Warning: count(): Parameter must be an array or an object that implements Countable in /homepages/25/d580598968/htdocs/clickandbuilds/WordPress/BLOG_JUAN/wp-content/themes/news-magazine/inc/front/front_params_output.php on line 731

Warning: count(): Parameter must be an array or an object that implements Countable in /homepages/25/d580598968/htdocs/clickandbuilds/WordPress/BLOG_JUAN/wp-content/themes/news-magazine/inc/front/front_params_output.php on line 731

Author Archive

EL PALOMARCICO DE LA MONTAÑA

By |

En lo alto de Cáceres, el Santuario de la Virgen de la Montaña. La excelsa Patrona, a la que tanto miran, con devoción y entrega,  los cacereños y por los que vela desde aquella impresionante atalaya. Un día, en el correr del año 1951, llegaron unas monjas de clausura, por una revelación a la fundadora de la Orden, y treinta seis años después, se marcharon del Santuario. Cáceres, siempre, siempre, siempre, con su Patrona. Este es mi artículo que hoy, 16 de octubre de 2020, aparece publicado en el periódico regional extremeño HOY.

Santuario de la Virgen de la Montaña, 1930

Santuario de la Virgen de la Montaña, 1930

            A principios de los cincuenta del pasado siglo, hallándose en Melilla la monja Rosario del Espíritu Santo Lucas Burgos para alzar un convento, tuvo una revelación de la Virgen escuchando “Melilla, no, Sagrado Corazón de Jesús, sí”. Las circunstancias la condujeron a Cáceres. Una visita al santuario de la Montaña, la explanada con la estatua hacia la ciudad, una charla con el Obispo alabando su llegada.

            En 1951 alcanzaban el Santuario cuatro religiosas contemplativas, hábito y velo blanco, pertenecientes a la orden Hijas de la Iglesia, luego Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada. Un lugar que denominarian palomarcico, sintiéndose los seres más dichosos, aunque todo escaseaba.

            Dificultades propias de los inicios: Penuria de espacios, desvanes utilizados como celdas separadas por cortinas, techos de carrizos y vigas de madera, agua que acarreaban desde Fuente Concejo, menos la de beber, que llegaba de la finca La Palacina, grietas y rajas del suelo… Al otro lado de la clausura, meditaciones, oraciones, confección de ornamentos litúrgicos, una borriquilla para surtirse de provisiones en la capital, hasta que se arregló la carretera, la satisfacción de la clausura… Desde la capilla del Cristo de la Salud, armoniosos cánticos.

Rosario del Espíritu Santo, fundadora de la Orden y de la Casa en Cáceres

Rosario del Espíritu Santo, fundadora de la Orden y de la Casa en Cáceres

            Con el levantamiento la Casa Diocesana de Ejercicios, la modernización y ampliación de las dependencias. Un enclave cuajado de cacereñismo.

             Transcurre el tiempo… Tras 34 años, las monjas se marchan de Cáceres con pesar, ya que la fundación era muy querida como revelación que tuvo la fundadora. La portavoz de las Esclavas hoy añade que, después de los 70, “el mayordomo, el santero e incluso algún capellán, fueron deteriorando su situación hasta hacerse imposible su permanencia allí”, que el mayordomo “las tenía como prisioneras”, que “todo lo tenían que hacer con permiso suyo” y “que los gastos eran pagados por las religiosas”. Además de los buenos recuerdos.

            En la identidad con la patrona, las bodas aumentaron en el santuario, llevando a las monjas a rezar en otras estancias, porque los ruidos dificultaban la vida de silencio y soledad.

            Una página entre plegarias y divergencias con unas monjas que llegaron al santuario cacereño y se marcharon…

            Cáceres siempre con su Patrona.

 

 

Read more »

PEPI SUAREZ Y EL FOLKLORE CACEREÑO

By |

Pepi Suárez se conforma como una divulgadora del folklore típico y popular cacereño, al frente del grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres durante largos años. Un folklore recogido y recopilado por investigadores y estudiosos, con la colaboración de los más mayores de los pueblos altoextremeños… Y con la cooperación de tantos se expandían los aires de las canciones y danzas cacereñas del patrimonio folklórico de la tierra. Artículo publicado el 26 de octubre de 2020 en el periódico «Hoy». 

El paso del tiempo se va conformando con estampas, con gentes, con esencias de unas etapas y épocas a otras como el hilo conductor de la intrahistoria de los pueblso. Entre esas labores y afanes populares, la fibra de Pepi Suárez (Cáceres, 1933), que, enamorada por la representación de las canciones y danzas típicas cacereñas, en un album de relieve para el mantenimiento de las semblanzas tradicionales de la Alta Extremadura, pasó a ser, durante largo tiempo, directora de los Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres, que dinamizó de forma relevante.

            Con su trabajo e inquietud, una imagen testimonial en las calles cacereñas, fue posibilitando la revitalización de esos sones y aires para conformar la base de un grupo de cacereños volcado en esa divulgación que tanto enriquecía, en certámenes, concursos, festividades, la dinámica de un folklore arraigado alrededor de las manifestaciones de los pueblos cacereños.

            Una muestra con la jota dieciochesca cacereña por excelencia, “El Redoble”, o “Los Sones de Montehermoso”, las “bombas” o piropos, tan curiosos a mitad de la danza que lanzan los bailadores a las jóvenes, como “Eres como el pino verde, que arriba tiene la copa, eres como el caramelo, que se deshace en la boca”, en la “Jota de Alcúescar”, “La Rondeña”. “La Carta”, “Los Pajaritos”…

            Una imagen llamativa, pregonando las esencias folklóricas de la tierra parda, con una agrupación volcada en la representación y difusión de esas estampas al compás de una manifiesta muestra de investigadores, que se esforzaron en recorrer muchos caminos entre pueblos y aldeas recuperando el sortilegio de una cultura popular a caballo de la canción y la danza.

            Llena de embrujo y belleza, de historias y misterios, de tradiciones remotas, que se albergaban entre los más mayores de aquellos lugares, ejemplares protagonistas, conformando un rico legado, y que de no ser, por tantos sacrificios de muchos, en todos los campos etnográficos del folklore, como señalara el eminente profesor García Matos, corrían el riesgo de haber desaparecido, entre las páginas del silencio y del olvido, como germen y fruto de una extraordinaria belleza en el afán popular.

Read more »

ESCANDALO EN EL TEATRO VARIEDADES

By |

... Aquel 4 de julio de 1893 el nombre de Cáceres aparecía en el escenario de la información en el periódico «La Correspondencia de España», de tirada y alcance nacional. La cita del Teatro Variedades, un referente en la historia cultural de la ciudad cacereña, en aquellos finales del siglo XIX, hizo acto de presencia en el diario y que recogemos, siquiera sea por su carácter histórico y curioso… Este artículo aparece publicado hoy, 4 de octubre de 2020, en el periódico regional extremeño «Hoy». 

Casualitas casualitatis. El articulista anda en sus investigaciones y, de repente, se encuentra una noticia en el periódico “La Correspondencia de España”, fechada en Cáceres, el 3 de julio de 1893, con el titular “Escándalo”.

            La misma se centra en el Teatro Variedades, que puso en marcha en 1886 una mecenas cultural como Juana Eguezabal, sobre el solar de las Escuelas Marrón, entre las calles Nidos y Moros, que tanto supuso en la pequeña capital de provincias, que albergaba unas trece mil almas, encendiendo la llama de las diversidades escénicas, con aire aperturista y liberal, dando cabida a compañías por esos mundos de Dios.

            Como la historia es rica en acontecimientos, perdidos en las páginas del olvido, leemos que “Anoche se produjo en el coliseo de verano llamado Variedades, un fuerte escándalo, consecuencia de haber creído el público que se habían suprimido escenas en la obra El Certamen Nacional”, que se representaba por la compañía actuante”.

            Asimismo se añade que el público carecía de razón al protestar, pues no se suprimió ninguna escena, y que, “con motivo del escándalo, que duró bastante tiempo, se desmayaron algunas señoras y otras abandonaron muy precipitadamente el teatro”.

            Ante semejantes alborotos, soponcios y patatús dióse parte del incidente al señor gobernador quien raúdo y veloz se personó en el teatro, con miembros del orden, apaciguándose el tumulto y deteniéndose a varias personas, como presuntos autores del ajetreo.

            Imaginamos que tras los abaniqueos –pues corría tiempo veraniego–, tilas, ánimos y el celo de todos, la obra continuaría representándose. Una comedia cómico-lírica, de los dramaturgos Guillermo Perrín y Miguel Palacio, estrenada cinco años atrás en el teatro madrileño Principe Alfonso, “con éxito lisonjero”, conformándose con una mezcla de bailes, popurrí de provincias, tipos populares, chistes de buena ley y halagos patrióticos. En el libreto se cita a Cáceres:

En Albacete la Alhambra;

una torre que se cae,

es decir, que está incliná,

en la provincia de Cáceres.

            Cuestiones veredes en la prensa nacional de aquellos tiempos que pasan a engrosar un poco más, siquiera resulte de forma anecdótica, nuevos pormenores del Variedades cacereño.

 

Read more »

LA CALLEJINA

By |

Cáceres, siempre Cáceres. En ese recorrido por sus amplias secuencias, en la película de la historia, hoy me detengo en La Callejina. Una pequeña calle, entre la del General Margallo y Barrionuevo. Eso sí, siempre en sombras, siempre en silencio, siempre en silencio… Pero con sus hilos humanos en los fotogramas de la propia dinámica cacereña. Este artículo aparece publicado hoy en el periódico regional y diario extremeño «HOY».

Al revisar los nombres populares por el que son conocidas algunas calles cacereñas, además de los propios, se suele citar, generalmente, los mismos ejemplos. La calle de la Pulmonía, la Plaza de las Cuatro Esquinas, La Ronda, que, dicho sea de paso, tiene su encanto.

Siguiendo el Cáceres de Aquellos Tiempos, hay callejones y pequeñas calles, todas con sus particularidades e historias humanas, caigo en la cuenta en una rúa más estrecha que un silbido, pequeña, y en cuesta, que une las de Margallo y Barrionuevo.

Siempre en sombras, silencio y soledad, sin atractivo mayor que el tránsito vecinal de aquella zona, cada día un poco más alejada del centro de la ciudad.

Los que subíamos desde Margallo nos encontrábamos con el comercio de Mabel, papelería y donde «se recogen puntos de media«, la casa del maestro don Licerio Granados, señalado pedagogo, un colegio-residencia para bachilleres en el esquinazo de la izquierda, o con Juan Ramón Marchena, una institución.

Quienes bajaban desde Barrionuevo, entonces José Antonio, se encontraban de cara con el colmado de Cascos.

Un  callejón que todos conocíamos popularmente como La Callejina y que tenía, probablemente, las siete casas que hay ahora pero en un estado lamentable. En ella sobresalía la figura de doña Quintina Román, maestra, madre de mi compañero y amigo Paco Sandoval y una mujer de negro, cosiendo.

Si acaso el callejón tendrá tres metros de ancho y unos sesenta de pronunciada cuesta. Por La Callejina, en ocasiones, los rapaces nos echábamos carreras hacia arriba, aunque a mitad de la cuesta nos faltaba oxígeno; de corretear hacia abajo, había que frenar casi a mitad para no acabar de bruces en el asfalto de Margallo.

La misma cuenta en la historia con sus nombres propios: Calleja de Moros y, desde 1893, Travesía de Margallo. Aunque un día a algún iluminado se le ocurrió darle el nombre de General Palafox, cuando hay paisanaje con sobrados méritos para prestar su nombre al rótulo de la que siempre fue conocida como La Callejina, un nombre tan popular y cacereño.

NOTAS AÑADIDAS:

              Aquellos días que llegaba el sol, apenas por un esquinazo pegado a la calle Margallo, siempre se encontraba una anciana, sentada en su silla de enea, de riguroso y negro total, con pañuelo blanco en la cabeza cosiendo, mientras tarareaba la musiquilla alegre y popular de las canciones tradicionales cacereñas: «El Redoble«, «La Jota de Guadalupe«, «¡Qué bonitas son las cacereñas!«…

               De otra de las casas, según se bajaba a la izquierda, emanaba un aroma de café torrefactado, con sabor, largaba la leyenda, a «contrabando» desde Portugal, el paquete se vendía a una peseta y cuyo que se esparcía por toda la calle apretujada entre su propia estrechura. Y en una de aquellas casas de La callejina encontró novia y esposa nuestro querido amigo Enrique Romero,Ruiz, bohemio, periodista, que dejó su afinada, estilizada e inquieta pluma en las páginas del diario «Hoy»…

NOTA: La fotografía está captada del periódico «Extremadura«.

 

Read more »

EH, TU, EMIGRANTE

By |

La emigración regional extremeña se conforma uno de las mayores tragedias histórico-sociales del pueblo extremeño, de todos los pueblos y municipios de Extremadura. Una sangría que, a estas alturas del siglo XXI, no se ha sabido frenar por esos misterios insondables. Aquí os dejo mi artículo «EH, TU, EMIGRANTE», que hoy aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

Mediados de agosto. Los pueblos extremeños, que tanto van desangrándose desde finales de los años cincuenta, en base a los grandes planes de industrialización, que se alzaban en áreas como el País Vasco, Madrid y Cataluña, fundamentalmente, acompañados del olvido y el castigo de la severidad y crudeza del campo, abrieron enormes, gigantescas riadas migratorias en Extremadura donde, mientras se iban construyendo pantanos, se largaban decenas de miles de jóvenes para alzar con sus brazos, esfuerzos y sudores otras tierras.

No era un hasta luego, sino un adiós al tiempo que por estos pagos extremeños, de tantas honduras, sabores riquezas y posibilidades sin explotar en toda su extensión, en diversas parcelas, acaso porque el oeste español siempre aparecía cubierto con nubes de lejanías e indiferencias de desmoronamiento.

Nadie con suficiente influencia, al parecer, vio la perspectiva del drama del envejecimiento, del aislamiento y del abandono, paulatino, de los pueblos y ciudades de Extremadura que fueron entrando por esos caminos de tanta aspereza como son los migratorios, a la vez que atrás iban quedando los municipios, poco a poco, en soledades y silencios clamorosos, desgarrándose en sus débiles estructuras, con el campo desbaratándose en los abandonos, perdiendo vida entre lamentos, padres sin hijos y abuelos sin nietos. ¡Qué dolor!

El volcán migratorio de Extremadura iba entrando en una erupción imparable.

Como estudioso de la emigración, conferenciante y escritor, he escuchado en cientos de ocasiones a extremeños diseminados en esas campas industriales que se marcharon porque el campo era durísimo y sin rentabilidad, el pueblo no ofrecía manifiestas alternativas y que en las ciudades de destino podrían ir prosperando y creando vida para sus hijos. Lo mismo que pensaban, entonces, los emigrantes que, con la jubilación, habrían de regresar al pueblo donde les nacieron y disfrutar para el resto de sus días de las esencias del campo, del sosiego, de los horizontes, de las familias, de los bares, de las charlas, y hasta del cultivo de una huerta sacando adelante lechugas, tomates, patatas, melones…

Con el tiempo el hábitat poblacional humano extremeño se desangraba por los cuatro costados, se desaprovechaban generaciones y la política de Estado pareciera haberse evaporado, si es que alguna vez hubo apoyo firme desde Madrid.

El retorno del emigrante de aquellas generaciones, que apostaban por la vuelta a las raíces, se confundían en los caminos familiares: porque los padres, hermanos, amigos y conocidos apenas si se encontraban por la amplia geografía extremeña, y sus hijos y nietos, segunda y tercera generación, ya habían adquirido tintes y arraigos en las ciudades que parecían, sin embargo, las nuevas Indias de aquellos años atrás.

Duele y escuece el clamor migratorio, como duele y escuece la caída vertiginosa de la vida de los pueblos extremeños.

Aún se escucha el latido de la recuperación de esa Extremadura rural con diferentes estructuras argumentales: energías renovables, aprovechamiento de las dehesas, iniciativas emprendedoras, turismo de múltiples variables… Hora es, pues, de apostar por esos planteamientos ante las demandas de las nuevas generaciones de jóvenes extremeños.

Pero la realidad es que los tiempos van cambiando tanto en sus dinámicas que la inmensa mayoría de municipios extremeños carecen de esas redes que puedan expansionar una repoblación en busca de aliento vital.

Los pueblos extremeños se desangran y se desgarran. Pregunte, sencillamente, a los alcaldes y a sus gentes, al paisanaje abierto y todo corazón, aunque, también, entre pesares, lágrimas, quejas…

Repasando informes, estudios, datos, la conclusión es que Extremadura continúa un ritmo crítico, mal que nos pese a todos, el mandarinato político quizás bastante tenga con la que está cayendo, y la que viene de camino, sin ánimo alguno de implantar mayor pesimismo que la actualidad que nos diseña la realidad desde las políticas de Gobierno, las dinámicas emprendedoras y el eco de la prensa, a la vez que los pueblos y campos que tanto marcaron la vida de nuestros despertares, continúan en un desmoronamiento manifiesto.

¿La culpa? No es tanto cuestión de culpables, con nombres y apellidos, que haberlos, haylos, sino de políticas estructurales que dinamicen las expectativas e inquietudes de los extremeños que diseñan sus planes de futuro.

Quedan lejos los años sesenta, setenta, ochenta… Evidente. Pero en aquellos años decían lo mismo algunos gerifaltes y Extremadura pedaleaba, cada vez, con una menor fuerza en estos campos económicos, industriales, laborales, empresariales, y aumentaba la velocidad por las vías migratorias. Coja el lector las estadísticas poblacionales. Tampoco hace falta más.

Aún se escucha por las campas extremeñas, impregnadas de hondura y riqueza en sus posibilidades, que no interesa descubrir, la voz que apunta:

– ¡Eh, tú, emigrante…!

Y el emigrante que pasa sus vacaciones en el pueblo, al que llega cada verano con ansias de huerta, de libertad, de aire, de partidas de tute, de chatos, de aperitivos, de parrafadas, de adioses, en unos días volverá a hacer la maleta, camino de esos senderos migratorios donde andan sus hijos y nietos, trasvasados en cuerpo y alma a tales lugares, mientras su pueblo, como todos, continúa abatiéndose por la senda de las complejidades para encontrar un futuro más de mantenimiento que de crecimiento.

 

Read more »

GENERAL MARGALLO: ¡MUCHACHOS, VAMOS POR LA GLORIA…!

By |

El general cacereño Juan García-Margallo fue un héroe, que murió defendiendo la guarnición de Melilla, y murió por tres balazos bereberes cuando se lanzó hacia ellos al grito de «¡Muchachos, vamos por la gloria…!». Sus cinco últimas palabras, que tanto le honran. Aquí os dejo mi artículo «MUCHACHOS, VAMOS POR LA GLORIA…!», que hoy, 22 de Julio, aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

Juan García-Margallo y García (Montánchez, 1839-Melilla, 1893), fue un militar extremeño que vio culminada su brillante trayectoria cuando la reina regente María Cristina firmaba su nombramiento como Comandante General de Melilla, y donde el general, en función del tratado de Wad-Ras, entre España y Marruecos, intentara levantar el fuerte de Sidi Aguariach. Un fuerte que trataba de alzarse en las cercanías de la tumba de un santón de los rifeños, Sidi Aguariach, «Mi señor del río de las plumas», lo que no estaban dispuestos a consentir los bajás de las cabilas ni los bereberes de las montañas.

El inicio de las obras del fuerte fue contestado hostilmente por parte de los moros. En el transcurso de los combates la artillería española destruyó la mezquita del santón. El 28 de octubre las tropas españolas del fuerte Cabrerizas Altas, donde apenas existía agua, víveres y municiones de guerra, se encontraban completamente acorraladas por 20.000 moros de 39 cabilas. Margallo, en un gesto de coraje y valor, montó en su caballo, desenvainó el sable y salió a alentar a unos cien soldados españoles desplegados en guerrillas en medio de una nube de balas.

Lo que hizo al grito de:

–¡Muchachos ! ¡Vamos por la gloria…!

Fueron sus cinco últimas palabras. En unos segundos tres balas bereberes impactaron en su cabeza y cayó al suelo, mortalmente herido, regando con su sangre aquel campo de honor. Una muerte ante la que, según determinadas fuentes, hubo graves negligencias del ministro de la Guerra, José López Domínguez, que tres días antes, sin conocimiento del propio Margallo, ordenó su cese, en plena batalla, mientras el general cacereño respondió con su valor exponiéndose a las balas enemigas. Posteriormente, el 5 de noviembre, el Ayuntamiento aprobó sustituir el rótulo de la calle Moros por el de General Margallo.

El 13 de noviembre, tuvieron lugar las honras fúnebres en el templo de Santa María, con una iglesia profusamente iluminada y con el túmulo adornado de banderas nacionales y guardia de honor con lanceros de Villaviciosa, fuerzas de Infantería del Regimiento de Castilla así como varios pabellones, formados por fusiles y lanzas y destacando una corona en la que se leía: «La provincia de Cáceres a su hijo, el heroico general don Juan García Margallo».

Un héroe con el que la historia militar de España se encuentra en deuda.

Read more »

SERVICIO DE CARRUAJES (PRINCIPIOS DE SIGLO)

By |

Con una ojeada por la prensa de comienzos del siglo XX nos encontramos toda una serie de llamativos anuncios. Como es, por ejemplo, el de los carruajes para los desplazamientos por la ciudad. Y en los que merece la pena detenerse como unos Pasajes de la Historia de Cáceres.

Un aspecto, el de los anuncios, con curiosos dibujos ilustrativos e insertados en la prensa, que conforma su curiosidad y fenomenología. Como es el caso de este Servicio de Carruajes «con servicio de coches a los ferrocarriles«, tal como consta en el mismo anuncio.
La capital provincial cacereña se iba estiraba paulatinamente hacia arriba, en número de habitantes, lo mismo que poco a poco, iba extendiéndose, geográficamente hablando, sobre todo hacia el área sur. Más aún desde que unos años atrás, ni más ni menos que en el correr del 8 de octubre de 1881, que ya ha llovido, Su Majestad don Alfonso XII, acompañado por Luis I, rey de Portugal,  procedieran a la inauguración de la misma con la línea férrea Madrid-Lisboa. Y a lo que ayudó bastante el descrimiento llevado a cabo, años atrás, de las minas de fosfato en Cáceres. Lo que se convertiría en todo un gran revulsivo en aquellos tiempos.
Toda una solemne inauguración, en la que Cáceres, por cierto, cambió el título de villa por el de ciudad, mientras ya se dejaba constancia clara y expresa que diseñaba, por su alineación urbana, la vía de mayor expansión de la ciudad cacereña, como iba a ir sucediendo en el transcurso del tiempo.
Los Servicios de Carruajes, como el que aparece en la ilustración, ya se iban imponiendo, paulatinamente, para cubrir algunas distancias que no resultaban precisamente demasiado cortas para hacerlas andando en el trazado urbano. Y, menos aún, con maletas, bolsas, paquetes y otros equipajes en la mano. A ver quién era el valiente paisano que se atrevía a largarse, por ejemplo, desde el corazón de la ciudad, situado entre la Plaza Mayor y la Plazuela San Juan, por ejemplo, hasta la Estación de Ferrocarril, con unos bultos encima…
Qué Cáceres ya iba creciendo en su número poblacional de habitantes y ya se había situado en torno a los diecisiete mil.
Sí, decírse, se puede decir… «Me cojo la maleta, me la echo al hombro y me voy hasta la estación de ferrocarril en menos que canta un gallo». Pero las cosas como son: Que la Estación de Ferrocarril se había diseñado con su previsión de futuro teniendo en cuenta y llamando a ese crecimiento ciudadano. Y no se encontraba precisamente a un simple paseo.
Surgieron, entonces, en el centro del siempre sugerente y hermoso paisaje cacereño, como iniciativas de servicio público y empresas modernas adaptadas en función de la propia evolución de los tiempos los más que curiosos y muy llamativos Servicios de Carruajes… Eso sí, tal como se puede apreciar en el diseño del dibujo: Perfectamente equipados, con sus caballos de lozana presencia, al menos en el dibujo, de aire comercial, con sus espacios para viajeros, con sus ubicaciones para todo tipo de equipajes y envíos, con sus conductores bien ataviados y en una estampa que se iniciaba por el ambiente de aquellas calles tan tan transitadas, tal cual lo es, desde siempre, la de San Pedro.
Cáceres, la pequeña capital de provincias, se modernizaba, qué duda cabe, en función de los tiempos.
— ¡Arre, caballo…! –decía el cochero…
Tiraba un poco de las riendas y las caballerías enfilaban sus pasos, tirando del carruaje, San Pedro arriba , con sus damas, con sus caballeros, con sus equipajes, y trotando lentamente tomaba las afueras de San Antón, y, hala, hasta la estación de ferrocarril.
Todo un servicio de lujo en aquellos tiempos.
NOTA: El anuncio aparecía en la «Revista de Extremadura» (1905)

Read more »

error: Content is protected !!