ESCUELA NORMAL DE MAGISTERIO “RUFINO BLANCO”

Una ciudad la componen sus gentes, sus edificios, sus tradiciones, sus calles y sus nombres, sus estampas, sus fotografías, sus emociones… Y, también, los nombres de sus edificios públicos. En el Cáceres de Aquellos Tiempos éramos muchos los que nos encaminábamos a la Escuela Normal de Magisterio “Rufino Blanco”.

Don Rufino Blanco, que daba nombre a la Escuela de Magisterio de Cáceres.

Y hasta aquel inmenso edificio de la Escuela Normal de Magisterio, que se alzaba en la Avenida de la Virgen de la Montaña, bajo el nombre de “Rufino Blanco”, nos llegábamos legiones de estudiantes, compatibilizando los estudios de bachiller o no, con los bártulos dispuestos a recibir las enseñanzas de un excelente puñado de profesores que figuran en letras de oro en la pedagogía de aquel Cáceres: Don Eduardo Málaga García, don Isaías Lucero Fernández, don Juan Arias Corrales, don Julio Merino, don José Ríos Valiente, don José Canal Rosado, don Celestino Castelao, don Urbano Sánchez Yusta, doña Angelita Capdevielle, doña María Antonia Fuertes, don Daniel Serrano García

 Enseñanzas ejemplares, ¿por qué no decirlo ahora, tanto tiempo después?, cuajadas de sabiduría, de docencia, de sensibilidad, de sencillez, de cercanía, de inquietud para el aprendizaje y la formación del alumnado.
 
Un día, allá por el transitar del año 1961, un siempre inquieto don Eduardo Málaga procedió a escribir un opúsculo sobre la impresionante figura de don Rufino Blanco Sánchez, que daba nombre a la Escuela Normal de Magisterio de Cáceres. Opúsculo que procedió a distribuir entre todos los maestros de la provincia, y, también, al alumnado que llevaba la vocación de docente en sus adentros. Y que todos, pues, profesores y escolares o normalistas, como se solía decir, supiéramos más y mejor sobre esa figura de extraordinaria talla.
 
Y un día, también en el tránsito del año 1961, la Escuela Normal de Magisterio de Cáceres rindió un homenaje, de repercusión nacional, a la figura con la que se esculpía la denominación de dicha Escuela: Rufino Blanco Sánchez. Un pedagogo del máximo relieve y notoriedad en el panorama de la pedagogía. Un homenaje en el salón de actos de la Casa Sindical, que contó con la presencia de Julián Blanco, hijo del mismo, y que se conformó con una serie de intervenciones en las que participaron, entre otros, Isaías Lucero, presidente de la Asociación del Magisterio de Cáceres, Urbano Sánchez Yusta, inspector-jefe de Enseñanza Primaria, Eduardo Málaga García, director de la Escuela Normal del Magisterio, Simón Rodas Serrano, vicepresidente de la Diputación Provincial y Daniel Zori, Inspector Central de Escuelas del Magisterio….  En dicho homenaje también tomaron parte el Coro de los alumnos de ambas Escuelas del Magisterio.
 
Rufino Blanco Sánchez (Mantiel, Guadalajara, 1861-1936), una eminencia, fue discípulo de Marcelino Menéndez Pelayo, maestro nacional, regente de Escuelas Graduadas Anejas, profesor de Escuela Normal, doctor en Filosofía y Letras, catedrático de Pedagogía, profesor de la Escuela de Criminología, consejero de Instrucción Pública, concejal del Ayuntamiento de Madrid, director general de Primera Enseñanza, gobernador civil de Segovia…

Don Rufino Blanco pronunciando un discurso en la Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Asimismo fue organizador de la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio, junto a personalidades como el prestigioso profesor José Ortega y Gasset, se esforzó al máximo en la docencia de la pedagogía y nos legó numerosas obras en la que destacan entre otras: “Primeros métodos de lectura para la Escritura Española Vertical“, “Cartilla, Catón y Lectura para Párvulos“, “Teoría de la enseñanza“, “Arte de la Escritura y Caligrafía“, “Primeras lecciones de Lengua Castellana“, “Biblioteca Pedagógica“, “Fundamentos de Lengua Castellana“, “Libro del discípulo y del maestro“..

También a su trabajo, constancia, preocupación y esmero se deben, asimismo, entre otras, iniciativas como el Registro Pedagógico de los niños y la adopción en España de las mesas higiénicas para escribir de pie.
Rufino Blanco Sánchez también fue director del periódico “El Universo” y colaboró en el diario “ABC“, en la publicación “El Magisterio Español“, en “El Imparcial” etc.
 
Rufino Rubio Sánchez también fue, asimismo, miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas.
 

Tratado Elemental de Lengua Castellana, una de las principales obras de Rufino Blanco.,

Y de aquella Escuela Normal del Magisterio, de Cáceres, salían formados, debidamente, cientos de maestros por todos los caminos y hacia todas direcciones de los pueblos de la inmensidad de la geografía altoextremeña, conscientes, sobre todo, del amor e importancia de la pedagogía de la enseñanza, de la buena enseñanza, para instruir a las nuevas generaciones de la chiquillería que se iba forjando, al tiempo, en el corrimiento generacional con aquellos nuevos maestros que, a su vez, tuvieron un lujo de enseñantes.

Un nombre, el de Rufino Blanco, que hoy recordarán, recordamos, muchos, con la nostalgia del Cáceres, ay, de Aquellos Tiempos del Magisterio…
Y una Escuela, la Normal de Magisterio, de Cáceres, en la que quedan vinculados nombres de docentes de relieve, a través del paso del tiempo, como es el caso, por ejemplo, de Eladio Rodriguez Gallego y María del Carmen Queimadelos Vieitez, que llegaron a ser directores de la Escuela Normal de Magisterio (de hombres y mujeres, respectivamente), entre los años comprendidos entre 1916  y 1931.
Una Escuela Normal de Magisterio, la del Cáceres de Aquellos Tiempos, que marcó un hito en su importante papel que desarrollando, siempre, en la vida social, formativa, cultural, educativa y pedagógica de la ciudad.
Y, como testimonio de recuerdo para las páginas de esa historia de la ciudad y de la provincia, de tantos excelentes docentes, maestros y enseñantes, queda esta imagen en la que aparece una parte del claustro profesoral y que estaría fechada a finales de los años cuarenta.
La misma cuenta con la presencia de Florencio García Carrasco, Urbano Sánchez Yusta, Bonifacio Avila Cruz, Isaías Lucero Fernández, Juan Arias Corrales, Celestino Castelao, José Ríos Valiente y el profesor Cornejo
Todo una estampa de cualificados y esmerados educadores en tantas generaciones de estudiantes del magisterio cacereño que tanto pudimos aprender de ellos en tantas y en tan señaladas asignaturas del programa académico y, también, al tiempo, de la propia sensibilidad social…
Hoy, más que nunca, el mejor recuerdo a y para todos ellos.

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