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CACERES Y MASSA SOLIS

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José Massa Solís, pintor de reconocida trayectoria nacional e internacional, desde la serenidad y divulgación permanente de la imagen y el nombre de Cáceres, sigue trabajando con tanta intensidad mientras expande por la Ciudad Medieval la creatividad de una extraordinaria capacidad cromática

Josè Massa enseñando uno de sus cuadros policromados.

Josè Massa enseñando uno de sus cuadros policromados.

Aquí os mi artículo «CACERES Y MASSA SOLÍS» que hoy, 1 de febrero, aparece publicado en la sección «PLAZA MAYOR» del diario «HOY«.

José Massa Solís, una personalidad cacereña de relieve artístico, con reconocida proyección nacional e internacional, se conforma como un pintor vital y vitalista, eminentemente creativo, que domina el color armoniosamente y que imprime de genuinas tonalidades las esencias de uno de sus grandes argumentos: El Casco Medieval de Cáceres. Y que, desde sus inicios, se encarga, por identidad con la ciudad, de divulgar y por los foros de su recorrido artístico.

Entre otros motivos porque la ciudad cacereña, es, de siempre, un referente en su personalidad. Como lo manifiesta su mural en la sede de la UNESCO, titulado “Cáceres, Patrimonio de la Humanidad”, junto a obras de Dalí y Picasso, habiendo finalizado otro mural para la ONU, denominado “La Paz en el Mundo”, que tramita el exministro Federico Mayor Zaragoza.

Un impresionante y muy colorida vista de la Ciudad Medieval de Cáceres.

Un impresionante y muy colorida vista de la Ciudad Medieval de Cáceres.

Acaso porque, como un día me trasladara el pintor, Cáceres se configura como el reflejo de su esencia humana, donde encontró esa paz y estímulo para plasmar su trabajo.

Un artista que se asentó en la ciudad, donde sentía la serenidad para abordar su camino artístico y avanzar hasta conseguir un arte propio, denominado por los estudiosos como el “massimo” o “constructivismo lírico cromático”.

Un día el autor de estas líneas, con quien le une gran amistad, le trasladó, en una conversación, para un programa de Televisión Española, que se configuraba como un Poeta del Color. Recuerdo su imagen de emoción asumiendo que su promesa era la de expandir, al máximo, el nombre de Cáceres. Y a fe que, siguiendo sutrayectoria, Massa, ha sido y es un divulgador de la imagen de la ciudad.

Ahora, cuajado de calidad y fervor cacereñista, estimo, a título personal, que la ciudad tiene una deuda con el pintor.

Pepe Massa, intelectual, humanista, apasionado de Cáceres, tal cual su compromiso, bien se merece ese reconocimiento, que honraría tanto a Cáceres como a su trabajo.

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EL ORFEON CACEREÑO, UN LUJO DE LA CIUDAD

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El próximo 27 de diciembre se presenta en Cáceres el libro HISTORIA E HISTORIAS DEL ORFEON CACEREÑO. Un exhaustivo y documentado trabajo de su actual presidente, Juan Carlos Bravo García, en coordinación con Charo Pérez Moraleda, y que se acompaña del siguiente prólogo, «EL ORFEON CACEREÑO, UN LUJO DE LA CIUDAD», escrito por un servidor. 

La aparición del libro “Historia e historias del Orfeón Cacereño”, de Juan Carlos Bravo García, presidente del mismo y componente de la coral en la cuerda de tenores, se conforma como un trabajo de señalado relieve, cuajado de referencias, de citas, de numerosos testimonios y logros, de muchas horas de esfuerzo, detrás de todos y cada uno de los ensayos, repertorios, de las actuaciones, y, también, de los gestos y sacrificios de todos sus componentes, a lo largo de diversas generaciones de cacereños,  pero que dejan constancia de su buen y bien hacer.

Hoy, afortunadamente, gracias a tantos caminos recorridos en el panorama polifónico y musical, el Orfeón Cacereño se viste, una vez más, de lujo. Y es que la obra “Historia e historias del Orfeón Cacereño” es un excelente testimonio de ese largo trayecto que un día se comprometió en abordar Juan Carlos Bravo García con el ánimo de dejar constancia de la vida, del trabajo, de la exigencia y éxitos del mismo. Una Asociación que hoy se honra más que nunca, y junto a ellos lo hacemos todos los cacereños, de la mano de este libro que analiza, pormenorizadamente, el sendero y la calidad del Orfeón.

Acaso porque se trata de un camino cuajado de señas de identidad, de repasar detenidamente periódicos y revistas, de contactar con profesionales y gentes diversas, de ir elaborando poco a poco el perfil del Orfeón en el día a día, de llevar a cabo tantas consultas y detalles, de posibilitar innumerables gestiones, pero que, afortunadamente, han cuajado en una publicación que constituye un lujo.

Para ello Juan Carlos Bravo, sin regatear ningún tipo de esfuerzo, se volcó en su obra, y que ahora ha culminado con el trazado de esa trayectoria, paulatina y completa, del Orfeón. Preciosamente ilustrado, por cierto, con numerosas fotografías.

Arturo García Agúndez, primer director del Orfeón Cacereño, en 1903

Arturo García Agúndez, primer director del Orfeón Cacereño, en 1903

Empezando por aquel Orfeón Cacereño que naciera en el año 1903, debutando el 13 de diciembre en el Teatro Principal, ubicado en la calle Peñas, y con el que colaboraran personajes de aquellos tiempos como su primer director, Arturo García Agúndez, el compositor Jacinto Cabrera Orellana, el director de la Banda Militar, Manuel Hurtado Muro, y tantos paisanos de un Cáceres que entonces contaba con unas diecisiete mil almas, pero que vibraban desde el principio con su Orfeón, un revulsivo que infirió vida a la ciudad desde una perspectiva cultural.

Un Orfeón que, ya en 1904, recibía su primera distinción, con el estandarte bordado en raso rojo, una obra de arte, cuya autoría corresponde a Adela Carbajal, hija del Marqués de Camarena, y cuyos componentes dedicarían en 1905 la interpretación del pasodoble “Carmencita” al Rey Alfonso XIII durante su estancia en Cáceres, y un Orfeón que ofrecía conciertos con frecuencia, con un amplio repertorio, como por ejemplo el pasodoble “Eco Cacereño”, en medio, siempre, de la expectación y el aliento de todos.

Sin embargo, en el correr del año 1907, por esas circunstancias de la vida que muchas veces no se saben explicar, el Orfeón Cacereño desaparecía de la escena capitalina.

No obstante en 1927, gracias a la colaboración de muchos cacereños, bajo los auspicios del Gobernador Civil, José García Crespo, y el apoyo del Ateneo, profesorado y otros, nace la Masa Coral Cacereña, que también responde al nombre de Orfeón Cacereño, ofreciendo sus primeros cantos el 12 de octubre en el Santuario de la Virgen de la Montaña con una Salve Regina y una plegaria, con letra de Lorenzo López Cruz, y música del maestro Gómez Crespo, de la que entresacamos estos versos que, musicalizados, resonaron, emocionadamente, desde lo alto del Santuario, por todo Cáceres:

                                                                      Hoy la Coral, oh Virgen cacereña,

                                                                       sube a rendirse ante su madre y dueña…

Masa Coral Cacereña, en 1928. Archivo de Petri Serrano Luengo.

Masa Coral Cacereña, en 1928. Archivo de Petri Serrano Luengo.

Una Masa que debuta ante los cacereños en el Gran Teatro el 28 de mayo y que, ante la excelente crítica que se le dedica a sus primeras actuaciones, y el prestigio que comienza a alcanzar, que se basa en unos ensayos constantes por parte de sus componentes, se inician los primeros viajes, las actuaciones por variados lugares de la geografía provincial, extremeña y, de este modo, la apertura de puertas, de forma paulatina, a la presencia en diversas ciudades españolas. Al medio obras como “Cantos clásicos”, de Schumann, “La Molinera”, “Así cantan los chicos”, la canción extremeña “La Paloma”, “Los sirgadores del Volga”, o “La Jota”, del maestro Gómez Crespo.

Siempre mezclando interpretaciones clásicas de difícil y compleja adaptación, como obras de Glazounow, Borodín, Daubert y otros, pero que superaban con impecable calidad y trabajo, dejando siempre en todas partes, eso sí, las notas de las canciones típicas del folklore popular cacereño, siempre tan representativo y presente en todos los repertorio de la Coral.

Una Coral que también cantó ante el Rey Alfonso XIII, durante su visita a Cáceres, “las muchachas de pañuelo de Manila y los hombres de smoking”, interpretando “La Marcha Real”  y dos obras de un manifiesto acento folklórico regional, lo mismo que destacaría su actuación en la Exposición Iberoamericana de Sevilla.

De este modo, por los aires de Cáceres y por el de tantas interpretaciones, van aumentando los compromisos de la Masa Coral, que, lamentablemente, desaparecería durante la contienda.

Entonces se hizo un largo silencio en el panorama coral en Cáceres.

Actuación del Orfeón Cacereño, en 1966, en la Plaza de San Jorge. Archivo de Petri Serrano Luengo.

Actuación del Orfeón Cacereño, en 1966, en la Plaza de San Jorge. Archivo de Petri Serrano Luengo.

Pero ya, en el correr del año 1964, el Orfeón arranca con fuerza con la dirección de Francisco Cebrián Ruiz, también al frente de la Banda Municipal de Música, imprimiendo impulso y fervor en todos los miembros del Orfeón. Y que, aunque debuta en el Ayuntamiento de Cáceres el 23 de abril de 1965, es el 17 de diciembre, cuando hace su presentación oficial ante el público cacereño en una brillante actuación en el Gran Teatro, cuajada de aplausos y emociones, de ¡bravos! y algunas lágrimas, mientras sus componentes adquieren el compromiso de dejarse parte de su vida en que el mismo se equiparara, poco a poco, a los mejores Orfeones de España.

Un Orfeón, pues, que se fortalece de plenitud artística. Lo que se va culminando, poco a poco, con el trabajo que lleva a cabo, desde 1969, bajo la dirección de Trinidad León Berdión, siempre muy constante, que dinamiza al máximo la trayectoria de la agrupación coral, con nuevos aires, con nuevos bríos y con nuevos giros, alcanzando un extraordinario nivel. Los miembros del Orfeón se convierten en una verdadera conjunción, muy selectiva, de voces, de rigor, de calidad y de cualidades, y, también, de sacrificio y constancia… El Orfeón multiplica sus actuaciones en los escenarios. Lo que lleva a la asociación a una numerosa presencia artística, que se jalona con laureles de tan señalado prestigio como el que supone en el panorama coral la obtención de la Medalla de Bronce en el Festival de Torrevieja…

Su presencia en numerosos Certámenes Nacionales y Provinciales de Agrupaciones Corales, en Festivales, en conmemoraciones como el Día de la Música, los Otoños Musicales, las Jornadas de la Hispanidad, los ciclos de Conciertos Navideños, conciertos en las fiestas de San Jorge, en la celebración de Las Candelas, en el Día de Extremadura por ejemplo, no son más que algunas muestras del enriquecimiento del Orfeón de Cáceres, que ya alcanza un rango del mayor nivel, mientras su abanico de canciones aumenta porque el Orfeón se va cuajando de plenitud de vida y de una brillantez alabada por todos.

La obtención de la distinción “Extremeño del Año” en 1979, o “Importantes de Extremadura” en 1980, la presencia en Europeade For Folklore en Viena, en 1983, o la actuación estelar en la Misa del Gallo en la Basílica de la Natividad y el Concierto Extraordinario en Nazaret, en 1988, deja constancia de los altos valores del Orfeón, mientras sus canciones se amplian de una forma bellísima, que entusiasma tanto en Cáceres como en los públicos que disponen de la oportunidad de gozar de sus interpretaciones.

En 1989 el Orfeón se viste de gala y celebra por todo lo alto sus primeros veinticinco años con obras como “Sicut Locutus est”, de Bach, “Romance del Caballero”, de Lamote de Girgnon, “Ave María”, de Brahms, “Fantasía”, de Beethoven, “Coro de Repatriados” (de “Gigantes y Cabezudos”, de Caballero), “Danzas del Príncipe Igor”, de Borodín

El Orfeón se consolida de pleno. Gracias a la colaboración, participación, amor propio y una amplia capacidad de superación de todos sus componentes. Directores, presidentes y cantantes, sopranos, tenores, contraltos y bajos. Lo que hay que reconocer como un acto de justicia.

Tan es así que tras el paso de otros veinticinco años, lo que se dice pronto, plagados de actuaciones, conciertos y recitales, con un repertorio siempre novedoso, celebraba otro Concierto Extraordinario por sus cincuenta años de vida, mientras el pasado 2017 se le otorgaba al Orfeón Cacereño, ni más ni menos, y  de forma más que merecida, la Medalla de Extremadura.

Actuación del Orfeón Cacereño en la Concatedral el pasado año. Fotografía Pedro Rodríguez Caballero.

Actuación del Orfeón Cacereño en la Concatedral el pasado año. Fotografía Pedro Rodríguez Caballero.

Por ello sus dependencias albergan una larga y distinguida serie de distinciones, fruto al esmerado trabajo de todos sus componentes. Esa amplia familia, anónima, cuyos miembros, tantas tardes y noches, se dan cita en uno y otro ensayo, dejando atrás familias y otras ocupaciones, para cantar una vez más, por ejemplo, “La Fiesta de los membrillos”. ¡Qué esmero y qué delicia, amigos…!

Una forma, la del Orfeón de Cáceres, de aleccionar la vida cultural cacereña, en general, y musical y polifónica en particular, y de la que todos los cacereños nos sentimos firmemente orgullosos, porque conocemos, de buena ley, que todos sus componentes se dejan el pellejo en el camino, a caballo entre su pasión por el canto y los sacrificios que salvan en su decidida voluntad de seguir imprimiendo cada día más brillantez al Orfeón. Lo que es muy de agradecer por parte de todos los cacereños, mientras pasean orgullosamente, por tantos lugares, el nombre de Cáceres cosechando éxitos y triunfos que jalonan una impecable trayectoria.

Juan Carlos Bravo García, autor del libro y presidente del Orfeón Cacereño.

Juan Carlos Bravo García, autor del libro y presidente del Orfeón Cacereño.

Y es que, sencillamente, el Orfeón de Cáceres es un lujo de y para la ciudad de Cáceres.

Gracias, querido Juan Carlos, y gracias, querido Orfeón Cacereño.

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ANECDOTARIO Y CURIOSIDADES DE GOBERNADORES CIVILES

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El estudio y repaso de la figura de los Gobernadores Civiles de la provincia de Cáceres, como en todas partes, se encuentra plagado de un señalado anecdotario, curiosidades y una variada tipología en la que, probablemente, merece la pena detenerse.

Una figura que recibió denominaciones como la de Jefe Superior de Provincias, Subdelegados de Fomento, posteriormente de Hacienda, y también como Jefe Político de la provincia, antes de pasar a ser, de forma definitiva, Gobernador Civil.

Ya en el periódico “La Gaceta de Madrid” se señala, en su edición de 4 de junio de 1834, el nombramiento de Francisco González Ferno como Gobernador Civil de Cáceres.

José Alvarez Guerra, Gobernador Civil de Cáceres en 1835.

José Alvarez Guerra, Gobernador Civil de Cáceres en 1835.

Es de subrayar que en agosto de 1835 José Alvarez Guerra, que fue bisabuelo de Antonio Machado, dimitía de su cargo en Cáceres con el siguiente escrito: “Habitantes de esta provincia: Vuestro gobernador civil ha terminado su misión. Os ama y os saluda cordialmente. Cáceres, 7 de septiembre de 1935”.

Le sucedió en el cargo Pedro Donoso-Cortés y Fernández-Canedo, que fuera Secretario de Su Majestad, ocupando, pues, la jefatura política de Cáceres.

Hay casos como el de A. Pérez Áloe que, allá por 1836, pasó de ser comerciante en lanas a dirigir el Gobierno Civil de Cáceres.

Por su parte Manuel Luis del Corral, que fuera escribano real de su villa, Miajadas, tuvo que emigrar al vecino país de Portugal tras desempeñar el cargo de máxima autoridad provincial cacereña y a causa, sencillamente, de las tensas y complejas dinámicas políticas que acontecían en aquellos muy delicados momentos y circunstancias allá a mediados del siglo XVIII. Que las cosas, al decir en el siempre enrevesado mundo de las páginas de la historia, no resultaban nada, pero que nada fáciles. Antes, muy al contrario, las mismas se presentaban bastante problemáticas por las disensiones, peleas, trifulcas y encontronazos entre unos y otros.

Nicomedes Pastor Díaz Corbelle, Jefe Político de Cáceres en 1839.

Posteriormente llega a Cáceres una figura de alto relieve político como Nicomedes Pastor Díaz Corbelle, poeta, periodista, orador y que ocupara diversas carteras ministeriales, además de ser Rector de la Universidad de Madrid, fundador del periódico “El Sol” y autor de numerosas obras, como “De Villahermosa a China”. Nicomedes Pastor Díaz fue uno de los precursores del Romanticismo y amigo de personalidades de la talla de Donoso Cortés, de Espronceda, de Larra y, sobre todo, de Zorrilla. De él se destaca que murió en la mayor humildad y que, a su fallecimiento, se tuvo que conceder una pensión a su madre para poder sobrevivir.

El almeriense Francisco de Paula Teodoro Arias de Reina Serrano también alcanzaría el Gobierno Civil de Cáceres en 1873, donde, según podemos leer “supo contener a la gente levantisca, manteniendo el orden en todo el territorio” en unos momentos difíciles para la Monarquía.

Por su parte el periódico “El Eco de la Montaña” despide del siguiente modo, en 1898, al ex gobernador civil Leopoldo Riu Casanova, que estaría al frente del Gobierno Civil de la capital orensana: “¡Quiera Dios que en Orense, a donde va con igual cargo que aquí ocupó reciba nuevos plácemes con la justicia que aquí nos ha recibido”.

Manuel de Velasco y Jaraquemada. Gobernador Civil en 1899.

Manuel de Velasco y Jaraquemada. Gobernador Civil en 1899.

El mismo periódico, ya en 1899, manifiesta el siguiente deseo ante el nombramiento como Gobernador Civil de Cáceres de una personalidad como Don Manuel de Velasco y Jaraquemada, Marqués de Riocavado:

Persona de altas prendas religiosas y que en su celo ha de procurar de todas veras sean respetadas las personas y las cosas”.

Un Gobernador Civil de la provincia de Cáceres a quien en la misma noche de su toma de posesión, según podemos leer en la prensa cacereña de aquellos tiempos, diéronle serenatas.

Toda una llegada, pues, al Cáceres de Aquellos Tiempos, ya ciudad, que no villa, por cierto, donde se vivía siempre, con la máxima expectación y manifestación por parte de la ciudadanía, un acontecimiento de tal relieve.

Que tener un Gobernador, que ejerciera con criterios de rectitud, de independencia, de justicia, de rigor, de ecuanimidad, tal como se andaban los tiempos, no pareciera cosa demasiado fácil, tal como se debían de andar las cosas entre unos y otros, según delatan y transmiten las páginas de las hemerotecas.

José Muñoz del Castillo, Gobernador Civil de Cáceres en 1899.

José Muñoz del Castillo, Gobernador Civil de Cáceres en 1899.

José Muñoz del Castillo, comprometido con el regeneracionismo político, fue un destacado científico y fundador del Laboratorio de Radioactividad.

Asimismo, preocupado por las dinámicas y los movimientos culturales, procedió a apoyar de modo decidido, en su tiempo al frente del Gobierno Civil de Cáceres, los esfuerzos y la puesta en marcha de la “Revista de Extremadura”, de la mano de figuras de la talla intelectual como las que representan Publio Hurtado, Sanguino Michel y otros. Y en la que, durante su existencia, colaboraron los más cualificados estudiosos de la cultura en el panorama regional de Extremadura.

De este modo se puede señalar que la cultura era uno de los frentes y compromisos de mayor capacidad de entrega y de dedicación por parte los Gobiernos de Madrid y de sus representantes en los Gobiernos Civiles y máximas autoridades al frente y al mando de las provincias.

En este sentido es de justicia señalar y dejar constancia de la preocupación de José Muñoz del Castillo en seguir, con el máximo rigor y afán de superación,  las líneas de la sensibilidad cultural en la provincia de Cáceres-.

Luis Rodríguez Seoane, Gobernador Civil de Cáceres en 1904.

Luis Rodríguez Seoane, Gobernador Civil de Cáceres en 1904.

El médico gallego Luis Rodríguez Seoane, que también dirigiría el Gobierno Civil de Cáceres, desempeñaría su cátedra con la curiosa denominación de Terapeútica Progresista, y fue autor de un ensayo titulado “Los nuevos tratamientos curativos de las enfermedades sifilíticas”, mientras que el periódico “El Adelanto”, de Salamanca, al conocer el nombramiento de Juan Fernandez Vicente como Gobernador Civil de Cáceres, en 1904, y que desempeñaba esa misión en la ciudad del Tormes, dice: “Felicitamos a los cacereños, pues van a tener al frente de aquel Gobierno a un cumplido caballero y enérgico funcionario”.

En 1909 Fidel Varela, gobernador civil,  remitía a los Ayuntamientos una circular sobre “el inveterado delito del juego” recordando que “algunos alcaldes adoptan indiferente actitud en la persecución de tan pernicioso vicio”, recordándoles al respecto la Ley de Enjuiciamiento Criminal, por lo que confía que “los señores alcaldes desplegarán el mayor celo y actividad en el cumplimiento de este servicio”.

Ese mismo año, 1909, Mariano Martínez del Rincón, Gentilhombre de Su Majestad, en posesión de placas como la de Los Sitios de Zaragoza, nieto de uno de los héroes de la Independencia, se hacía cargo del Gobierno Civil de quien dice el periódico “El Bloque” que llegaba “en el tren de Astorga” además de ser “afable y tolerante con las personas” y que, además, se propone sin embargo “ser inflexible y rápido para cuanto concierne con la sanidad moral y la salubridad pública, inspirándose en las más puras ideas liberales y democráticas”.

En 1910 la prensa cacereña señalaba de Jaime Aparicio que “el viernes llegó en el correo de Madrid el nuevo gobernador civil de esta provincia”, añadiendo el periódico “El Bloque” que “El Sr. Aparicio es una persona afable en extremo, denotando en su trato que es avisado y despierto, lo que suele llamarse un hombre de mundo”. Pocos meses después llegaba a la ciudad para regir la institución política Santos Arias de Miranda y que, según se lee en “El Bloque” es “joven de entendimiento. Riguroso y de una voluntad resuelta, lo cual le proporciona elementos singularísimos para hacer un excelente hombre de gobierno”.  Y si en septiembre de 1910 se ponía al frente del Gobierno Alfredo García Bernardos, tal como leemos en el periódico “El Adarve”, tan solo tres semanas después era nombrado Gobernador Civil de Zaragoza. Y el periódico “El Noticiero” dice, en 1911, a la llegada al Gobierno Civil de Cáceres del coronel Justo Santos Ruiz Zorrilla, “no solo por su profesión, que es garantía de honor y honradez, sino también por sus condiciones personales, ha sabido desempeñar sus cargos sin rozamientos con nadie, porque es de esas personas que no pueden tener enemigos”.

Alfonso de Rojas, Gobernador Civil de Cáceres en 1913.

Alfonso de Rojas, Gobernador Civil de Cáceres en 1913.

De la llegada al Gobierno Civil de Cáceres en 1913 del alicantino Alfonso Rojas podemos ver lo que se dice del mismo “Viene muy complacido a regir nuestra provincia y de su paso por la misma nos prometemos seguras bienandanzas que redundarán en beneficio de los intereses morales y materiales de esta querida región”.

Aunque en aquellos tiempos, tales eran las divisiones y choques entre liberales y moderados o conservadores, y hasta en las propias filas de cada uno de los partidos, que es de dejar constancia expresa que los gobernadores civiles tenían poco recorrido y, como consecuencia, duraban más bien muy escaso tiempo en el desarrollo de sus cometidos políticos.

¡Cosas y asuntos y fenomenologías, pues, de los avatares de las diatribas y luchas políticas!

Por su parte Ponce de León, gobernador civil interino de la provincia de Cáceres durante un tiempo, procedía a publicar en el mes de octubre del año 1917 un bando ni más ni menos que “haciendo saber que se ha levantado el estado de guerra en la provincia”.

Lo que venía a suponer, como siempre, un tiempo de respiro.

Asimismo Emilio Herreros Estevan, también gobernador civil interino, dirigió el influyente semanario canalejista “El Bloque”, que tenía su sede en la calle Margallo, fue presidente de la Diputación Provincial de Cáceres entre 1911-1913 y Valeriano Gutiérrez Macías escribía en el periódico ABC, con motivo de su fallecimiento, que defendió “los intereses de la Alta Extremadura con todo entusiasmo, su acendrado cacereñismo y su valía indiscutible”. Del mismo el periódico “Brisas Nuevas” señaló en su día que “Emilio Herreros es de los que forman esa fila de esclarecidos jurisconsultos que con justicia hacen pasar a nuestro Ilustre Colegio de Abogados como uno de los mejores de España”…

Durante la Segunda República, instaurada el 14 de abril de 1931, la provincia de Cáceres sufrió y padeció un señalado y amplio cambio de Gobernadores Civiles, que llegaban, tomaban posesión, pasaban unas semanas y eran relevados de sus funciones, como se suele decir, en menos que canta un gallo.

Acaso porque los tiempos de aquel entonces, tal cual podemos constatar revisando las páginas de la historia, se andaban la mar de convulsos, confusos y revueltos.

Antonio Tuñón de Lara, Gobernador Civil en 1931.

Antonio Tuñón de Lara, Gobernador Civil en 1931.

El almeriense Antonio Tuñón de Lara, masón y miembro de las Logias “Evolución” y “Progreso”, miembro del Partido Radical Republicano, fue el primer Gobernador Civil de Cáceres tras la llegada de la República, en 1931, aunque no llegó ni a tres meses su permanencia al frente del mismo, Luis Peña Novo fue Gobernador Civil de la provincia entre el 6 de mayo de 1933 al 31 de agosto de ese mismo año y Delegado Especial del Gobierno con el título de Gobernador General de Extremadura, Carlos Deponte Sánchez, gobernador de Cáceres entre septiembre de 1932 hasta noviembre de ese mismo año llegó a ser el Gobernador Civil más joven de España durante mucho tiempo, y Angel Vera Coronel, alicantino de Elda, masón, miembro de la logia “Amor”, que sustituyó al anterior, fue fusilado tras desempeñar la dirección del Gobierno Civil de Zaragoza.

Leopoldo Sousa Menéndez-Conde fue Gobernador, en 1937, tan solo dos días, mientras que en la necrológica del periódico ABC sobre Francisco Sáez de Tejada y Olózaga se señala que el mismo, Barón de Benasque y Marqués de Bonacorso, fue, además de ilustre jurisconsulto del Tribunal Supremo, miembro de la Secretaría Particular del Gobierno del Generalísimo y Caballero del Real Cuerpo de Hijosdalgo de la Nobleza de Madrid.

Antonio Rueda Sánchez-Malo, gobernador civil entre 1946-1956.

Antonio Rueda Sánchez-Malo, gobernador civil entre 1946-1956.

Por su parte Antonio Rueda Sánchez-Malo, natural de Pamplona, dirigió el Gobierno Civil entre los años 1946-1956, trabajando de forma muy activa en el desarrollo provincial en unos tiempos complejos y delicados, como el largo período en que estuvo al frente del cargo, y en el que se implicó por posibilitar el mayor y el mejor desarrollo de la provincia.

Es de destacar y dejar constancia que Antonio Rueda Sánchez-Malo fue distinguido en su día por la Corporación Municipal de la ciudad como Hijo Adoptivo de Cáceres.

Posteriormente pasó por el cargo de Gobernador Civil de Cáceres el toledano Licinio de la Fuente, que llegaría a desempeñar las responsabilidades de Ministro de Trabajo en uno de los gobiernos del General Francisco Franco.

Licinio de la Fuente, durante sus cuatro años de estancia en Cácerestambién dejó una estela de identidad y trabajo en la provincia en la lucha y en la defensa, sobre todo, en los campos del desarrollismo y la modernización. Aunque las riadas migratorias de cacereños que abandonaban el campo, sus pueblos, sus familias, para buscarse el pan y la vida en los páramos migratorios, camino de los grandes polos industriales, preferentemente en Madrid, Cataluña y País Vasco, le dio bastantes quebraderos políticos.

Como especial curiosidad, destacar que José Luis de Azcárraga Bustamante, que fuera gobernador civil entre los años 1960-1961, y que llegaría a alcanzar en su carrera el grado de ministro togado de la Armada, escribió la novela «Botón de Ancla», basada en la vida y anécdotas de los guardiamarinas.

Un día, coincidiendo con su estancia en Cáceres, la película fue  llevada al cine, que guionizó el mismo gobernador civil de Cáceres. Los protagonistas del film fueron Ramón Arcusa y Manuel de la Calva, componentes del Dúo Dinámico, y que en aquel entonces causaba furor entre la muchachada española por sus canciones y melodías.

El estreno de la película «Botón de Ancla» en Cáceres, con su proyección en el cine Norba, también concidiendo con su mandato como Gobernador Civil, resultó un clamoroso éxito y con con salvas de aplausos al final de la proyección.

Por su parte Francisco Bocos Cantalapiedra, conde de Rebolledo y comandante de Caballería, gobernador entre marzo de 1963 y enero de 1964, fue cesado por tomar la decisión de construir una carretera en terrenos de la duquesa de Alba y de José Finat y Escribá de Romaní, alcalde de Madrid, en el término municipal de Hervás. Al parecer una llamada telefónica del regidor madrileño al Jefe del Estado fue lo que pudo provocar el cese del gobernador.

(Continuará) 

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MANUEL VAZ-ROMERO, IN MEMORIAM

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Cáceres llora hoy el fallecimiento de Manuel Vaz-Romero. Un hombre de exquisita sensibilidad cultural, humana, humanista y humanística, amigo del alma, del que tanto aprendí en aquel despacho de mi padre, entre conversaciones de cultura histórica, periodística y ciudadana de Cáceres, que, lamentablemente, nos ha dicho adiós.

 

manuelvaz-romero2El maestro, el amigo, el compañero, el historiador, el honrado trabajador, siempre con cientos de proyectos, por su Cáceres de la vida, por su compromiso con la ciudad. Y, como honor especial para quien escribe estas líneas, compañero de página en REGION DIGITAL, querido Manuel.

Licenciado en Historia, escribió la tésis “Cáceres bajo el franquismo (1936-1939)”, fue ejemplo y modelo de profesor en Centros como el Colegio Diocesano o el Instituto Nacional de Enseñanza Media “El Brocense”, se volcó, asimismo, en escribir artículos, de una señalada sensibilidad emocional alrededor, casi siempre, de la fenomenología argumental de Cáceres… Y poco a poco, más allá de su predicamento profesoral en las tribunas y estrados de las aulas docentes, entre críticas de arte, reseñas literarias y su hondura en la idea fija que todos pudiéramos conocer más y mejor Cáceres se adentró en la profundidad de los libros…

Por ello, un buen día, se arremangó en su casa, con una cafetera al lado, y empezó a perfilar sus primeros y armónicos compases que iban a conformar el trazado y la estela literaria de su senda. Siempre abierta, siempre intensa, siempre profunda, siempre interesante.

Docto, culto, inquieto, Manuel Vaz-Romero ha ido puliendo su camino de investigador. Lo que hoy, para ser claros y agradecidos, representa todo un honor para la ciudad y un lujo para quienes gozamos de sus charlas, de sus consejos, de sus opiniones, de su prudencia, de su sabiduría, de su buen humor, de su educación, de su cortesía, de su cariño, de sus conversaciones, de su afán cultural y de sus enseñanzas.

Trabajaba con rigor en la pasión con, de, en, por y para Cáceres, con exquisita amenidad e interés con el alumnado, buscaba y perseguía la charla amiga de sus referencias intelectuales.

Charlamos mucho no, muchísimo, con motivo de la elaboración de su libro “Valeriano Gutiérrez Macías, el sencillo hombre de la tierra parda”, y hace tan solo unas semanas cuando vio, leyó y se emocionó con mi artículo “El primer cuento de don Valeriano”, publicado hace escasos días en “Región Digital”, junto a uno de sus artículos habituales en este periódico, me lo pidió para incorporarlo a su Archivo.

llopisiborra

Uno de sus libros más relevantes: «Manuel Llopis Iborra, la huella luminosa de un Obispo».

Así, a vuelapluma, en estos apuntes y en esta semblanza de urgencia, me acuerdo de algunas de sus publicaciones “Cáceres, fantasía de piedra y luz”, “La ciudad de Cáceres y sus alcaldes en el siglo XX”, “La Diputación Provincial de Cáceres y sus presidentes”, “Manuel Llopis Iborra, la estela luminosa de un Obispo”, “Alfonso Díaz de Bustamante, un alcalde ejemplar”, “Hijos Predilectos y adoptivos de Cáceres”, “Manuel Veiga, un afán de transformación social”…

Ahora trabajaba, entre otros temas que saturaban su despacho de ideas volanderas a las que perseguía de forma insistente, tratando de alcanzarlas todas. Pero en un ingente reto se afanaba en una obra de complejos considerandos: “Obispos de la Diócesis Coria-Cáceres”. Y ya había adelantado sus primeros pasos en esta publicación con señaladas pinceladas sobre una serie de aquellos prelados que rigieron los destinos de la diócesis.

Como es el caso de sus trabajos y artículos alrededor de las figuras de algunos de los prelados que rigieron los destinos de la diócesis Coria-Cáceres: Marcelo Spínola, Ramón Peris Mencheta, Dionisio Moreno Barrios, Francisco Barbado Viejo, Francisco Cavero y Tormo, Ciriaco Benavente Mateos o Francisco Cerro Chaves…

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Manuel Vaz-Romero con la fotografía de uno de los Obispos más señeros de la diócesis Coria-Cáceres.

Manuel Vaz-Romero era, sobre todo, un gran tipo, una excelente persona, educadísimo, correcto, cordial, de corazón honrado, de pasión por el cacereñismo…

Adiós, Manuel, siempre mi querido amigo, desde estas líneas de urgencia, ahora que releo tu último correo electrónico, del pasado 25 junio, menos de un mes, en el que me señalabas: “Sigo tus artículos con mucho interés, pues se te nota el mucho amor con que trabajas esta clase del mundo cacereñista, que ambos profesamos”.

Al hilo de esta despedida quisiera dejar el calor humano de aquella entrevista en el periódico Extremadura, con motivo de la publicación de su libro “Alforjas para un viaje”. A la pregunta del redactor sobre el eje central del libro y su mensaje respondió: “El libro pretende ser ante todo un homenaje a una tierra estigmatizada, pero al mismo tiempo mitificada, incluso hoy. Es un recuerdo de Las Hurdes esa “Tierra sin Tierra” de Victor Chamorro, “Clamor de piedras” de Pérez Mateos y “Tierra de silenciode Juan de la Cruz Gutiérrez.

Permíteme, lector, pues, que se me resbalen unas lagrimillas por los carriles del rostro humano, que nacen en el riachuelo emocional del tiempo pasado, desbordado de ingentes recuerdos, y que si pestañeo, y se cae una lagrimilla en el escrito, lo pases por alto, lector.

Adiós, Manuel, hasta siempre…

NOTAS:

01: Artículo publicado en el periódico digital extremeño REGION DIGITAL el 23 de Julio de 2016, tras el fallecimiento de Manuel Vaz-Romero.

02: La primera de las fotografías está captada del periódico digital extremeño «REGION DIGITAL».

03: La tercera de las fotografías está captada del periódico «EXTREMADURA«.

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NO ERES DE CACERES SI…

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El 13 de diciembre de 2015 se celebró una Quedada del grupo No eres de Cáceres sí en el Casco Histórico Monumental para recorrer sus callejuelas y plazoletas de la mano de César García, un jabato del cacereñismo, un lujo de guía, y disfrutar de sus explicaciones sobre la historia, las historias, las leyendas alrededor de esa inmensa Ciudad Medieval.

 

NO ERES DE CACERES SI...

Los asistentes a la Quedada del grupo «No eres de Cáceres si…», siguen, atentos, las explicaciones de César García.

Me dolió el alma, al menos un poco, por no juntarme con el grupo. Y, luego, el recorrido del vídeo de la Quedada con una notable crónica del periodista Paco Mangut, el sabor de la savia y el saber de César García, que sabe de Cáceres lo que no está en los escritos, el camino y el trasiego a lo largo y ancho por el Casco Histórico Monumental, la historia y la leyenda, la hazaña y el misterio, el silencio y el murmullo del grupo…

La música de fondo elegida, con precisión de cariño y acierto, por Paco Mangut, con la emocionante canción de Pablo Guerrero entonando su creación  «Por una calle de Cáceres«, sus palabras, que venían a compendiar el sentimiento de todos los componentes del Grupo, me han llevado a repasar un par de veces esa sobresaliente crónica de la Quedada de No eres de Cáceres sí…

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38 AÑOS DEL MERCADO FRANCO

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El 14 de diciembre de 1977 figura en las páginas de la historia de Cáceres porque, por fin, tras una larga insistencia y batalla que estaba presentando desde hacía años la Asociación de Amas de Casa de Cáceres, se ponía en marcha el Mercado franco de la ciudad.

 

Una idea, un proyecto y una lucha, la del Mercado franco, que salió adelante con la llegada de UCD al Gobierno, gracias en buena parte a la sensibilidad del primer gobernador civil de la democracia, Luis García Tafalla, que amparó la idea de las amas de casa de Cáceres, cuya fundadora y presidenta fue Josefa Toboso.

mercado camino llano luis montes

El Mercado del Camino Llano se puso en marcha en 1977. Hace, ya, 38 años…

Su objetivo era, sencilla y llanamente, el de luchar con ahínco contra la subida de los precios así como de la cesta de la compra, que, por alguna extraña teoría, nadie sabe explicar por qué crecen más que los salarios.

No obstante nuestro querido amigo y compañero José María Parra, ya fallecido, en su conferencia «Nuestro Cáceres de ayer y hoy«, dentro del ciclo titulada «Los Misterios de Cáceres«, que impartiera bajo la coordinación del profesor Esteban Cortijo, señalaba, respecto al Mercado franco, lo siguiente:

«Luis García Tafalla erra inspector de trabajo en Badajoz y le gustaba la buena vida. Viene a Cáceres y se da cuenta de que aquí el coñac «Torres» de cinco años es más caro que en unos almacenes de Badajoz, y esto le hace pensar que Cáceres es una ciudad cara y buscó una solución que no tardó en encontrar y poner en marcha: el Mercado Franco, de la mano de la Asociación de Amas de Casa y del alcalde, a la sazón Manuel López. El precio del coñac hizo que en diciembre de 1.997 se creara el Mercado Franco del que aún continúan protestando los empresarios cacereños. Ahora tenemos 500 puestos y un problema que no hay quien lo salte«.

Con la inauguración del mercado franco en Camino Llano, como me comentara Luis García Tafalla aquel mismo de su arranque, se daría marcha a la competencia, alegría al ciudadano y vida a la ciudad. Aunque otros, subrayaba con ironía y deportividad, se cabreen un poco por la rivalidad comercial. Ese otro, claro es, eran los comerciantes.

Todos aunaron fuerzas y dicho y hecho. Aquel mercadillo, que se aglutinaba por la Plaza, aprovechando el tirón de la gente que acudía al antiguo mercado, donde se vendían frutas, pescado y carne, que arrancara en 1931, y que en su día llegó a tener hasta pavos, gallinas, patos y navideños en un guirigay de escandalera descomunal, ahora que se acercan las fechas, ya se convertía en Mercado franco.

Desde entonces, de miércoles en miércoles, se escuchan en el Mercado franco miles de voces, de ofertas, de pregones del tenor de «¡Venga guapa, vamos!«. «¡Aprovecha la oferta que hoy estamos que lo tiramos todo por la ventana!«, «¡Por el precio de uno te llevas no dos ni tres, sino hasta cuatro!«, «¡Bueno bonito y barato…!«. «¡Vamos, que nos vamos!«, «¡Vaya chollo, señora!«…

También había, lógico, y se continúan ofertando buenos productos de las huertas cacereñas. Desde tomates hasta repollos, desde coliflores a higos, desde acelgas a escarolas, aceitunas, peras, uvas, toda clase de embutidos, quesos diversos, ferretería, menaje, pasando por las más variadas prendas de tela, cosméticos, todo tipo de los siempre riquísimos dulces cacereños, industriales y artesanales, calzado, plantas, flores, aluminio, plástico, cerámica artesanal y un puzle de mil propuestas para el consumo.

Un mercado variopinto, festivo, de color, de mirar por el cuidado del bolsillo y del monedero casero y de curioseo ciudadano. Por la compra, por el regateo, por la variedad de la oferta y el estudio del cliente sobre los precios comparativos y, también, por aquello de pasar la mañana de un modo divertido.

Su emplazamiento inicial llenó al Camino Llano y zonas aledañas, de puestos ambulantes, de calor humano, de griterío imparable de un mercado de vendedores de múltiples ofertas, de curiosidades, de amas y amos de casa tirando del carrito de la compra, de visitantes de todo tipo y condición. O sea, de murmullo callejero y de trajín. Y de vida.

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Oteando el panorama desde el tenderete… Una gran fotografía de Teófilo Amores.

Todo un acierto en la socioeconomía local que festejaron casi todos. Menos algunos comerciantes. De ahí que, con el paso del tiempo, el aumento de los puestos invadiendo las zonas próximas, la Plaza Marrón, la calle Clavellinas o la calle Colón, el aumento, también de visitantes y compradores, y su incrustación en uno de los centros urbanos más señalados de la ciudad, las autoridades decidieran posteriormente, que el lugar ideal para ese mundo de comercio y transacción, entre la oferta y la demanda, era El Rodeo, por su capacidad expansiva y donde se instalarían un montón de puestos, alrededor de trescientos, a partir de 1988.

Una medida que conllevó, al principio, severas divergencias entre el Ayuntamiento y los comerciantes, que consideraban inadecuado el llevarlos a una zona supuestamente lejana.

Pero, al final, la paz fue posible, fructificaron los acuerdos, a pesar de que se negoció, y mucho, si el mismo se trasladaba a la Avenida de Portugal. Pero acabaron, claro es, en el Rodeo. Y aunque el acuerdo inicial era el de zona alrededor del pabellón «Juan Serrano Macayo» y sus cercanías, esto es, las avenidas de Pablo Naranjo Porras, del Brocense y de Muñoz Torrero, el hecho evidente es que se fue alargando, extendiendo y creciendo de modo considerable.

mercado ronda de la pizarra

El Mercado franco de Cáceres en la Ronda de la Pizarra.

Más como todo evoluciona y la ciudad se iba expandiendo también por aquel área del Rodeo, el Mercado franco se traslada, once años después, ya en agosto de 1999, a la Ronda de la Pizarra, y que acoge sus instalaciones. Como consecuencia surgen, de nuevo, las discordancias y las protestas y las quejas de los comerciantes y mercaderes, que no le veían futuro como no se lo vieron al anterior cambio del Camino Llano al Rodeo, aunque a fe que nunca les fue mal. De lo contrario, como señala el dicho popular, puede que no estuvieran.

Mientras tanto van transcurriendo los años, continúa de forma paulatina, casi sin darnos cuenta, el crecimiento del entorno urbano de la ciudad, y el Mercado iba quedando semiencerrado en la Ronda de la Pizarra. Por lo que se llega a un nuevo debate acerca de su próximo traslado. Se barajan opciones como la Mejostilla, Casa Plata, Maltravieso y El Ferial.

Pero al final se decide el acuerdo de su traslado a la Vega del Mocho, donde se sitúa el mercado a partir de principios de 2012, y en el que, a estas alturas, ya se instalan semanalmente quinientos y pico largo de puestos. Lo que supone una parte importante para la economía de los vendedores del Mercado ambulante, que siguen quejándose de que el emplazamiento no les atrae. Lo mismo que los vecinos muestran su oposición al Ayuntamiento. Lo de siempre. Quejas de unos, enfados de otros, disconformidades de las tres partes en litigio. Consistorio, comerciantes y vecinos.

Al tiempo, la población visitante del mercado franco o mercadillo, como se señala en la tipología popular, aumenta. Como aumentan el flujo de operaciones mercantiles, las tertulias de los viandantes revolviendo entre las prendas, tocando y retocando la madurez de las frutas, comprobando la viabilidad entre el previo, el regateo y el acuerdo final para proceder a la compra, llenar el carro de una diversas de alimentos y prendas, de cosas necesarias e innecesarias, pero que «¡Era un chollo…!» o «¡Menuda ganga!«, comentan entre sí las vecinas…

Mientras tanto los mercaderes ambulantes cacereños siguen pensando que su lugar idóneo, hoy por hoy, como ya barajaron en su tiempo, es Casa Plata. O sea junto a la Charca Musia, donde hace cincuenta años los chiquillos y  jovenzuelos de entonces acudíamos en bandadas, como las golondrinas, como los grajos, como los aviones, a bañarnos, clandestinamente, en los calurosos estíos de aquel Cáceres de entonces.

NOTA: La primera de las fotografías ha sido facilitada por Luis Montes Quijada, la segunda es de Teófilo Amores y la tercera está captada del periódico «Extremadura«.

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CALLE CALEROS, ¡PEDAZO DE CALLE…!

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La calle Caleros, una de las más antiguas, importantes y de gran sabor popular de Cáceres, por antonomasia, y que aparece, como tal, en documentos del siglo XIV, tras la reconquista de la Villa, surgió en la necesidad de la expansión de la ciudad ante el aumento demográfico y que comenzaba a crecer, ya en la Edad Media, más allá de la ciudad Intramuros conformando, por tanto, la zona Extramuros.

calle caleros foto blog pueblos de españa.

La calle Caleros es una de las de mayor sabor popular de toda la ciudad de Cáceres y que bordea la muralla.

El nombre de la calle Caleros tiene su origen en la costumbre de que los integrantes de un mismo gremio y actividad habitaran en la misma rúa, que, en este caso específico, bordea la muralla por su parte oriental, transcurriendo entre el Arco del Cristo y el Arco del Socorro. Precisamente la blancura es una de sus señas de identidad.

Acaso porque hubo un tiempo, largo, en que uno de los distintivos de la calle, del barrio, cuyo corazón es la calle Caleros, y de una buena parte de la ciudad, consistía, precisamente, en el encalamiento de las fachadas y de los patios, que se blanqueaban de forma periódica, lo mismo que el resto de las dependencias de las casas.

La calle Caleros, cuyo gremio de artesanos y comerciantes, fue, en su momento, y a lo largo de mucho tiempo, uno de los más numerosos de Cáceres, de acreditado prestigio, por la calidad de la cal, por la de los caleros, por la de la propia caliza y por los calerizos, fue, también, al comienzo de su nacimiento, claro es, uno de los arrabales de aquella villa.

Tal cual lo iban siendo otros barrios como el de Moros, por los que comenzaba a fluir, de forma paulatina, una parte de la vida urbana. Y es que, al parecer, en la misma calle Caleros llegaron a confluir en sus buenos tiempos más de cuarenta hornos que lograron convertir a la calle en una de las más industriales de la ciudad. Incluso, al parecer, en Cáceres hasta pudo haber, al tiempo, hasta cien hornos de cal, que se repartían, básicamente, entre la Ribera del Marco y El Calerizo y que con el paso del tiempo, poco a poco, irremisiblemente, iban desapareciendo.

Señalemos que las caleras, de una altura de entre dos y tres metros, eran hornos de combustión conformados de piedras superpuestas. Los caleros llenaban la parte superior de piedras de tipología caliza. El mismo se abría, por la parte baja, con una puerta por la que se introducía la leña para alimentar la elaboración de la cal, y que tenían que mantenerse en combustión entre doce y dieciocho horas. En función de la cal que pretendiera extraerse. Un oficio duro, severo, sacrificado. Pero que honró, y de qué manera, a la calle y a Cáceres.

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La Calle Caleros muestra toda su profundidad y tipología popular en esta fotografía.

Un día, de hace ya siglos, pues, el Concejo de la Villa de Cáceres decide poner nombres de gremios a las calles y plazas. Como el de Caleros. En el callejero local figuran, asimismo, entre otras, calles con nombres como Pintores, Carniceros, actualmente Sergio Sánchez, Tenerías, Labradoras, Caldereros, Carreteros, Aperadores, Hortelanos, Hornos, Plaza de las Canterías y, muy recientemente, el Ayuntamiento honraba a todo Cáceres con la Avenida de las Lavanderas y Turno de Oficio, dedicada, claro es, al gremio de la abogacía.

Una industria, la de los caleros, de señalada importancia en la historia social y económica de Cáceres. Hasta el extremo de que el ex ministro y ex presidente del Gobierno, Segismundo Moret, le concedió tanta importancia que. gracias al descubrimiento de las minas de fosfato y de cal, emanado de la zona, logró llevar el tren hasta la boca de las mismas, generando una intensa actividad que posibilitó el alzamiento y construcción de un poblado de extraordinario relieve en la vida de la ciudad.

caleros. esquina caleros- villaobos 1960.

Una imagen de los años sesenta con una lavandera en la confluencia de las calles Caleros y Villalobos.

Una Villa, la de Cáceres, que en 1880, cuando aún no era ciudad, acordó poner en su honor el nombre de Barrio de Moret, que posteriormente pasaría a denominarse Aldea Moret. También el Concejo le nombró Hijo Adoptivo en el año 1881 y hasta le dio, en el año 1913, el nombre de una de las calles más importantes y transitadas del casco urbano. La hasta entonces denominada Cortes.

La calle Caleros, cuya armonía estética han sabido conservar a base de bien sus vecinos, sin que la misma pierda el menor relieve, lo que es digno de consideración, se abraza, en sus proximidades, a todo un inmenso río de rúas y plazas de entrañable sensibilidad como son Fuente Concejo, la Plazuela del Socorro, Ribera de Curtidores, Cada Adarve del Cristo, Calle Amargura, Cuesta del Marqués, calle San Roque, calle Alto de Fuente Frías… y todo un puñado de calles que se arremolinan en esta zona de una considerable transcendencia y repercusión en la historia de la ciudad de Cáceres.

Tal como marcan los cánones de la tradición, de la tipología y de la fenomenología social, popular y humana en el recorrido de la historia de la ciudad.

Una calle, siempre, cuajada de vida, de esfuerzos, de penalidades y, al tiempo, de un profundo cacereñismo…

Y que, como todos sabemos, desde siempre, por cierto, forma parte de la esencia, de la historia y de las dinámicas de la capital cacereña entre una inmensidad de sensaciones y de sensibilidades que, en modesta opinión, siempre, también, nos hacen vibrar el alma de cacereñismo.

caleros ermita vaquero. caminodeemaus

La ermita del Vaquero se alza en un esquinazo de la calle Caleros, donde vivía el pastor Gil Cordero.

En la misma sobresale la ermita del Vaquero, construida en el siglo XVII, sobre la casa del pastor y vaquero Gil Cordero, a quien se le apareció la Virgen de Guadalupe en 1326 en la puebla, en la Sierra de las Villuercas.

Tras una larga lucha por parte de los vecinos de la calle Caleros en el año 1667 Juan de Carvajal y Sande, aunque otros historiadores consideran que es Juan de Sande y Carvajal, Presidente del Consejo de Hacienda y Caballero de la Orden de Calatrava, procede a encargar la elaboración de la imagen de la Virgen de Guadalupe. Con lo que dio pie, ya, para la construcción de la ermita, que inicialmente llevaba el nombre de la que es patrona de Extremadura desde el año 1907, por cédula pontifical del Papa Pio X, y con el obispo Ramón Peris Mencheta al frente de la diócesis de Coria.

La consagración de la misma se lleva a cabo el 8 de septiembre del año 1668.

La ermita es obra de Sebastián de Acosta y en su portada se alza una hornacina con la imagen de la Morenita de las Villuercas como recuerdo para la eternidad. Su retablo, de madera policromada, es obra del brocense Juan Bravo.

Aunque, por esas circunstancias de la historia en sus páginas en su lugar durante unos cincuenta años se instaló una mancebía que se plagaba, ya en aquellos tiempos, de meretrices, colipoterras, alcahuetas y buscones de aquel Cáceres.

Una ermita que en su día cayó en el silencio y también en el olvido, por esas causas que ni la propia historia sabe explicar, hasta que, afortunadamente, a raíz de una reivindicación y movilización popular de los vecinos de la calle, allá por los años ochenta, se procedió al adecuado arreglo y adecentamiento de la misma, con lo que ya pueden presumir, con razón, de que tienen hasta una ermita y con una larga historia detrás.

Una calle en la que, como nota de especial curiosidad, en el número 23, allá por el lejano año de 1879, se ocuparon dos monjas francesas de la Congregación de las Hermanitas de los Pobres, fundada por Juana Jugan, de poner en marcha un asilo para atender a los más viejos y necesitados de la ciudad. Y en cuyas dependencias, tan solo podían cobijar a veinte ancianos.

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Dos vecinas de la calle Caleros encalando la fachada de la casa los días previos a la bajada y llegada de la Virgen de la Montaña.

Pero el hecho evidente es que la calle Caleros tiene solera, sabor popular, que se configura como una de las más emblemáticas en la historia de Cáceres y en la que lo más importante y significativo, además de su larga tradición histórico-popular, es, sin lugar a dudas, el paso de la imagen procesional de la Virgen de la Montaña, cada año, cuando la patrona baja desde el Santuario hasta la Concatedral para la celebración del Novenario.

Y que posibilita el que todavía haya personas, vecinos y familias que se agarran al mantenimiento tradicional de recibir a la Virgen de la Montaña en base a a esa tradición popular en el calendario y en la conformación de la calle de encalar, al menos, la facha de la vivienda, tal comos podemos apreciar en la fotografía, del diario «Extremadura» y correspondiente a este mismo año

Seguramente porque la calle Caleros vive el pulso y el pálpito de los segmentos del paso de la Virgen día a día. Y, con mucha mayor intensidad, claro es, a medida que se acerca su emocionada y emocionante bajada a la ciudad.

calle caleros virgen montaña 2015

La Virgen de la Montaña guarda, desde siempre, una especial simbología en el marco de la calle Caleros.

Un recorrido emocionalmente intenso desde que la Virgen de la Montaña es recibida en Fuente Concejo, por las autoridades y el pueblo, donde se le entrega el bastón de mando de la ciudad, a los acordes del himno nacional, y donde una inmensa mayoría de fieles y devotos de la Virgen, en definitiva, todo el pueblo, camina tras su patrona.

Ante tal acontecimiento todos los vecinos de la calle Caleros ya llevan un montón de días acoplando todo tipo de preparativos, empezando por el encalamiento de las casas, como ya hemos señalado. Una tradición que, lamentablemente, se va perdiendo por la callejuela y el rincón del olvido. Preparativos que arrancan en la emoción más intensa, y en donde se canta con alegría emocionada, se baila porque lo pide el cuerpo, se reza porque lo solicita el alma, se llora porque se escapan las lágrimas y sus gentes se emocionan hasta lo más hondo porque no se puede contener el alma.

La Virgen de la Montaña, conocida también popularmente como la cacereña más bonita, entra en la calle Caleros al ritmo del «Redoble«. Desde las balconadas y ventanas de Caleros, en esa tarde inolvidable, histórica, con moldes de oro y humanidad y devoción, llueven pétalos, llueven besos, llueven canciones, llueven, a la vez, piropos y plegarias, llueven vivas que se escuchan hasta en el santuario de la Virgen. Quizás, incluso, más allá. Llueven fervores.

De principio a fin la calle Caleros, siempre con su patrona, es el lugar más sensitivo, emocionalmente hablando, para acompañar a la Virgen. Y donde, como se suele decir, no cabe ni un alfiler porque la devoción participativa se supera de año en año y hasta parece que la calle se revienta. Pero de hondura de conceptos tradicionales y religiosos.

Un día, pues, de lujo y de sentimiento devocional inmensamente calero. Tanto que un año alguien quiso desviar el recorrido procesional para que el desile procesional entrara a la Concatedral por la Avenida de la Montaña, el vecindario se puso de uñas y armó la marimorena. Pero la Virgen, camino del novenario anual, pasó, faltaría más, por la calle Caleros.

calle caleros hermana mayor virgen de la montaña

El azulejo que distingue a la Calle Caleros como Hermana de Honor de la Santísima Virgen de la Montaña.

Allí se arremolinan miles de personas en un acontecimiento verdaderamente sensitivo. Por varias razones. Primera y más importante: Porque la Virgen de la Montaña pasa por su calle; en segundo lugar, por la fe y la devoción de todos los caleros o caleranos, si se me permiten las palabras; en tercer lugar, porque la calle Caleros es Hermana Mayor de Honor de la Virgen de la Montaña, tal cual reza en el azulejo que lo inmortaliza.

Una calle aderezada de vida, de colgaduras, de arcos, de mantones, de estampas, de colchas, de banderas, de flores, muchas, muchísimas flores, y, al tiempo, plena de olor intenso e inmenso de romero, de jazmines, de hierbas aromáticas.

Y es que la Virgen de la Montaña, como cuentan los vecinos, es, de siempre, calerista. Y allí, mientras los vecinos cargan con las andas, siquiera sea unos pasos, mientras otros se esfuerzan por rozar el manto, o la esquina de las andas, y nadie escucha el sonido de las horquillas, se mece y se baila al paso, entre admiraciones y toques de palmas, se escuchan las estrofas populares y los acordes del «Redoble«.

Una jota de pique, que se dice en términos folklóricos-populares, la jota típica popular cacereña, y en las que, desde que la misma, que emana del siglo dieciocho, se habla de la calle Caleros, con estas letrillas:

Las de la Calle Caleros
se lavan con aguardiente,
las del Caminito Llano
con agüita de la fuente.

O:

A las de la calle Caleros
la multa les van a echar,
por tener en los zaguanes
las tinajas de la cal.

calero sfolklore

Muchas jóvenes cacereñas reciben a la Virgen y la acompañan hasta la Concatedral ataviadas con los trajes típicos de campuza y de montehermoseña.

Muchas jóvenes reciben a la Virgen con el traje de campuza, el traje típico y popular de la ciudad de Cáceres, engalanadas con el pañuelo de mil colores, con refajos, con polleras, como muchas son las que la reciben vestidas, de forma elegante y airosa, bella, armoniosa, con el traje típico de Montehermoso.

La calle Caleros se transforma en una algarabía de músicas, de exaltaciones. La Banda de Música Municipal y la de la Diputación Provincial, siempre con la Virgen, interpretan aires populares y pegadizos. Por allá, el pueblo, por acá, la tuna, dejando su capa al suelo para que pase la Virgen sobre las mismas.

Y en el centro, con el manto que le regaló el Ayuntamiento con motivo de las bodas de plata de su coronación canónica, el 12 de octubre de 1949, con el escudo de Cáceres en el delantal, la Virgen que, a lo largo de nueve días de estancia en la Concatedral, va a recibir miles de peticiones y de oraciones y de deseos y de preces y de miradas y de lágrimas y de deseos y de angustias y de sueños y de ofrendas y de flores y de esperanzas y sugerencias y de anhelos y de promesas inveteradas…

Una calle con sabor y pulso propio y que figura, por derecho propio, en las páginas de la historia de Cáceres. Por la calle en sí, por el barrio y, también, por sus gentes. Y una calle que se ha ido plagando, a lo largo de toda su historia, de las más variopintas imágenes, de todo tipo y condición popular.

callecaleros.caceres1961

Un piconero por la calle Caleros en el año 1961.

Por ejemplo, a pesar de la severidad que había en el fondo de la misma, la de estos carboneros que, arrancando en las gélidas madrugadas invernales de pueblos cercanos a Cáceres, a lomos de un burro, cobijados bajo una manta, la gorra calada hasta las orejas, ya andaban a eso de primera hora de la mañana pregonando sus mercancías con las que se ganaban la vida, a base eso sí, de muy duros esfuerzos y muchas calamidades y mucha hambre.

La estampa, ay, de los piconeros y carboneros que no paraban de caminar por el recorrido urbano, en el sudor del día a día, para calentar los fogones y los braseros de los hogares cacereños que en esos inviernos de Aquellos Tiempos tenían que echar mano del siempre socorrido recurso del carbón y del picón.

Una calle cuajada de sabor, de eternidad, de estampas como las dos que figuran a la izquierda de estas letras hilvanadas con esa sensación de cómo va pasando el tiempo sin que caigamos en la cuenta del transcurrir del mismo, hasta que no nos topamos con este tipo de imágenes.

aguadoras por la calle Caleros (Julita G. Parra, NO ERES DE CC si...)Lo mismo que por aquellos tiempos, ay, de entonces, desfilaban, con mucho amor y sufrimiento, con extraordinario corazón y un impresionante esfuerzo, mujeres de pasión y miles de sudores, repletas de sacrificio y de sensibilidad, de hondura, que caminaban, una y otra y otra vez por aquella calle Caleros, arriba y abajo, abajo y arriba, a la fuente y de la fuente, tal como se aprecia en la imagen, como lo hicieron durante muchos años por tantas y tantas calles, con cántaros de barro, y a por el agua. Al cuadril, clavados en la cadera, y encima de la cabeza sobre un rodillo…

Mujeres, siempre de un gran fuerza y coraje, que salía de lo más profundo de sus adentros. Y a las que hoy, como siempre, testimoniamos nuestro cariño y agradecimiento. Como ejemplo de todas ellas podríamos citar, entre otras muchas lavanderas cacereñas a Lorenza, «La Gata«, que según señala en uno de sus artículos de la sección «Ventanas a la ciudad», era «un compendio de tradiciones cacereñas«, cuando se reunían los vecinos por la Navidad y cantar romances y villancicos con la pandereta, con el almirez, con la zambomba y también, claro es, con la botella de panete.

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José Luis Franco, Franquete, que naciera en la calle Caleros, es Hijo Predilecto de Cáceres.

En la calle Caleros nació, por ejemplo, un cacereño de una talla humana inmensa, como es José Luis Franco, conocido por todos como Franquete.

Su bonhomia, su alto grado de cacereñismo, su generosidad, han llevado a que Franquete sea Hijo Predilecto de Cáceres, ciudadano bondadoso y ejemplar, amigo de todos.

Franquete es, por encima de todos, como ha dicho miles de veces, cacereño, cacereñeador y cacereñista, y que ha hecho del cacereñeo su vida. Amigo de todos, al servicio de todos, Franquete, radiofonista, humorista, vital, es hijo de José Franco, que trabajara de conductor con don Pablo Vioque, y de María, y desde niño ya se ganó el cariño y la admiración del todo Cáceres.

Y que cada día que pasa, en los compases de la propia vida, figura como uno de esos cacereños que se ha ido labrando, desde siempre, esa imagen de cordialidad, de generosidad, de bonhomía, de cacereño ilustre, siempre cercano a todos, siempre incardinado en el corazón de la ciudad con su más profundo cacereñismo,

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Santos Benítez Floriano, Cronista Oficial de Cáceres, también vino al mundo en la calle Caleros.

Y de la calle Caleros también emana la saga familiar que arranca con Santos Floriano González, que ya en 1900 regentara en la Plaza una imprenta y una droguería. Y en esa cacereñísima calle nació Santos Benítez Floriano, que antes de ser designado Cronista Oficial de Cáceres fue Premio Extraordinario de Bachillerato, licenciado en Geografía e Historia, director del Patronato de Turismo, Artesanía y Cultura tradicional. También es mayordomo de la Cofradía de Jesús Nazareno y de la Virgen de la Misericordia.

Y en la calle Caleros también nació Rafaela García, que a los nueve años de edad ya trabajaba, para ganarse el pan con el sudor de su frente, lo que se dice pronto, pero que muy pronto, de niñera en el palacio del Conde de Canilleros, y que fue homenajeada hace escasos meses por el Ayuntamiento al haber cumplido los cien años de edad, en medio del cariño de toda la larga estirpe familiar que la sigue en el ritmo de la vida en Cáceres.

Una calle, de y desde siempre, con una larga lista de personajes que se fueron y se van incrustando en las páginas de la historia de Cáceres por una variada muestra de sensibilidades.

Calle que marcha entre piedras y lavanderas, entre caleros y saetas, entre crónicas de la historia y oraciones al altar de la Montaña, entre silencios, que dormitan en el seno de la ciudad, y pasiones que se agigantan en el transcurso del tiempo como uno de esos señeros pasos de la propia capital cuando cualquier vecino, de la calle Caleros o de cualquier otra calle, se acerca a la mimsa y va viendo, paulatinamente, el sosiego sereno del camino.

teresa la navera cofrades abc sevilla

Teresa, La Navera, vaya voz, le canta al Nazareno desde su rincón en el Adarve.

Teresa Macías, la Navera, seguramente la saetera más popular de todo Cáceres, también vivió un puñado de años en la calle Caleros, y donde se fue a vivir nada más casarse. Una calle en la que Teresa, a la que quería todo Cáceres, fue la mar de feliz. Sobre todo cuando cantaba, lo que hacía de maravilla, y, más aún, en su recuerdo de aquellas Navidades, como nos relata su hijo Fernando Montes Macías, en las que se reunían los vecinos y se lo pasaban pipa entre villancicos al ritmo de zambombas, panderetillas, almireces, guitarras, botellas de anís, botellas de panetes, castañuelas. Y, claro es, con mantecados, mazapán, turrón, polvorones y sidra en la celebración navideña de paz, amor y felicidad.

Pero lo suyo fueron las saetas que recorrían el alma, la esencia y el paisaje de las emociones en la Semana Santa al ritmo de los desfiles procesionales y el paso de Vírgenes y Cristos. Tan es así que Cáceres ha inmortalizado con un azulejo el Rincón de Teresa, la Navera, incrustado en el callejero de la ciudad, allá, en El Adarve, en lo que fuera la Casa-Palacio de los Pererros, en la inmensidad del corazón de la Ciudad Medieval.

Un lugar privilegiado, en esencia, desde el que, en medio de un impresionante silencio, sin ruido alguno, con todos pendientes de su voz, Teresa, nuestra querida Teresa, se arrancaba e impregnaba los latidos del corazón de todos, mientras se nos compungía el alma al paso del Nazareno, en la Procesión de la Madrugada o del Cristo Negro, con aquellas sublimes letras que salían de la reflexión serena de don Miguel Muñoz de San Pedro o de ese poeta de Ahigal, Juan García, conocido como el Cartero-Poeta. Una de las letras decía:

Con las alas de un mosquito

hizo la Virgen un manto

y le salió tan bonito

que lo estrenó el Viernes Santo

en el «intierro» de Cristo.

Como allí, en la más que cacereñísima calle Caleros, en su número 53, Narciso Mangut Gaspar, casado con Vicenta López, que, en su día, puso en marcha su negocio con un horno de cal, allá en el Camino de maltravieso, y que heredaría, posteriormente, su hijo Baldomero. Por aquellos pagos de Caleros también vivió, por ejemplo, Agustín Vaca Holgado, calero asimismo de profesión, hijo de Sebastián, también calero, y de una lavandera, Dioni Rebollo, que es de las que blanquea la fachada de la casa de año en año en los días previos a la bajada de la Virgen. Por allí también se andaba Tomás Holgado, perteneciente a una familia tan popular como son los Cachichi, como estaba La Salva, con su tienda de chucherías mil, que arrastraban a una legión de chiquillos…

Y como estaba la lavandera de siempre, Lorenza, la Gata, que según señala en uno de sus artículos de la sección «Ventanas a la ciudad«, era «un compendio de tradiciones cacereñas«, cuando se reunían los vecinos por la Navidad y cantar romances y villancicos con la pandereta, con el almirez, con la zambomba y también, claro es, con la botella de panete.

Una calle, Caleros, con c de Cáceres, con c de costumbrismo, con c de cordialidad, con c de cariño, c de corazón que vuelan hilvanados en la esencia de su magia.

Y una calle que en el año 1952 aparecía con ese profundo sabor que podemos apreciar unas líneas más arriba.

calle caleros azucena

Azucena Alvarez, que puso en marcha el grupo de Facebook «No eres de Cáceres si…» vive abrazada a la muralla en la calle Caleros.

Y en la calle Caleros vive y saborea el paladar del costumbrismo y de su vitalidad Azucena Alvarez, que regenta la papelería El Atril, en la calle Roso de Luna, y que echándole mucho amor propio y pasión a la ciudad puso en marcha hace un tiempo un grupo de Facebook, denominado «No eres de Cáceres si…«, en el que constantemente aparecen fotografías antiguas y modernas, historias de los personajes célebres, de sus actividades, de sus paisajes, de sus gentes, de sus costumbres, de sus añoranzas, como aparecen poesías. Todo un puzle, por consiguiente, de vital calidad histórico-documental, social y participativa en el Cáceres de hoy.

Una calle en la que también vivió Teresa Sánchez Romero que, nacida en el 44, y con escasez de diversión ciudadana infantil confesaba a Cristina Núñez en el diario «Hoy«, en marzo de 2013, que con diez o doce años ya escribía obras de teatro para sus amigas y que representaban en los zaguanes de Caleros.

Una casa que, lamentablemente, se vendió en su día, lo que le costó a Teresa sangre, sudor y lágrimas, y que sigue escribiendo mucho sobre la Ciudad Histórico-Monumental de donde guarda inmensos, profundos recuerdos de cuando su paso por las carmelitas.

Hay que decir y dejar constancia, asimismo, para que se lea en todas partes, que la calle Caleros, tal como se va viendo, y como tratamos de ir dejando constancia, paulatinamente, es mucha y buena calle, con el sabor de la historia, con la hondura de sus gentes, desde muchas generaciones ha, con el hechizo que emana de su propio nombre en el callejero cacereño, Caleros, y que destaca, sobremanera, como una calle de un impresionante sabor escénico que nos llena a todos de profundidad cacereñista.

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El imán Brazim El Azifi en la mezquita de la calle Caleros

Una calle en la que en el año 2006 se abrió la primera mezquita, denominada Tuba, cuya traducción es clemencia, Más concretamente en el número 11, donde anteriormente se asentaban los miembros de Testigos de Jehová, como lugar de culto, de encuentro, de escuela coránica y de lengua árabe para los más pequeños. Una mezquita considerada como por los mismos como símbolo cultural y de identidad, y con Brazim El Azifi, natural de Kenitra, cerca de Rabat, como primer imán. O, lo que es lo mismo, primer guía espiritual.

Y una calle, también, de la que María Hurtado Pérez, que se declara CATOVI, o sea, Cacereña de Toda la Vida, escribía el 30 de julio de 2013, en la web «Asuntos de Familia«, un texto titulado «Diario de una madre de provincias«, en el que tras señalar que si personalmente creía alcanzar el summum del cacereñismo al irse a vivir a la calle Caleros, un día uno de sus hijos, con tan solo cinco años, le espetó: “Mamá, nosotros no vivimos en la ciudad”, porque para él «Cáceres es Cánovas, La Madrila, Los Fratres o Moctezuma pero la calle Caleros NO es Cáceres, para él este barrio es simplemente…la Plaza”.

La autora finaliza señalando que «Tal vez mi hijo tenga razón y la ciudad de verdad comience en Cánovas. Yo me quedo con la parte antigua, la vida de barrio de Caleros y sus casas«.

CALLE CALEROS POR PABLO DONCEL

Así pintó en su día nuestro querido amigo Pablo Doncel, 1935-2015) la calle Caleros con la Iglesia de Santiago al fondo en una bella perspectiva…

Mientras tanto se va tejiendo, también paulatinamente, poco a poco, pero sin descanso, ese proceso de revitalización y renovación generacional, social y convivencial de la calle Caleros, que arranca con el Plan Urban-Calerizo en el que se especifica que trata de «reactivar económica y socialmente las ciudades y los barrios en crisis con el fin de fomentar un desarrollo urbano innovador y sostenible», aumentando de día en día la población joven que se interesa por vivir en el área extramuros del Casco Histórico-Artístico. y los comercios, de diferente tipología, abren, poco a poco, cada día más, las puertas de la ilusión.

¿Es el florecer de la Calle Caleros?

Seguramente, sí. Y ojalá no nos equivoquemos. Una calle, en suma, que desborda el más hondo y profundo sabor y calado a lo largo de la historia de Cáceres, y que siempre se encuentra en el epicentro de la ciudad por la hondura de su tradición y de sus tradiciones, de sus vivencias y hechos y logros e inquietudes, tan arraigadas en el pulso existencial de la misma, mientras todo su vecindario, a una, como en Fuenteovejuna, sigue trabajando, de forma esmerada, por la mayor y mejor recuperación de la misma y de todo su entorno, en la esperanza, claro es, del mejor futuro para todos.

Una calle, sencillamente, y nada más y nada menos, llamada Caleros. Lo que supone y mucho, ya de por sí, en nuestra ciudad. Y , además, enclavada en uno de los lugares más emblemáticos y más significativos y señalados de una ciudad, Cáceres, que, como la de Roma, es eterna. ¡Pedazo de calle…!

NOTAS:

01.- La primera fotografía, con el rótulo de la Calle Caleros, firmada por Ñirre está captada del blog pueblosdeespana.

02.- La segunda, mostrando la profundidad de la calle Caleros está captada del periódico «Hoy«.

03.- La fotografía de la ermita del Vaquero está captada del blog caminodeemaus.

04.- Las de la Virgen de la Montaña en la calle Caleros, el día de la bajada de Virgen, correspondiente a este año, la de la placa que distingue a la Calle como Hermana Mayor de la Virgen y la de las jóvenes ataviadas con el traje típico están cedida por ese  gran cacereñeador y amigo que es Fernando Montes Macías.

05.- La fotografía de Franquete, Hijo Predilecto de Cáceres, está captada de la revista Nuestra Voz.

 

 

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CALLE CALEROS, ¡PEDAZO DE CALLE…! by JUAN DE LA CRUZ GUTIÉRREZ GÓMEZ is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.

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