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LA LUZ DE CACERES, FASCINANTE CIUDAD MEDIEVAL (EN TURCO)

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En el afán de continuar divulgando la imagen del Cáceres Medieval, van apareciendo algunos de mis trabajos en revistas digitales de diversos países como «Latitud» de Argentina, «Enfoque» de Chile, «Viajeros», de Costa Rica, y otras. Lo que genera una emoción de relieve en el escritor. De este modo hoy, 8 de enero de 2022, la revista «Eskapas» publica mi ensayo titulado «LA LUZ DE CACERES, FASCINANTE CIUDAD MEDIEVAL», en turco, con 14 fotografías, facilitadas por el Portal Oficial de Turismo de Cáceres y por David Díaz Pérez…

Así va atardeciendo en Cáceres... (Fotografía de David Díaz Pérez)

Así va atardeciendo en Cáceres… (Fotografía de David Díaz Pérez)

Un artículo que os dejo a continuación, queridos amigos y lectores de «Cacereñeando, el blog de Juan de la Cruz«, en el más firme deseo de que el inmenso tesoro histórico-artístico y monumental que se alberga en las entrañas de nuestra ciudad, Patrimonio de la Humanidad, así como el nombre de Cáceres, continúe expandiéndose por todas partes, para mayor conocimiento y gloria de todos.

Un ensayo periodístico, «La luz de Cáceres, fascinante Ciudad Medieval«, que también se puede leer en español en este blog, y que ha aparecido publicado en las páginas de diversas revistas digitales de viaje, tanto españolas como hispanoamericanas durante el año 2021, acompañado con una amplitud de extraordinarias y bellísimas fotografías… A cual, por supuesto, más bella de todas.

Y es que Cáceres, como solemos dejar constancia, se conforma como una joya de extraordinarios valores entre sus murallas…

Cáceres’in Işığı, Büyüleyici Orta Çağ Şehri

Copiando este enlace podeis ver todo el trabajo.

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EMIGRACION, DESPOBLACION Y PODER ADQUISITIVO

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Extremadura continúa perdiendo población de forma tan señalada que ya se encuentra en los parámetros de la población existente en los años veinte de la pasada centuria. Mientras tanto una nueva encuesta que se acaba de publicar señala que las provincias de Cáceres y Badajoz se encuentran en el furgón de cola respecto al poder adquisitivo español. «EMIGRACION, DESPOBLACION Y PODER ADQUISITIVO» es el título de mi artículo que aparece publicado ayer, 31 de diciembre de 2021, en el periódico regional extremeño «Hoy». Aquí os lo dejo. 

Sorprende cómo a pesar de los esfuerzos promocionales de Extremadura, sobre todo por parte del pueblo llano, mientras el puente de la Constitución Cáceres como otras localidades ha puesto el lleno turístico, lo que es de celebrar, por nuestra tierra y economía, se prodigan al tiempo, noticias que dan la espalda a nuestra región, cuajada de incentivos: Sus pueblos, sus paisajes, su gastronomía, sus monumentos…

Días pasados el Instituto Nacional de Estadística anunciaba –como era de esperar por cuantos estudiamos estos temas—que en solo una decena de años Extremadura descenderá del millón de habitantes, retornando de forma demoledora a la población regional de hace un siglo, continuando con los caminos de la hemorragia migratoria, acentuando una crisis que se iniciara a mediados del pasado siglo, mientras otros tarambainas andarán luciendo altivamente su palmito político. Lo de siempre. Dificultándose asimismo, de forma manifiesta, los pasos a ese proceso de transformación de las dinámicas rurales y populares — más aún con las energías solares, la llamada de la pandemia a la España abandonada y otros varios– en contra de los esforzados que apuestan por sus municipios.

El articulista, tantos años por los senderos del debate social, debe de confesar que a estas alturas ignora cuál es el grado de compromiso de los políticos que tanto prometen a los votantes, aunque como ya dijera Tierno Galván, alcalde de Madrid, las promesas electorales están para no cumplirlas.

Por si fueran pocas las estadísticas que nos abofetean con frecuencia, el periódico «El Debate» publicaba el pasado día 28 otra en la que se remarca que las dos provincias extremeñas transitan en el furgón de cola en poder adquisitivo y capacidad de compra, con una cantidad lejana de la media española, que se anda en los 14.709 euros, y más aún de los 18.576 euros de Madrid. Cáceres, rondando los 10.500 euros y Badajoz, la última, con 10.380 euros…

¿Quién ayuda al sufrido pueblo extremeño? Feliz 2022 y suerte, amigo lector.

 

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DEL PASEO ALTO

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El Paseo Alto. Uno de esos lugares mágicos que se dan cita en Cáceres, que tanto nos convocaba a aquellas generaciones y que, hoy, albergamos un enorme montón de recuerdos, inmensos, del Paseo de Ibarrola. Siempre conocido como Paseo Alto.

Aquel paseo de nuestra ya lejana infancia servía como refugio para la tropa de chavales y salir a pájaros con el tirador, gatear por el ramaje de su arbolado, saltar por la barandilla de la bandeja, aprovechar el recreo de la escuela de don Juan Checa, las hojas de los eucaliptos para baños de pies contra el catarro, escuchar los ensayos de la Banda de Música del Regimiento “Argel 27”, asombrarnos de los escarceos amorosos, compartiendo sandías en las noches estivales… Y el recuerdo de las niñas, comentaba mi madre, cantando: “En el Paseo Alto no se puede jugar, pues hay niños muy tontos que nos vienen a estorbar”.

— Paseo de Ibarrola. Un enorme pulmón cacereño–, nos dijo un atardecer cualquiera don Valeriano.

La muchachada de la pandilla se quedó atónita. Un servidor, acaso por ser su vástago, apuntó:

— Pero si es el Paseo Alto… ¿O, acaso, han cambiado el nombre?

Don Valeriano nos miró de forma bonachona y diría que docta. Posteriormente mi progenitor deslizó unas pinceladillas sobre la figura del escritor y jurisconsulto que presta su nombre a ese rincón que guardamos en el alma, entre esencias niñas y adolescentes, haciendo hincapié en su prestigio, su contribución al derecho, las letras y el honor de dar nombre a un lugar por el que transitaba el señor Ibarrola, respirando a pleno pulmón. Un paseo que don Valeriano declaraba de marcado carácter. Insistiendo, además, en la diferencia de los nombres reales y los impuestos por la idiosincrasia popular. Como ejemplos: El de la calle Margallo, que denominábamos Moros, la Plaza Mayor, entonces General Mola, o la calle Gómez Becerra, también conocida como de la Pulmonía. Cuando don Valeriano se encontraba con la pandilla recalcaba:

— ¿Cuál es el nombre del Paseo Alto?

Y todos a la vez canturreando:

Don-Jo-sé-de- I-ba—rro—la, i-lus-tre- es-cri-tor…

Tantos años después pareciera que pocos saben de don José, que diría don Valeriano.

 

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AQUELLOS GUARDIAS MUNICIPALES CACEREÑOS

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En el Cáceres de Aquellos Tiempos, con la presencia e imagen de los Guardias Municipales Cacereños, se incrustaba otro halo del sentido popular y humano que caracteriza a la pequeña capital de provincia.  Porque los Guardias Municipales, como todos, conformaban un paisaje de relieve en el pasaje existente entre todos los cacereños.

Miguel Blázquez Cercas dirigiendo el tráfico. (años 60)

Miguel Blázquez Cercas dirigiendo el tráfico. (años 60)

Dentro de esa serie de rostros populares que se deslizaban por el escenario de la pequeña capital de provincia que conformaba el Cáceres de Aquellos Tiempos, se encuentra, también, la imagen de los guardias municipales como una estampa familiar, de orden, y por qué no decirlo, temida siempre por los más pequeñuelos en sus juegos y travesuras que, tal vez, violaran las normativas municipales, como era echarse un fío en la calle. Y ante cuya presencia, para no engañarnos, adoptábamos un comportamiento de quien no hubiera roto un plato en su vida.

A los agentes municipales también se les denominaba como guindillas, porque los primeros municipales llevaban un sable y un bastón o vara como armas reglamentarias. El sable iba envainado en una trincha de color rojo, similar a la guindilla.

El más conocido sin duda de la saga de la guardia municipal era el famoso cabo Andrés Martín Piris, a raíz de aquel episodio sobre la Maja Desnuda, y, lo mismo que otros como Miguel Blázquez Cercas, nacido el 25 de noviembre de 1924 en la localidad de Aldeacentenera.

Miguel Blázquez, que supo de las durezas del panorama del campo, allá en sus vacaciones en el pueblo, aprendió de su padre, guardia municipal, las particularidades del cuerpo preparándose para el ingreso en el mismo. Una vez aprobada la oposición correspondiente, con el número dos de su promoción, estuvo durante un pequeño tiempo de servicio con un guardia veterano, casualmente su padre, e ir aprendiendo el celo del desempeño de su cometido así las obligaciones y responsabilidades derivadas de su uniforme y de su misión. Un tiempo en  el conoció con el mayor celo el distrito en el que desempeñaría su trabajo, pues Cáceres, entonces, se encontraba dividida en distritos proporcionales.

Barrantes, Sebastián Rico, Tomé, Merino y otros. Finales de los años 50.

Barrantes, Sebastián Rico, Tomé, Merino y otros. Finales de los años 50.

Pasado ese tiempo de conocimiento del distrito y de sus tareas, le destinaron al distrito correspondiente, con tan buena suerte que, viviendo en la calle Sande, permaneció unos primeros meses destinado en el área de la zona de la parroquia de Santiago. Domicilio al que se llegaba a la hora del bocadillo, como se conocía el alto a media mañana,  recuperaba fuerzas y a vueltas con su trabajo. Unas jornadas de ocho horas, en turnos de seis de la mañana a dos de la tarde, de dos de la tarde a diez de la noche y de diez de la noche a seis de la mañana, y descansando un día por semana.

En sus servicios dirigiendo el tráfico fundamentalmente ocupaba el de la Plaza Mayor a la altura de la Gran Vía, o en la calle de San Pedro, enfrente del Gran Teatro, y en la Avenida de España, enfrente del quiosco Colón. También solía haber otro puesto de guardia de circulación en el cruce de la Avenida de España con General Primo de Rivera, en la Plaza de San Juan y en la Avenida de España a la altura de la Fuente Luminosa, y también la Cruz de los Caídos. También en algunas ocasiones se ubicaba un guardia en la Plaza del Duque, y, en ocasiones especiales, corridas de toros, romerías, etc, ocupaban lugares cercanos.

Asimismo cambió, de modo alternativo, entre otros distritos, lo mismo que, durante un tiempo, asistió en labores de despacho en el despacho de la Guardia Municipal y cuyas dependencias se encontraban en el Ayuntamiento, atendiendo consultas de los ciudadanos, dando parte de las correspondientes incidencias al Jefe de Servicio, que solía ser un cabo.

El guardia Sebastián Rico tomando nota de una "recetilla"

El guardia Sebastián Rico tomando nota de una «recetilla»

Entre otros cometidos los guardias tenían las funciones de cuidar y velar por el orden público recorriendo las callejuelas y plazoletas de su distrito, evitar la mendicidad, los actos vandálicos, las travesuras de los más pequeños, el buen comportamiento ciudadano… Y es que la sola presencia del guardia municipal ya hacía que el viandante se esmerara en su comportamiento.

Como los tiempos se andaban difíciles y la vida, para no engañarnos, estaba cara, y por encima de la soldada y nómina de los guardias, que, al menos, ya formaban parte de la seguridad en la Administración municipal, los mismos en sus tiempos libres ejercían de cobradores de seguros puerta a puerta, sastre, repartidor de lejías con motocarro, hortelanos, vendedores ambulantes de cuadros, electrodomésticos a plazos, pintores de brocha gorda, albañiles por cuenta propia, a quienes se conocía como chusqueros, carpinteros… En el caso concreto de Miguel Blázquez el mismo contaba con una peluquería de caballeros. Como Sebastián Rico Redondo, natural de Botija, hacía, en ocasiones, labores de sereno, y ejercía de pintor de brocha gorda, que pintaba, además, los pasos de cebra, junto a otro guardia municipal, Joaquín Holgado Cebrián, (Cáceres, 1926), conocido como Potaje, y que sacó el número uno de su promoción. Otros guardias y, por tanto, rostros conocidos, eran Eustaquio Reguero, que llegó a cabo, que llevaba un puesto de charcutería en el Mercado de Abastos, los hermanos Joaquín y Aquilino Barrantes Cortés, que se dedicaban, asimismo, a temas de cuadros y fotografías, Alvaro Solís Jiménez, (Zarza de Montánchez), mutilado de guerra, que también era hortelano, Antonio Holgado, al que conocían como Potaje, el Rico

Los uniformes eran el clásico azul marino para invierno y verano a lo largo de muchos años… Distinguiéndose, sobremanera, el casco blanco.

Carnet del Policía urbano Miguel Blazquez Cerca.

Carnet del Policía urbano Miguel Blazquez Cerca.

Unos guardias que, claro es, siempre llevaban consigo su Libreta de Denuncias, con su bolígrafo y papel de calco, para proceder a dar parte de las multas e incidencias de notificación que se estipulara oportuno por parte de los mismos en el cumplimiento de velar por el orden y las buenas maneras en la pequeña capital de provincia: Abusos, denuncios a descuideros, robos, jugar  a la pelota en la vía pública…

El caso es que los guardias, guindillas o botes eran servidores del orden público y que velaban, como siempre, por la mayor y mejor normalidad en la ciudad.

Otros Agentes Municipales, y, por tanto, todos ellos muy conocidos en Cáceres eran Palomino, que también trabajaba de empleado en la gasolinera de Montebola, Alejandro Holgado, que también ejercía de sastre, por lo que le conocían como “La Ultima Puntada”, Pedro Holgado, hermano del anterior, Santiago Polo, a quien apodaban “El Sierrafuenteño”, por ser natural de dicha localidad, los Corrales, que eran padre e hijo, Cotallo, que era cabo de tráfico y que también tenía un pequeño taller de carpintería, el cabo Barrantes

Asimismo también estaba la Guardia de Gala, conocido como los del Plumero, que estaba formada por los más altos y de mejor aspecto físico, luciendo plumeros sobre el casco, guantes blancos, cordones de hombro a pecho, manguitos blancos, y que solían desfilar y estar presentes en todos los actos oficiales como desfiles procesionales, etc.

Con los guardias andaba bastante el Sabanilla, que era el lacero de recogida perros que estaban abandonados por la calle o que a quien llamaban sus propietarios para sacrificarlos por estar enfermos o demasiado viejos

Agentes Municipales o Guardias Urbanos que honraban a su patrona, la Virgen del Carmen, entre otros actos, con una misa en la iglesia de Santiago, y una cena y baile en la explanada de los Talleres Municipales.

Hoy, pues, este recuerdo va por y para ellos, como servidores municipales.

NOTA: Las cuatro primeras fotografías han sido cedidas por Juan Miguel Blázquez Nieves y Cristina Rico.

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LA CONDENA DE NUESTROS PUEBLOS

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La emigración regional extremeña se conforma como una de las mayores tragedias histórico-sociales de nuestra Comunidad, desde que, allá por los años cincuenta del pasado siglo, con la puesta en marcha de los procesos industriales, y la dejación de atenciones la agricultura y la ganadería, decenas de miles de paisanos se vieron forzados a emprender otros caminos, allende las fronteras regionales, vaciando nuestros pueblos de futuro… LA CONDENA DE NUESTROS PUEBLOS es el título de mi artículo de hoy, 25 de noviembre de 2021, en el periódico regional extremeño HOY. Aquí lo teneis. 

Hace algún tiempo comenzó la guerra por los votos de lo que mal llaman la España Vaciada, cuando podrían denominarla la España Despoblada y Desatendida por los Gobiernos de turno, que tanto afecta y daña a nuestra provincia, cuyos municipios, salvo excepción, pierden población a raudales desde los años cincuenta a través de una sangría migratoria que rompe familias, destruye la esencia y sabor de los pueblos y conduce al abandono de la tierra a decenas de miles de paisanos desperdigados por la España desarrollada. Con preferencia, como siempre, por Cataluña, Madrid y el País Vasco.

Ya pueden venir ahora esos salvadores con las monsergas de la recuperación y defensa de nuestros pueblos, donde la media de edad se presenta cada día más elevada, de tal forma que nos jugamos pincho de tortilla y una caña a que no se  llevarán a cabo movimientos tecnológicos ni de aprovechamiento de las tierras para crear puestos de trabajo y enriquecimiento de unos municipios condenados a la soledad desgarrada y desgarradora que se palpa casi en su práctica totalidad como tampoco se rejuvenecerán nuestros pueblos.

Ya hay poco que confiar tras tanto desprecio y dejación mientras los brazos más jóvenes de la Extremadura de hoy siguen mirando, con dolor, al horizonte de la emigración y de las ausencias, cuando apenas son unos cuantos los que regresan del destierro, porque en la tierra parda apenas existen generadores de trabajo.

Nos duele la tierra hasta la médula… Pero la realidad se hace terca y tozuda. ¿Qué jóvenes se van a asentar en pueblos lejanos de industrias, carentes de servicios, sin escuelas, centros médicos, focos de expansión y sin el paisanaje de siempre?

Diagnóstico: Nuestros pueblos, seguirán agonizando. Prometan lo que prometan los promotores de esa España Vaciada, por cuyos votos ya empiezan a movilizarse algunos espabiladillos, cuando lo que desean sus gentes son servicios, progreso y respeto.

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CACEREÑEANDO

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En el afán de continuar expandiendo la palabra CACEREÑEANDO, creada hace largo tiempo por un servidor, como expresión de una forma especial de sentir y de vivir con la sensibilidad que inspira el ritmo cotidiano y extraordinario en Cáceres, aquí os dejo el artículo, titulado CACEREÑEANDO, que acabo de publicar estos días en el periódico extremeño REGION DIGITAL y en la revista extremeña GRADA.

Cacereñeando por la calle Pintores.

Cacereñeando por la calle Pintores.

Hace ya unos años que el articulista sacó a colación, tanto en su blog como en tres o cuatro grupos de Facebook, una palabra que anteriormente jamás había escuchado ni leído, Cacereñeando, y, bajo cuyo nombre, sube los posts correspondientes por el amplio mundillo de internet. Inclusive allá que en su día, creó el blog “Cacereñeando”, insertó unos cuantos artículos entre sus trabajos, como los que se titulan “Cacereñear” y “Cacereñeando con la Plaza Mayor”, en los que se adentra con ese sentido que emana de una palabra, concepción o sentimiento tan hondo, del mismo modo que el pasado 18 de mayo de 2021 escribió un artículo en el periódico “Hoy” bajo el titular de “Cacereñeando”.

Tras las primeras gestiones llevadas a cabo por un servidor al parecer la palabra Cacereñeando no puede incluirse en el Registro de la Propiedad Intelectual porque no se admiten propuestas o exposiciones alrededor de un solo vocablo. El autor, qué carape, le dio vueltas al asunto, quería seguir cacereñeando, y hasta lo lleva a cabo con todos los tiempos del verbo que emanan del mismo en su declinación. Unos ejemplos: “Yo cacereñeo por los bares todos los días”, o “¡Qué curioso y popular resultan las chácharas cuando la gente cacereñea en sus andanzas vecinales…!”.

Turistas cacereñeando entre el Adarve y el Arco de la Estrella.

Turistas cacereñeando entre el Adarve y el Arco de la Estrella.

Con el tiempo, mientras el articulista va divulgando en la medida de sus posibilidades ese sentimiento innato que surge del cacereñismo, continúa recibiendo manifiestos mensajes de aliento, por parte de amigos y lectores, con la admiración de un verbo, cacereñear, como expresión sublime. Así, pues, seguiremos cacereñeando, que es gerundio, por cierto.

De tal modo y manera resulta este recorrido que día a día continuamos tratando de dejar constancia expresa del empeño en divulgar al máximo y lo mejor posible la palabra cacereñeo y el verbo cacereñear –con o sin permiso del Registro correspondiente y hasta de la Real Academia Española–, que en su traducción más adecuada, en función de los distintos planteamientos, vendría a ser como la sensación de saborear, palpar, participar, disfrutar, identificarse con las imágenes, pasajes, ámbitos populares o esencias con los argumentos de Cáceres a través de sus más variadas y diversas manifestaciones. Por ejemplo: “Hoy hemos cacereñeado dando vueltas y más vueltas por Cánovas arriba y Cánovas abajo”, “Esta tarde vamos a cacereñear a base de bien por la feria”, “¡Mira la cantidad de extranjeros que se encuentran cacereñeando por la Ciudad Medieval!”…

Cacereñeando en el rodaje de la serie de televisión "Isabel".

Cacereñeando en el rodaje de la serie de televisión «Isabel».

Cacereñear también es, sencillamente, sentir a cada paso, las esencias, las honduras y las sensibilidades de un sentimiento propia y estrictamente cacereño, siempre penetrante, repleto de hechizo, cargado de mágicas estampas, revivir emociones, en el recorrido cacereñeador para disfrutarlas a cada instante y que se quedan grabadas en el alma.

Del mismo modo y manera que cacereñear es vivir, palpitar y hacer cada día gala de los sentimientos que se respiran con la ciudad. Un paseo lento, sin prisas, a caballo, por ejemplo, entre la Plaza Mayor, Pintores y la Plazoleta de San Juan, y viceversa, Plazoleta de San Juan, Pintores y la Plaza Mayor, todo un recorrido histórico-popular en el transcurso de los tiempos, caminar arrobado por las estampas de ayer y de hoy, decir casi de modo continuado “Adiós”, “Hasta luego”, “Vamos andando”, “Ve con Dios” o “Usted lo pase bien”, tal cual se saludaba en aquellos lejanos tiempos de la niñez del articulista a las caras conocidas que se deslizaban entre los parajes humanos de la ciudad, desayunar unos buenos churros con café, seguir con la típica costumbre del tapeo, sentarse en una terraza a disfrutar en una tertulia con el paisanaje amigo, al medio una copa de buen tinto de Montánchez y ese manjar que resulta la prueba de cerdo, contemplando el desfile de los transeúntes, en una y otra dirección, pegando la hebra, que no resulta mal oficio, a veces cortando de forma irónica algún que otro traje, y sitiados por el sonsonete del murmullo callejero que fluye y deambula por las calles y plazas, o, acaso, por ejemplo, contemplar, con calma, los escaparates de los comercios de moda al hilo de las modas y ofertas junto al trajín de la ciudad.

Cacereñeando con el Festival Iris Fleadh.

Cacereñeando con el Festival Iris Fleadh.

Asimismo, caminar con cadencias y admiraciones por las entrañas del Casco histórico-artístico y monumental, entre la Plaza de Santa María, dejando atrás la estela del Palacio Episcopal, el Palacio de Hernando de Ovando o la Casa de los Mayoralgo, traspasar la Plaza de San Jorge, rozando el Palacio de los Golfines de Abajo en su esquinazo con la calle del Marqués, la Casa de los Becerra y el viejo Instituto de Enseñanza Media “El Brocense”, conocido como el Insti, revuelto por la muchachada bachiller, y tirar por la Cuesta de la Compañía arriba, hasta el marco de la Plaza de San Mateo, con la mirada admirativa ante el encanto sugestivo de la ciudad medieval.

Una, siempre, impresionante Cáceres…

O, simplemente, sentarse en uno de los bancos de cualquier paseo –se me antoja, así, de repente, la larga bancada de la bandeja del Paseo de Ibarrola, conocido como Alto, de tantas correrías por el tránsito de la infancia, con las hojas de los eucaliptos que servían como baños de vapor para los catarros–, o dejarse llevar por el murmullo del agua de las fuentes de los Tritones o la de Los Cisnes, o aquellos otros bancos situados en la bandeja de la Plaza Mayor, arropados por hermosas palmeras, que lamentablemente nos dijeron adiós hace largo tiempo, y en cuyo desaparecido escenario los mochuelillos cambiábamos aventuras en las mañanas dominicales. Bancos estos últimos que cuando las sombras de la noche eran sitiados por algunas parejas de novios.

Cacereñeando en el Festival de Teatro Clásico.

Cacereñeando en el Festival de Teatro Clásico.

Y revivir tantas secuencias, fotografías, imágenes, sensaciones de nuestros adentros, impresiones del alma y variopintas en el recorrido siempre humano, popular y cacereñeador de nuestros trasiegos, caminatas, andanzas y disfrutes por lo que todos conocemos, desde siempre, y nunca mejor dicho, seguramente, por el todo Cáceres.

¡Qué inmensamente genuino y bello se hace el cacereñear…! Lenta, sosegada, tranquila, reposada, despaciadamente, por los diferentes trayectos de la capital, amigo lector, compañero sumergido entre las densidades del cacereñeo.

Y cacereñear, claro, es la normalidad de tantos pasos, como lo es el hecho de participar de la vida, de los actos, de los acontecimientos, que marcan un antes y un después en el paso del calendario, hacerse eco de las noticias volanderas que corretean o galopan por el boca a boca y saber de Cáceres, como siempre se hizo, también, por los periódicos callejeros de las gentes.

Cacereñeando con la bajada de la Virgen de la Montaña, desde el Santuario a la ciudad.

Cacereñeando con la bajada de la Virgen de la Montaña, desde el Santuario a la ciudad.

Desde las Candelas con roscas de anís, por los recorridos procesionales de la Semana Santa, de Interés Turístico Internacional, siempre hechizante, continuar el curso de los festejos en las tradicionales Ferias y Fiestas de mayo, subir a visitar a la Virgen de La Montaña, allá en su altar del recogimiento del Santuario, en la Sierra de la Mosca, entre plegarias y rogativas, participar en los actos de la festividad de San Jorge, soldado romano, ejecutado por su fe cristiana, mártir, cuya celebración en el calendario coincide con el de la conquista de la villa por las tropas cristianas de Alfonso IX a los moros, dejarse sorprender por los ritmos étnicos y folklóricos del Womad, escuchar alguno de esos selectos conciertos, cuajado de esencias, como resultan, siempre, desde hace sesenta y siete años, los del Orfeón Cacereño…

Acaso porque como ya dejé constancia en su día, paseando y marchando  por cualquiera de los senderos y rutas urbanas de Cáceres, también se cacereñea con pasión, con sosiego, con calma, con sensibilidad popular, con sabor a raudales, con luz…

Cacereñeando en el Festival Etnico-Musical Womad.

Cacereñeando en el Festival Etnico-Musical Womad.

Y es que cacereñear se conforma como un acto de cotidianeidad y en el que basta con dejarse llevar, tan solo, por el ritmo de gozar con los infinitos sabores de la ciudad, como la parte de un todo por cuyo manantial fluyen los riachuelos de sensibilidades que se pueden vivir con Cáceres, con sus estampas, con sus gentes, con sus costumbres, con sus esencias, con sus particularidades, con sus emociones, con sus hábitos frecuentes.

Así, por ejemplo, de este modo trato de dejar constancia de una manifestación con eminente sabor a las esencias de Cáceres. Como si alguien expusiera de forma coloquial:

¡Me voy al Rodeo a echar un fío…!–, mientras los chavales galopábamos para corretear de forma ansiosa tras la pelota, con dos montones de piedra como porterías, emulando a nuestros ídolos, los jugadores del Club Deportivo Cacereño, como Tate, una institución del fútbol local, o caminando por la Ronda, en aquel entonces por la parte contraria a la de las viviendas que van confirmando la curva de la Avenida de Hernán Cortés, dejando al otro lado con una secuencia interminable de largo, infinito tapete de verde campo, la Sierrilla –como seguramente queríamos señalar de chavales los amigos de las pandillas de la infancia y bachiller– mientras la nueva palabra nos podría sugerir, y mucho, la terminología por el sabor y el saber del día a día de y sobre los aconteceres y dinámicas de la cotidianeidad existente en los marchamos de Cáceres. Referencia que se aumenta al sentir el prisma de la pequeña capital de provincia, siempre tan cercano, que diría Miguel Delibes, notable conocedor de ese espíritu tan humano y próximo que anida en este tipo de capitales.

Cacereñeando con la Procesión de los Estudiantes. Viernes Santo.

Cacereñeando con la Procesión de los Estudiantes. Viernes Santo.

Una ciudad, ni más ni menos, que es Patrimonio de la Humanidad, Tercer Conjunto Monumental de Europa, después de Tallín y Estambul, Capital Española de la Gastronomía en 2015, habitadas por cientos y cientos de personas cuyos rostros hemos contemplado en numerosas ocasiones, aunque no haya transcendido tan siquiera nunca conversación alguna, y siempre abierta a todos con los brazos de par en par.

Pero engancha tanto el sentido y el sentimiento que se alberga por la inmensidad del recorrido por el diseño y el dibujo de las calles de todo Cáceres, Vive Dios, que el articulista se compromete a continuar estimulando de forma constante en el reto de hacer cotidiano el uso de la palabra cacereñeo, y que ya se utiliza en determinados círculos.

A buen entendedor, pues, palabras sobran, en el espíritu y en la inquietud de seguir Cacereñeando más y mejor cada día. Como una muestra social y cercana de los sentimientos cotidianos que palpitan en el trasfondo del paisanaje.

Cacereñeando en la Plaza de Santa María y en el Mercado Medieval.

Cacereñeando en la Plaza de Santa María,

Cacereñeando en la Plaza Mayor.

Cacereñeando en la Plaza Mayor.

 

 

 

 

Cacereñeando en el Mercado Medieval

 

NOTA: Las fotografías han sido cedidas, amablemente, por el Portal Oficial de Turismo de Cáceres y por el emprendedor y fotógrafo David Díaz Pérez.

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EL CAPITAN GARFIO Y OTROS

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Hoy continúo el pequeño repaso por los tipos populares y conocidos, prácticamente del todo Cáceres, eso sí, de Aquellos Tiempos en los que, más o menos, nos conocíamos casi todos. Parte de los encantos de una pequeña capital de provincia, de aquellos años cincuenta, sesenta… Aquí os dejo mi artículo «EL CAPITAN GARFIO Y OTROS», que hoy, 5 de noviembre de 2011, aparece publicado en el periódico regional extremeño «Hoy».

Hace unas semanas abordamos un trabajo sobre tipos populares cacereños, más allá de los más conocidos.

Margallo, familiar del glorioso general Margallo, indigente en Cáceres.. Fotografía Múñez, en el diario "Hoy"

Margallo, familiar del glorioso general Margallo, indigente en Cáceres. Fotografía Múñez en el diario «Hoy».

Hoy traemos a colación otros personajes. Tal cual el Capitán Garfio, a quien le faltaba la mano y parte del antebrazo izquierdo, decía que porque le estalló una granada en esa zona durante la guerra, habiéndosele colocado en el muñón una pieza de hierro que terminaba en un enorme garfio, como contemplábamos en los piratas de las películas. El aspecto de la mano imponía, pero le servía para ganarse la vida de maletero, aguantando el peso de bolsos y maletas. Entre el parador del Carmen, la estación de ferrocarril y paradas de coches de línea, entre tascas y soledades, entre silencios y murmullos, transcurría su vida.

Otro tipo popular era la Jaca Peralta. Limpiabotas gitano, que vivía por un arrabal calé del Carneril. Moreno de verde luna, alto, de pelo rabiosamente azabache, padecía una deformación en las piernas que le obligaba a caminar levantando las mismas de tal modo que más parecía una jaca, con sus mejores pasos de doma, como las que lucían los rejoneadores hermanos Peralta en los cosos taurinos. De ahí el apodo.

También figuran en este segmento humano el Mudo, un vagabundo de chambra deshilachada, hecha miseria y aspereza, de gorra y sempiterna colilla en la comisura de los labios, que en muchas ocasiones recogía del suelo, serpenteando con la mano limosnera en busca de alguna moneda, Antoñito Jujú, otro errabundo por los lares de aquel Cáceres, que caminaba a grandes zancadas, con la cabeza en otro mundo, boina calada hasta las orejas, los brazos cruzados pero por la espalda, tal cual un contorsionista, sonrisa descuidada ante el enigma de la vida, o Margallo, familiar lejano del general, falto de una pierna, que vivía de las dádivas generosas de los cacereños de las que buena parte se perdía en tabernas, como bien sabían en La Catalana, apagando sus penas.

Otros cacereños en la historia de la ciudad.

NOTA POSTERIOR A LA PUBLICACION DEL ARTÍCULO: El apodo de «Jujú«, en Antoñito, se debe a que «Ju-ju» eran las únicas palabras que pronunciaba.

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