FRADE, ENTRE EL CORAJE, EL VERTIGO Y LA LUCHA

Por las páginas de la historia del Cáceres de Aquellos Tiempos, como suele denominar el articulista, existen personajes de una manifiesta dimensión –muchas veces olvidados–, injustamente, y que han hecho de la vida un ritmo de coraje, de lucha, de pasión… José Antonio Frade Martín (San Martín de Trevejo, 1946), es un cacereño que arrastró en su tiempo una vida vertiginosa y, siempre, al azar, con una excepcional personalidad y constancia.

 

José Antonio Frade recibiendo el Premio al Mejor Club Deportivo de la Provincia, de manos del Gobernador Civil de Cáceres.

José Antonio Frade recibiendo el Premio al Mejor Club Deportivo de la Provincia, de manos del Gobernador Civil de Cáceres.

Hijo de Elvira, de origen portugués, y de Marco, que atendía una taberna en la localidad gateña y cuidando, al tiempo, de su campo y de sus cabras, se quedó huérfano de padre y madre en poco menos de un año, que fallecieron por la tuberculosis.

Mientras todos los muebles, ropas, colchones y enseres de la casa paterna son quemados en el trascorral, para evitar cualquier infección y contagio, José Antonio pasó a la Casa Cuna del Hospital, con las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, mientras sus hermanas, Jacinta, con once años, y Josefa, con cuatro, eran ingresadas en el Colegio de la Inmaculada, en la Plaza de Caldereros, donde se servía también a numerosos cacereños la conocida como Gota de Leche. Una especie de biberón que se obtenía para los más pequeños y humildes a través de una ventanilla ovalada.

Al alcanzar la edad escolar, coincidiendo con la llegada de los Salesianos al Colegio de San Francisco, Frade pasó al mismo, donde crecía entre estudios, juegos, deportes y el compañerismo de chicuelos marcados por la carencia de un hogar familiar.

De este modo, casualmente, gracias a Fernando Grande Navascués, administrador de los centros benéficos de la Diputación Provincial, Hospital, Colegio San Francisco y Colegio de la Inmaculada, descubre que tiene dos hermanas, sintiendo la mayor emoción al abrazarse a ellas y recuperar una amplia parcela de su vida. Lo mismo que, por esa época, en su primera visita a San Martín de Trevejo su tía Benita, que le rescató tras el fallecimiento de su madre, procedió a relatarle el desarrollo de aquellos durísimos tiempos y que llevó a cabo las gestiones con el Ayuntamiento para su ingreso en la casa Cuna.

Entregado al oficio de zapatero en el Colegio San Francisco.

Entregado al oficio de zapatero en el Colegio San Francisco.

No obstante José Antonio seguía buscando de forma afanosa el anhelo de su progreso y a caballo con los estudios aprendía el oficio de zapatero, llegando a participar en un concurso de Formación Profesional, celebrado en Valencia, proclamándose campeón nacional. Pero a los 16 años, de la noche a la mañana, dejó de contemplar la panorámica que le ofrecía la vida, muy compleja, al caer en un zonche de cal viva que tenía la Diputación Provincial en las dependencias colegiales. Motivo por el que el mismo perdió una gran capacidad de visión.

Tras varias consultas y pruebas diversas con un oculista de la capital cacereña, el mismo le expuso, textualmente, que no le encontraba ninguna anomalía, que solo era una obsesión y tontunas del joven paciente. Como consecuencia del dictamen procedieron a ingresarle en el Hospital Psiquiátrico de Plasencia, donde padeció inclusive descargas de choques eléctricos que le aplicaban tumbado en la cama de aquel amplio dormitorio de más sesenta internos, rodeado de seis personas, al tiempo  que le colocaban un tubo de goma maciza en la boca para evitar desgarros en la misma.

Lo que José Antonio no podía entender ni comprender porque continuaba careciendo de vista. Pero, afortunadamente, nunca, sin perder su orientación en la vida.

Casualmente, en el transcurso de un encuentro fortuito con una monja auxiliar del hospital placentino, sor María, que más tarde colgaría los hábitos, posibilitó que le recibiera el oftalmólogo Ezequiel de la Cámara, detectándole una artrofia del nervio óptico.

Con el nuevo diagnóstico regresó al Colegio de los Salesianos, atravesando una dura encrucijada, porque los rectores del centro educativo le remitían, día a día, como castigo y desprecio al corredor o pasillo, por el hecho de poseer tan solo un diez por ciento de la visión, mientras José Antonio se desesperaba entre tantas adversidades. Paralelamente el doctor Tomás González, oftalmólogo de la ONCE, le abrió las puertas de la organización al cumplir los dieciocho años.

Al mismo tiempo José Antonio, con su escasez de visión, juega al baloncesto y otros deportes bajo las órdenes de Josué Mimoso.

Un día cualquiera, cansado de tantas desatenciones por parte de los miembros de la comunidad salesiana, harto del trato que le daban, se escapa del colegio y emprende una nueva y desconocida andadura. José Antonio tiene y padece un corto alcance de vista de escasos metros y sin distinguir bien a las personas ni aun pasando las mismas en sus proximidades.

Casualmente, Camino Llano arriba.se lo encuentra la señora Victoria, pinche de cocina del centro, José Antonio le comenta sus desdichas, sus pesadillas, sus sufrimientos, así como su voluntad decidida de no regresar al Colegio, ante lo que decide darle acogida en su casa en la calle San Benito.

Tras todo un tiempo de reflexión no solo no se amilana ante la encrucijada de la travesía que quedaba en su camino, sino que toma nuevos impulsos. De tal forma que inicia su trabajo en la ONCE y, tras la marcha de los salesianos, y con la dirección de Juan Muñoz Sobrado en el colegio, forma varios equipos de baloncesto, fútbol y minibasquet, a los que prepara, entrena y dirige, logra la participación de los mismos en diversas competiciones y obtiene una serie de trofeos con sus conjuntos que iban adornando las vitrinas del centro. En tales equipos deportivos se forma, al tiempo, una amplia cantera destacando en su trayectoria entre otros los futbolistas Plaza y Pedrito, que defendieron los colores del Club Deportivo Cacereño.

Una etapa de una extraordinaria inquietud por el deporte y que le lleva a obtener el título de entrenador provincial de baloncesto.

Más tarde se desliga del San Francisco, crea el Club de Deportes La Unión, bajo el lema “La unión hace la fuerza”, inicialmente en la calle Margallo, más tarde en la Plaza de la Audiencia, logrando  la afiliación de setecientos asociados y poniendo en marcha, inclusive, un equipo femenino.

Sus siguientes pasos le llevan a colocarse al frente del Centro-Hogar de la Organización Juvenil Española, en la calle Parras, gracias a la confianza que le otorga José María Saponi, consigue el trofeo al mejor Club de Deportes de la Provincia y forma un equipo de ciclismo con Joaquín Hormigo, organizando la I edición de la Vuelta Ciclista a Cáceres.

En el año 1971 contrae matrimonio con Claudia Vieira Pereira, pasa a residir en la calle Cuesta de la Reina, Barrio de Aguas Vivas, imprime un giro a su vida, participa activamente en diversos planteamientos de la ONCE: Negociaciones, reivindicaciones, defensa del colectivo cacereño y otras ocupaciones de gran calado, forma parte de una comisión nacional para el estudio de la plantilla de la Organización de Ciegos… Y, entre otras numerosas inquietudes, organiza una manifestación en Cáceres contra la venta de boletos en los bares que tanto les dañaba.

Aun así encuentra un hueco para formar parte del coro de la parroquia de San José, con un párroco de la talla como Severiano Rosado, del que formaría parte durante la friolera de cuarenta años, como participó activa y largamente con la Conferencia de San Vicente de Paúl ayudando a los más necesitados…

Un poco más adelante a pasa a ostentar la Presidencia del Consejo Territorial de la ONCE en Extremadura, implantando los primeros quioscos en Cáceres, También fue el primer presidente del Comité de Empresa de la ONCE en Cáceres, Delegado Provincial…

Mientras tanto se forma en otras características, como en el ajedrez o en el dominó, llegando a obtener diversos títulos regionales y nacionales.

En medio de esa densidad de inquietudes y de esfuerzos, en ocasiones de carácter sobrehumano,  guarda en la memoria, en el alma, en el corazón, toda una multitud de acontecimientos siempre en el marco de Cáceres. Siempre confluyendo en las vías de su forma de ser, en el escenario de sus honduras. Como, por ejemplo, aquel día, pleno de luz, en el que consiguió siente la mano y la voz, cálida, de un Papa como Juan Pablo II,

Al compás del repaso del tiempo, con un trabajo encomiable, intenso y esforzado, luchando siempre como un jabato, como un verdadero jabato, José Antonio Frade pasa revista a una inmensa multitud de hilos y recuerdos que se agolpan por una vida entre el azar, el coraje, el sentido humano…  Con una memoria privilegiada, con una sensibilidad excepcional, con una capacidad inagotable de recursos, como le exigía la vida, se superó de un modo notable…

En un salto en el tiempo regenta su quiosco en la Plaza de América hasta alcanzar una merecida jubilación, tras 47 tantos años, tanto de lucha como de superación de inconvenientes, mientras comparte su tiempo entre Cáceres y su localidad natal de San Martín de Trevejo.

 

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FRADE, ENTRE EL CORAJE, EL VERTIGO Y LA LUCHA by JUAN DE LA CRUZ GUTIERREZ GOMEZ is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.

4 comments on “FRADE, ENTRE EL CORAJE, EL VERTIGO Y LA LUCHA
  1. Florencio Amaya dice:

    Yo formé parte de aquellos equipos jugando al fútbol y al baloncesto en los Talleres Municipales y tuve ina buena relación con él hasta mi marcha de Cáceres.

    • Juan dice:

      Estimado Florencio: Muchas gracias por su comentario. La verdad es que constituye un placer que, desde estas páginas de CACEREÑEANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ, se enlacen estas vías para ahondar en las vertientes del Cáceres de Aquellos Tiempos. Un saludo cordial. Juan de la Cruz.

  2. Julio Rodríguez dice:

    Precioso artículo sobre una persona que conozco por su vinculación al baloncesto, pero que desconocía de su azarosa vida, sin duda alguna, una persona persona que, dado como ha sido su vida, merece la pena que alguien la cuente, y lo has hecho fenomenalmente.

    • Juan dice:

      Muchas gracias, querido Julio, por tu comentario. Una trayectoria ejemplar, la de nuestro querido José Antonio, con el que acabo de hablar largamente hace unos minutos tan solo. Siempre entrañable, cariñoso, cordial… Tal cual su propio esquema de vida preñado, como se ve, de adversidades, que ha ido superando a base de una constancia y de un amor propio verdaderamente admirable y ejemplar. Ahí por ahí tantas páginas de Aquellos Tiempos que irlas palpando poco a poco, como tratamos de hacer tantos y tantos, es algo que merece la pena, Un gran abrazo. Juan de la Cruz

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