BASILIO PACHECO, UN HEROE CACEREÑO Y ANONIMO EN LA GUERRA DE AFRICA

Basilio Pacheco Ojeda, (Ruanes, 14 junio 1902- Cáceres 1969). Hijo de Juan Pacheco y de Adela Ojeda, se crió a caballo entre el pueblo y la extrema severidad y crudeza del campo de aquellos tiempos de principios del siglo pasado. Basilio Pacheco siempre dijo que los soldados españoles en la Guerra con Marruecos fueron, todos, unos héroes.

Basilio Pacheco con el uniforme del Regimiento "Segovia 75", de Cáceres, en 1920.

Basilio Pacheco con el uniforme del Regimiento “Segovia 75”, de Cáceres, en 1920.

Arranquemos, pues, por el principio. Una niñez, una adolescencia y un primer tiempo de juventud, el de Basilio Pacheco, en el que se formó con el maestro y el sacerdote de aquel pequeño pueblo cacereño, del partido judicial de Trujillo, con unos seiscientos habitantes en aquellos tiempos, y que le instruyeron con las materias propias de la época, el esmero, y  en los sentimientos y principios católicos. Hasta el punto de que, en virtud de estas últimas enseñanzas, estuvo de ingresar en el Seminario de Badajoz.

Y un tiempo, a la vez, en el que en diversidad de ocasiones se le encomendaban las labores más duras y complejas como las que podía ser salir de pastoreo en largas y casi interminables jornadas, ordeñe del ganado, vigilar de noche en los chozos a los animales para estar al quite ante los frecuentes ataques de las manadas de lobos que existían por aquel área de la geografía cacereña.

Una vida, la verdad, que hasta donde dejó testimonio a sus familiares y amigos, no le seducía nada en absoluto y a la que no le veía posibilidades ni expectativas respecto a sus horizontes de vida.

Por lo que un día, ni corto ni perezoso, preparó el hatillo del azar, lo echó al hombro, se despidió de su gente, se encaminó, de forma decidida y firme, hacia la capital cacereña y se alistó como voluntario en el Regimiento “Segovia 75“, ubicado, en aquel entonces, en el Cuartel Viejo de Cáceres, que se encontraba en las antiguas dependencias del Seminario de Galarza, en la calle Parras.

A los pocos meses de aprendizaje y servicio en el citado Regimiento cacereño, con motivo de la Guerra de Marruecos, también denominada de Africa y del Rif, Basilio Pacheco Ojeda es destinado con una compañía del citado Regimiento a las ciudades de Nador,primero, y, posteriormente a la de Melilla, en donde estuvo desempeñando sus responsabilidades, entre otros señalados lugares, en los campamentos de Taserfit y Dar el Quebdani.

Rápidamente da sus primeros pasos en el ejército y va asciendo, paulatinamente, a cabo, cabo primero y sargento, dejando constancia de su capacidad de defensa de la bandera española, de su manifiesta valentía y de un alto honor, participando en una larga serie de acciones militares en heroicas luchas contra las tropas rifeñas y bereberes que comandaba Muhammad Ibn ‘Abd el-Karim El-Khattabi, aquel líder que dirigió la resistencia de la zona africana contra el ejército español presentando muy duras y sangrientas batallas y operaciones, tal cual figuran en las páginas de la historia.

Basilio Pacheco con el uniforme de Regulares.

Un buen día de aquellos tiempos Basilio Pacheco Ojeda pasa a prestar sus servicios desde el Regimiento “Segovia 75” al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas, de Melilla.

Allí se destaca ya, a pesar de su juventud, por su amplio y profundo sentido y relieve militar, por su capacidad de aventura y de riesgo, por su decisión en encabezar listas de voluntarios para llevar a cabo todo tipo de incursiones en los siempre peligrosos terrenos de ocupación por parte de las fuerzas enemigas, por su capacidad de esfuerzos ejerciendo, además de como valiente soldado, como enfermero y sanitario ayudando a evacuar y a curar las heridas sufridas por compañeros en diversas acciones de guerra, en su firme empeño en ir avanzando pasos, de forma rápida, pero firme, en sus sueños de llevar a cabo una amplia trayectoria militar. En suma, por todas sus iniciativas.

Todo ello, claro es, en medio de las más complejas adversidades, propias de la época, años veinte de la pasada centuria, y con las carencias habituales, como las referidas a las dificultades de intendencias varias, necesidades y contrariedades propias de una guerra tan larga como dura como fue la Guerra que mantuvieron los ejércitos de España y de Marruecos y en condiciones muy precarias de las que los militares salían adelante con un extraordinario coraje, amor propio y capacidad para ir superando tan señalados escollos.

Una vida difícil, de numerosos esfuerzos y sacrificios y siempre, claro es, con el riesgo permanente de los ataques de las fuerzas enemigas. Lo que Basilio Pacheco llevaba muy a gala, lo que deja constancia manifiesta de su espíritu de honradez militar.

Sin embargo el 17 de agosto de 1924 encontrándose el joven y aguerrido militar cacereño precisamente, en esa zona montañosa del norte de Africa, en defensa de las posiciones españolas, al mando de un grupo de soldados y mientras procedía a levantar un campamento militar en el sitio conocido como Punta Afrau, situado entre Melilla y la Bahía de Alhucemas,  ante el ataque de los bereberes, que les sitiaban desde la privilegiada posición de lo alto de una cercana colina, se percató de la presencia de un cable en el suelo. De tal fatalidad que cuando fue a girarse para retroceder se produjo una explosión que le generó fractura del cráneo y que le llenó el cuerpo de metralla.

Basilio Pacheco, sargento en 1923. Ultima fotografía antes de resultar herido de gravedad y perder la vista.

Basilio Pacheco, sargento en 1923. Ultima fotografía antes de resultar herido de gravedad y perder la vista.

De resultas de dicha acción de guerra es trasladado al Hospital Militar de Carabanchel, en Madrid, donde fue atendido por los médicos y las monjas de la Compañía de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, fundada en su día por el sacerdote francés Vicente de Paul junto a Luisa de Marillac, perdiendo por completo la vista. Por cierto que San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac prestan su nombre a sendas calles en Cáceres.

Recuperado del resto de las lesiones corporales Basilio Pacheco decidió irse a vivir con un tío materno en el municipio cacereño de Arroyo de la Luz, localidad en la que el mismo contrae matrimonio en el año 1927 con Ana Guerra Vallejo.

Los días, por causa de la ceguera, se le hacen largos a Basilio, y al que de forma continuada sus familiares le leen las informaciones de la prensa, sobre todo el periódico ABC, con las noticias más destacadas, principalmente, claro es, las que hacen referencia a la muy dura y sangrienta guerra que mantiene España con Marruecos y de la que fue un héroe anónimo…

También gusta Basilio Pacheco de la charla, amplia y distendida, de los más variados temas en sus largas tertulias, familiares y amigas, pasea de forma incansable, evoca la intensidad emocional de sus recuerdos en los campos de batalla de Africa, que le marcaron, y de qué modo, en el terreno anímico.

Ya en el año 1943 decide trasladarse a Cáceres, concretamente al número 73 de la calle Margallo.

Y en Cáceres continúa de forma ritual los mismos hábitos, llegándose todos los días hasta la bandeja del Paseo Alto, o de Ibarrola, respirando el aire puro del Cerro del Teso, en medio de eucaliptos, madroños y encinas, con la compañía, sobretodo, de don Aureliano Moreno, teniente coronel de la Guardia Civil, con Concepción Fernández Hidalgo, esposa de Eulogio Saavedra, popular taxista, con el comandante Cerro Pérez y otros militares y amigos.

Una curiosa fotografía de Basilio con una nativa durante su estancia en el campamento de Dar el Quebdani.

Una curiosa fotografía de Basilio con una nativa durante su estancia en el campamento de Taserfit.

Basilio Pacheco también se hace amante de la riqueza y dinámica de un aparato de radio, de aquel enorme tamaño, con la que pasa largos ratos escuchando las noticias así como otras variadas series de programas de música y entretenimiento, que le sirven de información y de esparcimiento en las largas jornadas de su día a día.

Basilio Pacheco Ojeda disfrutaba de esas agradables sensaciones que emanan de buenas y distendidas parrafadas con el vecindario y el paisanaje y de señalados contertulios, como las que mantenía con  su entrañable amigo Valeriano Gutiérrez Macías, vecino de calle, compañero de profesión militar, incrustándose, en sus conversaciones, con esa agudeza especial de quienes han perdido la vista, acompañándose de otros sentidos como la atención a todo.

Hay que dejar de manifiesto asimismo, en este recorrido, de aquella dolorosa anécdota en la que cuando llegó el mundo de la televisión al hogar cacereño de Basilio Pacheco, el mismo, contagiado por una profunda emoción, no pudo por menos que dejar un reguero de lágrimas en el camino por no poder ver las imágenes que llegaban a través de la misma.

Basilio Pacheco Ojeda, que repetía con frecuencia que de haber podido hubiera vuelto a enrolarse en el Ejercito, camino de su inquietud y pasión militar, y a luchar en la Guerra de Africa, alcanzó el grado de coronel y tiene en su haber numerosas condecoraciones, entre las que destaca la Placa y Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.

También procedemos a insertar la fotografía de este campamento militar del Ejército español de aquellos tiempos de la Guerra de Africa instalado en la zona de Dar el Quebdani.

Todo hace apuntar que el entonces sargento cacereño Basilio Pacheco Ojeda, de Regulares, de la ciudad de Melilla, habría pasado buena parte de su tiempo en un campamento de similares características.

Asimismo hemos de subrayar que, tal y como señalábamos al principio de este capítulo, Basilio Pacheco Ojeda siempre defendió la tesis de que todos aquellos soldados que participaron en la guerra con Marruecos fueron unos héroes. Y la inmensa mayoría, como casi siempre suele suceder, anónimos. Como fue, por ejemplo, su mismo caso.

Finalmente aquí os dejo la publicación en la “Gaceta de Madrid“, en fecha 5 de mayo de 1926, de la notificación del ingreso del sargento Basilio Pacheco Ojeda en el Cuerpo de Inválidos Militares, y en la que, además, se certifica, por parte del Duque de Tetuán, a la sazón Ministro de la Guerra, Juan O´Donell y Vargas, de que el mismo resultó herido en el sitio de Afrau (Melilla).

NOTA: Las fotografías son de ámbito familiar, cedidas por su hija, Purificación Pacheco Guerra, que, tras estudiar Magisterio, ejerciera como secretaria y coordinadora de las bibliotecas de provincia de Cáceres, y, posteriormente, en la Universidad Laboral.

BASILIO PACHECO, UN HEROE CACEREÑO Y ANONIMO EN LA GUERRA DE AFRICA by JUAN DE LA CRUZ GUTIERREZ GOMEZ is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.

3 comments on “BASILIO PACHECO, UN HEROE CACEREÑO Y ANONIMO EN LA GUERRA DE AFRICA
  1. Ana Maria Pacheco Garcia-Plata dice:

    Soy Ana Pacheco, nieta de Basilio Pacheco. Siempre lo recuerdo como alguien muy especial. Guardaba debajo de su gran radio, en un cajón, peladillas que nos ponía con cuidado en la mano de cada nieto. Poseía una ternura increíble.
    Me parecía imposible lo que decían que no veía pues realizaba en la casa y fuera de ella todo tipo de actividades. Era callado, muy inteligente y cariñoso. Siempre lo veía pasear de un lado a otro, por el largo pasillo de la calle Margallo con el rosario en la mano, cuando no estaba en su sillón verde, cortando finísimas rodajas de pan para migas.
    Fundó en Arroyo de la Luz una asociación para ayuda de personas minusválidas: él mismo se encargaba de hacerles llegar el dinero que a cada uno le correspondía. Tenía de “secretaria” a mi tía Puri que escrupulosamente apuntaba cada nombre, cantidad, dirección, para que todo estuviera correcto.
    Le hizo muy feliz saber que su hijo, mi padre, Basilio, también elegiría el ser militar como él.
    Fue un gran hombre, con su familia, con las personas de su entorno. Nunca le oí quejarse y eso que las secuelas de la metralla de la bomba que le estalló dejándole ciego, siempre estuvo presente. Detalles pequeños como a la vez tan grandes indican la calidad de persona que era: él mismo se hacía la enorme cama de matrimonio y estaba en las mil necesidades que todo hogar necesita. Repito: fue una gran persona.
    Me alegro que su memoria se recuerde pues fue un héroe anónimo.
    Nos contaba que cuando estalló la bomba lo llevaron al depósito de cadáveres dándolo por muerto. Un médico que estaba ejerciendo haciendo prácticas con los caídos, de casualidad lo encontró con vida. Inmediatamente lo llevaron al hospital donde pudieron salvarle.
    También añadía que durante tres noches soñó, cuando estaba en la guerra de Africa, en una incursión subía a una loma y estallaba una bomba. Como si le advirtieran del peligro que iba a pasarle. Fue un milagro el que siguiera vivo y le encontraran.
    Además de su valentía, inteligencia, darse a los más necesitados era un hombre de profunda fe que le acompañó hasta el final de sus días y transmitió a sus hijos y nietos. Me siento muy honrada de ser su nieta

    • Muchas gracias, querida Ana María, por ese dibujo humano que realizas de la figura de tu abuelo, Basilio Pacheco Ojeda, que, como señalo, en base a su capacidad de riesgo, valentía, honor y espíritu de defensa de la bandera española, figura, hoy, más que nunca, tras el estudio y publicación de su semblanza, como un verdadero Héroe Anónimo. Y ese perfil humano de sus cualidades, como dejas constancia, honra aún más su tipología, cuajada de virtudes. Espero que con la publicación y divulgación de esta trayectoria se de a conocer y se prestigie el nombre de tantos y tan esforzados personajes cacereños que deben de figurar, por derecho propio, en las páginas de la historia de Cáceres. Un gran abrazo. Juan de la Cruz.

      • Ana Maria Pacheco Garcia-Plata dice:

        Me ha emocionado mucho tus amables palabras. Ciertamente fue una persona muy especial, que luchó toda su vida por sus ideales y convicciones, a pesar de sufrir dificultades fuertes. Para nuestra familia siempre ha sido un ejemplo a seguir.
        Gracias por la labor tan importante que estáis realizando de sacar a luz personajes cacereños que, anónimamente, dejaron una huella profunda en muchos corazones. Recibe todo mi reconocimiento y cariño

        Ana María Pacheco García-Plata

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *