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Archive For The “Artículos” Category

EL AVE QUE NO VUELA

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El AVE, el Tren de Alta Velocidad, tan prometido por los diversos presidentes del Gobierno de España, continua sin llegar, a estas alturas, a una tierra y Comunidad Autónoma tan necesitada del mismo como es Extremadura. Este es el tema de mi artículo que hoy, 9 de diciembre de 2020, aparece publicado en el periódico regional extremeño «Hoy».

Entre las iteradas proclamas sobre el AVE que no llega a Extremadura, a pesar de las promesas de González, Aznar, Zapatero, Rajoy y Sánchez, me topo con la información aparecida en la revista «Juventud Ilustrada», 1920, un siglo atrás, señalando que el tren correo Madrid-Cáceres, recorría el trayecto de 333 kilómetros en 19 horas con 19 minutos, que ya es precisión.                 

            Bueno, sí, tardaba un poco. Pero representaba un alivio para las necesidades de los viajeros, acorde con los tiempos. Además, el Gobierno cumplía sus promesas… Y no como el AVE de los engaños.

            Un AVE, volátil, el extremeño, convertido en una penosa burla, que, como en el juego de la oca, va de elecciones en elecciones y que espere el paisanaje.

            Ahí están las hemerotecas con las pomposas declaraciones de los presidentes del Gobierno, prometiendo, junto a los respectivos presidentes autonómicos, la llegada del AVE a una tierra tan necesitada de ayuda… Se les va la lengua por la vía de la boca, no por la realidad de los hechos, y, claro, nos prometen, nos prometen y nos vuelven a engañar…

            Pero como Extremadura no cuenta con diputados “imprescindibles” en el Congreso para casos extremos, como Teruel Existe o el Partido Regionalista de Cantabria, por caso, pues se nos torea y los diputados extremeños missing; esto es, desaparecidos en combate.

            El articulista, que ejerciera de cronista parlamentario de TVE, recuerda aquella tramitación y votación en el Congreso del Estatuto de Autonomía de Extremadura, con mayoría absoluta del PSOE, y cómo Pablo Castellanos, PSOE, y Alvaro Simón, PP, diputados por Cáceres, trataban de la necesidad de entenderse, a pesar de las divergencias políticas.

            Hoy (parece) algo ha cambiado. A falta de AVE bueno será sentimentalizar sobre aquel tren de 1920, entre viajes idílicos, tortilla de patatas, bota de tinto, inveteradas parrafadas con los compañeros de departamento, siestecita, lectura de periódicos, partida de tute, bostezos y miradas de acercamiento al paisaje…

            Como quizás el artículo pase por la jurisdicción de Ia autoridad pertinente insistir que Extremadura necesita el AVE, como aquel tren de 1920…

 

 

 

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ESCANDALO EN EL TEATRO VARIEDADES

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... Aquel 4 de julio de 1893 el nombre de Cáceres aparecía en el escenario de la información en el periódico «La Correspondencia de España», de tirada y alcance nacional. La cita del Teatro Variedades, un referente en la historia cultural de la ciudad cacereña, en aquellos finales del siglo XIX, hizo acto de presencia en el diario y que recogemos, siquiera sea por su carácter histórico y curioso… Este artículo aparece publicado hoy, 4 de octubre de 2020, en el periódico regional extremeño «Hoy». 

Casualitas casualitatis. El articulista anda en sus investigaciones y, de repente, se encuentra una noticia en el periódico “La Correspondencia de España”, fechada en Cáceres, el 3 de julio de 1893, con el titular “Escándalo”.

            La misma se centra en el Teatro Variedades, que puso en marcha en 1886 una mecenas cultural como Juana Eguezabal, sobre el solar de las Escuelas Marrón, entre las calles Nidos y Moros, que tanto supuso en la pequeña capital de provincias, que albergaba unas trece mil almas, encendiendo la llama de las diversidades escénicas, con aire aperturista y liberal, dando cabida a compañías por esos mundos de Dios.

            Como la historia es rica en acontecimientos, perdidos en las páginas del olvido, leemos que “Anoche se produjo en el coliseo de verano llamado Variedades, un fuerte escándalo, consecuencia de haber creído el público que se habían suprimido escenas en la obra El Certamen Nacional”, que se representaba por la compañía actuante”.

            Asimismo se añade que el público carecía de razón al protestar, pues no se suprimió ninguna escena, y que, “con motivo del escándalo, que duró bastante tiempo, se desmayaron algunas señoras y otras abandonaron muy precipitadamente el teatro”.

            Ante semejantes alborotos, soponcios y patatús dióse parte del incidente al señor gobernador quien raúdo y veloz se personó en el teatro, con miembros del orden, apaciguándose el tumulto y deteniéndose a varias personas, como presuntos autores del ajetreo.

            Imaginamos que tras los abaniqueos –pues corría tiempo veraniego–, tilas, ánimos y el celo de todos, la obra continuaría representándose. Una comedia cómico-lírica, de los dramaturgos Guillermo Perrín y Miguel Palacio, estrenada cinco años atrás en el teatro madrileño Principe Alfonso, “con éxito lisonjero”, conformándose con una mezcla de bailes, popurrí de provincias, tipos populares, chistes de buena ley y halagos patrióticos. En el libreto se cita a Cáceres:

En Albacete la Alhambra;

una torre que se cae,

es decir, que está incliná,

en la provincia de Cáceres.

            Cuestiones veredes en la prensa nacional de aquellos tiempos que pasan a engrosar un poco más, siquiera resulte de forma anecdótica, nuevos pormenores del Variedades cacereño.

 

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EH, TU, EMIGRANTE

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La emigración regional extremeña se conforma uno de las mayores tragedias histórico-sociales del pueblo extremeño, de todos los pueblos y municipios de Extremadura. Una sangría que, a estas alturas del siglo XXI, no se ha sabido frenar por esos misterios insondables. Aquí os dejo mi artículo «EH, TU, EMIGRANTE», que hoy aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

Mediados de agosto. Los pueblos extremeños, que tanto van desangrándose desde finales de los años cincuenta, en base a los grandes planes de industrialización, que se alzaban en áreas como el País Vasco, Madrid y Cataluña, fundamentalmente, acompañados del olvido y el castigo de la severidad y crudeza del campo, abrieron enormes, gigantescas riadas migratorias en Extremadura donde, mientras se iban construyendo pantanos, se largaban decenas de miles de jóvenes para alzar con sus brazos, esfuerzos y sudores otras tierras.

No era un hasta luego, sino un adiós al tiempo que por estos pagos extremeños, de tantas honduras, sabores riquezas y posibilidades sin explotar en toda su extensión, en diversas parcelas, acaso porque el oeste español siempre aparecía cubierto con nubes de lejanías e indiferencias de desmoronamiento.

Nadie con suficiente influencia, al parecer, vio la perspectiva del drama del envejecimiento, del aislamiento y del abandono, paulatino, de los pueblos y ciudades de Extremadura que fueron entrando por esos caminos de tanta aspereza como son los migratorios, a la vez que atrás iban quedando los municipios, poco a poco, en soledades y silencios clamorosos, desgarrándose en sus débiles estructuras, con el campo desbaratándose en los abandonos, perdiendo vida entre lamentos, padres sin hijos y abuelos sin nietos. ¡Qué dolor!

El volcán migratorio de Extremadura iba entrando en una erupción imparable.

Como estudioso de la emigración, conferenciante y escritor, he escuchado en cientos de ocasiones a extremeños diseminados en esas campas industriales que se marcharon porque el campo era durísimo y sin rentabilidad, el pueblo no ofrecía manifiestas alternativas y que en las ciudades de destino podrían ir prosperando y creando vida para sus hijos. Lo mismo que pensaban, entonces, los emigrantes que, con la jubilación, habrían de regresar al pueblo donde les nacieron y disfrutar para el resto de sus días de las esencias del campo, del sosiego, de los horizontes, de las familias, de los bares, de las charlas, y hasta del cultivo de una huerta sacando adelante lechugas, tomates, patatas, melones…

Con el tiempo el hábitat poblacional humano extremeño se desangraba por los cuatro costados, se desaprovechaban generaciones y la política de Estado pareciera haberse evaporado, si es que alguna vez hubo apoyo firme desde Madrid.

El retorno del emigrante de aquellas generaciones, que apostaban por la vuelta a las raíces, se confundían en los caminos familiares: porque los padres, hermanos, amigos y conocidos apenas si se encontraban por la amplia geografía extremeña, y sus hijos y nietos, segunda y tercera generación, ya habían adquirido tintes y arraigos en las ciudades que parecían, sin embargo, las nuevas Indias de aquellos años atrás.

Duele y escuece el clamor migratorio, como duele y escuece la caída vertiginosa de la vida de los pueblos extremeños.

Aún se escucha el latido de la recuperación de esa Extremadura rural con diferentes estructuras argumentales: energías renovables, aprovechamiento de las dehesas, iniciativas emprendedoras, turismo de múltiples variables… Hora es, pues, de apostar por esos planteamientos ante las demandas de las nuevas generaciones de jóvenes extremeños.

Pero la realidad es que los tiempos van cambiando tanto en sus dinámicas que la inmensa mayoría de municipios extremeños carecen de esas redes que puedan expansionar una repoblación en busca de aliento vital.

Los pueblos extremeños se desangran y se desgarran. Pregunte, sencillamente, a los alcaldes y a sus gentes, al paisanaje abierto y todo corazón, aunque, también, entre pesares, lágrimas, quejas…

Repasando informes, estudios, datos, la conclusión es que Extremadura continúa un ritmo crítico, mal que nos pese a todos, el mandarinato político quizás bastante tenga con la que está cayendo, y la que viene de camino, sin ánimo alguno de implantar mayor pesimismo que la actualidad que nos diseña la realidad desde las políticas de Gobierno, las dinámicas emprendedoras y el eco de la prensa, a la vez que los pueblos y campos que tanto marcaron la vida de nuestros despertares, continúan en un desmoronamiento manifiesto.

¿La culpa? No es tanto cuestión de culpables, con nombres y apellidos, que haberlos, haylos, sino de políticas estructurales que dinamicen las expectativas e inquietudes de los extremeños que diseñan sus planes de futuro.

Quedan lejos los años sesenta, setenta, ochenta… Evidente. Pero en aquellos años decían lo mismo algunos gerifaltes y Extremadura pedaleaba, cada vez, con una menor fuerza en estos campos económicos, industriales, laborales, empresariales, y aumentaba la velocidad por las vías migratorias. Coja el lector las estadísticas poblacionales. Tampoco hace falta más.

Aún se escucha por las campas extremeñas, impregnadas de hondura y riqueza en sus posibilidades, que no interesa descubrir, la voz que apunta:

– ¡Eh, tú, emigrante…!

Y el emigrante que pasa sus vacaciones en el pueblo, al que llega cada verano con ansias de huerta, de libertad, de aire, de partidas de tute, de chatos, de aperitivos, de parrafadas, de adioses, en unos días volverá a hacer la maleta, camino de esos senderos migratorios donde andan sus hijos y nietos, trasvasados en cuerpo y alma a tales lugares, mientras su pueblo, como todos, continúa abatiéndose por la senda de las complejidades para encontrar un futuro más de mantenimiento que de crecimiento.

 

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LA CALLE PINTORES

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La calle Pintores es, de siempre, un símbolo mágico en la ciudad cacereña. Corazón de la capital, de hondo sabor, ahora, por el expansionismo de la ciudad tiene que luchar por su mayor y mejor revitalización. Este es mi artículo que hoy, 1 de julio de 2020, aparece publicado en el periódico regional extremeño «Hoy».

Resulta una satisfacción, que agradezco profundamente a los lectores, que mi ensayo “La calle Pintores, la más popular de Cáceres”, figure en primer lugar en Google, que se configura como un modesto recorrido humano y comercial.

            Una calle que en su haber cuenta con cuatro nombres, Pintores, Alfonso XIII, Pablo Iglesias y Generalísimo Franco, con cientos de negocios en su historia y que, a la hora de reconstruir el Cáceres de Aquellos Tiempos, nos da un extraordinario juego como corazón de la ciudad, durante tanto tiempo, que se hilvanaba entre adioses, saludos, parrafadas, citas, tertulias, holas, tratos ganaderos, escaparates, modas, negocios, encuentros, miradas, paseos, desfiles, procesiones, Pintores arriba, Pintores abajo…

            Bastaba con decir:

— ¡Nos encontramos por Pintores…!

            Sin embargo el expansionismo de la ciudad, como en todas partes, va dejando un espacio al vacío en los centros capitalinos, que se abandona por vecinos y empresas. Una histórica calle cacereña, de tantos acontecimientos, de toda índole y condición, que hay que reflotar, como tratan de hacer todas las ciudades.

            Y que, ubicado en ese espacio de singulares atractivos, tiene que luchar por su fortalecimiento, aún a pesar de la crisis económica que se avecina a pasos agigantados.

            Estudiosos, economistas, historiadores, inversores, emprendedores, creativos, diseñadores, periodistas y tantos profesionales tienen que converger para ayudar en el pulso de su revitalización, porque ahí se alberga ese corazón histórico, popular y económico que de siempre fue una especie de talismán para Cáceres.

            Esa calle, a la que tantas vueltas dimos, con tantas caras conocidas, de siempre, porque representaba, y continúa representando un campo de identidad de especiales considerandos y connotaciones en el callejero urbano.

            Una calle, Pintores, que ha marcado y ha de seguir marcando tanto la evolución ciudadana, que se merece una potenciación, a toda velocidad, y evitar el decaimiento junto a una parte de la propia intrahistoria cacereña. Aquella calle, ay, del Precio Fijo, Javier, Jamec, Dioni, El Siglo…

            Ahí queda, pues, un reto de envergadura y de máximo compromiso.

 

 

 

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EL VENTANAL DEL CORONAVIRUS

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La pandemia del coronavirus golpea, con  saña y con  fuerza, con extrema crueldad, a la sociedad. Un tema palpitante, de extraordinaria importancia que nos tiene a todos los ciudadanos con el corazón encogido. Aquí os dejo mi artículo «EL VENTANAL DEL CORONAVIRUS», que hoy, 24 de febrero, aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

La irrupción del coronavirus ha marcado una ‘cultura’, compleja, que arranca en el confinamiento. Dos palabras, coronavirus y confinamiento, que no formaban parte del léxico habitual español y que, hoy, lamentablemente, conocemos todos. La vida nos ha obligado a un giro absoluto: Te asomas a cualquier ventana y ha cambiado radicalmente el paisaje urbano, tal cual el paraje humano, que ha desaparecido… Las calles y plazas, con el dibujo surrealista de la soledad; las alertas se disparan en la conciencia social, caminas por la calle y el transeúnte, en dirección contraria, se cambia de acera…

Ya no hay saludos humanos, adioses, paseos, parrafadas de tertulias en la ciudad, vacía y solitaria, en la que los hábitos y las costumbres, han transformado, en menos que canta un gallo, la cultura callejera forjada en el hábitat tradicional…

Los domicilios perciben en su interior segmentos como la diversidad de estados anímicos, las redes sociales, la gimnasia, sobre todo la mental, y la pedagogía familiar del dialogo. También, penosamente, las nuevas preocupaciones e inquietudes… Ahora que el escenario aparece pavorosamente difuso en la nebulosa ciudadana. Por muchas circunstancias, para no engañarnos. La sociedad ha perdido el paso, encerrada en medio de un segmento de tribulaciones…

Cánovas, la Plaza, Pintores, la Ciudad Medieval, los colegios, Las empresas, los comercios siguen bajo el imperativo de ‘Cerrado hasta nueva orden’, en medio de la incertidumbre. Ganaremos la batalla al coronavirus. Gracias al esfuerzo excepcional de sanitarios, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, transportistas, supermercados y tantos, así como el supremo ejemplo ciudadano… Pero a ver cómo hacemos frente a la factura y a la fractura.

Resulta patente que hoy, 24 de abril, continuamos con el pulso doblado ante la extrema crueldad del coronavirus, que nos ha cambiado los hábitos modelados al compás de las esencias humanas.

Mientras sigue el combate contra el coronavirus, entre severas divergencias políticas, además de la urgente reactivación económica, y la más rápida dinamización en todos los campos, los especialistas de nuestra sociedad deben intensificar esa otra vacuna para el paisanaje después de la batalla, por donde yacerán tantos cuerpos inertes, tantas gentes perdidas, tantos en las dudas. Nuestra sociedad se merece un futuro mejor que el desasosiego contenido en un puñado de metros cuadrados, desorientada ante lo que puede acaecer en una ciudad sin movimientos humanos, sin puertas abiertas…

¡Qué duro se hace tanto mirar por las ventanas y encontrarnos con tan desolados parajes…!

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CACERES EN SOLEDAD

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El coronavirus ha vaciado las calles de Cáceres de sus gentes, que tanto sabor imprimen en sus paseos y en sus tertulias… Una reflexión la de Cáceres en soledad, que concluye con la hermosura de sus plazoletas, parques, jardines y calles presididos a caballo entre el silencio y la soledad del confinamiento. CACERES EN SOLEDAD, mi artículo de hoy, 31 de enero de 2019, en el periódico regional exreemeño «HOY».

Son tantos los artículos e informaciones que se vierten diariamente en torno a la pandemia del coronavirus, que continúa avanzando sigilosamente por todas las tierras y pueblos, que cuando Claudio Mateos, delegado de HOY en Cáceres, me solicita mi columna habitual, me quedo en blanco.

Pienso en la dramática realidad de la epidemia, en el lector, y, como señalaba recientemente Sergio Lorenzo, a propósito de su brillante trabajo sobre las fotografías de Perate, que no todo va a ser coronavirus.

Con las gentes confinadas en casa, proliferan los documentos y reportajes sobre la soledad de nuestras calles, plazas, paseos en silencios que, en ocasiones, abaten la moral ciudadana, siempre ejemplar en su comportamiento y solidaridad… Pero no hay más remedio que insuflarse aliento y ánimo para caminar en esa lenta marcha del cansancio en el encierro casero.

Entre los recursos de pasar el día entre las paredes del domicilio familiar, y ya van unos cuantos, más los que se anuncian y avecinan, sobresale, entre otros, el que se multiplica por las redes sociales.

Me refiero a la voluntad de las buenas gentes cacereñas para amenizar este severo confinamiento. Con whatsapp de conciertos, como el último de la Coral Santa María de la Montaña, entre habaneras, el de ese coche que galopa por las calles de cacereñas sin nadie, el que ofrece un puñado de imágenes de la ciudad con el rótulo «De esta vamos a salir», o el del recorrido que nos muestra la solitaria belleza de la Ciudad Medieval, de la Plaza Mayor, huérfanas del paisanaje entre conversaciones y amenidades rutinarias, sí, pero que infieren dinamismo a la esencia de la ciudad.

Un silencio de reflexión, unas imágenes para apreciar, con hondura, los mensajes. Los whatsapp, que se reproducen en cadenas, generosos testimonios divulgativos, que, al abrirlos, amenizan unos tiempos tan cercanos con el paisanaje transitando entre el paisaje urbano. Ahora desolado de sus gentes…

El recuerdo de ayer y la estampa de la soledad de hoy. Suenan las campanas de mediodía en las iglesias, suenan los aplausos a las ocho de la tarde a todos los cooperantes para sacarnos adelante.

Con esos mensajes de Cáceres en soledad, la frase que acompaña a uno de ellos: «Cáceres es ahora, Juan, soledad y silencio. Pero muestra esa otra cara de la hermosura de nuestra ciudad que no estábamos acostumbrados a ver».

Cáceres, sencillamente, en soledad…

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AJEDREZ EN SAN JUAN

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Un día cualquiera, en el Cáceres de Aquellos Tiempos, cuando el articulista ejercía de bachiller y acompañaba a don Valeriano, su progenitor, por el centro de la ciudad, nos topamos con una personalidad de relieve como la de don Carlos Callejo Serrano. El bachiller tira de la memoria y recupera la secuencia. El artículo AJEDREZ EN SAN JUAN aparece publicado hoy, 17 de enero, en el periódico regional HOY.

El bachiller, con cortos años, transitaba por el paisaje urbano y humano de la pequeña capital de provincia dejándose llevar con sus amigos, sin alcanzar a saborear apenas la esencia que esparcen los mayores.

— ¡Quiá…! –se dice uno–. Lo de siempre.

Por la Plazuela de San Juan, con el sol jugueteando sobre los contertulios, dos humanistas pegaban la hebra sin prisa alguna, mientras el bachiller tenía la mente a pájaros.

Uno de ellos, al vuelo, expuso:

— ¡Pues a mi hijo le ha dado ahora por el ajedrez…!

El otro humanista, con el adolescente sonrojado, espetó:

— ¡Hombre, un colega…! ¡Ya echaremos una partidilla uno de estos días…!

El maestro estrechó la mano al chicuelo con manifiesta cordialidad, le preguntó por los estudios, ante lo que el alumno salió como pudo, porque tenía al vigilante al lado, y se interesó por el mate pastor.

El bachiller, preñado de timidez, respondió afirmativamente, mientras el maestro, bonachonamente, volvió a la carga:

— ¡A ver, amigo! ¿En cuántas jugadas se da un jaque mate pastor?

El jovenzuelo se aturulló. Su contrincante añadió:

— Empecemos la partida. Yo salgo con peón dos, caballo, rey… Ahora le toca a usted…

Embargado por la secuencia, el articulista miraba al cielo pensando la jugada. Y recordando que días atrás don Eugenio Matas al formularle una pregunta de Latín, en una clase del Isti, apreciando que el alumno movía los labios, le apuntó que más estudiar y menos murmurar…

El primero de los humanistas lanzó un bote salvavidas señalando a su hijo que estaba frente al autor del libro “El ajedrez romántico” y explicó:

— ¡Tienes que aprender y mucho de don Carlos, un eminencia…!

Don Carlos recalcó:

— ¡Aprende de tu padre, y ya continuaremos con el ajedrez…!

Carlos Callejo y Valeriano Gutiérrez, entrecruzaron la mirada, honda y profunda, de esa riqueza de los humanistas de ayer y de hoy, que transitan por el sabor de la ciudad.

 

 

 

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