SERVICIO DE CARRUAJES (PRINCIPIOS DE SIGLO)

Con una ojeada por la prensa de comienzos del siglo XX nos encontramos toda una serie de llamativos anuncios. Como es, por ejemplo, el de los carruajes para los desplazamientos por la ciudad. Y en los que merece la pena detenerse como unos Pasajes de la Historia de Cáceres.

Un aspecto, el de los anuncios, con curiosos dibujos ilustrativos e insertados en la prensa, que conforma su curiosidad y fenomenología. Como es el caso de este Servicio de Carruajes «con servicio de coches a los ferrocarriles«, tal como consta en el mismo anuncio.
La capital provincial cacereña se iba estiraba paulatinamente hacia arriba, en número de habitantes, lo mismo que poco a poco, iba extendiéndose, geográficamente hablando, sobre todo hacia el área sur. Más aún desde que unos años atrás, ni más ni menos que en el correr del 8 de octubre de 1881, que ya ha llovido, Su Majestad don Alfonso XII, acompañado por Luis I, rey de Portugal,  procedieran a la inauguración de la misma con la línea férrea Madrid-Lisboa. Y a lo que ayudó bastante el descrimiento llevado a cabo, años atrás, de las minas de fosfato en Cáceres. Lo que se convertiría en todo un gran revulsivo en aquellos tiempos.
Toda una solemne inauguración, en la que Cáceres, por cierto, cambió el título de villa por el de ciudad, mientras ya se dejaba constancia clara y expresa que diseñaba, por su alineación urbana, la vía de mayor expansión de la ciudad cacereña, como iba a ir sucediendo en el transcurso del tiempo.
Los Servicios de Carruajes, como el que aparece en la ilustración, ya se iban imponiendo, paulatinamente, para cubrir algunas distancias que no resultaban precisamente demasiado cortas para hacerlas andando en el trazado urbano. Y, menos aún, con maletas, bolsas, paquetes y otros equipajes en la mano. A ver quién era el valiente paisano que se atrevía a largarse, por ejemplo, desde el corazón de la ciudad, situado entre la Plaza Mayor y la Plazuela San Juan, por ejemplo, hasta la Estación de Ferrocarril, con unos bultos encima…
Qué Cáceres ya iba creciendo en su número poblacional de habitantes y ya se había situado en torno a los diecisiete mil.
Sí, decírse, se puede decir… «Me cojo la maleta, me la echo al hombro y me voy hasta la estación de ferrocarril en menos que canta un gallo». Pero las cosas como son: Que la Estación de Ferrocarril se había diseñado con su previsión de futuro teniendo en cuenta y llamando a ese crecimiento ciudadano. Y no se encontraba precisamente a un simple paseo.
Surgieron, entonces, en el centro del siempre sugerente y hermoso paisaje cacereño, como iniciativas de servicio público y empresas modernas adaptadas en función de la propia evolución de los tiempos los más que curiosos y muy llamativos Servicios de Carruajes… Eso sí, tal como se puede apreciar en el diseño del dibujo: Perfectamente equipados, con sus caballos de lozana presencia, al menos en el dibujo, de aire comercial, con sus espacios para viajeros, con sus ubicaciones para todo tipo de equipajes y envíos, con sus conductores bien ataviados y en una estampa que se iniciaba por el ambiente de aquellas calles tan tan transitadas, tal cual lo es, desde siempre, la de San Pedro.
Cáceres, la pequeña capital de provincias, se modernizaba, qué duda cabe, en función de los tiempos.
— ¡Arre, caballo…! –decía el cochero…
Tiraba un poco de las riendas y las caballerías enfilaban sus pasos, tirando del carruaje, San Pedro arriba , con sus damas, con sus caballeros, con sus equipajes, y trotando lentamente tomaba las afueras de San Antón, y, hala, hasta la estación de ferrocarril.
Todo un servicio de lujo en aquellos tiempos.
NOTA: El anuncio aparecía en la «Revista de Extremadura» (1905)

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