LA CIGÜEÑA EN LA CIUDAD MEDIEVAL

Después de hacer hecho un ligero recorrido por la presencia de especies como el grajo y el cernícalo o quica, indisolublemente unidos a Cáceres, y en fotografías de gran belleza, hoy vamos con la Joya de la Corona, la Cigüeña Blanca.

 

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La cigüeña blanca llena, con su presencia, el Casco Histórico-Monumental de Cáceres, como se puede apreciar en la fotografía.

Una estampa, la de la Cigüeña, allá, sobre todo, por el Casco Histórico-Monumental, con su belleza y elegancia de un vuelo de señalada estampa, de destacado relieve, majestuoso, si se quiere. A lo mejor, incluso, presumido. De unos andares, también, como si la zancuda desfilara de forma esbelta por una pasarela. Y que embadurna y tinta, más aún en esta época estival, los cielos azules cacereños de los colores blanquinegro en su cuerpo y alas, en un constante desfile desde tiempos inveterados.

Presencia que suele arrancar, como señala el refranero, allá por San Blas, anunciando, ya, con su lucida presencia, el buen tiempo. Tal cual lo aprendimos de nuestros abuelos, de nuestros padres, de la propia historia de la presencia de la cigüeña en Cáceres.

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Una pareja de cigüeñas en un bellísimo atardecer cacereño.

Vuelos de ida y vuelta, a veces hasta largas distancias, para procurarse, allá por lodazales y basureros, el mantenimiento de los adultos y de los suyos, de los cigoñines que esperan, inquietos, acurrucados en la nidificación, la hora de la papilla o el machacado del ajo, como se dice por los pagos cacereños, mientras el sonido de las palas de la madre, preparando la pitanza, retumba por toda la zona intramuros de Cáceres, tratando de hacer engullir a sus crías la papilla de pequeños mamíferos, insectos, lagartijas, peces, rañas o carroña.

Al tiempo, a vista de pájaro, la cigüeña se encarama desde sus altas atalayas, campanarios y torres, y otea una ciudad de puertas abiertas, que de siempre consideró a las mismas como de la familia, como de andar por casa.

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Cigüeñas en lo alto del Complejo de San Francisco, en Cáceres.

Un ave, la cigüeña, que siempre conforma una estampa de gran hermosura. Y que en los inicios primaverales, entre crotoreos monorrítmicos, parece danzar danza estirando el cuello hasta la cola en el cortejo habitual de la pareja.

La Cigüeña, una cacereñeadora más, se representa y ofrece como uno de los símbolos de Extremadura, siempre con su bella estampa a cuestas. Como la que se puede apreciar en la primera de las fotografías sobrevolando por encima de la iglesia de San Francisco Javier, en la Plaza de San Jorge, uno de los corazones del Casco Histórico-Monumental de Cáceres.

NOTA: La primera fotografía está captada del blog lootage.tramepool.com, la segunda es del periódico Hoy y la tercera del periódico A Vuelapluma.

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LA CIGÚEÑA EN LA CIUDAD MEDIEVAL by JUAN DE LA CRUZ GUTIÉRREZ GÓMEZ is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.

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