LLEGADA A CACERES DE LA I VUELTA CICLISTA A ESPAÑA

La decimosegunda etapa de la primera edición de la Vuelta Ciclista a España, celebrada en 1935, cubrió los 270 kilómetros del recorrido desde el puente sevillano de Triana, hasta la meta situada en El Triángulo, a la orilla de la Avenida de la República, en Cáceres.

El ganador de la etapa fue el corredor belga François Adams, que tardó en el recorrido de la misma, ni más ni menos, que la friolera de 10 horas, 2 minutos y 18 segundos batallando, como un auténtico y verdadero jabato, pedalada a pedalada, como un héroe. Una figura que eran y conformaban aquellos ciclistas de aquellos tiempos: unos héroes.

Una gesta de extraordinario calibre de deportividad y de superación, la de aquellos esforzados de la ruta que se dejaban, nunca mejor dicho, la piel y el amor propio, a base de coraje, de sudor y de espíritu y capacidad de sacrificio, pedaleando, en aquel entonces, con bicicletas sin tubulares, con piñones de 4 o 5 coronas y un solo plato.

A ello hay que añadir que, según relatan y cejan constancia expresa los cronistas de la época, durante el desarrollo de aquella etapa, que se deslizaba de forma tan batalladora como ardua entre las tierras de la andalucía sevillana, de donde arrancaron a las cinco y de la mañana, y la eternidad de Cáceres hacía “un día berberisco y el sol picaba de firme”.

Poco a poco los componentes de la expedición ciclista iban dejaban atrás, ya en la entrada de las tierras cacereñas,  metro a metro de cada pedalada, campos preñados de numerosos olivares, tierras cuajadas de habas, rebaños de cerdos vestidos de color plomo, una larga serie de peones camineros en el recorrido, que cuidaban de las carreteras y sus alrededores, según su jurisdicción, y, también, claro es, qué curiosa la expresión periodística, “el doble correaje de la Guardia Civil“.

En toda la ciudad cacereña había un ambiente inmenso, la expectación extraordinaria y numeroso público a ambos lados del trayecto.

Tras la finalización de la etapa unas bellas jóvenes cacereñas procedían a entregar los premios correspondientes destacando, claro es, el del ganador de la etapa, François Adams.

Por la noche se celebró una función de gala en el Teatro Norba y verbena de gran participación popular, entre pasodobles, tangos, salsas, boleros, valses, y otros bailes con cientos de paisanos y de cacereñas alrededor de los gigantes de la carretera, como siempre se denominó a la esforzada expedición ciclista.

Y allí, ante la meta, como siempre, nuestro querido Javier (García Téllez), cámara en ristre, para inmortalizar la gesta ciclista y aportar una más de sus miles de contribuciones fotográficas a las páginas de la historia de Cáceres.

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