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Archive For The “Artículos” Category

PINCHO DE TORTILLA Y CAÑA

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«PINCHO DE TORTILLA Y CAÑA» es el título de mi artículo publicado hoy, 14 de septiembre de 2021, sobre el anuncio hecho días pasados por Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en la localidad cacereña de Navalmoral de la Mata, prometiendo la llegada del AVE a Extremadura en 2022.

El periodista Luis Herrero ofrece de cuando en vez en sus artículos de ABC alguna apuesta, en forma coloquial, con algo tan habitual en las barras de los bares, pincho de tortilla y caña, respecto a sus vaticinios de determinadas interrogantes sobre los aconteceres políticos.

Desde los tiempos de Felipe González, todos los Gobiernos han ido prometiendo, sucesivamente, la llegada del AVE a Extremadura, pasando por los de Aznar, Zapatero, Rajoy y Sánchez. Por ese camino ha transcurrido una larga serie de años en los que resulta tan fácil como inmoral prometer y no cumplir, mientras el pueblo extremeño sigue aguantando los sinsabores del mercadeo perpetuo de los gobiernos en busca de los votos de partidos “interesadamente colaterales” para formar mayorías absolutas. Sobre todo, el PNV, CiU, y ahora Bildu, Esquerra Republicana, Junts per Cat, el Partido Regionalista de Cantabria y Teruel Existe. Estos dos últimos, con un solo diputado.

Días atrás Pedro Sánchez se lanzaba en Navalmoral de la Mata, por la rampa triunfal del compromiso con el pregón de que el AVE, tan necesario y demandado, llegará a Extremadura el próximo año. El lector le puede creer. O no. Que obras son amores y no buenas razones.

Ahí va el diagnóstico del articulista: Pincho de tortilla y caña a que el AVE no circulará en 2022 por Extremadura, tan protagonista de parte de la España vaciada y tan relegada por los distintos Gobiernos centrales. Se admiten apuestas. La región, presumiblemente, seguirá tan hostigada, desatendida y tan lejana en el oeste.

Señorías, se abre la sesión… Y, como tantas veces presencié en debates que llegaban envueltos en polémicas y “calentitos” al pleno en el hemiciclo del Congreso se escuchaba un murmullo de interés que, quiá, merecía la pena presenciar entre razones, sinrazones, aplausos y abucheos, según los colores de las bancadas, siempre votando cada uno los intereses marcados por la dirección del partido.

— ¡Pincho de tortilla y caña…!

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EL MILAGRO DE GUADALUPE

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«EL MILAGRO DE GUADALUPE» es el título de mi artículo, que aparece hoy en el periódico regional extremeño «HOY», reivindicando, una vez más, que la Patrona de Extremadura, la Virgen de Guadalupe, pase a estar situada en una diócesis extremeña.

Un año más se ha celebrado el Día de Extremadura, con el agravio de que el epicentro de tan señalada festividad, Guadalupe, continúa perteneciendo, junto a otros treinta pueblos cacereños, a la diócesis de Toledo. Un hecho que se remonta a 1222, cuando el arzobispo y militar Rodrigo Ximénez de Rada, procedió a adquirir los Montes de Toledo, ampliando su poder. Setecientos noventa y nueve años después se mantiene insólitamente la situación, con esos treinta y un municipios y la Patrona de Extremadura, incardinados en la diócesis toledana.

Todo un anacronismo que imprime a la festividad del 8 de septiembre una sensibilidad especial acerca de la solución vaticana sobre este contencioso, que ha generado numerosos manifiestos, que es de justicia resolver. Entre otros motivos porque no hay extremeño que pueda comprender que Guadalupe, foco de peregrinación y fe, sede de la Virgen Morena, permanezca en una diócesis ajena a Extremadura.

Una anomalía que consideramos de agravio hacia nuestra región, sintiendo de año en año, cómo a pesar de unas reivindicaciones tan razonables, no encuentran eco en el seno eclesial. Ni en Toledo, sede primada, donde se forjan importantes decisiones de la iglesia española, ni en el Vaticano, donde consta un memorándum de detalles al respecto. Pero Francisco I sigue sin pronunciarse. ¿Acaso debemos de entender que el silencio papal se corresponde con el dicho de que quien calla otorga?

Un fenómeno de manifiesta injusticia ante el que, al parecer, nadie dispone de capacidad para conseguir que Guadalupe pertenezca a una de las tres diócesis extremeñas, más allá de meras declaraciones de intenciones.

Una pregunta: ¿Permitirían los catalanes y sus mandatarios religiosos, con el arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal Española a la cabeza, que la Virgen de Montserrat, permaneciera en un santuario de una diócesis ajena a Cataluña o los vascos que su patrona, la Virgen de Aránzazu, estuviera ubicada en Cantabria?

Queda claro, pues, que la prudencia, humildad y capacidad de aguante del pueblo extremeño cansa al paisanaje, que no ve avance alguno en asunto de tamaña magnitud. Desconocemos qué razones habrá para que la Iglesia siga negando a Extremadura lo que de Extremadura es, mientras se continúa tensando el sentimiento y dignidad regional para que la Morenita pertenezca a una diócesis de la Comunidad.

Son muchos los extremeños que peregrinan de forma permanente hasta Guadalupe para ponerse a los pies de la Virgen, soltar sus preces en tierra extremeña, mientras las oraciones y las rogativas volanderas marchan por aires de la diócesis de Toledo. Un anacronismo inadecuado, corresponda a quien corresponda, contra Extremadura, tanto tiempo a la espera de que se ponga solución a la reivindicación regional como acto de justicia.

Dejemos constancia expresa de que la Virgen de Guadalupe es Patrona de Extremadura desde 1907, por decisión del Papa Pío X, y que en 1928 fue coronada canónicamente como Reina de las Españas, por el Cardenal Primado, Pedro Segura, con asistencia de Su Majestad el Rey Alfonso XIII.

Setecientos noventa y nueve años después, desde la moderación y el respeto,  el articulista se sonroja de tener que escribir estas líneas. Pero Extremadura no puede seguir perdiendo en la defensa moral de sus derechos y a la espera de un milagro.

 

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QUE NO NOS VENDAN BURRAS

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La emigración regional extremeña se conforma, en opinión del autor, como uno de los mayores dramas y tragedias histórico-sociales de Extremadura. Al hilo de la España vaciada, cuya recuperación no llegará ni con mucho al fervor de aquellos tiempos sin emigración, el escritor publica hoy, 24 de junio de 2021, en el periódico regional «Hoy», el artículo titulado QUE NO NOS VENDAN BURRAS… 

Esa España Vaciada, con la que algunos se lo montan bien, afronta en el abandono humano del campo y pueblos, una de las bases de unos excepcionales cambios sociales, económicos, laborales, industriales.

Los pueblos cacereños se desvencijan en soledades y silencios, sin mayores destemplanzas que las de sus gentes. Los jóvenes emigran del pueblo donde les nacieron, por carencia de expectativas, los mayores se asfixian entre ausencias familiares y faltas de servicios, la economía se hunde…

Pregonaban y publicitan algunos «ilustrados”, al olor de los desastres de la pandemia, en una nueva oleada migratoria, que se fomentaría, por darle algún nombre, la cultura de los pueblos, y los incentivos por expandir el fenómeno del teletrabajo como una peregrinación hacia la recuperación de nuestros municipios…

Qué quieren que les diga… No hay que confundir la velocidad con el tocino ni los alientos anímicos de un fin de semana, de excursión y viaje por cualquier ruta cacereña, rebaños, horizontes, casas rústicas, buenas viandas, fotografías, visitas por lugares recónditos, con el día a día en esas áreas geográficas, asoladas de grave decaimiento demográfico y envejecimiento de sus gentes… Que se fueron los jóvenes, que se fueron los maestros, que se fueron los médicos, que se fueron los estudiantes, que se fueron los bancos, que se fueron las farmacias, que se van los pastores… ¿Quién se queda bajo el desmoronamiento de los pueblos?

Sin cerrar los caminos ni esperanzas a las expectativas renovables y otros recursos, los pueblos cacereños continuarán abatiéndose, quedando en reliquias del pasado, que, aun así, se sostienen por un puñado de luchadores.

Me duele tanto escribir estas líneas que anhelo leer razonamientos esperanzados de políticos y cercanías que semejan predicaciones misioneras y videncias, cuando todo apunta, salvo alguna excepción, a una cada vez mayor desertización de la provincia. Si el articulista está errado en su tesis, bienvenida la repoblación y recuperación de nuestros pueblos, aunque algún osado lance, al respecto, proclamas imperiales que no hay forma humana de entender.

Las cosas claras y el chocolate espeso.

 

 

 

 

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¿Y CACERES, QUÉ?

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«¿Y CACERES, QUÉ?», es el título de mi artículo que hoy, 6 de abril de 2021, aparece publicado en el periódico regional extremeño «Hoy». Un manifiesto reivindicativo que demanda la mayor atención a una provincia, tan expoliada y abandonada, por parte de los gobernantes.

¿Y Cáceres, qué?

A finales de 1999 se ponía en marcha un movimiento social reivindicativo denominado “Teruel existe”, demandando una conciencia de Gobierno a la hora de administrar y repartir los fondos públicos. Siempre tan desiguales, como padece Cáceres, con tanta resignación provincial como insolidaridad de otros.

Posteriormente arrancaba otra voz, al grito de “Soria ya”, que vuelve a desgañitarse, tras tanto olvido centralista que siempre beneficia a los mismos, ahondando en las diferencias socioeconómicas, laborales, industriales.

En 2019 salía a la calle “La España vaciada”, tan arrinconada y malherida, en demografía, economía, aliento vital, reanimándose un poco con la pandemia. Pero la España vaciada no interesa demasiado a las aves de paso en el inquilinato de La Moncloa. ¡Quiá!

Tres movimientos de amarguras, iniciativas y quejas que probablemente no dispongan de demasiado recorrido, salvo sentir las desigualdades entre la España avanzada y la ignorada.

¿Y Cáceres, qué?, grito. Donde debería de haberse creado en su día un movimiento de presión que clamara contra tanta adversidad, como conocen tantas familias, separadas por la geografía; tantos pueblos, desvencijados; tantos jóvenes, asolados por el éxodo migratorio, la mayor tragedia histórico-social cacereña, por la debilidad económica, como señala Funcas, con complejas repercusiones en todos los campos, mientras el mundo rural continúa hundiéndose.

Una provincia cuajada de carencias y olvidos, con rácanas y discriminatorias atenciones gubernamentales, ante las Comunidades, siempre privilegiadas, que marcan parte de los compases a los Gobiernos de turno con sus disputados votos.

Miro al horizonte. Los nubarrones se divisan oscuros amenazando de mayor precipitación y depresión sobre Cáceres.

El articulista quisiera equivocarse, que buena señal sería. Más témome que verdes las han segado. Dos ejemplos: El AVE, tan cacareado, que aún no llega ni a diligencia del viejo Oeste americano, y la incesante marcha de jóvenes. Hasta los campanarios de nuestros pueblos silenciosos han repicado pidiendo soluciones…

¡Qué lastimosamente bien viven muchos en los aterciopelados sillones políticos…! Luego, dicen…

¿Y Cáceres, qué?

 

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EL AVE QUE NO VUELA

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El AVE, el Tren de Alta Velocidad, tan prometido por los diversos presidentes del Gobierno de España, continua sin llegar, a estas alturas, a una tierra y Comunidad Autónoma tan necesitada del mismo como es Extremadura. Este es el tema de mi artículo que hoy, 9 de diciembre de 2020, aparece publicado en el periódico regional extremeño «Hoy».

Entre las iteradas proclamas sobre el AVE que no llega a Extremadura, a pesar de las promesas de González, Aznar, Zapatero, Rajoy y Sánchez, me topo con la información aparecida en la revista «Juventud Ilustrada», 1920, un siglo atrás, señalando que el tren correo Madrid-Cáceres, recorría el trayecto de 333 kilómetros en 19 horas con 19 minutos, que ya es precisión.                 

            Bueno, sí, tardaba un poco. Pero representaba un alivio para las necesidades de los viajeros, acorde con los tiempos. Además, el Gobierno cumplía sus promesas… Y no como el AVE de los engaños.

            Un AVE, volátil, el extremeño, convertido en una penosa burla, que, como en el juego de la oca, va de elecciones en elecciones y que espere el paisanaje.

            Ahí están las hemerotecas con las pomposas declaraciones de los presidentes del Gobierno, prometiendo, junto a los respectivos presidentes autonómicos, la llegada del AVE a una tierra tan necesitada de ayuda… Se les va la lengua por la vía de la boca, no por la realidad de los hechos, y, claro, nos prometen, nos prometen y nos vuelven a engañar…

            Pero como Extremadura no cuenta con diputados “imprescindibles” en el Congreso para casos extremos, como Teruel Existe o el Partido Regionalista de Cantabria, por caso, pues se nos torea y los diputados extremeños missing; esto es, desaparecidos en combate.

            El articulista, que ejerciera de cronista parlamentario de TVE, recuerda aquella tramitación y votación en el Congreso del Estatuto de Autonomía de Extremadura, con mayoría absoluta del PSOE, y cómo Pablo Castellanos, PSOE, y Alvaro Simón, PP, diputados por Cáceres, trataban de la necesidad de entenderse, a pesar de las divergencias políticas.

            Hoy (parece) algo ha cambiado. A falta de AVE bueno será sentimentalizar sobre aquel tren de 1920, entre viajes idílicos, tortilla de patatas, bota de tinto, inveteradas parrafadas con los compañeros de departamento, siestecita, lectura de periódicos, partida de tute, bostezos y miradas de acercamiento al paisaje…

            Como quizás el artículo pase por la jurisdicción de Ia autoridad pertinente insistir que Extremadura necesita el AVE, como aquel tren de 1920…

 

 

 

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ESCANDALO EN EL TEATRO VARIEDADES

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... Aquel 4 de julio de 1893 el nombre de Cáceres aparecía en el escenario de la información en el periódico «La Correspondencia de España», de tirada y alcance nacional. La cita del Teatro Variedades, un referente en la historia cultural de la ciudad cacereña, en aquellos finales del siglo XIX, hizo acto de presencia en el diario y que recogemos, siquiera sea por su carácter histórico y curioso… Este artículo aparece publicado hoy, 4 de octubre de 2020, en el periódico regional extremeño «Hoy». 

Casualitas casualitatis. El articulista anda en sus investigaciones y, de repente, se encuentra una noticia en el periódico “La Correspondencia de España”, fechada en Cáceres, el 3 de julio de 1893, con el titular “Escándalo”.

            La misma se centra en el Teatro Variedades, que puso en marcha en 1886 una mecenas cultural como Juana Eguezabal, sobre el solar de las Escuelas Marrón, entre las calles Nidos y Moros, que tanto supuso en la pequeña capital de provincias, que albergaba unas trece mil almas, encendiendo la llama de las diversidades escénicas, con aire aperturista y liberal, dando cabida a compañías por esos mundos de Dios.

            Como la historia es rica en acontecimientos, perdidos en las páginas del olvido, leemos que “Anoche se produjo en el coliseo de verano llamado Variedades, un fuerte escándalo, consecuencia de haber creído el público que se habían suprimido escenas en la obra El Certamen Nacional”, que se representaba por la compañía actuante”.

            Asimismo se añade que el público carecía de razón al protestar, pues no se suprimió ninguna escena, y que, “con motivo del escándalo, que duró bastante tiempo, se desmayaron algunas señoras y otras abandonaron muy precipitadamente el teatro”.

            Ante semejantes alborotos, soponcios y patatús dióse parte del incidente al señor gobernador quien raúdo y veloz se personó en el teatro, con miembros del orden, apaciguándose el tumulto y deteniéndose a varias personas, como presuntos autores del ajetreo.

            Imaginamos que tras los abaniqueos –pues corría tiempo veraniego–, tilas, ánimos y el celo de todos, la obra continuaría representándose. Una comedia cómico-lírica, de los dramaturgos Guillermo Perrín y Miguel Palacio, estrenada cinco años atrás en el teatro madrileño Principe Alfonso, “con éxito lisonjero”, conformándose con una mezcla de bailes, popurrí de provincias, tipos populares, chistes de buena ley y halagos patrióticos. En el libreto se cita a Cáceres:

En Albacete la Alhambra;

una torre que se cae,

es decir, que está incliná,

en la provincia de Cáceres.

            Cuestiones veredes en la prensa nacional de aquellos tiempos que pasan a engrosar un poco más, siquiera resulte de forma anecdótica, nuevos pormenores del Variedades cacereño.

 

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EH, TU, EMIGRANTE

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La emigración regional extremeña se conforma uno de las mayores tragedias histórico-sociales del pueblo extremeño, de todos los pueblos y municipios de Extremadura. Una sangría que, a estas alturas del siglo XXI, no se ha sabido frenar por esos misterios insondables. Aquí os dejo mi artículo «EH, TU, EMIGRANTE», que hoy aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

Mediados de agosto. Los pueblos extremeños, que tanto van desangrándose desde finales de los años cincuenta, en base a los grandes planes de industrialización, que se alzaban en áreas como el País Vasco, Madrid y Cataluña, fundamentalmente, acompañados del olvido y el castigo de la severidad y crudeza del campo, abrieron enormes, gigantescas riadas migratorias en Extremadura donde, mientras se iban construyendo pantanos, se largaban decenas de miles de jóvenes para alzar con sus brazos, esfuerzos y sudores otras tierras.

No era un hasta luego, sino un adiós al tiempo que por estos pagos extremeños, de tantas honduras, sabores riquezas y posibilidades sin explotar en toda su extensión, en diversas parcelas, acaso porque el oeste español siempre aparecía cubierto con nubes de lejanías e indiferencias de desmoronamiento.

Nadie con suficiente influencia, al parecer, vio la perspectiva del drama del envejecimiento, del aislamiento y del abandono, paulatino, de los pueblos y ciudades de Extremadura que fueron entrando por esos caminos de tanta aspereza como son los migratorios, a la vez que atrás iban quedando los municipios, poco a poco, en soledades y silencios clamorosos, desgarrándose en sus débiles estructuras, con el campo desbaratándose en los abandonos, perdiendo vida entre lamentos, padres sin hijos y abuelos sin nietos. ¡Qué dolor!

El volcán migratorio de Extremadura iba entrando en una erupción imparable.

Como estudioso de la emigración, conferenciante y escritor, he escuchado en cientos de ocasiones a extremeños diseminados en esas campas industriales que se marcharon porque el campo era durísimo y sin rentabilidad, el pueblo no ofrecía manifiestas alternativas y que en las ciudades de destino podrían ir prosperando y creando vida para sus hijos. Lo mismo que pensaban, entonces, los emigrantes que, con la jubilación, habrían de regresar al pueblo donde les nacieron y disfrutar para el resto de sus días de las esencias del campo, del sosiego, de los horizontes, de las familias, de los bares, de las charlas, y hasta del cultivo de una huerta sacando adelante lechugas, tomates, patatas, melones…

Con el tiempo el hábitat poblacional humano extremeño se desangraba por los cuatro costados, se desaprovechaban generaciones y la política de Estado pareciera haberse evaporado, si es que alguna vez hubo apoyo firme desde Madrid.

El retorno del emigrante de aquellas generaciones, que apostaban por la vuelta a las raíces, se confundían en los caminos familiares: porque los padres, hermanos, amigos y conocidos apenas si se encontraban por la amplia geografía extremeña, y sus hijos y nietos, segunda y tercera generación, ya habían adquirido tintes y arraigos en las ciudades que parecían, sin embargo, las nuevas Indias de aquellos años atrás.

Duele y escuece el clamor migratorio, como duele y escuece la caída vertiginosa de la vida de los pueblos extremeños.

Aún se escucha el latido de la recuperación de esa Extremadura rural con diferentes estructuras argumentales: energías renovables, aprovechamiento de las dehesas, iniciativas emprendedoras, turismo de múltiples variables… Hora es, pues, de apostar por esos planteamientos ante las demandas de las nuevas generaciones de jóvenes extremeños.

Pero la realidad es que los tiempos van cambiando tanto en sus dinámicas que la inmensa mayoría de municipios extremeños carecen de esas redes que puedan expansionar una repoblación en busca de aliento vital.

Los pueblos extremeños se desangran y se desgarran. Pregunte, sencillamente, a los alcaldes y a sus gentes, al paisanaje abierto y todo corazón, aunque, también, entre pesares, lágrimas, quejas…

Repasando informes, estudios, datos, la conclusión es que Extremadura continúa un ritmo crítico, mal que nos pese a todos, el mandarinato político quizás bastante tenga con la que está cayendo, y la que viene de camino, sin ánimo alguno de implantar mayor pesimismo que la actualidad que nos diseña la realidad desde las políticas de Gobierno, las dinámicas emprendedoras y el eco de la prensa, a la vez que los pueblos y campos que tanto marcaron la vida de nuestros despertares, continúan en un desmoronamiento manifiesto.

¿La culpa? No es tanto cuestión de culpables, con nombres y apellidos, que haberlos, haylos, sino de políticas estructurales que dinamicen las expectativas e inquietudes de los extremeños que diseñan sus planes de futuro.

Quedan lejos los años sesenta, setenta, ochenta… Evidente. Pero en aquellos años decían lo mismo algunos gerifaltes y Extremadura pedaleaba, cada vez, con una menor fuerza en estos campos económicos, industriales, laborales, empresariales, y aumentaba la velocidad por las vías migratorias. Coja el lector las estadísticas poblacionales. Tampoco hace falta más.

Aún se escucha por las campas extremeñas, impregnadas de hondura y riqueza en sus posibilidades, que no interesa descubrir, la voz que apunta:

– ¡Eh, tú, emigrante…!

Y el emigrante que pasa sus vacaciones en el pueblo, al que llega cada verano con ansias de huerta, de libertad, de aire, de partidas de tute, de chatos, de aperitivos, de parrafadas, de adioses, en unos días volverá a hacer la maleta, camino de esos senderos migratorios donde andan sus hijos y nietos, trasvasados en cuerpo y alma a tales lugares, mientras su pueblo, como todos, continúa abatiéndose por la senda de las complejidades para encontrar un futuro más de mantenimiento que de crecimiento.

 

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