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Archive For The “Cáceres ayer” Category

CACERES, FASCINANTE CIUDAD MEDIEVAL

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… Siempre Cáceres, un slogam utilizado por un servidor, para divulgar imágenes, esencias y sensibilidades de Cáceres junto a la estampa de la ciudad, su bellísima Ciudad Medieval, sus tipos populares, sus tradiciones, sus personajes, sus esencias… Lo mismo que un día dimos a luz la palabra CACEREÑEANDO, título de mi blog. Aquí os dejo mi trabajo titulado CACERES, FASCINANTE CIUDAD MEDIEVAL, que hoy, 15 de julio, aparece en mi blog y en la revista digital de viajes y turismo Unitravel.com. Y que el 13 de agosto pasado se publicaba en la revista digital mexicana Business Travel Magazine.

... Siempre Cáceres. Fotografía de Tomás González

… Siempre Cáceres. Fotografía de Tomás González

El viajero se llena de luz en su andadura y emociones por la Ciudad Medieval de Cáceres. Paso a paso, rincón por rincón, la ciudad, Patrimonio de la Humanidad, se alza a la eternidad de forma permanente a través de su conjunto histórico-artístico-monumental… Una ciudad española fascinante. El viajero se llena de hechizo y sabor, de pasión, en su recorrido por esta ciudad caminando entre el pálpito de las luces de la historia que se expanden por la calma del amanecer, por el sosiego cuando los pasos transcienden en el atardecer, en los recorridos, de puntillas, por sus noches de admiraciones contemplativas, cuando el alma se serena y se radiografía, sublime, la intensidad y diversidad de la luz de Cáceres.

Siempre inmensa, intensa. Siempre caminando entre esas luces de eternidad que se expanden por la calma del amanecer, por el sosiego cuando los pasos transcienden en el atardecer, en los paseos, de puntillas, por sus noches contemplativas, cuando el alma se serena y se radiografía, sublime, la luz de Cáceres.

Cáceres destila aromas de una ensoñación que pareciera resurgir de sus cenizas en aras a lo más bello. Todo un recorrido al Medievo entre aventuras, mercados, adarves, iglesias, palacios, casonas palaciegas, beaterios, juglares, peleas… Piérdete, caminante, entre sus callejuelas y plazoletas y comprenderás cómo ha renacido su recreación con el tiempo. Una Ciudad Medieval de ensueño y lujo.

Al fondo el Palacio de Moctezuma y la eternidad de Cáceres sobre el azul del cielo... Fotografia de David Díaz Pérez

Al fondo el Palacio de  Toledo-Moctezuma y la eternidad de Cáceres sobre el azul del cielo… Fotografia de David Díaz Pérez.

Verás: El viajero se llena de luz por la Ciudad Medieval de Cáceres, abrazándose al trasluz estival. Un haz de tonalidades amarillentas, azules, naranjas, malvas, rojizas, grises, obscuras, blanquecinas, que se dan cita una y otra vez con ese sentir de quien encuentra la vida como fuente de luz de Cáceres, de quien camina con la luz de Cáceres, de quien marcha hacia la genuina luz de Cáceres. En cualquier lugar, a cualquier hora, en uno y otro esquinazo, por sus caminos y surcos. Una luz tan profunda como mágica…

Más allá toda una impresionante serie de estampas e imágenes que transitan en un recorrido de sublime sabor medieval: La Muralla árabe, el Adarve de la Estrella, la Plaza de Santa María, la Casa Mudéjar, de arquitectura toledana, la Cuesta de la Compañía, el Aljibe, el Palacio de las Veletas, sobre la Alcazaba almohade, la Puerta del Postigo, torres defensivas cristianas y árabes, la de los Púlpitos, la de la Yerba, la Mochada, La Enfermería de San Antonio, el Baluarte de los Pozos, el Arco del Cristo, que rezuma el sabor de la romana muralla, el Foro de los Balbos, donde se alzaba una de las puertas cuando la vieja Norba Caesarina, el Hospital de los Caballeros, el Balcón de los Fueros, la Casa del Judío Rico, la iglesia de San Mateo, alzada sobre una mezquita, campanas que espantan a un vuelo asustadizo y acelerado a cernícalos, vencejos, golondrinas, el conventual de San Pablo con monjas en clausura y voto de castidad, pobreza y obediencia, entre oraciones, trabajo, silencio y canticos gregorianos, un desfile de casas hidalgas cacereñas, la Judería, entre estrechos callejones sefardíes, y su barrio, San Antonio de la Quebrada, con ermita sobre una sinagoga, donde una deslumbrante luz reverbera en sus casitas encaladas, calles con nombres como Amargura, de la Gloria, del Mono, Callejón del Gallo, la Calleja del Moral, Rincón de la Monja, tantos otros tan silenciosamente recogidos y tan deslumbrantes, amplias plazas, estrechas y angostas callejuelas…

El Arco de la Estrella. Fotografía de David Díaz Pérez.

El Arco de la Estrella. Fotografía de David Díaz Pérez.

Y, también, entre fachadas platerescas, góticas, renacentistas, portadas adinteladas, otras adoveladas, con sillares almohadillados, retablos barrocos, espadañas, matacanes, arpilleras, escudos esculpidos en cantería, unos; en alabastro, otros, blasones heráldicos de familias nobiliarias, con torres, águilas, flores de lis, estrellas, osos, soles, becerras, perales, garzas, yelmos, escudos episcopales, muros de mampostería, almenas picudas, barbacanas, balcones esquinados, ramas de olivo, llamativas gárgolas, ventanas ojivales, gemelas otras, también enrejadas con hierro forjado, ajimeces cacereños, faroles, con preciosa luz que amarillea la noche, nobles medallones, alfices, saeteras, coronas voladas, conchas de peregrinos, leyendas pétreas por los siglos: “Esta es la casa de los Golfines”, “Sé tú Señor para nosotros torre de fortaleza y se renovará como la del águila, nuestra juventud”, “Vanitas vanitatum et omnia vanitas” (1), “Aeterna memoriam iustorum” (2), “Ave María”, “Non habemus hic civitatem manentum sed futuram inquiribus” (3), hornacinas como la de la Puerta del Río, con un Cristo crucificado o la de San Francisco Javier, bóvedas de rosca, patios herrerianos, mudéjares, renacentistas, toscanos, con claustros porticados, policromados artesonados, una salpicadura de jardines, salas de linajes, tapices, cuadros de siglos, pinturas renacentistas al fresco en paredes palaciegas, chimeneas de ladrillos, capillas, sepulcros artísticos, distinguidos, que velan una infinidad de testimonios y retazos en la configuración de la historia cacereña…

La Concatedral de Santa María en la noche cacereña. Fotografía de Tomás González Hernández.

La Concatedral de Santa María en la noche cacereña. Fotografía de Tomás González Hernández.

Piérdete, caminante, mejor envuelto por la luz de la noche, y comprenderás el sortilegio histórico-artístico de Cáceres y su recreación, que han renacido con el tiempo. Una Ciudad Medieval por la que te irás sorprendiendo en todas sus esencias, tratando de alcanzar a tocar la luz de Cáceres. Un haz de tonalidades con pinceladas azules, naranjas, malvas, grisáceas, oscuras, blanquecinas, amarillentas, doradas intensas, cuando el sol quema, que tocas el granito y pareciera ardiente en tardes de estío… Colores que se dan cita constantemente con el corazón embargado y asidos a la luz de Cáceres, de quien lo hace exultante por la fuerza de los rayos de la propia luz, real, preciosa siempre, bajo el haz donde se siente Cáceres, aún con los ojos cerrados, qué digo, guiados, alumbrados por la luz que se impregna sobre la ciudad…

Te preguntas ¿Qué sucede? Sencillamente, que te vas contagiando por la magia, sorprendente, de la luz de Cáceres, esparcida hacia todas partes como un ramillete de haces gigantescos de luz, tal como antes nunca habías percibido… Con una riqueza de siempre. Ayer, en los cauces de la Historia y su legado entre raíces judaicas, de la morisma y de la cristiandad; hoy, avanzando desde Cáceres, serpenteando por sus callejuelas y plazoletas, y hacia la esencia de la ciudad, su recinto amurallado, soberbio de esplendor; mañana, como un cielo infinito de luces…

¡Qué hechizo el que se encuentra más allá, al otro lado del telón de esa escenografía de la historia que se engalana por los rincones cacereños…! Por uno y otro tiempo histórico, en uno y otro lugar, a una y otra hora, en una y otra estación del tiempo, por uno y otro esquinazo, por todos sus caminos y surcos, en todas las direcciones, con la compañía de la lluvia, con sol radiante, cobijados entre sombras, envueltos entre nieblas, con calores, con fríos, con el misterio del encanto, siempre, a cada palmo, con la luz de Cáceres, fascinante, radiante… Siempre, en Cáceres, el rito y el ritmo de su luz perpetua…!

Fotografía del Portal Oficial de Turismo de Cáceres.

Fotografía del Portal Oficial de Turismo de Cáceres.

Adéntrate más, entonces, amigo caminante, por la hondura de Cáceres, y avanza de la fuente de luz a las piedras monumentales. Tal vez no puedas expresar más palabra que la que sugieren e imantan los ojos abrillantados…

Ya estás de pleno ante la luz histórico-monumental, artística y excelsa de la ciudad. Jamás se perderá de tu memoria este hallazgo de luz y piedras, rehabilitado y realzado como jamás pudiera imaginarse.

Con la riqueza que impresiona siempre la luz cacereña. Déjate ir, pues, hacia donde te lleve caprichosamente la vista, hacia donde te guíen los ojos, allá por donde te conduzca la mirada, hacia donde te dirija el corazón, por donde te pilote el sentimiento y el alma. Te lo aconsejo. Pasearás, entonces, con esa serenidad emocionante y sugerente que inducen las entrañas de la privilegiada ciudad.

Un consejo: No te pierdas un solo rincón, ni tan siquiera de rayo de luz, ni una sola de sus piedras, ni tampoco un solo palmo de sus muros, que se dan cita como el tercer conjunto histórico-monumental europeo. Penetra por toda la geografía del callejero, aprovecha esa inmensidad de luz, escucha el concierto del silencio y el encanto penetrante de la noche cacereña y sitúate en aquel Cáceres en el punto de encuentro con la Edad Media y el Renacimiento. ¡Ahí es nada…! Ese paseo, con el reloj de las prisas arrinconado en el mayor olvido. Medítalo, resulta todo un privilegio, ahora que avanzas tus pasos con las múltiples combinaciones de los colores que se funden con las infinitas pinceladas que emanan de la luz de Cáceres. ¡A cual más bella de todas…!

Convento de San Pablo. Fotografía de Tomás González Hernández.

Convento de San Pablo. Fotografía de Tomás González Hernández.

se enamora de la luz de Cáceres como una estampa sagrada de vida en los adentros del viajero por ese conjunto abierto de calles y plazas palacios e iglesias… Toda una luz con sus juegos de magia, diversa, variopinta, hermosa de toda hermosura, como los campos, los horizontes, los cielos, los parajes, los paisajes y los prismas sacrosantos de todos y cada uno de los miles de rayos, que convergen y zigzaguean cada segundo, bajo el prisma multicolor de las bellezas, de los misterios, de la fascinación por todas las siluetas cacereñas pintadas, desde siempre y, sin embargo, a cada instante, por el esplendor de la luz…

Ahí radica el secreto del enigma, amigo viajero: La combinación de la hermosura de la luz de siempre, plasmada sobre los lienzos y bordada sobre los tapices de Cáceres. Cáceres es luz, sobre todo luz, siempre luz. O, mejor, Luz, con mayúscula. Genuina, plenamente cacereña, más bella que la propia belleza…

Entonces verás en esa Ruta de la Luz de Cáceres, numerosos haces de luz que brillan y de qué forma tan majestuosa y bella… ¡Cómo se distingue, entonces, la luz, la luz especial, con sabor de Cáceres…!

Por la Cuesta de Aldana. Fotografía de David Díaz Pérez

Por la Cuesta de Aldana. Fotografía de David Díaz Pérez

Siempre la luz inolvidable en el viajero y caminante intramuros de la Ciudad Medieval de Cáceres.

1: “Vanidad de vanidades y siempre vanidad”.

2: “La memoria de los justos es eterna”.

3: “No tenemos aquí ciudad permanente sino que buscamos la futura”.

NOTA: Las fotografías que ilustran este trabajo son propiedad del Portal de Turismo de Cáceres, de Tomás González Hernández y de David Díaz Pérez, de la empresa Mister Plan.

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ENTRADA DE CAVERO TORMO EN CACERES

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La historia de Cáceres, como la de todos los pueblos y rincones, se encuentra repleta de testimonios y documentos fotográficos. Como este, que hoy presentamos a los lectores de CACEREÑEANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ, con motivo de la entrada oficial en Cáceres del nuevo prelado de la diócesis de Coria, monseñor Francisco Cavero Tormo, allá por el lejano año de 1945.

Una entrada en la capital cacereña, y tal y como como se puede apreciar en la imagen de la izquierda, que se cuajaba de una multitud de cacereños que procedían a dispensarle una acogida tan cariñosa como esperanzada, mientras esa comitiva oficial, recorriendo paulatinamente las principales calles de Cáceres, se iba trasladando hacia la iglesia de Santa María…

Poco después hacía su entrada oficial en la ciudad de Cáceres, siendo recibido por una gran multitud y recorriendo las principales calles de la capital cacereña.

En la instantánea fotográfica, de izquierda a derecha, podemos ver a Manuel García Tomé, alcalde de Cáceres, monseñor Francisco Cavero Tormo, Luis Julve Ceperuelo, a la sazón gobernador civil de la provincia, Francisco González Toril, presidente de la Diputación Provincial, y Santiago Rodríguez Ramírez, Delegado de Hacienda.

Francisco Cavero Tormo (Murcia 1882-Cáceres-1949), doctor en Teología, canónigo de la catedral de Granada,  académico de Bellas Artes de Granada, de señalada labor al frente de la diócesis cauriense, está considerado en algunas referencias y biografías como «santo y docto obispo«.

Una fotografía, de hace ya la friolera de setenta y seis años, pues, para la historia de Cáceres.

NOTA: Mi querido amigo Gonzalo Rodríguez Lázaro me facilitó en su día, gentilmente, este extraordinario documento gráfico.

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LOS IGUALES PARA HOY

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Hoy, en el Cáceres de Aquellos Tiempos, nuestro recuerdo humano y familiar, en la pequeña capital de provincia, para los vendedores de la ONCE. Personajes, rostros, voces, conocidas, de esos entrañables paisanos en el paisaje humano cacereño…

«Los iguales para hoy! es el título de mi artículo de hoy, 29 de abril de 2021, y que aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

Por aquel Cáceres un grupo de paisanos se ganaba la vida en la calle, convirtiéndose en rostros familiares: Los vendedores de la ONCE:

— Los iguales para hoy…!

Por los años sesenta ciento seis vendedores de cupones, con sus golpeteos de bastón y gafas oscuras, diluían un hilo de pregoncillos. La Plaza Mayor y el Mercado de Abastos se convertían en un epicentro de las mañanas cacereñas. Por allí andaban José Antonio Frade, Rufino, Pepa,  Niceto Valle, Aurelio Gamino; Flori Jorge Mendoza, en los soportales; Luis Clemente, el “Rácano”, en la esquina con General Esponda; Vidal Alfonso en la de Pintores; Teodoro y Puri en la Plaza de San Juan; Paco Jorge Mendoza, en la Plaza de las Piñuelas; Juan Julián Gregorio, Juanón, en Moret; Nicolás Julián en la calle José Antonio… Por la Plaza de San Juan se instalaban, entre otros, Teodoro y Puri, mientras que Isidra Alfonso se colocaba en Las Cuatro Esquinas y Catalino Cano, manco y cojo, en la calle Camberos, con Manuel, el Alemán, y Antonia Tesoro ubicados por La Cruz.

Por esos caminos transitaban Antolín, Dionisio, Yagüe, Nieves Pérez Burcio, Mary Reyes, Pablo Higuero, que perdió la vista por la coz de un mulo, y otros…

Invidentes que pregonaban las Embarazadas, el 66, los Guardias Civiles, el 55,  la Agonía, el 99, el Mala Sombra, el 13, el Abuelo, el 90, los Patitos, el 22…

Siguiendo una ancestral tradición algunos eran músicos, como Rafael Fragoso, batería, FructuosoSalzón” y Manuel Amado Marchena, acordeón, Antonia Tesoro, los palillos, Juani Ojalvo las castañuelas, Juan y Esteban Ruiz, saxofón y organillo, Isaac Holgado, miembro del grupo folk “Mansaborá”, laúd y piano…

Una orquesta de invidentes amenizaba los bailes del Centro de Jubilados en la Plaza, como otros jugaban al fútbol, por San Blas, utilizando como pelota un bote de tomate, que liaban con trapos en la que incrustaban piedras para guiarse por el sonido…

Rostros de vendedores de la ONCE que tantos recordamos.

 

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CACERES: DATE LA VUELTA CON AIRE QUE SE TE VEAN…

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La historia del Grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres, de la que poco a poco vamos tratando de dejar la mayor constancia por esta vía de CACEREÑEANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ, se conforma como de significativa en pro de la divulgación de esa parcela de la cultura popular que conforman las canciones y las danzas del folklore cacereño.

Y es que, a lo largo de treinta y tres años aproximadamente, numerosos cacereños mostraron su inquietud y pasión por las raíces y esencias del folklore provincial, por el calado y la hermosura de la cultura popular, participando de forma activa en los Coros y Danzas de la Sección Femenina.
Unos como bailadores, otros como instrumentistas, otros formando parte del coro…
Y todos, a una, divulgando la riqueza y la variedad que se da cita alrededor de nuestras canciones y danzas que iban recopilando, con tanta eficacia como interés, y con tanto amor como sensibilidad, recopilaban las generaciones anteriores, protagonistas de esas tradiciones y costumbres, musicólogos, investigadores, escritores…
En definitiva, pues, toda una obra conjunta del pueblo español, nunca mejor dicho, tal como señalaba el eminente folklorista cacereño Manuel García Matos, catedrático de Folklore en el Conservatorio de Música de Madrid, autor del álbum musical «Magna Antología del Folklore Musical de España«, editado por la casa discográfica Hispavox, del volumen «Lírica Popular de Extremadura«, «Cancionero popular de la provincia de Cáceres» y de otras numerosas publicaciones.
Y al ritmo de flautas, de tamboriles, de guitarras, de almireces, de bandurrias, de castañuelas, de botellas raspadas con cucharas, pregonaban en Certámenes, en Muestras, en Concursos y en Festivales Folklóricos las esencias de ese hermoso apartado de la cultura popular que se dan cita en las canciones y en las danzas de la provincia de Cáceres…
Mientras cantaban, ahora ahora que descubrimos este fotograma de principios de los años 60, captado del NODO, ese segmento de danza «La Carta«, original de la localidad de Piornal, cuando dice
Date la vuelta con aire,
que se te vean,
los picos de las enaguas,
que te blanquean…
Que te blanquean, niña,
que te blanquean,
date la vuelta con aire,
que se te vean…

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MUJER CACEREÑA, POR SANTIAGO BERZOSA (1976)

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«MUJER CACEREÑA» es el título de una obra musical del compositor y Santiago Berzosa González, que vió la luz en el año 1976. Una composición, con aire de rumba, lamentablemente, poco conocida.

La obra musical del maestro Santiago Berzosa González, (Turégano, Segovia, 1907-Cáceres, 1982), de manifiesto prestigio en la ciudad cacereña, a la que dio un título tan acertado como el de «Mujer Cacereña«, una rumba, está grabada con el acompañamiento de la Orquesta denominada «Profesores Solistas«.
Santiago Berzosa González, entregado a la música, como su hermano Esteban, de la que fueron una referencia clara en el Cáceres de Aquellos Años, también permaneció durante años, como director, al frente de la Banda de Música del Regimiento «Castilla 16«, de Badajoz, de la Banda Municipal de Música de Cáceres y la Banda de Música del Regimiento de Infantería «Argel 27«, de la capital cacereña.
Esta última estuvo catalogada, prácticamente desde siempre, como una de las mejores bandas militares de música de España y a la que el maestro Berzosa infirió, con su dedicación e impulso, un relieve notorio y de distinción, aportando a la misma una gran variedad de aires y de una diversidad de temas musicales, más allá de los estrictamente militares.
Santiago Berzosa González, trabajador infatigable, cuenta, asimismo, con toda una larga serie de composiciones en su muy creativa trayectoria musical: Marchas religiosas, pasodobles toreros, boleros, valses…
También es dejar constancia que la labor de los hermanos Berzosa González, Santiago y Esteban, fue de tanto y de tan señalado relieve en Cáceres que ambos prestan su nombre al Conservatorio cacereño de Música.
Hoy, en este largo recorrido que llevamos a cabo día a día, documento a documento, desde este Blog, «CACEREÑANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ«, os dejo a todos, amigos, compañeros, lectores, con este testimonio musical tan cacereño como es el de «MUJER CACEREÑA«.
Así, pues, que lo disfruteis y que con la colaboración de todos continuemos ayudando a divulgar al máximo las excelencias del inmenso patrimonio cacereño en todos los campos. Y que, con la mano en el alma y en el corazón, desde el más profundo sentimiento cacereñista, creo que merece la pena divulgar e inmortalizar por estas vías de internet.
Para más información del maestro Santiago Berzosa González, consultar el ensayo, publicado en este mismo Blog, titulado «Santiago Berzosa, la esencia musical«.
NOTA: La grabación y recuperación del testimonio sonoro, que se puede escuchar pulsando en el enlace que aparece al final de estas líneas, ha sido posible gracias a la colaboración de Jon Navarro.

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TIPOS POPULARES CACEREÑOS

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Pasando revista al Cáceres de Aquellos Tiempos y de lo que se podría denominar como tipos populares y curiosos, en diferentes aspectos y fenomenologías, resulta que poco a poco va saliendo una lista de cierto relieve. Lo que nos ha dado pie para el artículo DE TIPOS POPULARES CACEREÑOS, que hoy, 19 de febrero de 2021, aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

Cuando los mayores echamos mano de tipos populares cacereños de Aquellos Tiempos solemos sacar a colación los mismos personajes: El Nano, Zacarías, el Chato de los Metales…

            En aquellas páginas de la pequeña capital de provincia revoloteaban otros conocidos, que merecen alguna cita. Se me ocurren, así por encima, Emilio, el Legionario, con el chapiri sobre la cabeza, que habilitó la caseta-basura del cuartel “Argel 27” como morada, con rancho incluido en tartera, al toque de fajina; Pepe, el Inspector, enigmático personaje, enfundado en su gabardina, aire siniestro, ojos resguardados tras las gafas de sol, que perseguía de modo detectivesco, en plan Colombo, a sospechosos –no sabe de qué– entre la Plaza y Cánovas; Chochito de Oro, rubia, de aspecto fondón, que ya se indican sus características, rondando por las cercanías del Parador del Carmen; el Pielero Conejero que se arruinó con el juego y sobrevivía comprando pieles de lepóridos a las amas de casa para venderlas en un almacén; Puri, la Campanera, pedigüeña y buscona; Pegaso, que dirigía la circulación; el Sabanilla, lacero municipal, con su siniestra herramienta en la mano persiguiendo perrillos callejeros; la Cartucha, que velaba armas por la vieja estación de ferrocarril, aguardando a la soldadesca y clientela del Calerizo; los Chinche, alguacilillos de la plaza de toros, Federico Ramón Culeras, con años de miseria, junto a las tapias del cementerio…

            Cada uno dejaba su estela. Como el Hombre de la Gabardina que, al parecer, se presentaba a jóvenes y mujeres solitarias por la Ciudad Antigua, abriendo la prenda, enseñando sus partes y creando un ambiente de miedo que se difundía por los entresijos de la capital…

            Por allí, por las campas de nuestra infancia, se andaban otros tipos populares cacereños, en esos recorridos del tiempo, ahora, ya, con sabor lejano, a los que se podrían dedicar curiosas referencias que quien más y quien menos de aquellas quintas, como se decía antes, almacenamos en el album de la memoria.

NOTA: En la primera de las fotografías, captada del periódico «Hoy«, se puede apreciar al mendigo cacereño Margallo, familiar lejano del general montanchego Juan García-Margallo, Comandante General de Melilla, a finales del siglo XIX, y del ex ministro José Manuel García-Margallo.

En la segunda de las fotografías podemos ver a otro personaje popular por las calles cacereñas, Mariano Amaral, conocido como el «Nano«, a quien se le dedicó el libro «Mariano Amaral, un hombre bueno«.

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MONJAS DE CLAUSURA ANTE LA VIRGEN DE LA MONTAÑA (CACERES, AÑOS 60)

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Entre 1951 y 1986 la Patrona de Cáceres, la Virgen de la Montaña, se encontró acompañada, además de por el pueblo cacereño, como siempre, por las Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada.

Una Orden religiosa que llegó a Cáceres el año 1951, bajo la denominación de Hijas de la Iglesia, y que con una quincena de monjas se instaló en la clausura conventual del Santuario, en medio de su génesis contemplativa, de sus cánticos y de su cercanía con una ciudad y unos fieles y devotos cacereños que transitan con frecuencia hacia uno de los lugares más relevantes, significativos y hermosos de la ciudad.
El santuario de la Virgen de la Montaña.
Una vida, la de las religiosas, que se compaginaba con la intensidad de su cercanía a la Virgen. Y que con su hábito y velo blanco dejaban una estela de armonía por los pasillos del alma. Aquellos del Santuario de la Patrona, plenos de paz, esperanzas y plegarias; los otros pasillos, los de las gentes cacereñas, que guardaban en sus adentros aquella dinámica de los hermosos cánticos y aquella presencia, allá, en la capilla del Cristo de la Salud. A la vera misma de la Patrona. Tan solo con la separación, de una artística reja de hierro forjado, de intensidad emocional para los fieles, al otro lado de la clausura.
Apenas unos escasos metros de distancia entre la capilla y los asientos escalonados de las monjas de blanco y la Patrona de Cáceres, con miradas de pasión, con sentimientos de hondura, con Aleluyas volanderas por las campas, siempre inmensas, de los aires de la Sierra de la Mosca. Un lugar sublime donde se alberga, tantos años ha, la Virgen de la Montaña, como un haz esplendoroso de luces que se expanden hacia todos los lugares y gentes de Cáceres.
Hace unos meses el autor de este blog, CACEREÑEANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ, estableció contacto con la portavoz de la Orden religiosa, tras los recelos propios de las clausuras monásticas, armonizadas en el silencio y la contemplación. Un intercambio de correos electrónicos, unas fotografías, unas anécdotas, un poco de historia en la semblanza y el recorrido de la Orden por diversas ciudades de España, con treinta y cinco años de devoción intensa en la ciudad, y toda una amplia panorámica de recuerdos que albergaban, aún, un par de monjas del Cáceres de Aquellos Tiempos.
¡Siempre, siempre, siempre, la Virgen de la Montaña…! Siempre, siempre, siempre, protegiendo a sus hijos, cacereñas y cacereños entregados, siempre, a la Patrona.
En esos intercambios de ida y vuelta, la portavoz de la Orden me adjuntó la fotografía que acompaña a este texto y que se corresponde con los años sesenta. Ya se denominaban Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada. Ahí está el documento histórico para las páginas con el libro de la historia de Cáceres…Una fotografía, en nuestra siempre modesta opinión, de excepcional relevancia. Tal vez sea una de las escasísimas estampas que se puedan ofrecer con la presencia de dos de las monjas de la clausura ante la Virgen de la Montaña.
Un día, por una serie de circunstancias, acaso porque la vida es así, sencillamente, las monjas se marcharon de Cáceres. Pero en el pálpito de la historia cacereña, de la ciudad, abrazada, siempre, a ese entorno emocional y solemne, que se da siempre cita junto a la Patrona, la historia de la vida del santuario. Con sus emociones y sus lágrimas, con sus pasiones y sus canticos, con sus salmos y las visitas de los peregrinos, con el dulce gregoriano, con las preces y las rogativas, con la sensibilidad devota de los caminantes que se alzan desde el alma al corazón de la Virgen…
La Virgen de la Montaña…
Cáceres, siempre, con su Patrona, con su Virgen…

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