DEL PASEO ALTO

El Paseo Alto. Uno de esos lugares mágicos que se dan cita en Cáceres, que tanto nos convocaba a aquellas generaciones y que, hoy, albergamos un enorme montón de recuerdos, inmensos, del Paseo de Ibarrola. Siempre conocido como Paseo Alto.

Aquel paseo de nuestra ya lejana infancia servía como refugio para la tropa de chavales y salir a pájaros con el tirador, gatear por el ramaje de su arbolado, saltar por la barandilla de la bandeja, aprovechar el recreo de la escuela de don Juan Checa, las hojas de los eucaliptos para baños de pies contra el catarro, escuchar los ensayos de la Banda de Música del Regimiento “Argel 27”, asombrarnos de los escarceos amorosos, compartiendo sandías en las noches estivales… Y el recuerdo de las niñas, comentaba mi madre, cantando: “En el Paseo Alto no se puede jugar, pues hay niños muy tontos que nos vienen a estorbar”.

— Paseo de Ibarrola. Un enorme pulmón cacereño–, nos dijo un atardecer cualquiera don Valeriano.

La muchachada de la pandilla se quedó atónita. Un servidor, acaso por ser su vástago, apuntó:

— Pero si es el Paseo Alto… ¿O, acaso, han cambiado el nombre?

Don Valeriano nos miró de forma bonachona y diría que docta. Posteriormente mi progenitor deslizó unas pinceladillas sobre la figura del escritor y jurisconsulto que presta su nombre a ese rincón que guardamos en el alma, entre esencias niñas y adolescentes, haciendo hincapié en su prestigio, su contribución al derecho, las letras y el honor de dar nombre a un lugar por el que transitaba el señor Ibarrola, respirando a pleno pulmón. Un paseo que don Valeriano declaraba de marcado carácter. Insistiendo, además, en la diferencia de los nombres reales y los impuestos por la idiosincrasia popular. Como ejemplos: El de la calle Margallo, que denominábamos Moros, la Plaza Mayor, entonces General Mola, o la calle Gómez Becerra, también conocida como de la Pulmonía. Cuando don Valeriano se encontraba con la pandilla recalcaba:

— ¿Cuál es el nombre del Paseo Alto?

Y todos a la vez canturreando:

Don-Jo-sé-de- I-ba—rro—la, i-lus-tre- es-cri-tor…

Tantos años después pareciera que pocos saben de don José, que diría don Valeriano.

 

2 comentarios

  1. RAMÓN GIL RODRIGUEZ

    Como el más puro néctar, o la más selecta fragancia,…Así son tus «análisis» o retratos, que acercan y reviven recuerdos y sentimientos de hace más de sesenta años,…¡Como si fueran de hoy mismo!

    • Muchas gracias, querido Ramón, por tu comentario, desde el recuerdo, eterno, de aquellos años en que formábamos parte de la misma pandilla de chavales, entre travesuras e inquietudes infantiles, sí… Pero, siempre, qué duda cabe llenas de vida, de intensa vida como las que nos forjábamos en la calle, aprendiendo y compartiendo con la chiquillería amiga de aquellos tiempos… Un fuerte abrazo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.