SEVERO (CASA SEVERO) Y SATURNINO DURAN, PRACTICANTE, AÑOS 50

Decir Severo, en el Cáceres de los años 60, cuando uno todavía andaba con calzón corto, es hacer referencia a una de las mejores cocinas familiares que se elaboraban en los bares de Cáceres. Y al amor, como se suele decir, de la lumbre, o de la cocina de la abuela, como él apuntaba, extraída del rico y más que preciado recetario tradicional cacereño.

 

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Saturnino y Severo Durán, en la fotografía, como se explica en la nota final del texto.

Casa Severo, allá en la calle Gómez Becerra, se abrió por iniciativa de Severo Durán Granados, natural de la localidad cacereña de Pescueza, y que logró hacer una clientela que le llegaba de todos puntos de la capital cacereña y, a la vez, también, de numerosos visitantes de pueblos a la capital, para hacer gestiones diversas. Y todos acudían a Casa Severo por la bien trabajada y esmerada fama de sus tapas, de sus pinchos, de sus raciones, por su esmerado servicio y su valía para estar detrás de una barra y ante los parroquianos.

Al medio, claro es, la sin par prueba de cerdo, las ancas de rana, las tencas, los pajarillos fritos, los torreznos, los espárragos trigueros, los cardillos, la patatera frita, con un aceitillo de chupa de dómine para untar trozos de hogazas de pan de pueblo, los chorizo de matanza, las lonchas de jamón serrano, las criadillas, las setas, los higaditos, la sangre encebollada, que lo bordaban sin que nadie sepa cómo y tan bien.. Lo mismo que ofertaba aquellos quesos de merina, de vaca, de cabra, tortas del Casar, aceitunas que le llegaban de la Sierra de Gata. Y todo ello debidamente acompañado, claro es y como no podía ser de otra manera, de buenos caldos. Con preferencia por los tintos de Montánchez y los briosos y correosos blancos de Cañamero. Y también con los de Cilleros, por ejemplo, rondando por allí…

Un rincón del Cáceres de Aquellos Tiempos, también, de entrañables tertulias y encuentro de lugareños, de un agradable ambiente, cuajado de una más que sabrosa tipología popular, y, siempre, con aquella perdiz de reclamo que, desde la jaula colgada en la columna central del bar, pregonaba casi sin cesar su canto de mayor, por alto o de cañón, tal cual se señala en términos cinegéticos.

Allí, en Casa Severo, gracias a la afabilidad del mismo, se hizo, se generó y perduró en el tiempo, lo que dice mucho de la persona de Severo, un ambiente agradable para la charla cotidiana y desenfadada y para la degustación de una muy buena cocina, que muchos cacereños pueden recordar con profundo agrado.

En aquel más que entrañable y sabroso rincón ciudadano también se hablaba mucho de fútbol. Quizás porque Severo era padre de Bemba, que llegó a militar en el Club Deportivo Cacereño a principios de los años 60, sin dejar de echar una mano a su padre, tras la barra del bar, para sacar adelante el negocio familiar. Como asimismo se esmeraba en el fútbol Angel, también hijo de Severo, compañero de bancada bachiller, a quien aún recuerdo afanado en su pasión por ejercer de portero en el equipo.

Y allí, en Casa Severo, todos los domingos, durante la temporada futbolística, se congregaban aficionados para echar un tute, unas briscas, un julepe, un subastado, carajillo al medio, mientras se tenía un oído puesto en las retransmisiones futbolísticas de Radio Cáceres “La Voz de Extremadura”, con el empuje que le ponía Cayetano Polo, Polito, y seguir las incidencias de aquel Club Deportivo Cacereño de nuestros colores y de nuestros tiempos niños.

Por su parte Saturnino Durán Granados, persona muy entrañable y afable, de señalada bonhomía, ejerció de practicante de la Casa de Socorro. Un practicante humano, cariñoso y cercano al enfermo. De lo que puedo dar fe como paciente suyo y dejar constancia de reconocimiento público. Saturnino, al tiempo, se dedicaba, a la cría de canarios. Una afición, hobby que dice ahora la peña, o sea, la vasca, que le llevó a la obtención de numerosos premios en aquellos Concursos de Canaricultura que se solían llevar a cabo en la Sala de Exposiciones de la Biblioteca Municipal, sita, en aquel tiempo en la Plaza de la Concepción. Canarios que criaba con harto esmero y atención en la terraza de Margallo 94, su casa.

Saturnino Durán estaba casado con Angeles Mozo, hija del señor Julián, que tenía una cuadra en los bajos de la citada casa, en el que tanto jugábamos los Almeida, que vivían en el Cuartel de los Carabineros, los Zancas, hijos del habilitado en Clases Pasivas, los Romero Figueroa, Fernando, Pepe y Mary Nati, hijos del entonces Comandante Primitivo Sarnago y de Carmina  Bullón, que llegara años atrás desde la prestación de sus servicios en la Legión Española, y otros muchachos de aquella sempiterna calle Margallo.

Saturnino Durán y Angelita Mozo, tantos años pared con pared en la calle Margallo, tenían tres hijos, Florentino, a quien conocíamos como Tini, que se casó con Nesi, natural de Ibahernando, Angelines y Mercedes, que crecían al compás que la saga Gutiérrez Gómez, llegó a tener una de las primeras Vespa de Cáceres, por mor de sus recorridos sanitarios, y, también, uno de los primeros Seat Seiscientos.

Dos rostros, pues, los de Severo y Saturnino Durán Granados, muy populares y muy humanos, pues, del Cáceres de Aquellos Tiempos. Y que un día decidieron darse un salto desde Pescueza hasta la capital de la provincia y donde se quedaron para siempre

La fotografía es la de colección de Bartolomé Ramos Rodríguez, yerno de Saturnino Durán, que matrimonió con su hija Angelines.

2.- En la fotografía, tomada en los primeros años cincuenta en la localidad cacereña de Pescueza, con motivo de las fiestas de San Marcos, se ve a Severo Durán, con traje, en la tercera fila, el segundo por la derecha, con un cigarro en la mano, y a Saturnino Durán, el tercero por la izquierda, en la primera fila, y también con traje,  en medio de numerosos pescozanos.

 

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