EL MILAGRO DE GUADALUPE

«EL MILAGRO DE GUADALUPE» es el título de mi artículo, que aparece hoy en el periódico regional extremeño «HOY», reivindicando, una vez más, que la Patrona de Extremadura, la Virgen de Guadalupe, pase a estar situada en una diócesis extremeña.

Un año más se ha celebrado el Día de Extremadura, con el agravio de que el epicentro de tan señalada festividad, Guadalupe, continúa perteneciendo, junto a otros treinta pueblos cacereños, a la diócesis de Toledo. Un hecho que se remonta a 1222, cuando el arzobispo y militar Rodrigo Ximénez de Rada, procedió a adquirir los Montes de Toledo, ampliando su poder. Setecientos noventa y nueve años después se mantiene insólitamente la situación, con esos treinta y un municipios y la Patrona de Extremadura, incardinados en la diócesis toledana.

Todo un anacronismo que imprime a la festividad del 8 de septiembre una sensibilidad especial acerca de la solución vaticana sobre este contencioso, que ha generado numerosos manifiestos, que es de justicia resolver. Entre otros motivos porque no hay extremeño que pueda comprender que Guadalupe, foco de peregrinación y fe, sede de la Virgen Morena, permanezca en una diócesis ajena a Extremadura.

Una anomalía que consideramos de agravio hacia nuestra región, sintiendo de año en año, cómo a pesar de unas reivindicaciones tan razonables, no encuentran eco en el seno eclesial. Ni en Toledo, sede primada, donde se forjan importantes decisiones de la iglesia española, ni en el Vaticano, donde consta un memorándum de detalles al respecto. Pero Francisco I sigue sin pronunciarse. ¿Acaso debemos de entender que el silencio papal se corresponde con el dicho de que quien calla otorga?

Un fenómeno de manifiesta injusticia ante el que, al parecer, nadie dispone de capacidad para conseguir que Guadalupe pertenezca a una de las tres diócesis extremeñas, más allá de meras declaraciones de intenciones.

Una pregunta: ¿Permitirían los catalanes y sus mandatarios religiosos, con el arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal Española a la cabeza, que la Virgen de Montserrat, permaneciera en un santuario de una diócesis ajena a Cataluña o los vascos que su patrona, la Virgen de Aránzazu, estuviera ubicada en Cantabria?

Queda claro, pues, que la prudencia, humildad y capacidad de aguante del pueblo extremeño cansa al paisanaje, que no ve avance alguno en asunto de tamaña magnitud. Desconocemos qué razones habrá para que la Iglesia siga negando a Extremadura lo que de Extremadura es, mientras se continúa tensando el sentimiento y dignidad regional para que la Morenita pertenezca a una diócesis de la Comunidad.

Son muchos los extremeños que peregrinan de forma permanente hasta Guadalupe para ponerse a los pies de la Virgen, soltar sus preces en tierra extremeña, mientras las oraciones y las rogativas volanderas marchan por aires de la diócesis de Toledo. Un anacronismo inadecuado, corresponda a quien corresponda, contra Extremadura, tanto tiempo a la espera de que se ponga solución a la reivindicación regional como acto de justicia.

Dejemos constancia expresa de que la Virgen de Guadalupe es Patrona de Extremadura desde 1907, por decisión del Papa Pío X, y que en 1928 fue coronada canónicamente como Reina de las Españas, por el Cardenal Primado, Pedro Segura, con asistencia de Su Majestad el Rey Alfonso XIII.

Setecientos noventa y nueve años después, desde la moderación y el respeto,  el articulista se sonroja de tener que escribir estas líneas. Pero Extremadura no puede seguir perdiendo en la defensa moral de sus derechos y a la espera de un milagro.

 

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