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Archive For The “Cáceres hoy” Category

CACERES, DONDE LA LUZ ES ARTE

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En ese recorrido por las bellezas excelsas de Cáceres, su Ciudad Medieval, su luz, sus monumentos, sus callejuelas, su relieve artístico, su densidad de estampas, que intento divulgar, por diferentes revistas digitales, anhelando universalizar el nombre de Cáceres al máximo, la revista extremeña Grada publica hoy este artículo de un servidor titulado DONDE LA LUZ ES ARTE. Y con todas las 14 fotografías –cedidas por el Portal Oficial de Turismo y por David Díaz Pérez– que aquí aparecen. 

Lenta, hermosamente, va cayendo la tarde estival.

Lenta, hermosamente, va cayendo la tarde estival.

Me lleno de luz de Cáceres en la tarde, me lleno de tarde en la luz de Cáceres, me lleno de Cáceres en y con su luz…

Siempre esa luz, inmensa, intensa, diversa, genuina. Todas ellas hermosas. Muy hermosas. En el sentimiento y en los adentros más profundos del paseante…

Siempre caminando contigo Cáceres, entre bellas luces de eternidad, que se concitan y envuelven por esas callejuelas y plazoletas en el marco de la ciudad que conocíamos como Parte Antigua y Vieja… ¡Qué ironías de la vida, denominar y tildar de Antigua y Vieja, a una ciudad envuelta entre adarves, iglesias, palacios, beaterios, casas señoriales, casas fortaleza, callejuelas retorcidas, plazoletas, hoy Patrimonio de la Humanidad, por el realce de su conjunto medieval y renacentista!

Un sin parar de encantos y belleza, con la guía del pasado…

Arco de Santa Ana.

Arco de Santa Ana.

La Muralla árabe, el Adarve de la Estrella, la Plaza de Santa María, la Casa Mudéjar, de arquitectura toledana, la Cuesta de la Compañía, el Aljibe, el Palacio de las Veletas, sobre la Alcazaba almohade, la Puerta del Postigo, torres defensivas cristianas y árabes, la de los Púlpitos, la de la Yerba, la Mochada, La Enfermería de San Antonio, el Baluarte de los Pozos, el Arco del Cristo, que rezuma el sabor de la romana muralla, el Foro de los Balbos, donde se alzaba una de las puertas cuando la vieja Norba Caesarina, el Hospital de los Caballeros, el Balcón de los Fueros, la Casa del Judío Rico, la iglesia de San Mateo, alzada sobre una mezquita, campanas que espantan a un vuelo asustadizo y acelerado a cernícalos y vencejos, el conventual de San Pablo con monjas en clausura y voto de afanes contemplativos de castidad, pobreza y obediencia, por vida, entre oraciones, trabajo, silencio y canticos gregorianos, un desfile de casas hidalgas cacereñas, la Judería, entre estrechos callejones sefardíes, y su barrio, San Antonio de la Quebrada, con ermita sobre una sinagoga, donde una deslumbrante luz reverbera en sus casitas encaladas, calles con nombres como Amargura, de la Gloria, del Mono, Callejón del Gallo, la Calleja del Moral, Rincón de la Monja, tantos otros tan silenciosamente recogidos y tan deslumbrantes, amplias plazas, estrechas y angostas callejuelas… Algunas empedradas a manos de moros de la morería…

Adarve Alvarez de Castro.

Adarve Alvarez de Casrro.

Y, también, entre fachadas platerescas, góticas, renacentistas, portadas adinteladas, otras adoveladas, con sillares almohadillados, retablos barrocos, espadañas, matacanes, arpilleras, escudos esculpidos en cantería, unos; en alabastro, otros, blasones heráldicos de familias nobiliarias, con torres, águilas, flores de lis, estrellas, osos, soles, becerras, perales, garzas, yelmos, escudos episcopales, muros de mampostería, almenas picudas, barbacanas, balcones esquinados, ramas de olivo, llamativas gárgolas, ventanas ojivales, gemelas otras, también enrejadas con hierro forjado, ajimeces cacereños, faroles, con preciosa luz que amarillea la noche, nobles medallones, alfices, saeteras, coronas voladas, conchas de peregrinos, leyendas pétreas por los siglos “Esta es la casa de los Golfines”, “Sé tú Señor para nosotros torre de fortaleza y se renovará como la del águila, nuestra juventud”, “Vanitas vanitatum et omnia vanitas” (1), “Aeterna memoriam iustorum” (2), “Ave María”, “Non habemus hic civitatem manentum sed futuram inquiribus” (3), hornacinas como la de la Puerta del Río, con un Cristo crucificado o la de San Francisco Javier, bóvedas de rosca, patios herrerianos, mudéjares, renacentistas, toscanos, con claustros porticados, policromados artesonados, una salpicadura de jardines, salas de linajes, tapices, cuadros de siglos, pinturas renacentistas al fresco en paredes palaciegas, chimeneas de ladrillos, capillas devocionales, sepulcros artísticos, distinguidos, que velan una infinidad de testimonios y silencios en la historia cacereña, zaguanes…

Palacio de Carvajal.

Palacio de Carvajal.

También silencio, para almacenar la riqueza del pensamiento ante tanta generosidad de los dioses y las gentes de esta tierra. Detrás de esa ciudad histórico-artística, alarifes árabes, maestros albañiles, canteros, vidrieros, miniaturistas, orfebres, forjadores, imagineros, pintores, escultores, plateros, regidores, linajes, intelectuales, nobles, devotos…

Piérdete, caminante, mejor en la noche de luz de esta primavera, y comprenderás el sortilegio histórico-artístico de Cáceres y su recreación, que han renacido con el tiempo. Una Ciudad Medieval de lujo y fantasía.

Luces aquellas que mamé, con tanto amor, cuando el tiempo bachiller en el Instituto, en la calma del amanecer, asomando las primeras luces, en el recreo del sosiego cuando los pasos transcienden por los surcos del anochecer, en el paseo, casi de puntillas, en medio de las noches cacereñas con una lluvia de poemas entre haces de sueños, leyendas, misterios, aventuras, peleas y batallas entre espadas cristianas de hierro contra curvas cimitarras musulmanas, de amores, silencios, soledades, reflexiones, estampas iluminadas, solo, con la luz de Cáceres…

Palacio de la Generala.

Palacio de la Generala.

También, claro, cuando el alma se serena.

Me lleno del sabor de Cáceres, una vez más, en todas sus esencias, como siempre, como ayer, como hoy, como mañana, abrazándome al trasluz de la ventana, queriendo alcanzar a tocar la luz de Cáceres. Un haz de tonalidades con pinceladas azules, naranjas, malvas, grisáceas, oscuras, blanquecinas, amarillentas, doradas intensas, cuando el sol quema, que tocas el granito y pareciera ardiente en tardes de estío… Colores que se dan cita una y otra vez, con ese pálpito de quien busca la luz de Cáceres como fuente de vida, de quien encuentra el candor anímico y espiritual como manantial de luz de Cáceres, de quien anda, pasea, camina o se detiene con la vista, con el corazón embargado y asido a la luz de Cáceres, de quien lo hace exultante por la fuerza de los rayos de la propia luz, real, preciosa siempre, bajo el haz donde se siente Cáceres, aún con los ojos cerrados, qué digo, guiados, alumbrados por la luz que se impregna sobre la ciudad…

El Convento de San Pablo en la noche cacereña.

El Convento de San Pablo en la noche cacereña.

Te preguntas ¿Qué sucede? Sencillamente, que te vas contagiando por la magia, sorprendente, de la luz de Cáceres, esparcida hacia todas partes como un ramillete de haces gigantescos de luz, tal como antes nunca habías percibido…

¡Qué magia la que se encuentra más allá, al otro lado del telón de esa escenografía de la realidad y hechizo, sublime, que se engalana por todos los rincones de la ciudad eterna cacereña! Por uno y otro tiempo histórico, en uno y otro lugar, a una y otra hora, en uno y otro rincón, en una y otra estación del tiempo, por uno y otro esquinazo, por todos sus caminos y surcos, con la compañía de la lluvia, con sol radiante, cobijados entre sombras, envueltos entre nieblas, con calores, con fríos, con el misterio del encanto sorprendente a cada paso, siempre, a cada palmo, con la luz de Cáceres. Una luz fascinante…

Adéntrate más, entonces, amigo caminante, por la hondura de Cáceres, y avanza de la fuente de luz a las piedras monumentales. Tal vez no puedas expresar más palabra que la que sugieren e imantan los ojos abrillantados…

Iglesia Concatedral de Santa María.

Iglesia Concatedral de Santa María.

Ya te encuentras de pleno ante la luz histórico-monumental, artística, excelsa, privilegiada de esta ciudad. Nunca se irá de tu memoria este hallazgo de luz y piedras, tal cual se configura la ciudad Histórico-Artística de Cáceres, rehabilitada y realzada para mayor gloria.

Con la riqueza que impresiona siempre la luz cacereña. Ayer, en los cauces de la Historia y su legado entre raíces judaicas, de la morisma y de la cristiandad; hoy, avanzando desde Cáceres, serpenteando por sus callejuelas y plazoletas, y hacia la esencia de Cáceres, su recinto amurallado, soberbio de esplendor; mañana, como un cielo infinito de luces… Siempre, en Cáceres, el rito y el ritmo de su luz perpetua…!

Déjate ir, pues, hacia donde te lleve caprichosamente la vista, hacia donde te guíen los ojos, allá por donde te conduzca la mirada, hacia donde te dirija el corazón, por donde quieran el sentimiento y el alma. Una puerta abierta de par en par, siempre, de esa eternidad…

Algarabía de torres, iglesias, palacios, tejados...

Algarabía de torres, iglesias, palacios, tejados…

Incrústate en la plenitud de esa de idiosincrasia cacereña. Te lo aconsejo. Pasearás, entonces, con una serenidad emocional y sugerente que induce el sabor y el saber por las entrañas de lo cacereño.

Si me permites, no te pierdas un solo rincón, ni un segmento tan siquiera de rayo de luz, ni una sola de sus piedras, que se dan cita como el tercer conjunto histórico monumental europeo. Penetra por toda la geografía del callejero, aprovecha esa inmensidad de luz, escucha el concierto del silencio y el encanto de la noche cacereña, y sitúate, entonces, en aquel Cáceres en el punto de encuentro con la Edad Media y el Renacimiento.

Que no te importen los segundos, los minutos, las horas de ese tiempo en el recorrido entre las paredes de la ciudad monumental cacereña. Medítalo, resulta todo un privilegio, ahora que avanzas paso a paso, con las múltiples combinaciones de los colores que se funden con las infinitas pinceladas que emanan de la luz de Cáceres. ¡A cual más bella de todas…!

Palacio de Toledo Moctezuma y, de fondo, la inmensidad del cielo cacereño.

Palacio de Toledo Moctezuma y, de fondo, la inmensidad del cielo cacereño.

Una acuarela, la del recinto amurallado, compuesta con la armonía del equilibrio histórico y artístico, insuperable, sobre un marco único, y donde hay que detenerse en el segmento de cada pincelada, por el impulso, las tonalidades y la exaltación de la luz… Un aura coral de muy cuidados y espontáneos trazos y rasgos de luces. Pinceladas abrillantadas con los colores, apasionados, cálidos, de la luz, ¡qué luz!, de Cáceres…

Uno se apasiona y se identifica con la luz de Cáceres como una estampa sagrada de vida por ese conjunto abierto de calles y plazas. En lo más profundo del corazón. Toda una luz con sus juegos de magia, infinita y diversa, variopinta y hermosa de toda hermosura, como los horizontes, los cielos, los parajes, los paisajes y los prismas sacrosantos de todos y cada uno de los miles de rayos, que convergen y zigzaguean cada segundo, bajo el prisma multicolor de las bellezas, de los misterios, de la fascinación por todas las siluetas cacereñas pintadas, desde siempre y, sin embargo, a cada instante, por el esplendor de la luz…

El Arco de la Estrella, principal puerta de acceso a la monumentalidad cacereña.

El Arco de la Estrella, principal puerta de acceso a la monumentalidad cacereña.

Ahí radica el secreto del enigma, amigo viajero: La combinación de la hermosura de la luz de siempre, plasmada sobre los lienzos y bordada sobre los tapices de Cáceres, donde la luz surge cada instante, como un manantial, por el amplio y luminoso conjunto histórico-monumental…

Cáceres es luz, sobre todo luz, siempre luz. O, mejor, Luz, con mayúscula. Genuina, plenamente cacereña, más bella que la propia belleza, que se pespuntea por todos los segmentos que parten, vuelan por los aires, creciendo en las alturas y se expanden hacia todos los confines… Y la estampa, allá en lo alto, multiplicándose con todo un eco de luces de intensidad, de puntitos –cual estrellas– de eternidad que transitan sobre el escenario de los aires iluminando, tantos y tantos rincones con la luz, única, de Cáceres…

Entonces verás en esa Ruta de la Luz de Cáceres, numerosos haces de luz que brillan de forma tan majestuosa y bella… ¡Cómo se distingue, entonces, la luz, especial, con sabor de Cáceres…!

Iglesia de San Mateo.

Iglesia de San Mateo.

¡Qué brillo de luz en, de y sobre Cáceres…! Tanta y tan excelsa, mi querida ciudad… Una luz que se conforma como toda la luz de Cáceres, que nos ilumina desde lo más profundo de nuestro ser y para siempre

en el esplendor de las esencias de tu alma,

en el esplendor de las esencias de mi alma,

en el caminar de los pasos entre la belleza

que se abre por los horizontes y campas,

en el hechizo de esas estampas serenas,

y tan plenas, ay, de excelencia cacereña,

que enamora de pasión, cálida y eterna,

con las caricias de su luz entre murallas.

Baluarte de los Pozos.

Baluarte de los Pozos.

Quiero dormirme, una vez más, mecido por el abrazo de tus rayos de luz, Cáceres, con sabor profundo y solemne, entre la inmensidad de las piedras, con tu imagen

hermosa siempre, sublime, tan sagrada,

con los rasgueos y acordes de la guitarra

de este pobre juglar, en la dulce serenata

por la senda de tus callejuelas y tus plazas;

cuando arrobado en la noche, luz y calma,

entona un melodía de amor…, una balada,

ante tus portones, balcones y ventanas,

que retumba desde una tan bella atalaya,

con el coro del silencio en la madrugada,

hasta lo más alto de Cáceres, la Montaña.

¡Mi querida, preciosa y eterna estampa,

Cáceres… siempre, en la luz de mi alma!

Torre de Bujaco.

Torre de Bujaco.

La Plaza Mayor de Cáceres con el fondo que se abre a la Ciudad Monumental.

La Plaza Mayor de Cáceres con el fondo que se abre a la Ciudad Monumental.

Cáceres medieval, esa ciudad impresionante y nuestra, donde la luz es arte.

1: “Vanidad de vanidades y siempre vanidad”.

2: “La memoria de los justos es eterna”.

2: “No tenemos aquí ciudad permanente sino que buscamos la futura”.

Fotografías: Portal Oficial de Turismo de Cáceres y David Díaz Pérez.

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QUE NO NOS VENDAN BURRAS

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La emigración regional extremeña se conforma, en opinión del autor, como uno de los mayores dramas y tragedias histórico-sociales de Extremadura. Al hilo de la España vaciada, cuya recuperación no llegará ni con mucho al fervor de aquellos tiempos sin emigración, el escritor publica hoy, 24 de junio de 2021, en el periódico regional «Hoy», el artículo titulado QUE NO NOS VENDAN BURRAS… 

Esa España Vaciada, con la que algunos se lo montan bien, afronta en el abandono humano del campo y pueblos, una de las bases de unos excepcionales cambios sociales, económicos, laborales, industriales.

Los pueblos cacereños se desvencijan en soledades y silencios, sin mayores destemplanzas que las de sus gentes. Los jóvenes emigran del pueblo donde les nacieron, por carencia de expectativas, los mayores se asfixian entre ausencias familiares y faltas de servicios, la economía se hunde…

Pregonaban y publicitan algunos «ilustrados”, al olor de los desastres de la pandemia, en una nueva oleada migratoria, que se fomentaría, por darle algún nombre, la cultura de los pueblos, y los incentivos por expandir el fenómeno del teletrabajo como una peregrinación hacia la recuperación de nuestros municipios…

Qué quieren que les diga… No hay que confundir la velocidad con el tocino ni los alientos anímicos de un fin de semana, de excursión y viaje por cualquier ruta cacereña, rebaños, horizontes, casas rústicas, buenas viandas, fotografías, visitas por lugares recónditos, con el día a día en esas áreas geográficas, asoladas de grave decaimiento demográfico y envejecimiento de sus gentes… Que se fueron los jóvenes, que se fueron los maestros, que se fueron los médicos, que se fueron los estudiantes, que se fueron los bancos, que se fueron las farmacias, que se van los pastores… ¿Quién se queda bajo el desmoronamiento de los pueblos?

Sin cerrar los caminos ni esperanzas a las expectativas renovables y otros recursos, los pueblos cacereños continuarán abatiéndose, quedando en reliquias del pasado, que, aun así, se sostienen por un puñado de luchadores.

Me duele tanto escribir estas líneas que anhelo leer razonamientos esperanzados de políticos y cercanías que semejan predicaciones misioneras y videncias, cuando todo apunta, salvo alguna excepción, a una cada vez mayor desertización de la provincia. Si el articulista está errado en su tesis, bienvenida la repoblación y recuperación de nuestros pueblos, aunque algún osado lance, al respecto, proclamas imperiales que no hay forma humana de entender.

Las cosas claras y el chocolate espeso.

 

 

 

 

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EL GARROVILLANO, EL ULTIMO AMBULANTE

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Domingo Pizarro, el Garrovillano, es, probablemente, el último vendedor ambulante de aquella generación de los cincuenta que, a sus 78 años, continúa pregonando los productos de su huerta, por la capital cacereña. Un personaje entrañable y de una estirpe fuerte, como la de los Vito, como los conocen en su pueblo… Este es mi artículo, EL GARROVILLANO, EL ULTIMO AMBULANTE, que hoy, 3 de junio de 2021, aparece publicado en las páginas del diario regional «Hoy», de Cáceres.

Ya se acaban los vendedores ambulantes. Un grito que se expande entre las nuevas generaciones, que ya no encuentran mulas cargadas de picón, sandías o cacharros alfareros.

Pero todavía quedan luchadores, duros como las rocas, que se niegan a la extinción de esos trajines que les posibilitó el condumio, como apunta Domingo Pizarro, el Garrovillano, de la familia de los Vito, que a sus 78 años lleva sesenta y muchos acudiendo con su mercancía hortelana hasta Cáceres.

Mamó el oficio de vendedor ambulante con su padre, aprendiendo una forma de ganarse de la vida, con sacrificio, que nunca se sabe. En los veranos de aquellos tiempos, salían de Garrovillas al caer la tarde, haciendo noche cerca del Casar, durmiendo en las rastrojeras, al sereno, soltando a las bestias, entrando en Cáceres con el alba. Atrás quedaban unas cuantas horas de caminata. Por delante, el pateo de la ciudad con una romana al hombro y una mula con unos cien kilos de piñones al grito de “Piñones como dientes de ajo” o “Piñones de maravilla, que son de Garrovillas”.

En invierno transitaban en frías madrugadas, pernoctando en la posada La Machacona, donde disponían de sus sacos de paja para dormir, colgando los aparejos de las caballerías y sus pertenencias en unos palos de la pared. En una nave tanto mujeres como hombres. Por las  cercanías de la Machacona, emanaban malos olores de cuadra con estiércol y rebuznos. Otras veces se hospedaban en la Posada de Basilio.

Domingo, el último vendedor ambulante, defiende a ese gremio desgarrado ante los hipermercados. Una estirpe recia, que camina con la mente en su rutina, aguando estoicamente las fuertes embestidas migratorias en los pueblos…

Ante el Múltiples, con frío o calor, el Garrovillano continúa ofertando los productos de su huerta, que atiende por la tarde, que le demanda su cada vez menor clientela: Patatas, higos chumbos, criadillas, espárragos, cardillos, aceitunas guisadas, perejil, laurel, tomillo, orégano…

Vendedores ambulantes que van desapareciendo de la iconografía popular…

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BUENOS DIAS, CACERES…

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Buenos días, Cáceres… Y, siempre, Cáceres. Una ciudad Medieval cuajada de monumentos, de sensaciones, de vibraciones, de historia, de historias, de emociones…

Callejón de Don Alvaro

Callejón de Don Alvaro

Ahí está el Callejón de Don Alvaro, enclavado en el corazón histórico-monumental y artístico de la Ciudad cacereña, Patrimonio de Humanidad…

Una de tantas y tantas joyas que se esparcen por los aires de la Ciudad Medieval… Siempre toda una belleza abierta a la propia belleza. Y a cuyo paso, como por la práctica totalidad de los rincones, plazuelas y callejuelas, el viajero se emociona, se admira, se maravilla de tanta hermosura, tan bien conservada y tan fascinante.

Para mayor gloria de la vista, para mayor sosiego del espíritu, para mayor satisfacción de las emociones de ese viajero que anda perdido, sublimemente perdido, por las páginas de la historia de Cáceres…

Un rincón, el Callejón de don Alvaro, con sabor a aventuras, a historias, a conquistas, a cruces de espadas, a amoríos… A la mente abierta del propio caminante y viajero por esta senda medieval cacereña.

Un lugar y un rincón, viajero, donde puedes dejarte seducir y llevar por la meditación o por las secuencias a la que te conduzcan los hilos emocionales en el recorrido de tus propias consideraciones en una Ciudad, como la Medieval, de Cáceres, una ciudad eterna, siempre con los brazos abiertos, de par en par, a todos los caminantes por las aventuras de la Magia, el Hechizo y la Fascinación, que se dan cita en Cáceres.

Al fondo el Palacio de los Golfines de Abajo

Al fondo el Palacio de los Golfines de Abajo

Caminas por esa Ciudad Medieval,  siempre, siempre inmensa, y te dejas llevar por la intensidad delas emociones en cada uno de sus lugares. Uno de los mejores sabores, pues, de Cáceres.

Transitas por la Cuesta de la Compañía, bajas, entre aquellas viejas aulas estudiantiles y aquellas andanzas de los sacerdotes y alumnos de la Compañía de la Preciosa Sangre, y te encuentras esta estampa: La Casa de los Becerra, solariega y noble, y ese prisma que se alza a los cielos, que es la Torre del Palacio de los Golfines de Abajo, donde se hospedara la Reina Isabel.

Monumentos, palacios, iglesias, casonas de relieve, conventos de clausuras…

Las imágenes están captada cualquier día en los inicios de esta primavera, surcando esos caminos, tan diversos, tan variados, siempre únicos, con cita en la historia y con esas tonalidades tan genuinamente fascinantes.

Cáceres, siempre. Siempre Cáceres, una ciudad eterna, y que, siempre, merece la pena, recorrer con los ojos atentos a todos los rincones y con el morral de los descubrimientos abiertos.

Porque a cada paso, viajero, en cualquier instante de la emoción, en este apasionante recorrido, caminante amigo, te puedes encontrar un rincón, una piedra, un rayo de luz, una sorpresa, una imagen cuajada de esplendor.

Concatedral de Santa María

Concatedral de Santa María

Y siempre, como señalamos, Cáceres. Desbordante de monumentos en medio de ese inmenso entramado de palacios, de callejuelas, de iglesias,  de plazoletas, de casas señoriales, de conventos, de rincones, que conservan los sabores judíos, moriscos y cristianos que se expanden por los aires de la Ciudad Medieval, siempre fascinante.

Paseas, por ejemplo, por la Plaza de Santa María, iglesia Concatedral, cuajada de monumentos y con una larga serie de calles que salen de la plaza, o que llegan a ella, con ese goteo incesante de vecinos y viajeros, como trotando: Unos, entre rutinas; otros, cámara al hombro, turistas por naturaleza… Como puedes observar a un pintor plasmando las bellezas a la vista en sus lienzos, o fotógrafos que captan cientos de instantáneas…

Una advertencia. En los monumentos que puedas, merece la pena abrir los portones y acceder a su interior… Un ejemplo en esa misma Plaza de Santa María. Si puedes abrir la puerta te encontrarás, entre tantas imágenes, con la del Cristo Negro, de espectacular procesión en los desfiles semanasanteros, con las oraciones que navegan por sus aires, con un retablo, como puedes apreciar, cuajado de semblanzas y con llamativos recorridos artísticos, con el aroma del incienso…

¡Una hermosura…! Siempre, claro, Cáceres, en medio de tantos y tantos pasos que abren y encienden la luz de la admiración a todos…!

Fotografías: Lola Silva.

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DE CACERES, EL CIELO

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Abro la ventana del silencio en el eco de esta tarde de Semana Santa. Miércoles. Miro al cielo con toda la fuerza que hay en mis adentros… Una estampa enorme de cielo, etern0, de Cáceres…

… Y se hace la luz, entre azul suave y pálido de una inmensidad de emociones. Como toda una pincelada de pasión, como toda una pincelada de vida, como toda una pincelada de ese cielo, Cáceres, que se abre hacia los mares, de los propios cielos, como una proyección de hermosura y belleza, de amor… Sí, de amor infinito por esas campas que se amamantan, cada día, cuando se alza el día con las primeros rayos del amanecer, cuando el atardecer, cuando la noche…

Sí, siempre…

Cáceres se abre y se ofrece y navega por el aire de los cielos –¿o por los cielos del aire?– propagando esa bella tonalidad que un día se esmaltó con la calma y la dulce, serena, profunda tonalidad de un azul tan espontáneo, y sin embargo, de siempre, que uno se pregunta: Cáceres ¿estás en los cielos?

Sigo mirando sin pestañear… Insistiendo en la mirada de fondo, que se cruza por la navegación existencial de la vida, remando entre calles, Cáceres, que me llenaron, que me llenan y que me seguirán llenando de vida…

Se escucha tanto y tan intensamente el silencio azul del cielo que sus olas, tan suaves y mimosas, caminan entre las aguas de los azules eternos que hay incrustadas entre las brisas de las miradas, entre las pinceladas de los dioses de la naturaleza, entre el azul azulado de los azules, inmensos, de tu cielo…

¡Cómo camina y se perfila tu cielo, nítido, cruzado por esos segmentos de nubes blanquecinas que se pierden en tus azules de todos los colores tan azulados de tu cielo…!

Y es que Cáceres, sí, Cáceres, la tierra en la que nacían los dioses, la fantasía heroica, es cielo abierto de azul, como otras veces revolotean los colores de tantas acuarelas que esa amalgama de azules se tornasola con espectacular belleza…

En el aire el eco de las campanadas de la tarde, primaveral, de hoy, 31 de marzo… El cielo azul envuelve la magia, con ese celofán de genuinas estampas que se abren desde la ventana de una mirada que, afortunadamente, se convierte y transforma en eterna en el anhelo y el deseo de alcanzar los horizontes más lejanos de tus azules, siempre hermosamente cacereños…

Son, siempre, los cielos de Cáceres, con esta silueta de azul y unos matices blanquecinos de nubes…

El cielo, genuinamente hermoso, genuinamente abierto, genuinamente azul, de los azules primaverales de Cáceres que se barnizan con matices blanquecinos…

Miércoles Santo de Cáceres. Azul cielo y tímidas aguas blancas que cruzan y atraviesan las oleadas de la mar entre los pueblos de un Cáceres abierto con sus ventanales de par en par hasta lo infinito…

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VIÑETA SOBRE EL GENERAL MARGALLO (1893)

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El General Juan García-Margallo y García (Montánchez, 1839-Cáceres, 1893), fue un auténtico héroe militar, que estuvo al frente de la Comandancia Militar de Melilla, hallando la muerte en defensa de la bandera española.

 

En el cometido de esas responsabilidades, en defensa de la plaza española de Melilla, el general Margallo, de extraordinario y aguerrido valor, del que dejó constancia plena hasta el mismo momento de su muerte, tuvo que actuar de modo permanente y constante ante las numerosas escaramuzas, agresiones, amenazas y guerrillas por parte de las fuerzas cabileñas y bereberes.
Hasta el punto de que, encontrándose en la fortificación de Cabrerizas Altas, con una guarnición que apenas alcanzaba unos cuatrocientos soldados españoles, aproximadamente, tuvo que enfrentarse de forma inesperada a un brutal ataque por parte de más de 15.000 bereberes, que sitiaban y rodeaban el fuerte español por todas partes. Una acción de guerra que terminó con la vida del general Margallo cuando, montado sobre su caballo, salió del fuerte animando e incentivando a los soldados españoles al grito de «¡Muchachos…! ¡Vamos por la gloria…!«, tal como recogen las crónicas de la historia, y muriendo, acto seguido, de un balazo en todo el rostro, en el campo de batalla, dejando atrás la fortaleza española de Melilla.
El General Juan García-Margallo, que dejó muy alto el nombre de Cáceres en la Guerra denominada de Africa, conocida también como Guerra del Rif y, asimismo, Guerra de Margallo, tras los numerosos y documentados estudios que voy a llevando a cabo desde hace largo tiempo, alrededor de la figura del ilustre soldado y militar cacereño, se merece honradamente, en mi modesta opinión, bastante mayor relieve y consideración en la historia militar de España y en las páginas de esa misma historia. Sencillamente porque Juan García-Margallo fue un héroe de una talla y una valía verdaderamente excepcional, a pesar de que no contó, precisamente, con la mejor ayuda del entonces ministro de la Guerra.
El General Margallo presta su nombre a la calle de la capital cacereña, desde finales de ese mismo año de su fallecimiento, acaecida en el año 1893, y que anteriormente se denominaba Moros. Una calle en la que nacieron a un servidor.
Atrás os dejo, como ilustración de este trabajo, y que ha dado lugar al mismo, una curiosa viñeta humorística, con el protagonismo del General cacereño Juan García-Margallo, que aparecía publicada, en el transcurso de dicha Guerra, en uno de los periódicos de mayor tirada nacional de aquel entonces.

 

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CACERES Y EL FINANCIAL TIMES

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Un periodista del «Financial Times» se ha paseado, durante la pandemia, por Cáceres. Conclusión: Cáceres es una impresionante Ciudad Medieval, el descubrimiento de la temporada, en «la región más pobre de España». Mi artículo de hoy, jueves, 14 de enero de 2020, en el periódico regional extremeño «Hoy».

Se escuchan con hondura los pasos del silencio contemplativo en la Ciudad Medieval cacereña; su imagen, fascinante y eterna, hacia los cielos en la historia.

Nuevamente Cáceres se incrusta en las páginas de la prensa internacional, con el hechizo y armonía; sugestiva, por bella, que emana de nuestro Conjunto Histórico-Artístico. Ahora, en el prestigioso periódico británico “Financial Times”, que dibuja a Cáceres como el descubrimiento de la temporada.

Hablamos del tercer Conjunto Monumental urbano europeo mejor conservado, de una ciudad admirable que arrrebata el corazón de los visitantes, apasionados en una ciudad bimilenaria, envueltos en un halo de misterio y magia.

 Ahí está Cáceres: Cuajada de palacios, iglesias, casas nobiliarias, conventos, callejuelas, plazoletas, adarves, rincones, repiqueteos de campanas, silencios, soledades, y esa sugerencia que ha hechizado y cautivado al periódista Tim Moore, entre  ventanas enrejadas, arcos en las puertas, escudos de armas y del “pueblo fantasma” que visitó durante la pandemia.

Muchos hablan de Cáceres como la gran desconocida. Lo que estimula a continuar hilvanando, desde la esencia del medievo de la ciudad, conservada con extraordinario acierto, el sabor inmortal, entre murallas, paredes, suelos y hasta el propio aire que se respira en su interior. Lo que avala la hondura de la capital cacereña, a ver si desde las vías turísticas de las administraciones se difunde, aún más y mejor, el nombre de Cáceres.

Entre sus monumentos, sus poemas, sus moradores de la historia, su fantasía heroica, su compromiso con la historia, en unas páginas que se conservan con el mimo de los cacereños, con la admiración de todos, en el deseo de que paso a paso, se siga construyendo cada día Más y Mejor Cáceres.

Lo que reportaría, probablemente, mayor publicidad desde de la prensa internacional, mayores visitas turísticas e ingresos.

Que no sea porque no se lo merece, y con mucho, esta Ciudad Histórico-Monumental, que debiera encontrar bastante mayor impulso turístico-económico, y dejar atrás, como se subraya en el diario inglés , que la región es la “más pobre de España y permanece en un estado de desarrollo contenido”.

Un estado, pues, del que tenemos la responsabilidad de salir adelante.

 

 

 

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