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COROS Y DANZAS SECCION FEMENINA DE CACERES (AÑOS 60/70)

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El Grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Aquellos Tiempos, años 60 y 70, fue una institución en Cáceres y en el panorama folklórico. Con manifiesta vitalidad y esfuerzo para divulgar los aires de la tierra. Un grupo que conformaron una larga lista de cacereños, que vamos a intentar recuperar, en nombres e imágenes, siquiera sea por justicia, en el deseo de que sus componentes formen parte de las páginas del libro de la Historia de Cáceres.

Pepi Suárez y Daniel, una gran pareja de baile.

Pepi Suárez y Daniel, una gran pareja de baile.

Buena gentes, amantes y entusiastas de las canciones y las danzas típicas de Extremadura, que tiempos atrás, recogieron en base a un gran esfuerzo e identidad con la provincia, dos investigadores y personalidades de relieve en el ámbito etnográfico como han sido los cacereños Manuel García Matos y Angelita Capdevielle Borrella, recorriendo de forma incansable, carreteras, pueblos y aldeas en búsqueda de las esencias populares, entre los más mayores de los lugares, con grabaciones, con letras, con músicas, con historias y recuperando esos pasos de las danzas típicas antes de que las mismas pudieran desaparecer del escenario folklórico por los rincones de los olvidos. Lo que hay agradecer, una vez más, de forma pública.

Con ese sacrificio tan señalado, ambos, llevaron a cabo una tarea ejemplar y cumbre. Hasta el punto de que se puede afirmar que gracias a aquellos antepasados y protagonistas del folklore de toda la provincia de Cáceres a lo largo del tiempo, de otros investigadores, historiadores y escritores como Manuel García Matos, Angelita Capdevielle, Rafael García-Plata de Osma, Valeriano Gutiérrez Macías, Bonifacio Gil García, Domingo Sánchez Loro, y otros, así como una amplia muestra y participación de jóvenes cacereños, que en aquellos años, fueron tomando el testigo y relevando a otros que transmitían el testimonio imperecedero de las canciones, de las danzas, de las jotas, de los sones, brincaos y no brincaos, cacereños.

Angelita Capdevielle

Angelita Capdevielle

Vidal Hernández

Vidal Hernández

Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres en Argentina, 1948 (ABC)

Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres en Argentina, 1948 (ABC)

Aquel grupo que dirigiera en su día Angelita Capdevielle, con la participación inicial solo de cacereñas, guiados en la parte musical con ese tamborilero y flautista mágico como Vidal Hernández,  que llevaron a cabo un largo viaje de identidad folklórica popular cacereña por Argentina en el año 1948.

Una expedición cuajada de ilusiones y de empuje, abriendo el panorama de esas riquezas folklóricas cacereñas a los vientos de allende los mares, y expandiendo el ritmo de esas canciones y danzas que se habían ido recogiendo con todas las sensibilidades que se daban cita en los ambientes de los pueblos de la provincia cacereña, también llamada y conocida como la Alta Extremadura.

Y allá que se fueron las folkloristas cacereñas y pregonar nuestras danzas, nuestras canciones y nuestras jotas que causaron una gran admiración.

Nena Guerrero Beltrán

Nena Guerrero Beltrán

En esa expedición se encontraban entre las componentes del grupo Coros y Danzas de la sección Femenina de Cáceres los nombres de Nena Guerrero Beltrán, de M. Sánchez Peña, de Inmaculada, conocida como Chicu, otra joven apellida Luengo, de Tola y Carmina Burgos, que iban recorriendo con señalada frecuencia, la geografía altoextremeña, asimismo, acompañando a su tía, la musicóloga Angelita Capdevielle, recopilando las páginas folklóricas.

Una agrupación que allá por esa década de los años cincuenta de la pasada centuria ya pasó a conformarse como Grupo Mixto de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres.

Las danzas y canciones típicas y populares de la geografía altoextremeña iniciaban, entonces, de forma paulatina, un  nuevo recorrido bajo la coordinación de Pepi Suárez, que, con señalada diligencia y un buen equipo de entusiastas colaboradores posibilitó la esencia y puesta en marcha de un nuevo grupo, que trabajó con esmero y rigor durante largo tiempo, y que, evidentemente, fue acogido con un extraordinario interés por todo Cáceres, orgulloso, asimismo, de aquellos comienzos, entre ensayos cuajados de inquietud, de ilusión y del mayor y más firme compromiso con el cacereñismo.

1961: Interpretando "El Perantón"

1961: Interpretando «El Perantón»

En aquellos inicios del Grupo Mixto de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres retumbaban el más profundo sabor por los cuatro puntos cardinales de toda la ciudad con sus ecos musicales, con sus pasos de danzas enhebrando el ritmo adecuado de las danzas y de los bailes, la uniformidad coreográfica de los bailaores y de las bailaoras, como retumbaba y se esparcía el eco y el ritmo de las castañuelas o palillos por parte de los mozos y el de los chasquidos de las manos por parte de las mozas, el dulce y agudo sonar de la flauta, los rasgueos y acordes de la guitarra, el sonido rítmico del tamboril, el tarareo de uno y otro ensayo…

Jóvenes y más jóvenes cacereños, que, entusiasmados con la imagen de los más diversos y variados aires populares cacereños, fueron sabiendo, conociendo y aprendiendo poco a poco, en medio de numerosos ensayos con flautistas y con tamborileros, con guitarristas y con bandurrias, con panderos, para mostrar, por todas partes, ese amplio, bello y genuino repertorio folklórico que llevaban tan dentro de sí los miembros del Grupo de Coros y Danzas y que mostraban en todas sus actuaciones.

Se abría paso, entonces, con toda su magnitud, a la riqueza del «Redoble«, la jota ochocentista y cacereña por excelencia, a la «Jota del Candil«, de Alcuescar, con una original serie de piropos llamados «bomba», y entre curiosas rimas populares, que lanzan los mozos a las bailadoras en mitad de la ejecución de la danza, parando la música y el baile, a la «Jota de Guadalupe«, dedicada con fervor a la Virgen Morenita, patrona de Extremadura, de manifiesta veneración regional,  la «Jota Cuadrada«, de la localidad de Monroy. el «Quita y Pon«, de Montehermoso,  entre alegres saltos y brincos, «El Perantón«, de Zarza de Granadilla, con ese movimiento picantón en el que los bailaores hacen ademán de agacharse para ver las piernas de la bailaora, la «Jerteña«, el «Cerandeo«, de Cáceres, «La Carta«, procedente del municipio de Piornal, «Qué bonitas son las cacereñas«, de la capital provincial,  «El pollo«, de Montehermoso, «La Rondeña«, de La Vera, el «Riani si, si, si«, de Cáceres, «El arbolito«, de Piornal, «A volar pajaritos«, «El que espera, desespera«, de Ceclavín; La guerra del moru«, de Montehermoso, «La bruja«, de Madrigal de la Vera, y otras muy numerosas que se conservan en ese sentido y en ese sentimiento expositivo con la diversidad del folklore provincial cacereño.

Bellísima estampa de Concepción Ciborro luciendo la gorra de Montehermoso.

Una bella estampa de Concepción Ciborro luciendo la gorra de Montehermoso.

Paso a paso de las jotas y de las danzas, de los ricos sones cacereños, exponentes del folklore cacereño y de la coreografía… Siempre, de fondo, ese estribillo que todos los cacereños aprendemos muy pronto:

Redoble, redoble, vuelve a redoblar,

con ese redoble me vas a matar.

Me vas a matar, me voy a morir,

con ese redoble vuelvo a repetir…

Un grupo de manifiesta relevancia, con una larga serie de nombres de cacereños y cacereñas que entregaban su mayor entusiasmo en ese conjunto que se iba abriendo paso con la magia, con el hechizo y con la distinción manifiesta del folklore provincial cacereño, con un relieve que brillaba en festivales, en certámenes, en concursos, en muestras, en festividades, en exhibiciones, en los que tomaba parte el Grupo Mixto de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres y cuyos componentes difundían, con primor, todo ese amplio abanico de manifestaciones populares que arrancaban entre tradiciones, costumbres y arraigos de identidad típica.

Tradiciones, costumbres, arraigos que son y constituyen, en definitiva, las raíces y las bases más sólidas y firmes del folklore popular.

Gabriel Romero Ruiz bailando la "Jota Cuadrada", 1966

Gabriel Romero Ruiz bailando la «Jota Cuadrada», 1966

Adolfo Romero, "Fito", y Jacinta Sánchez Herrero, 1966

Adolfo Romero, «Fito» y Jacinta Sánchez Herrero, 1966

Muchos nombres, como todos sabemos y conocemos, a lo largo de esa trayectoria de los Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres en esos tiempos. Como los de Carlos León, Antonio Ojalvo, Germán, Gabriel Romero Ruiz, radiofonista y periodista, excelente voz, solista y bailarín, como Maria Fernanda Sánchez Franco, todo un exponente en la relevancia del folklore cacereño, Rafaela Curiel Guerrero,  Luis Luengo, Adolfo Romero Ruiz, conocido en los ambientes populares como Fito, al son del laud y la guitarra, Conchi Pellitero, Teresa, Isabelita, que también fuera solista, Eusebio, Mariano, bandurria, Jacinta Sánchez Herrero

Ahí sonaban las flautas y los tamboriles, las guitarras y las panderetas, los almireces y las bandurrias, las botellas raspadas con cucharas y las castañuelas, los laudes y los panderos de siempre, las selectas y escogidas voces de los componentes del coro, unas recias y fuertes, otras finas, los piropos de siempre, que salían del alma… Como, por ejemplo, ese que se escucha de fondo en el disco grabado por este grupo: «¡Qué guapas son las mujeres de Extremadura…!».

Y letras, letras populares, curiosas, genuinas, que marcaban las canciones creadas en el amplio abanico de las fenomenologías propias en las aldeas, en los municipios, en los sentimientos y tradiciones de los pueblos y sus gentes, creciendo como fértiles raíces, al propio hilo de la historia popular.

Letras de amores, de rondas, de romerías, de costumbres, de devoción y fervor por las Vírgenes y santos, de quintos, de pasión por los pueblos, por sus tierras, por sus gentes, por sus hombres y mujeres, en base a la idiosincrasia de los lugares respectivos.

Desde que te ví, ya no puedo más,

tus ojos, morena, me van a matar.

Me van a matar, me tienen a mí,

muertito de pena desde que te ví…

La raza, la sencillez, la hondura y la expresión más cálida del pueblo cacereño.  Una raza genuina que había ido elaborando, con consistencia, los pasos de sus canciones y danzas como manifestación típica de esas propias raíces, bien cuidadas, muy bien cuidadas, afortunadamente, por aquellos hombres y mujeres de otras generaciones atrás que mimaron esas muestras tan características y del mayor relieve dentro del folklore típico, popular y tradicional del pueblo. Mejor, aún, de todos y cada uno de los pueblos esparcidos por toda la geografía provincial de Cáceres.

El sabor y magnificencia del folklore cacereño mostrado, pues, en su más plena idiosincrasia. Canciones y danzas de una señalada expresividad costumbrista. Las nuevas generaciones, de entonces, cogiendo el relevo y continuando el ritmo y el sabor del acerbo popular cacereño. Un tipismo profundo que se recogió a tiempo y que hoy se expande a través del repertorio que ofrecen numerosos grupos folklóricos cacereños y que han sabido cuidar, conservar y divulgar ese sentimiento de la belleza folklórica provincial, de la indumentaria típica y popular, de las músicas y de los ritmos, de las letras de las canciones, de las ejecuciones armónicas en los pasos de las danzas y en las jotas; n definitiva, de la autenticidad del folklore provincial… Toda una joya y, también, toda una meritoria labor.

Concepción Ciborro y Francisco José Romero, 1968

Concepción Ciborro y Francisco José Romero, 1968

Más y más nombres de esos de tantos cacereños, que formaron parte en su día del Grupo Mixto de Coros y Danzas de la Sección Femenina. Además de representar un acto de justicia. Por ejemplo el de la pareja de bailadores conformada por Concepción Ciborro Gutiérrez y Francisco José Romero Barra, que ahí se andan posando, en esa preciosa estampa fotográfica de la izquierda, como la de los nombres de Leocadio Bernaldez Solano, diseñador y modista, Josefina Collado, Juan Palomino,  Ana Mari Sevilla, Fernando Mateos, Manuel Lucas, Laly Silva, Luis Miguel Luengo Solís, Vidal Sánchez Corrochano, Luis Arroyo, Manoli Collado, Manuel Acedo, Juan de la Cruz, todos los citados anteriormente pertenecientes al cuerpo de baile, Justi, solista, Juan Antonio Fajardo Fernández, Marichu González, Manolo, bandurria, Mamen Bordallo, Antonio Lázaro, guitarra, Benito Serrano, otra gran voz, Purificación Silva, Paqui, Toñi Camacho

Nombres cacereños, de pura cepa todos ellos. Catovis, como se dice ahora. Cacereños de siempre, cacereños de toda la vida. Cacereños de pura raza. Cacereños genuinos, claro, que se entregaron con fuerza y con inquietud a la mayor y mejor divulgación de las raíces folklóricas y populares de la tierra, obteniendo reconocimientos, distinciones y merecimientos allá, en todos aquelos lugares por los que el Grupo Mixto de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres exhibía la riqueza, la peculiaridad, la savia y la fuerza de las danzas, canciones y jotas por todos los caminos de la geografía provincial. De norte a sur y de este a oeste.

Daniel y Pepi Suárez...

Daniel y Pepi Suárez…

Pepi Suárez y Daniel...

Pepi Suárez y Daniel…

Jóvenes que, asimismo hay que decirlo, fueron plasmando, con pasión y esmero, el sabor profundo de Cáceres a través de todas esas actuaciones en las que escenificaban los aires folklóricos cacereños.

Toda una relación larga, numerosa, de nombres y apellidos de los que consideramos que merece la pena dejar constancia expresa, como señalábamos al principio de este ensayo.

Aunque tan solo sea como todo un acto de reconocimiento a la desinteresada y laboriosa cooperación de todos y cada uno de los miembros del Grupo Mixto de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres, pregonando el sentir de las canciones y de las danzas típicas y populares, tal cual que se hilvanan en las manifestaciones folklóricas a lo largo y ancho de toda la provincia.

Y tantos otros que iremos incorporando, paulatinamente, a medida que el recuerdo, los amigos, los familiares de tantos y entusiastas jóvenes folkloristas, o tal vez, sin ir más lejos, el azar, nos vayan facilitando, nombres, apellidos y documentos fotográficos de estos inquietos bailarines, cantores e instrumentistas, para las páginas del libro de la historia de Cáceres, por parte de todos aquellos cuantos tuvimos el honor y la suerte de saborear la copa dulce de las costumbres populares incrustadas en las canciones y en las danzas de nuestra tierra cacereña…

… Entre las esencias de las numerosas jotas, danzas y canciones tradicionales y típicas. Orgullo, siempre, de la tierra cacereña, que se arraigan en la tierra parda y que se germinan y esparcen por las rutas, las veredas y los caminos del folklore como expresión de las raíces de los pueblos.

Un grupo, cuajado de ritmo y de vitalidad, que en el año 1967 grabó un disco long play, en la casa discográfica Hispavox, con canciones populares de la geografía provincial. En el mismo figuran muestras tan bellas y hermosas como «El Pindongo«, «Jota de Romería«, «Vivan los aires morenos» o los «Sones de Montehermoso» con esa letra tan curiosa, de aquellos lejanos tiempos, que dice:

Que me voy a embarcar pa  la guerra del moru,

que mi amor también se va,

que me tengo que ir a la guerra del moru,

que se ha vuelto a rebullir…

Una amplia serie de letras en las canciones folklóricas populares nacidas en la expresión de las gentes, en base a esa dinámica popular arraigada en las entrañas de los hombres y mujeres cacereñas. Como esas manifestaciones que se muestran, por ejemplo, en la «Jota Cuadrada«, cuando se canta:

Pepe, Marichu González y Leo Bernaldez.

Pepe, Marichu González y Leo Bernaldez.

¡Ay amor, ay amor, ay amante!

¡Ay, amor, que no puedo olvidarte!

¡Ay, amor…!

Luego, con el transcurso del tiempo, en el año 1977, el Grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres, que tanto hizo por la recuperación y por la divulgación de las canciones y danzas del folklore popular de la provincia, desapareció. Cuando casi toda la práctica totalidad de agrupaciones de Coros y Danzas de la Sección Femenina, de las diferentes provincias y localidades españolas en las que existía, se convertían en nuevas agrupaciones, pero con otros nombres. Un momento y un tiempo en el que Leocadio Bernáldez, uno de los representantes más cualificados de ese grupo, entusiasta del folklore cacereño, decidió promover y llevar a cabo la fundación y puesta en marcha del grupo «El Redoble«, que tantos éxitos está cosechando desde entonces.

Gracias, profundas, gracias de todo corazón, gracias con el alma en la mano, a Cáceres y a nuestros antepasados, que nos dejaron tan extraordinario e importante legado etnográfico y cultural, festivo y popular, tradicional y costumbrista, a través, en este caso, de ese mundo mágico y sencillo, al tiempo, que se alberga en el panorama de las canciones y de las danzas. Y, también, a nuestros progenitores, maestros, familias, que nos enseñaron a amar, apasionada, profunda, intensamente a esa tierra tan inmensa en la que nos nacieron.

¡NOTA PARA EL LECTOR: Este modesto ensayo, que ha nacido como tributo a todos los componentes, de siempre, del Grupo Mixto de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres, es, hoy por hoy, provisional, en el deseo de ir enriqueciéndose, día a día, con la presencia paulatina de todos aquellos que forjaron unas armas de radiante ilusión al compás de las danzas, las canciones y las jotas, siempre tan genuinas y tan propias, de la provincia altoextremeña.

Con vosotros, queridos lectores y amigos de CACEREÑEANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ, el Grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres a través del paso del tiempo. Y mi mayor agradecimiento a todos cuanto de una u otra forma van colaborando de forma relevante en la documentación fotográfica. (1)

Pepi Suárez Trenado

Pepi Suárez Trenado

Manoli Collado y Manuel Acedo.

Manoli Collado y Manuel Acedo.

(1) LISTA DE AGRADECIMIENTOS (Por orden alfabético):

1: Archivo Documental de RTVE, 2: Bernáldez Solano, Leocadio; 3: Ciborro Gutiérrez, Concepción; 4: Collado, Josefina; 5: Collado, Manoli; 6: Fajardo Fernández, Juan Antonio; 7: Filmoteca Española; 8: Guerrero, Curro; 9: Guerrero, Juan, Fotógrafo; 10: Hispavox. Casa Discográfica; 11: Periódico ABC, 12: Suárez Trenado, Pepi; 13: Suárez, Puri.

 

 

 

 

 

1: NOTA: Aquí podeis apreciar la belleza de la danza «El Cerandeo», interpretado por el Grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres. Año 1976:

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TIPOS POPULARES CACEREÑOS

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Pasando revista al Cáceres de Aquellos Tiempos y de lo que se podría denominar como tipos populares y curiosos, en diferentes aspectos y fenomenologías, resulta que poco a poco va saliendo una lista de cierto relieve. Lo que nos ha dado pie para el artículo DE TIPOS POPULARES CACEREÑOS, que hoy, 19 de febrero de 2021, aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

Cuando los mayores echamos mano de tipos populares cacereños de Aquellos Tiempos solemos sacar a colación los mismos personajes: El Nano, Zacarías, el Chato de los Metales…

            En aquellas páginas de la pequeña capital de provincia revoloteaban otros conocidos, que merecen alguna cita. Se me ocurren, así por encima, Emilio, el Legionario, con el chapiri sobre la cabeza, que habilitó la caseta-basura del cuartel “Argel 27” como morada, con rancho incluido en tartera, al toque de fajina; Pepe, el Inspector, enigmático personaje, enfundado en su gabardina, aire siniestro, ojos resguardados tras las gafas de sol, que perseguía de modo detectivesco, en plan Colombo, a sospechosos –no sabe de qué– entre la Plaza y Cánovas; Chochito de Oro, rubia, de aspecto fondón, que ya se indican sus características, rondando por las cercanías del Parador del Carmen; el Pielero Conejero que se arruinó con el juego y sobrevivía comprando pieles de lepóridos a las amas de casa para venderlas en un almacén; Puri, la Campanera, pedigüeña y buscona; Pegaso, que dirigía la circulación; el Sabanilla, lacero municipal, con su siniestra herramienta en la mano persiguiendo perrillos callejeros; la Cartucha, que velaba armas por la vieja estación de ferrocarril, aguardando a la soldadesca y clientela del Calerizo; los Chinche, alguacilillos de la plaza de toros, Federico Ramón Culeras, con años de miseria, junto a las tapias del cementerio…

            Cada uno dejaba su estela. Como el Hombre de la Gabardina que, al parecer, se presentaba a jóvenes y mujeres solitarias por la Ciudad Antigua, abriendo la prenda, enseñando sus partes y creando un ambiente de miedo que se difundía por los entresijos de la capital…

            Por allí, por las campas de nuestra infancia, se andaban otros tipos populares cacereños, en esos recorridos del tiempo, ahora, ya, con sabor lejano, a los que se podrían dedicar curiosas referencias que quien más y quien menos de aquellas quintas, como se decía antes, almacenamos en el album de la memoria.

NOTA: En la primera de las fotografías, captada del periódico «Hoy«, se puede apreciar al mendigo cacereño Margallo, familiar lejano del general montanchego Juan García-Margallo, Comandante General de Melilla, a finales del siglo XIX, y del ex ministro José Manuel García-Margallo.

En la segunda de las fotografías podemos ver a otro personaje popular por las calles cacereñas, Mariano Amaral, conocido como el «Nano«, a quien se le dedicó el libro «Mariano Amaral, un hombre bueno«.

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MORALEDA, DELANTERO DEL C.D. CACEREÑO (AÑOS 20/30)

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El Club Deportivo Cacereño siempre se conformó como una pasión de relieve en el paisaje de la pequeña capital de provincia. Una historia de historias que siempre encontró el mejor apoyo en la afición y en el paisanaje, con jugadores que se batían el cobre en defensa de los colores locales.

En esa página del recuerdo, a través de la historia del Club, figura el nombres y los apellidos de cacereños que impactaron en el conjunto futbolístico del Club Deportivo, que se entregaron al máximo, que representan el pundonor y la entrega, el coraje y el sudor de la camiseta. Como ejemplo de ellos podríamos citar, entre otros, a Tate, a Bemba y a otros, que hoy, forman, ya, parte de esa historia del equipo.
Allá por los años 20 del pasado siglo el Club Deportivo Cacereño fichaba al jugador local Manuel Moraleda Roa, que actuaría como miembro de la línea delantera, y participando con jugadores de la talla de Turégano, Viral y otros futbolistas notables,junto a una serie de apellidos incrustados y arraigados por la geografía popular de la capital cacereña.
Un Club, el Cacereño, que siempre fue una pasión en la ciudad.
Manuel Moraleda Roa era hijo de Antonio Moraleda Burillo, primer presidente del Colegio de Veterinarios, vivía en el número 19 de la calle General Margallo, trabajaba como auxiliar administrativo en el Instituto Nacional de Previsión, hizo del fútbol su gran pasión y también jugaría, asimismo, con el equipo Juventudes Socialistas de Cáceres.
Sin embargo, muy pronto, por esas circunstancias de la vida, Manuel Moraleda decidió marcharse a Madrid, dejando atrás el escenario de la ciudad cacereña y del deporte. Atrás quedaba, ya, una vez más, la estación, con destino Cáceres. Mientras tanto su nombre pasaba a engrosar la historia del deporte del fútbol, que daría muchas tardes de gloria a aquellos cacereños que se daban cita en el apoyo al Club.
NOTAS: En la primera de las fotografías Manuel Moraleda aparece tumbado y en el recuadro. La misma pertenece al Archivo Histórico de Cáceres y nos ha sido facilitada por Rosario Pérez Moraleda, sobrina del futbolista. La segunda está captada de la revista AS, correspondiente al año 1933, militando con el equipo de Juventudes Socialistas de Cáceres.
Finalmente, en la tercera de las fotografías, jque se corresponde con el año 1926, publicada en el libro «Cáceres en pasado», de Juan Ramón Marchena, a la izquierda de estas líneas, podemos apreciar a una delantera mítica del Cáceres de Aquellos Tiempos.
Gracias, Manuel Moraleda… ¡Y aúpa, siempre, el Club Deportivo Cacereño…!

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MONJAS DE CLAUSURA ANTE LA VIRGEN DE LA MONTAÑA (CACERES, AÑOS 60)

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Entre 1951 y 1986 la Patrona de Cáceres, la Virgen de la Montaña, se encontró acompañada, además de por el pueblo cacereño, como siempre, por las Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada.

Una Orden religiosa que llegó a Cáceres el año 1951, bajo la denominación de Hijas de la Iglesia, y que con una quincena de monjas se instaló en la clausura conventual del Santuario, en medio de su génesis contemplativa, de sus cánticos y de su cercanía con una ciudad y unos fieles y devotos cacereños que transitan con frecuencia hacia uno de los lugares más relevantes, significativos y hermosos de la ciudad.
El santuario de la Virgen de la Montaña.
Una vida, la de las religiosas, que se compaginaba con la intensidad de su cercanía a la Virgen. Y que con su hábito y velo blanco dejaban una estela de armonía por los pasillos del alma. Aquellos del Santuario de la Patrona, plenos de paz, esperanzas y plegarias; los otros pasillos, los de las gentes cacereñas, que guardaban en sus adentros aquella dinámica de los hermosos cánticos y aquella presencia, allá, en la capilla del Cristo de la Salud. A la vera misma de la Patrona. Tan solo con la separación, de una artística reja de hierro forjado, de intensidad emocional para los fieles, al otro lado de la clausura.
Apenas unos escasos metros de distancia entre la capilla y los asientos escalonados de las monjas de blanco y la Patrona de Cáceres, con miradas de pasión, con sentimientos de hondura, con Aleluyas volanderas por las campas, siempre inmensas, de los aires de la Sierra de la Mosca. Un lugar sublime donde se alberga, tantos años ha, la Virgen de la Montaña, como un haz esplendoroso de luces que se expanden hacia todos los lugares y gentes de Cáceres.
Hace unos meses el autor de este blog, CACEREÑEANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ, estableció contacto con la portavoz de la Orden religiosa, tras los recelos propios de las clausuras monásticas, armonizadas en el silencio y la contemplación. Un intercambio de correos electrónicos, unas fotografías, unas anécdotas, un poco de historia en la semblanza y el recorrido de la Orden por diversas ciudades de España, con treinta y cinco años de devoción intensa en la ciudad, y toda una amplia panorámica de recuerdos que albergaban, aún, un par de monjas del Cáceres de Aquellos Tiempos.
¡Siempre, siempre, siempre, la Virgen de la Montaña…! Siempre, siempre, siempre, protegiendo a sus hijos, cacereñas y cacereños entregados, siempre, a la Patrona.
En esos intercambios de ida y vuelta, la portavoz de la Orden me adjuntó la fotografía que acompaña a este texto y que se corresponde con los años sesenta. Ya se denominaban Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada. Ahí está el documento histórico para las páginas con el libro de la historia de Cáceres…Una fotografía, en nuestra siempre modesta opinión, de excepcional relevancia. Tal vez sea una de las escasísimas estampas que se puedan ofrecer con la presencia de dos de las monjas de la clausura ante la Virgen de la Montaña.
Un día, por una serie de circunstancias, acaso porque la vida es así, sencillamente, las monjas se marcharon de Cáceres. Pero en el pálpito de la historia cacereña, de la ciudad, abrazada, siempre, a ese entorno emocional y solemne, que se da siempre cita junto a la Patrona, la historia de la vida del santuario. Con sus emociones y sus lágrimas, con sus pasiones y sus canticos, con sus salmos y las visitas de los peregrinos, con el dulce gregoriano, con las preces y las rogativas, con la sensibilidad devota de los caminantes que se alzan desde el alma al corazón de la Virgen…
La Virgen de la Montaña…
Cáceres, siempre, con su Patrona, con su Virgen…

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EL OPUS DE AQUEL CACERES

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EL OPUS DE AQUEL CACERES, en base a los años sesenta, un Cáceres entonces muy próximo y cercano a todos, es el título de mi artículo que hoy, 29 de enero de 2021, aparece publicado en el periódico regional extremeño «Hoy».  Aquí os lo dejo, amigos:

José Ramón Herrero Fontana

José Ramón Herrero Fontana

            Por el Cáceres de Aquellos Tiempos comenzaba sus primeros pasos el Opus Dei. De este modo en 1951 se incorporaba la primera agregada, Concepción Alvarez Jusué.

            Una institución creada por 1928 por monseñor Escrivá de Balaguer, cuyos miembros se iban deslizando en sus labores con discreción y prudencia. Tanto que mirando aquellos pasos de la historia no resulta demasiado fácil arrancar nombres…

            Pero sí quedó la inquietud de José Ramón Herrero Fontana, Gobernador Civil, entre 1961 y 1963, que figura con el número 26 entre los 83 fundadores del Opus Dei, que “pitó” (fichó) por la Obra en 1935, señalado colaborador con Escrivá de Balaguer.

            En esa etapa ya tenían lugar algunas reuniones, inicialmente de contactos y tanteos, en la librería Bujaco, al frente las hermanas Sacra y Loli Ruiz, allá en los soportales de la Plaza, en la casa de López-Montenegro, en la Plaza de la Concepción, en el Palacio de los Golfines, con don Gonzalo de anfitrión, en la finca del doctor Vázquez Solana cerca de Malpartida de Cáceres. Y otras, de mujeres, en las Hermanitas de las Pobres y una clínica.

            Unas charlas iniciales de corte histórico, artístico, cultural, con la presencia de miembros numerarios llegados desde Madrid, para, según procediera, ir incorporando a los jóvenes aspirantes cacereños dentro de las líneas de actuación, que se continuaba con charlas de formación y retiros bajo las coordenadas de la Obra.

            Siempre, claro es dentro de esa discreción con que caminaban en sus pasos, tratando de extender su abanico entre personas que, tal vez, pudieran formar parte de sus filas. Se buscaba unos perfiles de máxima cautela, esmerados y pulcros, entregados en sus afanes…

            En realidad, hasta donde podemos tener conocimiento, fueron muchos los llamados, pero no todos los elegidos. ¿Nombres? La historia popular y de las calles conoce algunos de entonces, que destacaban con preferencia en los ámbitos sociales.

            Herrero Fontana fue, asimismo, un gobernador comprometido con la provincia.

NOTA: Es de dejar constancia de la corrección que se ha efectuado sobre el texto del periódico, donde por un error personal mío señalo el pintor Vázquez Solana cuando en realidad el mismo ejercía como médico.

 

 

 

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CACERES Y EL FINANCIAL TIMES

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Un periodista del «Financial Times» se ha paseado, durante la pandemia, por Cáceres. Conclusión: Cáceres es una impresionante Ciudad Medieval, el descubrimiento de la temporada, en «la región más pobre de España». Mi artículo de hoy, jueves, 14 de enero de 2020, en el periódico regional extremeño «Hoy».

Se escuchan con hondura los pasos del silencio contemplativo en la Ciudad Medieval cacereña; su imagen, fascinante y eterna, hacia los cielos en la historia.

Nuevamente Cáceres se incrusta en las páginas de la prensa internacional, con el hechizo y armonía; sugestiva, por bella, que emana de nuestro Conjunto Histórico-Artístico. Ahora, en el prestigioso periódico británico “Financial Times”, que dibuja a Cáceres como el descubrimiento de la temporada.

Hablamos del tercer Conjunto Monumental urbano europeo mejor conservado, de una ciudad admirable que arrrebata el corazón de los visitantes, apasionados en una ciudad bimilenaria, envueltos en un halo de misterio y magia.

 Ahí está Cáceres: Cuajada de palacios, iglesias, casas nobiliarias, conventos, callejuelas, plazoletas, adarves, rincones, repiqueteos de campanas, silencios, soledades, y esa sugerencia que ha hechizado y cautivado al periódista Tim Moore, entre  ventanas enrejadas, arcos en las puertas, escudos de armas y del “pueblo fantasma” que visitó durante la pandemia.

Muchos hablan de Cáceres como la gran desconocida. Lo que estimula a continuar hilvanando, desde la esencia del medievo de la ciudad, conservada con extraordinario acierto, el sabor inmortal, entre murallas, paredes, suelos y hasta el propio aire que se respira en su interior. Lo que avala la hondura de la capital cacereña, a ver si desde las vías turísticas de las administraciones se difunde, aún más y mejor, el nombre de Cáceres.

Entre sus monumentos, sus poemas, sus moradores de la historia, su fantasía heroica, su compromiso con la historia, en unas páginas que se conservan con el mimo de los cacereños, con la admiración de todos, en el deseo de que paso a paso, se siga construyendo cada día Más y Mejor Cáceres.

Lo que reportaría, probablemente, mayor publicidad desde de la prensa internacional, mayores visitas turísticas e ingresos.

Que no sea porque no se lo merece, y con mucho, esta Ciudad Histórico-Monumental, que debiera encontrar bastante mayor impulso turístico-económico, y dejar atrás, como se subraya en el diario inglés , que la región es la “más pobre de España y permanece en un estado de desarrollo contenido”.

Un estado, pues, del que tenemos la responsabilidad de salir adelante.

 

 

 

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ADIOS A PEPI SUAREZ

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Ayer, 4 de enero de 2021, se nos marchó otra imagen popular, conocida y muy querida en Cáceres. Pepi Suárez.

Una noticia luctuosa que nos llega a lo más profundo del alma. La marcha de Pepi Suárez, Una imagen radiante del Cáceres de Aquellos Tiempos, que se nos clavan en el alma, entre dolores y ausencias, entre adioses y lágrimas, entre recuerdos e imágenes, entre saludos y abrazos, entre encuentros y charlas, entre viajes y nostalgias…
Pepi Suárez estuvo largo tiempo al frente del Grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres, enseñando, divulgando y aireando, por numerosos lugares, las esencias tradicionales y típicas de las canciones y danzas más populares de la provincia altoextremeña, que conformaban y conforman un rico patrimonio costumbrista, al ritmo del tamboril, del laud, de las castañuelas, de la guitarra, de la flauta, del pandero, del almirez, de la bandurria, de la pandereta…
Sonaban, fuertes e intensos, los ritmos, acordes y letras del «Redoble«, la jota dieciochesca cacereña por excelencia, cuyo estribillo, al menos, todos aprendimos desde pequeños, de la «Jota de Guadalupe«, siempre en recuerdo y honor a la Patrona de Extremadura, de «La Jerteña«, con aires de esa inmensa y rica comarca, de la «Jota Cuadrada«, que naciera en la localidad de Monroy, del «Pindongo«, de «Los Sones de Montehermoso«, de la «Jota de Alcuescar«, entre piropos en verso de los mozos y bailadores a las jóvenes y bailadoras, de «La carta«, del «Perantón» de «Qué bonitas son las cacereñas«…
¡Cuántos recuerdos, ahora, así, a bote pronto, de repente, entre ensayos y actuaciones, haciendo fuerte, muy fuerte, la tradición divulgativa de los cantos y las danzas de la tierra que nos viera nacer, como legado de nuestros antepasados y de la mano, firme y cariñosa, siempre, de Pepi Suárez, tratando de imprimir el mejor de los ritmos en las embajadas cacereñas folklóricas que ella comandaba.
El 26 de octubre del año pasado, sabiendo de su delicado estado de salud, publiqué un artículo en el periódico «Hoy«, tratando de rendirle ese tributo de admiración y de cariño que, sin lugar a dudas, se merecía en mi modesta opinión, por parte de la ciudad de Cáceres. Por su labor, por su entrega, por llevar siempre, como muchos cacereños podemos atestiguar de todo corazón, la palabra Cáceres con orgullo, con sentimiento espiritual, con coraje, con armonía y con esos dones que concede el sabor de la tierra parda.
Del mismo modo y manera que lo hice en las páginas de la prestigiosa revista nacional «Folklore«, en un ensayo titulado «Cuatro folkloristas cacereños«, entre los que incrustaba su nombre y su trayectoria, su espíritu para seguir expandiendo los aires folklóricos de la provincia.
Pepi Suárez se envolvió, desde muy joven, en la dinámica alrededor de las canciones y bailes típicos de la provincia de Cáceres, su gran pasión e inquietud desde pequeña, como tantas veces me comentara personalmente, hasta lograr convertir a los Coros y Danzas de la Sección Femenina en una agrupación de prestigio, difundiendo la belleza, la hondura y el sabor que emanan, hermosa, tradicional coreográfica y plásticamente, de las jotas y las canciones cacereñas.
Una agrupación a la que el autor de este blog «Cáceres, el blog de Juan de la Cruz«, perteneció durante un tiempo, disfrutando de la sensibilidad y riqueza que existe alrededor de la parcela del folklore cacereño, y que habían ido estudiando, recopilando y enseñando, con extraordinario ímpetu personajes cacereños como el investigador Manuel García Matos, como la musicóloga Angelita Capdevielle Botella, y otros muchos, conocidos y anónimos, que participaban y continúan haciéndolo, afortunadamente, comprometidos con Cáceres, con sus esencias y sus panorámicas.
Como suponían, sin ir más lejos, los propios protagonistas que habían ido recogiendo y manteniendo esas raíces y esas tradiciones que se conforman de tanta belleza. Los padres, los abuelos, entre notas, apuntes, compases, grabaciones de testimonios sobre celebraciones festivas, rondas, siegas, matanzas, romerías, bailes, amores, costumbres y toda una amplia diversidad de cuestiones como son todas aquellas que giran alrededor de los pueblos y su propio ámbito tradicional y etnográfico…
¡Cuán hermoso y bello y genuino y auténtico el folklore de nuestra tierra cacereña, de sólidas raíces a través de las páginas por las que circula el tiempo, que, lamentablemente, casi todo lo puede…!
A todos los investigadores, estudiosos, historiadores, folkloristas, escritores, músicos, bailadores, cantantes, de los que existe un muy largo listado en Cáceres, les debemos mucho. Tanto, tanto, tanto, que hoy lo encarnamos todo, con la mayor intensidad emocional, si se me permite por parte del lector, en esta compleja hora del adiós, en la figura, siempre entrañable, sonriente, esmerada, cariñosa de nuestra querida y entrañable Pepi Suárez.
Una verdadera y manifiesta embajadora del mundo del folklore cacereño, a cuya divulgación se entregó, siempre, a lo largo del tiempo, de mil amores, tratando de bordar, cada día, esa perfección de un grupo en sus actuaciones por los diversos escenarios de la geografía festiva de España, Europa y América.
Ahora, desde el dolor y la emoción, embargado por el mayor cariño, con el sentimiento más profundo como testigo, en el silencio de mi despacho, con la mente en la personalidad de Pepi Suárez, quisiera hilvanar este puñado de líneas acompasadas del mayor y mejor abrazo por las campas en las que ahora, ya, se encuentra.
Paso revista, silenciosamente a ese ritmo del tiempo que queda atrás. En aquel pequeño salón de la calle General Primo de Rivera y de aquel otro de la calle General Ezponda y guiado de tu mano me llevas al recuerdo de un montón de nombres, componentes de aquel grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres como Gabriel Romero Ruiz, Adolfo Romero Ruiz, «Fito», Josefina Collado, Leocadio Bernáldez, Fernando Mateos, Manuel Lucas, Ana Mary Sevilla,  Francisco José Romero, «Quico», Concepción Ciborro, Mamen Bordallo, Purificación Silva, Vidal Sánchez Corrochano, Juan Antonio Fajardo, Luis Arroyo, Luis Miguel Luengo, Juan Palomino, Justi, Vicenta, Marichu, Isabel, Benito… Y tantos otros que iremos incorporando a medida que el recuerdo y los amigos nos vaya facilitando nombres y apellidos de todos aquellos cuantos tuvimos el honor y la suerte de saborear la copa dulce de nuestra tierra entre las esencias de las numerosas jotas, danzas y canciones tradicionales y típicas orgullo, siempre, de la tierra cacereña y que se esparcen por la geografía provincial.
Ahora que te acabas de marchar, mi querida Pepi, ¡Buen viaje, cacereña de pro, por las campas de la eternidad…!
Finalmente, como el mejor homenaje posible al alcance de este modesto blog, mientras tantos cacereños, tantos amigos, tantos conocidos, tantos paisanos, tantos compañeros de aquel grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina, de Cáceres, te despedimos –pero, también, siempre, te llevaremos en el alma con nosotros– lo que hacemos, cantándote, con tanto entusiasmo como siempre, como aquel con el que tanto nos estimulabas, ese estribillo tan manifiestamente popular del «Redoble», junto al sonido de las rítmicas palmas de todos. Tal cual, como tantas veces hicimos juntos, entre sonrisas motivadas por las celebraciones festivas:
Redoble, redoble,
vuelvo a redoblar,
con ese redoble,
me vas a matar,
me vas a matar,
me voy a morir,
con ese redoble,
vuelvo a repetir.

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