EL ASILO Y EL HOMENAJE A LA VEJEZ (1925)

Un día de 1925 Cáceres rindió un homenaje a la vejez, a sus mayores, a los que se habían ido dejando la piel a tiras en el camino. Y toda la ciudad, como siempre, se volcó con los más desvalidos y necesitados. Sobre todo con los que se encontraban en el Asilo de las Hermanitas de los Pobres.
Esta es la historia. El año 1879 llegaban a Cáceres dos monjas francesas pertenecientes a la congregación de las Hermanitas de las Pobres para atender a los ancianos más necesitados, siguiendo la máxima de la fundadora de la orden, Juana Jugan, nacida en la Bretaña francesa (1792-1879).
 
Las mismas pudieron abrir su primera casa o Asilo en el número 23 de la calle Caleros, a la que en poco tiempo se incorporaron otras cuatro hermanas más de la orden.
 
Y con las puertas de la ciudad y sus gentes abiertas de par en par, las humanas, las solidarias, las de la ayuda constante, aquellas dependencias pronto se quedaron pequeñas.
 
Y, con la ayuda de todos, comenzando por el Rey, Alfonso XII, que aportó ocho mil reales a la causa, siguiendo con las fuertes aportaciones de personajes como el Marqués de Camarena, la Marquesa de Monroy y otros acaudalados miembros de la sociedad cacereña, así como los donativos de la ciudadanía, en el año 1885 las monjas de las Hermanitas de los Pobres ya se trasladaban al Asilo que se había alzado en EL número 19 de lo que hoy es la Avenida de España. Por donde se comenzaba a trazar, entonces, uno de los principales ejes viarios de una capital que, en aquellos tiempos, terminaba en la calle San Antón, y desde ahí en adelante, hacia el sur, muchos conocían, coloquialmente, como el Paseo de los Aburridos.
 
Allí se levantó un gran y emblemático edificio que, en aquellos tiempos, vivía en soledad en la zona, junto al Hospital Provincial y el Parador del Carmen. Aunque las gentes de Cáceres, siempre buenas y muy caritativas, estaban pendientes de sus Hermanitas y de los ancianos y pobres.
 
Un día de 1925 un personaje de la talla de León Leal Ramos, figura de la sensibilidad social, al frente de la Caja Extremeña de Previsión Social, propuso un homenaje a la vejez. Con un acto de relieve en la Diputación Provincial y visita al Asilo donde llevaron a los allí residentes dulces y tabaco.
 
Todo Cáceres se volcó con el Asilo y sus mayores. Lo que siempre hizo.
 
Y, como referencia, quedan estas imágenes que se publicaban en el periódico “La Montaña“, con una parte de los residentes en el Asilo de Ancianos de Cáceres.
 Juana Jugan, por cierto, fue beatificada en 1982 por Juan Pablo II y canonizada en 2009 por Benedicto XVI.
Hoy, ciento treinta y siete años después, el Asilo de las Hermanitas de los Pobres, continúa demostrando el apoyo de los cacereños y conformándose como una de las más de doscientas casas que tiene abiertas por todo el mundo la ejemplar Congregación.

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