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ORIGEN E HISTORIA DE «LA JOTA DE ALCUESCAR»

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«La Jota de Alcuéscar» es una de las danzas más representativas del folklore altoextremeño. Una «Jota» con una peculiaridad tan llamativa como es la que surge de las «bombas» o piropos que lanzan los bailaores a las bailaoras. Aquí os dejo mi ensayo titulado «ORIGEN E HISTORIA DE LA JOTA DE ALCUESCAR», en el que se desvelan significativas curiosidades y particularidades, que no habían visto la luz de la publicación. Un trabajo que acaba de aparecer publicado en la revista «FOLKLORE», de ámbito nacional, que dirige el prestigioso cantautor Joaquín Díaz. El ensayo aparece en el número 456, correspondiente al mes de febrero de 2020.

 

El municipio cacereño de Alcuéscar, incrustado entre las sierras del Centinela y de la Lombriz, se encuentra situado en lo que se conforma como el centro de la Comunidad Autónoma, en el límite con la provincia de Badajoz. Una población que hoy alcanza aproximadamente los tres mil habitantes y que, en sus buenos tiempos, allá por los mediados del pasado siglo, llegó a contar con cuatro mil quinientas almas.

La Villa fue fundada en el año 830 bajo la dominación musulmana. En la misma destacan la iglesia de Santa María del Trampal, templo visigodo que se construyó hacia el siglo VII, donde se encontraron lápidas e inscripciones dedicadas a la diosa prerromana Ataecina y con referencias, asimismo, a la ciudad celtibérica de Turóbriga. Está considerada monumento de carácter histórico-artístico.

Entre sus monumentos también la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, construida a finales del siglo XV, así como casonas señoriales que fueron levantadas por los grandes terratenientes, con algunas de ellas adornadas en sus fachadas con diferentes escudos y blasones de las familias más adineradas del pueblo de Alcuéscar en el pasado, dejándose constancia de la historia y nobleza de la villa.

Alcuéscar fue, asimismo, encomienda de la Orden de Santiago. Su nombre procede de cuando la repoblación de los árabes, que llegaron desde aquellas tierras granadinas de Guéscar, para tomar, posteriormente, el prefijo «al», convirtiéndose en Alguéscar. Más tarde, por tanto, pasó a ser Alcuéscar. Una localidad por la que cruza la Vía de la Plata, y que cuenta con un Albergue de Peregrinos, en la Casa de la Misericordia de los Esclavos de María y de los Pobres, que fuera levantada el año 1949 por el sacerdote Leocadio Galán.

De calurosos veranos y suaves invierno existen dehesas, con profundos y frondosos encinares y alcornocales con grandes manchas de encinas jaras, alcornoques, monte bajo así como buenos pastizales.

Entre sus festividades es de reseñar las procesiones de Semana Santa, destacando el paso de La Burrina, acompañado por personas de todas las edades ataviadas con indumentaria hebrea.  Asimismo la noche del Viernes Santo representa para muchos alcuesqueños los momentos más emotivos de la Semana Santa del pueblo. Sobre todo cuando, sobre la media noche, la Virgen de los Dolores, rigurosamente vestida de luto, recorre las calles del pueblo en la procesión de la Soledad. Una procesión en la que se vuelca prácticamente todo el pueblo y con un elevado número de personas acompañando a la imagen con  velas y, también, en medio de un rosario de promesas.

La Jira tiene lugar el lunes de Pascua, en Alcuéscar con toda la población en la Finca Municipal, conocida como la Casa de los Tomates. Se celebra el Día de la Romería junto a una gran algarabía del paisanaje, se instalan los ranchos, se come, se bebe, se canta y, más tarde, se procede a un baile continuado hasta el atardecer. Un momento de gran solemnidad en la vida de la fiesta con la presencia de la Virgen Labradora.

El 1 de Mayo tiene lugar la conmemoración de la Cruz de Mayo. Un día en el que en buena parte del vecindario se alzan altares, primorosamente engalanados, y que reciben las visitas de todos los habitantes de la localidad mientras se procede a la degustación de dulces típicos del pueblo elaborados con un inmenso amor por las vecinas, echando mano del recetario histórico y tradicional de Alcuéscar.

Más tarde, siguiendo el recorrido del calendario festivo, se celebra la Feria de la Tenca y el Vino. Una Feria que, de año en año, gana más adeptos y visitantes de diversos lugares de Extremadura mientras corren los buenos caldos y se saborean las deliciosas tencas de las charcas y humedales como son, por ejemplo, los de la Charca del Cura y el Pantano, Es la tenca, para conocimiento de los lectores de la revista «Folklore», un pez de agua dulce, muy preciado en toda la provincia cacereña y de altos precios en plena temporada, llegando a rivalizar con los pescados más caros del momento.

Con el mes de agosto el municipio de Alcuéscar procede a sacar y a izar la bandera de la Fiesta del Emigrante, un mal endémico que cruza con toda su crudeza la geografía extremeña. Fiestas en honor de tantos y tantos que, en su día, tuvieron que atravesar, entre lágrimas, las lindes municipales para enrolarse en el tren migratorio. Uno de los dramas más relevantes de la historia social y económica de Extremadura, que hoy, sigue perdiendo población en todos sus municipios y grandes ciudades,

Posteriormente en el calendario figuran las Fiestas Patronales en honor de la Virgen del Rosario. Todo el pueblo aparece hermosamente adornado, el paisaje humano se encuentra repleto de mujeres, de jóvenes, de niñas, que se engalanan y lucen los refajos y el traje típico del pueblo, Se aúnan numerosas voces y coros que entonan, preferentemente, la Jota del Candil, se elaboran las típicas y riquísimas roscas de piñonate. Más tarde se lleva a cabo la ofrenda floral, se procesiona a la Virgen con saludos y voces de «¡Viva la Virgen del Rosario!», se procede al tradicional Ramo y todos pujan por ayudar como buenamente pueden a la iglesia.

Una Fiesta que, como en todos los pueblos de la geografía festiva extremeña, se decora con un ornamento variopinto de bailes, encierro de vaquillas, campeonatos diversos, largos paseos, calle arriba, calle abajo, luciendo el traje típico de la localidad y otras manifestaciones festivas.

Por último destaquemos La Chaquetía. Una celebración en la que el vecindario alcuesqueño procede al aprovechamiento de los frutos típicos de la época, como son y resultan las castañas, las nueces, las almendras, las granadas…

A la hora de hacer referencia a los platos típicos de la localidad cacereña de Alcuéscar se encuentran, entre otros, el escabeche de habas, el frite, como es tradicional en toda la región extremeña, en base a las excelentes carnes que se encuentran en la provincia, tanto de cabrito como de cordero y de cerdo.

También hemos de reseñar, en este desfile gastronómico y culinario, las migas, tal cual las elaboran los pastores de aquellos tiempos, y las sopas de tomate, que se suelen acompañar con un sofrito con pimiento y albahaca.

Todo ello, claro es, adobado con buenos y ricos caldos de la localidad. En el panorama de la dulcería sobresalen las roscas de piñonate, en base a la miel, los quesos de almendra, las perrunillas, las flores y las roscas fritas.

Respecto a los hijos ilustres hemos de citar a: Eduardo Hernández Pacheco y Estevan, doctor en Ciencias Naturales, Catedrático de Geología en la Universidad Central de Madrid, creador de la Sociedad de Expansión de la Enseñanza, y autor del Mapa Geológico de España.

También Francisco de Cáceres, que se alistó muy joven en los Tercios Españoles, luchó en Flandes, Nápoles y Norte de Africa, participando, asimismo, en la batalla de San Quintín y embarcándose en 1569, como capitán de la expedición de Diego Hernández Serpa, camino de Venezuela, siendo gobernador de La Grita, y fundador de diversas ciudades como Altamira de Cáceres, actualmente Barinas, Alcántara, Santiago de las Atalayas y otras.

Rafael García-Plata de Osma, escritor y folklorista, articulista especializado en costumbrismo y la más variada temática etnográfica, colaborador de Ramón Menéndez Pidal, que recogiera numerosas coplas, cuentos y romances. Entre sus obras sobresalen «Demosofía extremeña», «La musa religiosa popular», «Coplero de lilas blancas» y otras.

Francisco Huertas y Barrero, licenciado en Medicina regentó el Servicio de Medicina en el Hospital General, al frente del cual permaneció hasta su jubilación, miembro del Real Consejo de Sanidad, Vicepresidente de Sección de la Academia Médico-Quirúrgica, senador, Gran Cruz de Isabel la Católica. Publicó numerosos trabajos de gran relieve  clínico científico, tales como «La erisipela», «Neumonías poco frecuentes», «La pleurotomía», «Corazón y vasos», «La viruela», «La Malaria y su tratamiento», «Terapéutica de los sudores en los tísicos», y otros.

Natividad Gabriel Cañamero (1894-1959), figura en la historia de la localidad altoextremeña como personaje muy popular, organizadora de fiestas y actos religiosos, poetisa, muy devota de la Virgen del Rosario y defensora de la fe. Escribió muchos poemas, «Siembra del Lino», «Honores a mi Pueblo», y uno de especial significado que podría considerarse como el Himno de la villa de Alcuéscar.

De este modo, pues, nos adentramos en la Jota de Alcuéscar, también conocida como «Jota del Candil».

La «Jota de Alcuéscar», en la provincia de Cáceres, también conocida en la Alta Extremadura como «Jota del Candil», se conforma como una de las danzas folklóricas de mayor relieve en la provincia. Una jota típica y popular que hoy divulgan, prácticamente, todos los grupos de Coros y Danzas. He aquí su curiosa historia.

Por circunstancias que parecen desconocerse, no existía una danza popular típica, propia del municipio, que expresara el sentir colectivo entre jotas y bailes, arrancando decenas de años atrás. Tal como se han ido recogiendo a lo largo del tiempo, afortunadamente, en todos los pueblos extremeños, gracias al empeño y el trabajo de prestigiosos folkloristas e investigadores como Manuel García Matos, Angelita Capdevielle, Domingo Sánchez Loro y Valeriano Gutiérrez Macías, entre otros.

En este sentido es de señalar que un buen día Natividad Gabriel Cañamero, mujer dinámica y defensora de la sensibilidad de las tradiciones y los valores del pueblo, quiso recoger el mejor sentir de las gentes de la tierra a través de la hondura y raigambre de las gentes alcuesqueñas y entrelazándolos con la patrona del municipio.

Hasta donde hemos podido conocer, la jota tiene su origen en el año 1952, con motivo de la inauguración de la ermita Redonda,  que se construyó en honor de la Virgen de Fátima. Por lo que la «Jota del Candil» se estrenó, de forma oficial, cuando se inauguró y bendijo la ermita.

Con esos ingredientes un buen día se difundió por el pueblo su poesía titulada «Jota del Candil, que, en el correr de los tiempos, se transformaría, curiosamente, por un lado como una representación emblemática de la localidad, por otro, en lo que se ha dado en llamar como himno de Alcuéscar, y, asimismo, casi como, a través de un fenómeno sorprendentemente llamativo, en una de las jotas más populares de la provincia de Cáceres.

Y lo que aún resulta más importante: abrirse un hueco de relieve entre un repertorio de llamativa relevancia como son «El Redoble», jota dieciochesca cacereña, «El pollu», de Montehermoso, la «Jota de Guadalupe», «El Perantón», de Zarza de Granadilla, «La Vitorina», entre otras muchas, que enriquecen, al medio del ritmo entre bandurrias, laudes, guitarras, botellas raspadas con cucharas, flautas, tamboriles, castañuelas, panderetas, la magnitud del folklore altoextremeño.

Como la historia va por partes, y con ese hilo argumental, Natividad quiso escoger ese aire que imprimían en aquellos entonces los mozos del pueblo cuando acudían al baile con un candil con el que se alumbraban tanto en la calle como en el baile en medio del jugueteo de las sombras de la vela, a través de una imagen de entonces. Mozos que acudían con una capa entre los fríos invernales.

Asimismo la autora, llevada de una gran capacidad imaginativa, introdujo en la esencia de la poesía una muy original y curiosa estampa, como es la que surge y emana, en determinados momentos de la danza, entre mozos y mozas, al detenerse la ejecución e interpretación de la misma.

Entonces los bailaores y las bailaoras de la «Jota del Candil» se reúnen por separado, para charlar de sus asuntos, hasta que, poco después, los muchachos se arrancan, de uno en uno, a las jóvenes para expresarle, a través de una coplilla, requiebros o piropos cuajados de sentimientos y amores que producen curiosidad, sorpresa y admiración por parte de los que contemplan la más que curiosa escena tradicional, folklórica y amorosa. Dichas coplillas o piropos son conocidos, popularmente, como «bombas».

Tras unas «bombas», la mayoría de corte picaresco o «picante», como se suele expresar, se reanuda el baile, siempre alegre y variado. Las mozas y los mozos se sonríen alegremente, denotándose la complicidad entre ellos, mientras las miradas de unos y otras, de otras y unos, van encaminadas a esas relaciones que salen del alma de los bailaores.

Finalizadas las bombas», el coro y los músicos solían gritar: «¡Venga, que lo bailen!». Y, también: «A ver, aquel que tenga el sombrero quitao, que se le ponga! Venga a bailarlo».

Entonces volvían a sonar los acordes musicales y se reanudaba la «Jota del Candil», de Alcuéscar, entre el alegre sonar de los acordes musicales y las risueñas voces de los componentes de los coros y danzas y agrupaciones folklóricas.

Posteriormente se vuelve a detener la danza  y se producen nuevos piropos….

El pueblo de Alcuéscar tiene (bis)
un orgullo bien fundado,
porque tiene de patrona
a la Virgen del Rosario

(Estribillo)
Dicen los segadores
que van segando,
quien bebiera tu agua
Fuente´l Castaño,
Fuente´l Castaño, niña,
Huerta la Orden,
para estar más cerquita
de mis amores

Brilla la ermita redonda (bis)
como el anillo en el dedo,
que va lleno de diamantes,
más brilla la Virgen dentro

Dicen los segadores, niña chiquita,
quien estuviera cerca de aquella ermita.
De aquella ermita, niña, de aquella ermita,
pa´ rezarle el rosario a la Virgencita

¡Bomba!

En nuestro pueblo de Alcuéscar
se crían buenas mozas,
humildes y trabajadoras
como manojos de rosas.

¡Bomba!

Aunque tu madre te esconda
debajo de una baldosa,
mañana por la mañana
te tomaré por esposa.
¡Que baile!

Va subiendo por la cuesta (bis)
a la cima del Calvario,

la que apareció en la ermita
con el Rosario en la mano.

(al estribillo)

¡Bomba!

Siempre te he de querer
con amor y con dulzura,
porque tú eres la mujer
más guapa de Extremadura
¡Que baile!

Va subiendo por la cuesta (bis)
a la cima del Calvario,
la que apareció en la ermita
con el Rosario en la mano.

Dicen los segadores, niña chiquita,
quien estuviera cerca de aquella ermita.
De aquella ermita, niña, de aquella ermita
pa´ rezarle el rosario a la Virgencita

El pueblo de Alcuéscar tiene (bis)
un orgullo bien fundado,

porque tiene por patrona

a la Virgen del Rosario

Ya con la poesía, aplaudida por todo el pueblo, Natividad la estudió junto al coadjutor de entonces, y para la que Pedro Cámara y Quico Gil, bajo la coordinación del sacerdote Leocadio Galán Barrena, natural de la localidad pacense de Calamonte, que se incorporó al pueblo en 1932, compusieron la música. Interpretada y adaptada con la forma de llevar a cabo una música de aire folklórico, alegre y con mucho ritmo.

Pedro Cámara, Quico Gil y don Leocadio –que fuera fundador de la Casa de Misericordia “Los Esclavos de María y de los pobres”—acogieron el encargo con todo cariño, se comprometieron con el mayor empeño y se volcaron con la «Jota del Candil». Como consecuencias, la obra salió adelante.

Posteriormente, con las cátedras ambulantes de la Sección Femenina, y en base a los pasos y ejecuciones de otras danzas típicas de la provincia, se fue dando pie y vida, paulatinamente, poco a poco a la «Jota del Candil». De este modo, con los mozos y mozas ataviados con la indumentaria popular se perfeccionó y elaboró lo que, hoy, se conforma como una danza popular extremeña de gran calado, belleza y ritmo.

Señalemos, asimismo que con el paso del tiempo, y al formar parte dicha jota del repertorio folklórico de agrupaciones de la entidad como la de los Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres, dirigidos por Angelita Capdevielle, y, más tarde, por Pepi Suárez, se fueron incrementando las  «bombas» o piropos.

De tal forma que ya, allá por los años sesenta, se lanzaban y escuchaban otras como:

Morenita,

te quise desde que supe

que morena es

la Virgen de Guadalupe.

O:

¿Fuiste tú la que metiste

a San Antonio en un pozo

y le diste de zambullías

hasta que te sacó novio?

O:

Aunque hogaño no aiga trigo,

ni tampoco sementera,

yo me casaré contigo,

quiera tu madre o quiera.

O:

Cuando llegará el día

y aquella feliz mañana

en que nos traigan a los dos

el chocolatito a la cama.

O:

Eres como el pino verde

que arriba tiene la copa,

eres como el caramelo

que se deshace en la boca.

O:

Cacereña,

campesina,

eres la mujer más fina,

que Dios ha plantado en la tierra.

O:

Tengo un canario en mi casa,

que canta cuando te nombro,

mira si te nombraré veces…,

que mi canario está ronco

y tú no te lo mereces.

O:

Con un pie en el umbral

y otro en el tejao

mira si por tu querer

yo ando espatarracao.

O:

Eres chiquita como almendra,

maura,

la muchacha ma bonita

que pasea por Ehtremaura.

O:

La madre que te parió

tuvo que ser pastelera.

porque un bombón como tú

no lo fabrica cualquiera.

O:

Eres alta y buena moza,

como junco de ribera,

la muchacha más bonita

que pasea por Higuera.

O:

Cuando paso por tu casa

me dí un fuerte tropezón,

y no fuiste pa decirme:

Levántate, corazón.

O:

Morena, yo quisiera sel

la cinta de tu mandil,

pa ceñilmi a tu cuelpu

sin poelu resiltí.

O:

Aunque estás por tu hermosura

siendo el antojo de muchos,

si no te casas conmigo

no te casas con ninguno.

O:

Eris alta y güena moza,

como ramuju e retama,

la muchacha más guapina

d´entri todas las serranas.

O:

Quiera tu madre o no quiera

te la tengo que meter,

la media por la pierna

y el zapato por el pie.

O:

El diablo son los hombres,

suelen decir las mujeres,

pero toas están deseando

que er diablo se las lleve.

Las “bombas” representan por su curiosidad y peculiaridad, dentro de las danzas típicas y populares de Extremadura, una particularidad muy específica de la misma.

Como añadido y anécdota hemos de señalar  que en algunos viajes de los que realizaba dicho grupo folklórico a poblaciones del país hermano de Portugal, algunas de estas “bombas” se expresaban en el idioma luso. Como ejemplo podemos citar la siguiente:

Eres como o piñeiro verde

que ensima ten a copa,

eres como o rebosado

que se desfa na boca…

Lo que, como es de suponer, provocaba el jolgorio y el aplauso de los espectadores portugueses ante el lanzamiento de las «bombas» de la «Jota del Candil».

Asimismo es de especificar que en la historia de la «Jota de Alcuéscar”, se encuentran otras numerosas  «bombas», o piropos, como, por ejemplo, el que dice:

Quisiera una argolla

donde cuelgas el candil,

para verte desnudar

y para verte vestir.

O:

La Virgen de Guadalupe

tiene la cara triste,

por ti, extremeña bonita,

que el corazón le partiste.

O:

Yo no paso por tu puerta

ni aunque me lo mande el cura,

porque temo más a tu padre

que a un toro de Miura.

O:

Debajo del delantal

tienes un conejo vivo,

aquí tengo la escopeta,

si quieres le pego un tiro.

O:

Cómo le gusta a tu madre

que te venga a rondar,

que te traigo cacahuetes

y se come la mitad.

O:

Si quieres que vaya a verte

ponle a tu perro cadenas,

que ayer tarde me mordió

por ver tu cara morena.

Asimismo hemos de dejar constancia de que la Cruz del Calvario, como se denominaba al Cerro, un icono para todo el paisanaje alcuesqueño, fue subida hasta el mismo en un carro tirado por bueyes.

Una cruz que, igualmente, se alza hacia los cielos como un icono de relevancia en la localidad cacereña de Alcuéscar.

NOTA: Con información de Eufemia Burdallo, presidenta de la Agrupación Folklórica Virgen del Rosario y Lola Silva, Página Web Ayuntamiento de Alcuéscar y Página web Folklore Extremeño.

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CARTELES FERIALES CACEREÑOS DE AQUELLOS TIEMPOS…

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Por aquellos tiempos en Cáceres, como en numerosas ciudades españolas, los pintores, que diseñaban los carteles de las Ferias y Fiestas, solían crear unas preciosas composiciones entre elementos típicos, folklóricos, histórico-artisticos y feriales.

Lo que manifestaban en sus obras de arte con curiosos dibujos con iconos representativos de Cáceres, como los que convergen en la Ciudad Antigua o Vieja. Tal cual se la denominaba. ¡Cuánto sabor en los carteles feriales…!
 
Del mismo modo los autores de los carteles feriales ofrecían una señalada muestra de la indumentaria tradicional y típica de hombres y mujeres de las poblaciones respectivas, de forma tan bella como la de nuestros trajes populares. De tanta raigambre, de tanto sabor, de tanta hondura en todos los elementos que conforman el dibujo artístico y, a la vez, ferial… Y elaborados, paulatinamente, por generaciones esforzadas y precedentes, en el correr de los tiempos…
 
Lo mismo que dejaban constancia de esos alegres, vivos y multicolores elementos de la feria, siempre ilusionantes, para chicos y mayores:
Caballitos, norias, guirnaldas, los guiñoles de la compañía de Maese Villarejo con aquel ídolo, Gorgorito al frente, casetas de tiro, coches de choque, circos, tómbolas, la atracción de los espejos, los gigantes y cabezudos a los sones del tamboril y la flauta con Vidal siempre Vidal, desparramando manantiales de jotas cacereñas: «El Redoble«, «Virgen de Guadalupe«, «Qué bonitas son las cacereñas«, que todos acompasaban con palmas, que recorrían las principales calles de la ciudad y arropados, siempre, también, por un puñado de chicuelillos entre saltos y risas festivas.
 
Ferias inmensas, las de aquellos tiempos, de los años cincuenta, de los años sesenta, apelmazadas ahora en el libro, en el álbum de la historia, que se fueron yendo, poco a poco, empujadas por los nuevos tiempos, por los derroteros del silencio, por los páramos de las estampas que ya, difícilmente, se podrán recuperar… 
Lo que, aunque no lo comprendemos, tendremos que hacer un esfuerzo, desde el campo de la nostalgia, porque las Ferias y Fiestas, como todo, va pasando poco a poco, lentamente, paso a paso…
 
Estampas sencillamente inmensas, eso sí, sencillamente inmensas, de una inmensa colección de carteles feriales  cacereños, generosa y esforzadamente diseñados durante largo tiempo por maestros pintores de la tierra como los de Burgos Capdevielle, como Tori, como Emilio Macias, como Eulogio Blasco, como Victoriano Martínez Terrón, que dejaron su elegancia artística, su imaginación por la panorámica de la cartelería ferial, su hondura cacereña en todo ese inmenso mundo que se escenifica el colorido ferial…
¡Qué belleza de carteles, qué armonía, que emoción ahora que pasamos la vista atrás por el Archivo de las Estampas de los Carteles Feriales y que, claro es, como la hoja roja de los antiguos libritos de papel de fumar, por ahí se anda…!
¿Los carteles de las Ferias y Fiestas del Cáceres de Aquellos Tiempos? ¡No, no, eso nunca…!
Los carteles siempre quedan pegados, como decíamos de niños, en los escaparates de las ilusiones, y, ahora, de los adioses, en los archivos, en las hemerotecas junto a aquellas pinceladas, tan repletas de amor cacereño, que iban pintando, a lo largo de muchos días y horas, aquellos maestros que firmaban los carteles galardonados con el lujo de ser la imagen soñada por toda la capital cuando tocaban a Ferias y Fiestas… Las de siempre, de mayo… También, durante un puñado de años, las de septiembre, que se conocían como las de San Miguel…
¡Qué hermosura de carteles, siempre vivos, que transcienden de aquellas tan memorables en las vidas de aquellos cacereños de aquellos tiempos…!

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TRAJE TIPICO DE CACERES (AÑOS 20)

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La riqueza y variedad de la Indumentaria Tradicional y Popular de Cáceres se conforma de una extraordinaria hermosura. Hoy, una vez más, nos encontramos con la excepcional belleza de una muestra de relieve en el panorama típico y folklórico cacereño.

Se trata de una genuina y representativa lámina que se corresponde con una colección llevada a cabo en los años veinte del pasado siglo, alrededor de la diversidad en el amplio muestrario que se ofrece, a lo largo de las páginas de Vestimenta Típica y Popular, dentro de la historia Tradicional de los Pueblos y Municipios de Cáceres.
Todos ellos, los trajes, de muy diversas muestras existentes a lo largo y la ancho de la piel de toro que configuran los pueblos y municipios de toda España.
De manifiesta riqueza, de sorprendente hermosura, que se fue configurando en base al esfuerzo, a la imaginación, a la creatividad de las generaciones precendentes, que nos dejaron un inmenso legado.
Legado que, como representación de nuestros pueblos, debiera figurar, como sugerencia histórico-tradicional y popular-cultural en lugares emblemáticos de nuestros municipios y ciudades.
En la inmensidad de ese legado sorprende encontrarse con estampas de manifiesto y relevante calado con la que podemos apreciar en este muestrario documental. Una preciosa estampa de uno de los Trajes Típicos de Cáceres.
DEDICATORIA: A Juan Jesús Sánchez, prestigioso investigador folklórico de Extremadura.

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LA JOTA DE ALCUESCAR

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La «Jota de Alcuéscar», también conocida en la Alta Extremadura como «Jota del Candil», se conforma como una de las danzas folklóricas de mayor relieve en la provincia de Cáceres. Una jota típica y popular que hoy divulgan, prácticamente, todos los grupos de Coros y Danzas. He aquí su curiosa historia.

 

La Virgen del Rosario, patrona de Alcuéscar, tiene un orgullo bien fundado....

La Virgen del Rosario, patrona de Alcuéscar, tiene un orgullo bien fundado….

Por circunstancias que parecen desconocerse, no existía una danza popular típica, propia del municipio, que expresara el sentir colectivo entre jotas y bailes, arrancando decenas de años atrás. Tal como se han ido recogiendo a lo largo del tiempo, afortunadamente, en todos los pueblos extremeños, gracias al empeño y el trabajo de folkloristas como Manuel García Matos, Angelita Capdevielle, Domingo Sánchez Loro o Valeriano Gutiérrez Macías.

En este sentido es de señalar que un buen día Natividad Gabriel Cañamero (1894-1959), una mujer dinámica y defensora de la sensibilidad de las tradiciones y los valores del pueblo, poetisa, devota de la patrona de la localidad, la Virgen del Rosario, quiso recoger el mejor sentir de las gentes de la tierra a través de la hondura y raigambre de las gentes alcuesqueñas y entrelazándolos con la expresión que dicta en el pueblo, como en todos, la patrona.

Aunque, hasta donde hemos podido conocer, la jota tiene su origen en el año 1952, con motivo de la inauguración de la ermita Redonda,  que se construyó en honor de la Virgen de Fátima. Por lo que la «Jota del Candil» se estrenó, de forma oficial, cuando se inauguró y bendijo la ermita.

Con esos ingredientes un buen día se difundió por el pueblo su poesía titulada “Jota del Candil”, que, en el correr de los tiempos, se transformaría, curiosamente, por un lado como una representación emblemática de la localidad, por otro, en lo que se ha dado en llamar como himno de Alcuéscar, y, asimismo, casi como, a través de un fenómeno sorprendentemente llamativo, en una de las jotas más populares de Cáceres y que hoy llevan en su repertorio una gran parte de las agrupaciones folklóricas de Coros y Danzas de la provincia y de la región.

Y lo que aún resulta más importante: abrirse un hueco de relieve entre un repertorio de llamativa relevancia como son “El Redoble”, jota dieciochesca cacereña, “El pollu”, de Montehermoso, la “Jota de Guadalupe”, “El Perantón”, de Zarza de Granadilla, “La Vitorina”, entre otras muchas, que enriquecen, al medio del ritmo entre bandurrias, laudes, guitarras, botellas raspadas con cucharas, flautas y tamboriles, la magnitud del folklore altoextremeño.

Como la historia va por partes, y con ese hilo argumental, Natividad quiso escoger ese aire que imprimían en aquellos entonces los mozos del pueblo cuando acudían al baile con un candil. Con el que alumbrarse tanto en la calle como en el baile con los claroscuros propios de las luces y las sombras de la vela, a través de una imagen de entonces. Mozos que acudían con una capa entre los fríos invernales.

¡Bombaaaaaaaa...!

¡Bombaaaaaaaa…!

Asimismo la autora, llevada de una gran capacidad imaginativa, introdujo en la esencia de la poesía una muy original y curiosa estampa, como que, en determinados momentos de la danza, entre mozos y mozas, se detuviera la ejecución e interpretación de la misma.

Entonces los bailaores y las bailaoras de la «Jota del Candil» se reúnen por separado, para charlar de sus asuntos, hasta que, pocos segundos después, los muchachos se arrancan, de uno en en uno, a las jóvenes para expresarle, a través de una coplilla, unos piropos, cuajados de sentimientos y amores que producen curiosidad, sorpresa y admiración por parte de los que contemplan la más que curiosa escena tradicional, folklórica y amorosa.

Tras unas «bombas«, se reanuda el baile, siempre alegre y variado. Las mozas y los mozos se sonríen alegremente, como denotándose la complicidad entre ellos, mientras suenan las castañuelas y las miradas de unos y otras, de otras y unos, van encaminadas a esas relaciones que salen del alma de los bailaores.

Finalizadas las «bombas», el coro y los músicos solían gritar: «¡Venga, que lo bailen!«.

Entonces volvían a sonar los acordes musicales y se reanudaba la «Jota del Candil«, de Alcuéscar, entre el alegre sonar de los acordes musicales y las risueñas voces de los componentes de los coros y danzas y agrupaciones folklóricas.

Posteriormente se vuelve a detener la danza y se producen nuevos piropos….

He aquí la letra de la «Jota del Candil«:

El pueblo de Alcuéscar tiene (bis)

un orgullo bien fundado,

porque tiene de patrona

a la Virgen del Rosario.

(Estribillo)

Dicen los segadores

que van segando

quien bebiera tu agua

Fuente´l Castaño.

Fuente´l Castaño, niña,

Huerta la Orden,

para estar más cerquita

de mis amores.

(Estribillo).

Brilla la ermita Redonda (bis)

como el anillo en el dedo

que va lleno de diamantes,

más brilla la Virgen dentro.

Dicen los segadores, niña chiquita,

quien estuviera cerca de aquella ermita

de aquella ermita. Niña, de aquella ermita

p´a rezarle el rosario a la Virgen bendita-

¡Bomba!

En nuestro pueblo de Alcuéscar

se crían buenas mozas,

humildes y trabajadoras

como manojo de rosas..

Aunque tu madre te esconda

debajo de una baldosa

mañana por la mañana

te tomaré por esposa.

¡Que baile!

Va subiendo por la cuesta (bis)

a la cima del Calvario,

la que apareció en la ermita

con el Rosario en la mano.

(al estribillo)

¡BOMBA!

Siempre te he de querer

con amor y con dulzura,

porque tu eres la mujer

más guapa de Extremadura.

¡Que baile!

Va subiendo por la cuesta (bis)

a la cima del Calvario,

la que apareció en la ermita

con el Rosario en la mano.

Dicen los segadores niña chiquita

quien estuviera cerca de aquella ermita,

de aquella ermita niña, de aquella ermita

pa´ rezarle el rosario a la Virgencita.

El pueblo de Alcuéscar tiene (bis)

un orgullo bien fundado

porque tiene por patrona

a la Virgen del Rosario.

El airecito que viene

de la peña de la flor

pasa por aquí diciendo

—  Allá abajo ya llovió.

O:

El día que yo me vaya

las calles viejas d´Alcuéscar

llorarán de sentimiento

para tener quién las divierta.

O:

En Arroyomolinos

andan las cabras,

en la villa de Alcuéscar

las buenas muchachas.

O:

En la iglesia de Alcuéscar

entre cristales

hay dos vírgenes chicas

con ojos grandes.

O:

Tiene la torre de Alcuéscar

una cachuelita blanca

y un reloj que está mirando

por las calles más altas.

Brilla la ermita redonda...

Brilla la ermita redonda…

Ya con la poesía, aplaudida por todo el pueblo, Natividad la estudió junto al coadjutor de entonces, y para la que Pedro Cámara y Quico Gil, bajo la coordinación del sacerdote Leocadio Galán Barrena, natural de la localidad pacense de Calamonte, que se incorporó al pueblo en 1932, compusieron la música. Interpretada y adaptada con la forma de llevar a cabo una música de aire folklórico, alegre y y con mucho ritmo.

Pedro Cámara, Quico Gil y don Leocadio –que fuera fundador de la Casa de Misericordia “Los Esclavos de María y de los pobres”—acogieron el encargo con todo cariño, se comprometieron con el mayor empeño y se volcaron con la «Jota del Candil«. Como consecuencias, la obra salió adelante.

Posteriormente, con las cátedras ambulantes de la Sección Femenina, y en base a los pasos y ejecuciones de otras danzas típicas de la provincia, se fue dando pie y vida, paulatinamente, poco a poco a la “Jota del Candil”, y de este modo, con los mozos y mozas ataviados con la indumentaria popular se perfeccionó y elaboró lo que, hoy, se conforma y considera como una danza popular extremeña de gran calado, belleza y ritmo.

Señalemos, asimismo que con el paso del tiempo, y al formar parte dicha jota del repertorio folklórico de agrupaciones de la entidad como la de los Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres, dirigidos por Angelita Capdevielle, y, más tarde, por Pepi Suárez, se fueron incrementando las bombas o piropos.

De tal forma que ya, allá por los años sesenta, se lanzaban y escuchaban otras bombas como:

Morenita,

te quise desde que supe

que morena es

la Virgen de Guadalupe.

O:

¿Fuiste tú la que metiste

a San Antonio en un pozo

y le diste de zambullías

hasta que te sacó novio?

O:

Aunque hogaño no aiga trigo,

ni tampoco sementera,

yo me casaré contigo,

quiera tu madre o quiera.

O:

Eres como el pino verde

que arriba tiene la copa,

eres como el caramelo

que se deshace en la boca.

O:

Cacereña,

campesina,

eres la mujer más fina,

que Dios ha plantado en la tierra.

O:

La madre que te parió

tuvo que ser pastelera.

porque un bombón como tú

no lo fabrica cualquiera.

Las «bombas» representan por su curiosidad y peculiaridad, dentro de las danzas típicas y populares de Extremadura, una particularidad muy específica de la misma.

Como añadido y anécdota hemos de señalar  que en algunos viajes de los que realizaba dicho grupo folklórico a poblaciones del país hermano de Portugal, algunas de estas bombas se expresaban en el idioma luso. Como ejemplo podemos citar la siguiente:

Eres como o piñeiro verde

que ensima ten a copa,

eres como o rebosado

que se desfa na boca…

Lo que, como es de suponer, provocaba el jolgorio y el aplauso de los espectadores portugueses ante la ejecución de la «Jota del Candil«, de la localidad cacereña de Alcuéscar.

Asimismo es de especificar que en la historia de la «Jota de Alcuéscar», se encuentran numerosas «bombas«, o piropos, como, por ejemplo, el que dice:

Quisiera una argolla

donde cuelgas el candil,

para verte desnudar

y para verte vestir.

La Cruz del Calvario alzándose hacia los cielos de Alcuéscar...

La Cruz del Calvario alzándose hacia los cielos de Alcuéscar…

Finalmente dejemos constancia de que la Cruz del Calvario, como se denominaba al Cerro, un icono para todo el paisanaje alcuesqueño, fue subida hasta el mismo en un carro tirado por bueyes.

NOTA: Mi mayor agradecimiento a Eufemia Burdallo, presidenta de la Agrupación Folklórica «Virgen del Rosario«y a Lola Silva, por su extraordinaria colaboración en la elaboración de este ensayo alrededor de la historia de la «Jota de Alcuéscar«, también conocida por todos como «Jota del Candil«.

<a rel=»license» href=»http://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/»><img alt=»Licencia de Creative Commons» style=»border-width:0″ src=»https://i.creativecommons.org/l/by-nc/4.0/88×31.png» /></a><br /><span xmlns:dct=»http://purl.org/dc/terms/» property=»dct:title»>LA JOTA DE ALCUESCAR</span> by <a xmlns:cc=»http://creativecommons.org/ns#» href=»http://juandelacruzgutierrez.es/la-jota-de-alcuescar» property=»cc:attributionName» rel=»cc:attributionURL»>JUAN DE LA CRUZ GUTIERREZ GOMEZ</a> is licensed under a <a rel=»license» href=»http://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/»>Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License</a>.

 

 

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CARTEL DE LAS FERIAS DE CACERES, 1945

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La colección de Carteles de las Ferias y Fiestas de Cáceres se conforma como toda una maravilla, una geografía del color y de la belleza, con numerosas creaciones de artistas cuajadas de una extraordinaria sensibilidad y esencia. Todo un tesoro en la historia de Cáceres.

Cartel de las Ferias de Cáceres de 1945, por Lucas Burgos Capdevielle.

Cartel de las Ferias de Cáceres de 1945, por Lucas Burgos Capdevielle.

El cartel de las Ferias cacereñas, que hoy traemos a estas páginas, se corresponde con el del año 1945, en que el pintor, dibujante y caricaturista cacereño Lucas Burgos Capdevielle (Casar de Cáceres, 1896-Cáceres, 1969), nieto del prestigioso y bohemio fotógrafo francés François Capdevielle y sobrino de Angelita Capdevielle, se alzó ganador en el concurso para el cartel anunciador de las mismas.

Lo que logró con estas bellísima estampa que podeis ver, cruzada del hermoso colorido del traje típico de Montehermoso, tan admirado siempre en todas partes, en base a su belleza histórica y riqueza que configuran el mismo, con ese color sepia ancestral y tamizado por Lucas Burgos que se despliega con la presencia del tamborilero y flautista y una buena parte del decorado del cartel. Y, claro es, también ese espectacular fondo como el que representa la Plaza de Toros.

Todo un cartel de extraordinaria fuerza y poderío, imaginativo en su composición y en sus tonalidades, que debemos de imaginar que causaría honda sensación al lucirse el mismo en los escaparates de los comercios cacereños y en los programas de mano tan frecuentes en aquellos tiempos.

Un juego de luces y de sabor, de colorido y finos pinceles, de elegancia y de creatividad, tan profundo como llamativo, fruto de la imaginación, inteligencia y cacereñismo de nuestro siempre querido Lucas Burgos, uno de los más cualificados pintores cacereños, con una semblanza y trayectoria de gran calado y notorio relieve en la ciudad de Cáceres..

Luquita, como era conocido popular y cariñosamente en toda la ciudad, aprendió de la mano de personalidades como Tomás Martín Gil y Gustavo Hurtado, colaboró en periódicos como «La Montaña«, «El Noticiero«, «Informaciones«, la revista «La Unión Hispanoamericana» y otros. y, que, poco a poco, iría compaginando con su propia reflexión pictórica que iba surgiendo, siempre, en base a un más que esmerado trabajo e imaginación para plasmar sus armónicas y bellas estampas…

Entre su rigor artístico, su capacidad creativa y su bonhomía, hizo los Madriles, un sueño de conquista y aventura juvenil, petate al hombro, y compartiendo tertulia con personajes de la talla como son los de Pedro Muñoz Seca, Wenceslao Fernández Flores o Ramón María del Valle Inclán, hasta el punto de que el escritor e investigador cacereño Valeriano Gutiérrez Macías llegara a escribir y dejar constancia expresa acerca de la obra de Lucas señalando que «su arte exquisito fue la mejor embajada en la capital de España«.

Con los caminos del triunfo paulatino por el escenario en Madrid le llamaba, sin embargo, de una forma melancólica y humana, como él mismo apuntase, el paisaje urbano y capitalino de Cáceres, que siempre estaba en su alma, las caras amigas, las calles de la ciudad entre los paisanos, las tertulias, el sosiego y el reposo de las pequeñas ciudades. Por lo que, tras un debate consigo mismo, un día cualquiera, de aquella, su estancia en Madrid, decidió de una vez por todas preparar las maletas del retorno y asentarse en su lugar de siempre, tras aquella soñadora aventura que abordó… Le podía Cáceres, sobremanera, y por encima de todo.

Lucas Burgos Capdevielle fue profesor en la Escuela de Maestría Industrial, también en el Colegio San Antonio de Padua, pintor inveterado y permanente, caricaturista de maestría, buena gente, amigo, buena gente, con obra y destacada muestra suya, hoy, en el cacereño Museo Pedrilla, y que presta su nombre a una calle de la ciudad.

 

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DANZAS POPULARES DE CACERES

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Manuel García Matos, Plasencia 1912-1974, ha sido uno de los máximos exponentes del folklore cacereño en el transcurso de una vida entregada por completo a las canciones y danzas de la Alta Extremadura, de la región y de España.

Portada de la publicación "Danzas Populares de Extremadura", de Manuel García Matos, en 1964

Portada de la publicación «Danzas Populares de Extremadura», de Manuel García Matos, en 1964

Manuel García Matos, un extremeño ejemplar, se inició desde muy pronto en la investigación del folklore popular, las tonadas, las jotas, las coplas, los romances, las indumentarias típicas, los instrumentos musicales, las danzas populares de Cáceresy que corrían el riesgo de perderse en el abandono si nadie se entregaba a su recopilación.

Una labor que hemos de agradecer, fervientemente, al dinamismo y al esfuerzo y al enorme sacrificio llevado a cabo por Manuel García Matos, a lo largo de muchos años, que se dejó, para mayor empeño, el alma en el camino, recorriendo multitud de senderos, de aldeas, de pueblos, de caminos, en busca de unas notas musicales, de unos cantos entonados por ancianos, de unas coplas que arrancaba y extraía, con su generosidad habitual, a todos, de unas vestimentas e indumentarias típicas y populares, de unos pasos de danzas, de una coreografía sacada de los baúles ancestrales de la memoria y apilados tanto en el paso del tiempo como casi, casi, en el rincón del olvido.

Un mérito de innegables virtudes y gracias al que, junto a otros esmerados estudiosos e investigadores, que se dejaron, asimismo, el pellejo en el camino para revitalizar las más hondas esencias del panorama folklórico de Extremadura. Unas canciones y unas danzas que se pudieron recuperar cuando las mismas ya casi se encontraban en estado preagónico

Fundador de la Coral Placentina. de los Coros Extremeños de Plasencia, flautista y tamborilero, músico, viajero infatigable por los pueblos y caminos de España, Premio Nacional de Folklore en 1945 y con toda una larga serie de cargos, de tareas, de responsabilidades, dse cometidos, de artículos y de publicaciones que hoy se almacenan, afortunadamente, en lugares de relieve.

Recopilador de decenas de canciones extremeñas como “El Pájaro ya voló”, “Abre la ventana”, “Santu Pablo”, “Quintos de hogaño”, “Que sonaba la campanillina”, “Aquel pino que está en el pinar”, “El epitalamio”, y bailes y danzas como el “Baile del Pollo y la Pata”, “Las Jotas Cruzadas”, “La Vitorina”, “La Pandereta”, «El Malandrín«, “La Jota del Candil”, “Las Rondeñas”, “Sones brincaos”, “El Pindongo”, “Sones llanos”…

Inclusive Valeriano Gutiérrez Macías, en una apuesta de gran acierto, llega a calificar al profesor y musicólogo Manuel García Matos como un Gerifalte Extremeño.

En el año 1964 Manuel García Matos, autor, asimismo, de la «Antología del Folklore Musical Español» y del «Cancionero Popular de la Provincia de Cáceres«, lanzó su publicación «Danzas Populares de Extremadura«, con la preciosa fotografía, de tonalidades y colores ligeramente desvaídos, como se aprecian en la misma, pero que le imprimen, a la vez, de una mayor belleza.

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LA ORQUESTA CON SU ANIMADOR (POZUELO DE ZARZON)

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Tiempo de Fiesta en la localidad cacereña de Pozuelo de Zarzón. Se celebra el Día de la Patrona, la Virgen de la Encina, en la ermita del pueblo, Santa María de nombre, a kilómetro y medio de distancia de la población… Y con su Orquesta y animador, como debe de ser. 

 

Una festividad, en el municipio de Pozuelo de Zarzón, que como sucede en todas partes, se cuaja de bullicio llamando a la participación de todos los lugareños y hasta de los foráneos que se acercan hasta la villa. Los mayores se llegan hasta la ermita, a lomos de los burros, con las cestas de mimbre y calderos repletos con la comida y la bebida, a fin de darle darle gusto al cuerpo, mientras que los más jóvenes, plenos de vitalidad, lo hacen caminando, entre canciones, saltos, chanzas y alientos de unos a otros, acompañando a la Virgen y echando la bandera de rodillas, cuajando sus artes en esa competición folklórico-artística que, de siempre, acaecen en tantas modalidades. Eso sí, la Orquesta, siempre, con su animador.

La Fiesta, que tiene lugar allá, cuando llega el segundo lunes posterior al domingo de Resurrección, hay procesión hasta la ermita, con las pujas correspondientes y la celebración de la misa. Siempre, claro es, con el Canto típico del Ramo por parte de las mozas municipio.

En el programa, entre los actos religiosos, festivos y profanos, en medio de la mayor hondura y diversión, diríase que por parte de todo el pueblo cacereño, también, claro, sobresalen, y con qué fuerza los bailes populares, con las jotas y las charrás.

Con los participantes ataviados con los trajes típicos. En las mujeres: «Medias bordadas, zapatos negros, sayas de paños de colores y bordadas, mantones negros, mandiles con encajes y lentejuelas, jubón de seda, pañuelos de los hombros de cien colores, cobija a la cabeza…».zapatos negros de paño, jubón de seda, pañuelos de cien colores…».

Y los mozos: «Calzón corto o bombacho, polainas de paño o medias negras bordadas, chaleco con doble botonadura artística, faja de paño de color, sombrero…».

… Y, camino de la festividad, allá que marcha, como señala con extrema y llamativa curiosidad y detalle, el pie de la fotografía, «La Orquesta con su animador», a los acordes y el ritmo de la flauta y el tamboril, tan cacereños, que darán rienda suelta para que la mocedad se explaye con los aires populares y típicos de la localidad olivarera por excelencia.

Que tras la función religiosa, el cuerpo, posteriormente, se expanda y relaja, y. dan paso a una buena comida donde no han de faltar los sabrosos pinchos de chorizo y queso de la tierra. Y, si hay suerte, habrá, luego, migas con manteca, caldo de patata, gazpacho de poleo, moje de aceitunas… Y para que la comida pase sin problema por el gaznate abajo, se echa mano del roscotel. Un rico compuesto de vino, azúcar, zumo de limón, agua y huevos…

Que las campanas, amigos tocan a diversión, en honor de las fiestas de la Patrona, y hay que incrustarse en el espíritu festivo costumbrista y popular de Pozuelo de Zarzón.

Fuente: Valeriano Gutiérrez Macías, Revista de Estudios Extremeños. (POR LA GEOGRAFIA CACEREÑA).

P. D. La fotografía fue facilitada, allá por el año 1963, por don Elías Sánchez Gil a Valeriano Gutiérrez Macías.

«CACEREÑEANDO» EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ».

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