DON ANTONIO ALVAREZ RIVERA Y EL HOTEL ALVAREZ

Don Antonio Alvarez Rivera fue uno de esos personajes que, llegados desde fuera de Cáceres, se volcó con la ciudad, gracias a sus iniciativas empresariales. Lo que siempre habrá que agradecerle de todo corazón.

 

Don Antonio Alvarez fue un trabajador y emprendedor impenitente que un día dejó atrás su tierra asturiana de Belmonte de Miranda, que ejerció de pinche y cocinero, ni más ni menos que en el madrileño Hotel Ritz, que luego pasó como responsable del Hotel Nieto (antes España), de Cáceres, que posteriormente tuvo el coraje de abrir una Casa de Comidas en la calle General Ezponda, que logró poner de moda en aquel Cáceres, gracias, entre otras cosas, a la exquisitez de los platos, los buenos precios y, como siempre, una amplia capacidad para pegar la hebra y abrir una tertulia.

Precísamente una de las más festejadas iniciativas de don Antonio Alvarez al abrir su establecimiento en General Ezponda fue el de apostar por la nueva cocina: Ragout de ternera, fricanse, ternera riojana, tournedor rossini, chatoubrian, ternera salsa tártara, merluzas orlit, colbert o rape a la americana. Una completa y esmerada serie de platos que figuraban, asimismo, en los menús diarios.

Pero el trabajo, de acuerdo con sus inquietudes y expectativas se le quedaba demasiado corto. Por lo que, un buen día, se comprometió a la nada fácil tarea de poner en marcha el Hotel, al que dio su apellido, Alvarez, y al que imprimió un rango y una solera notoria, tal como figura, de forma palpable y evidente, en la historia local de Cáceres.

Y donde don Antonio fue poniendo en marcha unas dependencias admirables y modernas, al compás de los tiempos, donde ofrecía unos servicios de grandes atractivos para viajeros, empresarios, comerciantes, turistas, artistas y personalidades de relieve que se daban cita, por una diversidad de circunstancias, en Cáceres. Por lo que el Hotel se fue convirtiendo, con el paso y el ritmo de los tiempos, en una empresa de relieve e importancia en el Cáceres, ay, de Aquellos Tiempos.

También logró convertir el Hotel en sede, lugar y encuentro de Tertulias, con mayúsculas, de altos vuelos y considerandos, de las más variadas tipologías, sociales, políticas, económicas, empresariales, artísticas y hasta militares que le dieron más ínfulas, aún, al Hotel. Para su mayor gloria, claro es. Unas tertulias, eso sí, siempre de gran sabor, que logró poner en marcha y fomentar don Antonio con sus dotes y cualidades de relaciones públicas.

A finales de los años 50 don Antonio Alvarez Rivera, con el Hotel Alvarez como un lugar emblemático de aquel entonces, tuvo la feliz idea de lanzar una serie de postales con la estampa de rincones y lugares de relieve de nuestra ciudad. Y que, muy pronto, se divulgaron como rosquillas, como se suele decir coloquialmente, por las calles de Cáceres.

Como es el caso de esta bella estampa del siempre hermoso y sugestivo Adarve de la Estrella y por su calidad lograron una gran aceptación, tirada y divulgación, así como el aplauso y el reconocimiento del todo Cáceres.

Postales elaboradas por Gráficas Manen, de Barcelona, que, claro es, utilizaban los huéspedes que se alojaban en aquellas dependencias del Hotel que era, a la vez, lugar de hospedaje de destacados e ilustres visitantes, y punto de encuentro de personajes de relieve para reuniones, celebraciones diversas, bodas, festividades y otros acontecimientos de pujanza y notoriedad que tenían lugar en la capital cacereña y en función, claro es, de una multitud y variedad de elementos que convergían en la ciudad. Desde las Ferias y Fiestas de mayo, en honor de San Fernando, y de septiembre, honrando a San Miguel, hasta visitas de personalidades y sus séquitos correspondientes.

Con la tirada de aquella serie de postales con el protagonismo de la belleza de lo que entonces se llamaba como la Ciudad Antigua de Cáceres, hoy Ciudad Medieval, y, como buen agente comercial, don Antonio Alvarez, un nombre de prestigio en Cáceres, incrustó en el reverso el nombre y la dirección del Hotel.

Y, de este modo, dejar constancia, aunque sea así, a vuelapluma, simplemente, de que si la tarea, la fama y el crédito del Hotel se fue expandiendo paulatinamente, tal como deja constancia, hoy, el Complejo Alvarez, sí sería conveniente recordar, acorde con el relevante papel que jugó don Antonio Alvarez Rivera en la sociedad cacereña de su tiempo, que la ciudad se encuentra en deuda con el mismo. Uno de los empresarios más cualificados y batalladores de la época.

 

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