VALERIANO GUTIERREZ MACIAS

Valeriano Gutiérrez Macías, 1914-2006, fue un cacereño y un cacereñista de pro y que se dejó la vida en su empeño por mejorar la ciudad y la provincia en todas sus manifestaciones.

 

VALERIANO GUTIERREZ MACIAS

Valeriano Gutiérrez Macías, un apasionado cacereño, cacereñista y, siempre, cacereñeador. Y a mucho orgullo, ratificaba siempre.

Valeriano Gutiérrez Macías, mi padre, a la sazón maestro nacional, investigador, escritor, periodista, historiador, ensayista, Primer Teniente de Alcalde, presidente de la Comisión de Ferias y Fiestas, Vicepresidente de la Diputación Provincial, presidente accidental de la misma durante largo tiempo, diputado de Cultura, coronel del Ejército, miembro de la Real Academia de la Historia y de otras, colaborador impenitente de los diarios “Hoy“, “Extremadura“, “ABC“, “Informaciones“, “La Vanguardia“, “Arriba“, “El Noticiero Universal“, de la revista “La Estafeta Literaria“, “Revista de Estudios Extremeños“, de “Alcántara“, de la revista “Guadalupe“, de la “Revista de Folklore“, editada por la Fundación Joaquín Díaz, de la revista “Ejército“, de la revista “Hespérides“, y otras publicaciones para divulgar siempre, siempre, siempre, lo mejor de Cáceres en todos los planos y ámbitos de la ciudad.

Fundador de la Cofradía del Santísimo Cristo de las Batallas, impulsor y creador de los Festivales Folklóricos Hispanoamericanos-Luso-Filipinos, junto con el Instituto de Cultura Hispánica, creador del homenaje anual a Gabriel y Galán ante su estatua en el Paseo de Cánovas, impulsor de la Vía y la Ruta de la Plata, miembro de la Junta Pro Semana Santa, conferenciante, pregonero, gran hombre de la calle para atender las demandas ciudadanas, que apuntaba en una libretilla, y luego le daba curso legal en los despachos oficiales, Premio Nacional de Periodismo Gabriel y Galán, Premio Dionisio Acedo, de la Diputación Provincial de Cáceres, Premio Nacional Ejército, dejó, como legado, la pasión por la tierra, por el cacereñismo. Lo que para sus descendientes fue todo un lujo por el inmenso amor que imprimió a todas sus amplias actividades de sabor, de identidad y de actualidad cacereña.

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Portada del libro ANECDOTARIO DE GABRIEL Y GALAN, de Valeriano Gutiérrez Macías

Amigo, siempre, del panorama cacereño y del pálpito de la ciudad, porque su vocación fue servir a Cáceres desde la voz de la calle, dejó atrás miles de artículos y diversos libros. Cáceres, publicado por el Ministerio de Información y Turismo, “Por la Geografía Cacereña, Tradiciones Populares“, “Cantores de la Virgen de la Montaña“, “Mujeres Extremeñas“, “Dichos del Soldado“, “Mosaico de la Tierra Parda“, “Gerifaltes Extremeños“, “Anecdotario de Gabriel y Galán“, “Figuras Castrenses de Extremadura“…

Libros, crónicas, ensayos, críticas literarias, investigaciones alrededor de la historia de Cáceres y la provincia, de sus personajes, de sus gentes, de historiadores, de sus escritores, de sus conquistadores, de sus evangelizadores en América y Oriente, de sus artesanos, de sus festividades, de sus dichos populares, de sus anhelos e inquietudes como expresión de su volumen y densidad de trabajo, junto a una constancia ilimitada y un desvelo de cacereño ejemplar.

Y de siempre, con una exquisita sensibilidad, luchó por la rehabilitación recuperación y revitalización del Casco Histórico-Monumental de Cáceres junto a un puñado de historiadores, conservacionistas, investigadores, arquitectos y otros expertos hasta conseguir el logro llevar a cabo la rehabilitación total del Casco Histórico-Monumental de la Ciudad. Junto a personalidades de relieve como Alfonso Díaz de Bustamante y Quijano, Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, Carlos Callejo Serrano… Eso sí, tras numerosos estudios, investigaciones, debates, encuentros, informes, documentos, viajes a Madrid y entrevistas con altas instancias del Gobierno y de las diferentes esferas de la Administración Central e ir consiguiendo, afortunadamente, la ciudad que es hoy. Sencillamente, Patrimonio de la Humanidad y Tercer Conjunto Monumental de Europa tras Praga y Tallín.

Valeriano Gutiérrez Macías, en el centro de la imagen, en el homenaje anual a Gabriel y Galán, cada 6 de enero.

Valeriano Gutiérrez Macías fue un apasionado estudioso de la ciudad y la provincia de Cáceres, escuchando siempre a todos los ciudadanos, tomando nota de sus peticiones, de sus sugerencias, de sus ruegos, investigador e historiador enamorado profundamente de la ciudad y de la provincia, a las que tanto representó en numerosos actos, Seminarios, Coloquios, Encuentros, Asambleas, Conferencias, y viajes, constantes por toda la provincia escuchando ruegos de alcaldes…

Su mensaje era el del cacereñismo más auténtico. Y en ese cacereñismo se volcó desde siempre y y para siempre. Como reza, por ejemplo, en la dedicatoria, a su prole, de aquel libro y que reza del siguiente tenor: “A mis hijos, para que siempre amen, gozosamente, la tierra que les vio nacer“. Una dedicatoria sencilla, humana, profunda, que respiraba el sabor y la pasión de la sensibilidad cacereña, que, de siempre le distinguió. Y por la que siempre trabajó mañana, tarde, noche. Diríamos, rememorando al filósofo y al moralista, que desde siempre.

Acaso, sencillamente, porque Cáceres fue esa gran pasión que supo compartir, también siempre, y, por supuesto, con todos. En sus paseos, en sus investigaciones, en sus conferencias, en sus artículos, en sus pregones, en sus tertulias, en sus ocupaciones y en sus preocupaciones, en sus despachos (el Ayuntamiento, la Diputación Provincial, la Jefatura de Mutilados, el del domicilio particular…)

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Valeriano Gutiérrez Macías, el primero de la fila de la izquierda, tras el macero, regresando de la celebración de la misa, con motivo de la festividad de San Jorge.

Y con ese objetivo, desde el sacrificio y su amor por Cáceres, día a día, a lo largo de muchos años, no cejó en el empeño.

Un sentido de la identidad con la ciudad y con la provincia, con sus gentes, en su compromiso moral, que, justo es reconocer, que fue una persona que tuvo claro su entrega, su servicio y su militancia en el cacereñismo. Y fruto de tanto relieve, como la influencia del turismo histórico-monumental en la economía de hoy, demuestran que, como algunos otros cacereños ilustres, Valeriano Gutiérréz Macías, fue, sin lugar a dudas, además de un cacereño, cacereñista y cacereñeador, lo que se puede considerar como un hombre adelantado de su tiempo.

Lo que viene a constituir y representar, por tanto, para este hijo, modesto escritor y periodista, todo un lujo, un honor, un orgullo y una satisfacción. Sobre todo ahora, en este recuerdo por el recorrido de su vida y su obra, y siempre.

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Así vio Burgos Capdevielle, a través de una caricatura en la revista Alcántara, en 1950, a Valeriano Gutiérrez Macías.

Y es que don Valeriano, como le conocía el todo Cáceres, una persona íntegra, luchadora, entregada al servicio de la ciudad y de la province entregó, apasionada y apasionantemente, por la mejora, la evolución  y el progreso de Cáceres como una de las figuras que entraron en la historia de la misma desde la sencillez, la humildad y un amor inveterado, que siempre llevó en el alma.

Un tema, sencillamente, el del amor a Cáceres que fue el gran legado que dejó a sus descendientes.

Y así se puede demostrar y dejar patente en esa biografía que le distingue. Sobre todo por el entusiasmo, el corazón, la ilusión y el empeño que le puso siempre, siempre, siempre, a todas sus acciones por, de, en, para y hacia el Cáceres de su alma.

NOTA: La fotografía de la celebración del Día de San Jorge ha sido facilitada por ese José Antonio García Recuero, profesor en el Colegio de San Antonio, extraordinario fotógrafo y de muy inquieto espíritu dentro del ámbito del cacereñismo.

VALERIANO GUTIERREZ MACIAS, UN CACEREÑO HUMANISTA Y EJEMPLAR

Por Juan de la Cruz

(Artículo publicado en el periódico Hoy el 31 de Mayo de 2006, tras el fallecimiento de mi padre, que gloria haya)

VALERIANO Gutiérrez Macías, uno de los más profundos humanistas cacereños de los últimos tiempos, ejemplo de investigación y divulgación de los temas cacerenses, en todos los campos, algo que llevó a cabo durante más de sesenta años, con una exquisita pasión, ya no está entre nosotros. Con su fallecimiento desaparece uno de los gerifaltes extremeños más significativos de la pasada centuria, que luchó con una constancia ilimitada por divulgar la imagen más humana y popular de la tierra parda.

Valeriano Gutiérrez Macías

En 1957 Valeriano Gutiérrez Macías publica el libro Cáceres, en la colección de Temas Españoles.

Atrás queda, en las hemerotecas, el reflejo de una vida de generosidad en pro de las inquietudes sociales y culturales extremeñas y cacereñas. Sublime mensaje de calidez humanística, que lanzó a los cuatro vientos de su trabajo. Lo que consiguió a través de la constancia, la humildad, la sencillez y el rigor. Una labor intelectual, de gran calado, que pregonó desde las páginas del diario HOY, la Revista de Estudios Extremeños, ABC, Informaciones, La Vanguardia Española, la revista Alcántara, la revista Ejército, la revista Hespérides y otras numerosas publicaciones de índole local, provincial, regional y nacional.

Apasionado de los valores y las sensibilidades etnográficas, investigador, conferenciante, cantor de las raíces y esencias histórico-monumentales y turísticas, redescubridor de la figura de Gabriel y Galán, cronista de honda raigambre, tertuliano infatigable, amante del callejeo y de la charla con los paisanos, siempre con la libretilla en los bolsillos para apuntar curiosidades, refranes, tradiciones, anécdotas, hierbas medicinales, labores del campo, cánticos populares, recetas de la cocina tradicional, secuencias semanansanteras, arquitectura costumbrista, tipología del curanderismo, fenomenologías artesanales, particularidades de la brujería, pormenores de la picaresca, conocia la región como la propia palma de sus manos. Algo en lo que trataba de implicar al paisanaje extremeño como eslabones de una misma cadena.

Entrañable, cordial, llano, noble y de hombría de bien, conocía a las gentes, los hechos, los acontecimientos y el boca a boca del pasado y de la actualidad, con la hondura y el sabor de la cultura humanística que siempre le distinguió.

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Valeriano Gutiérrez Macías, el cuarto por la derecha, en la festividad de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, en la iglesia de San Mateo. Cáceres, 24 Enero 1965.

Preocupado por el Cáceres de su alma jamás se cansó de escribir y de dar a conocer la riqueza de sus leyendas y su folklore, de su historia, de sus monumentos, de sus piedras y fantasías, de sus hombres y mujeres, del habla popular, de sus romerías y sus coplas, de sus personajes ilustres, de su tipismo que arremolinaba una fecunda variedad de manifestaciones entre creencias y festividades, entre cencerradas de bodas y ritos mortuorios, entre celebraciones de quintos y rogativas, entre canciones de mayos y rondas, entre los impresionantes surcos de la tierra parda que afloraban como una mágica forma en su vida.

Y escribía, al amanecer y en el crepúsculo, unas melodías que recorrían, en aquellos tiempos, la España rural y urbana, a través de una infinidad de periódicos y revistas. Como consecuencia de un trabajo tan ímprobo y permanente se sabía de Cáceres en toda la piel de toro por sus crónicas y artículos.

valeriano gutierrez macias, por la geografia cacereña

“Por la Geogragía Extremeña, Fiestas Populares”, libro declarado de Interés Turístico.

Estudioso del extremeñismo, por devoción, siguió la pista de personajes que un día pasaron a la historia en los más variados campos: Felipe Trigo, Carolina Coronado, Bravo Murillo, Zurbarán o Luis Chamizo. Fue compañero leal de tertulia de tantos fieles divulgadores a la imagen cacereña, Miguel Muñoz de San Pedro, José Canal Rosado, Fernando Bravo y Bravo, Pedro Romero de Mendoza, Rafael García-Plata o Juan Carlos Rodríguez Búrdalo.

Charlaba con profesores y eminencias, de aquel Insti de siempre, El Brocense, en un Cáceres de antaño como Juan Delgado Valhondo, Martín Duque Fuentes o Abilio Rodríguez Rosillo. Y siguió la estela literaria de tantos jóvenes que se abrían el pulso del sudor entre la investigación y el periodismo y a quienes animaba a dejarse el pellejo entre las letras como Juan Antonio Pérez Mateos, Victor Chamorro, Antonio Viudas o Santiago Castelo.

Unas constantes que llevaba a cabo en todos los ámbitos de la vida desde la egregia imagen de nuestra tierra y el trabajo conjunto para la exportación y divulgación creativa e investigadora del más sólido de los extremeñismos: Solís Avila, Ortega Muñoz, Jaime de Jaraiz, Juan de Avalos, Rafael Ortega, Pérez Comendador o José Massa Solís.

Valeriano Gutiérrez Macías también indagaba sobre los conocimientos y la sabiduría popular de esos seres tan entrañables que se esconden en la geografía rural: Alfareros, sacerdotes, pastores, maestros, tenderos, agricultores, lavanderas, feriantes, alguaciles, que sabían de la vida a través de la experiencia y la memoria de todas cuantas inquietudes bullían en su mente. Charlas y apuntes que finalizaban en artículos en el HOY y otras publicaciones.

Sus legiones de amigos, siempre queridos por don Valeriano, formaron parte incansable de su quehacer y forma de ser y que, hoy, es recordado por cuantos admiraron su inquietud literaria, su calidad humana, su sensibilidad regional.

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Valeriano Gutiérrez Macías entregando un trofeo al capitán del equipo de baloncesto de la Base Aérea de Torrejón de Ardoz tras un partido ante el Cáceres Club Baloncesto en la cancha del San Antonio.

Entre otros motivos porque Valeriano Gutiérrez Macías fue un extremeño ejemplar que comulgó con la divulgación de Cáceres y Badajoz. Acaso ese tipo especial de hombre de la tierra parda que disfrutaba haciendo camino de la poesía humanística, que se le transparentaba desde lo más profundo de la serenidad de su alma. Una cualidad y una inquietud que le llevaba a pasear incansablemente por las callejuelas y plazoletas entre saludos y reposadas e interminables charlas que podían empezar en la rebotica de un farmaceútico, seguir en un casino, continuar por el ya desaparecido Café Avenida de Cánovas o el Círculo de la Concordia y finalizar en su despacho con una convocatoria cultural, con un cuento, con un artículo, con un canto al triunfo de los paisanos.

Don Valeriano, como siempre se le conoció, fue amigo de las salas capitulares y las bibliotecas. de las sacristías conventuales y los salones de actos, de las trastiendas bodegueras y los almacenes de ultramarinos, de los viajes contínuos para ahondar en el sublime misterio y encanto de Extremadura, de pegar la hebra con paseantes y estudiosos de la cultura.

Coronel del Ejército, sencillo pero claro prócer cacerense, fue el creador del homenaje anual a Gabriel y Galán, ante la estatua del poeta, donde todavía hoy se sigue rindiendo cantando al autor de ‘El embargo’. Fue uno de los grandes propulsores de los Festivales Folklóricos Hispanoamericanos-Luso-Filipinos, que en los años sesenta, convertían a Cáceres en capital mundial de la canción y la danza popular. También fue el impulsor de la Cofradía del Cristo de las Batallas que, en el atardecer del lunes semanasantero, desfila bajo las luces del silencio y la piedad en su estación y recorrido penitencial, y uno de los promtores del lanzamiento histórico-turístico y monumental de la Vía de la Plata.

Fruto de sus iniciativas y trabajo fueron los numerosos galardones que colgaban en las paredes del domicilio familiar, por donde resplandecían los colores del extremeñismo y del cacereñismo, que rinden tributo de recuerdo a un hombre, don Valeriano, siempre haciendo camino al andar y que cada día, con el alba, sabía encontrar la ilusión del trabajo en pro de los surcos de aquella Extremadura inédita, sublime y majestuosa.

Y es que Valeriano Gutiérrez Macías, gracias a tantos amigos y entusiastas de lo extremeño, fue uno de esos gerifaltes que hoy ya, desafortunadamente, van desapareciendo de nuestros pueblos, como un hito en el que la convivencia social y humana, amiga y entrañable, tal como siempre hizo y divulgó representa un sendero de paz, de respeto, de humanismo. Y que se conforma por las esencias de numerosos eslabones que se dan la mano para engrandecer esas geografías populares que le brotaron, con fuerza eterna, en una alma tan humanista como la suya.

Descanse en paz desde la eternidad de Cáceres.

VALERIANO GUTIÉRREZ MACIAS. OFICIAL Y CABALLERO

(Artículo publicado por Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, General de Brigada de la Guardia Civil, en el periódico Extremadura, el 15.05.06)

La noche, como un puñal de frío, alienta su vaho en mi ventana. Es el tiempo de apagar luces, páginas y párpados para invocar al sueño y cerrar otra jornada del vivir. La tibia primavera, en esta hora, es apenas un temblor de luz que muere en la memoria. Denso el día que termina, su tanta desazón entre las horas, los ojos, empujados por el alma, buscan el alivio de la poesía mientras el sueño se amansa y llega. Para la espera, unos versos de Cernuda. Suena el teléfono desde Cáceres. Al otro lado, una voz amiga me para los pulsos: Juan Carlos, ha muerto don Valeriano. Y un largo silencio. Después, las preguntas del color de la tristeza, ¿a qué hora; en Albacete, en Quintanar, en Cáceres; ha sufrido más de lo esperado…?

Mi deuda con Valeriano Gutiérrez Macías viene de lejos. Allá por los primeros setenta, el coronel don Valeriano era el factótum cultural de la ciudad de Cáceres. Su imagen de militar ilustrado gozaba de admiración y reconocimiento, pero en igual dimensión que su merecida fama de caballero pundonoroso y ciudadano de inigualables virtudes cívicas. Por entonces, joven teniente yo, sólo pude trabar con él alguna conversación, muy esporádica, pues las diferencias de edad y ocupaciones no permitía mucho más, aunque algún acercamiento se produjo por su amistad y vecindad con la familia de mi mujer. Años más tarde, a comienzo de los ochenta, el servicio me devolvió a Cáceres como capitán, donde ya mis inquietudes poéticas se habían volcado en un libro primerizo, publicado en una editorial madrileña con el título de ´El arpa cercenada´. Pedí y obtuve de don Valeriano el prólogo de aquel poemario que guardo con especial afecto y gratitud. Irrenunciable en su estilo escribía : “El poeta Juan Carlos Rodríguez Búrdalo luce la banda carmesí de los capitanes…”

La profesión me arrancó de mi ciudad cacereña a finales de los ochenta y él, don Valeriano, también dejó Cáceres un tiempo después, al quedar viudo, pero nunca nos perdimos el rastro. Poco o mucho, junto con las cartas, llegó el intercambio de libros, el comentario de uno para los del otro, el seguimiento, en fin, de los trajines en los que desenvolvíamos uno y otro, otro y uno, la devoción por la creación y promoción literarias. El reencuentro se produjo hace cuatro años en Toledo. Allí su hijo y entrañable amigo mío, Juan de la Cruz Gutiérrez, dirigía los servicios de Televisión Española de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha y en mí, como general de la Guardia Civil recaía la responsabilidad de este Cuerpo en la Región. Me encontré en una excelente exposición de pintura –cómo no– a un don Valeriano octogenario y lúcido, afectuoso y singular que se dirigía mí como “mi general”. No debo aplazar más en estas letras apresuradas la expresión de la admiración por su personalidad extraordinaria, esa vida pegada a la literatura, el otro pan en el diario mantel de su mesa noble. Es noche y primavera en esta hora última que cierra el día aquí, en Madrid, cuando un tren de cercanías detiene su final estrépito sobre los raíles que imposta mi recuerdo y los ocupa. Es la noche que trae un temblor conmovido y sutil sobre la voz al teléfono que acabo de escuchar mientras taladro con la mirada la neblina misteriosa y rojiza que prende algún neón en mi ventana. Es la noche y memoria y el Oeste y Cáceres y… ausencia sobre el ala obscurísima del silencio que, ido el tren de los recuerdos, se adueña de esa vía siempre abierta a mi ancestro extremeño. La Gran Ciudad callada, y estas líneas, sentido homenaje en esta hora altísima de noche y recuerdo y abrazo a Valeriano Gutiérrez Macías. Donde quiera que estés, mi coronel, buen servicio.

 

LA PLUMA Y LA PALABRA DE UN CABALLERO

Artículo publicado por el historiador y cronista cacereño Manuel Vaz-Romero en el periódico HOY el 27 de mayo de 2006)

Lo observé, varios años, desde de mi terraza, caminar con paso tranquilo, de regreso a casa, al atardecer de un día de la Inmaculada, festividad del Arma de Infantería, al que pertenecía el coronel honorario, Valeriano Gutiérrez Macías. Su pecho cargado de condecoraciones era exponente del soldado ilustre, que se acercaba, poco a poco, al reposo bien ganado y aureolado de brillante carrera militar.

Pero este hombre, que a los 91 años se ha marchado de nosotros además de haber pertenecido al Cuerpo de Mutilados de Guerra, tenía una pluma de excepción y una palabra de alto voltaje expresivo. Con la primera llenó páginas empapadas de extremeñismo, con la segunda, potenció los ancestros y raíces de la «tierra parda».

Con la pluma, escribía «bien desde que tenía calzones», como dijera Narciso Maderal Vaquero, y con la palabra, sorprendió en toda clase de tertulias con sus amigos ( Diego María Crehuet, Dionisio Acedo, José Canal, Jesús Delgado Valhondo, G. Gallego, el Conde de Canilleros, Pedro de Lorenzo, y tantos otros) y en las muchas tribunas desde las que pronunció discursos elocuentes, con vez bien timbrada y el gesto preciso de una oratoria robusta…

Su pluma, bien cortada y erudita, llenó columnas de periódicos, con más de dos mil artículos en Nuevo Día, HOY, Extremadura, ABC, Informaciones, La Vanguardia, y de ensayos las revistas: Alcántara, Arbor, Revista de Dialectologia y Tradiciones populares”, Revista de Estudios Extremeños.

Como historiador, folklorista e investigador, nos dejó numerosos hallazgos que fueron referentes en su tiempo, y llenaron, con otros, el vacío cultural existente, cuando aún no había Universidad. Su verbo, impetuoso y sereno, tantas voces exhibido en pregones populares, se hizo puente de lo aprendido por esos pueblos cacereños, recogiendo destellos de folklore, hábitos y costumbres, léxicos semiperdidos, leyendas, deciros, anecdotarios y festejos populares, al tiempo que nos deleitó con los perfiles de una galería de personajes, a los que llamó «Gerifaltes», ya fueran Chamizo, Valdés, Pedro Romero Mendoza, Bartolomé J. Gallardo, etc.

Escribió de picaresca y brujología y asistió a congresos internacionales sobre ambos temas, como estuvo muy presente en los Coloquios Históricos de Trujillo, con aportaciones siempre sabias y sabrosas. Entre sus obras publicadas destacan: «Ensayo biográfico-crítico de Gabriel y Galán» (1956), «Por la geografía cacereña: fiestas populares» (l968), «Anecdotario de Gabriel y Galán» (1971), «Cantores de la Virgen de la Montaña» (1975), «Mujeres extremeñas» (l977), «Relatos de la tierra parda» (l984), etc. Este experto folklorista y humanista prolífico fue, además, escritor sobre semblanzas claves de los Ejércitos, en revistas como Mando, Revista Internacional de Infantería, Ejército, Hespérides y Revista de Historia Militar, cuyos trabajos serían galardonados numerosas veces.

Fue asimismo honrado al ser recibido en la Real Academia de la Historia (1979), y al académico correspondiente a las Reales Academias de Ciencias, Artística y Literaria, de Jaén, y a la de Córdoba, de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes. Mucho más se podía decir de este caballero, de la palabra y la pluma, maestro en tantos registros culturales, padre ejemplar y orador elocuente, y, sobre todo, trabajador hasta la extenuación, al que, un día Dionisio Acedo Iglesias, le dedicó esta décima:

Alta voz de Extremadura

en la prensa nacional.

Paladín de lo local,

de vasta y seria cultura.

Es militar de bravura;

mutilado de una mano,

de carácter franco y sano,

en las letras sobresale,

y en la ciudad bulle y vale.

Y pues, vale, es Vale…riano.

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3 comments on “VALERIANO GUTIERREZ MACIAS
  1. JUAN JOSE DONCEL RODRIGUEZ dice:

    Verdaderamente, me quedo asombrado, de la valía de Don Valeriano Gutierrez Macías, porque yo aunque era muy jovencito cuando lo conocí, por motivos de amistad con sobrinos suyos, pero que un hombre haya conseguido tiempo para llegar a tener ese conocimiento, tan extenso, de la Historia, la literatura, la poesía, llegar al grado de Coronel del Ejército, haber tenido todas y cada una de las responsabilidades, políticas y de gestión, en la Ciudad de Cáceres y fuera de ella, que amaba nuestra ciudad como nadie, y que, tanto dió por ella y su cultura, y yo que he tenido el gran honor de conocerlo personalmente, hace ya muchos años, aunque por motivos de edad. no llegué, a charlar con él mas allá de Buenos Dias y Buenas tardes Don Valeriano, pero ahora es cuando realmente lo admiro por su acerbo cultural y como el gran Cacereño que fué.

  2. Puricación dice:

    Sin duda alguna, un hombre inteligente y de gran valía. Está muy bien que le hagas ese homenaje tan merecido. Te felicito por ello y sobre todo por el amor de hijo que demuestras en esta semblanza.

    • Querida Purificación: Muchas gracias, de todo corazón, por tus palabras, que se que salen del alma. Y como las mías también salen del alma te diré que, más allá de mi cariño, de mi pasión y de orgullo de llevar su apellido, don Valeriano se dejó el alma y el pellejo en su más que apasionado y acendrado cacereñismo. En es estudio de la historia, en el desempeño de sus cargos oficiales, en la profundidad y constancia de sus investigaciones, en el estudio y divulgación de todo aquello cuanto guardara relación con Cáceres. Historia, folklore, personajes célebres, literatos, tradiciones y costumbres, actos públicos, progreso de la ciudad, personajes populares. Y de la provincia, que no se olvide esto último, por favor. Y atendía a todos y de todos aprendía y recogía testimonios. Y como legado, más allá de su obra, como creo que señalo en el capítulo, que guarda la siguiente dedicatoria: “A mis hijos, para que siempre amen gozosamente la tierra que les vio nacer”. Gracias, de nuevo, Purificación. Un abrazo emotivo.

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