EL TRAJE TIPICO DE CACERES EN UN CUPON DE LA ONCE

El Traje Típico de Cáceres se conforma, en sus diferentes prendas y manifestaciones, como una joya histórico popular en el transcurso del tiempo, siendo, cada día, cada día más admirado por todos los lugares del mundo. Un traje de extraordinaria raigambre e identidad costumbrista que se airea en todas las manifestaciones festivas.  

A lo largo de la historia son numerosas las estampas, las tarjetas postales, los dibujos, los cuadros, los cromos de álbumes de colecciones infantiles diversas, las ilustraciones de libros, calendarios, y un largo etcétera, que aparecen con el Traje Típico de Cáceres, tal como vamos recogiendo, paulatinamente, en nuestro blog: «CACEREÑEANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ«.
De este modo, sin entrar en las consideraciones específicas de la indumentaria popular cacereña, sobre la que existen numerosos artículos, ensayos, reportajes, investigaciones, de muy acreditados estudiosos, de antes y de ahora, como los que conforman los nombres de Manuel García Matos, Angelita Capdevielle, Domingo Sánchez Loro, Valeriano Gutiérrez Macías, María Fernanda Sánchez Franco, Manuel Trinidad, Juan José Domínguez Moreno, y otros muchos, analizamos, pues, las fuentes de la curiosidad desde la perspectiva de esas Otras Estampas, por darle una denominación a tantas imágenes de y sobre el Traje Típico de Cáceres.
Como es, por ejemplo, la que resulta de la aparición de este cupón editado el 22 de Noviembre de 1996 por la Organización Nacional de Ciegos Españoles sobre el Traje Popular de Cáceres, dentro de la serie tan acertada como resulta la de TRAJES TÍPICOS.
Una llamativa imagen que es original del pintor, ilustrador, dibujante y figurinista Lluis Labarta y Grañé (Barcelona, 1852-1924), con litografía de Magín Pujadas, que, en su día, que llegó a ser Director Artístico y Litográfico de la Editorial «Espasa y Cía«, creada en 1881. y para la que fuera elaborado dicho dibujo.

Dicho cupón representaba, tal como se puede apreciar, la imagen de la vestimenta típica de una joven cacereña que aparece representada, además, con la estampa, tan conocida y frecuente en su día, con el cántaro al cuadril. Unas imágenes curiosas de estampas tan duras como aquellas inveteradas caminatas de las mujeres y chicas cacereñas hasta las fuentes y cargar con el agua precisa para hacer frente a los diversos menesteres caseros que se necesitaban en todos los domicilios familiares.

Ese día, hasta donde relata la historia popular del callejeo por Cáceres, los vendedores de los cupones de la ciudad que invaden las esquinas de las principales calles, sobre todo del centro del caso urbano, añadían a su habitual pregón de «¡Los iguales para hoy!«, el de:

— «¡La suerte de la ONCE, hoy, seguro, con el cupón del Traje Típico de Cácereeeeeeeees!«.

Una estampa, por cierto, que como es lógico, dio lugar a numerosas tertulias en la calle, en la barra de los bares, en las tiendas, en las tertulias vecinales, en los soportales de la Plaza, Pintores arriba, Pintores abajo, Cánovas arriba, Cánovas abajo, a la hora de pegar la hebra, y centrar una amplia y variopinta diversidad de chácharas en en el hilo argumental la imagen del Traje Típico de Cáceres en el cupón de la Organización Nacional de Ciegos de España.

— ¿Ha visto usted, señora Genara, el cupón de la ONCE de hoy? –dijo un tendero del mercado.

— ¡Lo han dado hasta en la radio esta mañana…! ¡Y tiene a una muchacha con el traje típico de Cáceres!. –respondió el carnicero, vecino de puesto, mientras partía con el cuchillo unas chuletas de cerdo.

— ¡Ah, pues no sabía nada…! ¡¡Madre, qué alegría para todos…!–respondió el ama de casa, mientras sacaba de un bolsillo del abrigo la lista de los productos que tenía que adquirir… Entonces el carnicero, de profuso bigote, con pelo entre grisáceo y canoso prematuro, con amplia sonrisa, le enseñó un cupón del día a la señora Genara:

— ¡Mire usted qué bonito…! ¡A ver si nos toca por este motivo…! –y se lo pasó varias veces por el pecho, llamando a la suerte, tal como había aprendido desde siempre y en la esperanza de que el premio llegara su número. Lo que, en definitiva, hacen y hacemos todos.

La señora Genara no estaba dispuesta a que la suerte del cupón de la ONCE, bellamente ilustrado con una joven ataviada con el Traje Típico y Popular de Cáceres, pudiera tocarla a todos, menos a ella.

— En cuanto que salga de aquí voy a ver si me encuentro con un vendedor de la ONCE, que hoy, seguro, nos van a dar un poquito de suerte…

De repente, en medio de la algarabía tan frecuente en el mercado, entre un rumor continuado de voces y de charlas amenas, la mar de animadas entre vendedores y clientes, que si una oferta de los tenderos, que quién da la vez en la cola, que el bacalao acaba de llegar ese misma mañana de Bilbao, se oyó un vozarrón por encima de los otros:

— ¿Quién quiere un cupón con el Traje Popular de Cáceres…?

Al escuchar el anuncio del vendedor pareciera que se hizo un silencio. En ese impasse tan solo se oían los golpes del bastoncillo como rastreando el suelo. La señora Genara dejó la bolsa a cuadros de la compra en el suelo, sacó el monedero del bolso, y adquirió de una tacada seis cupones, seis, como en los toros, añadiendo:

— Uno para mi madre, otro para la señora Evarista, que es un primor de vecina, otro para cada uno de mis hijos, otro para mi marido, Gervasio, y para mí, y otro para guardarlo por si toca y tener siempre una cosechita almacenada.

Luego se despidió del lotero con esa sonrisa propia de la alegría del día, una comidilla que correría por los ríos y afluentes de las calles y plazoletas del todo Cáceres, deseándole y deseándose, al mismo tiempo, la misma suerte.

— ¡Vamos a hacer un extra…!, que para eso somos hoy protagonistas en todita España. ¡Ay, madre, qué bonito que es el traje regional de mi tierra, de mi ciudad…! ¡En cuanto que llegue a mi casa se lo comento a todas las vecinas y llamo por teléfono a mis hijos, que aquí tienen un cuponcito, que les regala su madre, con todo el cariño del mundo, y a mis primas, la Tomasa, la Petra, la Marga, la Florita, la Severiana… ¡Ea, ya tenemos el cafetito hecho…!

DEDICATORIA: Para Adela Sánchez Corchero, querida amiga, en el hechizo del paseo cacereño.

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