PRIMERA MISA TRAS LA CONQUISTA DE CACERES

El 23 de abril del 1229 el rey Alfonxo IX, de León, por fin, logra derrotar y expulsar de Cáceres a los almohades, de una vez por todas, después de un duro y largo tiempo de asedio, y a través de numerosas incursiones y ataques. Conquista que se celebró con una misa en la ya desaparecida ermita de San Marcos.

 

Ermita de San Marcos por Gustavo Hurtado 2

Ermita de San Marcos, pintada por Gustavo Hurtado en el año 1896. Un documento histórico de gran valor.

Si bien, tras tanto tiempo, ya cundía el desaliento en las bases campamentales de las huestes cristianas, sitiadas en las faldas de la Sierra de la Mosca harto cansadas de no conseguir abatir a las tropas moras, a pesar de los numerosos intentos. Pero había que conseguirlo porque se trataba de un enclave geográfico de excepcional importancia.

Aunque al final, a caballo entre la leyenda y la historia la hija del caid que gobernaba la antigua Qazris, rendida loca y perdidamente a los pies de su amor por un capitán cristiano le entregó al mismo, tras largos encuentros de amor la llave de un pasadizo por donde se tendió una trampa que ya relatamos hace algún tiempo, y que podeis leer en mi blog. En la leyenda MANSABORÁ Y LA CONQUISTA DE CACERES.

Como gesto de agradecimiento a la Divina Providencia tiene lugar dos días después, según relata la historia, una Misa de acción de gracias con señalada presencia de los conquistadores cristianos, y que se celebra en la ermita conocida como san Marcos el Viejo. Nombre de la ermita que, al parecer, se debe a que San Marcos, es el patrón de las tierras leonesas en las que reinaba, en aquel entonces, Alfonso IX.

La ermita de San Marcos se encontraba muy próxima a la Torre conocida como de los Pozos, tan cercana a la Rivera. Una ermita muy pequeña, contando con una bella presencia exterior, que, a pesar de la restauración que se llevó a cabo en 1772 por el maestro Francisco Encinares, se fue deteriorando y deteriorando con el paso con el paso del tiempo, hasta que la excavadora y la piqueta se llevaron por delante los escasos restos que ya quedaban en pie en 1964, por clara amenaza de que la misma se viniera abajo.

Aunque ya señala Lola Luceño en un artículo titulado la Vía Sacra, publicado en el periódico Extremadura, que se conserva un excepcional testimonio. Un dibujo de Gustavo Hurtado, correspondiente al año 1896, “en el que se observa una construcción de única nave, en la que se abrían vanos arquitrabados con techumbre a dos aguas y ábside circular”.

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