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EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES

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«EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACIAN LOS DIOSES» se conforma como un estudio de extraordinaria consideración, obra de Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, que publicó el año 1961, a través de Espasa Calpe. El autor de estas líneas considera que sería necesaria una nueva edición de este volumen, por parte de una institución como la Junta de Extremadura, por ejemplo, para que todos los extremeños tuvieran acceso a una de las mejores obras descriptivas de Extremadura.

Preciosa portada de "Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses".

Preciosa portada de «Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses».

Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, (Cáceres, 1899-1972), es una de esas genuinas figuras de la historia, del arte, de la cultura, de la investigación y de la defensa, siempre, del nombre de Cáceres, tal como consta en todas sus publicaciones, y, quizás, más expresamente, a través del amplio contenido de su estudio «EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES».

Una ciudad a la que entregó su vida con el rigor de sus cualidades, con la inmensa capacidad de trabajo que siempre le presidió, y porque fue uno de los más inquietos luchadores por la rehabilitación del Casco Histórico Monumental de Cáceres. Tal cual como siempre se reconoció por las figuras más relevantes de la historia artístico-monumental en Cáceres.

¡Y que Ciudad Medieval se nos dejó, para mayor gloria de Cáceres, gracias a sus empeños, a los de Alfonso Díaz de Bustamante, Carlos Callejo Serrano, Miguel Angel Orti Belmonte, Valeriano Gutiérrez Macías y tantos y tantos…!, que hoy la ciudad se alza como Patrimonio de la Humanidad figurando, asimismo, como el Tercer Conjunto Medieval mejor conservado de Europa, después de Praga y de Tallín, en Estonia.

Un hombre, don Miguel, todo trabajo y sencillez, todo hondura e inquietud, todo, intelectualidad y generosidad, todo, sencillamente, pasión por el Cáceres de su alma, donde las campanas, sonaban a su lado, en la Plaza de Santa María, y cuyo tañido, como solía comentar con frecuencia, le inspiraba con ese aire de dulzura que emana del repiqueteo de sus proximidades en medio de esa consagrada Plaza Medieval que es la de Santa María, uno de los dos grandes corazones del Casco Histórico-Monumental…

La iglesia cacereña de Santiago de los Caballeros.

La iglesia cacereña de Santiago de los Caballeros.

No dejó de trabajar nunca por Cáceres. Probablemente ni un sola jornada. Y un buen día, en medio de sus numerosos libros, artículos, reportajes, investigaciones, seminarios, tertulias, congresos, viajes, estudios, repasos, conversaciones, que se dice pronto, siempre con Cáceres como el hilo argumental al medio de sus inquietudes, prácticamente nadie se explicaba cómo podía sacar tanto tiempo para escribir con el rigor y la profundidad histórico-artístico-cultural que lo hacía.

Acaso señalamos ahora, porque de siempre llevaba, tenía y sentía a Cáceres en el alma, en la cabeza, en la inteligencia, en el corazón y en el sueño dorado del descanso de la noche cacereña, más aún en su residencia solariega, un hermoso e impresionante lugar cuajado de silencios y de reflexiones, de paz y de nuevos encuentros, a cada instante, con la historia y con las historias de Cáceres. Mañana, tarde, noche, madrugada, siempre, Por eso, quizás, sencillamente, don Miguel Muñoz de San Pedro representaba toda una fuente de conocimientos que deseaba volcar todo su rigor  en ese intento, generoso, de trasladarlos a la gente extremeña.

Un buen día, del correr del año 1961, nos sorprendió a todos con un amplio volumen, de seiscientas cincuenta y siete páginas, titulado «EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACIAN LOS DIOSES», dejando constancia de un amplio y muy detenido y completo estudio, cuajado de una diversidad de segmentos por los que cabalgaba y continúa el libro: Historia, Arte, Economía, Sociedad, Campo, Monumentos, Extremeñismo, Sensibilidad, Hondura, Análisis, en un recorrido que causó emoción e interés de relieve en la tierra parda.

Miguel MUñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, en 1959.

Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, en 1959.

Un libro que hoy he vuelto a ojear, con el cariño de la amplia amistad familiar entre don Miguel y mi padre, Valeriano Gutiérrez Macías, que compartían afanes y pasiones por lo que el autor de estas líneas ha dado en denominar, permítaseme, Cacereñismo. Esto es, el intento de tratar de hacer cada día Más y Mejor Cáceres. Una palabra que, al autor de estas líneas, al menos, le conmueve. Quizás, claro, que me perdone el lector, por ser una expresión personal.

Al reencontrarme con esa obra gigantesca, tal cual se manifiesta «EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES«, he sentido la emoción del paso del tiempo adornado con las procesiones de los desfiles de estampas, imágenes, lecturas y charlas del Cáceres de Aquellos Tiempos sobre la fenomenología histórico-artística, cultural, literaria de la ciudad, de la provincia, de la región. Con don Miguel Muñoz de San Pedro entre ese puñado de luchadores sin desmayo.

Un libro que se conforma de una especial sensibilidad en los caminos, marchamos, senderos, recorridos, expectativas y posibilidades  de la tierra parda que tan dentro y tan profundamente llevaba en sus adentros, desde siempre, don Miguel, en búsqueda de un futuro mejor para la misma.

Un reencuentro, en este tiempo de la canícula estival, que me ha servido para refrescar, acaso, la memoria. Tal vez, de aquellos tiempos; puede, que, como siempre, el magisterio superlativo de don Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, tal cual queda esculpido en el aire volandero del hechizo, de la magia, del misterio, de la leyenda, de las aventuras medievales, de las guerras por la conquista de Cáceres, de los amoríos en el Cáceres de Aquellos Tiempos, de las conquistas, de los encantos, del Cáceres Histórico-Monumental y de la Ciudad Medieval…

... Y, al fondo, el Palacio de Ovando, residencia de Don Miguel Muñoz de San Pedro...

… Y, al fondo, el Palacio de Ovando, residencia de Don Miguel Muñoz de San Pedro…

Y la verdad es que, a pesar de que han transcurrido, así, de repente, cincuenta y ocho años desde la publicación del libro «EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACIAN LOS DIOSES», extraordinariamente ilustrado con numerosas y muy hermosas fotografías de toda la región, su amplio volumen se conforma como uno  de los parajes y de los paisajes más señeros de la tierra parda, a pesar del tiempo transcurrido, a caballo, entre el pasado de los tiempos del ayer, el hoy de aquel entonces  y el camino de futuro para abrir los senderos del futuro.

Don Miguel era, humanamente hablando, un sabio. o, mejor aún, como se decía popularmente, un pozo de ciencia. Y debía de ser consciente, seguramente, de su gesta con tamaño volumen impregnado de un camino muy cuidado y certero en todos y cada uno de sus pasos, en todos y cada uno de sus capítulos, en todas y cada una de sus proyecciones, Don Miguel, intelectual de relieve, mejor dicho, de larga notoriedad, se distinguía, además, entre otras razones y virtudes, por su amplio humanismo.

Un estilo de vida repleto de sabiduría y de dignidad y rodeado de semblanzas cuajadas de aportaciones a la historia de Cáceres, para su mayor conocimiento y divulgación, que era, de siempre, uno de sus compromisos. Como se deduce de una obra memorable que debieran de conocer todos los cacereños de hoy, la de «Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses«.

La encina, el árbol tradicional de Extremadura.

La encina, el árbol tradicional de Extremadura.

También, un día cualquiera, mi padre, sabiendo de mi germen periodístico, me dijo que tendría que leer esa obra, con la mayor intensidad en dicho cometido y en tamaña tarea, para conocer «a base de bien» Extremadura, como me apuntó que un día debería de rendir homenaje a su figura cuando en diversas ocasiones don Miguel, un hombre bueno y cariñoso, me dio la mano, me habló copiosa, acertadamente de Extremadura, en uno de los salones de la cafetería Jamec, con el entonces estudiante,  ruborizado y silencioso, y me dijo con la nobleza de su mirada: «Extremadura, querido Juan de la Cruz, merece la pena«.

Hace un par de años dediqué a su figura un estudio en este Blog, «CACEREÑEANDO», con el título «EL CONDE DE CANILLEROS, UNO DE LOS ARTÍFICES DE LA REHABILITACION DE LA CIUDAD MONUMENTAL». 

Y hoy, mientras releo paulatina, sosegada, tranquilamente, su obra, me parece contemplar al historiador, investigador y escritor trabajando en su despacho con la filosofía de la serenidad y de la pasión y del mayor interés y entusiasmo por Cáceres.

Bella imagen folklórica sobre el traje típico montehermoseño en una danza típicxa extremeña.

Bella imagen folklórica sobre el traje típico montehermoseño en una danza típicxa extremeña.

Ahora, mi querido don Miguel, en medio de esas investigaciones que llevamos metidas hasta el tuétano los estudiosos e indagadores de nuestra historia y de nuestra cultura y de nuestras gentes, en mi caso modestamente, he vuelto a saborear el profundo contenido y los rigurosos contenidos de «EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES».

Una obra completa, sencilla, intensa, profunda, erudita, y, sin embargo, muy amena a través de cuyas páginas va recorriendo, de modo entrañable y acertado, todos los caminos de la región extremeña en las vertientes y en los caminos y en los senderos trazados por los cuatro puntos cardinales de la geografía extremeña. De norte  a sur y de este a oeste…

Y mientras voy pasando hoja a hoja de su trabajoso y valioso volumen y contemplando fotografía a fotografía, sobre las esencias de la tierra y región extremeña, 1967, que parpadean en el libro, qué duda cabe que aumenta el interés, la inquietud y el deseo de seguir avanzando en el proceso de la lectura. Y. si menester fuera, robando tiempo a los sueños de la noche en calma por los impresionantes horizontes de la Extremadura nuestra, la obra de don Miguel.

Puerta de Palmas, Badajoz.

Puerta de Palmas, Badajoz.

Si bien lo llevaré a cabo con la filosofía y esencia del aprendizaje, en medio del silencioso crujido que marca el reloj de la noche, que emborracha de lectura al escritor, que es lo más importante, como me insistiera don Valeriano con cierta frecuencia, cuando el estudiante de aquellos tiempos más bien trataba de remolonear los consejos de su progenitor entre los pasos de una vida presidida mucho más por lo mundano, por lo tibio, por lo insulso, entre amigos, paseos, diversiones, fútbol, toros, guateques, miradas enamoradizas a a aquella guapas y hermosas chiquillas que paseaban, incansablemente, Pintores arriba, Pintores, abajo, Cánovas arriba, Cánovas abajo, Plaza Mayor arriba, Plaza Mayor abajo, entre curiosidades y conversaciones de otros aires muy distantes de aquellas lecciones histórico-artísticas e intelectuales de don Miguel.

Y de la lo suficiente importancia como para decirle ahora, con toda honestidad, con la mano diestra claveteada en el corazón, y ante su ausencia, pero con su testimonio histórico-literario como testigo: «Gracias, don Miguel, por esta lección humanista de un radiante extremeñismo«.

Don Miguel Muñoz de San Pedro se entregó profusamente a Cáceres, por la bondad e inquietud que le presidía y bullía en sus adentros, algo evidente, a la vista de todos, porque ahí radiaba su compromiso y su reto. Y a fe, que, a través del legado que nos dejó, en herencia, cumplió, a base de bien, su palabra de honor en el el sacrosanto testimonio de la identidad armónica y paralela con una ciudad llamada, ni más ni menos, que Cáceres.

Teatro Romano de Mérida.

Teatro Romano de Mérida.

«EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES» viene a configurarse, además de como una obra imprescindible en las bibliotecas extremeñas, si se quiere, como un larguísimo recorrido por senderos, por caminos, por carreteras, por pueblos, por veredas, por campos, por búsqueda de informantes en medio de entrevistas con paisanos, de consultas en los archivos lugareños de los pueblos, de charlas con los más mayores del lugar, vino tinto, vía porrón al medio y chorizo de pueblo, de anotaciones, hasta alcanzar el quid de su cuestión argumental de su planteamiento, a fin de obtener datos, fechas, curiosidades, logros, personas, hechos, historias, curiosidades, anécdotas, rigor, obras de toda Extremadura.

Lo que se dice pronto, sí. Pero que lleva consigo un indudable mérito que es de aplaudir por todos los extremeños. Sobre todo, además de por el trabajo y los esfuerzos llevados a cabo, por la factura histórico-literaria que emana del mismo.

Un libro, pues, «EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA LA QUE NACÍAN LOS DIOSES», que debiera de hacerse presente en toda Extremadura, en sus colegios, en sus Institutos, en sus Facultades, en sus bibliotecas, por el amplio e interesantísimo recorrido que llevó a cabo, para mayor gloria de la tierra parda y, por supuesto, de ese intelectual nato que fue su autor, don Miguel Muñoz de San Pedro.

Estatua de Hernán Cortés, en Medellín.

Estatua de Hernán Cortés, en Medellín.

Un personaje de distinción en el Conde de Canilleros que el querido amigo Manuel Vaz-Romero, ya fallecido, calificara de «rostro gregrense y perfil enjuto, de verbo erudito y excelente memoria, verdadero archivo viviente, de cultura enciclopédica«,  José María de Cossío como de «historiador ilustre y escritor amenísimo«, y Valeriano Gutiérrez Macías como «uno de los prohombres de la cultura histórico-artística y del humanismo de Cáceres«…

También, ya, de paso, debemos de dejar constancia expresa que, entre otras obras salidas de su creación, el Conde de Canilleros tiene publicadas los siguientes libros: «Diego García de Paredes, el Hércules y Sansón de España«, «Un extremeño en la corte de los Austrias«, «Don Gutierre de Sotomayor, Maestre de Alcántara«, «El capitán Diego de Cáceres Ovando«, «Documentos para la Historia de la guerra de Secesión en Extremadura«, «Expedición de Hernando de Soto a Florida«, «Biografía de Pedro de Alvarado«, «Tres testigos de la conquista del Perú: Hernando Pizarro, Juan Ruiz de Arce y Diego de Trujillo«, «Doña Isabel de Moctezuma, la novia de Extremadura«, «Sor Mariana de la Presentación«, «El conde de Rodezno y Cáceres», «La ciudad de Cáceres: estampas de medio siglo de pequeña historia«, «Tres testigos de la conquista del Perú«, «La Extremadura del siglo XV en tres de sus paladínes«, «La Real Audiencia de Extremadura«, «Cáceres«, «Badajoz«, «Ayer y hoy de Extremadura«… Y otras, junto a una innumerable colección de artículos, que, ojalá, no sigan dormitando en el solar de los olvidos. Una costumbre muy propia, lamentablemente, por cierto, de las gentes extremeñas… ¡Qué pena el de tantos olvidos de los testimonios y ejemplos de nuestras preclaras y doctas gentes y que tanto bien hicieron por y para la región extremeña, tan marginada en tantos campos…!

Mozas de Don Benito ataviadas con el traje típico.

Mozas de Don Benito ataviadas con el traje típico.

NOTA; Dedicado a la memoria de don Miguel Muñoz de San Pedro Higuero Torres Cabrera Cotrina, cuya obra, «EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES«, desde mi modesta consideración, debería de ser reeditada por algún Consorcio o Institución, como la Diputación Provincial de Cáceres o la Junta de Extremadura, y quede al alcance de todos los cacereños.

También va dedicado este trabajo a mi querido amigo José Miguel Carrillo de Albornoz y Muñoz de San Pedro, Vizconde de Torre Hidalgo, apasionado, también, de Cáceres, y que ya tiene tras de sí la estela de otra obra literaria gigantesca, interesante y extraordinaria, como es el ejemplo de «Memorias de Doña Isabel de Moctezuma«, «Los hijos de Isabel de Moctezuma«, «Carlos V, el emperador predestinado«, «Carlos V, la espada de Dios«, «Diario de un viaje iniciático por los misterios de México«, «La reina triste«, «Relatos mágicos y leyendas de México«, «El comendador de Alcántara, renombrada posteriormente como El gobernador de Indias«, «Yo, Juana La Beltraneja, la reina traicionada«, «Moctezuma, el semidios destronado«, «Jaque a la reina blanca«, «El manuscrito secreto«, «Muera Napoleón«, «El oro del cielo» y «Duquesas. Un poker de damas en la España del Siglo XX. Medinaceli, Alba, Medina Sidonia y Arcos«…

José Miguel Carrillo de Albornoz se conforma como otro de los genuinos notarios de las letras, de la historia y de la sociedad cacereña, al que aún le queda mucho por escribir sobre esos temas que conoce a la perfección, que domina y que lleva en lo más adentro del alma. Y, al tiempo, sigue haciendo camino al andar, que es lo más importante, y dejando constancia, de esa sensibilidad que corre por sus venas, desde la sangre de muchas generaciones. Por lo que seguimos esperando, de forma ávida, sus testimonios, relevantes de la historia, tal como delatan sus escritos, sobre todo, vía Moctezuma, que también circula por esas venas de su cuerpo y de su alma.      

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ANGELITA CAPDEVIELLE, LA PASION POR EL FOLKLORE

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Angelita Capdevielle, (1890-1972) es, sencillamente, una institución en Cáceres, que trabajó desde siempre, de forma afanosa, por la recuperación y divulgación de las canciones y danzas del folklore típico cacereño, cuando estaban a punto de perderse por el camino del olvido.

Angelita Capdevielle revitalizó, con numerosos viajes, entrevistas, grabaciones, apuntes, estudios e investigaciones, romances, alboradas, villancicos, ofrendas, rondas de bodas, petitorios, cantos de quintos, romerías, nanas…

Ejerció la docencia en el Ateneo de Cáceres, en el Instituto Nacional de Enseñanza Media «El Brocense«, en la Escuela de Magisterio «Rufino Blanco«, en la Escuela Hogar de la Sección Femenina y, también, en el Conservatorio de Cáceres, dirigiendo, asimismo, diferentes agrupaciones, como la Masa Coral Cacereña y los Coros y Danzas de la Sección Femenina, en una labor y en una tarea verdaderamente encomiable.

Canciones y danzas de riqueza tradicional: La jota cacereña ochocentista «El Redoble«, cuya letra fue facilitada por Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, eminente historiador e investigador, a quien se la trasmitió la niñera Isabel Domínguez, «Canto de Animas«, de Casar de Cáceres, «Danza del Pandero«, de Malpartida de Cáceres, «El pájaro bobo«, de Arroyo de la Luz, «El Pindongo«, de Montehermoso, «La Carta«, de Piornal, la “Jota Cuadrada”, de Monroy, “Los Pajarillos”, la “Jota del Candil”, de Alcuéscar, “El Perantón”, la “Jota de Guadalupe”, “Los Sones de Montehermoso”, “Qué bonitas son las cacereñas”, “La Rondeña”, “El Cerandeo”, “La Jerteña”, “El Arbolito”, “La Carta”, con esa letra que señala:»La Pimentonera«, de Pasarón de la Vera, con esa letrilla que dice:

Somos pimentoneras,
todas sabemos coger pimientos.
Lo mejor de La Vera,
niña hechichera,
es nuestro acento…

Jotas, danzas y canciones que, desde aquel entonces hasta hoy han formado, forman y formarán parte, por historia, esencia y cosatumbrismo tradicional arraigado en los ancestros de la sensibilidad popular, de los más variados repertorios de las agrupaciones folklóricas de la provincia de Cáceres y, también, de los grupos de música folk que recogieron con extraordinario ahinco las letras, las músicas, las partituras, los instrumentos y la vestimenta que se fue encargando de recopilar, con un esmero del mayor y mejor relieve, una figura como la que representa, ni más ni menos, que Angelita Capdevielle Borrella. Una mujer y una investigadora de señalada comunión con los ritos, con las festividades, con la representación tradicional de la provincia de Cáceres en todas sus manifestaciones.

Como es, por ejemplo, esta danza folklórica cacereña bailada por los Coros y Danzas de la sección Femenina, en los años sesenta, y recogida en una tarjeta postal.

Angelita Capdevielle también nos legó un libro titulado «Cancionero de Cáceres y su provincia«, fue galardonada con la «Y» de plata de la Sección Femenina, y figura, por mérito propio, en el callejero cacereño.

El compositor cacereño Juan Solano, la denominó «Corazón Musical de Extremadura«, Miguel Muñoz de San Pedro, dejó constancia de que «Angelita es una institución en Cáceres«, Valeriano Gutiérrez Macías, miembro correspondiente de la Academia de la Historia, escribió que «Cáceres siempre estará en deuda con el más que sobresaliente e ímprobo esfuerzo llevado a cabo por Angelita Capdevielle«, y el escritor Domingo Sánchez Loro, dejó constancia de que Angelita Capdevielle «supo captar la magia de nuestro folklore  y para evitar su pérdida trabajó incansable por la provincia para reunir en encomiable afán todas las partituras de nuestros bailes y canciones«.

Por su parte la revista «Alcántara«, tras su fallecimiento, plasmó, en la correspondiente necrológica, que era una «popular figura cacereña de los ámbitos musicales e investigadora del folklore local», además de señalarla como apasionada por la música, que «vivió siempre por la música y para la música» y que «a su tenaz investigación deben los Coros y Danzas de la Sección Femenina su sólido y bien ganado prestigio«.

Una figura, pues, profunda, sencilla, entrañable y esforzada, que siempre figurará en las páginas de la historia de Cáceres.

Asimismo dejar constancia que con motivo de uno de los homenajes que se le tributaron, en medio de un cariño arrollador, tanto por su trabajo como por su arrolladora y amable cordialidad, uno de sus alumnos le dedicó la siguiente «bomba» o expresión popular, como las que se lanzan, en mitad de la danza, en la «Jota del Candil«, de Alcuéscar:

De la gente de mi tierra,
traigo la esencia más rica,
que ha vuelto a resurgir,
gracias a Doña Angelita.

En el periódico digital diario cacereño «Región Digital» de hoy, 3 de abril de 2017, podeis leer mi artículo, titulado ANGELITA CAPDEVIELLE, LA PASION POR EL FOLKLORE DE CACERES. Y, también en mi Blog, «CACERES, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ», podeis leer el capítulo dedicado a la eminente folklorista titulado «ANGELITA CAPDEVIELLE, LA PASION POR EL FOLKLORE«, que se encuentra incrustado en la sección titulada «PERSONAJES«.

 

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GABRIEL ROMERO, UN TIPO GENUINO

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Gabriel Romero Ruiz (1930-1972), era Cáceres. Al menos, así lo decíamos todos. Y así lo escribió un día el maestro, amigo y Tico Medina en el periódico ABC. Porque Gabriel Romero era mucho Gabriel y mucho Cáceres. 

 

gabrielromero5Aquel 31 de enero del año 1973 Tico Medina, toda una pluma magistral, siempre profunda y plena de rasgos de verdad del alma, escribía en ABC, el periódico nacional por excelencia, un artículo bellísimo titulado «Manifiesto Cacereño«.

Tico Medina, maestro, jefe en su día del autor de estas líneas, siempre compañero, amigo siempre, y amigo de Gabriel Romero Ruiz, dejó plasmado en el periódico por excelencia de aquel entonces:

«Lo había escrito Gabriel, Gabriel Romero, antes de que la muerte le golpeara la vida entera. Lo había escrito Gabriel, con aquella mano grande, abierta sobre el pecho:

«Quiero llenar mi corazón de tierra,

de tierra de secano, sin malicia.

Quiero llenar la boca y la palabra

de tórtola, de surcos y de encina.

gabrielromero6Y añade mi querido Tico: «Ahora, cuando vuelvo a Cáceres, me dicen que Gabriel ha muerto. Gabriel Romero, Han puesto su nombre en la esquina de una calle…». Y continúa con una lúcida reflexión: «Gabriel era Cáceres, yo lo juro«.

Lo juramos, porque lo sabemos, muchos cacereños de aquellos tiempos que mamamos sus versos, su palabra, su poesía, sus escritos y que situábamos el dial de la radio en «Radio Cáceres. La Voz de Extremadura» para impregnarnos de su mensaje informativo por el trasiego periodístico y de la actualidad en el Cáceres de Aquellos Tiempos.

corosydanzasfestivales1966Le nacieron en Coria, en el año 1930. Y muy pronto descolló por sus inquietudes. Gozaba de una voz de relieve que educó musicalmente. Formo parte de la Masa Coral Cacereña, bailó las jotas típicas y costumbristas del sabor popular con la agrupación de los Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres, como se aprecia en la fotografía, también fue solista en esta agrupación folklórica con la que grabó –grabamos– un L.P. en la casa discográfica Hispavox, formó parte de aquel quinteto de música polifónica denominado «Los Trovadores«…

Componía versos casi desde siempre, versos de compromiso y de conciencia social. Y por eso un día participaba en la Velada Literaria en honor de la Virgen de la Montaña, junto a poetas como Fernando Bravo, lo mismo que en otra ocasión admiró y sorprendió a poetas de alto relieve en el panorama de las letras españolas en la Villa y Corte cuando leyó algunos de sus poemas en la sede del grupo «Alforjas para la Poesía«.

Declamaba con el rasgueo del silencio expectante, escribía como el rayo que no cesa, dominaba la fenomenología social desde el micrófono consciente de que su palabra y sus palabras se convertían en aquella expresión popular que correteaba por toda la provincia: «Lo ha dicho Gabriel Romero«.

A propósito de dicha frase un día le comentó a mi progenitor: «¡Caramba, don Valeriano, no me lo diga usted también porque eso me echa una carga encima de mucha responsabilidad…!». Gabriel era, disfrutaba y seducía hasta el convencimiento de sus informaciones, de sus noticias, de sus reportajes, desde aquella altavocía de la emisora que seguía, en verdad, nunca mejor dicho, todo Cáceres

Y desde donde, además, participó en numerosas campañas, de esas de firma solidaridad en lo que él era un hombre apasionadamente solidario, y en las que todo Cáceres se emocionaba y participaba de ese alentador, vital y entusiasta que se llamaba Gabriel Romero Ruiz. Uno de los hitos en la historia de la comunicación, en la historia periodística, en la historia social de Cáceres.

Y es que Gabriel Romero, un todoterreno de la radiodifusión y de la sensibilidad social cacereña, se hizo un hueco de señalados considerandos en el periodismo y en la sociedad a base de inquietud, de trabajo, de paseos, de saludos con uno y otro y otro cacereño, de palpitaciones. Vitales y emocionales. Porque ambas conformaban la raíz de su compromiso, de sus horizontes y de su conciencia.

También, sin que nadie más que él supiera de donde sacaba el tiempo, junto al abrazo de su hermano Enrique, periodista y novelista, también de raza, dejó por el camino aquellas dos obras de teatro que llevan por título «La corona de catorce estrellas» y «Las brujas«.

gabriel-romero

Inauguración del Hogar del Pensionista en la Plaza de Bruselas, a cargo del ministro Licinio de la Fuente. Gabriel Romero a su derecha, con el micrófono.

Gabriel, añade ahora este modesto periodista, era mucho. Trabajador, constante, riguroso, decidido, enamorado de su profesión, como enamorado hasta la médula estaba de Cáceres, por donde caminaba, casi siempre con las prisas volanderas de la información, entre multitud de adioses, de saludos, de abrazos. Y también, por qué no decirlo, de miradas furtivas de aquellos tímidos chicuelos, como un servidor, que le admirábamos porque era un cualificado mensajero social de los andurriales y trajines del pulso ciudadano. Pero, sobre todo, era cacereño de profundas concepciones, como el pulso del latido del corazón. Lo sabemos muchos de los que andamos por estos pagos del sabor del cacereñeo.

Y era tanto y tanto en su vertiente informativa y radiofónica que mi querido compañero Miguel Angel Muñoz un día dejó escrito en uno de sus cientos de artículos en el periódico «Extremadura» que «Radio Cáceres no se entiende sin Cayetano Polo, Polito, sin Gabriel Romero y sin Fernando (García Morales, claro es), y aquel «Cáceres, Tres menos Cuarto«.

Todos sabíamos y recordamos que ellos, los tres, eran una porción, inmensa, de la propia inmensidad del sabor cacereño, del hilo de la actualidad.

Fueron muchas las veces, cuando escribo al hilo de la memoria, que me dijo: «¡Animo Juan!. Me gusta lo que publicas en el «Hoy». Y añadía: «¡Ya verás como te abres camino en el periodismo!». El entonces alumno de la Facultad de Ciencias de la Información y escuchante no era, entonces, más que un modesto currinche al lado de aquel profesional, dieciocho años mayor, y que se había forjado en la Universidad, con mayúsculas, de la calle, de la vida, de la intensidad del esfuerzo. Buena gente, compañero, buena gente.

Gabriel, maestro, amigo, en el compás de esta asignatura que se conforma desde el periodismo, como una notaría de la actualidad, con quien compartí entrañables momentos –él, siempre, maestro; yo, siempre, un humilde alumno–, se multiplicaba, galopando, para estar en casi en todas partes a la vez. Por la calle Pintores, por la Plazoleta de San Juan, por San Pedro, por San Antón, por la Avenida de España, por el Paseo de Cánovas, por la Avenida de la Montaña, por Primo de Rivera, claro. Como hacían tantos compañeros que se iban dejando la piel por el recorrido de las confluencias derivadas de la información. ¡Qué hermosura de radio tan local, tan próxima, tan cercana, y tan cacereña, tan cacerenista, tan cacereñeadora y siempre, como suele escribir un servidor, cacereñeando…!.

Gabriel, a quien le pilló el toro del infarto de forma áspera, mortal, se nos fue el mismo día, precisamente, que cumplía 42 años. Vividos, eso sí, con raíces y surcos de las más diversas dinámicas cacereñistas.

Tras su fallecimiento José Augusto Oliver Marcos en la necrológica que publicó en la revista «Alcántara» dejó constancia que era un «periodista dinámico y certero, acompañado de afabilidad, gracia y magnífico humor, que lo hacía eminentemente popular«.

Gabriel, Gabriel Romero, como jurara ese sempiterno maestro del periodismo llamado Tico Medina, un intelectual del periodismo de calle, era Cáceres. Y, como conclusión, Gabriel, Gabriel Romero, era Cáceres y una pieza esencial en el panorama de la ciudad de aquellos tiempos.  Tan es así que en la misma necrológica Oliver Marcos subraya:

«Su muerte, por inesperada, causó honda sensación en todo Cáceres que acudió a sus funerales masivamente haciéndole el homenaje póstumo, sincero y ferviente a que era acreedor«.

Unos funerales, por cierto, que estuvieron presididos, además de por los familiares, por las autoridades civiles y provinciales, con participación de lo que bien podríamos denominar el todo Cáceres.

Asimismo Valeriano Gutiérrez Macías subrayaba en el diario ABC que «vinculado de siempre a la prensa y la radio Gabriel Romero participó en importantes campañas en las que acreditó sus dotes profesionales y humanas«.

Y hoy, tras hablar con su hermana Carmen, entre las palpitaciones emocionales del recuerdo inveterado, adornado de flores de pasión en el camino de aquellas nuestras charlas, me cuenta una anécdota, mejor aún, una estampa, que lo dice todo, coincidiendo con Tico Medina con que Gabriel era Cáceres.

Aquel velatorio, en la despedida de Gabriel, contó con la presencia y el desfile de cientos de cacereños volcados en dar su adiós a nuestro siempre querido Gabriel. Y Carmen, acaso con unas lagrimillas adobadas de aquellas imágenes, me señala: «En un momento, con tantas personas en el velatorio, en un lado se encontraban Alfonso Díaz de Bustamante, alcalde, y Valentín Gutiérrez Durán, gobernador civil, al medio un montón de gente, y, al otro lado, –suspira mi querida Carmen– estaba, Juan, estaba, estaba Zacarías«.  Zacarías, aquel célebre maletero de Cáceres que formaba parte entrañable de ese paisaje humano del Cáceres, pues, de aquella época. Una imagen, pues, que define, de modo exhaustivo, la simbología popular que configuraba y concitaba Gabriel Romero.

Gracias, Gabriel, porque este recuerdo de silencios, regados con el penetrante aroma de tu compañía, de tu generosidad, de tu palabra, de tu mensaje social, me ha permitido deslizar unas cuartillas, siquiera sea para el álbum de la historia del Cáceres de Aquellos Tiempos, en los que tanto fuiste, en los que tanto representaste y que tanto te debe.

Un abrazo en los páramos de la eternidad que germinan en el aroma de la virtud de los mejores recuerdos de la historia de nuestro Cáceres. Gracias, de verdad, Gabriel Romero Ruiz, porque tú fuiste uno de esos emblemas que, desde tu honradez y autenticidad, hiciste, siempre, Más y Mejor Cáceres.

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… Y ALLÁ QUE SE VA EL AMIGO POR ALDEANUEVA DEL CAMINO, 1959

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… Y allá que se va, o regresa, el amigo y aldeano, al o del campo, por Aldeanueva del Camino, con una expresión, cuando menos, de curiosidad, hacia el objetivo de la cámara. O, tal vez, estuviera posando con aire autodidacta. Mientras le rodea, solo, la soledad.

 

pueblos.aldeanuevadelcamino1959Tiempos Aquellos, pues, del correr del año 1959, en Aldeanueva del Camino, allá en el entorno del Valle del Ambroz, palpando las cercanísimas poblaciones de Hervás, de Segura de Toro, de Baños de Montemayor y otros municipios, mientras, poco a poco, se amarilleaba la estampa. Quizás pensando, ahora, que de aquel entonces a hoy tan solo ha transcurrido la friolera de 57 años.

Extremadura se desangraba por aquellos tiempos con la crudeza de la emigración, la mayoría de los pueblos comenzaban a perder vida a borbotones, como se dice popular pero realmente, se descuajaba de un solo tajo cruel parte de la historia y de las esencias y de las raíces y de los aires y de las secuencias populares y de las dinámicas familiares, ay, qué dolor con la separación de la ruptura y que se iban escapaban por los surcos, ya deshechos entre abandonos de las propias desesperanza de la vida, cuando otros, acaso desde los despachos oficiales, allá por algunos palacetes y ministerios de Los Madriles, como se suele decir, desde los despachos tapizados de moquetas y terciopelos, e ignorancia supina del alma de los pueblos, abatían este panorama rural extremeño…

Y no parecía difícil obtener imágenes, secuencias, láminas, fotografías, apuntes, estampas, como la presente… Como un presagio, de aquella propia realidad, en el proceso que iba a situar a muchos, a miles, a cientos de miles de extremeños en la línea de salida para adentrarse por las estructuras de la vida migratoria.

Y, atrás, quedaban la inmensa mayoría de los pueblos de la Extremadura de nuestros amores y de nuestras pasiones, llorando su soledad y su adiós a quienes un día, forzados y forjados por tantas circunstancias, no tuvieron más que remedio, después de muchas noches en soledad y en sufrimiento, con las lágrimas cayéndoles por las estribaciones de las esquinas de los ojos, que preparar, angustiosamente, unas maletas, sacar, angustiosamente, unos billetes, y emprender, angustiosamente, un camino, una ruta, una vía por otros senderos, por otros páramos.

Acaso como dos caminos. Por un lado se semejaba la estampa de quienes decidían quedarse entre sus arraigos de toda la vida y vencieron a los esquemas de futuro que otros habían diseñado en las frías políticas de insensibilidades populares que casi todo lo pueden…

… Y, por el otro, la de quienes., por mucho que le dieran vueltas y más vueltas al asunto, no encontraban más salida que la de incrustarse por os crudos y severos andurriales allende las fronteras regionales…

A nuestro amigo de la fotografía, que parece cabalgar sin mayores prisas, ni preocupaciones, probablemente por el análisis del rostro, parece no importarle qué pasaba con aquella polémica de aquellos tiempos sobre aquella dinámica migratoria que tentaba, como una infección de aguda gravedad, a las aldeas, a los pueblos, a los municipios, a las localidades, a las poblaciones, a los lugares, a las ciudades, a las gentes, casi todas, de nuestras tierras pardas, que cantara, un buen día, el poeta.

Acaso, en un lugar tan sugerente como Aldeanueva del Camino, el amigo de la fotografía se ensimismara en sus labores agrícolas, pensara en sus patatas escabechadas, en el magro con pimiento, la tortilla de espárragos trigueros, el guiso de morros, rabos y orejas de cerdo, o en los coquillos y las perrunillas, uuuummmm, tan característicos del lugar…

O, tal vez, en las tertulias de siempre, en la partida de tute, en los paseos de sabor rural, en la espiritualidad del pueblo, en trasegar por las calles del pueblo entre adioses y con Dios, entre hasta más ver y entre esa encrucijada del silencio que, como tantos, sufría en sus carnes la intensidad de la vehemente tormenta migratoria que casi todo lo arrasaba, en saborear las esencias de los pagos en que le nacieron…

Y a seguir, pues, en el camino…, como siguen haciendo los casi ochocientos habitantes con que, a fecha de hoy, cuenta esta hermosa población cacereña de Aldeanueva del Camino.

 

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… Y ALLÁ QUE SE VA EL AMIGO POR ALDEANUEVA DEL CAMINO, 1959 por JUAN DE LA CRUZ GUTIÉRREXZ GÓMEZ se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.

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CONFESION ANTE LA PLAZA

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El pasado 3 de diciembre de 2015 al abrir el ordenador me encontré con una preciosa panorámica de la Plaza Mayor vista desde el Arco de la Estrella, obra de mi querido amigo Tomás González, Cacereñeador donde los haya.

 

PLAZA MAYOR

La Plaza Mayor vista desde el Arco de la Estrella por el artista fotográfico Tomás González Hernández.

El encabezamiento de la misma era del siguiente tenor: «La foto de hoy. Cacereando, como dice mi amigo Juan de la Cruz«. Entonces parpadeé, emocionalmente, ante la Plaza Mayor, plena de fuerza y de ímpetu, casi galopando hacia el arco iris supremo de la magia y del hechizo. Algo, sencillamente, fascinante.

Leí, de forma acompasada, esas trece palabras, que rezuman la esencia de una amistad histórica, de modo armónico, abrazada a los muros, a los palacios, a los paseos, siempre eternos, por la ciudad. Acaso comulgando conmigo mismo. Me pudo, claro, el pálpito del peso, inmenso, de la ciudad. Diría, mejor, que, mientras veía la fotografía se iban sobreponiendo tantas y tantas y tantas imágenes con la emoción de las estampas y los recuerdos que se amontonan en el baúl de la memoria.

Cáceres brillaba de oro de luz y de amor de sus gentes. Y que, con el paso del tiempo, el arbolado de las enseñanzas de nuestros antepasados, iban corriendo, de generación en generación, hasta lo más recóndito del alma.

Recordé, entonces, nuestras andanzas niñas y adolescentes y juveniles, acompasadas de la amistad que unía a su padre, Francisco González, un luchador por el baloncesto y la juventud en aquel Cáceres de finales de los años sesenta y los setenta y los ochenta, con quien Cáceres está en deuda histórica.

Luego, acaso en unos cortos pero eternos minutos, más allá de la contradicción, parí estos humildes versos, (y que me perdonen los poetas por mi pobre númen), que nacen, precisamente, en el Cacereñeo: Que no es más que el hecho de paladear, de saborear las esencias, todas, de Cáceres en todas sus manifestaciones. ¡Qué hermoso y sugerente, qué fascinante resulta, querido amigo, CACEREÑEAR!.

Unos versos que he querido titular CONFESION ANTE LA PLAZA.

CONFESION ANTE LA PLAZA

( A Tomás Hernández, amigo, de siempre y para siempre, en el altar del cacereñeo)

 

Cacereñeando, mi querido Tomás,

me confieso de corazón ante la Plaza,

hincado de hinojos con toda mi alma,

queriendo vivir más Cáceres, más y más.

 

Te confieso, Cáceres, de mi calma,

que mi pasión a tí siempre se abraza,

saboreando una ciudad que canta

a tantas bellezas que de ella emanan.

 

Por eso, cuando avanzo por la ciudad,

y poco a poco la voy dejando atrás,

vuelan suspiros a la Virgen de la Montaña,

porque mi corazón, ay, se desgarra.

 

Acaso, como bien sabes, amigo Tomás,

es todo un placer y un lujo el Cacereñear

por Cáceres, ciudad siempre señorial,

con miradas plenas de autenticidad.

 

En la senda flores y preces de luz emocional,

con el caminante entre sus piedras al andar

sintiendo un gozo, ay, siempre inmortal,

y viviendo la esencia de la cacereñidad

 

Me confieso, Cáceres, desde la verdad,

mágica y fascinante, ciudad sin par,

que busco el hechizo de tus sueños tras

de los visillos de la misma eternidad.

 

Mi querido Cáceres: No te olvido jamás.

Tu alma lleva a mi alma a la paz,

y confesarme, Ciudad, ante el altar,

que siempre, siempre, te he de amar.

 

¡Qué placentero, pues, mi querido Tomás,

Cacereñear, Cacereñear y Cacereñear…!

(En la mañana del 3 de diciembre de 2015, contemplando la imagen panorámica, cálida, dulce, sugerente, profunda, de la Plaza Mayor de Cáceres, vista desde el Arco de la Estrella, por el objetivo artístico de Tomás González Hernández)

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EL BROCENSE, EL INSTI DE SIEMPRE

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Aquel Instituto Nacional de Enseñanza Media de Cáceres El Brocense, siempre el Insti, enclavado en la Plaza de San Jorge, allá a finales de los cincuenta, y de los sesenta, era un lujo. Con un profesorado de una gran talla pedagógica, docente y humana, y que contribuyó, de forma notoria, a formar hombres y mujeres del mañana, como solían explicarnos los miembros del Claustro, en su esmero por imprimir de la mayor calidad al alumnado.

elbrocense-subidaporluismontesUn Centro, «El Brocense«, el Insti, de siempre, como fuera bautizado prácticamente desde sus inicios, de una más que señalada y notoria manifestación docente, pedagógica y estudiantil en la historia de la ciudad de Cáceres,  con sus propias semblanzas de las historias personales y colectivas de tantos miles de niños y jóvenes paisanos que pasaron a lo largo de unos cuantos años por sus aulas, con la mochila repleta de sus anhelos, con sus amplias veredas de sueños y de anhelos, con su vida de una gran magnitud de caminos en el más que profundo recorrido de las sensibilidades personales y que se representa y configura, al menos en la modesta opinión del autor, como el centro bachiller por excelencia de Cáceres.

Ahí está la historia del Instituto Nacional de Enseñanza Media «El Brocense«. Y que cada uno saque sus propias conclusiones.

Y que, desde la nostalgia de la historia, me perdonen profesores y alumnos de otros centros bachilleres cacereños que también se encuentran incrustados de pleno, claro es, es la propia dinámica de la historia de Cáceres.

Un centro de enseñanza de auténtica sensibilidad y profundidad, en beneficio, siempre, de los bachilleres, lo que denominaban los profesores como hombres y mujeres del mañana.

claustro el brocense 1955

Claustro del Instituto Nacional de Enseñanza Media «El Brocense», correspondiente al año 1955.

El Instituto Nacional de Enseñanza Media «El Brocense» fue, es y será, siempre, un icono, un símbolo y un más que claro referente exponencial en el panorama educativo, social y popular de Cáceres, y que acaba de cumplir cincuenta años en sus actuales dependencias, en el que toda una numerosa legión de alumnos nos trasladamos, con los bártulos a cuestas, desde de las aulas de la Plaza de San Jorge, que ya empezaban a quedar muy atrás, en el paso inexorable del tiempo, junto a la iglesia de San Javier, siempre llamada popularmente como de la Preciosa Sangre, a ese Insti, gigantesco, enclavado en El Rodeo, junto a la Plaza de los Conquistadores.

Atrás quedaba un inmenso y muy largo riachuelo de recuerdos. Estampan que arrancan en la rapidez de la historia sobre aquel terreno, como se empeñaba algún profesor en meternos en la cabeza, donado por don Francisco de Vargas Figueroa y Aponte para que, a su fallecimiento, acaecido en el año 1698, los jesuitas levantaran una iglesia y un Convento o Colegio.

Construcciones que ya estaban alzadas el año 1753, aunque algunos años más tarde, el rey Carlos III procedía a expulsar a los jesuitas de España.

Y allí mismo se alzaron las dependencias, siempre históricas y preñadas de nostalgias, ay, de miles de bachilleres cacereños y cacereñas de aquel entonces donde dejamos un montón de tiempo, navegando ya en las campas del pasado, entre libros que adquiríamos tras largas colas en la Imprenta La Minerva, en los soportales de la Plaza Mayor, de lecciones, de extraordinarios docentes siempre, de exámenes, de apuntes, de estudios, de temblores a veces, por qué no, de diversiones, de juegos. Y, sobre todo, claro de aprendizaje.

Un Instituto, edificio emblemático, por un lado, forjador de numerosas generaciones de estudiantes bachilleres por otro, que no siempre, lamentablemente, seguíamos los consejos del profesorado, y donde tantos docentes se dejaron lo mejor de su empeño en aras a labrarnos futuro de formación, de aprendizaje, de cultura y de formación.

Y en el que hoy, a estas alturas, con tantos y tantos años al medio, quedan infinidad de recuerdos a lo largo de aquellos siete años –entre el Bachiller Eelemental, el Bachiller Superior y el Preuniversitario– que pasamos por aquellas aulas, entre ruidos de chovas y chillidos de vencejos, miles de alumnos.

Miles de alumnos que hoy, seguro, con la vista puesta en el tiempo pasado, y tirando de la memoria, agradecemos, de todo corazón, las enseñanzas allí recibidas por un profesorado siempre ejemplar.

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Conmemoración del 175 aniversario del Instituto El Brocense.E!n la imagen Teófilo González Porras, Daniel Serrano, Milagros Lancho y Marcelino Cardalliaguet, directores en diferentes etapas.

De ahí en adelante, pasando por otras etapas como en las que sus dependencias fueron utilizadas como Hospital y también Cuartel, el año 1829 arranca el Colegio de Humanidades. Diez años más tarde, el 25 de septiembre de 1839, el Centro alcanza el rango de Instituto Provincial de Segunda Enseñanza, gracias al decreto firmado por la Reina María Cristina de Borbón, convirtiéndolo en el centro de enseñanza más antiguo de Extremadura, en lo que se refiere a enseñanza pública, hasta que, finalmente, en el año 1941, el mismo pasaría a recibir la se denominación definitiva como Instituto Nacional de Enseñanza Media.

Así, con ese nombre, queda albergado en el corazón, en el alma, en la mente, en el recuerdo y en los sentimientos de los miles y miles de alumnos que han ido pasando por sus aulas y recibiendo la formación correspondiente a lo largo y en el transcurso del tiempo y con la que se forjaron y nos forjamos para hacer frente a la vida.

Un centro, pues, cuajado de toda una vida entre explicaciones, libros, apuntes, deberes y lecciones, siempre, de altura y de relieve, que nunca olvidaremos quienes pasamos por aquellas aulas…

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Promoción de alumnas del año 1940 con el profesorado.

Aquel Instituto, El Brocense, el más antiguo de la región, siempre el Insti, allá a finales de los cincuenta, era un lujo. Con un profesorado de una gran talla pedagógica, docente y humana, y que contribuyó, de modo notorio y cualificado, a formar hombres y mujeres cacereños del mañana, como decía su profesorado, en su esmero y esfuerzo por tratar de imprimir, siempre, de la mayor calidad al alumnado.

Una labor histórica, de señalados considerandos, y que día a día, con el transcurso y el paso del tiempo, vamos reconociendo todos con la mano en el alma. Y, también, claro es, con el recuerdo emocionado a quienes tanto se esforzaron por enseñarnos la pedagogía de sus respectivas especialidades.

Y es que el Instituto Nacional de Enseñanza Media «El Brocense», de Cáceres, en honor a la verdad, fue, siempre, un auténtico lujo para quienes, poco a poco, curso a curso, nos íbamos formando en el camino y en el recorrido estudiantil.

el brocense alumnas 1943 con don arturo merino. ies brocense

Un grupo de alumnas rodea al profesor don Arturo Merino, en imagen del año 1943. IES Brocense.

Un Centro y un claustro, al que más allá de las notas, entre bagajes de matrículas de honor y suspensos o cates o calabaza, que de todo había en la viña del Señor, ahora, pasando revista al tiempo pasado, es de agradecer el esfuerzo por meternos, a golpe de sudores y estudios y repasos y preocupaciones, la dureza del Latín con don Eugenio Matas, el esmero que exigía don Daniel Serrano a la hora de las enseñanzas de las Matemáticas, la severidad que imponía don Fernando Marcos Calleja para pedirnos cuenta de las lecciones de Gramática Española, la aspereza de don Casimiro García, que tildaba de bolcheviques al alumnado cuando había marejada de fondo en las clases de Religión, mientras nos escondíamos detrás de los libros para que no se percatara de nuestras risas o sonrisas, la elegancia de don Victor Gerardo García del Camino a la hora de explicar la Historia de la Literatura Española desde su Cátedra, la claridad expositiva de don Juan Delgado Valhondo sobre la Física y Química, las siempre complejas clases de don Eliseo Ortega a la hora de hacernos abordar las lecciones de Filosofía, o la abundancia argumental y expositiva de don Pablo Naranjo Porras con la Historia.

Fachada del antiguo Instituto Nacional de Enseñanza Media junto a la Iglesia de la Preciosa Sangre, en el corazón del Casco Histórico-Monumental de Cáceres.

Un Insti emblemático, de formación en el patio a primera hora de la mañana en el Patio, de pasar lista y con los alumnos levantándonos para responder de nuestra presencia en la case, de baticulos, la novatada de los pipiolos, que consistía en tirar a un alumno sentado en las escaleras, de escalón en escalón, y bajar unos cuantos peldaños, con olor a chuletas de exámenes y a fuga o novillos, de cuando en vez, donde se dividían los segmentos de las Reválidas de Cuarto y de Sexto, más Preuniversitario, mientras, en tiempos de hartas dificultades económicas, eran algunos los alumnos que abandonaban los estudios para ayudar a sus padres y sacar la casa adelante. Lo mismo que otros otros repetían curso, por ejemplo, en la siempre cuesta arriba de las enseñanzas bachilleres.

Aquel Centro, «El Brocense» de aquel entonces, se conformaba como una sede familiar, humana, próxima, cercana, en el que, prácticamente, nos conocíamos todos, lo que facilitaba, sobremanera, la integración en el ámbito de las relaciones sociales, el contacto del alumnado y la cercanía con el profesorado, que, a pesar de las distancias que marcaba las líneas y las reglas del juego, entre la autoridad de los docentes enseñantes y la disciplina que se imponía y exigía al alumnado, siempre estaban en las proximidades de los bachilleres.

El patrón, Santo Tomás de Aquino, entonces el 7 de marzo, a cargo de los alumnos más veteranos, se celebraba entre un día escolar festivo, misa, tómbola proviaje de estudios y representación teatral, a cargo de los alumnos de Preu, con presencia masiva de familiares en el salón de actos, y que al finalizar el curso tomaban las de Villadiego por los distintos páramos de las sedes universitarias de las que dependía El Brocense. Salamanca, Madrid o Sevilla, según la carrera elegida por el alumno, que debía de superar, no obstante, una dura prueba en Salamanca, con exigentes catedráticos.

el brocense francisco sanchez de las brozas

Francisco Sánchez de las Brozas, que da el nombre del Brocense al Instituto de Cáceres.

De año en año escolar atrás iban quedando unas generaciones mientras, curso a curso, iban llegando otras en el ritmo de la vida y en el correr de los tiempos a la vez que la semblanza del Insti se pespunteaba y radiografiaba, en la figura excelsa bajo el nombre del que se acogía, Francisco Sánchez de las Brozas, 1523-1600. Humanista español, profesor de Gramática, Griego y Retórica en la Universidad de Salamanca, y  que se conforma, en el decir de historiadores, estudiosos, analistas, investgifadores, documentalistas y cronistas como una de las figuras más importantes de toda la historia de Extremadura.

Aquel Instituto Nacional de Enseñanza Media, El Brocense, El Insti, como siempre le conocimos los estudiantes y el profesorado, para qué negarlo, imprimía carácter en un centro privilegiado. En su sabor, en su saber, en su historia, en su profesorado y en un enclave de extraordinarias reminiscencias en su pasado que ahora llegan a la mente del periodista y relator de esta semblanza alrededor de ese señalado centro de estudios y que tanta huella nos dejó, con toda seguridad, a cuantos alumnos y alumnas pasamos por aquellas aulas tan llenas de enseñanzas y donde hasta el ambiente que hay allí, en su interior, sabe a docencia.

Pero, además, de la buena. Lo que es y resulta de justicia dejar constancia expresa, en honor de nuestro profesorado que tanto se esforzaba, a todos los niveles, en dejarnos constancia de la necesidad de formarnos, de estudiar y de aprender para irnos abriendo camino en la vida.

El año 1965 se inauguraba el nuevo Instituto «El Brocense», en El Rodeo, junto a la Plaza de Colón. En la fotografía la inauguración de un busto dedicado al Brocense.

Por el medio otros profesores ilustres y para los que siempre irá el mejor recuerdo de todos los cacereños y cacereñas, bachilleres del Insti y que tanto deben a unos docentes que daban lo mejor de sus conocimientos, de su atención y de su paciencia, como eran doña Carmen Vicente, Historia, doña Elena Málaga, Francés, don Rodrigo Dávila Martín, Matemáticas, don Secundino Carvallo, Geografía, don Pedro Mohedano, Educación Física, don Justo García Gil, Formación del Espíritu Nacional, don Abilio Rodríguez Rosillo, Ciencias Naturales, don Emilio Macías Sánez, Dibujo, don Teodoro Rodríguez, Religión, don José Luis Turina, Dibujo, don Miguel Antonio Esteban, Matemáticas, don Raimundo Rodríguez Rebollo, Física y Químicas, doña Aúrea García, Francés, don Jesús Jiménez Regodón, Formación del Espíritu Nacional, doña María Antonia Fuertes, Matemáticas, don Ubaldo Cantos, Dibujo, doña María Luna, Geografía, don Secundino Carballo Briset, Geografía e Historia, don Valentín Velasco, Ciencias Naturales, doña Adelaida Sánchez Corchero, Francés, doña Dolores Marcos, don Antonio Muñoz, Matemáticas, don Manuel Martín Hernández, Educación Física…

el brocense instituto general y tecnico

Promoción de estudiantes del año 1939 en las puertas del Instituto.

Desde el recuerdo de siete años entrañable en aquellas aulas, dejar constancia que el Insti, de siempre, y para los amantes de los datos nació ni más ni menos que en el año 1839, que hasta 1919 no se otorgó el primer título de Bachiller a una mujer, Juana Rosado Alvarez de Sotomayor, que fue uno de los cinco primeros institutos laicos creados en España, que con anterioridad era un Centro de Humanidades y que el mismo inició su mudanza a la actual sede, junto a la Plaza de los Conquistadores, Colón, una obra del arquitecto cacereño Vicente Candela Rodríguez, en el curso escolar 1964-1965, mientras los alumnos dejábamos atrás un inmenso halo de nostalgias, de emociones y de sensaciones al calor de un adiós a un edificio emblemático, ala vez que atrás, allá en la Plaza de San Jorge, sigue flotando un inmenso halo de nostalgias, de emociones, y, también, siempre, en el corazón de muchos cacereños.

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Juan Donoso Cortés, prestigioso filósofo y político extremeño, ejerció de profesor en el Centro de Humanidades de Cáceres, que luego sería Instituto «El Brocense».

En su etapa como Centro de Humanidades fue profesor en el eminente filósofo, parlamentario político y diplomático Donoso Cortés, Marqués de Valdegamas, y, a la sazón, de nombre Juan Francisco María de la Salud Donoso Cortés y Fernández Canedo, Marqués de Valdegamas, Ministro Plenipotenciario y Secretario Particular de la Reina. Una auténtica eminencia y de gran prestigio político e intelectual en toda España por sus extraordinarias cualidades, por su formación, por su sensibilidad diplomática.

También ejerció la docencia en el centro académico don Luis Sergio Sánchez, en la Cátedra de Humanidades y Retórica, justo al dejarle vacante, precisamente, don Juan Donoso Cortés, y que desempeñaría la dirección del mismo, a lo largo de una serie de años, para la que fue nombrado durante el año 1848.

Asimismo también pasó por las aulas del Instituto, pero en calidad de alumno como estudiante de bachiller, don Eduardo Callejo de la Cuesta, que llegó a desempeñar la cartera del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, durante la etapa correspondiente a la Dictadura del General don Miguel Primo de Rivera.

Toda una larga serie, pues, como se puede apreciar, de distinguidos personajes en el panorama de su presatigio.

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Miguel Angel Orti Belmonte, Catedrático de Historia y Director del Museo de Cáceres.

Algunos ilustres profesores del Instituto Nacional de Enseñanza Media de Cáceres dan nombre a determinadas calles de la ciudad y que se honra con las mismas. Además de Juan Donoso Cortés y Luis Sergio Sánchez, también prestan su nombre entre otros a calles cacereñas, el historiador e investigador Antonio Floriano Cumbreño, la musicóloga y folklorista Angelita Capdevielle, Pablo Naranjo Porras, que también fue senador, Abilio Rodríguez Rosillo, distinguido con la Encomienda de Alfonso X el Sabio, Juan Sanguino Michel, arqueologo y primer director del Museo de Cáceres desde 1898, el pintor costumbrista Juan Caldera Rebolledo, Eduardo Hernández.Pacheco y Esteban, geólogo, paleólogo y arqueólogo, Miguel Angel Orti Belmonte, catedrático de Historia y Secretario de la Comisión de Seguimiento de Monumentos de Cáceres, Eugenio Frutos, catedrático de Filosofía Fundamental, y otros muchos que se entregaron de por vida, con lo mejor de sus enseñanzas, en el ejercicio y en el desempeño de sus vocacionales tareas docentes, y con las que nos impregnaban a los alumnos que íbamos creciendo, de curso en curso, y de generación en generación, casi sin darnos cuenta.

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Don Agustín Bravo Riesco, catedrático de Lengua y Literatura, conocido cariñosamente, y con todo respeto, como El Mona.

Acaso, por esos pasajes de la propia vida y del relevo y el correr generacional, no parecían al menos en las clases del entonces bachiller, y hoy escritor e investigador, Agustín Bravo Riesco, catedrático de Lengua y Literatura, apodado, familiar y cariñosamente, y con todo respeto, como El Mona, Gonzalo Fructuoso Tristancho, catedrático, creador de la Escuela Elemental de Capataces Agrícolas y director del Instituto de Segunda Enseñanza en 1931, Arsenio Gállego Hernández, que fuera catedrático de Matemáticas entre 1920-1956, nombrado Vicedirector en 1931, a la vez poeta, Eladia Montesino-Espartero y Averly, la elegancia personificada, Francés,  José Vigara Campos, Felipe Trejo, Francés…

Y otros más. Don Antonio Silva, Don Juan Delgado Valhondo, don Jose Vigara Crespo, don Arturo Garcia, don Ulpiano Buhigas Novo, don Arsenio Pacios, don Justo Corchonque y que nos perdonen cuantos no citamos y que se esforzaron por imprimir a las diferentes generaciones de alumnos y alumnas de Cáceres una luz de enseñanza como faro para el futuro.

instituto el brocense y preciosa sangre cofrades.sevilla.abc.es

Ahí se ven las ventanas de una parte de las aulas del Instituto Nacional de Enseñanza Media El Brocense.

Un Instituto, «El Brocense«, siempre el Insti, que entre sus galardones cuenta con la Medalla de Oro de Extremadura, por su importante y más que señalada labor en el panorama, no ya solo pedagógico, sino social, profesional, en todos los campos, humano, y siempre del mayor relieve en beneficio de Cáceres y de la imagen de la ciudad y de la provincia, destacándose en el decreto de la concesión de dicha Medalla que el Instituto El Brocense es «Un referente decisivo en la Historia de la Educación Extremeña«. Una cita de muy cualificada exposición para que conste en el acta de la formación de los cacereños y de las cacereñas que pasaron, tanto como profesores y como alumnos, por el mismo.

Y Centro, a la vez, del que uno de sus directores, el historiador Marcelino Cardalliaguet, ha llegado a señalar que «Nadie duda a estas alturas de que El Brocense es para los cacereños algo más que un centro educativo. que su importancia en la ciudad ha sido asombrosa, su biblioteca, su expansión cultural hacia toda la ciudad, la calidad de la enseñanza que se impartía…

claustro de profesores insti 1950

Otro claustro entrañable, como todos. El del año 1950 donde aparecen eminencias como doña Eladia Montesino-Espartero, don Pablo Naranjo, don Abilio Rodríguez Rosillo…

Todos estos datos demuestran el más que importante peso que ha tenido durante muchos años el Instituto Nacional de Enseñanza Media «El Brocense», en la vida de la ciudad. «La historia contemporánea de Cáceres sería muy difícil entenderla sin la existencia de este instituto«, señalaba en su momento Marcelino Cardiallaguet, que fuera director del mismo, pero ya en su actual emplazamiento. Un Centro, pues, como podemos apreciar, lleno de vida y de una ingente cantidad de cualificados alumnos que, gracias a las enseñanzas de aquellos claustros de reconocido prestigio, se formaron con la ejemplaridad que exigía el profesorado.

Y es que el Instituto El Brocense, siempre el Insti, se conforma como un verdadero y auténtico icono y, al tiempo, como una referencia y como un emblema en la historia de la ciudad de Cáceres. Lo que constituye todo un lujo y un honor a lo largo de las numerosas generaciones que han ido pasando, pasan y pasarán por sus aulas.

NOTAS: 1.- La fotografía del claustro de profesores es de la colección particular, las correspondientes a las fachadas del antiguo Instituto y de una parte de sus aulas, del blog cofrades.sevilla.abc.es, en fotografías de Fernando Montes Macías, la de la conmemoración del 175 aniversario del Instituto «El Brocense», está captada del diario Hoy, y la de  la generación de estudiantes en 1939 está captada de la página de Facebook del Instituto, fruto de la investigación de inquietos alumnos de ahora.

2.- En la tercera fotografía, correspondiente al claustro de 1940, gracias a la aportación de Julita G. Parra se señala la presencia de los profesores don Martín Duque, don Justo Corchón, don Miguel Ángel Orti Belmonte, don Abilio Rodríguez Rosillo y don Juan Caldera.

3.- La fotografía de don Agustín Bravo Riesco está captada del periódico «Extremadura«.

4.- elbrocense.josediez,griego,secundino,geografia,eliseo,filosofia,abilio,ciencias,martinduqe,latin,raimendorguez,eugeniomatasmiguelantonioHe aquí otra fotografía de gran sabor histórico-docente de ocho profesores de aquellos tiempos, de una más que notable envergadura docente, y que, en los tiempos en que el periodista y escritor deambulaba por las aulas bachilleres, encontraba, tanto en ellos como en sus compañeros de claustro, el sano ejercicio de la pasión de y por la docencia. Y de paso, al tiempo, por la formación, la educación y el estímulo del alumnado y hacernos, señalaban, «personas de provecho».

En la fotografía, de izquierda a derecha, don José Díez, Griego, don Secundino Carballo, Geografía, don Eliseo Ortega, Filosofía, don Abilio Rodríguez Rosillo, Ciencias Naturales, don Martín Duque Fuentes, Latín, don Raimundo Rodríguez Rosillo, Física, don Eugenio Matas, Latín, y don Miguel Antonio Esteban, Matemáticas.

 

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TODOS LOS DIAS SON PRECIOSOS EN CACERES

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 De repente he pensado, una vez más, en el sugerente e interminable campo emocional que, siempre, transmite Cáceres. ¿Por qué será? Y la imaginación se me ha ido flotando a ese concepto de que todos los día son preciosos en Cáceres.

 

PALACIO DE GODOY

La imagen muestra la torre de la iglesia de Santiago y el precioso balcón esquinado del Palacio de Godoy

Tumbado en el sofá y con la mirada fija en el techo, dibujando y diseñando la cálida geografía de la hermosura monumental de Cáceres, a golpe de silencios de reflexión, de tañidos de campañas eclesiales, en medio de una algarabía de gorjeo de pajarillos y del crotoreo de las cigüeñas, he caído en la cuenta que un día escribí un puñado de líneas, gracias a la amabilidad de Azucena Alvarez, para dejar constancia de que Cáceres se conforma como una ciudad gigantescamente preciosa, genuinamente alzada hacia los cielos de la eternidad, poéticamente sentida en el alma por todos. En lo más profundo. Algo que llevamos a gala con una dimensión que no es fácil que puedan decir otros.

Y también he caído en la cuenta de que somos muchos los que al contemplar las iglesias, las ermitas, los palacios, las casonas medievales, las callejuelas, las plazoletas y los rincones del Casco Histórico-Monumental de Cáceres se sueltan exclamaciones y comentarios de gran calado como: ¡Qué maravilla!, ¡Qué bonita…!, ¡Qué preciosa…!

arco de la estrella 1

El Arco de la Estrella, la puerta que une la Ciudad Medieval de Cáceres con la Plaza Mayor

Expresiones del alma que le llevan a uno a identificarse más y mejor con la fuerza de la emoción en, con, de, por, hacia Cáceres. Y de paso, imagino, que a todos los que nos sentimos identificados con dichas vistas hechas sentimientos. Con preferencia, claro, lógico, por la sublime belleza de todo el conjunto de la Ciudad Medieval, como nos sugiere que digamos nuestro compañero Antonio Javier Corrales.

Más en algunos comentarios yo me dejo llevar por conceptos más amplios, además del CACEREÑEO. Una palabra, con perdón de la inmodestia, que cada día me sugiere más conceptos de sensibilidad emocional.

Entonces hasta dejo constancia de que Cáceres es una ciudad inmensamente plena de belleza y de dulzura. Y de hechizo y de magia. Y de misterio y de ensoñación. Y que su Casco Histórico-Monumental nos atrae e imanta, por mor de su inmenso abanico de sensaciones, de sugerencias, de reflexiones, desde cada palmo de terreno, desde cada perspectiva, desde cada encuadre…

Incluso, añado: Y, además, Cáceres es una ciudad sugerente, sugestiva, evocadora, en cualquier momento del día, en cualquier estación del año, de día, de tarde, de noche, en la alta madrugada.

O, si lo prefieres, entre las cortinillas de las nieblas invernales, bajo el calor de la luz estival, o tras el prisma de la lluvia. Y, si se quiere, al otro lado del telón, con unas lagrimillas, que nos salen de dentro, mientras contemplamos, así como de forma borrosa, por ejemplo, la Cuesta de la Compañía, la Preciosa Sangre, el Rincón de la Monja o la inmensidad y el esplendor en la radiografía del diseño de la Plaza de Santa María

Seguro que es porque Cáceres, como nos anuncian nuestros siempre madrugadores fotógrafos, resulta, siempre una Ciudad, con mayúsculas, plena de vibraciones en el alma.

CACERES BAJO LA LLUVIA

La lluvia, dice el escritor Juan Manuel de Prada, imprime de una gran belleza al Casco Histórico-Monumental de Cáceres. ¡Y cuánta razón tiene…!

Un momento adecuado para recordar a ese brillante escritor que es Juan Manuel de Prada y que un día, en un artículo titulado «Cáceres bajo la lluvia», con el que obtuvo el Premio de Periodismo de la Fundación Mercedes Calle y Carlos Ballesteros, señalaba:

«Pensé que Cáceres, bajo la lluvia, es la ciudad más llena de cielo del mundo; y mi mujer, apretada contra mí, pensó lo mismo, mientras nuestros pasos buscaban gozosos los charcos».

O aquel titular que aportaba el historiador cacereño Antonio Bueno Flores al diario Hoy en febrero de 2011: «Cáceres te traslada a otro tiempo y te pone la piel de gallina. Ese es el gran valor de Cáceres».

¡Cuánta sublime hermosura, de belleza arraigada en el transcurso del tiempo, en los poemas de la eternidad del Cáceres Medieval…!

NOTA: La primera de las fotografías está captada de la página de Turismo del Ayuntamiento de Cáceres, la segunda blog google.com y la tercera del blog losviajeros.com

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