EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES

«EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACIAN LOS DIOSES» se conforma como un estudio de extraordinaria consideración, obra de Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, que publicó el año 1961, a través de Espasa Calpe. El autor de estas líneas considera que sería necesaria una nueva edición de este volumen, por parte de una institución como la Junta de Extremadura, por ejemplo, para que todos los extremeños tuvieran acceso a una de las mejores obras descriptivas de Extremadura.

Preciosa portada de "Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses".

Preciosa portada de «Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses».

Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, (Cáceres, 1899-1972), es una de esas genuinas figuras de la historia, del arte, de la cultura, de la investigación y de la defensa, siempre, del nombre de Cáceres, tal como consta en todas sus publicaciones, y, quizás, más expresamente, a través del amplio contenido de su estudio «EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES».

Una ciudad a la que entregó su vida con el rigor de sus cualidades, con la inmensa capacidad de trabajo que siempre le presidió, y porque fue uno de los más inquietos luchadores por la rehabilitación del Casco Histórico Monumental de Cáceres. Tal cual como siempre se reconoció por las figuras más relevantes de la historia artístico-monumental en Cáceres.

¡Y que Ciudad Medieval se nos dejó, para mayor gloria de Cáceres, gracias a sus empeños, a los de Alfonso Díaz de Bustamante, Carlos Callejo Serrano, Miguel Angel Orti Belmonte, Valeriano Gutiérrez Macías y tantos y tantos…!, que hoy la ciudad se alza como Patrimonio de la Humanidad figurando, asimismo, como el Tercer Conjunto Medieval mejor conservado de Europa, después de Praga y de Tallín, en Estonia.

Un hombre, don Miguel, todo trabajo y sencillez, todo hondura e inquietud, todo, intelectualidad y generosidad, todo, sencillamente, pasión por el Cáceres de su alma, donde las campanas, sonaban a su lado, en la Plaza de Santa María, y cuyo tañido, como solía comentar con frecuencia, le inspiraba con ese aire de dulzura que emana del repiqueteo de sus proximidades en medio de esa consagrada Plaza Medieval que es la de Santa María, uno de los dos grandes corazones del Casco Histórico-Monumental…

La iglesia cacereña de Santiago de los Caballeros.

La iglesia cacereña de Santiago de los Caballeros.

No dejó de trabajar nunca por Cáceres. Probablemente ni un sola jornada. Y un buen día, en medio de sus numerosos libros, artículos, reportajes, investigaciones, seminarios, tertulias, congresos, viajes, estudios, repasos, conversaciones, que se dice pronto, siempre con Cáceres como el hilo argumental al medio de sus inquietudes, prácticamente nadie se explicaba cómo podía sacar tanto tiempo para escribir con el rigor y la profundidad histórico-artístico-cultural que lo hacía.

Acaso señalamos ahora, porque de siempre llevaba, tenía y sentía a Cáceres en el alma, en la cabeza, en la inteligencia, en el corazón y en el sueño dorado del descanso de la noche cacereña, más aún en su residencia solariega, un hermoso e impresionante lugar cuajado de silencios y de reflexiones, de paz y de nuevos encuentros, a cada instante, con la historia y con las historias de Cáceres. Mañana, tarde, noche, madrugada, siempre, Por eso, quizás, sencillamente, don Miguel Muñoz de San Pedro representaba toda una fuente de conocimientos que deseaba volcar todo su rigor  en ese intento, generoso, de trasladarlos a la gente extremeña.

Un buen día, del correr del año 1961, nos sorprendió a todos con un amplio volumen, de seiscientas cincuenta y siete páginas, titulado «EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACIAN LOS DIOSES», dejando constancia de un amplio y muy detenido y completo estudio, cuajado de una diversidad de segmentos por los que cabalgaba y continúa el libro: Historia, Arte, Economía, Sociedad, Campo, Monumentos, Extremeñismo, Sensibilidad, Hondura, Análisis, en un recorrido que causó emoción e interés de relieve en la tierra parda.

Miguel MUñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, en 1959.

Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, en 1959.

Un libro que hoy he vuelto a ojear, con el cariño de la amplia amistad familiar entre don Miguel y mi padre, Valeriano Gutiérrez Macías, que compartían afanes y pasiones por lo que el autor de estas líneas ha dado en denominar, permítaseme, Cacereñismo. Esto es, el intento de tratar de hacer cada día Más y Mejor Cáceres. Una palabra que, al autor de estas líneas, al menos, le conmueve. Quizás, claro, que me perdone el lector, por ser una expresión personal.

Al reencontrarme con esa obra gigantesca, tal cual se manifiesta «EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES«, he sentido la emoción del paso del tiempo adornado con las procesiones de los desfiles de estampas, imágenes, lecturas y charlas del Cáceres de Aquellos Tiempos sobre la fenomenología histórico-artística, cultural, literaria de la ciudad, de la provincia, de la región. Con don Miguel Muñoz de San Pedro entre ese puñado de luchadores sin desmayo.

Un libro que se conforma de una especial sensibilidad en los caminos, marchamos, senderos, recorridos, expectativas y posibilidades  de la tierra parda que tan dentro y tan profundamente llevaba en sus adentros, desde siempre, don Miguel, en búsqueda de un futuro mejor para la misma.

Un reencuentro, en este tiempo de la canícula estival, que me ha servido para refrescar, acaso, la memoria. Tal vez, de aquellos tiempos; puede, que, como siempre, el magisterio superlativo de don Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, tal cual queda esculpido en el aire volandero del hechizo, de la magia, del misterio, de la leyenda, de las aventuras medievales, de las guerras por la conquista de Cáceres, de los amoríos en el Cáceres de Aquellos Tiempos, de las conquistas, de los encantos, del Cáceres Histórico-Monumental y de la Ciudad Medieval…

... Y, al fondo, el Palacio de Ovando, residencia de Don Miguel Muñoz de San Pedro...

… Y, al fondo, el Palacio de Ovando, residencia de Don Miguel Muñoz de San Pedro…

Y la verdad es que, a pesar de que han transcurrido, así, de repente, cincuenta y ocho años desde la publicación del libro «EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACIAN LOS DIOSES», extraordinariamente ilustrado con numerosas y muy hermosas fotografías de toda la región, su amplio volumen se conforma como uno  de los parajes y de los paisajes más señeros de la tierra parda, a pesar del tiempo transcurrido, a caballo, entre el pasado de los tiempos del ayer, el hoy de aquel entonces  y el camino de futuro para abrir los senderos del futuro.

Don Miguel era, humanamente hablando, un sabio. o, mejor aún, como se decía popularmente, un pozo de ciencia. Y debía de ser consciente, seguramente, de su gesta con tamaño volumen impregnado de un camino muy cuidado y certero en todos y cada uno de sus pasos, en todos y cada uno de sus capítulos, en todas y cada una de sus proyecciones, Don Miguel, intelectual de relieve, mejor dicho, de larga notoriedad, se distinguía, además, entre otras razones y virtudes, por su amplio humanismo.

Un estilo de vida repleto de sabiduría y de dignidad y rodeado de semblanzas cuajadas de aportaciones a la historia de Cáceres, para su mayor conocimiento y divulgación, que era, de siempre, uno de sus compromisos. Como se deduce de una obra memorable que debieran de conocer todos los cacereños de hoy, la de «Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses«.

La encina, el árbol tradicional de Extremadura.

La encina, el árbol tradicional de Extremadura.

También, un día cualquiera, mi padre, sabiendo de mi germen periodístico, me dijo que tendría que leer esa obra, con la mayor intensidad en dicho cometido y en tamaña tarea, para conocer «a base de bien» Extremadura, como me apuntó que un día debería de rendir homenaje a su figura cuando en diversas ocasiones don Miguel, un hombre bueno y cariñoso, me dio la mano, me habló copiosa, acertadamente de Extremadura, en uno de los salones de la cafetería Jamec, con el entonces estudiante,  ruborizado y silencioso, y me dijo con la nobleza de su mirada: «Extremadura, querido Juan de la Cruz, merece la pena«.

Hace un par de años dediqué a su figura un estudio en este Blog, «CACEREÑEANDO», con el título «EL CONDE DE CANILLEROS, UNO DE LOS ARTÍFICES DE LA REHABILITACION DE LA CIUDAD MONUMENTAL». 

Y hoy, mientras releo paulatina, sosegada, tranquilamente, su obra, me parece contemplar al historiador, investigador y escritor trabajando en su despacho con la filosofía de la serenidad y de la pasión y del mayor interés y entusiasmo por Cáceres.

Bella imagen folklórica sobre el traje típico montehermoseño en una danza típicxa extremeña.

Bella imagen folklórica sobre el traje típico montehermoseño en una danza típicxa extremeña.

Ahora, mi querido don Miguel, en medio de esas investigaciones que llevamos metidas hasta el tuétano los estudiosos e indagadores de nuestra historia y de nuestra cultura y de nuestras gentes, en mi caso modestamente, he vuelto a saborear el profundo contenido y los rigurosos contenidos de «EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES».

Una obra completa, sencilla, intensa, profunda, erudita, y, sin embargo, muy amena a través de cuyas páginas va recorriendo, de modo entrañable y acertado, todos los caminos de la región extremeña en las vertientes y en los caminos y en los senderos trazados por los cuatro puntos cardinales de la geografía extremeña. De norte  a sur y de este a oeste…

Y mientras voy pasando hoja a hoja de su trabajoso y valioso volumen y contemplando fotografía a fotografía, sobre las esencias de la tierra y región extremeña, 1967, que parpadean en el libro, qué duda cabe que aumenta el interés, la inquietud y el deseo de seguir avanzando en el proceso de la lectura. Y. si menester fuera, robando tiempo a los sueños de la noche en calma por los impresionantes horizontes de la Extremadura nuestra, la obra de don Miguel.

Puerta de Palmas, Badajoz.

Puerta de Palmas, Badajoz.

Si bien lo llevaré a cabo con la filosofía y esencia del aprendizaje, en medio del silencioso crujido que marca el reloj de la noche, que emborracha de lectura al escritor, que es lo más importante, como me insistiera don Valeriano con cierta frecuencia, cuando el estudiante de aquellos tiempos más bien trataba de remolonear los consejos de su progenitor entre los pasos de una vida presidida mucho más por lo mundano, por lo tibio, por lo insulso, entre amigos, paseos, diversiones, fútbol, toros, guateques, miradas enamoradizas a a aquella guapas y hermosas chiquillas que paseaban, incansablemente, Pintores arriba, Pintores, abajo, Cánovas arriba, Cánovas abajo, Plaza Mayor arriba, Plaza Mayor abajo, entre curiosidades y conversaciones de otros aires muy distantes de aquellas lecciones histórico-artísticas e intelectuales de don Miguel.

Y de la lo suficiente importancia como para decirle ahora, con toda honestidad, con la mano diestra claveteada en el corazón, y ante su ausencia, pero con su testimonio histórico-literario como testigo: «Gracias, don Miguel, por esta lección humanista de un radiante extremeñismo«.

Don Miguel Muñoz de San Pedro se entregó profusamente a Cáceres, por la bondad e inquietud que le presidía y bullía en sus adentros, algo evidente, a la vista de todos, porque ahí radiaba su compromiso y su reto. Y a fe, que, a través del legado que nos dejó, en herencia, cumplió, a base de bien, su palabra de honor en el el sacrosanto testimonio de la identidad armónica y paralela con una ciudad llamada, ni más ni menos, que Cáceres.

Teatro Romano de Mérida.

Teatro Romano de Mérida.

«EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES» viene a configurarse, además de como una obra imprescindible en las bibliotecas extremeñas, si se quiere, como un larguísimo recorrido por senderos, por caminos, por carreteras, por pueblos, por veredas, por campos, por búsqueda de informantes en medio de entrevistas con paisanos, de consultas en los archivos lugareños de los pueblos, de charlas con los más mayores del lugar, vino tinto, vía porrón al medio y chorizo de pueblo, de anotaciones, hasta alcanzar el quid de su cuestión argumental de su planteamiento, a fin de obtener datos, fechas, curiosidades, logros, personas, hechos, historias, curiosidades, anécdotas, rigor, obras de toda Extremadura.

Lo que se dice pronto, sí. Pero que lleva consigo un indudable mérito que es de aplaudir por todos los extremeños. Sobre todo, además de por el trabajo y los esfuerzos llevados a cabo, por la factura histórico-literaria que emana del mismo.

Un libro, pues, «EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA LA QUE NACÍAN LOS DIOSES», que debiera de hacerse presente en toda Extremadura, en sus colegios, en sus Institutos, en sus Facultades, en sus bibliotecas, por el amplio e interesantísimo recorrido que llevó a cabo, para mayor gloria de la tierra parda y, por supuesto, de ese intelectual nato que fue su autor, don Miguel Muñoz de San Pedro.

Estatua de Hernán Cortés, en Medellín.

Estatua de Hernán Cortés, en Medellín.

Un personaje de distinción en el Conde de Canilleros que el querido amigo Manuel Vaz-Romero, ya fallecido, calificara de «rostro gregrense y perfil enjuto, de verbo erudito y excelente memoria, verdadero archivo viviente, de cultura enciclopédica«,  José María de Cossío como de «historiador ilustre y escritor amenísimo«, y Valeriano Gutiérrez Macías como «uno de los prohombres de la cultura histórico-artística y del humanismo de Cáceres«…

También, ya, de paso, debemos de dejar constancia expresa que, entre otras obras salidas de su creación, el Conde de Canilleros tiene publicadas los siguientes libros: «Diego García de Paredes, el Hércules y Sansón de España«, «Un extremeño en la corte de los Austrias«, «Don Gutierre de Sotomayor, Maestre de Alcántara«, «El capitán Diego de Cáceres Ovando«, «Documentos para la Historia de la guerra de Secesión en Extremadura«, «Expedición de Hernando de Soto a Florida«, «Biografía de Pedro de Alvarado«, «Tres testigos de la conquista del Perú: Hernando Pizarro, Juan Ruiz de Arce y Diego de Trujillo«, «Doña Isabel de Moctezuma, la novia de Extremadura«, «Sor Mariana de la Presentación«, «El conde de Rodezno y Cáceres», «La ciudad de Cáceres: estampas de medio siglo de pequeña historia«, «Tres testigos de la conquista del Perú«, «La Extremadura del siglo XV en tres de sus paladínes«, «La Real Audiencia de Extremadura«, «Cáceres«, «Badajoz«, «Ayer y hoy de Extremadura«… Y otras, junto a una innumerable colección de artículos, que, ojalá, no sigan dormitando en el solar de los olvidos. Una costumbre muy propia, lamentablemente, por cierto, de las gentes extremeñas… ¡Qué pena el de tantos olvidos de los testimonios y ejemplos de nuestras preclaras y doctas gentes y que tanto bien hicieron por y para la región extremeña, tan marginada en tantos campos…!

Mozas de Don Benito ataviadas con el traje típico.

Mozas de Don Benito ataviadas con el traje típico.

NOTA; Dedicado a la memoria de don Miguel Muñoz de San Pedro Higuero Torres Cabrera Cotrina, cuya obra, «EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES«, desde mi modesta consideración, debería de ser reeditada por algún Consorcio o Institución, como la Diputación Provincial de Cáceres o la Junta de Extremadura, y quede al alcance de todos los cacereños.

También va dedicado este trabajo a mi querido amigo José Miguel Carrillo de Albornoz y Muñoz de San Pedro, Vizconde de Torre Hidalgo, apasionado, también, de Cáceres, y que ya tiene tras de sí la estela de otra obra literaria gigantesca, interesante y extraordinaria, como es el ejemplo de «Memorias de Doña Isabel de Moctezuma«, «Los hijos de Isabel de Moctezuma«, «Carlos V, el emperador predestinado«, «Carlos V, la espada de Dios«, «Diario de un viaje iniciático por los misterios de México«, «La reina triste«, «Relatos mágicos y leyendas de México«, «El comendador de Alcántara, renombrada posteriormente como El gobernador de Indias«, «Yo, Juana La Beltraneja, la reina traicionada«, «Moctezuma, el semidios destronado«, «Jaque a la reina blanca«, «El manuscrito secreto«, «Muera Napoleón«, «El oro del cielo» y «Duquesas. Un poker de damas en la España del Siglo XX. Medinaceli, Alba, Medina Sidonia y Arcos«…

José Miguel Carrillo de Albornoz se conforma como otro de los genuinos notarios de las letras, de la historia y de la sociedad cacereña, al que aún le queda mucho por escribir sobre esos temas que conoce a la perfección, que domina y que lleva en lo más adentro del alma. Y, al tiempo, sigue haciendo camino al andar, que es lo más importante, y dejando constancia, de esa sensibilidad que corre por sus venas, desde la sangre de muchas generaciones. Por lo que seguimos esperando, de forma ávida, sus testimonios, relevantes de la historia, tal como delatan sus escritos, sobre todo, vía Moctezuma, que también circula por esas venas de su cuerpo y de su alma.      

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EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES by JUAN DE LA CRUZ GUTIERREZ GOMEZ is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.

2 comments on “EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES
  1. Amigo Juan de la Cruz. ¡¡¡ Magistral y extraordinaria descripción de la personalidad y obra de D.Miguel Muñoz de San Pedro.Conde de Canilleros LA TIERRA DONDE NACIAN LOS DIOSES y toda su trayectoria intelectual y de amor por Cáceres.Yo,salvando las distancias,le traté personalmente donde yo trabajaba y que él frecuentaba : La Casa de la Cultura.Biblioteca Pública.
    Como persona afectuoso y cercano.Guardo un recuerdo entrañable de él.

    • Juan dice:

      Muchas gracias, Purificación, por su comentario sobre mi trabajo alderedor de la figura de Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros. Sin duda alguna uno de los grandes y más señeros personajes del Cáceres de Aquellos Tiempos y que se desvivió, al máximo, en sensibilidad e intelectualidad por un Cáceres Mejor.

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