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Archive For The “Estampas” Category

EL PALACIO DE LAS CIGÜEÑAS, POR EL GENERAL GALINDO CASELLAS

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La historia de Cáceres se encuentra cuajada de testimonios, de recuerdos, de apuntes que enriquecen las hemerotecas en una amplia diversidad de manifestaciones. Como resulta, en este caso, la del General Antonio Galindo Casellas, que fuera Gobernador Militar de Cáceres entre 1968-1971.

Antonio Galindo Casellas de siempre mostró una cualificada inquietud por la panorámica cultural y fervientemente entregado a la de la capital y provincia de Cáceres.
Una inquietud y una pasión que le imprimió de una mayor cercanía y sensibilidad acerca de la ciudad, con la que tanto se involucró. Sobre todo, más allá de sus responsabilidades, como un amante de las tertulias, de las exposiciones, de los conciertos, de las conferencias, de las representaciones teatrales. Y en cuyas convocatorias donde se le veía con frecuencia y donde dejaba clara muestra de su inquietud y, a la vez de su identidad con Cáceres..
De cualificada vocación por el desarrollo de todas las manifestaciones culturales, Antonio Galindo Casellas, destacaba, asimismo, por su inquietud por la arqueología, por la pintura y el dibujo…
Artes, estas últimas dos, con las que se entretenía larga, detenidamente en su estudio, entre el caballete, las pinturas, las fotografías, las acuarelas, los libros, los óleos, los lienzos, los apuntes, que tanto le iban bulliendo poco a poco…
Viajero impenitente por numerosos países del mundo, apasionado por la belleza del Conjunto Histórico-Artístico de Cáceres, que tanto recorrió, que tanto estudió y que tanto divulgó y difundió, manifestando que se trata de la Ciudad más hermosa de cuantas conoció, nos legó, entre otras obras, este curioso y minucioso apunte sobre el Palacio de las Cigüeñas, sede del Gobierno Militar.

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PEDRO DE ALCANTARA EN SANTA MARÍA

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Pedro de Alcantara es, desde el año 1962, Patrón de Extremadura. Como también lo es, a su vez, de la Diputación Provincial de Cáceres. Intelectual, asceta, impulsor del movimiento descalzo, en lo alto de la oración y del sacrificio…

Pedro de Alcántara (Alcántara, 1499 – Arenas de San Pedro, 1562), de nombre Juan de Garavito y Vilela de Sanabria caminó por el recorrido de la vida con un esquema de recogimiento y de la manifestación de su amor en la oración, que llevó a cabo desde la toma de su hábito franciscano.
Caminó de puntillas, queriendo vivir de manera manifiestamente intensa, y, acabó siendo beatificado en el año 1662 por el Papa Gregorio XV, como años más tarde, en 1669, sería canonizado por el Papa Clemente IX.
Un día de silencio, esfuerzo y trabajo, tras cientos de días de silencio, esfuerzo y trabajo, puso en marcha el Convento más pequeño del mundo, situado en ese rincón cacereño conocido como Pedroso de Acim. El Convento del Palancar.
Divulgó la palabra de su andadura, de la meditación y de las oraciones por esas villas y lugares que abordaba, caminando, con frecuencia, con los pies descalzos.
Más allá, Una palabra, la suya, que hasta donde cuenta la historia, impregnaba todos cuantos le escuchaban
También se guió fray Pedro de Alcántara junto a los pasos de Teresa de Jesús. 
Con una trayectoria espiritual, vital, entre numerosos desencuentros en su camino religioso, con el que alcanzara la cota de la santidad, que queda enmarcada en Cáceres, allá por el año 1954 el escultor hervasense Enrique Pérez Comendador le imprimió tanta vida a su escultura, que, formando parte de ese conjunto histórico y urbano de la Plaza de Santa María, se convirtió en un símbolo y en un referente para los cacereños…
 
… Tal como lo demuestra el color de los dedos de sus pies, amarilleados, sobre el resto de la escultura, por la devoción y curiosidad ciudadana al pasar los manos por los mismos, tirando de una tradición desde la fecha de su ubicación. 
Ya reza la cultura popular que desde la ubicación de la estatua de San Pedro de Alcántara, en ese inmenso espacio, en el esquinazo de la iglesia de Santa María, camino habitual de los bachilleres hacia el Instituto Nacional de Enseñanza Media «El Brocense«, los estudiantes procedían a tocar los pies del santo solicitando su ayuda para salir bien de sus exámenes. Costumbre muy arraigada en Cáceres y que, por ende, se extendió a los cacereños que pasan ante la estatua y demandan rogativas y remiten plegarias al santo. Tal cual ya hacen tantos y tantos visitantes por la Ciudad Medieval de Cáceres. Siempre fascinante. Hechizante siempre. Donde bulle el silencio, la soledad, las cigüeñas, los vencejos, las chovas, la belleza de la historia acompasada con el silencio sacrosanto de Pedro de Alcántara.
Una imagen, cuajada de austeridad y espiritualidad, en el corazón de Cáceres.

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CAPEA EN LA CUMBRE

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Recorro el poema de mis apuntes y archivos cacereños. Y he recalado, por azar, con esta fotografía reflejando el paseíllo de una capea festiva  en el municipio cacereño de La Cumbre… Nada más y nada menos que en los comienzos de los treinta, que aparecía publicada en la revista «Blanco y Negro». 
Aquellos días tocaban a fiestas en ese rincón de La Cumbre, enclavado como un haz de canto extremeño, entre Trujillo y Montánchez, en honor de la Virgen de la Asunción.
Toda una algarabía del gentío. Verbenas, canciones típicas, misa, la vestimenta tradicional, corrillos, sonrisas, música…
Y, siempre, también, claro es, un apunte de capea que desbordaba al paisanaje, que aguardaba largo tiempo para estas fiestas donde se exalta la pasión del amor a la tierra, al pueblo, al fervor tradicional…
Serían, pues, las cinco de la tarde, como aquellas campanas que retumbaban cuando el poema de Federico García Lorca «Eran las cinco en punto de la tarde…».
No había clarines y timbales… Pero cómo se armaba la estampa taurina y festiva de La Capea de un pueblo, como todos los de España, en fiestas, tal como nos muestra la hermosa fotografía de Reverter
Todo el mundo de La Cumbre y algunos forasteros se apretujaban entre carros y ventanas para aplaudir, para incentivar a los valientes que no quitaban la vista del portón de los sustos y del astado que deambularía por el ruedo… Un ruedo arropado con carros formando la barrera contra las abatidas del burel como se aprecian y distinguen asientos de preferencia para los dueños de los mismos y familiares…
Palcos altos y seguros para las autoridades y el inicio del paseíllo con el jinete del pueblo sobre el caballo para pedir la llave a la autoridad pertinente.
Todos ellos, tal como se aprecia, grandes y altos, menos el diestro, el principal de los protagonistas, que con su baja estatura parece querer enterrarse en la arena… Y de los desplantes y carreras, y de los quites y de los trompazos, y de los sustos y de los chillidos, y de los olés y de las ovaciones a los émulos de aquellos grandes toreros que se vestían de luces por cosos como Las Ventas madrileña.
Solían actuar maletillas trashumantes, con cara de hambre de pan, con cara de hambre de sueños, y que transitaban por las carreteras con el hatillo al hombro, por el que asomaba el puño del estoque… Se lanzaban al ruedo con sus impulsos de gloria torera… Y, al terminar, pasaban un capote y recoger unas pesetas que lanzaba el público. por su actuación y gestos de valentía y coraje torero ante el paisanaje.
Una fotografía que acumula el paraje de tantas capeas en las que el firmante por ejemplo, y sudaba tinta porque un eral le pasaba a quince o veinte metros. Al acabar el festejo el jovenzuelo paseaba con sus amigos como si fuera un héroe, pero nadie le miraba…
Gracias, Reverter, por esta extraordinaria fotografía que nos dejaste y con la que me topé, casualmente, serpenteando camino de los parajes documentales de la geografía provincial cacereña. aún no se cómo llegué a ella.

 

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NATIVIDAD GABRIEL, AUTORA DE LA LETRA DE LA «JOTA DE ALCUESCAR»

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La «Jota de Alcuescar», también conocida como «Jota del Candil», es una de las muestras más representativas del folklore de la geografía altoextremeña. Una danza que forma parte del repertorio de la mayoría de las Agrupaciones Folklóricas de Cáceres.

 

La «Jota de Alcuéscar«, también conocida como «Jota del Candil«, una de las danzas populares más representativas del folklore de la provincia de Cáceres, nació alrededor de la letra compuesta por Natividad Gabriel Cañamero, (1894-1959), que figura en la historia de la localidad altoextremeña como un personaje muy popular, organizadora de fiestas y actos religiosos, poetisa, muy devota de la Virgen del Rosario y defensora de la fe. La misma, fruto de su inquietud popular, procedió a escribir muchos poemas, como «Siembra del Lino», «Honores a mi Pueblo»…

Natividad, mujer defensora de las tradiciones y valores del pueblo, en las más variadas manifestaciones y sentimientos alrededor del municipio de Alcuéscar, quiso recoger el mejor sentir de las gentes de la tierra a través de la hondura y raigambre de las gentes alcuesqueñas y entrelazándolos con la patrona del municipio.

La música de «La Jota de Alcuéscar» es obra de Pedro Cámara y de Francisco Gil, bajo la coordinación del sacerdote Leocadio Galán, que fuera fundador de la Casa de Misericordia “Los Esclavos de María y de los pobres”

La misma se estrenó en el año 1952, con motivo de la inauguración y bendición de la ermita Redonda.

Es de destacar, como curiosidad, que durante la interpretación de la misma los bailaores lanzan a las bailaoras unas «bombas«, de aire picaresco, como:

¿Fuiste tú la que metiste

a San Antonio en un pozo

y le diste de zambullías

hasta que te sacó novio?

«Bombas» que se dedican con el mozo galantemente arrodillado ante la moza correspondiente y en medio del bullicio, alegría y expresiones jocosas por parte de todos los bailaores y bailaoras.

Para ello, curiosamente, se hace un alto en la representación de la danza, el mozo piropeador grita «¡Bombaaaaa!» y se dirige a la moza. Al final de la misma la joven le ofrece la mano para que se levante el mozo.

O:

Cuando llegará el día

y aquella feliz mañana

en que nos traigan a los dos

el chocolatito a la cama.

O:

Eres como el pino verde

que arriba tiene la copa,

eres como el caramelo

que se deshace en la boca.

O:

Cacereña,

campesina,

eres la mujer más fina,

que Dios ha plantado en la tierra.

Unas «bombas» o piropos de los que existen  decenas y decenas de composiciones que se han ido elaborando en el correr de los tiempos, fruto de la imaginación de los mozos y bailaores que interpretan la «Jota de Alcuescar«.

En muy escaso tiempo la «Jota de Alcuéscar» logró abrirse un hueco de relieve en ese amplio y hermoso repertorio de llamativa relevancia como son «El Redoble», jota dieciochesca cacereña, «El pollu», de Montehermoso, la «Jota de Guadalupe», «El Perantón», de Zarza de Granadilla, «La Vitorina», entre otras muchas, que enriquecen, al medio del ritmo entre bandurrias, laudes, guitarras, botellas raspadas con cucharas, flautas, tamboriles, castañuelas, panderetas, la magnitud del folklore altoextremeño.

Una jota cuya letra original reza del siguiente tenor:

El pueblo de Alcuéscar tiene (bis)

un orgullo bien fundado,

porque tiene de patrona
a la Virgen del Rosario

(Estribillo)
Dicen los segadores
que van segando,
quien bebiera tu agua
Fuente´l Castaño,
Fuente´l Castaño, niña,
Huerta la Orden,
para estar más cerquita
de mis amores

Brilla la ermita redonda (bis)
como el anillo en el dedo,
que va lleno de diamantes,
más brilla la Virgen dentro

Dicen los segadores, niña chiquita,
quien estuviera cerca de aquella ermita.
De aquella ermita, niña, de aquella ermita,
pa´ rezarle el rosario a la Virgencita

¡Bomba!

En nuestro pueblo de Alcuéscar
se crían buenas mozas,
humildes y trabajadoras
como manojos de rosas.

¡Bomba!

Aunque tu madre te esconda
debajo de una baldosa,
mañana por la mañana
te tomaré por esposa.
¡Que baile!

Va subiendo por la cuesta (bis)
a la cima del Calvario,

la que apareció en la ermita
con el Rosario en la mano.

(al estribillo)

¡Bomba!

Siempre te he de querer
con amor y con dulzura,
porque tú eres la mujer
más guapa de Extremadura
¡Que baile!

Va subiendo por la cuesta (bis)
a la cima del Calvario,
la que apareció en la ermita
con el Rosario en la mano.

Dicen los segadores, niña chiquita,
quien estuviera cerca de aquella ermita.
De aquella ermita, niña, de aquella ermita
pa´ rezarle el rosario a la Virgencita

El pueblo de Alcuéscar tiene (bis)
un orgullo bien fundado,

porque tiene por patrona
a la Virgen del Rosario.

NOTA: He de añadir, como curiosidad, que cuando el autor de este Blog formaba parte del Grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres, al pasar por la frontera, camino de una actuación en Viana do Castelo, a instancias del director de la rondalla, el popular Fito Romero, siempre con un manifiesto sentido del humor, me dijo que por qué no le pedía a los guardias la traducción de una «bomba» e interpretarla en portugués ante el auditorio. Y lo que comenzó siendo la típica broma entre compañeros acabó siendo realidad. Resultando de tal forma que el bailarín, llegado el momento, en vez soltar la misma en español («Eres como el pino verde/ que arriba tiene la copa/ eres como el caramelo/ que se deshace en la boca), dijo:

Eres como o piñeiro verde

que ensima ten a copa,

eres como o rebosado

que se desfa na boca…

AGRADECIMIENTO: A Eufemia Bordallo, presidenta de la Agrupación Folklórica «Virgen del Rosario«, de Alcuéscar, que nos ha facilitado el extraordinario documento fotográfico de la autora de la letra, y a Lola Silva.

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DE LA EMIGRACION CACEREÑA

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Al hilo de un anuncio de la Caja Rural Provincial de Cáceres, de señalada presencia a lo largo y ancho de la geografía altoextremeña, incido, de nuevo, en la crudeza migratoria de nuestra tierra tan incrustada en La España Vaciada.

Una forma de tomar presencia y acercarse al mundo de la agricultura y de la ganaderia cacereña, al panorama rural, antes tan consistente, siempre tan esmerado, permanentemente tan trabajador y honrado, aunque sus pueblos, sus municipios, sus gentes, ya comenzaban a padecer en las carnes del paisanaje, los más vehementes zarpazos de la emigración, que se cebaba, sobre todo, fundamentalmente, con nuestras gentes y, más aún, con los brazos más jóvenes y que iban estirándose hacia arriba entre pasiones de aquellos lugares de los que les iba arrancando la llamada de la industrialización, por tantas desatenciones a panorama agrícola-ganadero cacereño. 
Un ámbito rural, el de nuestras gentes y pueblos cacereños, de tanta hondura y generosidad y sacrificio y capacidad de aguante y resignación y desesperanzada esperanza que ya engrosaba, con tanta dureza y severidad, los muy amplios segmentos, caminos y derroteros que hoy, ahora, conforman los senderos de La España Vaciada, de la que tanto se habla ahora… Cuando ya tiene ante sí un panorama desolador y francamente complejo cuajado de interrogantes, ante ese largo abanico de desatenciones, de desprecios, por parte de las estructuras políticas y administrativas…
… Y, atrás, ya iban quedando, cada vez más abandonados, más desolados, el paisanaje, profundamente humano, el campo, extraordinariamente rico, la historia y las páginas de la historia de los pueblos, sencilla, magistralmente inmensas, que se van quedando desde hace unas cuantas décadas, cada vez más arrinconados, entre lamentables silencios y muy crueles olvidos, mientras otros, tantos, callan…
Pero nadie de las altas instancias hizo el menor caso… Qué lástima…!.
¡Cuánta buena gente de las tierras y de las campas y de los pueblos y de los hombres y de las mujeres y de los más pequeños, que siempre soñaron con luchar por, en y con su pueblo, mientras esos procesos industrializadores, alzados por otras regiones de España, les arrancaban  de aquellos lugares en las que les nacieron….!
… Y al mismo tiempo, como gritaban hace un montón de años un grupo de personajes de mi novela «Tierra de silencio», que eran expulsados de sus pueblos, inundados por una lluvia de lágrimas de alma, compungidos en la pena, abrazados a aquellas inmensas tierras cacereñas, gritaban:
— ¿Por queeeeeeeeeeéeee?
Silboteaba el viento que se colaba entre aquellas paredes adornadas con cencerros y velas, c0n lares donde crepitaba la leña de encina, con esa gigantesca multitud de soledades y de estrepitosos silencios, fotografías de los nietecillos creciendo por los páramos migratorios…
… Y, mientras el grito se perdía por las veredas y los andurriales del pueblo, sembrados y crecidos entre nubarrones de olvidos, nadie tuvo el valor de responder tan siquiera.
¡País, paisaje, paisanaje de la siempre tierra cacereña…!

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63 AÑOS DE TELEVISION ESPAÑOLA Y, GRACIAS, SIEMPRE

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Hoy, 28 de octubre, se cumplen 63 años de la puesta en marcha de Televisión Española. Una Casa que un día, allá por los mediados de los 70, me acogió con la generosidad de las puertas abiertas. Hoy, pues, es un día de recuerdos, para tantos y tantos compañeros, tantísimos y extraordinarios profesionales y tantísima buena gente, como todos los que me encontré en el camino, con casi cuarenta años de servicio.

 

Programa "Parlamento". Año 1981.

Programa «Parlamento». Año 1981.

Tras pasar por la Escuela Oficial de Radiodifusión y Televisión y la Facultad de Ciencias de la Información, aprendí todo de todos ellos: Verdaderos Maestros del periodismo, de la cámara, de la realización, del montaje, de la presentación, del reporterismo, de la iluminación, de la documentación, de la producción, del rigor y del magisterio de la hondura profesional…

¡Qué gran Televisión (mejor, con mayúsculas) se hacía en aquellos tiempos, en base a señalados trabajos de todo el colectivo, y continúa haciéndose…!

Citar a un puñado de personas, tan solo a título de ejemplo, del calibre profesional, y humano, de Luis Mariñas, de Ladislao Azcona, de Diego Carcedo, de Pedro Macías, de José Luis Balbín, de Matías Prats, de Jesús Hermida, de José Marín Quesada, extraordinario realizador y gran amigo, de José María Iñigo, siempre de largo mostacho y cordialidad, de Tico Medina, de Manuel Martin Ferrand, de Miguel de la Cuadra Salcedo, (que me firmó un  autógrafo. perdido por el olvido y trajín de los papeles, donde se leía, más o menos, «A Juan de la +, que, quién sabe, algún día podría ser mi jefe«, y que lo recibí enrojecido), de todo un gigantesco abanico inmenso de nombres, es dejarse atrás al mismo tiempo una larga, inacabable lista de personas entregadas al día a día entre, por y hacia los caminos de Televisión Española, ahora que otros compañeros van escribiendo los aconteceres de aquellos pasos, conformando la propia historia de una historia sorprendente y que tanto nos seducía a todos, además, claro es, del reflejo que representaba a través de la pantalla, irradiándose por todos los caminos de España.

Por ahí quedan las páginas de mi siempre humilde trayectoria, y cuyos pasos iban moviéndose y deslizándose, paulatinamente, en medio de aquella gigantesca y familiar empresa de RTVE en Prado del Rey. Y donde tantas horas dejábamos (a veces solo nos faltaba dormir sobre el césped de los jardines de Prado del Rey, junto al lago de los patos que por allí deambulaban). porque la entrega era común y absoluta en todos los profesionales. Siempre obedecíamos a un mandamientos que se nos inculcó desde el principio: Siempre manda la actualidad y la prioridad informativa.

Pero he dejar constancia de aquellos segmentos del tiempo, cuando, en aquellos ratejos libres y de ocio, uno se incrustaba, por los estudios cuajados de decorados gigantescos, donde se realizaban programas de teatro, de entretenimiento, infantiles, musicales… Todo era aprender disfrutando. Te podías encontrar, para el álbum de la memoria colectiva, a Laura Valenzuela maquillando su belleza por los pasillos, a Manolo Escobar sonriendo y canturreando pasodobles, a un cámara a todo meter con unas imágenes de última hora para el Telediario, o con Tip y Coll, éste más filósofo, aquel más cercano y dicharachero, siempre inconmensurables, o con Mariano Medina, «El hombre del tiempo«, tal cual se le conocía por todas las esquinas, que saludaba en voz baja como no queriendo molestar, acompañado de sus viejas carpetas con unos cuantos mapas del tiempo, o con Sara Montiel, o con Paco Camino, o con Adolfo Marsillach, Marisa Medina, o con Jana Escribano, locutoras de gran realce, o con un grupo de paisanos de cualquier lugar, ataviados con el traje típico, que iban a grabar unas danzas populares para cualquier programa, mientras se acompañaban de los acordes de las bandurrias, de las guitarras, de las panderetas, y que miraban por todas partes, con un ayudante de producción y una azafata al frente que les guiaban en la larga caminata hasta el estudio correspondiente, o con los conocidos como los Hermanos Malasombra, que protagonizaban un curioso programa infantilTodo un mundillo variopinto a caballo, por tanto, de numerosas parcelas.

O con Isabel Tenaille, o con Mary Cruz Soriano, siempre la mar de cordiales, que tenían el despacho de los programas que presentaban junto a aquel en el que yo trabajaba. o con Adela Cantalapiedra, compañera de programa, que nos acompañó a una de las ediciones del Cerezo en Flor, o con Joaquín Arozamena, o con Victoria Prego, o con Pedro Erquicia, que marchaba, siempre, como reflexionando cartujamente, hacia su despacho de «Informe Semanal«, o con Matías Prats, junior, de siempre incrustado en la inquietud del panorama deportivo, o con Alberto Delgado, cronista político y parlamentario, o con Miguel Ors, o con Cristina García Ramos, que también compartió con un servidor tareas de presentación en el mismo programa…

¡Qué fácil, como podréis observar, resultaba aprender, con profesionales de tanto relieve…!

Todo un mundo, queridos amigos, que habrá que ir desglosando, siquiera sea por su fascinación. ¡Qué sencilla, qué mágica, que inmensa era aquella TVE, que rezumaba un aire cálido, humano por aquellos pasillos, por aquellos estudios, por aquellos decorados…!

En este tiempo de recuerdo queda, inolvidable, aquel día que mi siempre querido y llorado amigo Juan Rodríguez Ruiz, que dirigía el programa informativo «Desde la bola del mundo«, me comentó entre bambalinas:

— Juan, mañana no se te olvide venir con chaqueta y corbata…

Solo atiné a decir:

— ¡Pero si siempre vengo así, Juan…! –repliqué, –entre la timidez y la expectativa del motivo sobre la orden del director del programa.

Me dio una cariñosa palmada en la espalda, sonrisa semicontenida –ahora que lo pienso, tras tanto tiempo– y me dijo tan solo:

— ¿Aquí quién es el jefe?

Pensé en que se trataría de una entrevista de carácter «extraordinario«, por darle alguna denominación, algún almuerzo de trabajo…  Pero me equivoqué de pleno. Llegado el día siguiente, a eso de diez de la mañana, Juan Rodríguez mientras uno tecleaba el texto para alguna de sus informaciones (probablemente sobre algún tema de Cáceres, remitido por Enrique Caldera o Luis Bravo,  dijo:

— ¡A la una y media más o menos bajas a la sala de maquillaje…!

Se llevó el dedo índice a la boca, en actitud de que me callara. Y obedecí impacientemente, para no engañarnos, mientras cada quince o veinte minutos, miraba el reloj, cuyas agujan avanzaban de forma inexorablemente. Seguía sin entender que pasaría a la una y media la tarde. Aquello parecía un jeroglífico, en los que jamás he sido muy experto. Minutos más tarde llegaba la presentadora habitual del espacio, Nieves Romero, de larga trayectoria en RTVE. Juan, entonces, nos reunió a los dos y dijo:

— Como ya sabe Nieves, hoy comienzas a presentar el programa.

Me quedé «in albis«. Completamente mudo y sin palabras.

Nieves, mientras le correteaba una lagrimilla de emoción por el rostro, me dio un largo y cálido abrazo:

— ¡Mucha suerte, Juan…! Te quiero un montón…!

Me quedé absorto. Llamé a mis padres. Don Valeriano y doña Dorita, claro, avisaron a familiares y amigos. Imagino que mi debut estaría invadido por los nervios de lo que representaba mi nuevo cometido. Pero siempre decidí seguir a pies juntillas los criterios de tantos buenos jefes y compañeros de andanzas por aquel mundillo salpicado de curiosidades, de información, de aventuras…

Tras el debut, al abandonar el estudio televisivo, allí estaban Juan Rodríguez y Nieves Romero, que salían del control. Solo oí tres palabras que parecían salidas al unísono:

— ¡Bien, Juan, bien…!

1985: Director de TVE-Navarra.

1985: Director de TVE-Navarra.

Luego, paulatinamente, fui recorriendo un montón de caminos entre compañeros y amigos. Citar de entonces a unos cuantos, en aquellos comienzos, es un tributo de justicia en la memoria y en el respeto a todos ellos. Los cito y dejo constancia hasta donde me llega la reflexión de un denso día emocional.

A los ya citados, añado: José Luis Pimentel Herrera, Subdirector del Programa, José Miguel Sierra Mackiew, realizador, José María Echevarría y Manuel Yébenes, montadores, María Jesús Jarque, Luisa Aleñar, Leonor Ruiz, José Julio García, redactores, Rafael Bellido, en la producción… Ya saldrán más nombres… Y los corresponsales gráficos, y algunos gráfico-redactores, en todas esas diecinueve provincias, que también iremos sacando poco a poco, por ser, asimismo, de justicia. El equipo de Cáceres, ya queda señalado, Emilio Rodríguez Olivenza y Manuel López, de Badajoz; Saturio Ugarte, de Soria; Pedro Peral, de Ciudad Real; Mayoral, de Avila, Juan Antonio Prieto, de Santander, Texeda, de Cuenca, diversos reporteros gráficos de los Servicios Informativos Centrales que prestaban su colaboración accidental porque andaban muy ocupados en sus grandes y excepcionales reportajes de todas las temáticas y por todo el mundo, creando escuela, como Emilio Polo de Guinea, José Manuel Alaiz de la Fuente, Cayetano Mesa, Evaristo Canete, Germán, Pepe Peciña, Reverte, acompañando con la extraordinaria calidad de su hondura, con la cámara al hombro a Miguel de la Cuadra Salcedo, a Luis Pancorbo, a Jesús González Green… Y los ayudantes de cámara como Antonio Gómez Carrascal, Miguel Cañadas Santiago, Francisco Mínguez, Manuel Ovalle, Agustín Ballesteros, que más tarde, serían otros excepcionales reporteros gráficos.

Hago un alto. Tomo aliento. Sigo con reporteros gráficos: Valentín López Hernán-Gómez y Paco Cerro, que seguía las actividades de la Casa Real, con Celso Ferreiro como Informador, Agustín Ballesteros Sorarraín, Fernando Ruiz del RíoGabriel Flores, Pedro Horcajuelo, Escamilla, Alberto Ramos… Sigo con periodistas: Miguel Vila,  de deportes, Juan Antonio Franco Oliván, informador especializado en la Bolsa, Joaquín Castro Beraza,  que más tarde sería Director de los Servicios Informativos, Mary Carmen Izquierdo, el primer rostro femenino en la información deportiva de TVE, Alejandro Heras Lobato, Baltasar Magro, Santiago López Castillo, José Hervás, Rafael García Arranz, que posteriormente estaría al frente de Teletexto, imprimiéndole un impulso relevante, Luis Ignacio Parada, especializado en Economía, Elena Martí, en Política internacional, Carmen Enríquez, informadora de la Casa Real, Augusto Rey Vilas, Ramón Barro, Celso Vázquez, Carmen Sastre, Alejandro Plaza, Carlos Estévez, Antonio Martín Benítez, José Martos Domínguez, José María Varona, Francisco Rioboó, Agustín Cortajarena, José María Almela, Rosa María Artal., José Angel de la Casa, compañero de estudios, que retransmitiría cientos de partidos de fútbol…

Y otros presentadores de Informativos: Clara Isabel Francia, Manuel Almendros, Mary Carmen García Vela, Florencio Solchaga, Jesús Alvarez, Julio César Fernández, Gustavo Cantolla, Rolando Gómez de Elena, Tello Zurro, David Cubedo, la voz de oro del NODO…

Y realizadores: José Marín Quesada, de un impecable y brillante currículum, todo un capítulo de la televisión, Luis Tomás Melgar, Pepe Terribas, José Lombardía, Carmelo José Barrera…

Y otros montadores; Xoqui Saire, Diomedes Bravo, Santiago Terroba

Y corresponsales desparramados por esos complejos vericuetos de la panorámica internacional: José Antonio Plaza, en Londres, Paloma Gómez Borrero, en Roma, Manuel Piedrahita, en Berlín, Miguel Veyrat, en Rabat…

Y productores: Javier Fuentes Jiménez, José Enrique Ballesteros, que hoy desempeña su trabajo en el Centro Territorial de TVE-Madrid…

Y tantos buenos técnicos: Pablo González Tocino, de sonido, que luego sería un  gran realizador deportivo, Fausto Tortosa Verdú, documentalista y más tarde redactor…

Ha sido, perdonadme y permitidme, un pequeño desahogo, si se quiere, histórico. Hoy más que nunca, en este cumpleaños de Televisión Española, pues, quiero dejar constancia pública de mi máximo agradecimiento a una empresa de extraordinaria relevancia social, ante la que un día me presenté con esa sana circunspección que se le presentaba al novato. Y encima, además, rodeado de tantos buenos profesionales, de caras conocidas, de periodistas excepcionales… Una empresa a la que, ahora, en su nuevo cumpleaños, debo completamente todo.

Atrás queda un largo haz  de Crónicas, de Reportajes, de Entrevistas, de Acontecimientos, de Viajes, de miles de Anécdotas, de Curiosidades, de Documentación, de Responsabilidades, de Sueños y de Insomnios, de horas de montaje en aquellas cabinas donde tanto se aprendía…

Una empresa, RadioTelevisión Española, que me dio tanto, que ahora, desde el aire hilvanado de la emoción, la celeridad pautada de tantas estampas, de mis trabajos, trato de plasmar como en esa cabalgada  que tanto me fue llenando día a día de un ámbito que tanta generosidad derrochaba con todos nosotros.

Aquí dejo hoy, pues, unos compases del tiempo, desde mi más intensa e inmensa gratitud a tantos compañeros que tanto que me ayudaron, mientras espero seguir y continuar la andadura. Creo honradamente, con la mano en el alma que merece, sencillamente, la pena.

Hoy, pues, va por todos ellos. Los que figuran en esas lineas que ya quedan dibujadas en el paisaje de las lineas escritas y los que van a seguir acompañando esta trayectoria. Así, pues, va por todos ellos.

Qué gran empresa, amigos…!

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EL TRAJE TIPICO DE CACERES EN UN CUPON DE LA ONCE

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El Traje Típico de Cáceres se conforma, en sus diferentes prendas y manifestaciones, como una joya histórico popular en el transcurso del tiempo, siendo, cada día, cada día más admirado por todos los lugares del mundo. Un traje de extraordinaria raigambre e identidad costumbrista que se airea en todas las manifestaciones festivas.  

A lo largo de la historia son numerosas las estampas, las tarjetas postales, los dibujos, los cuadros, los cromos de álbumes de colecciones infantiles diversas, las ilustraciones de libros, calendarios, y un largo etcétera, que aparecen con el Traje Típico de Cáceres, tal como vamos recogiendo, paulatinamente, en nuestro blog: «CACEREÑEANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ«.
De este modo, sin entrar en las consideraciones específicas de la indumentaria popular cacereña, sobre la que existen numerosos artículos, ensayos, reportajes, investigaciones, de muy acreditados estudiosos, de antes y de ahora, como los que conforman los nombres de Manuel García Matos, Angelita Capdevielle, Domingo Sánchez Loro, Valeriano Gutiérrez Macías, María Fernanda Sánchez Franco, Manuel Trinidad, Juan José Domínguez Moreno, y otros muchos, analizamos, pues, las fuentes de la curiosidad desde la perspectiva de esas Otras Estampas, por darle una denominación a tantas imágenes de y sobre el Traje Típico de Cáceres.
Como es, por ejemplo, la que resulta de la aparición de este cupón editado el 22 de Noviembre de 1996 por la Organización Nacional de Ciegos Españoles sobre el Traje Popular de Cáceres, dentro de la serie tan acertada como resulta la de TRAJES TÍPICOS.
Una llamativa imagen que es original del pintor, ilustrador, dibujante y figurinista Lluis Labarta y Grañé (Barcelona, 1852-1924), con litografía de Magín Pujadas, que, en su día, que llegó a ser Director Artístico y Litográfico de la Editorial «Espasa y Cía«, creada en 1881. y para la que fuera elaborado dicho dibujo.

Dicho cupón representaba, tal como se puede apreciar, la imagen de la vestimenta típica de una joven cacereña que aparece representada, además, con la estampa, tan conocida y frecuente en su día, con el cántaro al cuadril. Unas imágenes curiosas de estampas tan duras como aquellas inveteradas caminatas de las mujeres y chicas cacereñas hasta las fuentes y cargar con el agua precisa para hacer frente a los diversos menesteres caseros que se necesitaban en todos los domicilios familiares.

Ese día, hasta donde relata la historia popular del callejeo por Cáceres, los vendedores de los cupones de la ciudad que invaden las esquinas de las principales calles, sobre todo del centro del caso urbano, añadían a su habitual pregón de «¡Los iguales para hoy!«, el de:

— «¡La suerte de la ONCE, hoy, seguro, con el cupón del Traje Típico de Cácereeeeeeeees!«.

Una estampa, por cierto, que como es lógico, dio lugar a numerosas tertulias en la calle, en la barra de los bares, en las tiendas, en las tertulias vecinales, en los soportales de la Plaza, Pintores arriba, Pintores abajo, Cánovas arriba, Cánovas abajo, a la hora de pegar la hebra, y centrar una amplia y variopinta diversidad de chácharas en en el hilo argumental la imagen del Traje Típico de Cáceres en el cupón de la Organización Nacional de Ciegos de España.

— ¿Ha visto usted, señora Genara, el cupón de la ONCE de hoy? –dijo un tendero del mercado.

— ¡Lo han dado hasta en la radio esta mañana…! ¡Y tiene a una muchacha con el traje típico de Cáceres!. –respondió el carnicero, vecino de puesto, mientras partía con el cuchillo unas chuletas de cerdo.

— ¡Ah, pues no sabía nada…! ¡¡Madre, qué alegría para todos…!–respondió el ama de casa, mientras sacaba de un bolsillo del abrigo la lista de los productos que tenía que adquirir… Entonces el carnicero, de profuso bigote, con pelo entre grisáceo y canoso prematuro, con amplia sonrisa, le enseñó un cupón del día a la señora Genara:

— ¡Mire usted qué bonito…! ¡A ver si nos toca por este motivo…! –y se lo pasó varias veces por el pecho, llamando a la suerte, tal como había aprendido desde siempre y en la esperanza de que el premio llegara su número. Lo que, en definitiva, hacen y hacemos todos.

La señora Genara no estaba dispuesta a que la suerte del cupón de la ONCE, bellamente ilustrado con una joven ataviada con el Traje Típico y Popular de Cáceres, pudiera tocarla a todos, menos a ella.

— En cuanto que salga de aquí voy a ver si me encuentro con un vendedor de la ONCE, que hoy, seguro, nos van a dar un poquito de suerte…

De repente, en medio de la algarabía tan frecuente en el mercado, entre un rumor continuado de voces y de charlas amenas, la mar de animadas entre vendedores y clientes, que si una oferta de los tenderos, que quién da la vez en la cola, que el bacalao acaba de llegar ese misma mañana de Bilbao, se oyó un vozarrón por encima de los otros:

— ¿Quién quiere un cupón con el Traje Popular de Cáceres…?

Al escuchar el anuncio del vendedor pareciera que se hizo un silencio. En ese impasse tan solo se oían los golpes del bastoncillo como rastreando el suelo. La señora Genara dejó la bolsa a cuadros de la compra en el suelo, sacó el monedero del bolso, y adquirió de una tacada seis cupones, seis, como en los toros, añadiendo:

— Uno para mi madre, otro para la señora Evarista, que es un primor de vecina, otro para cada uno de mis hijos, otro para mi marido, Gervasio, y para mí, y otro para guardarlo por si toca y tener siempre una cosechita almacenada.

Luego se despidió del lotero con esa sonrisa propia de la alegría del día, una comidilla que correría por los ríos y afluentes de las calles y plazoletas del todo Cáceres, deseándole y deseándose, al mismo tiempo, la misma suerte.

— ¡Vamos a hacer un extra…!, que para eso somos hoy protagonistas en todita España. ¡Ay, madre, qué bonito que es el traje regional de mi tierra, de mi ciudad…! ¡En cuanto que llegue a mi casa se lo comento a todas las vecinas y llamo por teléfono a mis hijos, que aquí tienen un cuponcito, que les regala su madre, con todo el cariño del mundo, y a mis primas, la Tomasa, la Petra, la Marga, la Florita, la Severiana… ¡Ea, ya tenemos el cafetito hecho…!

DEDICATORIA: Para Adela Sánchez Corchero, querida amiga, en el hechizo del paseo cacereño.

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