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EL GARROVILLANO, EL ULTIMO AMBULANTE

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Domingo Pizarro, el Garrovillano, es, probablemente, el último vendedor ambulante de aquella generación de los cincuenta que, a sus 78 años, continúa pregonando los productos de su huerta, por la capital cacereña. Un personaje entrañable y de una estirpe fuerte, como la de los Vito, como los conocen en su pueblo… Este es mi artículo, EL GARROVILLANO, EL ULTIMO AMBULANTE, que hoy, 3 de junio de 2021, aparece publicado en las páginas del diario regional «Hoy», de Cáceres.

Ya se acaban los vendedores ambulantes. Un grito que se expande entre las nuevas generaciones, que ya no encuentran mulas cargadas de picón, sandías o cacharros alfareros.

Pero todavía quedan luchadores, duros como las rocas, que se niegan a la extinción de esos trajines que les posibilitó el condumio, como apunta Domingo Pizarro, el Garrovillano, de la familia de los Vito, que a sus 78 años lleva sesenta y muchos acudiendo con su mercancía hortelana hasta Cáceres.

Mamó el oficio de vendedor ambulante con su padre, aprendiendo una forma de ganarse de la vida, con sacrificio, que nunca se sabe. En los veranos de aquellos tiempos, salían de Garrovillas al caer la tarde, haciendo noche cerca del Casar, durmiendo en las rastrojeras, al sereno, soltando a las bestias, entrando en Cáceres con el alba. Atrás quedaban unas cuantas horas de caminata. Por delante, el pateo de la ciudad con una romana al hombro y una mula con unos cien kilos de piñones al grito de “Piñones como dientes de ajo” o “Piñones de maravilla, que son de Garrovillas”.

En invierno transitaban en frías madrugadas, pernoctando en la posada La Machacona, donde disponían de sus sacos de paja para dormir, colgando los aparejos de las caballerías y sus pertenencias en unos palos de la pared. En una nave tanto mujeres como hombres. Por las  cercanías de la Machacona, emanaban malos olores de cuadra con estiércol y rebuznos. Otras veces se hospedaban en la Posada de Basilio.

Domingo, el último vendedor ambulante, defiende a ese gremio desgarrado ante los hipermercados. Una estirpe recia, que camina con la mente en su rutina, aguando estoicamente las fuertes embestidas migratorias en los pueblos…

Ante el Múltiples, con frío o calor, el Garrovillano continúa ofertando los productos de su huerta, que atiende por la tarde, que le demanda su cada vez menor clientela: Patatas, higos chumbos, criadillas, espárragos, cardillos, aceitunas guisadas, perejil, laurel, tomillo, orégano…

Vendedores ambulantes que van desapareciendo de la iconografía popular…

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CACEREÑEANDO

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CACEREÑEANDO, una siempre muy hermosa sensación, fruto de saborear Cáceres en la belleza, la eternidad y el pálpito de sus emociones. Gracias, Cáceres. CACEREÑEANDO, mi artículo que hoy, 18 de mayo de 2021, aparece publicado en el periódico regional extremeño HOY.

Siempre Cáceres, siempre Cacereñeando.

Siempre Cáceres, siempre Cacereñeando.

Hace unos cuantos años este modesto articulista sacó a colación una palabra que nunca jamás había escuchado ni leído. La palabra Cacereñeando, con la que denomina sus pasos, con frecuencia, por algún que otro grupo de Facebook.

Una palabra que hasta donde tiene conocimiento un servidor no puede incluirse en el Registro de la Propiedad Intelectual porque no se admiten propuestas de una sola palabra. El autor, qué carape, le dio vueltas al asunto, quiso Cacereñear, con la expresión del infinitivo de dicho “verbo” y hasta con todos los tiempos que emanasen del mismo. Tampoco.

Con el tiempo, mientras el periodista va titulando sus pasos por Facebook con ese sentimiento innato que emana del cacereñismo, recibe mensajes de amigos y lectores con la admiración de un verbo, Cacereñear, del Cacereñeo y Cacereñeando, que es gerundio, por cierto. Inclusive allá que en su día, hasta insertó dos artículos en su blog, “Cacereñear” y “Cacereñeando con la Plaza Mayor”, en el que se adentraba con ese sentido que emana de una palabra, concepción o sentimiento tan hondo.

En los mismos dejaba constancia expresa del empeño en tratar de divulgar al máximo la palabra cacereñeo y el verbo cacereñear –con o sin permiso de la Real Academia– que en su traducción más correcta, sería la sensación de saborear, palpar, disfrutar, emocionarse con las imágenes, pasajes, parajes, tipos populares, esencias con los argumentos de Cáceres a través de sus más variadas manifestaciones.

También: “Cacereñear es, sencillamente, sentir a cada paso, las esencias, la hondura y las sensibilidades de un Cáceres siempre penetrante, repleto de hechizo, cargado de mágicas estampas, revivir emociones, en el recorrido cacereñeador para disfrutarlas a cada instante, siempre, y que se quedan grabadas en el alma”.

Vive Dios que, probablemente, la memoria de algunos lectores de esas vías de Facebook, puede atestiguarlo, que bien sabemos todos que doctores tiene la Iglesia.

A buen entendedor, pues, palabras sobran, en el espíritu y en la inquietud de seguir Cacereñeando.

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FRAY JOSE GARCÍA SANTOS, FRANCISCANO

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José García Santos, un fraile franciscano que durante toda sus vida divulgó las enseñanzas de Francisco de Asís, de Antonio de Padua, de Pedro de Alcántara, que cantaba como los ángeles y que recaló en Cáceres durante un tiempo… Intelectual, amigo de los jóvenes del Cáceres de Aquellos Tiempos, su figura, aún silente y esmaltada, quedó marcada en cuantos tuvimos el placer de conocer y saber de su bondad, de sus consejos, de su mano amable…

Nació en la pequeña localidad zamorana de Gema de los Vinos, 1932, en el seno de una familia muy religiosa, con dos hermanos también religiosos. Uno, franciscano, y una monja, y se despidió de nosotros en el convento cacereño de San Antonio el pasado año 2020.

En su tiempo en Cáceres fue enseñante de las asignaturas de latín y francés en el colegio de San Antonio, ejerciendo como secretario del mismo, asesor religioso en la Sección Femenina, e impartiendo clases de Formación Religiosa a las jóvenes durante la prestación del Servicio Social en la Escuela Hogar, allá en la calle San Antón.

El religioso gustaba, asimismo, del ejercicio de la lectura, del paseo reposado, de la predicación, de la charla amena y fluida, lo mismo que también se identificaba con el silencio y la reflexión, a caballo entre la sencillez y la humildad, como saboreaba sus caminatas admirando el murmullo de la eternidad en el Casco Histórico-Monumental de Cáceres y  sus buenos amigos frailes como, por ejemplo, el padre Pacífico o el padre Serafín.

José García Santos, en 1956.

José García Santos, en 1956.

Licenciado en Filosofía y en Teología, disponía de un verbo fluido y ameno, ejercía la bondad, se esmeraba en sus misiones y en sus trabajos, ofrecía la mano amiga y la sonrisa abierta y se incrustó tanto en sus vocaciones, además de la propia filosofía religiosa, que llegó a cantar con el Orfeón Cacereño, con Trinidad León al piano, y con el grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres. Y hasta ejerciendo de solista en alguna canción con motivo de la grabación del disco titulado «Canciones y Danzas de Cáceres» y entonado por dicha agrupación.

El padre García Santos cantaba profundamente, con una voz tan alegre como acentuada, cuando entonaba esa estrofa que tanto le llenaba en su pálpito emocional, y sonriendo, con la Virgen de Guadalupe al medio:

Tiene Guadalupe hermoso,

tiene Guadalupe hermoso,
tres cosas particulares.
El camarín y la virgen y el convento de los frailes.

El camarín y la virgen y el convento de los frailes.

O, si se prefiere, cuando entonaba esa parte del estribillo, de la «Jota de Guadalupe«, que nos emociona a todos los extremeños, cuando cantamos a nuestra Patrona, la Morenita de las Villuercas:

Virgen de Guadalupe, dame la mano

para subir la cuesta de Puertollano,

de Puerto Llano, niña, de Puertollano,

Virgen de Guadalupe, dame la mano.

Entre sus numerosos pasos por diversos conventos y centros de la orden, se adentró por la senda del franciscanismo más hondo, en su peregrinaje por una vocación intensa y en su idealización de las figuras de personajes como las que representan la talla de Francisco de Asís, de Pedro de Alcántara, de Antonio de Padua y de tantos que, de una u otra manera, marcaban su senda. Porque se significó con el espíritu de la Orden, desde sus planteamientos adolescentes hasta esa serie de trabajos y reflexiones que publicó, durante los últimos años de su vida, en la revista «La Voz de San Antonio«, bajo el epígrafe de «Florecillas Alcantarinas«.

El autor de este Blog dispuso de la suerte de saborear de su amistad, a pesar de la diferencia de años, y de aquellas siempre entrañables conversaciones que implantaban sosiego y confianza.

Hace largo tiempo andaba tratando de recopilar algunos datos sobre José García Santos. Y recalé en el Convento del Palancar, charlando con el padre Manuel Tahoces, y con Antonio Arévalo Sánchez, que fuera superior del Monasterio de Guadalupe y director del Colegio San Antonio, en Cáceres, con quince años de trabajo intenso en el citado centro educativo. Otro fraile de pro, hoy secretario provincial de la Bético-extremeña, significado luchador en defensa de la cultura, de la orden franciscana y de la sensibilidad del mensaje de Antonio de Padua.

Muchos cacereños, ya mayores, claro, recordarán la imagen de José García Santos: Su serenidad y afabilidad, su cordialidad con todos, la sencilla intensidad de una vida profunda en su significado, haciendo permanente camino al andar, como escribiera Antonio Machado.

Ante la imagen de san Pedro de Alcántara, en El Palancar. 2011,

Ante la imagen de san Pedro de Alcántara, en El Palancar.  2011

Fue maestro de frailes de coro o estudiantes en el Monasterio de Guadalupe, pasó por los conventos sevillanos de Espartinas y de San Buenaventura, galopó en peregrinación hasta el cacereño retiro de soledades inmensas e intensas en El Palancar, con las manos abiertas a todos. Ya fuera en las homilías, ya en los ejercicios espirituales, ya en las tertulias, ya en los estudios…

Quería caminar por los senderos diversos de la vida que se le ofrecían desde el franciscanismo más auténtico y transparente, más claro, como un mensaje constante. Se embarcó hasta Las Palmas, Córdoba, La Rábida… Por esas andaduras, siempre calaba con la transmisión de su palabra amiga, en calma y en paz, de una penetrante divulgación de su profundidad religiosa.

Regresó, probablemente influenciado por su admiración y conocimiento de la vida de Pedro de Alcántara, al minúsculo Convento del Palancar. Setenta y cuatro metros cuadrados de santidad, de oraciones, de esmero, de retiro, de vida contemplativa, donde pasaría una muy larga estancia de diecisiete años, apasionado en todo el amplio campo de su esmero vocacional, y donde durante unos cuantos años ejerció como capellán, como guardián, como párroco, mientras, además, traducía la vida y la obra de Beatriz de Silva, fundadora de la Orden Monástica de la Inmaculada Concepción.

Camino de sus últimos pasos, acaso agotado, traspasó, por última vez, con un alma de soñador y con una maleta de adioses humanos, espirituales, amigos, el umbral del conventual cacereño de San Antonio.

Hoy, en esta tarde cuajada de rayos primaverales, tan abiertos como su propia palabra, tras hablar de forma distendida y detenida con el padre Antonio Arévalo, un humanista de relieve, me lleno de aquel recuerdo, tantos años atrás, y plasmar, con la mayor de las emociones, este modesto recorrido por la semblanza de un fraile que solo quería amar, desde la atalaya y el fervor de su palabra, la mano que le condujera a la esperanza.

Gracias, fray José, o fray Pepe, como le gustaba escuchar. Gracias, pues, ayer, ahora, siempre, por tu generosidad.

NOTAS.

A.- Fuente: Necrológica: José García Santos, OFM, por el padre Antonio Arévalo Sánchez.

B.- Las dos últimas fotografías pertenecen al Blog «Cofrades«, en publicación de Pasión de Molviedro. Con nuestro mayor agradecimiento.

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LOS IGUALES PARA HOY

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Hoy, en el Cáceres de Aquellos Tiempos, nuestro recuerdo humano y familiar, en la pequeña capital de provincia, para los vendedores de la ONCE. Personajes, rostros, voces, conocidas, de esos entrañables paisanos en el paisaje humano cacereño…

«Los iguales para hoy! es el título de mi artículo de hoy, 29 de abril de 2021, y que aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

Por aquel Cáceres un grupo de paisanos se ganaba la vida en la calle, convirtiéndose en rostros familiares: Los vendedores de la ONCE:

— Los iguales para hoy…!

Por los años sesenta ciento seis vendedores de cupones, con sus golpeteos de bastón y gafas oscuras, diluían un hilo de pregoncillos. La Plaza Mayor y el Mercado de Abastos se convertían en un epicentro de las mañanas cacereñas. Por allí andaban José Antonio Frade, Rufino, Pepa,  Niceto Valle, Aurelio Gamino; Flori Jorge Mendoza, en los soportales; Luis Clemente, el “Rácano”, en la esquina con General Esponda; Vidal Alfonso en la de Pintores; Teodoro y Puri en la Plaza de San Juan; Paco Jorge Mendoza, en la Plaza de las Piñuelas; Juan Julián Gregorio, Juanón, en Moret; Nicolás Julián en la calle José Antonio… Por la Plaza de San Juan se instalaban, entre otros, Teodoro y Puri, mientras que Isidra Alfonso se colocaba en Las Cuatro Esquinas y Catalino Cano, manco y cojo, en la calle Camberos, con Manuel, el Alemán, y Antonia Tesoro ubicados por La Cruz.

Por esos caminos transitaban Antolín, Dionisio, Yagüe, Nieves Pérez Burcio, Mary Reyes, Pablo Higuero, que perdió la vista por la coz de un mulo, y otros…

Invidentes que pregonaban las Embarazadas, el 66, los Guardias Civiles, el 55,  la Agonía, el 99, el Mala Sombra, el 13, el Abuelo, el 90, los Patitos, el 22…

Siguiendo una ancestral tradición algunos eran músicos, como Rafael Fragoso, batería, FructuosoSalzón” y Manuel Amado Marchena, acordeón, Antonia Tesoro, los palillos, Juani Ojalvo las castañuelas, Juan y Esteban Ruiz, saxofón y organillo, Isaac Holgado, miembro del grupo folk “Mansaborá”, laúd y piano…

Una orquesta de invidentes amenizaba los bailes del Centro de Jubilados en la Plaza, como otros jugaban al fútbol, por San Blas, utilizando como pelota un bote de tomate, que liaban con trapos en la que incrustaban piedras para guiarse por el sonido…

Rostros de vendedores de la ONCE que tantos recordamos.

 

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CACERES: DATE LA VUELTA CON AIRE QUE SE TE VEAN…

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La historia del Grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres, de la que poco a poco vamos tratando de dejar la mayor constancia por esta vía de CACEREÑEANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ, se conforma como de significativa en pro de la divulgación de esa parcela de la cultura popular que conforman las canciones y las danzas del folklore cacereño.

Y es que, a lo largo de treinta y tres años aproximadamente, numerosos cacereños mostraron su inquietud y pasión por las raíces y esencias del folklore provincial, por el calado y la hermosura de la cultura popular, participando de forma activa en los Coros y Danzas de la Sección Femenina.
Unos como bailadores, otros como instrumentistas, otros formando parte del coro…
Y todos, a una, divulgando la riqueza y la variedad que se da cita alrededor de nuestras canciones y danzas que iban recopilando, con tanta eficacia como interés, y con tanto amor como sensibilidad, recopilaban las generaciones anteriores, protagonistas de esas tradiciones y costumbres, musicólogos, investigadores, escritores…
En definitiva, pues, toda una obra conjunta del pueblo español, nunca mejor dicho, tal como señalaba el eminente folklorista cacereño Manuel García Matos, catedrático de Folklore en el Conservatorio de Música de Madrid, autor del álbum musical «Magna Antología del Folklore Musical de España«, editado por la casa discográfica Hispavox, del volumen «Lírica Popular de Extremadura«, «Cancionero popular de la provincia de Cáceres» y de otras numerosas publicaciones.
Y al ritmo de flautas, de tamboriles, de guitarras, de almireces, de bandurrias, de castañuelas, de botellas raspadas con cucharas, pregonaban en Certámenes, en Muestras, en Concursos y en Festivales Folklóricos las esencias de ese hermoso apartado de la cultura popular que se dan cita en las canciones y en las danzas de la provincia de Cáceres…
Mientras cantaban, ahora ahora que descubrimos este fotograma de principios de los años 60, captado del NODO, ese segmento de danza «La Carta«, original de la localidad de Piornal, cuando dice
Date la vuelta con aire,
que se te vean,
los picos de las enaguas,
que te blanquean…
Que te blanquean, niña,
que te blanquean,
date la vuelta con aire,
que se te vean…

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ANGELETE, PRIMER TORERO CACEREÑO

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Angel Fernández Pedraza, «Angelete», es el primer diestro cacereño que tomó la alternativa en la historia del toreo… Una trayectoria en la que empezó con ganas, entró en Madrid, siguió con cierta irregularidad y que demostró coraje y valentía, aunque no alcanzara el escalafón con el que soñaba.

Nacido en la localidad de Baños de Montemayor, 1892, y fallecido a la temprana edad de 38 años, Angel Fernández Pedraza sintió correr por sus venas, ya desde muy pequeño, la vocación torera por cuyos surcos se fue incrustando poco a poco intentando triunfar en el siempre complejo mundo del arte de Cúchares.

Todo un recorrido que, para no engañarnos, le costó harto trabajo. Y quizás, nunca mejor dicho, sangre, sudor y lágrimas.

Tras iniciarse como banderillero en la cuadrilla de su hermano Víctor, conocido como «El Extremeño» en el mundillo taurino de aquellos lejanos tiempos, con más de un siglo de antigüedad, ya en 1913 va alternando, con el tan anhelado traje de luces de novillero, por diversas plazas de cierta entidad. Lo que desembocó en su presentación en el coso de la capital madrileña el 18 de marzo de 1916, cautivando a los aficionados con su temple, con su valor, con el arrojo con los rehiletes en el tercio de banderillas y otras cualidades. Lo que le llevó a ser uno de los novilleros por los que la afición mostraba sus predilecciones.

Ya en el año 1916 Angelete hizo el paseíllo en 37 ocasiones, con diversas actuaciones en Madrid, lo que le iba facilitando una especie de pasaporte para el siguiente paso, el de la alternativa. Y consolidarse y pasar a la historia como el primer torero cacereño doctorado en tauromaquia.

De este modo el diestro cacereño llegó a tomar la alternativa como matador de toros el 12 de septiembre en la Plaza de Salamanca, dentro del programa de sus Ferias y Fiestas.

Un día de excepcional relevancia en su vida, recibiendo muchas visitas de paisanos extremeños con frases de aliento y entusiasmo para esa tarde, cuando ya había lidiado más de trescientos novillos.

Y todo ello en medio de un cartel de relevancia y tronío. Puesto que es de señalar que le entregó la muleta y el estoque Joselito, el Gallo, ante Saleri y Silveti. Angelete, que toreó con decisión y valentía al astado de la alternativa, de nombre Gitano, de la ganadería de Andrés Sánchez, mató de media estocada superior y obtuvo el silencio del respetable. En el último de su lote, de la ganadería de Coquilla, logró una ovación del público. Ese día Angel Fernández, «Amgelete», hizo el paseíllo con un terno gris perla y oro y brindó el toro de la alternativa al compositor trujillano Jacinto Cabrera Orellana.

Una alternativa que confirmaría tan solo once días después en la Plaza de Toros de Madrid, con el diestro Cocherito de Bilbao, de padrino, y con Celita de testigo.

De su confirmación escribe Don Benigno, crítico taurino del periódico “El Heraldo de Madrid”, escribe estos versos:

Angelete va hacia el toro.

Angelete va hacia el toro

corajudo y decidido.

Luce un flamante vestido

de seda lila con oro.

La muleta es encarnada,

como también encarnado

es el puño cincelado

de la rutilante espada.

Es negra como el carbón

la montera que ha traído,

y de un rojo muy subido

faja y pañoleta son.

Las medias que luce el niño

son de un carmín que atortola,

y en cuanto a la camisola,

blanca como el propio armiño.

¡Que no es preciso, lectores,

que tantos datos se den!

¡Por Dios! ¡Qué dirían

en Baños de Fuentemayor!

En el año 1917 el compositor Esteban Dodignon compuso el pasodoble flamenco titulado «Angelete» y dedicado, como se aprecia en la carátula de la edición correspondiente «Al valiente diestro Angel Fernández, Angelete«.

Angelete en 1915

Angelete en 1915

Angelete, como era conocido en el panorama taurino, fue haciendo frente a sus diversos compromisos. Y el 18 de agosto del año 1919 sufrió una cogida, calificada como de muy grave, en la arena del ruedo de la plaza de toros de Ciudad Real. Una cogida que le truncó, en parte, su recorrido torero. Si bien un día el torero cacereño decide emprender el reto de las Américas e intentar salir delante de las dificultades, adversidades y sinsabores que quedaban atrás por culpa de las escasas actuaciones y los difíciles astados ante los que tenía que lidiar.

No obstante Angelete regresa a España donde toreando esa temporada de su regreso tan solo cuatro corridas. Dos de ellas en el coso que hoy conocemos como la Era de los Mártires.

Aún así el torero no se conforma con la complejidad de su recorrido torero en España. Por lo que vuelve, nuevamente, a América, más concretamente a Méjico, y regresa en 1925 toreando tan solo tres corridas.

Ya le comenzaban a fallar y a faltar las fuerzas de su recorrido. Se lo pensó, cuenta la historia, mucho. Y mucho fue lo que reflexionó en sus recorridos de soledad y penar por las calles de la soledad madrileña y por los hermosos campos de Baños de Montemayor.

Hasta  que uno de esos días, tras tantos sueños arrebatados en muchas noches de inquietud, decidió despedirse de la afición de Cáceres, que tanto le había mostrado su cariño, su apoyo y su comprensión. Una corrida que se anunció como la de su despedida para el 8 de septiembre de 1925. Y con un cartel de lujo en el que compartió el paseíllo en el coso de la plaza de toros de Cáceres con Chicuelo y con Marcial Lalanda. Ahí es nada.

La crónica del festejo relata que Angelete, nada más finalizar el paseíllo recibió un gran aplauso del público, lo que le lleva a saludar montera en mano. Nuestro paisano obtuvo aplausos en el primero de su lote y en el segundo, que brindó a sus compañeros de terna y a Cáceres, consiguió un gran triunfo logrando cortar las dos orejas y el rabo del astado. Chicuelo le brindó el primer toro, con el que obtuvo una oreja y palmas en el quinto, y Lalanda, que también le brindó el primero de su lote, consiguió las dos orejas y el rabo del primero y ovación en el que cerraba plaza.

Aún así Angel Fernández, Angelete, pasó el invierno entero jugando con el capricho de la reflexión a caballo entre las dudas y los campos de las luces toreras. Por lo que decidió organizar las dos corridas de la feria de Cáceres del año siguiente, 1926. Y, de éste modo, volver a vestirse de luces, en la capital de la provincia que le viera nacer y cuyo nombre tanto divulgó por los ruedos de España y América.

El cartel del 30 de mayo de 1926 lo conformaban Angelete, Chicuelo y Lalanda. Chicuelo, que brindó el primero de sus toros a Angelete, silencio y aplausos y Lalanda ovación y petición de oreja.

El paseíllo del día siguiente en el coso cacereño lo hicieron Rafael, el Gallo, Angelete, Chicuelo y Lalanda.

Angelete, que lucía un terno de verde y oro, consiguió aplausos y ovación.

De este modo Angelete decía adiós, con lágrimas de dolor torero, al mundo de los ruedos donde siempre dejó constancia de su pundonor y de su valía. Atrás quedaban, tan solo, ochenta y dos actuaciones desde la alternativa, dejando el mayor pundonor y abandonado por esa larga serie de circunstancias, de enigmas y de silencios que tanto se dan en el panorama taurino.

Cinco años después en 1930 fallecía en Baños de Montemayor.

No obstante lo anterior es de señalar y dejar constancia que Angel Fernández, Angelete, se conformó como un diestro valiente y que la ciudad de Cáceres, sus amigos, su gente, su público, los aficionados le rindieron en gran homenaje que tuvo lugar en 1914 en los salones del Hotel Europa, instalado en el esquinazo de la Plaza Mayor y la calle General Ezponda.

Angelete cuenta con una calle en su localidad natal de Baños de Montemayor.

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¿Y CACERES, QUÉ?

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«¿Y CACERES, QUÉ?», es el título de mi artículo que hoy, 6 de abril de 2021, aparece publicado en el periódico regional extremeño «Hoy». Un manifiesto reivindicativo que demanda la mayor atención a una provincia, tan expoliada y abandonada, por parte de los gobernantes.

¿Y Cáceres, qué?

A finales de 1999 se ponía en marcha un movimiento social reivindicativo denominado “Teruel existe”, demandando una conciencia de Gobierno a la hora de administrar y repartir los fondos públicos. Siempre tan desiguales, como padece Cáceres, con tanta resignación provincial como insolidaridad de otros.

Posteriormente arrancaba otra voz, al grito de “Soria ya”, que vuelve a desgañitarse, tras tanto olvido centralista que siempre beneficia a los mismos, ahondando en las diferencias socioeconómicas, laborales, industriales.

En 2019 salía a la calle “La España vaciada”, tan arrinconada y malherida, en demografía, economía, aliento vital, reanimándose un poco con la pandemia. Pero la España vaciada no interesa demasiado a las aves de paso en el inquilinato de La Moncloa. ¡Quiá!

Tres movimientos de amarguras, iniciativas y quejas que probablemente no dispongan de demasiado recorrido, salvo sentir las desigualdades entre la España avanzada y la ignorada.

¿Y Cáceres, qué?, grito. Donde debería de haberse creado en su día un movimiento de presión que clamara contra tanta adversidad, como conocen tantas familias, separadas por la geografía; tantos pueblos, desvencijados; tantos jóvenes, asolados por el éxodo migratorio, la mayor tragedia histórico-social cacereña, por la debilidad económica, como señala Funcas, con complejas repercusiones en todos los campos, mientras el mundo rural continúa hundiéndose.

Una provincia cuajada de carencias y olvidos, con rácanas y discriminatorias atenciones gubernamentales, ante las Comunidades, siempre privilegiadas, que marcan parte de los compases a los Gobiernos de turno con sus disputados votos.

Miro al horizonte. Los nubarrones se divisan oscuros amenazando de mayor precipitación y depresión sobre Cáceres.

El articulista quisiera equivocarse, que buena señal sería. Más témome que verdes las han segado. Dos ejemplos: El AVE, tan cacareado, que aún no llega ni a diligencia del viejo Oeste americano, y la incesante marcha de jóvenes. Hasta los campanarios de nuestros pueblos silenciosos han repicado pidiendo soluciones…

¡Qué lastimosamente bien viven muchos en los aterciopelados sillones políticos…! Luego, dicen…

¿Y Cáceres, qué?

 

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