EL PASEO DE LOS ABURRIDOS

El Paseo de los Aburridos, en la ciudad de Cáceres, fue, en su tiempo, uno de esos lugares de caminantes solitarios. Hablamos de finales del siglo XIX.

 

paseo de los aburridos 1

Vista general de Cáceres, como titula la postal, de aquella época de finales del siglo XIX.

Y es que, con el transcurso del tiempo, el Paseo de los Aburridos, se convirtió en una denominación de tipología oral, social y costumbrista en la ciudad de Cáceres. En aquella época la ciudad terminaba, por su linde sur, en el Paseo de San Antón. Ahí arrancaban, entonces, las Afueras de San Antón. Y los paseantes, siempre solitarios, marchaban en sus largas caminatas, acaso para matar el tiempo, como se suele decir de forma coloquial hasta Aldea Moret, creándose en la dinámica de la sociedad y de modo así como tradicional, el nombre de Paseo de los Aburridos.

Allá en las lejanas campas de la infancia cacereña, que se van perdiendo casi en un suspiro y sin darnos cuenta, el periodista se quejaba de forma amarga, con frecuencia, de la pesadez de las tareas y deberes escolares. Porque prefería, evidentemente, ir a pájaros con el tirador y la pandilla en busca de gorriatos, jugar a la villorda, a burro nuevo, al pañuelo, a las chapas, a encima, al salto del estudiante, al escondite, a hilo negro, a los bolindres, a echar un “fío” en la calle, con una pelota de los zapatos “Gorila”, y muy pendiente de si se aproximaba un “bote” o guardia municipal, que perseguían de forma ávida y en el cumplimiento de sus obligaciones a los émulos de futbolistas. El caso era jugar a lo que fuera y dejar los dichosos libros al margen.

Ante la reiteración de la queja y del enfurruñamiento, su madre le solía preguntar: — ¿Pero qué te pasa, Juan?

El estudiante, entre dientes, solía responder sin muchos rodeos al asunto: — ¡Jooooó! ¡Que me aburro estudiando…!

Entonces, desde el fondo del despacho, se escuchaba, siempre con el mismo tono, suave, pero firme, la voz de don Valeriano, que era un manifiesto y sublime estudioso y divulgador del cacereñismo desde el pálpito de su actualidad, de su historia, de sus aconteceres.

— Estudia, hijo, haz tus deberes, cumple con tu obligación y, luego, vete a buscar el Paseo de los Aburridos. A ver si lo encuentras y te entretienes un poco.

La anécdota se quedaba en la regañina paterna para que el estudiante apretara los codos, mientras su vástago, evidentemente, no se dedicaba a buscar y aprender acerca del susodicho Paseo de los Aburridos en el Cáceres, ay, de tiempos pretéritos

CACERES VISTA GENERAL 1881

Una panorámica de la ciudad de Cáceres correspondiente al año 1881.

Más un 7 de enero de 1983, ese notario de la actualidad y del cacereñismo que fue el siempre añorado Fernando García Morales, publicó en el diario Hoy, en su sección “Ventanas a la Ciudad”, un artículo titulado “El Paseo de los Aburridos”, que comienza del siguiente tenor: “Dice mi buen amigo don Valeriano (Gutiérrez Macías claro), que de antiguo existió un sitio que se llamó popularmente Paseo de los Aburridos”.

Situémonos en los años ochenta del siglo XIX. La ciudad de Cáceres terminaba justo con las últimas casas de la calle San Antón, llamándose al término que se ubicaba a continuación Las Afueras de San Antón. Y Cáceres comenzaba a sentir la necesidad de su expansión por la zona, ya que en 1.881 Su Majestad el Rey Alfonso XII inauguraba la línea férrea Madrid-Lisboa.

En esos finales del siglo XIX Las Afueras de San Antón contaban con tres edificios: El Asilo de las Hermanitas de los Pobres, alzado en 1885, el Hospital Provincial, levantado en 1892, y el Parador del Carmen, donde hacían un alto en el camino comerciantes, vendedores de todo tipo de gremios, paisanos de pueblos cacereños de visita con diversos motivos, administrativos y médicos, entre otros, viajeros empedernidos, tratantes de ganados que se acompañaban con bestias de carga, y otros personajes del paisaje humano..

El resto del amplio terreno quedaba conformado, de forma abierta en buena lógica, con una serie de antiguas y fecundas cercas y, también, con señalados campos de cebada. Lo que era natural, por otra parte, porque se trataba, ya, de campo en estado puro, del extrarradio de la ciudad.

Un Paseo de los Aburridos que transcurría, al parecer, desde el final de la calle San Antón hasta Aldea Moret, a unos dos kilómetros de distancia, aproximadamente.

Aldea Moret ya contaba con su explotación minera de fosforita, descubierta en 1864, por Francisco Lorenzo Acuña apodado el Fraile y por Diego Bibiano González y con un poblado, gracias al interés de don Segismundo Moret, que fue ministro, presidente del Gobierno y fundador de la Sociedad General Fosfatos de Cáceres. Y es que Segismundo Moret logró llevar un ramal ferroviario de la línea Madrid-Cáceres-Valencia de Alcántara, hasta el lugar donde se asentaba la minería cacereña. Lo que facultó de forma destacada el desarrollo económico de la zona. De ahí el nombre de la misma y que, en su buena época, llegó a contar con Ayuntamiento propio

Paseo el de los Aburridos, al tiempo, en el que, por la tipología del término, en el decir de mi padre, que gloria haya, y siguiendo el hilo de la historia coloquial, social y oral de la ciudad, debían de transitar seres solitarios, meditabundos, caminantes, andariegos y paseantes para ocupar su tiempo, su ocio, su necesidad de andar y pasear y hasta de despabilar o refrescar la mente. O lo que podría suponer, también, añadía, un buen recorrido para respirar el aire puro y darse a la meditación y reflexión.

Poco a poco el Paseo de los Aburridos se fue desplomando de la terminología popular cuando en 1895 comenzó a levantarse, más allá de San Antón, lo que primero se llamó El Ensanche. Y que también se fue conociendo, en el transcurso del tiempo, como Avenida Dos de Mayo, Avenida Luis de Armiñán, director general entonces de Obras Públicas, que dio un gran impulso a la expansión, Avenida de la República y finalmente Avenida de España. Además, claro es, de Paseo de los Aburridos.

¿Se imagina ahora el lector a caminantes aburridos, en la estricta acepción del término por el Paseo al que dieron nombre los mismos entre adioses, hasta luego vamos andando y movimientos de cabeza a modo de saludo?

Atrás, ya en el camino de la historia de Cáceres, un nombre llamativo y de tipología profundamente popular, claro, como ocurre, sucede y acaece con el del Paseo de los Aburridos. Un nombre que suena, si me permite, hasta como un término de tonalidad melancólica y que se fue devorando, qué curioso, por la propia y lógica e imperativa modernidad de aquel entonces.

¿Por dónde pasearán, ahora, nos preguntamos, los aburridos del Cáceres de hoy, que ya no disponen de un Paseo como el que tenían en los finales del siglo XIX?

NOTA: Este artículo, EL PASEO DE LOS ABURRIDOS, EN CACERES, se publicó en el periódico EXTREMADURA el 7 de Junio del año 2015, y en el periódico digital extremeño REGION DIGITAL el 8 de junio de 2015.

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EL PASEO DE LOS ABURRIDOS, EN CÁCERES by JUAN DE LA CRUZ GUTIÉRREZ GÓMEZ is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.

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