BUENOS DIAS, CACERES…

Buenos días, Cáceres… Y, siempre, Cáceres. Una ciudad Medieval cuajada de monumentos, de sensaciones, de vibraciones, de historia, de historias, de emociones…

Callejón de Don Alvaro

Callejón de Don Alvaro

Ahí está el Callejón de Don Alvaro, enclavado en el corazón histórico-monumental y artístico de la Ciudad cacereña, Patrimonio de Humanidad…

Una de tantas y tantas joyas que se esparcen por los aires de la Ciudad Medieval… Siempre toda una belleza abierta a la propia belleza. Y a cuyo paso, como por la práctica totalidad de los rincones, plazuelas y callejuelas, el viajero se emociona, se admira, se maravilla de tanta hermosura, tan bien conservada y tan fascinante.

Para mayor gloria de la vista, para mayor sosiego del espíritu, para mayor satisfacción de las emociones de ese viajero que anda perdido, sublimemente perdido, por las páginas de la historia de Cáceres…

Un rincón, el Callejón de don Alvaro, con sabor a aventuras, a historias, a conquistas, a cruces de espadas, a amoríos… A la mente abierta del propio caminante y viajero por esta senda medieval cacereña.

Un lugar y un rincón, viajero, donde puedes dejarte seducir y llevar por la meditación o por las secuencias a la que te conduzcan los hilos emocionales en el recorrido de tus propias consideraciones en una Ciudad, como la Medieval, de Cáceres, una ciudad eterna, siempre con los brazos abiertos, de par en par, a todos los caminantes por las aventuras de la Magia, el Hechizo y la Fascinación, que se dan cita en Cáceres.

Al fondo el Palacio de los Golfines de Abajo

Al fondo el Palacio de los Golfines de Abajo

Caminas por esa Ciudad Medieval,  siempre, siempre inmensa, y te dejas llevar por la intensidad delas emociones en cada uno de sus lugares. Uno de los mejores sabores, pues, de Cáceres.

Transitas por la Cuesta de la Compañía, bajas, entre aquellas viejas aulas estudiantiles y aquellas andanzas de los sacerdotes y alumnos de la Compañía de la Preciosa Sangre, y te encuentras esta estampa: La Casa de los Becerra, solariega y noble, y ese prisma que se alza a los cielos, que es la Torre del Palacio de los Golfines de Abajo, donde se hospedara la Reina Isabel.

Monumentos, palacios, iglesias, casonas de relieve, conventos de clausuras…

Las imágenes están captada cualquier día en los inicios de esta primavera, surcando esos caminos, tan diversos, tan variados, siempre únicos, con cita en la historia y con esas tonalidades tan genuinamente fascinantes.

Cáceres, siempre. Siempre Cáceres, una ciudad eterna, y que, siempre, merece la pena, recorrer con los ojos atentos a todos los rincones y con el morral de los descubrimientos abiertos.

Porque a cada paso, viajero, en cualquier instante de la emoción, en este apasionante recorrido, caminante amigo, te puedes encontrar un rincón, una piedra, un rayo de luz, una sorpresa, una imagen cuajada de esplendor.

Concatedral de Santa María

Concatedral de Santa María

Y siempre, como señalamos, Cáceres. Desbordante de monumentos en medio de ese inmenso entramado de palacios, de callejuelas, de iglesias,  de plazoletas, de casas señoriales, de conventos, de rincones, que conservan los sabores judíos, moriscos y cristianos que se expanden por los aires de la Ciudad Medieval, siempre fascinante.

Paseas, por ejemplo, por la Plaza de Santa María, iglesia Concatedral, cuajada de monumentos y con una larga serie de calles que salen de la plaza, o que llegan a ella, con ese goteo incesante de vecinos y viajeros, como trotando: Unos, entre rutinas; otros, cámara al hombro, turistas por naturaleza… Como puedes observar a un pintor plasmando las bellezas a la vista en sus lienzos, o fotógrafos que captan cientos de instantáneas…

Una advertencia. En los monumentos que puedas, merece la pena abrir los portones y acceder a su interior… Un ejemplo en esa misma Plaza de Santa María. Si puedes abrir la puerta te encontrarás, entre tantas imágenes, con la del Cristo Negro, de espectacular procesión en los desfiles semanasanteros, con las oraciones que navegan por sus aires, con un retablo, como puedes apreciar, cuajado de semblanzas y con llamativos recorridos artísticos, con el aroma del incienso…

¡Una hermosura…! Siempre, claro, Cáceres, en medio de tantos y tantos pasos que abren y encienden la luz de la admiración a todos…!

Fotografías: Lola Silva.

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