PEDRO DE ALCANTARA EN SANTA MARÍA

Pedro de Alcantara es, desde el año 1962, Patrón de Extremadura. Como también lo es, a su vez, de la Diputación Provincial de Cáceres. Intelectual, asceta, impulsor del movimiento descalzo, en lo alto de la oración y del sacrificio…

Pedro de Alcántara (Alcántara, 1499 – Arenas de San Pedro, 1562), de nombre Juan de Garavito y Vilela de Sanabria caminó por el recorrido de la vida con un esquema de recogimiento y de la manifestación de su amor en la oración, que llevó a cabo desde la toma de su hábito franciscano.
Caminó de puntillas, queriendo vivir de manera manifiestamente intensa, y, acabó siendo beatificado en el año 1662 por el Papa Gregorio XV, como años más tarde, en 1669, sería canonizado por el Papa Clemente IX.
Un día de silencio, esfuerzo y trabajo, tras cientos de días de silencio, esfuerzo y trabajo, puso en marcha el Convento más pequeño del mundo, situado en ese rincón cacereño conocido como Pedroso de Acim. El Convento del Palancar.
Divulgó la palabra de su andadura, de la meditación y de las oraciones por esas villas y lugares que abordaba, caminando, con frecuencia, con los pies descalzos.
Más allá, Una palabra, la suya, que hasta donde cuenta la historia, impregnaba todos cuantos le escuchaban
También se guió fray Pedro de Alcántara junto a los pasos de Teresa de Jesús. 
Con una trayectoria espiritual, vital, entre numerosos desencuentros en su camino religioso, con el que alcanzara la cota de la santidad, que queda enmarcada en Cáceres, allá por el año 1954 el escultor hervasense Enrique Pérez Comendador le imprimió tanta vida a su escultura, que, formando parte de ese conjunto histórico y urbano de la Plaza de Santa María, se convirtió en un símbolo y en un referente para los cacereños…
 
… Tal como lo demuestra el color de los dedos de sus pies, amarilleados, sobre el resto de la escultura, por la devoción y curiosidad ciudadana al pasar los manos por los mismos, tirando de una tradición desde la fecha de su ubicación. 
Ya reza la cultura popular que desde la ubicación de la estatua de San Pedro de Alcántara, en ese inmenso espacio, en el esquinazo de la iglesia de Santa María, camino habitual de los bachilleres hacia el Instituto Nacional de Enseñanza Media «El Brocense«, los estudiantes procedían a tocar los pies del santo solicitando su ayuda para salir bien de sus exámenes. Costumbre muy arraigada en Cáceres y que, por ende, se extendió a los cacereños que pasan ante la estatua y demandan rogativas y remiten plegarias al santo. Tal cual ya hacen tantos y tantos visitantes por la Ciudad Medieval de Cáceres. Siempre fascinante. Hechizante siempre. Donde bulle el silencio, la soledad, las cigüeñas, los vencejos, las chovas, la belleza de la historia acompasada con el silencio sacrosanto de Pedro de Alcántara.
Una imagen, cuajada de austeridad y espiritualidad, en el corazón de Cáceres.

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