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Archive For The “Cáceres ayer” Category

DEL PASEO ALTO

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El Paseo Alto. Uno de esos lugares mágicos que se dan cita en Cáceres, que tanto nos convocaba a aquellas generaciones y que, hoy, albergamos un enorme montón de recuerdos, inmensos, del Paseo de Ibarrola. Siempre conocido como Paseo Alto.

Aquel paseo de nuestra ya lejana infancia servía como refugio para la tropa de chavales y salir a pájaros con el tirador, gatear por el ramaje de su arbolado, saltar por la barandilla de la bandeja, aprovechar el recreo de la escuela de don Juan Checa, las hojas de los eucaliptos para baños de pies contra el catarro, escuchar los ensayos de la Banda de Música del Regimiento “Argel 27”, asombrarnos de los escarceos amorosos, compartiendo sandías en las noches estivales… Y el recuerdo de las niñas, comentaba mi madre, cantando: “En el Paseo Alto no se puede jugar, pues hay niños muy tontos que nos vienen a estorbar”.

— Paseo de Ibarrola. Un enorme pulmón cacereño–, nos dijo un atardecer cualquiera don Valeriano.

La muchachada de la pandilla se quedó atónita. Un servidor, acaso por ser su vástago, apuntó:

— Pero si es el Paseo Alto… ¿O, acaso, han cambiado el nombre?

Don Valeriano nos miró de forma bonachona y diría que docta. Posteriormente mi progenitor deslizó unas pinceladillas sobre la figura del escritor y jurisconsulto que presta su nombre a ese rincón que guardamos en el alma, entre esencias niñas y adolescentes, haciendo hincapié en su prestigio, su contribución al derecho, las letras y el honor de dar nombre a un lugar por el que transitaba el señor Ibarrola, respirando a pleno pulmón. Un paseo que don Valeriano declaraba de marcado carácter. Insistiendo, además, en la diferencia de los nombres reales y los impuestos por la idiosincrasia popular. Como ejemplos: El de la calle Margallo, que denominábamos Moros, la Plaza Mayor, entonces General Mola, o la calle Gómez Becerra, también conocida como de la Pulmonía. Cuando don Valeriano se encontraba con la pandilla recalcaba:

— ¿Cuál es el nombre del Paseo Alto?

Y todos a la vez canturreando:

Don-Jo-sé-de- I-ba—rro—la, i-lus-tre- es-cri-tor…

Tantos años después pareciera que pocos saben de don José, que diría don Valeriano.

 

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EL CAPITAN GARFIO Y OTROS

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Hoy continúo el pequeño repaso por los tipos populares y conocidos, prácticamente del todo Cáceres, eso sí, de Aquellos Tiempos en los que, más o menos, nos conocíamos casi todos. Parte de los encantos de una pequeña capital de provincia, de aquellos años cincuenta, sesenta… Aquí os dejo mi artículo «EL CAPITAN GARFIO Y OTROS», que hoy, 5 de noviembre de 2011, aparece publicado en el periódico regional extremeño «Hoy».

Hace unas semanas abordamos un trabajo sobre tipos populares cacereños, más allá de los más conocidos.

Margallo, familiar del glorioso general Margallo, indigente en Cáceres.. Fotografía Múñez, en el diario "Hoy"

Margallo, familiar del glorioso general Margallo, indigente en Cáceres. Fotografía Múñez en el diario «Hoy».

Hoy traemos a colación otros personajes. Tal cual el Capitán Garfio, a quien le faltaba la mano y parte del antebrazo izquierdo, decía que porque le estalló una granada en esa zona durante la guerra, habiéndosele colocado en el muñón una pieza de hierro que terminaba en un enorme garfio, como contemplábamos en los piratas de las películas. El aspecto de la mano imponía, pero le servía para ganarse la vida de maletero, aguantando el peso de bolsos y maletas. Entre el parador del Carmen, la estación de ferrocarril y paradas de coches de línea, entre tascas y soledades, entre silencios y murmullos, transcurría su vida.

Otro tipo popular era la Jaca Peralta. Limpiabotas gitano, que vivía por un arrabal calé del Carneril. Moreno de verde luna, alto, de pelo rabiosamente azabache, padecía una deformación en las piernas que le obligaba a caminar levantando las mismas de tal modo que más parecía una jaca, con sus mejores pasos de doma, como las que lucían los rejoneadores hermanos Peralta en los cosos taurinos. De ahí el apodo.

También figuran en este segmento humano el Mudo, un vagabundo de chambra deshilachada, hecha miseria y aspereza, de gorra y sempiterna colilla en la comisura de los labios, que en muchas ocasiones recogía del suelo, serpenteando con la mano limosnera en busca de alguna moneda, Antoñito Jujú, otro errabundo por los lares de aquel Cáceres, que caminaba a grandes zancadas, con la cabeza en otro mundo, boina calada hasta las orejas, los brazos cruzados pero por la espalda, tal cual un contorsionista, sonrisa descuidada ante el enigma de la vida, o Margallo, familiar lejano del general, falto de una pierna, que vivía de las dádivas generosas de los cacereños de las que buena parte se perdía en tabernas, como bien sabían en La Catalana, apagando sus penas.

Otros cacereños en la historia de la ciudad.

NOTA POSTERIOR A LA PUBLICACION DEL ARTÍCULO: El apodo de «Jujú«, en Antoñito, se debe a que «Ju-ju» eran las únicas palabras que pronunciaba.

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CACERES, FASCINANTE CIUDAD MEDIEVAL

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… Siempre Cáceres, un slogam utilizado por un servidor, para divulgar imágenes, esencias y sensibilidades de Cáceres junto a la estampa de la ciudad, su bellísima Ciudad Medieval, sus tipos populares, sus tradiciones, sus personajes, sus esencias… Lo mismo que un día dimos a luz la palabra CACEREÑEANDO, título de mi blog. Aquí os dejo mi trabajo titulado CACERES, FASCINANTE CIUDAD MEDIEVAL, que hoy, 15 de julio, aparece en mi blog y en la revista digital de viajes y turismo Unitravel.com. Y que el 13 de agosto pasado se publicaba en la revista digital mexicana Business Travel Magazine.

... Siempre Cáceres. Fotografía de Tomás González

… Siempre Cáceres. Fotografía de Tomás González

El viajero se llena de luz en su andadura y emociones por la Ciudad Medieval de Cáceres. Paso a paso, rincón por rincón, la ciudad, Patrimonio de la Humanidad, se alza a la eternidad de forma permanente a través de su conjunto histórico-artístico-monumental… Una ciudad española fascinante. El viajero se llena de hechizo y sabor, de pasión, en su recorrido por esta ciudad caminando entre el pálpito de las luces de la historia que se expanden por la calma del amanecer, por el sosiego cuando los pasos transcienden en el atardecer, en los recorridos, de puntillas, por sus noches de admiraciones contemplativas, cuando el alma se serena y se radiografía, sublime, la intensidad y diversidad de la luz de Cáceres.

Siempre inmensa, intensa. Siempre caminando entre esas luces de eternidad que se expanden por la calma del amanecer, por el sosiego cuando los pasos transcienden en el atardecer, en los paseos, de puntillas, por sus noches contemplativas, cuando el alma se serena y se radiografía, sublime, la luz de Cáceres.

Cáceres destila aromas de una ensoñación que pareciera resurgir de sus cenizas en aras a lo más bello. Todo un recorrido al Medievo entre aventuras, mercados, adarves, iglesias, palacios, casonas palaciegas, beaterios, juglares, peleas… Piérdete, caminante, entre sus callejuelas y plazoletas y comprenderás cómo ha renacido su recreación con el tiempo. Una Ciudad Medieval de ensueño y lujo.

Al fondo el Palacio de Moctezuma y la eternidad de Cáceres sobre el azul del cielo... Fotografia de David Díaz Pérez

Al fondo el Palacio de  Toledo-Moctezuma y la eternidad de Cáceres sobre el azul del cielo… Fotografia de David Díaz Pérez.

Verás: El viajero se llena de luz por la Ciudad Medieval de Cáceres, abrazándose al trasluz estival. Un haz de tonalidades amarillentas, azules, naranjas, malvas, rojizas, grises, obscuras, blanquecinas, que se dan cita una y otra vez con ese sentir de quien encuentra la vida como fuente de luz de Cáceres, de quien camina con la luz de Cáceres, de quien marcha hacia la genuina luz de Cáceres. En cualquier lugar, a cualquier hora, en uno y otro esquinazo, por sus caminos y surcos. Una luz tan profunda como mágica…

Más allá toda una impresionante serie de estampas e imágenes que transitan en un recorrido de sublime sabor medieval: La Muralla árabe, el Adarve de la Estrella, la Plaza de Santa María, la Casa Mudéjar, de arquitectura toledana, la Cuesta de la Compañía, el Aljibe, el Palacio de las Veletas, sobre la Alcazaba almohade, la Puerta del Postigo, torres defensivas cristianas y árabes, la de los Púlpitos, la de la Yerba, la Mochada, La Enfermería de San Antonio, el Baluarte de los Pozos, el Arco del Cristo, que rezuma el sabor de la romana muralla, el Foro de los Balbos, donde se alzaba una de las puertas cuando la vieja Norba Caesarina, el Hospital de los Caballeros, el Balcón de los Fueros, la Casa del Judío Rico, la iglesia de San Mateo, alzada sobre una mezquita, campanas que espantan a un vuelo asustadizo y acelerado a cernícalos, vencejos, golondrinas, el conventual de San Pablo con monjas en clausura y voto de castidad, pobreza y obediencia, entre oraciones, trabajo, silencio y canticos gregorianos, un desfile de casas hidalgas cacereñas, la Judería, entre estrechos callejones sefardíes, y su barrio, San Antonio de la Quebrada, con ermita sobre una sinagoga, donde una deslumbrante luz reverbera en sus casitas encaladas, calles con nombres como Amargura, de la Gloria, del Mono, Callejón del Gallo, la Calleja del Moral, Rincón de la Monja, tantos otros tan silenciosamente recogidos y tan deslumbrantes, amplias plazas, estrechas y angostas callejuelas…

El Arco de la Estrella. Fotografía de David Díaz Pérez.

El Arco de la Estrella. Fotografía de David Díaz Pérez.

Y, también, entre fachadas platerescas, góticas, renacentistas, portadas adinteladas, otras adoveladas, con sillares almohadillados, retablos barrocos, espadañas, matacanes, arpilleras, escudos esculpidos en cantería, unos; en alabastro, otros, blasones heráldicos de familias nobiliarias, con torres, águilas, flores de lis, estrellas, osos, soles, becerras, perales, garzas, yelmos, escudos episcopales, muros de mampostería, almenas picudas, barbacanas, balcones esquinados, ramas de olivo, llamativas gárgolas, ventanas ojivales, gemelas otras, también enrejadas con hierro forjado, ajimeces cacereños, faroles, con preciosa luz que amarillea la noche, nobles medallones, alfices, saeteras, coronas voladas, conchas de peregrinos, leyendas pétreas por los siglos: “Esta es la casa de los Golfines”, “Sé tú Señor para nosotros torre de fortaleza y se renovará como la del águila, nuestra juventud”, “Vanitas vanitatum et omnia vanitas” (1), “Aeterna memoriam iustorum” (2), “Ave María”, “Non habemus hic civitatem manentum sed futuram inquiribus” (3), hornacinas como la de la Puerta del Río, con un Cristo crucificado o la de San Francisco Javier, bóvedas de rosca, patios herrerianos, mudéjares, renacentistas, toscanos, con claustros porticados, policromados artesonados, una salpicadura de jardines, salas de linajes, tapices, cuadros de siglos, pinturas renacentistas al fresco en paredes palaciegas, chimeneas de ladrillos, capillas, sepulcros artísticos, distinguidos, que velan una infinidad de testimonios y retazos en la configuración de la historia cacereña…

La Concatedral de Santa María en la noche cacereña. Fotografía de Tomás González Hernández.

La Concatedral de Santa María en la noche cacereña. Fotografía de Tomás González Hernández.

Piérdete, caminante, mejor envuelto por la luz de la noche, y comprenderás el sortilegio histórico-artístico de Cáceres y su recreación, que han renacido con el tiempo. Una Ciudad Medieval por la que te irás sorprendiendo en todas sus esencias, tratando de alcanzar a tocar la luz de Cáceres. Un haz de tonalidades con pinceladas azules, naranjas, malvas, grisáceas, oscuras, blanquecinas, amarillentas, doradas intensas, cuando el sol quema, que tocas el granito y pareciera ardiente en tardes de estío… Colores que se dan cita constantemente con el corazón embargado y asidos a la luz de Cáceres, de quien lo hace exultante por la fuerza de los rayos de la propia luz, real, preciosa siempre, bajo el haz donde se siente Cáceres, aún con los ojos cerrados, qué digo, guiados, alumbrados por la luz que se impregna sobre la ciudad…

Te preguntas ¿Qué sucede? Sencillamente, que te vas contagiando por la magia, sorprendente, de la luz de Cáceres, esparcida hacia todas partes como un ramillete de haces gigantescos de luz, tal como antes nunca habías percibido… Con una riqueza de siempre. Ayer, en los cauces de la Historia y su legado entre raíces judaicas, de la morisma y de la cristiandad; hoy, avanzando desde Cáceres, serpenteando por sus callejuelas y plazoletas, y hacia la esencia de la ciudad, su recinto amurallado, soberbio de esplendor; mañana, como un cielo infinito de luces…

¡Qué hechizo el que se encuentra más allá, al otro lado del telón de esa escenografía de la historia que se engalana por los rincones cacereños…! Por uno y otro tiempo histórico, en uno y otro lugar, a una y otra hora, en una y otra estación del tiempo, por uno y otro esquinazo, por todos sus caminos y surcos, en todas las direcciones, con la compañía de la lluvia, con sol radiante, cobijados entre sombras, envueltos entre nieblas, con calores, con fríos, con el misterio del encanto, siempre, a cada palmo, con la luz de Cáceres, fascinante, radiante… Siempre, en Cáceres, el rito y el ritmo de su luz perpetua…!

Fotografía del Portal Oficial de Turismo de Cáceres.

Fotografía del Portal Oficial de Turismo de Cáceres.

Adéntrate más, entonces, amigo caminante, por la hondura de Cáceres, y avanza de la fuente de luz a las piedras monumentales. Tal vez no puedas expresar más palabra que la que sugieren e imantan los ojos abrillantados…

Ya estás de pleno ante la luz histórico-monumental, artística y excelsa de la ciudad. Jamás se perderá de tu memoria este hallazgo de luz y piedras, rehabilitado y realzado como jamás pudiera imaginarse.

Con la riqueza que impresiona siempre la luz cacereña. Déjate ir, pues, hacia donde te lleve caprichosamente la vista, hacia donde te guíen los ojos, allá por donde te conduzca la mirada, hacia donde te dirija el corazón, por donde te pilote el sentimiento y el alma. Te lo aconsejo. Pasearás, entonces, con esa serenidad emocionante y sugerente que inducen las entrañas de la privilegiada ciudad.

Un consejo: No te pierdas un solo rincón, ni tan siquiera de rayo de luz, ni una sola de sus piedras, ni tampoco un solo palmo de sus muros, que se dan cita como el tercer conjunto histórico-monumental europeo. Penetra por toda la geografía del callejero, aprovecha esa inmensidad de luz, escucha el concierto del silencio y el encanto penetrante de la noche cacereña y sitúate en aquel Cáceres en el punto de encuentro con la Edad Media y el Renacimiento. ¡Ahí es nada…! Ese paseo, con el reloj de las prisas arrinconado en el mayor olvido. Medítalo, resulta todo un privilegio, ahora que avanzas tus pasos con las múltiples combinaciones de los colores que se funden con las infinitas pinceladas que emanan de la luz de Cáceres. ¡A cual más bella de todas…!

Convento de San Pablo. Fotografía de Tomás González Hernández.

Convento de San Pablo. Fotografía de Tomás González Hernández.

se enamora de la luz de Cáceres como una estampa sagrada de vida en los adentros del viajero por ese conjunto abierto de calles y plazas palacios e iglesias… Toda una luz con sus juegos de magia, diversa, variopinta, hermosa de toda hermosura, como los campos, los horizontes, los cielos, los parajes, los paisajes y los prismas sacrosantos de todos y cada uno de los miles de rayos, que convergen y zigzaguean cada segundo, bajo el prisma multicolor de las bellezas, de los misterios, de la fascinación por todas las siluetas cacereñas pintadas, desde siempre y, sin embargo, a cada instante, por el esplendor de la luz…

Ahí radica el secreto del enigma, amigo viajero: La combinación de la hermosura de la luz de siempre, plasmada sobre los lienzos y bordada sobre los tapices de Cáceres. Cáceres es luz, sobre todo luz, siempre luz. O, mejor, Luz, con mayúscula. Genuina, plenamente cacereña, más bella que la propia belleza…

Entonces verás en esa Ruta de la Luz de Cáceres, numerosos haces de luz que brillan y de qué forma tan majestuosa y bella… ¡Cómo se distingue, entonces, la luz, la luz especial, con sabor de Cáceres…!

Por la Cuesta de Aldana. Fotografía de David Díaz Pérez

Por la Cuesta de Aldana. Fotografía de David Díaz Pérez

Siempre la luz inolvidable en el viajero y caminante intramuros de la Ciudad Medieval de Cáceres.

1: “Vanidad de vanidades y siempre vanidad”.

2: “La memoria de los justos es eterna”.

3: “No tenemos aquí ciudad permanente sino que buscamos la futura”.

NOTA: Las fotografías que ilustran este trabajo son propiedad del Portal de Turismo de Cáceres, de Tomás González Hernández y de David Díaz Pérez, de la empresa Mister Plan.

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ENTRADA DE CAVERO TORMO EN CACERES

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La historia de Cáceres, como la de todos los pueblos y rincones, se encuentra repleta de testimonios y documentos fotográficos. Como este, que hoy presentamos a los lectores de CACEREÑEANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ, con motivo de la entrada oficial en Cáceres del nuevo prelado de la diócesis de Coria, monseñor Francisco Cavero Tormo, allá por el lejano año de 1945.

Una entrada en la capital cacereña, y tal y como como se puede apreciar en la imagen de la izquierda, que se cuajaba de una multitud de cacereños que procedían a dispensarle una acogida tan cariñosa como esperanzada, mientras esa comitiva oficial, recorriendo paulatinamente las principales calles de Cáceres, se iba trasladando hacia la iglesia de Santa María…

Poco después hacía su entrada oficial en la ciudad de Cáceres, siendo recibido por una gran multitud y recorriendo las principales calles de la capital cacereña.

En la instantánea fotográfica, de izquierda a derecha, podemos ver a Manuel García Tomé, alcalde de Cáceres, monseñor Francisco Cavero Tormo, Luis Julve Ceperuelo, a la sazón gobernador civil de la provincia, Francisco González Toril, presidente de la Diputación Provincial, y Santiago Rodríguez Ramírez, Delegado de Hacienda.

Francisco Cavero Tormo (Murcia 1882-Cáceres-1949), doctor en Teología, canónigo de la catedral de Granada,  académico de Bellas Artes de Granada, de señalada labor al frente de la diócesis cauriense, está considerado en algunas referencias y biografías como «santo y docto obispo«.

Una fotografía, de hace ya la friolera de setenta y seis años, pues, para la historia de Cáceres.

NOTA: Mi querido amigo Gonzalo Rodríguez Lázaro me facilitó en su día, gentilmente, este extraordinario documento gráfico.

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LOS IGUALES PARA HOY

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Hoy, en el Cáceres de Aquellos Tiempos, nuestro recuerdo humano y familiar, en la pequeña capital de provincia, para los vendedores de la ONCE. Personajes, rostros, voces, conocidas, de esos entrañables paisanos en el paisaje humano cacereño…

«Los iguales para hoy! es el título de mi artículo de hoy, 29 de abril de 2021, y que aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

Por aquel Cáceres un grupo de paisanos se ganaba la vida en la calle, convirtiéndose en rostros familiares: Los vendedores de la ONCE:

— Los iguales para hoy…!

Por los años sesenta ciento seis vendedores de cupones, con sus golpeteos de bastón y gafas oscuras, diluían un hilo de pregoncillos. La Plaza Mayor y el Mercado de Abastos se convertían en un epicentro de las mañanas cacereñas. Por allí andaban José Antonio Frade, Rufino, Pepa,  Niceto Valle, Aurelio Gamino; Flori Jorge Mendoza, en los soportales; Luis Clemente, el “Rácano”, en la esquina con General Esponda; Vidal Alfonso en la de Pintores; Teodoro y Puri en la Plaza de San Juan; Paco Jorge Mendoza, en la Plaza de las Piñuelas; Juan Julián Gregorio, Juanón, en Moret; Nicolás Julián en la calle José Antonio… Por la Plaza de San Juan se instalaban, entre otros, Teodoro y Puri, mientras que Isidra Alfonso se colocaba en Las Cuatro Esquinas y Catalino Cano, manco y cojo, en la calle Camberos, con Manuel, el Alemán, y Antonia Tesoro ubicados por La Cruz.

Por esos caminos transitaban Antolín, Dionisio, Yagüe, Nieves Pérez Burcio, Mary Reyes, Pablo Higuero, que perdió la vista por la coz de un mulo, y otros…

Invidentes que pregonaban las Embarazadas, el 66, los Guardias Civiles, el 55,  la Agonía, el 99, el Mala Sombra, el 13, el Abuelo, el 90, los Patitos, el 22…

Siguiendo una ancestral tradición algunos eran músicos, como Rafael Fragoso, batería, FructuosoSalzón” y Manuel Amado Marchena, acordeón, Antonia Tesoro, los palillos, Juani Ojalvo las castañuelas, Juan y Esteban Ruiz, saxofón y organillo, Isaac Holgado, miembro del grupo folk “Mansaborá”, laúd y piano…

Una orquesta de invidentes amenizaba los bailes del Centro de Jubilados en la Plaza, como otros jugaban al fútbol, por San Blas, utilizando como pelota un bote de tomate, que liaban con trapos en la que incrustaban piedras para guiarse por el sonido…

Rostros de vendedores de la ONCE que tantos recordamos.

 

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CACERES: DATE LA VUELTA CON AIRE QUE SE TE VEAN…

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La historia del Grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres, de la que poco a poco vamos tratando de dejar la mayor constancia por esta vía de CACEREÑEANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ, se conforma como de significativa en pro de la divulgación de esa parcela de la cultura popular que conforman las canciones y las danzas del folklore cacereño.

Y es que, a lo largo de treinta y tres años aproximadamente, numerosos cacereños mostraron su inquietud y pasión por las raíces y esencias del folklore provincial, por el calado y la hermosura de la cultura popular, participando de forma activa en los Coros y Danzas de la Sección Femenina.
Unos como bailadores, otros como instrumentistas, otros formando parte del coro…
Y todos, a una, divulgando la riqueza y la variedad que se da cita alrededor de nuestras canciones y danzas que iban recopilando, con tanta eficacia como interés, y con tanto amor como sensibilidad, recopilaban las generaciones anteriores, protagonistas de esas tradiciones y costumbres, musicólogos, investigadores, escritores…
En definitiva, pues, toda una obra conjunta del pueblo español, nunca mejor dicho, tal como señalaba el eminente folklorista cacereño Manuel García Matos, catedrático de Folklore en el Conservatorio de Música de Madrid, autor del álbum musical «Magna Antología del Folklore Musical de España«, editado por la casa discográfica Hispavox, del volumen «Lírica Popular de Extremadura«, «Cancionero popular de la provincia de Cáceres» y de otras numerosas publicaciones.
Y al ritmo de flautas, de tamboriles, de guitarras, de almireces, de bandurrias, de castañuelas, de botellas raspadas con cucharas, pregonaban en Certámenes, en Muestras, en Concursos y en Festivales Folklóricos las esencias de ese hermoso apartado de la cultura popular que se dan cita en las canciones y en las danzas de la provincia de Cáceres…
Mientras cantaban, ahora ahora que descubrimos este fotograma de principios de los años 60, captado del NODO, ese segmento de danza «La Carta«, original de la localidad de Piornal, cuando dice
Date la vuelta con aire,
que se te vean,
los picos de las enaguas,
que te blanquean…
Que te blanquean, niña,
que te blanquean,
date la vuelta con aire,
que se te vean…

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MUJER CACEREÑA, POR SANTIAGO BERZOSA (1976)

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«MUJER CACEREÑA» es el título de una obra musical del compositor y Santiago Berzosa González, que vió la luz en el año 1976. Una composición, con aire de rumba, lamentablemente, poco conocida.

La obra musical del maestro Santiago Berzosa González, (Turégano, Segovia, 1907-Cáceres, 1982), de manifiesto prestigio en la ciudad cacereña, a la que dio un título tan acertado como el de «Mujer Cacereña«, una rumba, está grabada con el acompañamiento de la Orquesta denominada «Profesores Solistas«.
Santiago Berzosa González, entregado a la música, como su hermano Esteban, de la que fueron una referencia clara en el Cáceres de Aquellos Años, también permaneció durante años, como director, al frente de la Banda de Música del Regimiento «Castilla 16«, de Badajoz, de la Banda Municipal de Música de Cáceres y la Banda de Música del Regimiento de Infantería «Argel 27«, de la capital cacereña.
Esta última estuvo catalogada, prácticamente desde siempre, como una de las mejores bandas militares de música de España y a la que el maestro Berzosa infirió, con su dedicación e impulso, un relieve notorio y de distinción, aportando a la misma una gran variedad de aires y de una diversidad de temas musicales, más allá de los estrictamente militares.
Santiago Berzosa González, trabajador infatigable, cuenta, asimismo, con toda una larga serie de composiciones en su muy creativa trayectoria musical: Marchas religiosas, pasodobles toreros, boleros, valses…
También es dejar constancia que la labor de los hermanos Berzosa González, Santiago y Esteban, fue de tanto y de tan señalado relieve en Cáceres que ambos prestan su nombre al Conservatorio cacereño de Música.
Hoy, en este largo recorrido que llevamos a cabo día a día, documento a documento, desde este Blog, «CACEREÑANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ«, os dejo a todos, amigos, compañeros, lectores, con este testimonio musical tan cacereño como es el de «MUJER CACEREÑA«.
Así, pues, que lo disfruteis y que con la colaboración de todos continuemos ayudando a divulgar al máximo las excelencias del inmenso patrimonio cacereño en todos los campos. Y que, con la mano en el alma y en el corazón, desde el más profundo sentimiento cacereñista, creo que merece la pena divulgar e inmortalizar por estas vías de internet.
Para más información del maestro Santiago Berzosa González, consultar el ensayo, publicado en este mismo Blog, titulado «Santiago Berzosa, la esencia musical«.
NOTA: La grabación y recuperación del testimonio sonoro, que se puede escuchar pulsando en el enlace que aparece al final de estas líneas, ha sido posible gracias a la colaboración de Jon Navarro.

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