RIBON, AQUEL MÍTICO CENTROCAMPISTA DEL CACEREÑO

Pedro Ribón fue uno de aquellos míticos jugadores del Club Deportivo Cacereño de principios de los años 60 que levantaba a la afición con su sentido del fútbol, su visión global del partido y sus cualidades técnicas.  
 
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Una alineación histórica del Cacereño de Aquellos Tiempos, con Ribón.

Pedro Ribón, castellano de Valladolid (1937), de buena voz, de excelente memoria, de intensos y muy entrañables recuerdos de Cáceres. Una historia de esas tan humanas como las que uno se encuentra por el camino de la vida.

Tras iniciarse con sus primeras alineaciones futbolísticas en el Júpiter Luises y en el Europa Delicias, filial del Valladolid, Pedro Ribón ya pasó al Arandina, de Tercera División. Y de ahí pegó un salto a Cáceres, porque, como señala, el Club Deportivo Cacereño era uno de los equipos gallitos de aquella Tercera División. Una ciudad, por otra parte, Cáceres, que le marcaría, afortunadamente y de qué modo, a lo largo del transcurso de su vida.

Ribón, un jugador muy técnico, de calidad, de visión de la jugada y sentido organizado de la táctica futbolística, uno de los motores del equipo, siempre entre los gallitos de su Grupo en Tercera División, formó parte de aquellas míticas alineaciones con Escalada, Tate, Mandés, Ibarreche, Moreno Baeza, Fabio, Sedeño, Gas, De Santos y otros, bajo las directrices técnicas de Busquets y de Herrera, un equipo que quedó campeón de grupo, aunque luego no lograra el ascenso. Ribón habría de ser, desde el principio, titular indiscutible del Club Deportivo Cacereño. Y, como anécdota, cuenta que hasta los correspondientes vendajes se los colocaba el entrenador, lo que, tal vez, mosqueara quizás algo al siempre bueno de Chuzo, aquel personaje tan entrañable en las páginas de la historia del Club Deportivo Cacereño.

En Cáceres, donde soñaba con ascender peldaños en su trayectoria futbolística, vivía con su compañero de equipo, Esteban, en una pensión que regentaban Luisa y Amaro, los padres de Nandi, otro pedazo de jugador, comprometiéndose consigo a ser un profesional de relieve en el fútbol.

En Cáceres paseaba por Cánovas, por Pintores, por la Plaza, por Colón, por la Ronda, merendaba casi todos los días con Ibarreche, arrimando cada uno las pesetas que podía, frecuentaba los cines, Capitol, Norba y Gran Teatro, devoraba la prensa deportiva…

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Ribón saltando al campo del Celta de Vigo.

Pedro Ribón se tuvo que marchar porque le llamaron del Burgos, que militaba en Segunda División. Lo que representaba un ascenso considerable en las aspiraciones del jugador. Y, posteriormente, fichó por el Oviedo en un gran paso alcanzando la Primera División, y donde jugó 22 partidos. Y no saltó más veces al campo por culpa de las lesiones. En sus enfrentamientos con el Real Madrid le tocó marcar a Gento, conocido como la Gacela del Cantábrico, que, según cuenta Pedro Ribón levantaba polvo al correr, y a Amancio, al que, como relata, no había forma de hacerle falta, de lo hábil que era, salvo que se le lanzara la bota.

Tras un año en Primera, porque el Oviedo descendió a Segunda, jugó en el Celta de Vigo, en el Cádiz y terminó, de nuevo, en el Burgos. Siempre, ya, en la Segunda División del fútbol español.

Cáceres le gustó mucho. Tanto que un día de aquellos dos años que estuvo luciendo la elástica verde, paseando por las calles de la ciudad, pasó ante un locutorio telefónico instalado en el Paseo de Cánovas al que accedió para hablar con sus padres. Allí se encontraba Catalina Fernández Galán, natural de Montánchez, que estaba ayudando a su hermana Carmen.

Lo que comenzó siendo una mirada fortuita pasó a unos primeros encuentros que fueron derivando en noviazgo, entre limonadas y otros refrescos, paseos y conversaciones. Hasta que un día Ribón se acercó al domicilio familiar de Catalina. Entonces, ante el padre de la novia, le pidió la mano de su hija. Y quien luego sería su suegro le contestó, diríamos que con deportividad y humor: “¿La mano de cuál de ellas? Porque aquí hay siete…”.

Y allí en Burgos, donde un día montó un establecimiento de Perfumería y Droguería, continúa asentado, intensificado por las imágenes de aquellas galopadas por el estadio de la Ciudad Deportiva, donde se mostraba muy orgulloso de lucir la elástica verde del Club Deportivo Cacereño, en una de las etapas más importantes del equipo de la ciudad.

Mientras tanto recuerda sus paseos, sus cines, sus meriendas, sus sueños, una ciudad por la que paseado en sus escapadas desde Montánchez, donde veranea en la casa familiar de su mujer, mientras charla con los vecinos y hasta, en ocasiones, entona boleros, jotas y otras canciones con su buena voz de tenor, su sociabilidad y su buen humor.

Atrás, muy atrás, ya quedan las páginas de sus carreras, de sus pases, de su avanzada técnica, de su sentido y visión del juego… y que le llevaron a militar ni más ni menos que en la máxima categoría del fútbol español, acariciando aquellos anhelos que ya tenía en su infancia. además, claro es, de haber encontrado el amor de su vida, Catalina Fernández Galán, con la que formó y conformó una gran familia.

NOTA: La alineación del Club Deportivo Cacereño, en la fotografía referenciada, correspondiente a la temporada 1960-61, con ayuda de mi querido compañero y amigo Paco Mangut, es la siguiente: Gas, Mandés, Ramirez, Ibarreche, Pedrito, Ribón y De Santos. Agachados: Palma, Zapata,Moreno-Baeza, Tate y Japón. El Club Deportivo Cacereño quedó campeón del Grupo XIV de la III División, aunque no logró el tan anhelado ascenso.

DEDICATORIA: A mi querida amiga Piedad Flores, montanchega, sin cuya ayuda y mediación no hubiera sido posible escribir esta página sobre Pedro Ribón, un jugador mítico del Club Deportivo Cacereño de Aquellos Tiempos.

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