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Archive For The “Cáceres ayer” Category

MUJER CACEREÑA, POR SANTIAGO BERZOSA (1976)

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«MUJER CACEREÑA» es el título de una obra musical del compositor y Santiago Berzosa González, que vió la luz en el año 1976. Una composición, con aire de rumba, lamentablemente, poco conocida.

La obra musical del maestro Santiago Berzosa González, (Turégano, Segovia, 1907-Cáceres, 1982), de manifiesto prestigio en la ciudad cacereña, a la que dio un título tan acertado como el de «Mujer Cacereña«, una rumba, está grabada con el acompañamiento de la Orquesta denominada «Profesores Solistas«.
Santiago Berzosa González, entregado a la música, como su hermano Esteban, de la que fueron una referencia clara en el Cáceres de Aquellos Años, también permaneció durante años, como director, al frente de la Banda de Música del Regimiento «Castilla 16«, de Badajoz, de la Banda Municipal de Música de Cáceres y la Banda de Música del Regimiento de Infantería «Argel 27«, de la capital cacereña.
Esta última estuvo catalogada, prácticamente desde siempre, como una de las mejores bandas militares de música de España y a la que el maestro Berzosa infirió, con su dedicación e impulso, un relieve notorio y de distinción, aportando a la misma una gran variedad de aires y de una diversidad de temas musicales, más allá de los estrictamente militares.
Santiago Berzosa González, trabajador infatigable, cuenta, asimismo, con toda una larga serie de composiciones en su muy creativa trayectoria musical: Marchas religiosas, pasodobles toreros, boleros, valses…
También es dejar constancia que la labor de los hermanos Berzosa González, Santiago y Esteban, fue de tanto y de tan señalado relieve en Cáceres que ambos prestan su nombre al Conservatorio cacereño de Música.
Hoy, en este largo recorrido que llevamos a cabo día a día, documento a documento, desde este Blog, «CACEREÑANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ«, os dejo a todos, amigos, compañeros, lectores, con este testimonio musical tan cacereño como es el de «MUJER CACEREÑA«.
Así, pues, que lo disfruteis y que con la colaboración de todos continuemos ayudando a divulgar al máximo las excelencias del inmenso patrimonio cacereño en todos los campos. Y que, con la mano en el alma y en el corazón, desde el más profundo sentimiento cacereñista, creo que merece la pena divulgar e inmortalizar por estas vías de internet.
Para más información del maestro Santiago Berzosa González, consultar el ensayo, publicado en este mismo Blog, titulado «Santiago Berzosa, la esencia musical«.
NOTA: La grabación y recuperación del testimonio sonoro, que se puede escuchar pulsando en el enlace que aparece al final de estas líneas, ha sido posible gracias a la colaboración de Jon Navarro.

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TIPOS POPULARES CACEREÑOS

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Pasando revista al Cáceres de Aquellos Tiempos y de lo que se podría denominar como tipos populares y curiosos, en diferentes aspectos y fenomenologías, resulta que poco a poco va saliendo una lista de cierto relieve. Lo que nos ha dado pie para el artículo DE TIPOS POPULARES CACEREÑOS, que hoy, 19 de febrero de 2021, aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

Cuando los mayores echamos mano de tipos populares cacereños de Aquellos Tiempos solemos sacar a colación los mismos personajes: El Nano, Zacarías, el Chato de los Metales…

            En aquellas páginas de la pequeña capital de provincia revoloteaban otros conocidos, que merecen alguna cita. Se me ocurren, así por encima, Emilio, el Legionario, con el chapiri sobre la cabeza, que habilitó la caseta-basura del cuartel “Argel 27” como morada, con rancho incluido en tartera, al toque de fajina; Pepe, el Inspector, enigmático personaje, enfundado en su gabardina, aire siniestro, ojos resguardados tras las gafas de sol, que perseguía de modo detectivesco, en plan Colombo, a sospechosos –no sabe de qué– entre la Plaza y Cánovas; Chochito de Oro, rubia, de aspecto fondón, que ya se indican sus características, rondando por las cercanías del Parador del Carmen; el Pielero Conejero que se arruinó con el juego y sobrevivía comprando pieles de lepóridos a las amas de casa para venderlas en un almacén; Puri, la Campanera, pedigüeña y buscona; Pegaso, que dirigía la circulación; el Sabanilla, lacero municipal, con su siniestra herramienta en la mano persiguiendo perrillos callejeros; la Cartucha, que velaba armas por la vieja estación de ferrocarril, aguardando a la soldadesca y clientela del Calerizo; los Chinche, alguacilillos de la plaza de toros, Federico Ramón Culeras, con años de miseria, junto a las tapias del cementerio…

            Cada uno dejaba su estela. Como el Hombre de la Gabardina que, al parecer, se presentaba a jóvenes y mujeres solitarias por la Ciudad Antigua, abriendo la prenda, enseñando sus partes y creando un ambiente de miedo que se difundía por los entresijos de la capital…

            Por allí, por las campas de nuestra infancia, se andaban otros tipos populares cacereños, en esos recorridos del tiempo, ahora, ya, con sabor lejano, a los que se podrían dedicar curiosas referencias que quien más y quien menos de aquellas quintas, como se decía antes, almacenamos en el album de la memoria.

NOTA: En la primera de las fotografías, captada del periódico «Hoy«, se puede apreciar al mendigo cacereño Margallo, familiar lejano del general montanchego Juan García-Margallo, Comandante General de Melilla, a finales del siglo XIX, y del ex ministro José Manuel García-Margallo.

En la segunda de las fotografías podemos ver a otro personaje popular por las calles cacereñas, Mariano Amaral, conocido como el «Nano«, a quien se le dedicó el libro «Mariano Amaral, un hombre bueno«.

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MONJAS DE CLAUSURA ANTE LA VIRGEN DE LA MONTAÑA (CACERES, AÑOS 60)

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Entre 1951 y 1986 la Patrona de Cáceres, la Virgen de la Montaña, se encontró acompañada, además de por el pueblo cacereño, como siempre, por las Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada.

Una Orden religiosa que llegó a Cáceres el año 1951, bajo la denominación de Hijas de la Iglesia, y que con una quincena de monjas se instaló en la clausura conventual del Santuario, en medio de su génesis contemplativa, de sus cánticos y de su cercanía con una ciudad y unos fieles y devotos cacereños que transitan con frecuencia hacia uno de los lugares más relevantes, significativos y hermosos de la ciudad.
El santuario de la Virgen de la Montaña.
Una vida, la de las religiosas, que se compaginaba con la intensidad de su cercanía a la Virgen. Y que con su hábito y velo blanco dejaban una estela de armonía por los pasillos del alma. Aquellos del Santuario de la Patrona, plenos de paz, esperanzas y plegarias; los otros pasillos, los de las gentes cacereñas, que guardaban en sus adentros aquella dinámica de los hermosos cánticos y aquella presencia, allá, en la capilla del Cristo de la Salud. A la vera misma de la Patrona. Tan solo con la separación, de una artística reja de hierro forjado, de intensidad emocional para los fieles, al otro lado de la clausura.
Apenas unos escasos metros de distancia entre la capilla y los asientos escalonados de las monjas de blanco y la Patrona de Cáceres, con miradas de pasión, con sentimientos de hondura, con Aleluyas volanderas por las campas, siempre inmensas, de los aires de la Sierra de la Mosca. Un lugar sublime donde se alberga, tantos años ha, la Virgen de la Montaña, como un haz esplendoroso de luces que se expanden hacia todos los lugares y gentes de Cáceres.
Hace unos meses el autor de este blog, CACEREÑEANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ, estableció contacto con la portavoz de la Orden religiosa, tras los recelos propios de las clausuras monásticas, armonizadas en el silencio y la contemplación. Un intercambio de correos electrónicos, unas fotografías, unas anécdotas, un poco de historia en la semblanza y el recorrido de la Orden por diversas ciudades de España, con treinta y cinco años de devoción intensa en la ciudad, y toda una amplia panorámica de recuerdos que albergaban, aún, un par de monjas del Cáceres de Aquellos Tiempos.
¡Siempre, siempre, siempre, la Virgen de la Montaña…! Siempre, siempre, siempre, protegiendo a sus hijos, cacereñas y cacereños entregados, siempre, a la Patrona.
En esos intercambios de ida y vuelta, la portavoz de la Orden me adjuntó la fotografía que acompaña a este texto y que se corresponde con los años sesenta. Ya se denominaban Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada. Ahí está el documento histórico para las páginas con el libro de la historia de Cáceres…Una fotografía, en nuestra siempre modesta opinión, de excepcional relevancia. Tal vez sea una de las escasísimas estampas que se puedan ofrecer con la presencia de dos de las monjas de la clausura ante la Virgen de la Montaña.
Un día, por una serie de circunstancias, acaso porque la vida es así, sencillamente, las monjas se marcharon de Cáceres. Pero en el pálpito de la historia cacereña, de la ciudad, abrazada, siempre, a ese entorno emocional y solemne, que se da siempre cita junto a la Patrona, la historia de la vida del santuario. Con sus emociones y sus lágrimas, con sus pasiones y sus canticos, con sus salmos y las visitas de los peregrinos, con el dulce gregoriano, con las preces y las rogativas, con la sensibilidad devota de los caminantes que se alzan desde el alma al corazón de la Virgen…
La Virgen de la Montaña…
Cáceres, siempre, con su Patrona, con su Virgen…

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EL OPUS DE AQUEL CACERES

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EL OPUS DE AQUEL CACERES, en base a los años sesenta, un Cáceres entonces muy próximo y cercano a todos, es el título de mi artículo que hoy, 29 de enero de 2021, aparece publicado en el periódico regional extremeño «Hoy».  Aquí os lo dejo, amigos:

José Ramón Herrero Fontana

José Ramón Herrero Fontana

            Por el Cáceres de Aquellos Tiempos comenzaba sus primeros pasos el Opus Dei. De este modo en 1951 se incorporaba la primera agregada, Concepción Alvarez Jusué.

            Una institución creada por 1928 por monseñor Escrivá de Balaguer, cuyos miembros se iban deslizando en sus labores con discreción y prudencia. Tanto que mirando aquellos pasos de la historia no resulta demasiado fácil arrancar nombres…

            Pero sí quedó la inquietud de José Ramón Herrero Fontana, Gobernador Civil, entre 1961 y 1963, que figura con el número 26 entre los 83 fundadores del Opus Dei, que “pitó” (fichó) por la Obra en 1935, señalado colaborador con Escrivá de Balaguer.

            En esa etapa ya tenían lugar algunas reuniones, inicialmente de contactos y tanteos, en la librería Bujaco, al frente las hermanas Sacra y Loli Ruiz, allá en los soportales de la Plaza, en la casa de López-Montenegro, en la Plaza de la Concepción, en el Palacio de los Golfines, con don Gonzalo de anfitrión, en la finca del doctor Vázquez Solana cerca de Malpartida de Cáceres. Y otras, de mujeres, en las Hermanitas de las Pobres y una clínica.

            Unas charlas iniciales de corte histórico, artístico, cultural, con la presencia de miembros numerarios llegados desde Madrid, para, según procediera, ir incorporando a los jóvenes aspirantes cacereños dentro de las líneas de actuación, que se continuaba con charlas de formación y retiros bajo las coordenadas de la Obra.

            Siempre, claro es dentro de esa discreción con que caminaban en sus pasos, tratando de extender su abanico entre personas que, tal vez, pudieran formar parte de sus filas. Se buscaba unos perfiles de máxima cautela, esmerados y pulcros, entregados en sus afanes…

            En realidad, hasta donde podemos tener conocimiento, fueron muchos los llamados, pero no todos los elegidos. ¿Nombres? La historia popular y de las calles conoce algunos de entonces, que destacaban con preferencia en los ámbitos sociales.

            Herrero Fontana fue, asimismo, un gobernador comprometido con la provincia.

NOTA: Es de dejar constancia de la corrección que se ha efectuado sobre el texto del periódico, donde por un error personal mío señalo el pintor Vázquez Solana cuando en realidad el mismo ejercía como médico.

 

 

 

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ADIOS A PEPI SUAREZ

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Ayer, 4 de enero de 2021, se nos marchó otra imagen popular, conocida y muy querida en Cáceres. Pepi Suárez.

Una noticia luctuosa que nos llega a lo más profundo del alma. La marcha de Pepi Suárez, Una imagen radiante del Cáceres de Aquellos Tiempos, que se nos clavan en el alma, entre dolores y ausencias, entre adioses y lágrimas, entre recuerdos e imágenes, entre saludos y abrazos, entre encuentros y charlas, entre viajes y nostalgias…
Pepi Suárez estuvo largo tiempo al frente del Grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres, enseñando, divulgando y aireando, por numerosos lugares, las esencias tradicionales y típicas de las canciones y danzas más populares de la provincia altoextremeña, que conformaban y conforman un rico patrimonio costumbrista, al ritmo del tamboril, del laud, de las castañuelas, de la guitarra, de la flauta, del pandero, del almirez, de la bandurria, de la pandereta…
Sonaban, fuertes e intensos, los ritmos, acordes y letras del «Redoble«, la jota dieciochesca cacereña por excelencia, cuyo estribillo, al menos, todos aprendimos desde pequeños, de la «Jota de Guadalupe«, siempre en recuerdo y honor a la Patrona de Extremadura, de «La Jerteña«, con aires de esa inmensa y rica comarca, de la «Jota Cuadrada«, que naciera en la localidad de Monroy, del «Pindongo«, de «Los Sones de Montehermoso«, de la «Jota de Alcuescar«, entre piropos en verso de los mozos y bailadores a las jóvenes y bailadoras, de «La carta«, del «Perantón» de «Qué bonitas son las cacereñas«…
¡Cuántos recuerdos, ahora, así, a bote pronto, de repente, entre ensayos y actuaciones, haciendo fuerte, muy fuerte, la tradición divulgativa de los cantos y las danzas de la tierra que nos viera nacer, como legado de nuestros antepasados y de la mano, firme y cariñosa, siempre, de Pepi Suárez, tratando de imprimir el mejor de los ritmos en las embajadas cacereñas folklóricas que ella comandaba.
El 26 de octubre del año pasado, sabiendo de su delicado estado de salud, publiqué un artículo en el periódico «Hoy«, tratando de rendirle ese tributo de admiración y de cariño que, sin lugar a dudas, se merecía en mi modesta opinión, por parte de la ciudad de Cáceres. Por su labor, por su entrega, por llevar siempre, como muchos cacereños podemos atestiguar de todo corazón, la palabra Cáceres con orgullo, con sentimiento espiritual, con coraje, con armonía y con esos dones que concede el sabor de la tierra parda.
Del mismo modo y manera que lo hice en las páginas de la prestigiosa revista nacional «Folklore«, en un ensayo titulado «Cuatro folkloristas cacereños«, entre los que incrustaba su nombre y su trayectoria, su espíritu para seguir expandiendo los aires folklóricos de la provincia.
Pepi Suárez se envolvió, desde muy joven, en la dinámica alrededor de las canciones y bailes típicos de la provincia de Cáceres, su gran pasión e inquietud desde pequeña, como tantas veces me comentara personalmente, hasta lograr convertir a los Coros y Danzas de la Sección Femenina en una agrupación de prestigio, difundiendo la belleza, la hondura y el sabor que emanan, hermosa, tradicional coreográfica y plásticamente, de las jotas y las canciones cacereñas.
Una agrupación a la que el autor de este blog «Cáceres, el blog de Juan de la Cruz«, perteneció durante un tiempo, disfrutando de la sensibilidad y riqueza que existe alrededor de la parcela del folklore cacereño, y que habían ido estudiando, recopilando y enseñando, con extraordinario ímpetu personajes cacereños como el investigador Manuel García Matos, como la musicóloga Angelita Capdevielle Botella, y otros muchos, conocidos y anónimos, que participaban y continúan haciéndolo, afortunadamente, comprometidos con Cáceres, con sus esencias y sus panorámicas.
Como suponían, sin ir más lejos, los propios protagonistas que habían ido recogiendo y manteniendo esas raíces y esas tradiciones que se conforman de tanta belleza. Los padres, los abuelos, entre notas, apuntes, compases, grabaciones de testimonios sobre celebraciones festivas, rondas, siegas, matanzas, romerías, bailes, amores, costumbres y toda una amplia diversidad de cuestiones como son todas aquellas que giran alrededor de los pueblos y su propio ámbito tradicional y etnográfico…
¡Cuán hermoso y bello y genuino y auténtico el folklore de nuestra tierra cacereña, de sólidas raíces a través de las páginas por las que circula el tiempo, que, lamentablemente, casi todo lo puede…!
A todos los investigadores, estudiosos, historiadores, folkloristas, escritores, músicos, bailadores, cantantes, de los que existe un muy largo listado en Cáceres, les debemos mucho. Tanto, tanto, tanto, que hoy lo encarnamos todo, con la mayor intensidad emocional, si se me permite por parte del lector, en esta compleja hora del adiós, en la figura, siempre entrañable, sonriente, esmerada, cariñosa de nuestra querida y entrañable Pepi Suárez.
Una verdadera y manifiesta embajadora del mundo del folklore cacereño, a cuya divulgación se entregó, siempre, a lo largo del tiempo, de mil amores, tratando de bordar, cada día, esa perfección de un grupo en sus actuaciones por los diversos escenarios de la geografía festiva de España, Europa y América.
Ahora, desde el dolor y la emoción, embargado por el mayor cariño, con el sentimiento más profundo como testigo, en el silencio de mi despacho, con la mente en la personalidad de Pepi Suárez, quisiera hilvanar este puñado de líneas acompasadas del mayor y mejor abrazo por las campas en las que ahora, ya, se encuentra.
Paso revista, silenciosamente a ese ritmo del tiempo que queda atrás. En aquel pequeño salón de la calle General Primo de Rivera y de aquel otro de la calle General Ezponda y guiado de tu mano me llevas al recuerdo de un montón de nombres, componentes de aquel grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres como Gabriel Romero Ruiz, Adolfo Romero Ruiz, «Fito», Josefina Collado, Leocadio Bernáldez, Fernando Mateos, Manuel Lucas, Ana Mary Sevilla,  Francisco José Romero, «Quico», Concepción Ciborro, Mamen Bordallo, Purificación Silva, Vidal Sánchez Corrochano, Juan Antonio Fajardo, Luis Arroyo, Luis Miguel Luengo, Juan Palomino, Justi, Vicenta, Marichu, Isabel, Benito… Y tantos otros que iremos incorporando a medida que el recuerdo y los amigos nos vaya facilitando nombres y apellidos de todos aquellos cuantos tuvimos el honor y la suerte de saborear la copa dulce de nuestra tierra entre las esencias de las numerosas jotas, danzas y canciones tradicionales y típicas orgullo, siempre, de la tierra cacereña y que se esparcen por la geografía provincial.
Ahora que te acabas de marchar, mi querida Pepi, ¡Buen viaje, cacereña de pro, por las campas de la eternidad…!
Finalmente, como el mejor homenaje posible al alcance de este modesto blog, mientras tantos cacereños, tantos amigos, tantos conocidos, tantos paisanos, tantos compañeros de aquel grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina, de Cáceres, te despedimos –pero, también, siempre, te llevaremos en el alma con nosotros– lo que hacemos, cantándote, con tanto entusiasmo como siempre, como aquel con el que tanto nos estimulabas, ese estribillo tan manifiestamente popular del «Redoble», junto al sonido de las rítmicas palmas de todos. Tal cual, como tantas veces hicimos juntos, entre sonrisas motivadas por las celebraciones festivas:
Redoble, redoble,
vuelvo a redoblar,
con ese redoble,
me vas a matar,
me vas a matar,
me voy a morir,
con ese redoble,
vuelvo a repetir.

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EL PALOMARCICO DE LA MONTAÑA

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En lo alto de Cáceres, el Santuario de la Virgen de la Montaña. La excelsa Patrona, a la que tanto miran, con devoción y entrega,  los cacereños y por los que vela desde aquella impresionante atalaya. Un día, en el correr del año 1951, llegaron unas monjas de clausura, por una revelación a la fundadora de la Orden, y treinta seis años después, se marcharon del Santuario. Cáceres, siempre, siempre, siempre, con su Patrona. Este es mi artículo que hoy, 16 de octubre de 2020, aparece publicado en el periódico regional extremeño HOY.

Santuario de la Virgen de la Montaña, 1930

Santuario de la Virgen de la Montaña, 1930

            A principios de los cincuenta del pasado siglo, hallándose en Melilla la monja Rosario del Espíritu Santo Lucas Burgos para alzar un convento, tuvo una revelación de la Virgen escuchando “Melilla, no, Sagrado Corazón de Jesús, sí”. Las circunstancias la condujeron a Cáceres. Una visita al santuario de la Montaña, la explanada con la estatua hacia la ciudad, una charla con el Obispo alabando su llegada.

            En 1951 alcanzaban el Santuario cuatro religiosas contemplativas, hábito y velo blanco, pertenecientes a la orden Hijas de la Iglesia, luego Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada. Un lugar que denominarian palomarcico, sintiéndose los seres más dichosos, aunque todo escaseaba.

            Dificultades propias de los inicios: Penuria de espacios, desvanes utilizados como celdas separadas por cortinas, techos de carrizos y vigas de madera, agua que acarreaban desde Fuente Concejo, menos la de beber, que llegaba de la finca La Palacina, grietas y rajas del suelo… Al otro lado de la clausura, meditaciones, oraciones, confección de ornamentos litúrgicos, una borriquilla para surtirse de provisiones en la capital, hasta que se arregló la carretera, la satisfacción de la clausura… Desde la capilla del Cristo de la Salud, armoniosos cánticos.

Rosario del Espíritu Santo, fundadora de la Orden y de la Casa en Cáceres

Rosario del Espíritu Santo, fundadora de la Orden y de la Casa en Cáceres

            Con el levantamiento la Casa Diocesana de Ejercicios, la modernización y ampliación de las dependencias. Un enclave cuajado de cacereñismo.

             Transcurre el tiempo… Tras 34 años, las monjas se marchan de Cáceres con pesar, ya que la fundación era muy querida como revelación que tuvo la fundadora. La portavoz de las Esclavas hoy añade que, después de los 70, “el mayordomo, el santero e incluso algún capellán, fueron deteriorando su situación hasta hacerse imposible su permanencia allí”, que el mayordomo “las tenía como prisioneras”, que “todo lo tenían que hacer con permiso suyo” y “que los gastos eran pagados por las religiosas”. Además de los buenos recuerdos.

            En la identidad con la patrona, las bodas aumentaron en el santuario, llevando a las monjas a rezar en otras estancias, porque los ruidos dificultaban la vida de silencio y soledad.

            Una página entre plegarias y divergencias con unas monjas que llegaron al santuario cacereño y se marcharon…

            Cáceres siempre con su Patrona.

 

 

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PEPI SUAREZ Y EL FOLKLORE CACEREÑO

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Pepi Suárez se conforma como una divulgadora del folklore típico y popular cacereño, al frente del grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres durante largos años. Un folklore recogido y recopilado por investigadores y estudiosos, con la colaboración de los más mayores de los pueblos altoextremeños… Y con la cooperación de tantos se expandían los aires de las canciones y danzas cacereñas del patrimonio folklórico de la tierra. Artículo publicado el 26 de octubre de 2020 en el periódico «Hoy». 

El paso del tiempo se va conformando con estampas, con gentes, con esencias de unas etapas y épocas a otras como el hilo conductor de la intrahistoria de los pueblso. Entre esas labores y afanes populares, la fibra de Pepi Suárez (Cáceres, 1933), que, enamorada por la representación de las canciones y danzas típicas cacereñas, en un album de relieve para el mantenimiento de las semblanzas tradicionales de la Alta Extremadura, pasó a ser, durante largo tiempo, directora de los Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres, que dinamizó de forma relevante.

            Con su trabajo e inquietud, una imagen testimonial en las calles cacereñas, fue posibilitando la revitalización de esos sones y aires para conformar la base de un grupo de cacereños volcado en esa divulgación que tanto enriquecía, en certámenes, concursos, festividades, la dinámica de un folklore arraigado alrededor de las manifestaciones de los pueblos cacereños.

            Una muestra con la jota dieciochesca cacereña por excelencia, “El Redoble”, o “Los Sones de Montehermoso”, las “bombas” o piropos, tan curiosos a mitad de la danza que lanzan los bailadores a las jóvenes, como “Eres como el pino verde, que arriba tiene la copa, eres como el caramelo, que se deshace en la boca”, en la “Jota de Alcúescar”, “La Rondeña”. “La Carta”, “Los Pajaritos”…

            Una imagen llamativa, pregonando las esencias folklóricas de la tierra parda, con una agrupación volcada en la representación y difusión de esas estampas al compás de una manifiesta muestra de investigadores, que se esforzaron en recorrer muchos caminos entre pueblos y aldeas recuperando el sortilegio de una cultura popular a caballo de la canción y la danza.

            Llena de embrujo y belleza, de historias y misterios, de tradiciones remotas, que se albergaban entre los más mayores de aquellos lugares, ejemplares protagonistas, conformando un rico legado, y que de no ser, por tantos sacrificios de muchos, en todos los campos etnográficos del folklore, como señalara el eminente profesor García Matos, corrían el riesgo de haber desaparecido, entre las páginas del silencio y del olvido, como germen y fruto de una extraordinaria belleza en el afán popular.

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