, ya en el correr y en el transcurso del año 1924, el Regimiento «Segovia 75» se traslada hasta las nuevas dependencias del «Cuartel Infanta Isabel«, junto al Paseo Alto y la Plaza de Toros, cuyas obras se habían iniciado en el año 1920.

Soldados del Regimiento Segovia 75, a principio de los años 20, en Cáceres.

Soldados del Regimiento Segovia 75, a principio de los años 20, en Cáceres.

Una guarnición que de siempre ha prestado un extraordinario y brillante servicio desde entonces a la ciudad, en todos los órdenes hasta hoy.

El Regimiento Segovia 75 fue creado gracias a la extraordinaria influencia de Juan Vitórica Casuso con el Rey Alfonso XIII y que fuera diputado en el Congreso por la provincia de Cáceres durante varias legislaturas. Es de señalar, por cierto que Su Majestad le concedió al mismo el título de Conde los Moriles, que fue Grande de España y que, asimismo, representó al Rey en los actos celebrados en Cáceres el 12 de octubre de 1924 con motivo de la coronación de la Virgen de la Montaña, Patrona de la ciudad.

Por cierto que el diputado y político Juan Vitórica Casuso murió asesinado el año 1936.

Soldado del "Segovia 75", como se puede ver en el cuello de la guerrera.

Soldado del «Segovia 75», como se puede ver en el cuello de la guerrera.

El Regimiento de Infantería Segovia 75 se incrustó desde el principio en la sensibilidad de los hombres y mujeres de Cáceres.

Una ciudad que apenas contaba con 30.000 habitantes en aquel entonces y que participó con señalada notoriedad de la integración de las fuerzas del Regimiento en los más variados y diferentes acontecimientos de la vida del Cáceres de aquellos tiempos, formando parte indisoluble de la capital.

Un Regimiento que fuera fundado en el año 1694, con Su Majestad Carlos II como Rey, recibiendo el denominador de Tercio Provincial Nuevo de Segovia y que tuvo una larga andadura hasta su extinción en 1715.

El mismo contó con la figura de don Pedro de Luna y Cárcamo como Primer Maestre de Campo.

Entre sus actuaciones sobresalen, por ejemplo, su presencia en Extremadura bajo el mando de Felipe V para participar en la invasión de Portugal o su defensa de la villa de Alcántara en 1705.

El Regimiento también estuvo acantonado durante un determinado tiempo en la localidad cacereña de Plasencia.

Primera jura de bandera de los soldados del Regimiento Segovia 75 en Cáceres.

Primera jura de bandera de los soldados del Regimiento Segovia 75 en Cáceres.

Posteriormente el Regimiento «Segovia 75» reaparece en la ciudad de Cáceres, en el año 1919, al mando del Coronel Manuel Núñez Antón, que llegó a la capital a finales de junio, acompañado por tres tenientes coroneles, un comandante, ocho capitanes, un capitán médico, un teniente médico, ocho tenientes y ocho alféreces.

El Regimiento se alojó en las dependencias del acuartelamiento que estaba instalado, en aquel entonces, en el viejo edificio del Seminario de Galarza, y todos sus componentes, tanto mandos como tropa, conectaron enseguida y se incrustaron de lleno en las más variadas y diversas dinámicas de la sociedad cacereña de aquellos tiempos.

Asimismo es de señalar que el Regimiento de Infantería «Segovia 75» fue la primera guarnición que, con caracter permanente, se instaló en Cáceres.

La primera jura de bandera de dicho Regimiento tuvo lugar en la Plaza Mayor el domingo 26 de octubre de ese mismo año, con la presencia de la Infanta Isabel, La Chata y de nombre María Isabel Francisca de Asís Cristina Francisca de Paula Dominga de Borbón y Borbón, hija primogénita de la Reina Isabel II y Francisco de Asís Borbón.

En la fotografía que aparece a la izquierda de este texto se puede apreciar el momento, de la mayor emoción en la historia del Regimiento «Segovia 75» y en el que la Infanta Isabel procede a llevar a cabo la entrega de la bandera al coronel del Regimiento, que en esos momentos era Manuel Núñez Antón y que llegaría a alcanzar el grado de general.

La primera jura de bandera constituyó todo un acontecimiento, tanto social como militar, en la ciudad de Cáceres.

Y en tan señalada ocasión hubo toque de diana, misa de campaña, alocución, desfile de los militares por las calles de la ciudad y, claro es, una buena comida en el acuartelamiento.

Basilio Pacheco Ojeda, ilustre soldado del "Segovia 75", que luchó en la Guerra de Africa y llegó al grado de coronel.

Basilio Pacheco Ojeda, ilustre soldado del «Segovia 75», que luchó en la Guerra de Africa y llegó al grado de coronel.

Poco después, en el año 1921, los componentes del Segundo Batallón, bajo el mando del teniente coronel Joaquín Gutiérrez Alegre, parten para Africa y participan en señalados combates de la Guerra, más concretamente en la defensa de la ciudad de Melilla, donde los expedicionarios cacereños sufrieron señaladas bajas tras una heroica defensa de las posiciones españolas en acto de servicio militar. En este sentido, según señala Alvaro Meléndez en «Extremadura Militar«, «el bautismo de fuego y sangre fue en el Zoco el Hach el 4 de septiembre, donde morirían el capitán y casi todos los mandos de la 3ª Compañía«.

En 1924, de nuevo, parte a la campaña africana, durante ambos periodos sufriría 36 muertos y 166 heridos en combate.

Tres años más tarde, ya en 1924, vuelven a tomar parte en la misma con la eficacia, aunque, a veces, dispar suerte, como la que se suele dar en los campos y en los frentes de batalla.

Allí los soldados del Regimiento Segovia 75 se batirían el cobre hasta mediados de septiembre de 1927, fecha en que inician su regreso a Cáceres, donde llegan el 23 del mismo mes, después de una gloriosa campaña en los campos de Africa. La ciudad se engalanó con colgaduras en numerosos balcones y ventanas y la bandera nacional ondeaba en todos los edificios oficiales y en el Cuartel.

Por su parte el alcalde de la ciudad, Arturo Aranguren Mifsut, lanzó un bando en el que invitaba a todos los cacereños a recibir a los militares «para tributar a nuestros heroicos soldados el recibimiento a que se han hecho acreedores, al mantener en los campos de Africa el prestigio del nombre del Regimiento Segovia, que tan dignamente y con tanta heroicidad recibió su bautismo de sangre en la triste fecha de Casabona y se cubrió de gloria en el ataque de la loma de los legionarios, capítulo glorioso del historial de nuestro Regimiento«.

Una llegada multitudinaria, que aguardaba toda la población, con las autoridades civiles, militares y religiosas a la cabeza, así como miembros del Cuerpo de Carabineros, de la Guardia Civil, presidente de la Audiencia, jueces de Instrucción y Municipal, así como hombres, mujeres y niños que invadían tanto el andén de la estación como la avenida de Armiñán.

Un recibimiento entusiasta entre vivas y música militar a cargo de la Banda Municipal, que tocaba la Marcha Real, y otras a cargo de Banda la del Regimiento cuando los expedicionarios descienden del tren y desfilan ante una compañía con escuadra, música y bandera para rendirles los honores militares debidos.

Posteriormente, entre emociones y aplausos y vivas de toda la población volcada con sus soldados, los mismos iniciaron un desfile recorriendo la Avenida de Armiñán, San Antón, San Pedro, Plazuela de San Juan, Alfonso XIII, Plaza Mayor, General Ezponda, Canalejas, Avenida Ramón y Cajal y llegada al Cuartel.

En el Cuartel el coronel, García Sevilla, pronunció unas palabras de bienvenida que comenzaron así:  «Ya habéis visto el recibimiento que Cáceres, solar de nuestro cuerpo, os ha hecho; un recibimiento más que cordial y efusivo, entusiasta y vehemente«.

A continuación el coronel García Sevilla destacó que «este recibimiento os dará medida de lo que habéis hecho en Africa con vuestros hermanos de todo el ejército«.

También dejó constancia de los esfuerzos, los sacrificios y el riesgo que llevaron a cabo en su servicio, y dijo: «Los compañeros del 75 os están agradecidos, porque habéis sabido poner muy alto el honor del Regimiento cuyo número llevais en la escarapela de los sombreros«.

Asimismo el coronel García Sevilla, al mando del Regimiento «Segovia 75″, dejó constancia expresa y rotunda ante los soldados expedicionarios de que «habeis cumplido con vuestro deber. Cierto es que la mayoría de vosotros no ha oído silbar las balas del enemigo, pero habéis sufrido las penalidades e incomodidades de la campaña y habéis tenido la zozobra y la intranquilidad de vuestros hogares y esto es suficiente para que merezcáis mucho bien de la Patria«.

Y tras señalar que «Habeis conseguido la pacificación de Marruecos, victoria que antes se consideraba como imposible«, el coronel gritó «¡Viva España!, ¡Viva el Rey!, ¡Viva el Ejército!», que fue respondido por todos los militares y por el numeroso público que asistía, con extraordinaria emoción, al acto.

El destacamento del Regimiento Segovia 75 se conformaba con el mando del capitán Segundo Artillo, dos tenientes, seis sargentos, quince cabos y ciento cincuenta y seis soldados».

Así, es, sencillamente, como han suscrito y expresado tantos militares, escritores, historiadores, pensadores, filósofos, periodistas, y, todo el mundo, en general, la guerra.

Un Regimiento que tuvo al frente a destacados militares como es el caso del coronel Nicolás Rodríguez Arias, nacido en Cáceres, que ostentaría también el mando del gobierno militar de la provincia, que alcanzaría el generalato en el año 1925, que llegaría a ser Teniente General y que, aún estando en la reserva, fue miembro del Alto Tribunal de Justicia Militar, llegando ejercer su presidencia interinamente.

Un cacereño de gran amor a la patria chica porque, como subrayara en su día  el periódico «La Montaña«, tras su nombramiento como general, «Rodríguez-Arias es, ante todo, un gran cacereño». Asimismo el periódico subraya de Nicolás Rodríguez-Arias sus cualidades como «amigo, hermano para sus compañeros y padre para los soldados«.

También se hace hincapié en que «un hombre así todo corazón y bondad, sin perder un átomo de su autoridad, antes al contrario acrecentada por la admiración y el afecto, llega a general en los mejores años de su vida y cuando las grandes prendas personales de carácter y cultura que le adornan, pueden ser tan útiles para el Ejército y la Patria«.

Destaquemos como curiosa anécdota que el mismo día que Nicolás Rodríguez-Arias fue ascendido a General tenía lugar en el Cuartel Infanta Isabel una comida de hermandad entre Jefes, Oficiales, Clases y Soldados en un acto de confraternidad que ponía de relieve la disciplina y el espíritu militar. Un almuerzo, por cierto, que contó con el siguiente menú: Entremeses: Sardinas en escabeche, aceitunas y ensaladilla de patatas, un primer plato de paella a la valenciana, un segundo de callos a la española, un tercero de frite extremeño y de postre dulce de membrillo y pasteles. También hubo vino de Valdepeñas, café con leche y cigarros.

Soldado del Regimiento Segovia 75, en Cáceres. Fotografía de Javier,

Asimismo Nicolás Rodríguez Arias, un cualificado trabajador, fue un firme impulsor para acelerar al máximo las obras del Cuartel Infanta Isabel ya que, desde su llegada al Regimiento «Segovia 75«, fue consciente de las necesidades de espacio para los hombres que conformaban el Regimiento, y que, en ocasiones, cuando el mismo estaba completo, se encontraban en necesidad de enviar algunas compañías a las dependencias de la conocida como Casa de los Caballos y de la Plaza de Toros.

Un Cuartel, por cierto, que, en su día, llegó a conformarse, según cualificados especialistas y profesionales de las construcciones militares y acuartelamientos como unas de las mejores y más modernas edificaciones del Ejército en España.

Señalemos que el bastón de mando de Nicolás Rodríguez Arias, elaborado en fina pedrería, forma parte de los distintas donaciones que se van haciendo, a través del tiempo, por parte de los siempre devotos cacereños, a la Virgen de la Montaña.

Otro relevante mando del Regimiento cacereño denominado «Segovia 75» fue el coronel Antonio García Pérez cuando en el año 1928 es designado como mando máximo del mismo y donde prestaría muy señalados y reconocidos servicios durante su mandato y que se extendió por un espacio aproximado de año y medio al frente del Regimiento. Y que sustituyó al coronel Molina.

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El Coronel García Pérez en su despacho del Regimiento Segovia 75, en 1930.

Antonio García Pérez, (Camagüey, Cuba, 1874-Córdoba, 1950) también gobernador militar de la provincia, sería uno de los militares más notables del siglo XX.

El mismo se preocupó de forma señalada por la mejora de las condiciones de vida del soldado y de su integración y comunión en la sociedad y, por tanto, en la población civil.

Del mismo modo puso en marcha el Museo y la Biblioteca del Regimiento. También fue Gentilhombre de Entrada de Alfonso XIII.

Antonio García Pérez cuenta con numerosas condecoraciones, medallas y cruces, en su haber, como la Cruz, la Placa de la Orden de San Hermenegildo y la Cruz de la Orden de Carlos III. Fue miembro de la Real Academia de la Historia y también es autor de numerosas publicaciones como “Banderas de España”, “Cervantes, soldado de la española infantería”, “El Gran Capitán”, “Grandezas Artilleras”, “Ifni y el Sáhara español”, “La religión y la guerra”…

Un Cuartel, el «Infanta Isabel«, y un Regimiento el «Segovia 75«, que en noviembre del año 1928 recibieron la visita de Su Majestad el Rey, don Alfonso XIII, junto al presidente del Gobierno, Miguel Primo de Rivera, en una jornada memorable, como relatan las crónicas en la prensa de la época.

El coronel Rodríguez Serradell preside un desfile del Regimiento "Segovia 75" en el Cuartel Infanta Isabel. 1930.

El coronel Rodríguez Serradell preside un desfile del Regimiento «Segovia 75» en el Cuartel Infanta Isabel. 1930.

Ya, en el año 1930, es coronel del mismo el cacereño Federico Rodríguez Serradell, un militar de señalado prestigio que, durante el tiempo que estuvo al frente del Regimiento, prestó una serie de señalados servicios en beneficio de la institución militar y de Cáceres.

Fruto de su esfuerzo, y de los anteriores mandos, fue la plena integración de los militares del Regimiento «Segovia 75» en la ciudad de Cáceres, y viceversa, lográndose una señalada armonía y conjunción en el sentido humano y convivencial más auténtico y profundo.

Algo que siempre llena de emoción en el ámbito de la ciudad y del Ejército. Y más aún, ahora, en el repaso de esta exposición histórica y periodística por las amplias campas de la existencia del Regimiento «Segovia 75» y que fueron heredando los sucesivos Regimientos en la ciudad.

Asimismo hemos de dejar constancia, en esta exposición periodística, del sello que se utilizaba habitualmente para oficios, notificaciones, escritos y comunicaciones diversas por parte de los mandos del Regimiento de Infantería Segovia número 75, con destino y guarnición en la capital de Cáceres.

En el mismo puede apreciarse la configuración del Acueducto Romano de Segovia por ser la ciudad de la que toma el nombre el Regimiento y que durante un tiempo celebraba la festividad de San Frutos por ser el mismo el patrón de la ciudad de Segovia.

En el año 1931 el mismo pasaría a denominarse Regimiento de Infantería número 21, en 1935 ya recibe el nombre de Argel 21, para ser Argel 27 en 1936 y Regimiento de Ametralladoras Argel 27 en 1960. En 1964 se transformaría en el Centro de Instrucción de Reclutas Santa Ana número 3, en 1997 es conocido como CIMOV 1(Centro de Instrucción y Movilización) para en 2010 ser CEFOT 1 (Centro de Formación de Tropa número 1).

El mismo cuenta, entre otras distinciones, con la Medalla de Oro de Cáceres y es Hermano de Honor de la Real Cofradía de la Virgen de la Montaña.

NOTA: Entre los soldados ilustres del Regimiento «Segovia 75«, de Cáceres, se encontraba Basilio Pacheco Ojeda, natural de la localidad cacereña de Ruanes, que llegó al grado de coronel, del que pueden leer su semblanza en este blog en el capítulo titulado «BASILIO PACHECO, UN CACEREÑO Y HEROE ANONIMO EN AFRICA«.

También hemos podido localizar, entre los militares del Regimiento «Segovia 75«, al soldado Tomás Feijoó Arévalo, natural de la localidad pacense de Puebla de Alcocer, (1901-1974), agricultor de muy esforzadas labores, cometidos, padecimientos, penalidades y afanes en el campo, propios de aquellos más que complejos tiempos, y que se alistó en el Regimiento cacereño, siendo destinado, de inmediato, con uno de los batallones del «Segovia 75» a la Guerra de Africa, donde como tantos y tantos, fue un verdadero héroe.

El mismo alcanzó por Méritos de Guerra el grado de Comandante.

La fotografía y los datos han sido facilitados de forma gentil por su hijo Jesús Feijoó Dominguez.

 

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DEL REGIMIENTO SEGOVIA EN CACERES by JUAN DE LA CRUZ GUTIERREZ GOMEZ is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.

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LA PRECIOSA SANGRE EN CACERES

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La iglesia de la Preciosa Sangre o de San Francisco Javier se alza como uno de los monumentos de mayor belleza en Cáceres. Allí se instalaron en el año 1898 los Padres de la Preciosa Sangre, siendo la primera casa de la Orden en España, por voluntad del último Marqués de Ovando. Y en Cáceres, en el año 1915, tuvieron lugar los actos conmemorativos del primer centenario de la fundación de la Orden. 

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Gaspar del Búfalo, fundador de la Congregación de la Preciosa Sangre.

La llegada a Cáceres de la Congregación de la Preciosa Sangre (Congregatio Missionariorum Pretiosissimi Sanguinis) tuvo su origen en el legado que testamentara en su día don Vicente Mariano de Ovando Solís Perero Maraver y Aponte, (Cáceres, 1783-1864), último Marqués de Ovando, rico hacendado cacereño, de señalada influencia en la sociedad de la entonces villa, cuyos destinos rigiera en varias ocasiones. Y es que el Marqués de Ovando procedió a donar en su día a la Congregación de la Preciosa Sangre una señalada parte de su fortuna, como la que suponía la Casa del Sol, uno de los edificios más emblemáticos del Casco Histórico cacereño, y la Casa de la Cuesta de la Compañía. Con la condición eso sí, de que en dichos edificios se procediera a levantar un Instituto de los Padres de la Preciosa Sangre que fundara el año 1815 el Padre Gaspar del Búfalo.

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Vicente de Ovando que donó la Casa del Sol y la Casa de la Cuesta de la Compañía para el establecimiento de los Padres de la Preciosa Sangre en Cáceres.

Y es que el Marqués de Ovando, que llegó a ser Gentilhombre de Cámara del Rey Fernando VII, para posteriormente abrazarse en el año 1833 a la causa del Infante don Carlos María Isidro de Borbón,que se vio forzado a exiliarse en la ciudad italiana de Turín tras la derrota sufrida por sus correligionarios en la Primera Guerra Carlista contra los isabelinos, comienza a saber y a conocer en profundidad, en la bella ciudad italiana, de la intensidad y esfuerzos de la labor que llevaban a cabo los miembros de la Congregación de los Misioneros de la Preciosa Sangre.

A tal fin es de señalar que Gaspar del Búfalo (1786-1837), fundador de la Orden, puso la misma en marcha porque durante su niñez padeció una grave enfermedad ocular, de la que estuvo a punto de fallecer, y que, sin embargo, superó, según los testimonios revelados por el mismo, gracias a la intercesión de San Francisco Javier, patrón de la congregación de la Preciosa Sangre. Un Gaspar del Búfalo que, hasta donde llegan las referencias, ya de niño «se escapaba de su casa buscando martirio, predicando a los infieles e inflamando fervor religioso«. para divulgar y enseñar los evangelios. Y que más tarde lucharía con todas sus fuerzas por corregir las malas condiciones de vida de la Italia de entonces en medio de tragedias como las que se expandían por todo el territorio a caballo entre el hambre de una gran parte de la población más necesitada, la que emanaba de las injusticias sociales y la que se derivaba de la miseria que se había instalado en el país por culpa de la ocupación y de la guerra.

Gaspar del Búfalo eligió la fecha del 15 de agosto de 1815 para fundar la Orden, de tipo misional. Y, de forma muy especial llevar a cabo el mejor apostolado posible entre los masones, los bandidos y los delincuentes. En una labor que le llevó a la máxima entrega durante toda su vida, y que, con el transcurso del paso del tiempo, le reconocería la Iglesia con señalados considerandos.

Tras el óbito de don Vicente de Ovando, acaecido el año 1863, tras la desaparición de su esposa, sin descendencia, y con el paso de algunos años los Padres de la Preciosa Sangre se deciden a poner en marcha la Congregación en Cáceres, siendo, al parecer, la fecha del 13 de noviembre de 1898, cuando el misionero Bartolomeo Corradini procediera a celebrar la primera misa en la Iglesia cacereña de San Francisco Javier.

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Arco en la Plaza Mayor en los actos del primer centenario de la fundación de la Congregación de la Preciosa Sangre.

Posteriormente, mientras la Congregación avanzaba lentamente en Cáceres, el año 1915, con motivo de la celebración del primer centenario de la orden fundada por Gabriel del Búfalo se llevan a cabo los correspondientes actos conmemorativos en la ciudad de Cáceres en los primeros días del mes de noviembre. Una fecha en la que, por cierto, Gaspar del Búfalo ya había sido beatificado por Su Santidad el Papa Pío XI en el año 1904.

Y es que toda una combinación de factores vino a determinar y a posibilitar una solemne, piadosa y muy popular celebración, en la ciudad de Cáceres, del primer centenario de la puesta en marcha de la Congregación de la Preciosa Sangre.

Toda una efemérides, pues, que se llevó a cabo en medio de una gran solemnidad y que figura escrita con mayúsculas, en el libro de la historia de la ciudad de Cáceres, como un acontecimiento del mayor relieve y una excepcional participación popular.

Monseñor Ragonessi, días antes de visitar Cáceres en 1915.

Monseñor Ragonessi, días antes de visitar Cáceres en 1915.

Aquellos actos contaron con la presidencia y presidencia ni más ni menos que del Nuncio de Su Santidad Apostólica, Francesco Ragonessi, en lo que fue considerado como una visita de excepción para la que la ciudad de Cáceres se engalanó de lujo y piedad devocional, de fe y de curiosidad ciudadana.

En este sentido es de señalar cómo el periódico cacereño «El Bloque» subraya que la visita del Nuncio fue acogida «con profunda gratitud. Autoridades y Corporaciones, pobres y ricos han dado una nota armónica, tributando a Monseñor Ragonessi una acogida en extremo cordial y cariñosa«.

«El Bloque» continúa exponiendo: «Así el eminentísimo Ragonessi ha podido decir que en ninguna ciudad española ha tenido un recibimiento tan jubiloso y entusiasta como en nuestro Cáceres«.

Y es que Cáceres fue, vivió y sintió una fiesta de muy excepcionales connotaciones. Recibimiento por parte de Corporaciones y Autoridades, honores militares a cargo del batallón Castilla, todo el pueblo volcado en la calle para presenciar y acompañar al cortejo y desfile de carruajes, los exploradores llenaron su papel, intensa e inmensa presencia y manifestación ciudadana, visita de miles de forasteros, casas completamente iluminadas, se inauguró un nuevo alumbrado, la iglesia de San Francisco Javier, que ya se conocía desde unos años atrás también como de la Preciosa Sangre, “estaba como los chorros de oro” y “los altares, la iluminación, la decoración de toda la Iglesia era un verdadero encanto”…Y “la animación que se notaba en las calles era desusada”.

Asimismo se celebró una gran Velada, con intervención, entre otros,  de los prestigiosos escritores y poetas Diego B. Regidor y Federico Reaño, y también fue un acierto, por lo que relatan las crónicas, el sermón del Padre Vázquez Camarasa.

Ante tamaño acontecimiento se levantaron tres Arcos en el recorrido del cortejo ceremonial de autoridades. Si bien, a tenor de lo que dejan constancia las crónicas de la prensa de aquel entonces, “el que más llamó la atención fue el de la Plazuela de San Juan” sin desdeñar, claro es, al construido por el Ayuntamiento y al que se alzó en la Plaza Mayor.

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«la Iglesia de Santiago de los Caballeros, de Cáceres», que se entregó al Nuncio del Papa.

En medio del fervor y el entusiasmo de todo Cáceres y en nombre de la ciudad se procedió a entregar a Monseñor Ragonessi, como recuerdo, el libro «La Iglesia de Santiago de los Caballeros de Cáceres. Descripción histórico-artística«, escrito por el doctor Antonio C. Floriano.

En el mismo, que consta de 22 páginas, el doctor don Antonio Floriano Cumbreño relata de forma detallada  y pormenorizada los principales rasgos de la iglesia cacereña de Santiago a lo largo de un histórico, riguroso y ameno recorrido por todos los pormenores y detalles que requiere la fuerza, imponente, de la Iglesia de los Caballeros de Cáceres.

Una obra que fue muy bien acogida por el todo Cáceres, como se suele decir y señalar de forma coloquial.

Historiadores, intelectuales, instituciones, periódicos, feligreses, estudiantes y estudiosos de la ciudad de Cáceres en todos sus más diferentes y variados pormenores que se conforman y que, al tiempo, se dan cita en las páginas de una historia brillante, a caballo del paso del tiempo, de sus gentes, de sus protagonistas, y de sus propias páginas en la historia de la ciudad.

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D. Feliciano Rocha Pizarro, en 1915 párroco de Santiago, y que en la fotografía, en 1933, era Administrador Apostólico de la Archidiócesis de Toledo.

Lo mismo que en el libro del profesor cacereño Antonio Cristino Floriano Cumbreño se dicta de la iglesia de Santiago como «viejo solar de glorias cacerenses», que el retablo de la Capilla Mayor «es obra del águila de la escultura española Alonso González Berruguete«, que la determinación de alzar el templo la dispuso el Arcediano de Plasencia D. Francisco de Carvajal, allá por 1554, que califica de «fecha memorable en la Historia del Arte para la ciudad de Cáceres«, que la distancia de cabecera a pies es de 54,31 metros y reseñando, claro es, la imagen de Santiago peleando con moros a sus pies, en una «figura enérgica, movida y valiente«.

Asimismo Antonio Floriano subraya, entre otras muchas consideraciones, respecto a la imagen de Jesús Nazareno, de impresionante y extraordinaria veneración en Cáceres, que «su rostro expresa una estilización del dolor«. Lo que el autor denomina «un dolor superlativo«. Para dejar constancia expresa, finalmente, de que la capilla del mismo «ha venido a ser uno de los sitios más amados de la piedad cacerense«.

El párroco de la iglesia de Santiago de los Caballeros, por aquel entonces, del correr del año 1915, era don Feliciano Rocha Pizarro, (1870-1945), natural de la localidad cacereña de Hinojal, que también fuera dean de la catedral de Coria, párroco de San Mateo que llegara a ser nombrado en 1935 Obispo de Plasencia, y autor de libros como «La devoción al Sagrado Corazón de Jesús» o «Necesidad de la penitencia» y que animó a Antonio Floriano a escribir el libro.

Un libro que se imprimió en la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Cáceres, en la oficina tipográfica de Santos Floriano. Los moldes estuvieron a cargo de Luis Parra, Tomás Antequera, García Floriano y Francisco Galán, Ioachim Peña físolo en prensa, como se especifica, y la obra fue encuadernada por Maese Fidel Ximénez. Al final del libro reza: «En del Nascimiento de Nro. Señor e Salvador. JHS. MCMXV. Laus Deo«.

La conmemoración de los actos del centenario de la Fundación de la Congregación de la Preciosa Sangre, que hizo historia, tendría bastante más relieve y sensibilidad histórico-documental em el sentir cacereño con el paso del tiempo al saberse que Gaspar del Búfalo, fue canonizado en el año 1954 por el Papa Pío XII, que el Nuncio de Su Santidad Francesco Ragonessi alcanzaría el grado de Cardenal Presbítero, por Benedicto XV, así como el rango de Prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, y que el entonces párroco de Santiago llegaría a estar al frente de una diócesis de tanta raigambre, predicamento e importancia en el orbe eclesial como es la de ciudad Plasencia.

El pasado mes de octubre los misioneros celebraron en Cáceres el bicentenario de la fundación. Se representó la obra “San Gaspar”, de José Rodríguez Pinilla, profesor del Colegio “San Francisco Javier” en Fuente de Cantos, un musical con la actuación del cantautor Migueli, una conferencia titulada “Pasado, presente y futuro de la Congregación de Misioneros de la Preciosa Sangre”, por el padre Enmanuel Lupi, Vicemoderadorgeneral de la Orden y hubo una concelebración eucarística presidida por Francisco Cerro Chaves, Obispo de la diócesis Coria-Cáceres.

La Comunidad de la Preciosa Sangre en Cáceres, mientras tanto, prosigue su camino y su andadura con la imagen, siempre presente, de Gaspar del Búfalo, su fundador, la adaptación a los nuevos tiempos y las nuevas corrientes sociales, y, siempre, pensando en servir más y mejor a la sociedad en la que se encuentran ubicados.

Asimismo señalar que entre los padres de la Congregación de la Preciosa Sangre de Cáceres, en Aquellos Tiempos, de los años sesenta y setenta, se encontraban, entre otros, Casiano Suero López, muy conocido en toda la ciudad, el padre José Sánchez, que trabajaba mucho con la juventud cacereña, el padre José Luis, natural de Calzadilla de Coria, y el padre Edmundo, y que iban tratando de dejar constancia de su labor religiosa.

Finalmente dejar constancia de que Eduardo Torres Márquez (Jaraicejo 1944-2007) estudió en la congregación «La Preciosa Sangre«, de Cáceres. Ordenado sacerdote por dicha Orden fue Arcipreste de la Sierra Norte de Sevilla, fundador de la parroquia Santa María de la Asunción, en el municipio sevillano de Guadalcanal y director espiritual de la «Hermandad de las Tres Horas«. De él escribe el investigador y poeta jaraicejeño Wenceslao Mohedas Ramos que «era una persona buena, noble, sencilla«.  

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