MISIONEROS DE LA PRECIOSA SANGRE (1915)

El año 1915 la ciudad de Cáceres se volcó con la celebración del Primer Centenario de la fundación de la Orden de la Preciosa Sangre. Y cuyos actos centrales tuvieron una gran relevancia, con la presencia del Nuncio de Su Santidad, Monseñor Francesco Ragonessi.

Misioneros de la Orden de la Preciosa Sangre en Cáceres, 1915. Fotografía de Julián Perate.

Misioneros de la Orden de la Preciosa Sangre en Cáceres, 1915. Fotografía de Julián Perate.

Unas celebraciones de una muy sentida y gran participación popular, que se centró sobre todo, claro es, en la serie de actos, misas, rosarios, disertaciones religiosas, reflexiones espirituales y otros que se llevaron a cabo en la iglesia de San Francisco Javier, “que estaba como los chorros de oro“, tal como señala de modo específico la prensa de aquel entonces. Una iglesia muy especialmente adornada a lo largo de los días en que tuvieron lugar  las celebraciones conmemorativas. Por cierto, destacaba en la iglesia, en el corazón de la siempre hermosa ciudad medieval cacereña, una “iluminación extraordinaria“.

El todo Cáceres, como se suele decir, de aquellos tiempos, con una población que rayaba alrededor de las quince mil almas, se echó a la calle y poder contemplar, con admiración, con sorpresa y con sumo agrado, los tres arcos festivos que se alzaron en la ciudad con motivo de los religiosos y festivos fastos, presenciar el desfile y la parada de las fuerzas militares de la guarnición cacereña, instalada por aquellos tiempos en el Cuartel Viejo, contemplar, al mismo tiempo, el desfile de los más que llamativos carruajes de la época en su tránsito por las principales calles cacereñas, como venían a ser San Antón, San Pedro, la Plaza de San Juan, Alfonso XIII y la Plaza Mayor, con la presencia más lucida en su vestimenta por parte de todas las autoridades, tanto civiles como militares y religiosas, y también, claro, con buena parte de la ciudadanía elevando sus oraciones al cielo con la intensidad que requerían buena parte de los actos. Y, además de todo ello, claro es, participar ¿por qué no? en el epicentro del bullicio festivo con tan solemne ocasión y con las ropas almacenadas en el armario para los días festivos.

En el año 1898 se instaló en Cáceres la Comunidad de Misioneros de la Preciosa Sangre, gracias a la donación y legado que, en su día, les hizo Vicente Mariano de Ovando Solís Perero Maraver y Aponte, Marqués de Ovando, (Cáceres, 1783-1864), que fuera regidor de Cáceres y Gentilhombre de Su Majestad, con la condición de que pusieran en marcha un Instituto Religioso.

Exiliado en Turín, el Marqués de Ovando conoció en profundidad la obra de Gaspar del Búfalo, creador de la Orden de la Preciosa Sangre, que fuera beato y que, posteriormente, por sus cualidades, sus virtudes y su obra alcanzara el grado de la Santidad. Y, al fallecer don Vicente Mariano de Ovando Solís sin descendencia directa alguna, procedió a testar el impresionante legado señalado anteriormente, a la Orden de la Preciosa Sangre, aunque es de dejar constancia expresa que los primeros misioneros no llegaría a la ciudad hasta el año de 1897, en cuyo mes de noviembre se procedió a la celebración de la primera misa en la iglesia de San Francisco Javier.

Una Orden, por cierto, que dejó y sigue dejando huella en el transcurso de su paso por las páginas de la historia de Cáceres, en base a una labor en la que los religiosos, desde siempre, se comprometieron con la sociedad local.

En la fotografía que figura en este texto, obra del artista Julián Perate, uno de los nombres de mayor relieve en la historia de la fotografía en la ciudad de Cáceres, aparece la Compañía de Misioneros de la Preciosa Sangre, de Cáceres, en el año 1915.

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