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Archive For The “Cáceres ayer” Category

LA CALLEJINA

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Cáceres, siempre Cáceres. En ese recorrido por sus amplias secuencias, en la película de la historia, hoy me detengo en La Callejina. Una pequeña calle, entre la del General Margallo y Barrionuevo. Eso sí, siempre en sombras, siempre en silencio, siempre en silencio… Pero con sus hilos humanos en los fotogramas de la propia dinámica cacereña. Este artículo aparece publicado hoy en el periódico regional y diario extremeño «HOY».

Al revisar los nombres populares por el que son conocidas algunas calles cacereñas, además de los propios, se suele citar, generalmente, los mismos ejemplos. La calle de la Pulmonía, la Plaza de las Cuatro Esquinas, La Ronda, que, dicho sea de paso, tiene su encanto.

Siguiendo el Cáceres de Aquellos Tiempos, hay callejones y pequeñas calles, todas con sus particularidades e historias humanas, caigo en la cuenta en una rúa más estrecha que un silbido, pequeña, y en cuesta, que une las de Margallo y Barrionuevo.

Siempre en sombras, silencio y soledad, sin atractivo mayor que el tránsito vecinal de aquella zona, cada día un poco más alejada del centro de la ciudad.

Los que subíamos desde Margallo nos encontrábamos con el comercio de Mabel, papelería y donde «se recogen puntos de media«, la casa del maestro don Licerio Granados, señalado pedagogo, un colegio-residencia para bachilleres en el esquinazo de la izquierda, o con Juan Ramón Marchena, una institución.

Quienes bajaban desde Barrionuevo, entonces José Antonio, se encontraban de cara con el colmado de Cascos.

Un  callejón que todos conocíamos popularmente como La Callejina y que tenía, probablemente, las siete casas que hay ahora pero en un estado lamentable. En ella sobresalía la figura de doña Quintina Román, maestra, madre de mi compañero y amigo Paco Sandoval y una mujer de negro, cosiendo.

Si acaso el callejón tendrá tres metros de ancho y unos sesenta de pronunciada cuesta. Por La Callejina, en ocasiones, los rapaces nos echábamos carreras hacia arriba, aunque a mitad de la cuesta nos faltaba oxígeno; de corretear hacia abajo, había que frenar casi a mitad para no acabar de bruces en el asfalto de Margallo.

La misma cuenta en la historia con sus nombres propios: Calleja de Moros y, desde 1893, Travesía de Margallo. Aunque un día a algún iluminado se le ocurrió darle el nombre de General Palafox, cuando hay paisanaje con sobrados méritos para prestar su nombre al rótulo de la que siempre fue conocida como La Callejina, un nombre tan popular y cacereño.

NOTAS AÑADIDAS:

              Aquellos días que llegaba el sol, apenas por un esquinazo pegado a la calle Margallo, siempre se encontraba una anciana, sentada en su silla de enea, de riguroso y negro total, con pañuelo blanco en la cabeza cosiendo, mientras tarareaba la musiquilla alegre y popular de las canciones tradicionales cacereñas: «El Redoble«, «La Jota de Guadalupe«, «¡Qué bonitas son las cacereñas!«…

               De otra de las casas, según se bajaba a la izquierda, emanaba un aroma de café torrefactado, con sabor, largaba la leyenda, a «contrabando» desde Portugal, el paquete se vendía a una peseta y cuyo que se esparcía por toda la calle apretujada entre su propia estrechura. Y en una de aquellas casas de La callejina encontró novia y esposa nuestro querido amigo Enrique Romero,Ruiz, bohemio, periodista, que dejó su afinada, estilizada e inquieta pluma en las páginas del diario «Hoy»…

NOTA: La fotografía está captada del periódico «Extremadura«.

 

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SERVICIO DE CARRUAJES (PRINCIPIOS DE SIGLO)

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Con una ojeada por la prensa de comienzos del siglo XX nos encontramos toda una serie de llamativos anuncios. Como es, por ejemplo, el de los carruajes para los desplazamientos por la ciudad. Y en los que merece la pena detenerse como unos Pasajes de la Historia de Cáceres.

Un aspecto, el de los anuncios, con curiosos dibujos ilustrativos e insertados en la prensa, que conforma su curiosidad y fenomenología. Como es el caso de este Servicio de Carruajes «con servicio de coches a los ferrocarriles«, tal como consta en el mismo anuncio.
La capital provincial cacereña se iba estiraba paulatinamente hacia arriba, en número de habitantes, lo mismo que poco a poco, iba extendiéndose, geográficamente hablando, sobre todo hacia el área sur. Más aún desde que unos años atrás, ni más ni menos que en el correr del 8 de octubre de 1881, que ya ha llovido, Su Majestad don Alfonso XII, acompañado por Luis I, rey de Portugal,  procedieran a la inauguración de la misma con la línea férrea Madrid-Lisboa. Y a lo que ayudó bastante el descrimiento llevado a cabo, años atrás, de las minas de fosfato en Cáceres. Lo que se convertiría en todo un gran revulsivo en aquellos tiempos.
Toda una solemne inauguración, en la que Cáceres, por cierto, cambió el título de villa por el de ciudad, mientras ya se dejaba constancia clara y expresa que diseñaba, por su alineación urbana, la vía de mayor expansión de la ciudad cacereña, como iba a ir sucediendo en el transcurso del tiempo.
Los Servicios de Carruajes, como el que aparece en la ilustración, ya se iban imponiendo, paulatinamente, para cubrir algunas distancias que no resultaban precisamente demasiado cortas para hacerlas andando en el trazado urbano. Y, menos aún, con maletas, bolsas, paquetes y otros equipajes en la mano. A ver quién era el valiente paisano que se atrevía a largarse, por ejemplo, desde el corazón de la ciudad, situado entre la Plaza Mayor y la Plazuela San Juan, por ejemplo, hasta la Estación de Ferrocarril, con unos bultos encima…
Qué Cáceres ya iba creciendo en su número poblacional de habitantes y ya se había situado en torno a los diecisiete mil.
Sí, decírse, se puede decir… «Me cojo la maleta, me la echo al hombro y me voy hasta la estación de ferrocarril en menos que canta un gallo». Pero las cosas como son: Que la Estación de Ferrocarril se había diseñado con su previsión de futuro teniendo en cuenta y llamando a ese crecimiento ciudadano. Y no se encontraba precisamente a un simple paseo.
Surgieron, entonces, en el centro del siempre sugerente y hermoso paisaje cacereño, como iniciativas de servicio público y empresas modernas adaptadas en función de la propia evolución de los tiempos los más que curiosos y muy llamativos Servicios de Carruajes… Eso sí, tal como se puede apreciar en el diseño del dibujo: Perfectamente equipados, con sus caballos de lozana presencia, al menos en el dibujo, de aire comercial, con sus espacios para viajeros, con sus ubicaciones para todo tipo de equipajes y envíos, con sus conductores bien ataviados y en una estampa que se iniciaba por el ambiente de aquellas calles tan tan transitadas, tal cual lo es, desde siempre, la de San Pedro.
Cáceres, la pequeña capital de provincias, se modernizaba, qué duda cabe, en función de los tiempos.
— ¡Arre, caballo…! –decía el cochero…
Tiraba un poco de las riendas y las caballerías enfilaban sus pasos, tirando del carruaje, San Pedro arriba , con sus damas, con sus caballeros, con sus equipajes, y trotando lentamente tomaba las afueras de San Antón, y, hala, hasta la estación de ferrocarril.
Todo un servicio de lujo en aquellos tiempos.
NOTA: El anuncio aparecía en la «Revista de Extremadura» (1905)

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LOS REYES DE ESPAÑA EN CACERES (LA VANGUARDIA, 1977)

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El año 1977 los Reyes de España, Juan Carlos y Sofía, procedieron a girar su primera visita oficial, ya como soberanos, a Cáceres. Una visita histórica que queda enmarcada en las páginas del libro de la ciudad. Visita de la que el periódico «La Vanguardia», de Barcelona, publicó el titular adjunto y las dos fotografías en portada.

Y en la que se desbordaron todas las previsiones. La ciudad de Cáceres se volcó con la presencia de los Reyes en su entorno, entre discursos, entrevistas, visitas y los actos e informes que se le presentaron, por parte de las autoridades correspondientes…

Aquí está el amplio y significativo titular que publicaba el periódico «La Vanguardia«, de Barcelona, en relación con la visita real llevada a cabo por Cáceres.

Y que, en tan solo cinco palabras, conforma toda una semblanza y muestra identificativa para que el lector se pudiera hacer una idea de la expectación que se había sembrado en Cáceres ante la visita de los Reyes. Y que estuvo acompañada de una amplia muestra de consideración, como siempre, por parte del pueblo de Cáceres.

El Rey pasó revista a las tropas del Regimiento.

Y, entre las muestras de cercanía, las reivindicaciones, siempre justas de los cacereños: Sobre todo las referentes al paro y a la emigración.

Ya en el balcón consistorial Alfonso Díaz de Bustamante Quijano, alcalde, expuso, entre otros aspectos que «Cáceres no quiere desgranar aquí ahora el rosario ¡limitado de sus más acuciantes necesidades, sino que quiere simplemente que la veáis, señor, como un solo y total problema, el de ser la capital de una provincia muy incipientemente industrial, eminentemente agrícola y ganadera, que marcha detrás de casi todas las capitales españolas en el terreno del desarrollo económico y social. El cacereño quiere un puesto digno en la nueva y eterna España que vosotros representáis y cuando el extremeño quiere, puede; y a la historia me remito, pero en el terreno de la economía nuestro milagro no se producirá sin una ayuda estatal fuerte y oportuna que nos coloque en la línea de salida justa en el gran concierto español.»

Posteriormente el Rey Juan Carlos señaló: «Conozco y comparto vuestra preocupación por el futuro desarrollo de vuestra ciudad y la de esta provincia y la de toda la región extremeña. Pero nunca han sido las dificultades motivo de desaliento para las gentes de esta tierra. Que la acción del Gobierno al que legítimamente hacéis llegar vuestras aspiraciones encuentre a Cáceres y a toda Extremadura decididos a trabajar sin descanso por su prosperidad y la de toda España».

Asimismo expuso que: «Pocos lugares habrá en las tierras españolas como es Cáceres. La belleza incomparable de vuestros monumentos, vuestro carácter extremeño, serio y generoso, vuestra lealtad a la Monarquía, son otros tantos títulos con los que Cáceres se identifica con la España de ayer, de hoy y de siempre«.

Un pueblo, siempre, verdaderamente ejemplar en sus raíces, en su recorrido histórico, en el comportamiento de sus gentes, en la entrega de sus hombres y mujeres, en su solidaridad con España, en sus silencios y admiraciones, en su trabajo con la vista puesta en sus campos y en sus más profundos y amplios horizontes.

Todo un pueblo esmerado en su recorrido del pasado, en sus caminos de hoy, en sus expectativas y en sus miradas, cuajadas de hondura y de nobleza, hacia el mañana.

A fin de cuentas, las grandes señas de identidad de nuestras gentes.

Y he aquí, por ejemplo, una muestra clara del recibimiento del pueblo cacereño, a través de la primera fotografía que publicaba en su portada el periódico catalán «La Vanguardia«.

El todo Cáceres, tirando del dicho popular, ocupando todo el amplio recinto de la Plaza Mayor, la plaza más grande de Extremadura.

Esas demandas del pueblo cacereño concentrado en la Plaza Mayor también le fueron expuestas al Rey en la reunión que mantuvo en la Diputación Provincial, con asistencia del ministro de Industria, y de los miembros de los Consejos Provinciales de Empresarios y Trabajadores, así como del presidente de la Cámara Agraria.

Otra vez, pues, se expusieron a los Reyes de España las severas cifras del paro en la provincia, otra vez las duras cifras de emigración en la provincia, otra vez la carencia de vías de comunicación, de nuevo las adversidades por el desaprovechamiento de los recursos naturales…

También, claro es, agarrando el toro por los cuernos y defendiendo a la provincia, se le expusieron a los ilustres visitantes las quejas por la marginación que sufría  la provincia por parte de la Administración central…

Un almuerzo oficial en el Ayuntamiento, ofrecido tanto por la Diputación Provincial como por el Consistorio de la ciudad puso fin a la rápida visita real, que, al menos, se llevó un cargamento de problemas ante la exposición de los cacereños…

Un almuerzo que consistió en Huevos a la gelee, Salmón ahumado con salsa tártara, Solomillo a la buche bouquetier y helado de vainilla con fresones naturales. Asimismo, durante el almuerzo, ser procedió a servir Vino Reserva especial de Martínez Larreta, coñac 1900 de Terry y anís Marie Brizard.

Asimismo, en este pequeño recorrido, por la portada del diario catalán, podemos observar el saludo de los Reyes a un pequeño minusválido.

Una portada, la del periódico catalán, que queda enraizada en los sentimientos del pueblo cacereño a través de su propio titular y a través s de dos secuencias que hoy rescatamos del Archivo para mayor y mejor conocimiento del paisanaje cacereño con aquellas fechas de hace ya cuarenta y tres años.

Y, al contemplar las páginas del tiempo, en la hemeroteca, echando la vista hacia atrás, hoy, treinta y tres años después las quejas de las gentes cacereñas, sus reivindicaciones, podrían ser, probablemente, aún, mayores…

Terminado el discurso, la multitud respondió con fuertes ovaciones, mientras parte del público pedía a voces «Menos palabras y más realidades».

 

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LA CAJA EXTREMEÑA DE PREVISION SOCIAL CON LOS OBREROS

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La Caja Extremeña de Previsión Social fue, de siempre, una entidad y una institución de una sensibilidad manifiesta y cumpliendo, de forma esmerada y ejemplar, con el objetivo que emana de su propia denominación.

De este modo es de señalar y dejar constancia, por tanto, que la Caja Extremeña de Previsión Social, con unos fines de una gran identidad en los ámbitos y en las estructuras de la sociedad extremeña, actuó siempre entregada de una forma más que abnegada y verdaderamente ejemplar en su preocupación por prestar la máxima y mejor ayuda de los más débiles y necesitados.
Toda una labor de beneficencia, por tanto, de una más que señalada relevancia que, gracias a la magnificencia y magnitud del programa y a la inmensa y extraordinaria labor de sus dirigentes, tomó pronto cuerpo muy activo en su divulgación y concienciación en todos los estamentos de Cáceres.
 
De este modo, entre numerosos esfuerzos y gestos, tenían lugar en la ciudad acontecimientos, tan sencillos e importantes como notorios, como por ejemplo, al hilo de la fotografía que aparece a la izquierda de estas líneas, el acto celebrado en el Ayuntamiento de Cáceres, en el año 1931, que recoge la curiosa y llamativa fotografía de nuestro siempre querido Javier García Téllez, tal como figura en el pie de la fotografía referenciada, siempre una institución en la ciudad, y que apareció publicada, tal como se puede apreciar, en la prensa nacional.
En la misma sobresale, tal como se puede apreciar, la imagen e indumentaria característica de los obreros de la época en, como solemos denominar, el Cáceres de Aquellos Tiempos. Un Cáceres de entonces que entre Imágenes, Semblanzas, Emociones, Estampas, Recuerdos, Personajes, Actos, Festividades, Conmemoraciones, Fotografías, Tipos Populares, vamos intentando reconstruir con la única voluntad de inmortalizar el conjunto coreográfico de la sociedad cacereña de lo que hemos venido en denominar, como bien sabeis todos, el Cáceres de Aquellos Tiempos.
 
El acto que da pie a este trabajo se corresponde con la bonificación extraordinaria que se procedió entregar a veintiocho obreros cacereños con motivo de haber cumplido los 65 años de edad y encontrándose afiliados al Retiro Obrero Obligatorio, que tuvo lugar en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Cáceres el 28 de mayo del año 1931. Y para cuyo recuerdo, autoridades y obreros se fotografiaron en las escalinatas de la Casa Consistorial.
 
El acto estuvo presidido por el alcalde de la ciudad, Antonio Canales González, el presidente de la Diputación Provincial, Ramón González Cid, y el Consejero Delegado de la Caja Extremeña de Previsión Social, León Leal Ramos, que, en sus palabras, destacaron la importancia de que todos los obreros cacereños estuvieran afiliados al Retiro Obrero.

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TUNA NORMALISTA CACEREÑA… «MOCITA DAME UN CLAVEL»

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«¡Aúpa la Tuna…!». Y allá que marchaban en 1963 los estudiantes de Tercer Curso de Magisterio, cantando «Clavelitos», por la Avenida de la Montaña, atravesando la Avenida de España, y llegarse hasta la Casa Sindical, con las cintas de su capa estudiantil al aire, entre tantos suspiros…

Corrían, tal vez, los idus de marzo correspondientes al año 1963. Se celebraba, en aquel entonces, la Fiesta de Santo Tomás de Aquino, Patrón de los Estudiantes, que años después, el calendario, trasladaría al 28 de enero. 
Y en el Teatro de la Casa Sindical tenía lugar un Festival en conmemoración y en honor a la festividad estudiantil y también, claro es, al santo Patrón, que posibilitaba un día libre, de ausencia de las bancadas de las aulas de la Escuela Normal. Lo que hacían entre la representación de una Comedia y la actuación de la Tuna Normalista Cacereña.
Los tunos, ay, se lanzaron  por las calles de la capital, con su voz, potente, con su sin par alegría, con el derroche de la picaresca que emana de sus canciones, entre largas sonrisas, al son y al ritmo de las bandurrias, de los laudes, de las guitarras y de las panderetas, entonando «Clavelitos«, («Mocita, dame un clavel, dame un clavel de tu boca, para eso no hay que tener, mucha vergüenza ni poca…!«), «Fonseca«, («¡No te acuerdas cuando te decía., a la cálida luz de la luna, yo no puedo querer más que a una, y esa una, mi vida, eres tú..!«), la «Tuna Compostelana» («¡Cuando la tuna te de serenata, no te enamores, compostelana, que cada cinta que lleva mi capa, guarda un trocito de corazón…!«), «La Aurora» («Cuando la aurora tiende su manto, y el firmamento viste de azul, no hay un lucero que brille tanto, como esos ojos que tienes tú…!«), «Debajo de tu ventana«, «Las cintas de mi capa» («Enredándose en el viento, van las cintas de mi capa, y cantando a coro dicen: ¡quiéreme, niña del alma!«)…
… Y el gentío cacereño , con la serenata del pasacalles, se asomó corriendo a sus ventanas y balcones, ay, para ver la tuna pasar, en medio de una lluvia de flores, que hasta se escuchaba el más que dulce silbido de los pétalos volanderos a los simpáticos tunos, en medio de otra lluvia cuajada de besos regados de carmin, tanto que el aire se pintarrajeaba de rojo, y en medio, también, de una lluvia de adioses y con las espectadoras bamboleándose de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, al ritmo y la marcha que imprimía el mágico sonar de las canciones de los tunos…
Allá que se alzaba la banderola de la estudiantina, elevada, bailoteando y haciendo cabriolas en los aires cacereños, plagada de escudos, y quién sabe si de un montón enorme de arrobados corazones de muchachas… Allá que saltaba el tuno de la pandereta haciendo sonar la misma con la punta de los zapatos en un alto brinco, y en los codos, en la cabeza, y en la rodilla, en un ejercicio más propio de malabaristas… Allá que sonreían todos los estudiantes de la serenata, al unísono, como conchabados en la noche de la serenata a la luz de la luna, con las miradas tratando de buscar y encontrarse con unos ojos, con una cara, con unos labios, con una lágrimas cuajadas de luz de pasión… Allá que todos coreaban las canciones de los tunos, y, siempre, siempre, siempre, soñando… Allá que las cintas de las capas de la estudiantina revoloteaban de forma saltarina, marcando el compás de sus pasodobles, de sus melodías. y toda una larga colección de ilusiones de tantas jovencitas que suspiraban en la noche perfumada y cuajada de estrellas amorosas que llevaban el dulce cantar…
Y, cuentan, muchas jovenzuelas cacereñas se echaron a la calle, arrebatadas por todo un impulso de emociones profundas y de sentimientos en lo más hondo de sus adentros, dejando resbalar una lagrimilla transparente y naciente en los numerosos manantiales del alma.
¡Ay esos tunos robacorazones cumpliendo, una vez más, el rito de la más ancestral historia de las estudiantinas, que de casta le viene al galgo, como se suele decir de forma popular y coloquial, y que se remonta varios siglos atrás, que pugnaban, entre ellos, por seguir colocando en sus cintas variopintos escudos y sentimientos y palabras de amor y besos de tantas y tantas jóvenes, de tantos lugares, entregadas a los estudiantes y entusiasmadas por colocar en su capa las mejores galas nacidas en las inquietudes de sus amores juveniles…!
Mañana, los tunos, quién sabe, emprenderían nuevas rutas camineras, lejos de las de ayer, de las de anteayer, dejando en cada puerto un amor, con sus mandolinas al hombro, con sus acordeones enfundados, con  el rasgueo de sus aventureras guitarras, con las finas notas de sus laudes y de sus bandurrias, con sus canciones tan sugestivas, tratando de picotear de flor en flor, entre palabras y promesas de amores que tantas veces se llevaba el viento por delante…
¡Ay, esos sueños de la eterna, pero, sin embargo  pasajera juventud, ahora que, con tantas noches de ronda a sus espaldas, el articulista empuña su bandurria, repleta de esas historias que surgían, en virtud de tantas curiosidades, por las calles de una Salamanca de eternos ensimismamientos entre la Universidad, siempre de gala, y aquella legión de Colegios Mayores donde aún retumban las algarabías de las estudiantes cuando escuchaban que se aproximaban los tunos cantando palabras de conquista con el acorde de todos sus instrumentos musicales…
La tuna de la Escuela Normal de Magisterio fue fundada poco antes de la fecha de la fotografía, como se especifica al principio de estas lineas, ganadora del Primer Certamen Nacional de Tunas de Magisterio, que se celebró en Sevilla.
NOTA; A mi querido amigo de siempre, Bartolomé Ramos Rodríguez, presente en la fotografía, y que hace tan solo unos días se despedía de nosotros. Y a su viuda, Angelines Durán Mozo, que me ha facilitado la instantánea, el mejor abrazo…

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EL CACERES DE AQUELLOS TIEMPOS

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Cáceres, su inmensidad, siempre, en el recorrido y en el camino. Y el Cáceres de Aquellos Tiempos, que tanto y tan hondamente nos llega a todos, se conforma como hilo argumental mi artículo que, hoy aparece, publicado en el periódico digital diario extremeño REGION DIGITAL.

 

Camino, de forma despaciada y lenta, acaso de forma de forma somnolienta, por el recorrido de las calles y de los silencios, del Cáceres de Aquellos Tiempos…

Y avanzo, como tantos cacereños, gracias a las nuevas tecnologías informáticas, entre una densidad de Estampas, de Imágenes, de Fotografías, de Personajes, de Curiosidades, de Tipos Populares, en las que bien merece la pena detenerse, con la mano en el alma, adentrarse, incrustrarse, saborearlas e intentar que las mismas se hagan un hueco en las páginas de la Historia de Cáceres.

Lo que se va haciendo, eso sí, entre artículos, reportajes y páginas web que se van aireando, poco a poco, con exquisita sensibilidad, por parte de muchos cacereños, para dejar constancia de lo que el escritor ha venido en denominar el Cáceres de Aquellos Tiempos y en su blog titulado “Cacereñeando”.

Una revista a aquel Cáceres de los años sesenta y setenta que se dibujan en medio de una larga, densa, curiosa y sugestiva panorámica que se abre como un abanico, de par en par, y por donde se van cruzando tantas fenomenologías, gracias al esfuerzo de tantos cacereños de aquella época, que, poco a poco van descubriendo los visillos de las esencias de aquella ciudad, mientras van saliendo a la luz testimonios anónimos escondidos entre los silencios de los recuerdos de tantos…

Una larga relación de retratos, tanto fotográficos como históricos, con datos, con apuntes, con recuerdos, que, esperemos, se vayan recogiendo cuidadosamente por parte de los estudiosos y ayude a ir reestructurando y conociendo, más y mejor, aquella ciudad que palpitaba en sus cincuenta y tantos mil habitantes…

Apuntes que se conforman desde diversas esferas, con rincones, con personajes, con nombres y otros apuntes y anotaciones que enriquecen la historia de la ciudad…

Unas nuevas vías, como Facebook, donde páginas como “Fotos Antiguas de Cáceres” “No eres de Cáceres si…”, o “Indumentaria Popular de Extremadura”, y que me perdonen otras muchas, se abren como Foros por donde se da una amplia cabida a un desfile de Estampas que nos trasladan a aquellos largos paseos por Pintores, por la Plaza Mayor, por el Paseo de Cánovas, entre compases de adioses, y un segmento de rostros conocidos.

Aparecen estampas inéditas y de rica aportación desde ángulos diversos, La Torre de Bujaco, el Palacio de los Golfines, la Iglesia de Santa María, el Convento de San Pablo, el Adarve, o escenarios como la Plaza de Toros, Fuente Concejo, el Cuartel, la Ciudad Deportiva, o la magia de aquellos comercios históricos que, un día, se despedían para siempre –El Siglo, El Precio Fijo, Almacenes Correa, etc–, como se perciben desfiles procesionales, El Cristo de los Estudiantes, ay, efemérides diversas, lavanderas con rostros rasgados por surcos de esfuerzo y padecimiento, colegialas de las Carmelitas, camareros, profesores del Brocense, frailes del San Antonio, niños del Hospicio, tipos como el Nano, bailes de los grupos de Coros y Danzas, la folklorista Angelita Capdevielle, el sacerdote Manuel Vidal, la modista Dioni, el futbolista Tate, el locutor Polito, la lavandera La Farruca, el restaurador Emilio Rey, “El Pato”, el fotógrafo fotografiado, por ejemplo, mi amigo Enrique Caldera, o aquellas secuencias que se detienen en aquellos escolares, con su cara de niño bueno, posando para el retrato, como se decía del recuerdo del colegio.

Otros asoman con sus escritos, con sus pensamientos, con sus reflexiones…

Unos grupos de Facebook con las aportaciones, cuajadas de generosidad y pasión, de cacereños de pura talla: Paco Mangut, Teófilo Amores, José Antonio García Recuero, Fernando Jiménez Berrocal, Alfonso Polo, Julita G. Parra, José Luis Gutiérrez Maestre, Manuel Trinidad, Julián Manzano, J. Vidal Lucía, Marcial Rojo, Purificación Claver, Fernando Montes, José Massa, Jacinto García Alonso, Sebastián Castela Lancho, Esperanza Cruz Fuentes… ¡Buena gente, lector, buena gente, compañero del alma, compañero…!

Una forma, también, de muchas gentes anónimas, pero del Cáceres de siempre, Catovi de pura raza, que se enorgullecen de esta fenomenología, pudiendo aportar imágenes de Aquellos Tiempos, haciendo camino al andar, como un día escribiera Antonio Machado y musicalizara y cantara, por aquellos tiempos, también, Joan Manuel Serrat

Una curiosa forma de hacer cada día Más y Mejor Cáceres, mientras muchos buscan afanosamente por sus álbumes fotográficos, por revistas y periódicos, esas imágenes con las que agradar al personal y que los espontáneos se lancen con sus comentarios de recuerdos, de citas, de rememoraciones…

Un hueco que se ha abierto con las puertas de par en par y penetrar en los interiores de la ciudad, como la que hoy desprenden estas aportaciones de tantos cacereños sacando esos pequeños tesoros, la inmensa mayoría extraídas del baúl de los recuerdos, que, uno a uno, engrandecen el corazón de los Sabores de Cáceres…

NOTA: La fotografía es de Javier y se publicó en la revista “Alcántara” en 1961.

 

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IV FESTIVAL FOLKLORICO HISPANOAMERICANO EN CACERES (1961)

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El año 1961 se celebraba en Cáceres el IV Festival Folklórico Hispano-Americano, que arrancaba en 1958 entre cumbias, jotas, merengues, fandangos, jarabes tapatíos, muñeiras, cuecas, boleros, corridinhos, tangos…

Al ritmo, alegre y precioso de bandurrias y maracas, de guitarras y arpas, de laudes y trompetas, de acordeones y castañuelas, de panderos y flautas, de gaitas y de tamboriles, que se esparcía por los aires cacereños y se llenaban de acordes populares y costumbristas  mientras sus gentes vibraban por la belleza que emanaba en la exaltación folklórica en Cáceres, Cuna de los Festivales Hispanoamericanos-Luso-Filipinos. Una denominación de la que, hoy, más que nunca, queremos dejar constancia por su génesis.
Todo ello en el marco escénico de un Festival y en una fiesta tan llamativa en la que, desde el principio, se involucró y participó, de forma muy activa, todo el pueblo cacereño, de forma entusiasta. Y que hacían presentes todos los ciudadanos con un entusiasmo verdaderamente desbordante, tal como consta en las páginas de la historia de Cáceres, en las hemerotecas y en el alma y el corazón de cuantos aún recuerdan aquellos Certámenes, cuajados de una autenticidad del mayor de los relieves.  
Unos Festivales, para dejar constancia, con los que la ciudad de Cáceres se hermanó en unas Jornadas de identidad popular, con los ritmos variopintos que emanan al calor y al amor de la canción y la danza de tantos y tantos pueblos del mundo, que concitaban, desde el inicio, toda una extraordinaria participación festiva y que a todas horas, y por todas partes de la capital cacereña, generaba que nuestras calles y plazoletas, bares y rincones, se dejaran llevar por el ritmo alegre y ancestral de los cantos y danzas del folklore típico en una cita de manifiesta relevancia en la ciudad cacereña.
Un Certamen de una extraordinaria belleza y sensibilidad folklórica que marcó el ritmo de la capital cacereña durante unos cuantos años, durante los últimos días del mes de junio, en una fiesta que culminaba, a lo largo de las noches en las que se enmarcaba el Festival, en una gran cita que concentraba en la Plaza de Toros, siempre llena a rebosar de cacereños que se enamoraron, de forma apasionada, de esta gran cumbre del Folklore Hispano-Americano-Luso-Filipino, en medio de las más variadas muestras de tradiciones, de danzas, de músicas, de colores, de ritmos, de esencias, de genuinas muestras tradicionales, siempre hermosos y bulliciosos… Y que aún se recuerda con gran nostalgia por parte de los mayores porque los Festivales formaron parte, desde el principio, año 1958, del paisaje, del escenario y del decorado del interés de todos.
Hasta que un día cualquiera, porque así son las cosas, se los llevó por delante el viento de la insensibilidad de quienes no supieron entender la hondura y la densidad de lo que representaban los FESTIVALES FOLKLORICOS HISPANO-AMERICANOS-LUSO-FILIPINOS en Cáceres, Plaza Mayor de la Hispanidad.
Lo de casi siempre.
Pero hay quedan esas estampas, esas imágenes, esas fotografías, o esos carteles, como éste, el correspondiente al IV Festival Folklórico, conformado por una curiosa estampa, tal como se puede apreciar.

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