BREVAZOS POR SAN JORGE

Las higueras forman una parte consubstancial de muchos paisajes y horizontes cacereños. De las higueras salen primero las brevas y, posteriormente, los higos. Y las brevas, asimismo, se incrustaron en el costumbrismo cacereño, por las peleas a brevazos en la festividad de San Jorge, hasta que el Ayuntamiento decidió prohibirlas… Aquí os dejo mi artículo BREVAZOS POR SAN JORGE que hoy aparece publicado en el periódico regional extremeño HOY.

A estas alturas del año los muchachuelos cacereños, de hace la tira de años, llevaban madrugando determinados días, evitando los calores caniculares, gateando por sus ramajes, higuera arriba, casi felinamente, para arrancar unos higos, fruto delicioso, que, lamentablemente, ha perdido presencia en el mercado. Meses antes echaban mano de las brevas, primera cosecha de la higuera.

Acudo a la breva, vinculada a su tradición festiva en Cáceres. Porque en la conmemoración de San Jorge tenían lugar peleas con lanzamiento de brevas entre pandillas de barrios rivales…

Todo arranca cuando tras arrebatar el rey Alfonso IX de León la antigua Qázris a la morisma se dictó que habría de celebrarse la festividad con el encendido de hogueras, semejando el asedio cristiano, y lanzamiento de brevas, dejando constancia de los enfrentamientos guerreros.

En 1929 el periódico ‘Nuevo Día‘ señalaba la diversión de la chiquillería «tantas veces decantada de arrojar brevas poco maduras a los viandantes». Fiestas, asimismo, con diana, función religiosa, concierto, fuegos artificiales y retreta militar.

En su libro ‘Por la geografía cacereña‘, publicado en 1968, Gutiérrez Macías recoge el crecimiento popular de la fiesta, con pregón de heraldos, actos deportivos, religiosos y recreativos, subrayando que el Ayuntamiento había prohibido años atrás las peleas de brevas e higos por constituir un peligro para los viandantes.

Porque hubo más de un ojo morado y brevazos por diferentes partes del cuerpo, no ya entre los contendientes, sino que muchos proyectiles impactaban en los transeúntes cuando los paisanos pasaban por los campos de batalla.

Asimismo Antonio Sánchez Buenadicha recuerda en uno de sus artículos que las rivalidades entre las pandillas del Picadero contra los enemigos de la Plazuela de Santiago se solventaban con peleas a brevazos y munición de la Ribera del Marco.

También hay refranes como «Al tiempo de brevas todos llegan», «Por San Juan brevas y por San Pedro las más buenas», «Año de brevas, año de eras» o «De higos a brevas».

Una recomendación gastronómica: Cate membrillo con brevas. A ver qué tal.

NOTA: Como el artículo se limita a una extensión determinada y el tema nos resulta curioso, ya que se trata de una tradición en las páginas de la historia, dejemos constancia que nuestro querido amigo José Antonio Collazos, que domina las páginas de la vida social, costumbrista, humana y hasta el murmullo de los ecos de sociedad y otros aspectos, que hoy se relaja paseando por la prensa de Cáceres del primer tercio de siglo, que vivió aquella época de los brevazos, me apunta la siguiente anotación, que es digna de reseñar para los anales en el trazado y en el recorrido de la propia historia de la capital altoextremeña que «también había peleas a pedradas, como las que se llevaban a cabo entre las pandillas de muchachuelos de la zona de la Plaza de Toros y finales de la Ronda, con los de Aguas Vivas. Siempre ganaban estos últimos«.

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