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LA CALLEJINA

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Cáceres, siempre Cáceres. En ese recorrido por sus amplias secuencias, en la película de la historia, hoy me detengo en La Callejina. Una pequeña calle, entre la del General Margallo y Barrionuevo. Eso sí, siempre en sombras, siempre en silencio, siempre en silencio… Pero con sus hilos humanos en los fotogramas de la propia dinámica cacereña. Este artículo aparece publicado hoy en el periódico regional y diario extremeño «HOY».

Al revisar los nombres populares por el que son conocidas algunas calles cacereñas, además de los propios, se suele citar, generalmente, los mismos ejemplos. La calle de la Pulmonía, la Plaza de las Cuatro Esquinas, La Ronda, que, dicho sea de paso, tiene su encanto.

Siguiendo el Cáceres de Aquellos Tiempos, hay callejones y pequeñas calles, todas con sus particularidades e historias humanas, caigo en la cuenta en una rúa más estrecha que un silbido, pequeña, y en cuesta, que une las de Margallo y Barrionuevo.

Siempre en sombras, silencio y soledad, sin atractivo mayor que el tránsito vecinal de aquella zona, cada día un poco más alejada del centro de la ciudad.

Los que subíamos desde Margallo nos encontrábamos con el comercio de Mabel, papelería y donde «se recogen puntos de media«, la casa del maestro don Licerio Granados, señalado pedagogo, un colegio-residencia para bachilleres en el esquinazo de la izquierda, o con Juan Ramón Marchena, una institución.

Quienes bajaban desde Barrionuevo, entonces José Antonio, se encontraban de cara con el colmado de Cascos.

Un  callejón que todos conocíamos popularmente como La Callejina y que tenía, probablemente, las siete casas que hay ahora pero en un estado lamentable. En ella sobresalía la figura de doña Quintina Román, maestra, madre de mi compañero y amigo Paco Sandoval y una mujer de negro, cosiendo.

Si acaso el callejón tendrá tres metros de ancho y unos sesenta de pronunciada cuesta. Por La Callejina, en ocasiones, los rapaces nos echábamos carreras hacia arriba, aunque a mitad de la cuesta nos faltaba oxígeno; de corretear hacia abajo, había que frenar casi a mitad para no acabar de bruces en el asfalto de Margallo.

La misma cuenta en la historia con sus nombres propios: Calleja de Moros y, desde 1893, Travesía de Margallo. Aunque un día a algún iluminado se le ocurrió darle el nombre de General Palafox, cuando hay paisanaje con sobrados méritos para prestar su nombre al rótulo de la que siempre fue conocida como La Callejina, un nombre tan popular y cacereño.

NOTAS AÑADIDAS:

              Aquellos días que llegaba el sol, apenas por un esquinazo pegado a la calle Margallo, siempre se encontraba una anciana, sentada en su silla de enea, de riguroso y negro total, con pañuelo blanco en la cabeza cosiendo, mientras tarareaba la musiquilla alegre y popular de las canciones tradicionales cacereñas: «El Redoble«, «La Jota de Guadalupe«, «¡Qué bonitas son las cacereñas!«…

               De otra de las casas, según se bajaba a la izquierda, emanaba un aroma de café torrefactado, con sabor, largaba la leyenda, a «contrabando» desde Portugal, el paquete se vendía a una peseta y cuyo que se esparcía por toda la calle apretujada entre su propia estrechura. Y en una de aquellas casas de La callejina encontró novia y esposa nuestro querido amigo Enrique Romero,Ruiz, bohemio, periodista, que dejó su afinada, estilizada e inquieta pluma en las páginas del diario «Hoy»…

NOTA: La fotografía está captada del periódico «Extremadura«.

 

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EH, TU, EMIGRANTE

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La emigración regional extremeña se conforma uno de las mayores tragedias histórico-sociales del pueblo extremeño, de todos los pueblos y municipios de Extremadura. Una sangría que, a estas alturas del siglo XXI, no se ha sabido frenar por esos misterios insondables. Aquí os dejo mi artículo «EH, TU, EMIGRANTE», que hoy aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

Mediados de agosto. Los pueblos extremeños, que tanto van desangrándose desde finales de los años cincuenta, en base a los grandes planes de industrialización, que se alzaban en áreas como el País Vasco, Madrid y Cataluña, fundamentalmente, acompañados del olvido y el castigo de la severidad y crudeza del campo, abrieron enormes, gigantescas riadas migratorias en Extremadura donde, mientras se iban construyendo pantanos, se largaban decenas de miles de jóvenes para alzar con sus brazos, esfuerzos y sudores otras tierras.

No era un hasta luego, sino un adiós al tiempo que por estos pagos extremeños, de tantas honduras, sabores riquezas y posibilidades sin explotar en toda su extensión, en diversas parcelas, acaso porque el oeste español siempre aparecía cubierto con nubes de lejanías e indiferencias de desmoronamiento.

Nadie con suficiente influencia, al parecer, vio la perspectiva del drama del envejecimiento, del aislamiento y del abandono, paulatino, de los pueblos y ciudades de Extremadura que fueron entrando por esos caminos de tanta aspereza como son los migratorios, a la vez que atrás iban quedando los municipios, poco a poco, en soledades y silencios clamorosos, desgarrándose en sus débiles estructuras, con el campo desbaratándose en los abandonos, perdiendo vida entre lamentos, padres sin hijos y abuelos sin nietos. ¡Qué dolor!

El volcán migratorio de Extremadura iba entrando en una erupción imparable.

Como estudioso de la emigración, conferenciante y escritor, he escuchado en cientos de ocasiones a extremeños diseminados en esas campas industriales que se marcharon porque el campo era durísimo y sin rentabilidad, el pueblo no ofrecía manifiestas alternativas y que en las ciudades de destino podrían ir prosperando y creando vida para sus hijos. Lo mismo que pensaban, entonces, los emigrantes que, con la jubilación, habrían de regresar al pueblo donde les nacieron y disfrutar para el resto de sus días de las esencias del campo, del sosiego, de los horizontes, de las familias, de los bares, de las charlas, y hasta del cultivo de una huerta sacando adelante lechugas, tomates, patatas, melones…

Con el tiempo el hábitat poblacional humano extremeño se desangraba por los cuatro costados, se desaprovechaban generaciones y la política de Estado pareciera haberse evaporado, si es que alguna vez hubo apoyo firme desde Madrid.

El retorno del emigrante de aquellas generaciones, que apostaban por la vuelta a las raíces, se confundían en los caminos familiares: porque los padres, hermanos, amigos y conocidos apenas si se encontraban por la amplia geografía extremeña, y sus hijos y nietos, segunda y tercera generación, ya habían adquirido tintes y arraigos en las ciudades que parecían, sin embargo, las nuevas Indias de aquellos años atrás.

Duele y escuece el clamor migratorio, como duele y escuece la caída vertiginosa de la vida de los pueblos extremeños.

Aún se escucha el latido de la recuperación de esa Extremadura rural con diferentes estructuras argumentales: energías renovables, aprovechamiento de las dehesas, iniciativas emprendedoras, turismo de múltiples variables… Hora es, pues, de apostar por esos planteamientos ante las demandas de las nuevas generaciones de jóvenes extremeños.

Pero la realidad es que los tiempos van cambiando tanto en sus dinámicas que la inmensa mayoría de municipios extremeños carecen de esas redes que puedan expansionar una repoblación en busca de aliento vital.

Los pueblos extremeños se desangran y se desgarran. Pregunte, sencillamente, a los alcaldes y a sus gentes, al paisanaje abierto y todo corazón, aunque, también, entre pesares, lágrimas, quejas…

Repasando informes, estudios, datos, la conclusión es que Extremadura continúa un ritmo crítico, mal que nos pese a todos, el mandarinato político quizás bastante tenga con la que está cayendo, y la que viene de camino, sin ánimo alguno de implantar mayor pesimismo que la actualidad que nos diseña la realidad desde las políticas de Gobierno, las dinámicas emprendedoras y el eco de la prensa, a la vez que los pueblos y campos que tanto marcaron la vida de nuestros despertares, continúan en un desmoronamiento manifiesto.

¿La culpa? No es tanto cuestión de culpables, con nombres y apellidos, que haberlos, haylos, sino de políticas estructurales que dinamicen las expectativas e inquietudes de los extremeños que diseñan sus planes de futuro.

Quedan lejos los años sesenta, setenta, ochenta… Evidente. Pero en aquellos años decían lo mismo algunos gerifaltes y Extremadura pedaleaba, cada vez, con una menor fuerza en estos campos económicos, industriales, laborales, empresariales, y aumentaba la velocidad por las vías migratorias. Coja el lector las estadísticas poblacionales. Tampoco hace falta más.

Aún se escucha por las campas extremeñas, impregnadas de hondura y riqueza en sus posibilidades, que no interesa descubrir, la voz que apunta:

– ¡Eh, tú, emigrante…!

Y el emigrante que pasa sus vacaciones en el pueblo, al que llega cada verano con ansias de huerta, de libertad, de aire, de partidas de tute, de chatos, de aperitivos, de parrafadas, de adioses, en unos días volverá a hacer la maleta, camino de esos senderos migratorios donde andan sus hijos y nietos, trasvasados en cuerpo y alma a tales lugares, mientras su pueblo, como todos, continúa abatiéndose por la senda de las complejidades para encontrar un futuro más de mantenimiento que de crecimiento.

 

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GENERAL MARGALLO: ¡MUCHACHOS, VAMOS POR LA GLORIA…!

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El general cacereño Juan García-Margallo fue un héroe, que murió defendiendo la guarnición de Melilla, y murió por tres balazos bereberes cuando se lanzó hacia ellos al grito de «¡Muchachos, vamos por la gloria…!». Sus cinco últimas palabras, que tanto le honran. Aquí os dejo mi artículo «MUCHACHOS, VAMOS POR LA GLORIA…!», que hoy, 22 de Julio, aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

Juan García-Margallo y García (Montánchez, 1839-Melilla, 1893), fue un militar extremeño que vio culminada su brillante trayectoria cuando la reina regente María Cristina firmaba su nombramiento como Comandante General de Melilla, y donde el general, en función del tratado de Wad-Ras, entre España y Marruecos, intentara levantar el fuerte de Sidi Aguariach. Un fuerte que trataba de alzarse en las cercanías de la tumba de un santón de los rifeños, Sidi Aguariach, «Mi señor del río de las plumas», lo que no estaban dispuestos a consentir los bajás de las cabilas ni los bereberes de las montañas.

El inicio de las obras del fuerte fue contestado hostilmente por parte de los moros. En el transcurso de los combates la artillería española destruyó la mezquita del santón. El 28 de octubre las tropas españolas del fuerte Cabrerizas Altas, donde apenas existía agua, víveres y municiones de guerra, se encontraban completamente acorraladas por 20.000 moros de 39 cabilas. Margallo, en un gesto de coraje y valor, montó en su caballo, desenvainó el sable y salió a alentar a unos cien soldados españoles desplegados en guerrillas en medio de una nube de balas.

Lo que hizo al grito de:

–¡Muchachos ! ¡Vamos por la gloria…!

Fueron sus cinco últimas palabras. En unos segundos tres balas bereberes impactaron en su cabeza y cayó al suelo, mortalmente herido, regando con su sangre aquel campo de honor. Una muerte ante la que, según determinadas fuentes, hubo graves negligencias del ministro de la Guerra, José López Domínguez, que tres días antes, sin conocimiento del propio Margallo, ordenó su cese, en plena batalla, mientras el general cacereño respondió con su valor exponiéndose a las balas enemigas. Posteriormente, el 5 de noviembre, el Ayuntamiento aprobó sustituir el rótulo de la calle Moros por el de General Margallo.

El 13 de noviembre, tuvieron lugar las honras fúnebres en el templo de Santa María, con una iglesia profusamente iluminada y con el túmulo adornado de banderas nacionales y guardia de honor con lanceros de Villaviciosa, fuerzas de Infantería del Regimiento de Castilla así como varios pabellones, formados por fusiles y lanzas y destacando una corona en la que se leía: «La provincia de Cáceres a su hijo, el heroico general don Juan García Margallo».

Un héroe con el que la historia militar de España se encuentra en deuda.

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SERVICIO DE CARRUAJES (PRINCIPIOS DE SIGLO)

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Con una ojeada por la prensa de comienzos del siglo XX nos encontramos toda una serie de llamativos anuncios. Como es, por ejemplo, el de los carruajes para los desplazamientos por la ciudad. Y en los que merece la pena detenerse como unos Pasajes de la Historia de Cáceres.

Un aspecto, el de los anuncios, con curiosos dibujos ilustrativos e insertados en la prensa, que conforma su curiosidad y fenomenología. Como es el caso de este Servicio de Carruajes «con servicio de coches a los ferrocarriles«, tal como consta en el mismo anuncio.
La capital provincial cacereña se iba estiraba paulatinamente hacia arriba, en número de habitantes, lo mismo que poco a poco, iba extendiéndose, geográficamente hablando, sobre todo hacia el área sur. Más aún desde que unos años atrás, ni más ni menos que en el correr del 8 de octubre de 1881, que ya ha llovido, Su Majestad don Alfonso XII, acompañado por Luis I, rey de Portugal,  procedieran a la inauguración de la misma con la línea férrea Madrid-Lisboa. Y a lo que ayudó bastante el descrimiento llevado a cabo, años atrás, de las minas de fosfato en Cáceres. Lo que se convertiría en todo un gran revulsivo en aquellos tiempos.
Toda una solemne inauguración, en la que Cáceres, por cierto, cambió el título de villa por el de ciudad, mientras ya se dejaba constancia clara y expresa que diseñaba, por su alineación urbana, la vía de mayor expansión de la ciudad cacereña, como iba a ir sucediendo en el transcurso del tiempo.
Los Servicios de Carruajes, como el que aparece en la ilustración, ya se iban imponiendo, paulatinamente, para cubrir algunas distancias que no resultaban precisamente demasiado cortas para hacerlas andando en el trazado urbano. Y, menos aún, con maletas, bolsas, paquetes y otros equipajes en la mano. A ver quién era el valiente paisano que se atrevía a largarse, por ejemplo, desde el corazón de la ciudad, situado entre la Plaza Mayor y la Plazuela San Juan, por ejemplo, hasta la Estación de Ferrocarril, con unos bultos encima…
Qué Cáceres ya iba creciendo en su número poblacional de habitantes y ya se había situado en torno a los diecisiete mil.
Sí, decírse, se puede decir… «Me cojo la maleta, me la echo al hombro y me voy hasta la estación de ferrocarril en menos que canta un gallo». Pero las cosas como son: Que la Estación de Ferrocarril se había diseñado con su previsión de futuro teniendo en cuenta y llamando a ese crecimiento ciudadano. Y no se encontraba precisamente a un simple paseo.
Surgieron, entonces, en el centro del siempre sugerente y hermoso paisaje cacereño, como iniciativas de servicio público y empresas modernas adaptadas en función de la propia evolución de los tiempos los más que curiosos y muy llamativos Servicios de Carruajes… Eso sí, tal como se puede apreciar en el diseño del dibujo: Perfectamente equipados, con sus caballos de lozana presencia, al menos en el dibujo, de aire comercial, con sus espacios para viajeros, con sus ubicaciones para todo tipo de equipajes y envíos, con sus conductores bien ataviados y en una estampa que se iniciaba por el ambiente de aquellas calles tan tan transitadas, tal cual lo es, desde siempre, la de San Pedro.
Cáceres, la pequeña capital de provincias, se modernizaba, qué duda cabe, en función de los tiempos.
— ¡Arre, caballo…! –decía el cochero…
Tiraba un poco de las riendas y las caballerías enfilaban sus pasos, tirando del carruaje, San Pedro arriba , con sus damas, con sus caballeros, con sus equipajes, y trotando lentamente tomaba las afueras de San Antón, y, hala, hasta la estación de ferrocarril.
Todo un servicio de lujo en aquellos tiempos.
NOTA: El anuncio aparecía en la «Revista de Extremadura» (1905)

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LA CALLE PINTORES

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La calle Pintores es, de siempre, un símbolo mágico en la ciudad cacereña. Corazón de la capital, de hondo sabor, ahora, por el expansionismo de la ciudad tiene que luchar por su mayor y mejor revitalización. Este es mi artículo que hoy, 1 de julio de 2020, aparece publicado en el periódico regional extremeño «Hoy».

Resulta una satisfacción, que agradezco profundamente a los lectores, que mi ensayo “La calle Pintores, la más popular de Cáceres”, figure en primer lugar en Google, que se configura como un modesto recorrido humano y comercial.

            Una calle que en su haber cuenta con cuatro nombres, Pintores, Alfonso XIII, Pablo Iglesias y Generalísimo Franco, con cientos de negocios en su historia y que, a la hora de reconstruir el Cáceres de Aquellos Tiempos, nos da un extraordinario juego como corazón de la ciudad, durante tanto tiempo, que se hilvanaba entre adioses, saludos, parrafadas, citas, tertulias, holas, tratos ganaderos, escaparates, modas, negocios, encuentros, miradas, paseos, desfiles, procesiones, Pintores arriba, Pintores abajo…

            Bastaba con decir:

— ¡Nos encontramos por Pintores…!

            Sin embargo el expansionismo de la ciudad, como en todas partes, va dejando un espacio al vacío en los centros capitalinos, que se abandona por vecinos y empresas. Una histórica calle cacereña, de tantos acontecimientos, de toda índole y condición, que hay que reflotar, como tratan de hacer todas las ciudades.

            Y que, ubicado en ese espacio de singulares atractivos, tiene que luchar por su fortalecimiento, aún a pesar de la crisis económica que se avecina a pasos agigantados.

            Estudiosos, economistas, historiadores, inversores, emprendedores, creativos, diseñadores, periodistas y tantos profesionales tienen que converger para ayudar en el pulso de su revitalización, porque ahí se alberga ese corazón histórico, popular y económico que de siempre fue una especie de talismán para Cáceres.

            Esa calle, a la que tantas vueltas dimos, con tantas caras conocidas, de siempre, porque representaba, y continúa representando un campo de identidad de especiales considerandos y connotaciones en el callejero urbano.

            Una calle, Pintores, que ha marcado y ha de seguir marcando tanto la evolución ciudadana, que se merece una potenciación, a toda velocidad, y evitar el decaimiento junto a una parte de la propia intrahistoria cacereña. Aquella calle, ay, del Precio Fijo, Javier, Jamec, Dioni, El Siglo…

            Ahí queda, pues, un reto de envergadura y de máximo compromiso.

 

 

 

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MANUEL TRINIDAD, UN RETO EXTREMEÑISTA

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Manuel Trinidad es un personaje comprometido, de modo firme, con Extremadura. Su blogspot «Biblioteca Virtual de Extremadura», a disposición de todos, ofrece numerosas publicaciones virtuales de la historia de nuestra Comunidad, en diferentes vertientes, y que no hay forma de encontrar por arte alguna.

 

Manuel Trinidad, un extremeño comprometido con la tierra parda.

Manuel Trinidad, un extremeño comprometido con la tierra parda.

Manuel Trinidad es un extremeño de pro, antropólogo, que está llevando a cabo, de forma paulatina, un trabajo de extraordinario interés sobre el panorama histórico y cultural de Extremadura, fruto de numerosas investigaciones y trabajos.

Bibliotecario en la Facultad de Derecho, apasionado de la hondura cultural y del panorama festivo extremeño, tan variopinto y rico en todas sus manifestaciones, un día se puso a aunar tantas inquietudes. Fruto de ello es la puesta en marcha en su día del blogspot bajo el nombre de “Diccionario Virtual de Extremadura”, en el que, en colaboración con diversas instituciones y autores, lo mismo se puede leer “Extremadura, la tierra en que nacían los dioses”, de Miguel Muñoz de San Pedro, que consultar el “Diccionario histórico geográfico de Extremadura”, de Pascual Madoz, o deleitarse con la “Revista de Extremadura”, con una manifiesta abundancia y presentación de libros, de textos, de documentales, que ya no se encuentran ni bajo las piedras, aportando un relevante testimonio a nuestra cultura.

Fruto, todo ello, de su vocación extremeñista y de abrir de par en par las puertas de esa biblioteca a todos. Lo mismo que hace con la página “Indumentaria Popular de Extremadura”.

Trinidad con traje de pastor del Valle del Jerte.

Trinidad con traje de pastor del Valle del Jerte.

Una memoria viva y palpitante de la tierra parda que, desde nuestra perspectiva, es de justicia, promocionar y divulgar para el mayor prestigio y conocimiento de Extremadura, entre los miles de testimonios que pueden encontrarse en esta interesante propuesta.

Apasionado defensor de Extremadura, a través de estas aportaciones, con un calibre de excepcional relevancia, Manuel Trinidad ha entrado, con el bagaje de sus méritos, en ese panorama de cualificados extremeños y que, desde su generosidad, tiene las puertas abiertas de sus páginas como documentos ilustrativos de todos.

Un esfuerzo y una labor altruista, la de Trinidad, que destaca por facilitar a los usuarios una amplia hemeroteca, en tantas manifestaciones, como artículos, revistas, canciones o videos como los que sobresalen en sus páginas.

Gracias, muchas, de todo corazón, por esa labor tan abierta como profundamente humanista que tanto nos honra a todos los que seguimos una trayectoria tan vitalmente extremeñista como es la que llevas a cabo desde hace largo tiempo.

Extremadura, amigo mío, se encuentra en deuda contigo.

 

 

 

 

 

 

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PEPE HIGUERO, IN MEMORIAM

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Pepe Higuero,profesional de relieve en el periodismo, en el radiofonismo y en el cacereñismo, director de Radio Popular en Cáceres y del periódico «Extremadura», amigo, compañero, buena gente,se nos ido. Aquí os dejo mis líneas de despedida que aparecen publicadas hoy, 29 de mayo, en el diario del que estuvo al frente.

Se nos ha ido Pepe Higuero. Una excelente persona, un gran compañero.

Y me quedo, sencillamente, cercado por la consternación en la marcha de un cacereño y personaje, a la vez, del tiempo, como notario de la actualidad, como uno de esos apasionados por el fenómeno del cacereñismo. Como una idea de su propia filosofía de vida. ¡Qué importancia esa fuerza en su propia dinámica y en su propia concepción de un fenómeno que le presidió desde siempre!

Pepe Higuero, ahora que escribo estas líneas a vuelapluma, se configura como uno de los referentes del Cáceres de Aquellos Tiempos que algunos vamos tratando de recomponer como si fuera un puzle entre estampas, nostalgias, imágenes, relatos, recuerdos, curiosidades, fotografías, semblanzas, diseños, apuntes, y todo tipo de pormenores, intentando alzar la copia más exacta de aquel Cáceres que tanto nos marcó a los de aquellas quintas y aquellos tiempos. Que es, sencillamente, la memoria del paso de los días y años. Pero en la que quedan quienes marcan carácter, con su sello y tipología personal, y forman parte, a la vez, de esa radiografía que se conforma en nuestra ciudad y provincia. Como era y es el ejemplo de Pepe.

Pepe Higuero, buena gente, compañero, buena gente, cercano, cordial, humano, próximo, interesado por todo y con la mano abierta, al mismo tiempo, también, a todo. Luchador inveterado y constante por Cáceres donde desarrolló una trayectoria que hoy y ahora, en el tiempo del adiós, hemos de reconocer que es una marca del periodismo, del radiofonismo y de la inquietud cultural…

El, que, sencillamente, pasó por tantos puestos, siempre aprendiendo, siempre persistiendo, siempre instruyendo, siempre haciendo camino al andar entre ese tiempo de inquietud por el que conducía y reconducía sus pasos, que forma parte de una entrega sin límites a sus responsabilidades. Entre otras consideraciones porque su trabajo y sus quehaceres le nacían en lo más hondo y en lo más profundo de sus adentros.

Leo la semblanza de urgencia que ha escrito Miguel Angel Muñoz sobre Pepe Higuero tras su fallecimiento. Un repaso notorio por todo un tiempo de comprensión y de batallar periodístico que fue plasmando paulatinamente entre ese salvoconducto de sus obligaciones y de sus aficiones. Pero, siempre, con el sello y la marca de su estilo, de su personalidad, de su talante, de su manifiesta personalidad y de su más que buena y exquisita voluntad y de los vericuetos que fue recorriendo hasta alcanzar los escalafones desde donde dejaba constancia de su generosidad mezclada, acertadamente, con su calidad profesional y humana.

Pepe era así, servicial, constante, persistente, abiertamente humanista, sencillo, laborioso, y presidido por la inquietud… Un todoterreno de la vida cacereña, que hoy le despide con el mayor y el mejor cariño, que es lo que se merece toda su trayectoria, ahora que recuerdo aquellos cordiales encuentros, a caballo de nuestros trabajos, alentándome a seguir informando cada día más, sobre Cáceres, desde el ventanal de Televisión Española.

En esta hora del adiós, querido Pepe, permíteme que te diga que unas lagrimillas han caído sobre el teclado de mi ordenador.

Hasta siempre, Pepe, amigo mío.

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