YA SE VAN LOS EMIGRANTES

YA SE VAN LOS EMIGRANTES es el título de mi artículo que hoy, 30 de agosto de 1019, aparece publicado en el periódico regional «HOY», de Extremadura. Y es que, todo comos sabemos, la emigración constituye el mayor drama histórico-social de la región extremeña.

El articulista no quisiera creer que el titular de este trabajo representa una contradicción. Y ojalá no tuviera que dar ese paso, una vez más, a ese tema que, no por manido, deja de ser dramático en las campas extremeñas. El de la emigración que, desde allá por mediados del pasado siglo, comenzó a abatir, asolar y desvencijar pueblos y ciudades de nuestra región, por cientos de miles de habitantes, como bien saben nuestras gentes, pueblos y nuestros políticos –que tan poco han hecho para el retorno de los emigrantes—cuando, a estas alturas, siguen saliendo jóvenes, como tan bien conoce la historia de Extremadura.

Con los últimos compases de agosto ya se van de los pueblos cacereños y pacenses, a sus lugares de trabajo y residencia, miles de extremeños que, un año más, han pasado las vacaciones donde les parieron, donde aprendieron las primeras letras y que, a partir de los años sesenta, comenzaron a abandonar ante la realidad y el pesimismo económico-laboral e industrial extremeño, marchando hacia aquellas áreas de la geografía española en la que crecían, y siguen creciendo, polígonos industriales.

Muchos emigrantes vuelven a Extremadura, circunstancialmente, en este tiempo estival, se inundan de añoranzas, abrazan a sus familiares y amigos, se hacen eco de la propia realidad de esos pueblos, que cada día cuentan con menos gentes, –ahí están las cifras oficiales–, con menos brazos jóvenes, porque casi nadie quiere el campo, y porque en estos hermosos pueblos extremeños, de tanto buen paisanaje, no crecen, sino todo lo contrario, las empresas, las industrias, las ayudas. Por lo que los pueblos extremeños y lo que aún resulta peor, las grandes ciudades de la región, cada día se vacían más.

Qué lástima, Extremadura, con la grandeza que existe en tu historia, en tus hombres y mujeres, en tus tierras, en tus pueblos de tanta belleza y costumbrismo, porque cada vez quedan menos jóvenes para levantar, entre sudores e inmensos esfuerzos, esa tierra parda que les viera nacer.

Ya se van, pues, los emigrantes, como bien saben los políticos profesionales. Y ya se van a otras tierras que cuentan con muchas más y mejores ayudas desde el Gobierno central, antes y ahora, qué más da, que cada día las hace más grandes mientras Extremadura golpe a golpe y verso a verso, como escribiera Machado y cantara Serrat, se sigue desangrando, aún, a estas alturas, cuando sobre las mesas ministeriales se almacenan las demandas en políticas de igualdad entre las Comunidades Autónomas.

Una falacia y un incumplimiento pavoroso que tantos han permitido por las circunstancias que sean, allá y acullá.

Con los últimos compases del mes de agosto, que ya toca a su fin, ya se van, qué pena, los emigrantes, con el maletero repleto de embutidos, de dulces, de cacharritos de artesanía, con los decorar un rincón de la casa, en Madrid, en el País Vasco, en Cataluña, mientras nuestros pueblos continúan hundiéndose en medio de un conformismo inexplicable.

No es cuestión solo, no, de que mañana circule un AVE. Eso es, simplemente, peccata minuta, al lado de la que está cayendo y que salvo error u omisión, va a seguir cayendo, Extremadura, tierra mía.

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