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PINCHO DE TORTILLA Y CAÑA

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«PINCHO DE TORTILLA Y CAÑA» es el título de mi artículo publicado hoy, 14 de septiembre de 2021, sobre el anuncio hecho días pasados por Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en la localidad cacereña de Navalmoral de la Mata, prometiendo la llegada del AVE a Extremadura en 2022.

El periodista Luis Herrero ofrece de cuando en vez en sus artículos de ABC alguna apuesta, en forma coloquial, con algo tan habitual en las barras de los bares, pincho de tortilla y caña, respecto a sus vaticinios de determinadas interrogantes sobre los aconteceres políticos.

Desde los tiempos de Felipe González, todos los Gobiernos han ido prometiendo, sucesivamente, la llegada del AVE a Extremadura, pasando por los de Aznar, Zapatero, Rajoy y Sánchez. Por ese camino ha transcurrido una larga serie de años en los que resulta tan fácil como inmoral prometer y no cumplir, mientras el pueblo extremeño sigue aguantando los sinsabores del mercadeo perpetuo de los gobiernos en busca de los votos de partidos “interesadamente colaterales” para formar mayorías absolutas. Sobre todo, el PNV, CiU, y ahora Bildu, Esquerra Republicana, Junts per Cat, el Partido Regionalista de Cantabria y Teruel Existe. Estos dos últimos, con un solo diputado.

Días atrás Pedro Sánchez se lanzaba en Navalmoral de la Mata, por la rampa triunfal del compromiso con el pregón de que el AVE, tan necesario y demandado, llegará a Extremadura el próximo año. El lector le puede creer. O no. Que obras son amores y no buenas razones.

Ahí va el diagnóstico del articulista: Pincho de tortilla y caña a que el AVE no circulará en 2022 por Extremadura, tan protagonista de parte de la España vaciada y tan relegada por los distintos Gobiernos centrales. Se admiten apuestas. La región, presumiblemente, seguirá tan hostigada, desatendida y tan lejana en el oeste.

Señorías, se abre la sesión… Y, como tantas veces presencié en debates que llegaban envueltos en polémicas y “calentitos” al pleno en el hemiciclo del Congreso se escuchaba un murmullo de interés que, quiá, merecía la pena presenciar entre razones, sinrazones, aplausos y abucheos, según los colores de las bancadas, siempre votando cada uno los intereses marcados por la dirección del partido.

— ¡Pincho de tortilla y caña…!

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EL MILAGRO DE GUADALUPE

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«EL MILAGRO DE GUADALUPE» es el título de mi artículo, que aparece hoy en el periódico regional extremeño «HOY», reivindicando, una vez más, que la Patrona de Extremadura, la Virgen de Guadalupe, pase a estar situada en una diócesis extremeña.

Un año más se ha celebrado el Día de Extremadura, con el agravio de que el epicentro de tan señalada festividad, Guadalupe, continúa perteneciendo, junto a otros treinta pueblos cacereños, a la diócesis de Toledo. Un hecho que se remonta a 1222, cuando el arzobispo y militar Rodrigo Ximénez de Rada, procedió a adquirir los Montes de Toledo, ampliando su poder. Setecientos noventa y nueve años después se mantiene insólitamente la situación, con esos treinta y un municipios y la Patrona de Extremadura, incardinados en la diócesis toledana.

Todo un anacronismo que imprime a la festividad del 8 de septiembre una sensibilidad especial acerca de la solución vaticana sobre este contencioso, que ha generado numerosos manifiestos, que es de justicia resolver. Entre otros motivos porque no hay extremeño que pueda comprender que Guadalupe, foco de peregrinación y fe, sede de la Virgen Morena, permanezca en una diócesis ajena a Extremadura.

Una anomalía que consideramos de agravio hacia nuestra región, sintiendo de año en año, cómo a pesar de unas reivindicaciones tan razonables, no encuentran eco en el seno eclesial. Ni en Toledo, sede primada, donde se forjan importantes decisiones de la iglesia española, ni en el Vaticano, donde consta un memorándum de detalles al respecto. Pero Francisco I sigue sin pronunciarse. ¿Acaso debemos de entender que el silencio papal se corresponde con el dicho de que quien calla otorga?

Un fenómeno de manifiesta injusticia ante el que, al parecer, nadie dispone de capacidad para conseguir que Guadalupe pertenezca a una de las tres diócesis extremeñas, más allá de meras declaraciones de intenciones.

Una pregunta: ¿Permitirían los catalanes y sus mandatarios religiosos, con el arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal Española a la cabeza, que la Virgen de Montserrat, permaneciera en un santuario de una diócesis ajena a Cataluña o los vascos que su patrona, la Virgen de Aránzazu, estuviera ubicada en Cantabria?

Queda claro, pues, que la prudencia, humildad y capacidad de aguante del pueblo extremeño cansa al paisanaje, que no ve avance alguno en asunto de tamaña magnitud. Desconocemos qué razones habrá para que la Iglesia siga negando a Extremadura lo que de Extremadura es, mientras se continúa tensando el sentimiento y dignidad regional para que la Morenita pertenezca a una diócesis de la Comunidad.

Son muchos los extremeños que peregrinan de forma permanente hasta Guadalupe para ponerse a los pies de la Virgen, soltar sus preces en tierra extremeña, mientras las oraciones y las rogativas volanderas marchan por aires de la diócesis de Toledo. Un anacronismo inadecuado, corresponda a quien corresponda, contra Extremadura, tanto tiempo a la espera de que se ponga solución a la reivindicación regional como acto de justicia.

Dejemos constancia expresa de que la Virgen de Guadalupe es Patrona de Extremadura desde 1907, por decisión del Papa Pío X, y que en 1928 fue coronada canónicamente como Reina de las Españas, por el Cardenal Primado, Pedro Segura, con asistencia de Su Majestad el Rey Alfonso XIII.

Setecientos noventa y nueve años después, desde la moderación y el respeto,  el articulista se sonroja de tener que escribir estas líneas. Pero Extremadura no puede seguir perdiendo en la defensa moral de sus derechos y a la espera de un milagro.

 

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CACERES, DONDE LA LUZ ES ARTE

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En ese recorrido por las bellezas excelsas de Cáceres, su Ciudad Medieval, su luz, sus monumentos, sus callejuelas, su relieve artístico, su densidad de estampas, que intento divulgar, por diferentes revistas digitales, anhelando universalizar el nombre de Cáceres al máximo, la revista extremeña Grada publica hoy este artículo de un servidor titulado DONDE LA LUZ ES ARTE. Y con todas las 14 fotografías –cedidas por el Portal Oficial de Turismo y por David Díaz Pérez– que aquí aparecen. 

Lenta, hermosamente, va cayendo la tarde estival.

Lenta, hermosamente, va cayendo la tarde estival.

Me lleno de luz de Cáceres en la tarde, me lleno de tarde en la luz de Cáceres, me lleno de Cáceres en y con su luz…

Siempre esa luz, inmensa, intensa, diversa, genuina. Todas ellas hermosas. Muy hermosas. En el sentimiento y en los adentros más profundos del paseante…

Siempre caminando contigo Cáceres, entre bellas luces de eternidad, que se concitan y envuelven por esas callejuelas y plazoletas en el marco de la ciudad que conocíamos como Parte Antigua y Vieja… ¡Qué ironías de la vida, denominar y tildar de Antigua y Vieja, a una ciudad envuelta entre adarves, iglesias, palacios, beaterios, casas señoriales, casas fortaleza, callejuelas retorcidas, plazoletas, hoy Patrimonio de la Humanidad, por el realce de su conjunto medieval y renacentista!

Un sin parar de encantos y belleza, con la guía del pasado…

Arco de Santa Ana.

Arco de Santa Ana.

La Muralla árabe, el Adarve de la Estrella, la Plaza de Santa María, la Casa Mudéjar, de arquitectura toledana, la Cuesta de la Compañía, el Aljibe, el Palacio de las Veletas, sobre la Alcazaba almohade, la Puerta del Postigo, torres defensivas cristianas y árabes, la de los Púlpitos, la de la Yerba, la Mochada, La Enfermería de San Antonio, el Baluarte de los Pozos, el Arco del Cristo, que rezuma el sabor de la romana muralla, el Foro de los Balbos, donde se alzaba una de las puertas cuando la vieja Norba Caesarina, el Hospital de los Caballeros, el Balcón de los Fueros, la Casa del Judío Rico, la iglesia de San Mateo, alzada sobre una mezquita, campanas que espantan a un vuelo asustadizo y acelerado a cernícalos y vencejos, el conventual de San Pablo con monjas en clausura y voto de afanes contemplativos de castidad, pobreza y obediencia, por vida, entre oraciones, trabajo, silencio y canticos gregorianos, un desfile de casas hidalgas cacereñas, la Judería, entre estrechos callejones sefardíes, y su barrio, San Antonio de la Quebrada, con ermita sobre una sinagoga, donde una deslumbrante luz reverbera en sus casitas encaladas, calles con nombres como Amargura, de la Gloria, del Mono, Callejón del Gallo, la Calleja del Moral, Rincón de la Monja, tantos otros tan silenciosamente recogidos y tan deslumbrantes, amplias plazas, estrechas y angostas callejuelas… Algunas empedradas a manos de moros de la morería…

Adarve Alvarez de Castro.

Adarve Alvarez de Casrro.

Y, también, entre fachadas platerescas, góticas, renacentistas, portadas adinteladas, otras adoveladas, con sillares almohadillados, retablos barrocos, espadañas, matacanes, arpilleras, escudos esculpidos en cantería, unos; en alabastro, otros, blasones heráldicos de familias nobiliarias, con torres, águilas, flores de lis, estrellas, osos, soles, becerras, perales, garzas, yelmos, escudos episcopales, muros de mampostería, almenas picudas, barbacanas, balcones esquinados, ramas de olivo, llamativas gárgolas, ventanas ojivales, gemelas otras, también enrejadas con hierro forjado, ajimeces cacereños, faroles, con preciosa luz que amarillea la noche, nobles medallones, alfices, saeteras, coronas voladas, conchas de peregrinos, leyendas pétreas por los siglos “Esta es la casa de los Golfines”, “Sé tú Señor para nosotros torre de fortaleza y se renovará como la del águila, nuestra juventud”, “Vanitas vanitatum et omnia vanitas” (1), “Aeterna memoriam iustorum” (2), “Ave María”, “Non habemus hic civitatem manentum sed futuram inquiribus” (3), hornacinas como la de la Puerta del Río, con un Cristo crucificado o la de San Francisco Javier, bóvedas de rosca, patios herrerianos, mudéjares, renacentistas, toscanos, con claustros porticados, policromados artesonados, una salpicadura de jardines, salas de linajes, tapices, cuadros de siglos, pinturas renacentistas al fresco en paredes palaciegas, chimeneas de ladrillos, capillas devocionales, sepulcros artísticos, distinguidos, que velan una infinidad de testimonios y silencios en la historia cacereña, zaguanes…

Palacio de Carvajal.

Palacio de Carvajal.

También silencio, para almacenar la riqueza del pensamiento ante tanta generosidad de los dioses y las gentes de esta tierra. Detrás de esa ciudad histórico-artística, alarifes árabes, maestros albañiles, canteros, vidrieros, miniaturistas, orfebres, forjadores, imagineros, pintores, escultores, plateros, regidores, linajes, intelectuales, nobles, devotos…

Piérdete, caminante, mejor en la noche de luz de esta primavera, y comprenderás el sortilegio histórico-artístico de Cáceres y su recreación, que han renacido con el tiempo. Una Ciudad Medieval de lujo y fantasía.

Luces aquellas que mamé, con tanto amor, cuando el tiempo bachiller en el Instituto, en la calma del amanecer, asomando las primeras luces, en el recreo del sosiego cuando los pasos transcienden por los surcos del anochecer, en el paseo, casi de puntillas, en medio de las noches cacereñas con una lluvia de poemas entre haces de sueños, leyendas, misterios, aventuras, peleas y batallas entre espadas cristianas de hierro contra curvas cimitarras musulmanas, de amores, silencios, soledades, reflexiones, estampas iluminadas, solo, con la luz de Cáceres…

Palacio de la Generala.

Palacio de la Generala.

También, claro, cuando el alma se serena.

Me lleno del sabor de Cáceres, una vez más, en todas sus esencias, como siempre, como ayer, como hoy, como mañana, abrazándome al trasluz de la ventana, queriendo alcanzar a tocar la luz de Cáceres. Un haz de tonalidades con pinceladas azules, naranjas, malvas, grisáceas, oscuras, blanquecinas, amarillentas, doradas intensas, cuando el sol quema, que tocas el granito y pareciera ardiente en tardes de estío… Colores que se dan cita una y otra vez, con ese pálpito de quien busca la luz de Cáceres como fuente de vida, de quien encuentra el candor anímico y espiritual como manantial de luz de Cáceres, de quien anda, pasea, camina o se detiene con la vista, con el corazón embargado y asido a la luz de Cáceres, de quien lo hace exultante por la fuerza de los rayos de la propia luz, real, preciosa siempre, bajo el haz donde se siente Cáceres, aún con los ojos cerrados, qué digo, guiados, alumbrados por la luz que se impregna sobre la ciudad…

El Convento de San Pablo en la noche cacereña.

El Convento de San Pablo en la noche cacereña.

Te preguntas ¿Qué sucede? Sencillamente, que te vas contagiando por la magia, sorprendente, de la luz de Cáceres, esparcida hacia todas partes como un ramillete de haces gigantescos de luz, tal como antes nunca habías percibido…

¡Qué magia la que se encuentra más allá, al otro lado del telón de esa escenografía de la realidad y hechizo, sublime, que se engalana por todos los rincones de la ciudad eterna cacereña! Por uno y otro tiempo histórico, en uno y otro lugar, a una y otra hora, en uno y otro rincón, en una y otra estación del tiempo, por uno y otro esquinazo, por todos sus caminos y surcos, con la compañía de la lluvia, con sol radiante, cobijados entre sombras, envueltos entre nieblas, con calores, con fríos, con el misterio del encanto sorprendente a cada paso, siempre, a cada palmo, con la luz de Cáceres. Una luz fascinante…

Adéntrate más, entonces, amigo caminante, por la hondura de Cáceres, y avanza de la fuente de luz a las piedras monumentales. Tal vez no puedas expresar más palabra que la que sugieren e imantan los ojos abrillantados…

Iglesia Concatedral de Santa María.

Iglesia Concatedral de Santa María.

Ya te encuentras de pleno ante la luz histórico-monumental, artística, excelsa, privilegiada de esta ciudad. Nunca se irá de tu memoria este hallazgo de luz y piedras, tal cual se configura la ciudad Histórico-Artística de Cáceres, rehabilitada y realzada para mayor gloria.

Con la riqueza que impresiona siempre la luz cacereña. Ayer, en los cauces de la Historia y su legado entre raíces judaicas, de la morisma y de la cristiandad; hoy, avanzando desde Cáceres, serpenteando por sus callejuelas y plazoletas, y hacia la esencia de Cáceres, su recinto amurallado, soberbio de esplendor; mañana, como un cielo infinito de luces… Siempre, en Cáceres, el rito y el ritmo de su luz perpetua…!

Déjate ir, pues, hacia donde te lleve caprichosamente la vista, hacia donde te guíen los ojos, allá por donde te conduzca la mirada, hacia donde te dirija el corazón, por donde quieran el sentimiento y el alma. Una puerta abierta de par en par, siempre, de esa eternidad…

Algarabía de torres, iglesias, palacios, tejados...

Algarabía de torres, iglesias, palacios, tejados…

Incrústate en la plenitud de esa de idiosincrasia cacereña. Te lo aconsejo. Pasearás, entonces, con una serenidad emocional y sugerente que induce el sabor y el saber por las entrañas de lo cacereño.

Si me permites, no te pierdas un solo rincón, ni un segmento tan siquiera de rayo de luz, ni una sola de sus piedras, que se dan cita como el tercer conjunto histórico monumental europeo. Penetra por toda la geografía del callejero, aprovecha esa inmensidad de luz, escucha el concierto del silencio y el encanto de la noche cacereña, y sitúate, entonces, en aquel Cáceres en el punto de encuentro con la Edad Media y el Renacimiento.

Que no te importen los segundos, los minutos, las horas de ese tiempo en el recorrido entre las paredes de la ciudad monumental cacereña. Medítalo, resulta todo un privilegio, ahora que avanzas paso a paso, con las múltiples combinaciones de los colores que se funden con las infinitas pinceladas que emanan de la luz de Cáceres. ¡A cual más bella de todas…!

Palacio de Toledo Moctezuma y, de fondo, la inmensidad del cielo cacereño.

Palacio de Toledo Moctezuma y, de fondo, la inmensidad del cielo cacereño.

Una acuarela, la del recinto amurallado, compuesta con la armonía del equilibrio histórico y artístico, insuperable, sobre un marco único, y donde hay que detenerse en el segmento de cada pincelada, por el impulso, las tonalidades y la exaltación de la luz… Un aura coral de muy cuidados y espontáneos trazos y rasgos de luces. Pinceladas abrillantadas con los colores, apasionados, cálidos, de la luz, ¡qué luz!, de Cáceres…

Uno se apasiona y se identifica con la luz de Cáceres como una estampa sagrada de vida por ese conjunto abierto de calles y plazas. En lo más profundo del corazón. Toda una luz con sus juegos de magia, infinita y diversa, variopinta y hermosa de toda hermosura, como los horizontes, los cielos, los parajes, los paisajes y los prismas sacrosantos de todos y cada uno de los miles de rayos, que convergen y zigzaguean cada segundo, bajo el prisma multicolor de las bellezas, de los misterios, de la fascinación por todas las siluetas cacereñas pintadas, desde siempre y, sin embargo, a cada instante, por el esplendor de la luz…

El Arco de la Estrella, principal puerta de acceso a la monumentalidad cacereña.

El Arco de la Estrella, principal puerta de acceso a la monumentalidad cacereña.

Ahí radica el secreto del enigma, amigo viajero: La combinación de la hermosura de la luz de siempre, plasmada sobre los lienzos y bordada sobre los tapices de Cáceres, donde la luz surge cada instante, como un manantial, por el amplio y luminoso conjunto histórico-monumental…

Cáceres es luz, sobre todo luz, siempre luz. O, mejor, Luz, con mayúscula. Genuina, plenamente cacereña, más bella que la propia belleza, que se pespuntea por todos los segmentos que parten, vuelan por los aires, creciendo en las alturas y se expanden hacia todos los confines… Y la estampa, allá en lo alto, multiplicándose con todo un eco de luces de intensidad, de puntitos –cual estrellas– de eternidad que transitan sobre el escenario de los aires iluminando, tantos y tantos rincones con la luz, única, de Cáceres…

Entonces verás en esa Ruta de la Luz de Cáceres, numerosos haces de luz que brillan de forma tan majestuosa y bella… ¡Cómo se distingue, entonces, la luz, especial, con sabor de Cáceres…!

Iglesia de San Mateo.

Iglesia de San Mateo.

¡Qué brillo de luz en, de y sobre Cáceres…! Tanta y tan excelsa, mi querida ciudad… Una luz que se conforma como toda la luz de Cáceres, que nos ilumina desde lo más profundo de nuestro ser y para siempre

en el esplendor de las esencias de tu alma,

en el esplendor de las esencias de mi alma,

en el caminar de los pasos entre la belleza

que se abre por los horizontes y campas,

en el hechizo de esas estampas serenas,

y tan plenas, ay, de excelencia cacereña,

que enamora de pasión, cálida y eterna,

con las caricias de su luz entre murallas.

Baluarte de los Pozos.

Baluarte de los Pozos.

Quiero dormirme, una vez más, mecido por el abrazo de tus rayos de luz, Cáceres, con sabor profundo y solemne, entre la inmensidad de las piedras, con tu imagen

hermosa siempre, sublime, tan sagrada,

con los rasgueos y acordes de la guitarra

de este pobre juglar, en la dulce serenata

por la senda de tus callejuelas y tus plazas;

cuando arrobado en la noche, luz y calma,

entona un melodía de amor…, una balada,

ante tus portones, balcones y ventanas,

que retumba desde una tan bella atalaya,

con el coro del silencio en la madrugada,

hasta lo más alto de Cáceres, la Montaña.

¡Mi querida, preciosa y eterna estampa,

Cáceres… siempre, en la luz de mi alma!

Torre de Bujaco.

Torre de Bujaco.

La Plaza Mayor de Cáceres con el fondo que se abre a la Ciudad Monumental.

La Plaza Mayor de Cáceres con el fondo que se abre a la Ciudad Monumental.

Cáceres medieval, esa ciudad impresionante y nuestra, donde la luz es arte.

1: “Vanidad de vanidades y siempre vanidad”.

2: “La memoria de los justos es eterna”.

2: “No tenemos aquí ciudad permanente sino que buscamos la futura”.

Fotografías: Portal Oficial de Turismo de Cáceres y David Díaz Pérez.

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CACERES, FASCINANTE CIUDAD MEDIEVAL ESPAÑOLA

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Cáceres es, sencillamente, una fascinante medieval. Con una esforzada recuperación y muy acertada rehabilitación, allá por mediados de la pasada centuria, hoy se representa como un modelo de Ciudad Medieval. Aquí os dejo mi ensayo CACERES, FASCINANTE CIUDAD MEDIEVAL ESPAÑOLA, que aparece publicado en la prestigiosa revista digital chilena, ENFOQUE.

Palacio de Toledo Moctezuma

Palacio de Toledo Moctezuma

El viajero se llena de luz en su andadura y emociones por la Ciudad Medieval de Cáceres. Paso a paso, rincón por rincón, la ciudad, Patrimonio de la Humanidad, se alza a la eternidad de forma permanente a través de su conjunto histórico-artístico-monumental… Una ciudad española fascinante. El viajero se llena de hechizo y sabor, de pasión, en su recorrido por esta ciudad caminando entre el pálpito de las luces de la historia que se expanden por la calma del amanecer, por el sosiego cuando los pasos transcienden en el atardecer, en los recorridos, de puntillas, por sus noches de admiraciones contemplativas, cuando el alma se serena y se radiografía, sublime, la intensidad y diversidad de la luz de Cáceres.

Siempre inmensa, intensa. Siempre caminando entre esas luces de eternidad que se expanden por la calma del amanecer, por el sosiego cuando los pasos transcienden en el atardecer, en los paseos, de puntillas, por sus noches contemplativas, cuando el alma se serena y se radiografía, sublime, la luz de Cáceres.

Casa de los Becerra, Palacio de Golfines de Abajo y torre de la concatedral de Santa Maríadral de an

Casa de los Becerra, Palacio de Golfines de Abajo y torre de la concatedral de Santa María

Cáceres destila aromas de una ensoñación que pareciera resurgir de sus cenizas en aras a lo más bello. Todo un recorrido al Medievo entre aventuras, mercados, adarves, iglesias, palacios, casonas palaciegas, beaterios, juglares, peleas… Piérdete, caminante, entre sus callejuelas y plazoletas y comprenderás cómo ha renacido su recreación con el tiempo. Una Ciudad Medieval de ensueño y lujo.

Verás: El viajero se llena de luz por la Ciudad Medieval de Cáceres, abrazándose al trasluz estival. Un haz de tonalidades amarillentas, azules, naranjas, malvas, rojizas, grises, obscuras, blanquecinas, que se dan cita una y otra vez con ese sentir de quien encuentra la vida como fuente de luz de Cáceres, de quien camina con la luz de Cáceres, de quien marcha hacia la genuina luz de Cáceres. En cualquier lugar, a cualquier hora, en uno y otro esquinazo, por sus caminos y surcos.

¡ Una luz tan profunda como mágica…!

Iglesia Concatedral de Santa María.

Iglesia Concatedral de Santa María.

Más allá toda una impresionante serie de estampas e imágenes que transitan en un recorrido de sublime sabor medieval: La Muralla árabe, el Adarve de la Estrella, la Plaza de Santa María, la Casa Mudéjar, de arquitectura toledana, la Cuesta de la Compañía, el Aljibe, el Palacio de las Veletas, sobre la Alcazaba almohade, la Puerta del Postigo, torres defensivas cristianas y árabes, la de los Púlpitos, la de la Yerba, la Mochada, La Enfermería de San Antonio, el Baluarte de los Pozos, el Arco del Cristo, que rezuma el sabor de la romana muralla, el Foro de los Balbos, donde se alzaba una de las puertas cuando la vieja Norba Caesarina, el Hospital de los Caballeros, el Balcón de los Fueros, la Casa del Judío Rico, la iglesia de San Mateo, alzada sobre una mezquita, campanas que espantan a un vuelo asustadizo y acelerado a cernícalos, vencejos, golondrinas, el conventual de San Pablo con monjas en clausura y voto de castidad, pobreza y obediencia, entre oraciones, trabajo, silencio y canticos gregorianos, un desfile de casas hidalgas cacereñas, la Judería, entre estrechos callejones sefardíes, y su barrio, San Antonio de la Quebrada, con ermita sobre una sinagoga, donde una deslumbrante luz reverbera en sus casitas encaladas, calles con nombres como Amargura, de la Gloria, del Mono, Callejón del Gallo, la Calleja del Moral, Rincón de la Monja, tantos otros tan silenciosamente recogidos y tan deslumbrantes, amplias plazas, estrechas y angostas callejuelas…

Toda una algarabía de torres, iglesias palacios, casonas nobiliarias,. tejados...

Toda una algarabía de torres, iglesias palacios, casonas nobiliarias,. tejados…

Y, también, entre fachadas platerescas, góticas, renacentistas, portadas adinteladas, otras adoveladas, con sillares almohadillados, retablos barrocos, espadañas, matacanes, arpilleras, escudos esculpidos en cantería, unos; en alabastro, otros, blasones heráldicos de familias nobiliarias, con torres, águilas, flores de lis, estrellas, osos, soles, becerras, perales, garzas, yelmos, escudos episcopales, muros de mampostería, almenas picudas, barbacanas, balcones esquinados, ramas de olivo, llamativas gárgolas, ventanas ojivales, gemelas otras, también enrejadas con hierro forjado, ajimeces cacereños, faroles, con preciosa luz que amarillea la noche, nobles medallones, alfices, saeteras, coronas voladas, conchas de peregrinos, leyendas pétreas por los siglos: “Esta es la casa de los Golfines”, “Sé tú Señor para nosotros torre de fortaleza y se renovará como la del águila, nuestra juventud”, “Vanitas vanitatum et omnia vanitas” (1), “Aeterna memoriam iustorum” (2), “Ave María”, “Non habemus hic civitatem manentum sed futuram inquiribus” (3), hornacinas como la de la Puerta del Río, con un Cristo crucificado o la de San Francisco Javier, bóvedas de rosca, patios herrerianos, mudéjares, renacentistas, toscanos, con claustros porticados, policromados artesonados, una salpicadura de jardines, salas de linajes, tapices, cuadros de siglos, pinturas renacentistas al fresco en paredes palaciegas, chimeneas de ladrillos, capillas, sepulcros artísticos, distinguidos, que velan una infinidad de testimonios y retazos en la configuración de la historia cacereña…

Arco de la Estrella, principal puerta de entrada al casco histórico, artístico y monumental de Cáceres.

Arco de la Estrella, principal puerta de entrada al casco histórico, artístico y monumental de Cáceres.

Piérdete, caminante, mejor envuelto por la luz de la noche, y comprenderás el sortilegio histórico-artístico de Cáceres y su recreación, que han renacido con el tiempo. Una Ciudad Medieval por la que te irás sorprendiendo en todas sus esencias, tratando de alcanzar a tocar la luz de Cáceres. Un haz de tonalidades con pinceladas azules, naranjas, malvas, grisáceas, oscuras, blanquecinas, amarillentas, doradas intensas, cuando el sol quema, que tocas el granito y pareciera ardiente en tardes de estío… Colores que se dan cita constantemente con el corazón embargado y asidos a la luz de Cáceres, de quien lo hace exultante por la fuerza de los rayos de la propia luz, real, preciosa siempre, bajo el haz donde se siente Cáceres, aún con los ojos cerrados, qué digo, guiados, alumbrados por la luz que se impregna sobre la ciudad…

Te preguntas ¿Qué sucede? Sencillamente, que te vas contagiando por la magia, sorprendente, de la luz de Cáceres, esparcida hacia todas partes como un ramillete de haces gigantescos de luz, tal como antes nunca habías percibido… Con una riqueza de siempre. Ayer, en los cauces de la Historia y su legado entre raíces judaicas, de la morisma y de la cristiandad; hoy, avanzando desde Cáceres, serpenteando por sus callejuelas y plazoletas, y hacia la esencia de la ciudad, su recinto amurallado, soberbio de esplendor; mañana, como un cielo infinito de luces…

La Plaza Mayor de Cáceres con el fondo de la Ciudad Histórico- Monumental.

La Plaza Mayor de Cáceres con el fondo de la Ciudad Histórico- Monumental.

¡Qué hechizo el que se encuentra más allá, al otro lado del telón de esa escenografía de la historia que se engalana por los rincones cacereños…! Por uno y otro tiempo histórico, en uno y otro lugar, a una y otra hora, en una y otra estación del tiempo, por uno y otro esquinazo, por todos sus caminos y surcos, en todas las direcciones, con la compañía de la lluvia, con sol radiante, cobijados entre sombras, envueltos entre nieblas, con calores, con fríos, con el misterio del encanto, siempre, a cada palmo, con la luz de Cáceres, fascinante, radiante… Siempre, en Cáceres, el rito y el ritmo de su luz perpetua…!

Adéntrate más, entonces, amigo caminante, por la hondura de Cáceres, y avanza de la fuente de luz a las piedras monumentales. Tal vez no puedas expresar más palabra que la que sugieren e imantan los ojos abrillantados…

Ya estás de pleno ante la luz histórico-monumental, artística y excelsa de la ciudad. Jamás se perderá de tu memoria este hallazgo de luz y piedras, rehabilitado y realzado como jamás pudiera imaginarse.

Campanario del Convento de San Pablo.

Campanario del Convento de San Pablo.

Con la riqueza que impresiona siempre la luz cacereña. Déjate ir, pues, hacia donde te lleve caprichosamente la vista, hacia donde te guíen los ojos, allá por donde te conduzca la mirada, hacia donde te dirija el corazón, por donde te pilote el sentimiento y el alma. Te lo aconsejo. Pasearás, entonces, con esa serenidad emocionante y sugerente que inducen las entrañas de la privilegiada ciudad.

Un consejo: No te pierdas un solo rincón, ni tan siquiera de rayo de luz, ni una sola de sus piedras, ni tampoco un solo palmo de sus muros, que se dan cita como el tercer conjunto histórico-monumental europeo. Penetra por toda la geografía del callejero, aprovecha esa inmensidad de luz, escucha el concierto del silencio y el encanto penetrante de la noche cacereña y sitúate en aquel Cáceres en el punto de encuentro con la Edad Media y el Renacimiento. ¡Ahí es nada…! Ese paseo, con el reloj de las prisas arrinconado en el mayor olvido. Medítalo, resulta todo un privilegio, ahora que avanzas tus pasos con las múltiples combinaciones de los colores que se funden con las infinitas pinceladas que emanan de la luz de Cáceres. ¡A cual más bella de todas…!

Cae la tarde estival, paulatinamente, en la inmensidad de Cáceres Medieval.

Cae la tarde estival, paulatinamente, en la inmensidad de Cáceres Medieval.

Uno se enamora de la luz de Cáceres como una estampa sagrada de vida en los adentros del viajero por ese conjunto abierto de calles y plazas palacios e iglesias… Toda una luz con sus juegos de magia, diversa, variopinta, hermosa de toda hermosura, como los campos, los horizontes, los cielos, los parajes, los paisajes y los prismas sacrosantos de todos y cada uno de los miles de rayos, que convergen y zigzaguean cada segundo, bajo el prisma multicolor de las bellezas, de los misterios, de la fascinación por todas las siluetas cacereñas pintadas, desde siempre y, sin embargo, a cada instante, por el esplendor de la luz…

Ahí radica el secreto del enigma, amigo viajero: La combinación de la hermosura de la luz de siempre, plasmada sobre los lienzos y bordada sobre los tapices de Cáceres. Cáceres es luz, sobre todo luz, siempre luz. O, mejor, Luz, con mayúscula. Genuina, plenamente cacereña, más bella que la propia belleza…

Entonces verás en esa Ruta de la Luz de Cáceres, numerosos haces de luz que brillan y de qué forma tan majestuosa y bella… ¡Cómo se distingue, entonces, la luz, la luz especial, con sabor de Cáceres…!

Siempre la luz inolvidable en el viajero y caminante intramuros de la Ciudad Medieval de Cáceres.

1: “Vanidad de vanidades y siempre vanidad”.

2: “La memoria de los justos es eterna”.

3: “No tenemos aquí ciudad permanente sino que buscamos la futura”.

Fotografías: Portal Oficial de Turismo de Cáceres y David Díaz Pérez.

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CACERES, FASCINANTE CIUDAD MEDIEVAL

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… Siempre Cáceres, un slogam utilizado por un servidor, para divulgar imágenes, esencias y sensibilidades de Cáceres junto a la estampa de la ciudad, su bellísima Ciudad Medieval, sus tipos populares, sus tradiciones, sus personajes, sus esencias… Lo mismo que un día dimos a luz la palabra CACEREÑEANDO, título de mi blog. Aquí os dejo mi trabajo titulado CACERES, FASCINANTE CIUDAD MEDIEVAL, que hoy, 15 de julio, aparece en mi blog y en la revista digital de viajes y turismo Unitravel.com. Y que el 13 de agosto pasado se publicaba en la revista digital mexicana Business Travel Magazine.

... Siempre Cáceres. Fotografía de Tomás González

… Siempre Cáceres. Fotografía de Tomás González

El viajero se llena de luz en su andadura y emociones por la Ciudad Medieval de Cáceres. Paso a paso, rincón por rincón, la ciudad, Patrimonio de la Humanidad, se alza a la eternidad de forma permanente a través de su conjunto histórico-artístico-monumental… Una ciudad española fascinante. El viajero se llena de hechizo y sabor, de pasión, en su recorrido por esta ciudad caminando entre el pálpito de las luces de la historia que se expanden por la calma del amanecer, por el sosiego cuando los pasos transcienden en el atardecer, en los recorridos, de puntillas, por sus noches de admiraciones contemplativas, cuando el alma se serena y se radiografía, sublime, la intensidad y diversidad de la luz de Cáceres.

Siempre inmensa, intensa. Siempre caminando entre esas luces de eternidad que se expanden por la calma del amanecer, por el sosiego cuando los pasos transcienden en el atardecer, en los paseos, de puntillas, por sus noches contemplativas, cuando el alma se serena y se radiografía, sublime, la luz de Cáceres.

Cáceres destila aromas de una ensoñación que pareciera resurgir de sus cenizas en aras a lo más bello. Todo un recorrido al Medievo entre aventuras, mercados, adarves, iglesias, palacios, casonas palaciegas, beaterios, juglares, peleas… Piérdete, caminante, entre sus callejuelas y plazoletas y comprenderás cómo ha renacido su recreación con el tiempo. Una Ciudad Medieval de ensueño y lujo.

Al fondo el Palacio de Moctezuma y la eternidad de Cáceres sobre el azul del cielo... Fotografia de David Díaz Pérez

Al fondo el Palacio de  Toledo-Moctezuma y la eternidad de Cáceres sobre el azul del cielo… Fotografia de David Díaz Pérez.

Verás: El viajero se llena de luz por la Ciudad Medieval de Cáceres, abrazándose al trasluz estival. Un haz de tonalidades amarillentas, azules, naranjas, malvas, rojizas, grises, obscuras, blanquecinas, que se dan cita una y otra vez con ese sentir de quien encuentra la vida como fuente de luz de Cáceres, de quien camina con la luz de Cáceres, de quien marcha hacia la genuina luz de Cáceres. En cualquier lugar, a cualquier hora, en uno y otro esquinazo, por sus caminos y surcos. Una luz tan profunda como mágica…

Más allá toda una impresionante serie de estampas e imágenes que transitan en un recorrido de sublime sabor medieval: La Muralla árabe, el Adarve de la Estrella, la Plaza de Santa María, la Casa Mudéjar, de arquitectura toledana, la Cuesta de la Compañía, el Aljibe, el Palacio de las Veletas, sobre la Alcazaba almohade, la Puerta del Postigo, torres defensivas cristianas y árabes, la de los Púlpitos, la de la Yerba, la Mochada, La Enfermería de San Antonio, el Baluarte de los Pozos, el Arco del Cristo, que rezuma el sabor de la romana muralla, el Foro de los Balbos, donde se alzaba una de las puertas cuando la vieja Norba Caesarina, el Hospital de los Caballeros, el Balcón de los Fueros, la Casa del Judío Rico, la iglesia de San Mateo, alzada sobre una mezquita, campanas que espantan a un vuelo asustadizo y acelerado a cernícalos, vencejos, golondrinas, el conventual de San Pablo con monjas en clausura y voto de castidad, pobreza y obediencia, entre oraciones, trabajo, silencio y canticos gregorianos, un desfile de casas hidalgas cacereñas, la Judería, entre estrechos callejones sefardíes, y su barrio, San Antonio de la Quebrada, con ermita sobre una sinagoga, donde una deslumbrante luz reverbera en sus casitas encaladas, calles con nombres como Amargura, de la Gloria, del Mono, Callejón del Gallo, la Calleja del Moral, Rincón de la Monja, tantos otros tan silenciosamente recogidos y tan deslumbrantes, amplias plazas, estrechas y angostas callejuelas…

El Arco de la Estrella. Fotografía de David Díaz Pérez.

El Arco de la Estrella. Fotografía de David Díaz Pérez.

Y, también, entre fachadas platerescas, góticas, renacentistas, portadas adinteladas, otras adoveladas, con sillares almohadillados, retablos barrocos, espadañas, matacanes, arpilleras, escudos esculpidos en cantería, unos; en alabastro, otros, blasones heráldicos de familias nobiliarias, con torres, águilas, flores de lis, estrellas, osos, soles, becerras, perales, garzas, yelmos, escudos episcopales, muros de mampostería, almenas picudas, barbacanas, balcones esquinados, ramas de olivo, llamativas gárgolas, ventanas ojivales, gemelas otras, también enrejadas con hierro forjado, ajimeces cacereños, faroles, con preciosa luz que amarillea la noche, nobles medallones, alfices, saeteras, coronas voladas, conchas de peregrinos, leyendas pétreas por los siglos: “Esta es la casa de los Golfines”, “Sé tú Señor para nosotros torre de fortaleza y se renovará como la del águila, nuestra juventud”, “Vanitas vanitatum et omnia vanitas” (1), “Aeterna memoriam iustorum” (2), “Ave María”, “Non habemus hic civitatem manentum sed futuram inquiribus” (3), hornacinas como la de la Puerta del Río, con un Cristo crucificado o la de San Francisco Javier, bóvedas de rosca, patios herrerianos, mudéjares, renacentistas, toscanos, con claustros porticados, policromados artesonados, una salpicadura de jardines, salas de linajes, tapices, cuadros de siglos, pinturas renacentistas al fresco en paredes palaciegas, chimeneas de ladrillos, capillas, sepulcros artísticos, distinguidos, que velan una infinidad de testimonios y retazos en la configuración de la historia cacereña…

La Concatedral de Santa María en la noche cacereña. Fotografía de Tomás González Hernández.

La Concatedral de Santa María en la noche cacereña. Fotografía de Tomás González Hernández.

Piérdete, caminante, mejor envuelto por la luz de la noche, y comprenderás el sortilegio histórico-artístico de Cáceres y su recreación, que han renacido con el tiempo. Una Ciudad Medieval por la que te irás sorprendiendo en todas sus esencias, tratando de alcanzar a tocar la luz de Cáceres. Un haz de tonalidades con pinceladas azules, naranjas, malvas, grisáceas, oscuras, blanquecinas, amarillentas, doradas intensas, cuando el sol quema, que tocas el granito y pareciera ardiente en tardes de estío… Colores que se dan cita constantemente con el corazón embargado y asidos a la luz de Cáceres, de quien lo hace exultante por la fuerza de los rayos de la propia luz, real, preciosa siempre, bajo el haz donde se siente Cáceres, aún con los ojos cerrados, qué digo, guiados, alumbrados por la luz que se impregna sobre la ciudad…

Te preguntas ¿Qué sucede? Sencillamente, que te vas contagiando por la magia, sorprendente, de la luz de Cáceres, esparcida hacia todas partes como un ramillete de haces gigantescos de luz, tal como antes nunca habías percibido… Con una riqueza de siempre. Ayer, en los cauces de la Historia y su legado entre raíces judaicas, de la morisma y de la cristiandad; hoy, avanzando desde Cáceres, serpenteando por sus callejuelas y plazoletas, y hacia la esencia de la ciudad, su recinto amurallado, soberbio de esplendor; mañana, como un cielo infinito de luces…

¡Qué hechizo el que se encuentra más allá, al otro lado del telón de esa escenografía de la historia que se engalana por los rincones cacereños…! Por uno y otro tiempo histórico, en uno y otro lugar, a una y otra hora, en una y otra estación del tiempo, por uno y otro esquinazo, por todos sus caminos y surcos, en todas las direcciones, con la compañía de la lluvia, con sol radiante, cobijados entre sombras, envueltos entre nieblas, con calores, con fríos, con el misterio del encanto, siempre, a cada palmo, con la luz de Cáceres, fascinante, radiante… Siempre, en Cáceres, el rito y el ritmo de su luz perpetua…!

Fotografía del Portal Oficial de Turismo de Cáceres.

Fotografía del Portal Oficial de Turismo de Cáceres.

Adéntrate más, entonces, amigo caminante, por la hondura de Cáceres, y avanza de la fuente de luz a las piedras monumentales. Tal vez no puedas expresar más palabra que la que sugieren e imantan los ojos abrillantados…

Ya estás de pleno ante la luz histórico-monumental, artística y excelsa de la ciudad. Jamás se perderá de tu memoria este hallazgo de luz y piedras, rehabilitado y realzado como jamás pudiera imaginarse.

Con la riqueza que impresiona siempre la luz cacereña. Déjate ir, pues, hacia donde te lleve caprichosamente la vista, hacia donde te guíen los ojos, allá por donde te conduzca la mirada, hacia donde te dirija el corazón, por donde te pilote el sentimiento y el alma. Te lo aconsejo. Pasearás, entonces, con esa serenidad emocionante y sugerente que inducen las entrañas de la privilegiada ciudad.

Un consejo: No te pierdas un solo rincón, ni tan siquiera de rayo de luz, ni una sola de sus piedras, ni tampoco un solo palmo de sus muros, que se dan cita como el tercer conjunto histórico-monumental europeo. Penetra por toda la geografía del callejero, aprovecha esa inmensidad de luz, escucha el concierto del silencio y el encanto penetrante de la noche cacereña y sitúate en aquel Cáceres en el punto de encuentro con la Edad Media y el Renacimiento. ¡Ahí es nada…! Ese paseo, con el reloj de las prisas arrinconado en el mayor olvido. Medítalo, resulta todo un privilegio, ahora que avanzas tus pasos con las múltiples combinaciones de los colores que se funden con las infinitas pinceladas que emanan de la luz de Cáceres. ¡A cual más bella de todas…!

Convento de San Pablo. Fotografía de Tomás González Hernández.

Convento de San Pablo. Fotografía de Tomás González Hernández.

se enamora de la luz de Cáceres como una estampa sagrada de vida en los adentros del viajero por ese conjunto abierto de calles y plazas palacios e iglesias… Toda una luz con sus juegos de magia, diversa, variopinta, hermosa de toda hermosura, como los campos, los horizontes, los cielos, los parajes, los paisajes y los prismas sacrosantos de todos y cada uno de los miles de rayos, que convergen y zigzaguean cada segundo, bajo el prisma multicolor de las bellezas, de los misterios, de la fascinación por todas las siluetas cacereñas pintadas, desde siempre y, sin embargo, a cada instante, por el esplendor de la luz…

Ahí radica el secreto del enigma, amigo viajero: La combinación de la hermosura de la luz de siempre, plasmada sobre los lienzos y bordada sobre los tapices de Cáceres. Cáceres es luz, sobre todo luz, siempre luz. O, mejor, Luz, con mayúscula. Genuina, plenamente cacereña, más bella que la propia belleza…

Entonces verás en esa Ruta de la Luz de Cáceres, numerosos haces de luz que brillan y de qué forma tan majestuosa y bella… ¡Cómo se distingue, entonces, la luz, la luz especial, con sabor de Cáceres…!

Por la Cuesta de Aldana. Fotografía de David Díaz Pérez

Por la Cuesta de Aldana. Fotografía de David Díaz Pérez

Siempre la luz inolvidable en el viajero y caminante intramuros de la Ciudad Medieval de Cáceres.

1: “Vanidad de vanidades y siempre vanidad”.

2: “La memoria de los justos es eterna”.

3: “No tenemos aquí ciudad permanente sino que buscamos la futura”.

NOTA: Las fotografías que ilustran este trabajo son propiedad del Portal de Turismo de Cáceres, de Tomás González Hernández y de David Díaz Pérez, de la empresa Mister Plan.

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LA LUZ DE CACERES, CIUDAD MEDIEVAL

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«LA LUZ DE CACERES, CIUDAD MEDIEVAL», es el título de mi trabajo que hoy, 8 de julio de 2021 aparece publicado en la página web de la revista LATITUD, una de las más prestigiosas de Iberoamérica. Aquí os lo dejo.

Me lleno de luz de Cáceres en la tarde, me lleno de tarde en la luz de Cáceres, me lleno de Cáceres en y con su luz… 

Siempre esa luz, inmensa, intensa, diversa, genuina. Todas ellas hermosas. Muy hermosas. En el sentimiento y en los adentros más profundos del paseante…

Siempre caminando contigo Cáceres, entre bellas luces de eternidad. Las que mamé en el domicilio familiar, por las campas niñas y escolares, las que mamé trasegando, curioso, inquieto y avisado, por todos los recovecos de Cáceres… Sobre todo aquellos que se concitan y envuelven por esas callejuelas y plazoletas en el marco de la ciudad que conocíamos como Parte Antigua y Vieja… ¡Qué ironías de la vida, denominar y tildar de Antigua y Vieja, a una ciudad envuelta entre adarves, iglesias, palacios, beaterios, casas señoriales, casas fortaleza, hoy Patrimonio de la Humanidad, por el realce de su conjunto medieval y renacentista!

Un sin parar de encantos, con la guía del pasado… La Muralla árabe, el Adarve de la Estrella, la Plaza de Santa María, la Casa Mudéjar, de arquitectura toledana, la Cuesta de la Compañía, el Aljibe, el Palacio de las Veletas, sobre la Alcazaba almohade, la Puerta del Postigo, torres defensivas cristianas y árabes, la de los Púlpitos, la de la Yerba, la Mochada, La Enfermería de San Antonio, el Baluarte de los Pozos, el Arco del Cristo, que rezuma el sabor de la romana muralla, el Foro de los Balbos, donde se alzaba una de las puertas cuando la vieja Norba Caesarina, el Hospital de los Caballeros, el Balcón de los Fueros, la Casa del Judío Rico, la iglesia de San Mateo, alzada sobre una mezquita, campanas que espantan a un vuelo asustadizo y acelerado a cernícalos y vencejos, el conventual de San Pablo con monjas en clausura y voto de afanes contemplativos de castidad, pobreza y obediencia, por vida, entre oraciones, trabajo, silencio y cánticos gregorianos, un desfile de casas hidalgas cacereñas, la Judería, entre estrechos callejones sefardíes, y su barrio, San Antonio de la Quebrada, con ermita sobre una sinagoga, donde una deslumbrante luz reverbera en sus casitas encaladas, calles con nombres como Amargura, de la Gloria, del Mono, Callejón del Gallo, la Calleja del Moral, Rincón de la Monja, tantos otros tan silenciosamente recogidos y tan deslumbrantes, amplias plazas, estrechas y angostas callejuelas… Algunas empedradas a manos de moros de la morería…

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LA LUZ DE CACERES. BALUARTE DE LOS POZOS

Y, también, entre fachadas platerescas, góticas, renacentistas, portadas adinteladas, otras adoveladas, con sillares almohadillados, retablos barrocos, espadañas, matacanes, arpilleras, escudos esculpidos en cantería, unos; en alabastro, otros, blasones heráldicos de familias nobiliarias, con torres, águilas, flores de lis, estrellas, osos, soles, becerras, perales, garzas, yelmos, escudos episcopales, muros de mampostería, almenas picudas, barbacanas, balcones esquinados, ramas de olivo, llamativas gárgolas, ventanas ojivales, gemelas otras, también enrejadas con hierro forjado, ajimeces cacereños, faroles, con preciosa luz que amarillea la noche, nobles medallones, alfices, saeteras, coronas voladas, conchas de peregrinos, leyendas pétreas por los siglos “Esta es la casa de los Golfines”, “Sé tu Señor para nosotros torre de fortaleza y se renovará como la del águila, nuestra juventud”, “Vanitas vanitatum et omnia vanitas” (1), “Aeterna memoriam iustorum” (2), “Ave María”, “Non habemus hic civitatem manentum sed futuram inquiribus” (3), hornacinas como la de la Puerta del Río, con un Cristo crucificado o la de San Francisco Javier, bóvedas de rosca, patios herrerianos, mudéjares, renacentistas, toscanos, con claustros porticados, policromados artesonados, una salpicadura de jardines, salas de linajes, tapices, cuadros de siglos, pinturas renacentistas al fresco en paredes palaciegas, chimeneas de ladrillos, capillas de devoción, numerosas, sepulcros artísticos, distinguidos, que velan una infinidad de testimonios y retazos y silencios en la configuración de la historia cacereña, zaguanes… También silencio, para almacenar la riqueza del pensamiento ante tanta generosidad de los dioses y las gentes de esta tierra. Detrás de esa ciudad histórico-artística, alarifes árabes, maestros albañiles, canteros, vidrieros, miniaturistas, orfebres, forjadores, imagineros, pintores, escultores, plateros, regidores, linajes, intelectuales, nobles, devotos…

Piérdete, caminante, mejor en la noche de luz de esta primavera, y comprenderás el sortilegio histórico-artístico de Cáceres y su recreación, que han renacido con el tiempo. Una Ciudad Medieval de lujo y fantasía.

LA LUZ DE CÁCERES, PALACIO EPISCOPAL A LA IZQUIERDA Y PALACIO DE HERNANDO DE OVANDO ENFRENTE.

Luces aquellas que mamé, con tanto amor, cuando el tiempo bachiller en las aulas del Instituto, en los intermitentes paseos arriba y abajo entre la Plaza Mayor y la calle Pintores hasta San Juan, o Cánovas, y viceversa, hasta el final de la Plaza… Las que mamé en la calma del amanecer, asomando las primeras luces, en el recreo del sosiego cuando los pasos transcienden por los surcos del anochecer, en el paseo, casi de puntillas, en medio de las noches cacereñas con una lluvia de poemas empedernidos entre haces de sueños, de leyendas, de misterios, de aventuras, de peleas y batallas con espadas cristianas de hierro y con curvas cimitarras musulmanas, de amores, de silencios, de soledades, de reflexiones, de miradas con estampas iluminadas, solo, con la luz de Cáceres… También, claro, cuando el alma se serena. Uno, entonces, dibuja la mirada conquistada ante la radiografía, sublime, de Cáceres.

Me lleno del sabor de Cáceres, una vez más, en todas sus esencias, como siempre, como ayer, como hoy, como mañana. Lo juro en lo más sagrado de mi conciencia, en esta tarde primaveral, abrazándome al trasluz de la ventana, queriendo alcanzar a tocar la luz de Cáceres. Un haz de tonalidades con pinceladas azules, naranjas, malvas, grisáceas, oscuras, blanquecinas, amarillentas, doradas intensas, cuando el sol quema, que tocas el granito y pareciera ardiente en tardes de estío…

Colores que se dan cita constantemente, una y otra vez, con ese pálpito de quien busca la luz de Cáceres como fuente de vida, de quien encuentra el candor anímico y espiritual como manantial de luz de la propia luz de Cáceres, de quien anda, marcha, pasea, camina o se detiene con la mano, con la vista, con el corazón embargado y asidos a la luz de Cáceres, de quien lo hace exultante por la fuerza de los rayos de la propia luz, real, preciosa siempre, bajo el haz donde se siente Cáceres, aún con los ojos cerrados, qué digo, guiados, alumbrados por la luz que se impregna sobre la ciudad…

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LUZ DE CACERES. ADARVE DE NOCHE

Te preguntas ¿Qué sucede? Sencillamente, que te vas contagiando por la magia, sorprendente, de la luz de Cáceres, toda ella, esparcida hacia todas partes como un ramillete de haces gigantescos de luz, tal como antes nunca habías percibido…

¡Qué magia la que se encuentra más allá, al otro lado del telón de esa escenografía de la realidad y hechizo, sublime, que se engalana por todos los rincones de la ciudad eterna cacereña! Por uno y otro tiempo histórico, en uno y otro lugar, a una y otra hora, en uno y otro rincón, en una y otra estación del tiempo, por uno y otro esquinazo, por todos sus caminos y surcos, en todas las direcciones, con la compañía de la lluvia, con sol radiante, cobijados entre sombras, envueltos entre nieblas, con calores, con fríos, con el misterio del encanto sorprendente a cada paso, siempre, a cada palmo, con la luz de Cáceres. Una luz hechizante, fascinante, radiante…

Adéntrate más, entonces, amigo caminante, por la hondura de Cáceres, y avanza de la fuente de luz a las piedras monumentales. Tal vez no puedas expresar más palabra que la que sugieren e imantan los ojos abrillantados…

Ya te encuentras de pleno ante la luz histórico-monumental, artística, excelsa, privilegiada de esta ciudad. Nunca se irá de tu memoria este hallazgo de luz y piedras, tal cual se configura la Ciudad Medieval de Cáceres, rehabilitada y realzada, como jamás pudiera imaginarse para mayor gloria.

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LUZ DE CÁCERES. PALACIO DE LOS GOLFINES DE ABAJO E IGLESIA DE SANTA MARIA

Con la riqueza que impresiona siempre la luz cacereña. Ayer, en los cauces de la Historia y su legado entre raíces judaicas, de la morisma y de la cristiandad; hoy, avanzando desde Cáceres, serpenteando por sus callejuelas y plazoletas, y hacia la esencia de Cáceres, su recinto amurallado, soberbio de esplendor; mañana, como un cielo infinito de luces… Siempre, en Cáceres, el rito y el ritmo de su luz perpetua…!

Déjate ir, pues, hacia donde te lleve caprichosamente la vista, hacia donde te guíen los ojos, allá por donde te conduzca la mirada, hacia donde te dirija el corazón, por donde te pilote el sentimiento y el alma. Una puerta abierta de par en par, siempre, de esa eternidad que fluye por el conducto de nuestras venas desde que nos nacen y alumbran en Cáceres. Incrústate en la plenitud de esas venas de idiosincrasia cacereña. Te lo aconsejo. Pasearás, entonces, con esa serenidad emocionante y sugerente que induce el sabor y el saber entre las entrañas de lo cacereño.

Si me permites, no te pierdas un solo rincón, ni un segmento tan siquiera de rayo de luz, ni una sola de sus piedras, ni tampoco un solo palmo de sus muros, hasta lo alto, que se dan cita como el tercer conjunto histórico monumental europeo. Accede y penetra por toda la geografía del callejero, aprovecha esa inmensidad de luz, escucha el concierto del silencio y el encanto, de la admiración, penetrante, de la noche cacereña, entre esas piedras gigantes, y sitúate, entonces, en aquel Cáceres en el punto de encuentro con la Edad Media y el Renacimiento.

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LUZ DE CÁCERES. PALACIO TOLEDO MOCTEZUMA

¡Ahí es nada…! Ese paseo, con el reloj de las prisas arrinconado en el mayor olvido. Que no te importen los segundos, los minutos, las horas de ese tiempo en el recorrido entre las paredes de la ciudad monumental cacereña. Medítalo, resulta todo un privilegio, ahora que avanzas paso a paso, con las múltiples combinaciones de los colores que se funden con las infinitas pinceladas que emanan de la luz de Cáceres. ¡A cual más bella de todas…! Una acuarela, la del recinto amurallado, compuesta con la armonía del equilibrio histórico y artístico, insuperable, sobre un marco único, y donde hay que detenerse en el segmento de cada pincelada, a cada instante, por el impulso, las tonalidades y las perfecciones de luz… Un aura coral de muy cuidados y espontáneos trazos y rasgos de luces. Pinceladas abrillantadas con los colores, apasionados, cálidos, de la luz, ¡qué luz!, de Cáceres…

Uno se enamora de la luz de Cáceres como una estampa sagrada de vida en los adentros del viajero por ese conjunto abierto de calles y plazas. En lo más profundo del corazón. Toda una luz con sus juegos de magia, infinita y diversa, variopinta y hermosa de toda hermosura, como los campos, los horizontes, los cielos, los parajes, los paisajes y los prismas sacrosantos de todos y cada uno de los miles de rayos, que convergen y zigzaguean cada segundo, bajo el prisma multicolor de las bellezas, de los misterios, de la fascinación por todas las siluetas cacereñas pintadas, desde siempre y, sin embargo, a cada instante, por el esplendor de la luz…

Ahí radica el secreto del enigma, amigo viajero: La combinación de la hermosura de la luz de siempre, plasmada sobre los lienzos y bordada sobre los tapices de Cáceres, donde la luz surge cada instante, como un manantial, por el amplio y luminoso conjunto histórico-monumental…

LUZDECACERES.PUERTADELRICOOARCODELCRISTO
LUZ DE CÁCERES. PUERTA DEL RIO O ARCO DEL CRISTO

Cáceres es luz, sobre todo luz, siempre luz. O, mejor, Luz, con mayúscula. Genuina, plenamente cacereña, más bella que la propia belleza, que se pespuntea por todos los segmentos que parten, vuelan por los aires, creciendo en las alturas y que se expanden hacia todos los confines… Y la estampa, allá en lo alto, multiplicándose con todo un eco de luces de intensidad, de puntitos –cual estrellas– de eternidad que transitan sobre el escenario de los aires iluminando, quién sabe, tantos y tantos rincones con la luz, única, de Cáceres…

Entonces verás en esa Ruta de la Luz de Cáceres, numerosos haces de luz que brillan y de qué forma tan majestuosa y bella… ¡Cómo se distingue, entonces, la luz, la luz especial, con sabor de Cáceres…!

¡Qué brillo de luz en, de y sobre Cáceres…! Tanta y tan excelsa, mi querida ciudad, que todos los cacereños la llevamos grabada de por vida en nuestro corazón, como se le alberga a los visitantes en su interior. Una luz que se conforma, a la vez, como toda la luz de Cáceres, que nos ilumina desde lo más profundo de nuestro ser y para siempre

en el esplendor de las esencias de tu alma,

en el esplendor de las esencias de mi alma,

en el caminar de los pasos entre la belleza

que se abre por los horizontes y campas,

en el hechizo de esas estampas serenas,

y tan plenas, ay, de excelencia cacereña,

que enamora de pasión, cálida y eterna,

con las caricias de su luz entre murallas.

Quiero dormirme, una vez más, mecido por el abrazo de tus rayos de luz, Cáceres, con tu imagen

hermosa siempre, sublime, tan sagrada,

con los rasgueos y acordes de la guitarra

de este pobre juglar, en la dulce serenata

por la senda de tus callejuelas y tus plazas;

cuando arrobado en la noche, luz y calma,

entona un melodía de amor…, una balada,

ante tus portones, balcones y ventanas,

que retumba desde una tan bella atalaya,

con el coro del silencio en la madrugada,

hasta lo más alto de Cáceres, la Montaña.

¡Mi querida, preciosa y eterna estampa,

Cáceres… siempre, en la luz de mi alma!

LUZ DE CACERES. NOCHE
LUZ DE CACERES, NOCHE

CACERES

La ciudad de Cáceres, con más de dos mil años de antigüedad, es Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO, desde 1986, y Tercer Conjunto Monumental de Europa. El mismo se conforma como uno de los  conjuntos urbanos medievales más hermosos del mundo, y cuenta con una amplia muestra de palacios, iglesias, adarves, plazoletas, callejuelas, casas nobles, conventos, torres defensivas, miradores, abriéndose, desde siempre a la luz, al colorido, al turismo, a la fascinación más sorprendente, para admiración de visitantes.

Fundada por Cayo Norbano Flaco bajo el nombre de Norba Caesarina, tras el paso de los visigodos, fue conquistada  a los musulmanes por el rey Alfonso IX en el año 1229. Una amplia secuencia de argumentos y de estampas tal como consta y queda enmarcada en las páginas de la historia de Cáceres.

La ciudad cuenta, hoy, con 96.467 habitantes, dispone de campus universitario, Escuela Oficial de Idiomas, Escuela de Bellas Artes, Conservatorio Profesional de Música…

Cáceres también forma parte de las Redes Caminos de Sefarad, por la Vía de la Plata, que transita por Cáceres en su recorrido de la calzada romana entre Gijón y Sevilla.

El turismo, en base al hechizo de su Ciudad Histórico-Artística-Monumental representa  uno de los principales ejes de la economía. Motivo por el que la ciudad dispone de una amplia y moderna red de hoteles, restaurantes con platos típicos de la tierra, como migas, chanfaina y caldereta, guiso de cordero, así como establecimientos de venta de productos típicos, como son sus afamados jamones, chorizos y patateras, productos derivados del cerdo ibérico, quesos, como la Torta del Casar, dulces artesanales de repostería entre los que sobresalen las perrunillas, los mantecados, los pestiños, las floretas, las roscas de alfajor, y buenos caldos, tanto tintos como blancos.

LUZDECACERES.SANTUARIO
LUZ DE CACERES, SANTUARIO DE LA VIRGEN DE LA MONTAÑA

Es de señalar que la Semana Santa de Cáceres, se alberga con una bellísima y extraordinaria sensibilidad, en su imaginería, como son los casos de Jesús Nazareno y el Cristo Negro, de mediados del siglo XIV y otros, en la hondura de sus desfiles procesionales y en sus recorridos. Fundamentalmente los que discurren por el escenario histórico-monumental cacereño, que se encuentran plagados de una profunda devoción y hermosura.

Entre los principales eventos que se dan cita en Cáceres, Capital Española de la Gastronomía en 2015, se pueden señalar la celebración anual del Festival Womad, de música étnica, con intérpretes de diferentes partes del mundo y con variados escenarios por el Casco Histórico, el Otoño Musical, el Certamen de Teatro Clásico, el Mercado Medieval de las Tres Culturas…

Y siempre, claro es, el brillo, la magia y el esplendor de la Luz de la Ciudad Medieval de Cáceres…

1: “Vanidad de vanidades y siempre vanidad”.

2: “La memoria de los justos es eterna”.

2: “No tenemos aquí ciudad permanente sino que buscamos la futura”.

NOTA: Las fotografías han sido facilitadas por el Portal Oficial de Turismo de Cáceres y Tomás González.

 

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ENTRADA DE CAVERO TORMO EN CACERES

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La historia de Cáceres, como la de todos los pueblos y rincones, se encuentra repleta de testimonios y documentos fotográficos. Como este, que hoy presentamos a los lectores de CACEREÑEANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ, con motivo de la entrada oficial en Cáceres del nuevo prelado de la diócesis de Coria, monseñor Francisco Cavero Tormo, allá por el lejano año de 1945.

Una entrada en la capital cacereña, y tal y como como se puede apreciar en la imagen de la izquierda, que se cuajaba de una multitud de cacereños que procedían a dispensarle una acogida tan cariñosa como esperanzada, mientras esa comitiva oficial, recorriendo paulatinamente las principales calles de Cáceres, se iba trasladando hacia la iglesia de Santa María…

Poco después hacía su entrada oficial en la ciudad de Cáceres, siendo recibido por una gran multitud y recorriendo las principales calles de la capital cacereña.

En la instantánea fotográfica, de izquierda a derecha, podemos ver a Manuel García Tomé, alcalde de Cáceres, monseñor Francisco Cavero Tormo, Luis Julve Ceperuelo, a la sazón gobernador civil de la provincia, Francisco González Toril, presidente de la Diputación Provincial, y Santiago Rodríguez Ramírez, Delegado de Hacienda.

Francisco Cavero Tormo (Murcia 1882-Cáceres-1949), doctor en Teología, canónigo de la catedral de Granada,  académico de Bellas Artes de Granada, de señalada labor al frente de la diócesis cauriense, está considerado en algunas referencias y biografías como «santo y docto obispo«.

Una fotografía, de hace ya la friolera de setenta y seis años, pues, para la historia de Cáceres.

NOTA: Mi querido amigo Gonzalo Rodríguez Lázaro me facilitó en su día, gentilmente, este extraordinario documento gráfico.

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