EL MILAGRO DEL CONVENTO DE SAN FRANCISCO

La verdad sea dicha. Y es que para que el Convento de San Francisco se alzara en Cáceres en pleno siglo XV, tuvo que acaecer un milagro. O, al menos, algo parecido.

 

convento de san francisco

El Convento de San Francisco y cuya construcción, cuenta la leyenda, se debe a un milagro.

En aquellos duros años, de tanto trasiego y mendicidad por doquier, llega a Cáceres desde Valencia, el fraile franciscano Pedro Ferrer, junto a otros dos hermanos, con la sana y espiritual intención de erigir un Convento. Lo que no era precisamente cuestión menor.

Menos aún en una Villa como la de Cáceres que hacía señalar en sus Fueros, tras la conquista, que se prohibían las Ordenes Mendicantes. ¡Cuán largo se lo fiaba, pues…!

Más el tesón y su confianza en el Señor hizo que fray Pedro Ferrer insistiera con harta saciedad ante el Concejo, llegando hasta el Corregidor Perpetuo, que le negaba cualquier ayuda señalando que los Fueros especificaban de forma manifiesta la prohibición de dar bienes a los religiosos.

Por lo que fue llegado el día que fray Pedro Ferrer, tras largos periplos, imploraciones al Señor y cansancio de patear la Villa, decidiera partir donde le llevara su cabalgadura en la esperanza de que un rayo de luz posibilitara su llamada del Señor y poder dar prédica a los Santos Evangelios.

Antes de emprender el camino, con algunos libros religiosos y mínima intendencia, el jumento se resiente de la falta de una herradura.

Fray Pedro Ferrer acude a un herrero en la entonces Plaza del Potro, a orillas mismo del Convento de Santa Clara. Pero fraile y herrero no alcanzaban acuerdo alguno porque el religioso vivía de la limosna y carecía de moneda alguna.

En esas aparece un caballero de alta cuna y distinción. Ni más ni menos que don Diego García de Ulloa, Señor de Media Cacha, a quien todos conocían en la Villa de Cáceres como el Rico.

El fraile pidióle limosna. Pero don Diego García de Ulloa respondióle que no llevaba nunca dinero encima.

convento san francisco 1959

El Convento de San Francisco, toda una institución en Cáceres, en una fotografía del año 1959.

Fray Pedro Ferrer, que solo pretendía cambiar de aires hacia otra Villa, le insistió que buscara por su ropaje. Petición a la que accedió don Diego García de Ulloa que rebuscó en la seguridad de que no encontraría ni la más nimia moneda con la que socorrer al franciscano.

De repente el noble encontró en lo más recóndito de sus vestiduras una moneda de oro. Hallazgo que atribuyó a un milagro. Por lo que, como narra Fray José de Santa Cruz, “reconociendo en el prodigio la virtud del siervo de Dios se arrojó del caballo a sus pies, pidióle perdón del despego con que había respondido y rogóle que desistiese de la determinación de irse de la Villa”.

Noble y fraile entraron, entonces, en conversación. Más don Diego García de Ulloa acabó convencido de que la voluntad del Señor radicaba en que el monje franciscano, pedigüeño durante largo tiempo por las callejuelas y plazoletas cacereñas, pudiera alzar su anhelado Convento

En nada y menos logró convencer al Concejo para erigir un convento desde el que fray Pedro Ferrer divulgó el mensaje espiritual de San Francisco y las bondades asistenciales de la Orden.

El Convento llegó a ser sede del Colegio de Teología Escolástica en 1781, sufrió significados daños, saqueos y destrozos durante la Guerra de la Independencia e incluso fue incendiado por las tropas del general Juan Martín, El Empecinado.

El investigador e historiador Publio Hurtado publica en su libro “Recuerdos Cacereños” que “Los frailes franciscanos eran, pues, los obligados oradores en la cátedra sagrada, los directores de hecho de las conciencias, los zanjadores de rencillas familiares, y los que departían a diario con las autoridades locales sobre asuntos tocantes a la vida pública”.

El edificio también fue desde el año 1841 Hospital General Civil y Hospicio de Niños a partir del año 1890 hasta que en 1939 se convierte en Colegio Provincial.

El mismo también fue utilizado como Casa de la Misericordia, cuartel y caballerizas en tiempo de guerras, y hasta como Casa de Refugio para Pobres y Errabundos Transeúntes.

Un lugar, el Convento de San Francisco, Monumento Histórico-Artístico desde 1949, y sobre el que muchos cacereños aún recordarán entre infinitas estampas de cariño a sus tutores que velaron en sus aulas y talleres por su formación para abordar los retos de la vida.

NOTA: La primera imagen está captada del blog visitardosdias.com y la segunda del blog caceresenochodias.com.

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