PELUCA, EL FUTBOLÍN

Peluca fue un madrileño afincado en Cáceres por amor y con aires de novedad empresarial. Lo que hizo y posibilitó por una vía tan curiosa como la de poner en marcha, allá por el año 1952, un salón de futbolines en un un lugar privilegiado y en el que se daba cita una gran cantidad de jóvenes y algunos mayores.

 

PELUCA A LA IZUIERDA EN LOS FUTBOLINES

Peluca se hizo célebre y popular en la ciudad al abrir, en 1952, un salón dedicado a los futbolines, al lado del cine Norba.

¿Qué cacereño niño, adolescente o joven, entre los años 1952 y hasta más o menos 1970, no entró alguna vez en los Futbolines Peluca, instalados en la Avenida de España, y se disputó una partida de futbolín entre las pasiones que acapara siempre cualquier competición?

Peluca, de nombre Julio Galdón Rodríguez, madrileño, hijo de peluqueros y peluquero él mismo, de ahí el apodo por el que le conocía todo Cáceres, fue una auténtica celebridad durante aquella época. De estatura media, creo recordar que tirando hacia más bien bajo, regordete, un día decidió emprender un negocio y abandonar la peluquería en la que trabajaba. Por lo que enseguida colgó los peines, las tijeras, las navajas barberas, las colonias, los masajes faciales, las brillantinas, el papel que envolvía el cuello del cliente, los paños que se ponían sobre los hombros de la clientela para tratar de que el pelo que se cortaba no cayera sobre la ropa, los cepillos con los trataba de eliminar los restos de pelos, los peines…

Y, ni corto ni perezoso, en una operación de grueso calibre, se hizo con un local extraordinario, junto a la Cafetería Avenida y el Cine Norba. Y de la noche a la mañana en aquel Cáceres entraron diecinueve futbolines que llamó la atención de todos. Aunque la apuesta no parecía nada fácil, Peluca sí tuvo la visión suficiente para coger un local extraordinariamente situado y por donde iba desembocando y transcurriendo como eje central viario de la ciudad y poner en marcha un salón de juegos para los jóvenes, en unos tiempos en que, la verdad sea dicha, se carecía de alternativas de ocio y de recreo.

Peluca, un tipo simpático y un personaje curioso, siempre atento al negocio, amigo de pequeños y mayores, vigilaba todos y cada uno de los futbolines, si los chiquillos poníamos un pañuelo en las porterías para alargar las partidas, abría los mismos si se atrancaba la moneda o te cambiaba el dinero mientras se llenaba el talego, como le decíamos a aquella especie de delantal que siempre llevaba puesto de pesetas rubias. Y peseta a peseta, partida a partida de futbolín se fue montando su instalache, como él mismo le llamaba, pero que le fue dejando un suculento negocio. Lo que engordaba con su natural simpatía con todos y sus campeonatos para estimular la alimentación económica de las máquinas.

Un negocio que llegó a tener sus colas, sobre todo las tardes de los sábados y las mañanas de los domingos, mientras algunos desfogábamos allí nuestra frustradas ilusiones de futbolistas, nuestras energías y pasiones futboleras, nuestras iras deportivas o antideportivas. Nos quejábamos si perdíamos la partida y alzábamos el brazo de derecho, como los campeones,. si ganábamos el encuentro.

En la fotografía, captada del periódico Extremadura, se ve a mano izquierda, jugando al futbolín, a Peluca, una institución en el ámbito socio-recreativo cacereño de los años cincuenta y sesenta de la pasada centuria.

NOTA: La fotografía está captada del periódico Extremadura.

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