CALLE MORET, ANTES CORTES

La calle Moret se denominó calle Cortes hasta que el Ayuntamiento, en el año 1913, decidió poner a la misma el nombre de Segismundo Moret y Prendesgart, en virtud del trabajo y esfuerzo dedicado por el mismo, que fuera Ministro en cinco ocasiones, y presidente del Consejo de Ministros. Y que se preocupara al máximo por las minas de Cáceres, descubiertas en 1864 por Francisco de Acuña, el Fraile, que tanto tuvieron que ver en el desarrollo de la ciudad. (1)
 

Calle Moret, 1969

Una calle que, incrustada en el corazón de la ciudad, que camina horizontal a la calle Pintores, arrancando la una en la Plaza de la Concepción y la segunda en la Plaza Mayor y que va a desembocar en Pintores, siempre tuvo un trasiego comercial propio de los centros de las villas y ciudades.

Calle de señalado ajetreo ciudadano, uno de los ejes viarios de más señalado relieve en el Cáceres de siempre, que hoy sigue honrando la memoria de aquel político que supo descubrir en las Minas una vía de escape, de salida y de desarrollo para la angustia.

A fe que, con la historia en la mano, don Segismundo Moret, que tanto se empeñó en dar vida al poblado minero, consiguió revitalizar el pulso económico, social, laboral de la zona que se bautizó como Cortes . Y es que, en aquellos complejos tiempos de la segunda mitad del siglo XIX Cáceres, hasta donde podríamos deducir, venía a ser una Villa más bien abandonada de la mano de Dios. En definitiva, como tantos y tantos lugares en aquella etapa, donde las gentes, acaso como en toda época y lugar, se buscaban la vida como buenamente podían para salir adelante.

Todo ello, como señalamos, gracias al hallazgo del Calerizo, con abundancia de fosfato calizo, por Francisco Lorenzo de Acuña, que vistió hábitos monásticos y que posteriormente ejercería de abacero,

Unas Minas que imprimieron un gran dinamismo y movimiento económico-social en aquella desgarrada zona. De lo que fue su impulsor Segismundo Moret, 1838-1907, catedrático de Economía Política e Instituciones de Hacienda Pública, embajador en Londres, Ministro de Ultramar, de Hacienda, de Gobernación, de Estado, de Fomento, presidente del Congreso de los Diputados y presidente del Consejo de Ministros. Una figura calificada de un auténtico adelantado de los tiempos en el fomento de las reformas sociales. Lo mismo que trató de hacerlo con la educación, con las ciencias.

Es de señalar, asimismo, que a raíz de dicho hallazgo y descubrimiento, Segismundo Moret viajó en numerosas ocasiones a Cáceres. sobre todo en el período comprendido entre los años 1874 y 1871, defendiendo la riqueza minera del Calerizo y, al tiempo, imprimiendo un gran desarrollo en la zona. Lo que supuso toda una revolución popular en Cáceres.

Hasta el extremo de que Segismundo Moret se propuso en el empeño que batalló por la puesta en marcha del ferrocarril hasta la misma boca de la mina para la más rápida y cómoda exportación de la fosforita por España y diversos países europeos, participó en la Sociedad General de Fosfatos de Cáceres así como en la Sociedad de los Ferrocarriles de Cáceres a Malpartida de Plasencia y a la frontera portuguesa y se convirtió en uno de los pilares y artífices de la puesta en marcha del Tren Internacional Madrid-Lisboa, en 1881, con la presencia en Cáceres de los Reyes de España, Alfonso XII, y de Portugal, Luis I.

Ante sus esfuerzos y logros, que supusieron un señalado paso en la vida económica y social de Cáceres, en el año 1880 el Ayuntamiento de la Villa le dio su nombre al entonces barrio minero, que pasaría a denominarse Aldea Moret, y que se inaugurara en 1875, le nombró Hijo Adoptivo en 1881 y, ya en 1913, unos años después de su fallecimiento, el pleno municipal decidió dar su nombre a una de las calles más importantes de Cáceres, ya que Segismundo Moret se presentaba como una figura emblemática en la evolución de la Villa.

Cáceres, pues, impulsó la dedicación y entrega de Moret con todos los reconocimientos posibles. Una calle, con cuyo nombre sustituye a la denominada Cortes, la que le dedica Cáceres, por cierto, de gran porte con comercios y empresas de relieve.

Se trata de una figura, sencillamente, que un estudioso de su obra, como es el profesor José Pastor, ha llegado a denominarle como “el personaje más importante que ha tenido la ciudad en la etapa contemporánea, porque originó una verdadera revolución industrial en la ciudad“.

Una calle en la que en el transcurso del tiempo destacó, sobremanera, el Hotel Alvarez, que llegó a ser el mejor de Cáceres durante tres décadas aproximadamente. Y del que hablaremos cuando lleguemos al tiempo de su inauguración. En 1936.

Y es ya, por el correr del año 1899, concretamente el 5 de enero, cuando aparece publicado en el semanario católico cacereño “El Eco de la Montaña” el anuncio que podemos ver a la izquierda y en el que Mn de Plasencia, que se encuentra instalado ya por aquellos tiempos en el número 22 de la calle Cortes, deja constancia de su labor como Camisero y como llamada de atención a los lectores y posibles clientes.

Una dinámica comercial en la que se iba adentrando paulatinamente, por tanto, la cacereña calle. Y que, en aquel entonces, tal como podemos apreciar, aún se denominaba Cortes.

Una calle, al tiempo, situada en un lugar del mayor de los relieves y que le imprimía una aureola especial. Acaso, al tiempo, de un especial cacereñismo.

En aquella calle Cortes, antes de denominarse Moret, con señalado dinamismo comercial al encontrarse situada en el enclave central de la ciudad, se encontraban, también, las dependencias profesionales del relevante fotógrafo Prado.

C. Prado se conforma como un nombre de un más que señalado prestigio artístico y uno de los mayores exponentes de la dinámica fotográfica ya en aquellos tiempos. Y por cuyos estudios ya eran numerosos los cacereños que pasaban para una fotografía de carnet, de familia, o, simplemente,. por el capricho de una instantánea de aquel excelente fotógrafo que marcaba una época en la que en Cáceres iban abundando, poco a poco, los buenos artistas con la cámara y con los recuerdos inmortalizados.

Y que, tal como se puede apreciar en la fotografía que vemos a la izquierda de este texto, se encontraba situado en el número 36 de la calle. Imprimiendo, al tiempo, ese aire histórico-artístico, en las páginas de la vida de la ciudad y que iban fluyendo de manos de personas de una exquisita sensibilidad como la que emanaba de C. Prado.

Asimismo el amigo Prado ya se anunciaba el 5 de agosto del año 1904, en el semanario cacereño “Malvas y Ortigas“, con este curiosa y llamativa sugerencia para los lectores del periódico.

Y que, a tenor de cuanto deja constancia y leemos, el artista cacereño destaca por sus brillantes cualidades, que, tenor de lo que deducimos, dejó honda huella en la clientela y las gentes, todas, de la ciudad.

Un anuncio pues, como podemos ver que es la mar de curioso y que servía, naturalmente, para figurar en las páginas de la prensa y tratar de servir, a la vez, de reclamo para los lectores y con las excelencias que se deducen de la lectura de ese quinteto del anuncio.

Un anuncio que, por cierto, iba muy en consonancia con las características del periódico “Malvas y Ortigas“, que en aquellos principios del pasado siglo se expandía como hoja volandera por las calles de la ciudad de Cáceres.

Una calle, Cortes, en la que ya, en el año 1904, en fecha 11 de agosto, anunciaba su comercio en Cáceres, a través del periódico “El Noticiero“, ese emprendedor de relieve que fue “Gabino Díez Huerta“, con sus “Hierros, Aceros, Ferretería y Coloniales“, y sus dependencias situadas en el número 40 de la cacereñísima calle Cortes.

Toda una institución y empresa emblemática, Gabino Diez Huerta, en las páginas de la historia de Cáceres.

Y de la que va quedando testimonio, vivo y palpitante, en el propio tránsito y en los caminos por los que iba fluyendo, año tras año, el establecimiento. Con sus puertas, siempre, abiertas de par y en ese esfuerzo por consolidar un  nombre, una marca y una calidad que iba perdurando en el tiempo.

Todo ello gracias a la constancia, el esfuerzo, el trabajo y el bien hacer de Gabino Díez que dejó, tras de sí, una estela de señalado servicio y del que fueron herederas las generaciones posteriores.

De este modo, avanzando en el compás del paso del tiempo, nos situamos en el año 1905, mientras la calle Cortes bulle en su ajetreo comercial, en su dinámica industrial en el corazón de Cáceres, y, también, claro es, en las ofertas y en la llamada de atención de los comerciantes, tenderos e industriales a la visita y presencia de sus escaparates y negocios al vecindario de la ciudad.

Y que, en definitiva, tal como podemos apreciar en la fotografía adjunta, es lo que hizo el cacereño Francisco Perera y Vera, allá por el año 1905, en el anuncio adjunto.

Un anuncio que apareció publicado en el único periódico diario cacereño de aquellos tiempos y que obedecía a la cabecera de “El Noticiero“.

Y es que el número 22 de la calle Cortes nuestro amigo y  paisano Francisco Perera y Vera tenía establecido el depósito de su negocio dedicado a la representación y venta de cervezas de la fábrica “La Cruz del Campo” y con sus marcas alemanas, además, de “Pilsen” y “Munich“, además de una muy especial, tal como incrusta en el anuncio, la cerveza que fue bautizada como “Pale-Ale”.

Avanzando en el correr y en el paso del tiempo, nos situamos en el año 1911. Y, concretamente el día 20 de septiembre, el periódico cacereño “El Tiempo” se hace eco de este anuncio. Ni más ni menos que del “Gran Almacén del Mueble“, propiedad de Juan Molina, con sus dependencias en la calle Cortes y con “Venta de toda clase de muebles de última novedad“.

Un almacén de calidad, de servicios y con una renovación constante y permanente de existencias.

Pero el tiempo, siempre, como testigo del paso de la vida, también por el propio desarrollo y la fenomenología comercial de las calles, en este caso concreto el de la calle Cortes, después Moret, de Cáceres, nos adentramos en 1912.

Ya nos situamos, en este recorrido, en el año 1912. Y en el que, según podemos apreciar en el periódico cacereño “El Noticiero“, en su edición correspondiente al día 8 de noviembre, ya aparece por los pagos y la dinámica comercial de la calle Cortes, tal como se denominaba en aquel entonces, y más concretamente en su número 16, la “Sastrería Madrileña de José Romero“, por donde debe de pasar, como se destaca en el anuncio, “todo el que desee vestir elegantemente“. Y con precios económicos, como señalan, con “Trajes desde 50 pesetas en adelante“.

Y es que, como todos sabemos, las gentes tienen que buscar los mejores planteamientos para poder salir adelante. Mientras, a la vez, la calle Cortes, en uno de los puntos más emblemáticos y palpitantes de la ciudad, también se estiraba. Si no en extensión, por sus limitaciones, sí en el crecimiento, en la renovación y en las dinámicas del ámbito comercial, económico, empresarial, social. Y, por tanto, ciudadano.

Un poco más adelante en el recorrido del tiempo, en el año 1914, ya aparece publicado en el periódico cacereño “El Noticiero” un anuncio de lo que sus propios dueños denominan como “Gran Pescadería y Frutería” de los “Hijos de José Zaragoza“. Y que señala en su oferta que es la “única y antigua casa que sirve los pescados en inmejorables condiciones“.

La calle Cortes, pues, aunque no se pudiera estirar, evidentemente ya había entrado en ese fenómeno que podemos denominar como de ebullición comercial en el dinamismo y en el recorrido del pulso de los tiempos. Tal como se deja constancia en esta historia de cada día que configuran, conforman y hacen los empresarios, los comerciantes, los emprendedores y los arriesgados.

Y es ya por el correr del año 1917 cuando aparece en el periódico cacereño “El Noticiero“, el anuncio que hace referencia a la instalación en la calle Moret, más concretamente en el número 5, del taller de marmolería de Buenaventura Vivas.

Como se puede apreciar, por consiguiente, en la pequeña calle Cortes o Moret, tenían cabida y se apretujaban, con el paso de los años, todo tipo de establecimientos comerciales.

Asimismo, en fecha de 30 de junio de 1920, ya estaba situado por aquella esfera urbana, conocida, ya, como calle Moret, en lugar de Cortes, y en su número 18, la “Relojería de Luis Alvarez Melero“. Otro lugar de encuentro y de cita con la relojería a base de, como se señala en el anuncio, “Relojes de todas clases y precios“.

Un lugar tan emblemático, tan emblemático, tan emblemático, que allí, precisamente, se despachaban y vendían, claro es, con la debida antelación, las localidades para los espectáculos taurinos. Lo que creaba, al mismo tiempo, un gran ambiente de comentario, de opinión, de rumor y de expectación.

Aquí queda, pues, la constancia expresa de un dato que también figura, por derecho propio, en las páginas de la historia de la ciudad de Cáceres. Aunque es de señalar que en la “Relojería Alvarez” también se vendían las localidades del Cine de Verano de la Plaza de Toros.

Es de señalar y dejar constancia de que el anuncio que destacamos en este trabajo aparece publicado en el periódico diario cacereño “Nuevo Día” correspondiente al 19 de mayo del año 1928.

¡… Y olé…!

Y también en el establecimiento de la Relojería Alvarez se despachaban las localidades para asistir a las funciones cinematográficas de las proyecciones en la Plaza de Toros y que funcionaba a lo largo de todo el verano.

Un lugar al que acudían muchos cacereños y muchas cacereñas, buena parte de ellos botijo en mano, en el Cáceres de Aquellos Tiempos, para poder disfrutar del airecillo o de la fresca de la noche, si es que había suerte y corría el mismo, como se decía popularmente, tras los calurosos días estivales.

Sesiones cinematográficas al fresquito de la noche.

Y a la bajada, y posteriormente, luego, en el regreso, con la fresca, la animación del bullicio ciudadano alrededor del espectáculo. Y donde se proyectaban películas como la que se aprecia en el anuncio de la izquierda, “El diamante de Peterville“.  Un espacio para señalar que la primera película que vio el autor de estas lineas en el cine de la plaza de toros de Cáceres, con domicilio, entonces, en la calle Margallo, 96, de la mano de su abuelo materno, fue “Un caballero andaluz“. Va por tí, pues, abuelito, como te llamábamos cariñosamente.

Ya en el año 1920 aparece en el decorado comercial y empresarial de la calle Moret, concretamente en el número5, una nueva tienda. Y que iba, en nuestra siempre modesta opinión, muy acorde con los tiempos.

Nos referimos a la Guarnionería de José Luceño Sánchez, siguiendo la presencia de su anuncio en el semanario cacereño “La Gripe“. Y con la particularidad o curiosidad, como se prefiera, de anunciarse ante la sociedad local en verso.

Lo cual, como se puede ver, es de nota. Aunque, eso sí, se ajustaba mucho a la tipología propia del semanario. Experto, pues, en mostrar los anuncios de su clientela en verso.

El mismo guarnicionero, José Luceño Sánchez, también se anunciaba en 1926, en el periódico “Nuevo Día“, tal cual podemos apreciar en la fotografía correspondiente en este recorrido que llevamos a cabo por la panorámica socio-comercial cacereña.

Dicho anuncio aparecía publicado en la edición del periódico correspondiente al día 1 de noviembre.

Seguimos, pues, caminando, por la dinámica social y comercial que se albergaba en las esencias de esa pequeña calle. Pero, eso sí, que conste en acta, que de muy densa actividad y bullicio. Tanto en el plano social y urbano como en el de las dinámicas económico-comerciales.

Retrocediendo un poco en el tiempo nos situamos en el año 1925. Y siguiendo el anuncio publicado en el periódico cacereño “Nuevo Día“, nos encontramos que a finales de mayo de ese mismo año ya se encontraban en el número 36 de la calle Moret las dependencias de la “Funeraria La Soledad”, fundada en el lejano 1881 por don Santiago González Fernández. Y que anuncian que “hacen un servicio gratuito para las familias pobres”. Todo un gesto de señalada consideración.

Y en la muy cacereñísima calle Moret, de aquellos tiempos del correr, ni más ni menos que de 1925, en fecha 30 de mayo, nos encontramos con un curioso, llamativo e ilustrativo anuncio. Y que es el que se puede apreciar a la izquierda.

Un anuncio en el que la Viuda de Alonso Rodríguez deja constancia de la importancia económico-social de las cales en Cáceres, sin duda, como señala, la más importante de aquellos tiempos.

Y para atender las demandas y pedidos de las familias cacereñas, tanto de la capital como de diversas poblaciones de la provincia, ofrece y tiene abiertas las puertas de su Escritorio u Oficina en el número 26 de esa calle tan transitada, comercial y paseada por los cacereños.

Toido, muy probablemente, tal como se diseña en los componentes de las páginas de la historia local, porque la calle Moret, antes Cortes, se conformaba como una de las calles más transitadas de la ciudad. Precísamente por estar incrustada en uno de los epicentros de Cáceres y con una gran y señalada columna vertebral de establecimientos, de todo tipo y condición, como vamos viendo en este modesto recorrido comercial y familiar en el Cáceres de aquellos tiempos.

En ese mismo año de 1925 podemos ver en el periódico cacereño “Nuevo Día“, el anuncio en el que se lee la oferta que hace a los lectores del periódico y cacereños en general la conocidísima “Casa Castaño“, propiedad de don Luis Castaño, con un sugerente repertorio en el que ofrece y destaca como llamada de atención para los paladares “gambas, cigalas, percebes y toda clase de aperitivos”.

Y es que el día 20 de diciembre de ese año la oferta del día de la afanada Casa se ofrecen, ni más ni menos, que “Percebes gigantes“. ¡Que aproveche, pues, a los amigos que pasaron aquel día a degustar la sugestiva propuesta de Castaño.

Una Casa, la de Castaño, que gozó de un prestigio y una notoriedad de importancia. Entre otros motivos, acaso, por la peculiaridad de su dueño, por la calidad de sus productos, por la concordancia en la relación calidad-precio y porque en su sede se disfrutaba de uno de esos aromas típicos del cacereñismo como es el que emana del sabor, siempre tan humano y agradable, de las tertulias sobre el run-rún callejero de la ciudad, que se daba cita, de modo permanente, en Casa Castaño.

Y el 1 de septiembre de 1926 el periódico “Nuevo Día” incrusta en sus páginas el anuncio de la casa denominada y conocida como “La Brocense”, que ofrece y oferta a la hipotética clientela un más que curioso hospedaje que ellos mismos califican como “de primer orden“.

En “La Brocense“, además, “se sirven almuerzos y comidas” acompañados, entre otros caldos, de los célebres vinos de la localidad en la que nació el titular del nombre de la casa. Ni más ni menos que Francisco Sánchez, conocido como el Brocense.

Uno de los personajes más señeros en la historia de la ciudad, y que, al tiempo, también presta su nombre, desde tiempo inmemorial, al Instituto Nacional de Enseñanza Media y a la Institución Cultural dependiente de la Diputación Provincial de Cáceres.

En ese mismo año de 1926 ya podemos ver en el periódico cacereño “Nuevo Día” un anuncio, fechado el 1 de septiembre, en el que nos percatamos de la puesta en marcha de “Comercial Abad“.

Una calle que, paso a paso, día a día, pulso a pulso, iba dejando constancia expresa del ritmo de las inquietudes y de las tendencias y preferencias por las que se inclinaban muchos cacereños. Y es que ubicación se configuraba como uno de los más señalados atractivos.

Una ferretería que, tantos años después, inmortalizara nuestro siempre querido amigo, compañero y fotógrafo Juan Guerrero, de este modo que podemos apreciar.

Otra empresa, por consiguiente, que se configura y representa, en el recorrido comercial de la ciudad, como otro de esos espacios de tipología emblemática que comulgaron con el espíritu de iniciativas industriales. Lo que se llevó a cabo en medio, claro es, de señalados y grandes esfuerzos que hoy hemos de reconocer de forma pública como tributo de admiración a tantos personajes que lograron alzar la dinámica social de la ciudad de Cáceres.

Empresas, comercios, tiendas, despachos, clínicas, pastelerías, relojerías, ultramarinos, hoteles, bares, casas de comidas, taberbas, librerías, confección, fotografías, mamolerías… ¡Qué mundillo de recuerdos, de estampas, de imágenes, de ensoñaciones, de escaparates, de trajines ciudadanos, saboreando el prisma de las esencias de la ciudad entre adioses, miradas amigas, saludos, charlas cotidianas

Y también en ese mismo año de 1926, asimismo en el periódico local “Nuevo Día“, procede a insertar entre sus páginas un curioso anuncio.

Se trata, como podemos apreciar en la imagen de la izquierda, de que en el número 26 de la cacereñísima calle Moret se encuentran las dependencias conocidas como “La Zamorana“.

Y que se ofrecen a la clientela cacereña de aquellos tiempos, que ya quedan ni más ni menos que noventa años atrás, con su “Seguro de matanza”.

Algo que, a buen seguro, seguirían muchos cacereños que, por aquellas fechas, poseían guarros y que servían, tal como señala la historia, como una de las despensas más propias de la época.

Por la sencilla razón de que todo iba marchando tal cual diseñaban las dinámicas de las diferentes épocas. Y alrededor de las mismas, por tanto, iban girando, a la vez, los esquemas y las iniciativas de tantos y tantos emprendedores y arriesgados cacereños que se jugaban el tipo en su apuesta por volcar sus ilusiones en la apertura de las puertas de un establecimiento.

Ese mismo año de 1926, y también con publicación del correspondiente anuncio en el periódico cacereño “Nuevo Día” del 3 de noviembre, también nos encontramos con la presencia de otro negocio e iniciativa empresarial.  Se trata de la Ferretería, propiedad de Jorge Rodríguez, con sus dependencias comerciales instaladas en el número 20 y ofertando su mercancía de “Cerrajería de todas clases, herramientas, alambres, puntas“.

Y todo ello, además, según reza el cartel anunciador expuesto en el diario con “precios de fábrica“.

¿Se puede, pues, pedir más, a un establecimiento dirigido al público y en defensa de los intereses de la clientela, tal como podríamos deducir?

Damos un paso más hacia adelante en este recorrido histórico por la siempre céntrica calle Moret, de Cáceres. Y en la que se albergaba, desde mediados de 1928, como podemos apreciar por el anuncio, insertado el 28 de junio en el periódico “Nuevo Día“, la “Tahona Santa Carlota“, ofreciendo a los cacereños un “Pan de lujo“, junto a una variada selección de dulces.

Una tahona que marcó, también, el paso del tiempo por la acumulación empresarial y comercial de tantos sueños y, a la vez, de tantos y tantos cacereños que ponían, en la misma, su ojo para la puesta en marcha de un negocio.

Nos situamos, así, de repente, cinco años más adelante. Por tanto en 1931.

Y en el que el 2 de mayo, en el periódico “Izquierda Republicana” ya aparece el anuncio de las instalaciones, en la calle Moret, de la tienda de ultramarinos propiedad de Cayetano Franco, y con la siempre más que sugestiva oferta de la especialidad de la casa “en jamones y embutidos“. Y que a buen seguro dejaría honda huella en los paladares de los cacereños de aquellos tiempos que ya nos quedan muy atrás en la historia de la ciudad.

Pero, lo verdaderamente importante, es que esa aglomeración y acumulación de instalaciones comerciales, de tiendas, de comercios, de inversiones, generaban una vida de relieve y de resonancia en el marco referencial del corazón de Cáceres, en el que se incrustaba, de pleno, la calle Moret.

Un año después, ya en fecha de 25 de abril de 1932, nos detenemos en una de las joyerías más prestigiosas de Cáceres en el recorrido de la historia local.

Nos estamos refiriendo, ni más ni menos, que a don Agustín Pozas. Todo un nombre de prestigio y relieve en Cáceres.

Y que aparece como “Joyero y Grabador“. Y dejando constancia, eso sí, de que la calle Moret antes se llamaba Cortes.

Nos situamos, ya, en el correr del año 1936. Un año de suma importancia porque es cuando se abren las puertas, por fin, del gran hotel Alvarez. Y que, enseguida, prácticamente con su apertura, se convirtió en uno de los ejes por los que transcurrían las principales comidillas, vaivenes, charlas, curiosidades y secretos de la vida del Cáceres de Aquellos tiempos.

Lugar de tertulias, de reuniones, de banquetes, de comidas de trabajo. Y que, al ser el mejor establecimiento hotelero del momento, dio lugar a que pasaran por sus salones cualificados políticos, militares destacados, empresarios de relieve, artistas, viajantes, turistas. Un hotel que levantó el militar Federico Rodrñiguez Serradell y que alquiló Antonio Alvarez Rivera. Un dinámico asturiano que pasó por las cocinas del madrileño y señorial Hotel Palace, que dirigió el Hotel Nieto, del Cáceres de Aquellos Tiempos, que posteriormente abrió la Casa Alvarez, de comidas y cenas, en la calle General Ezponda, y que se lanzó a diversas aventuras empresariales antes de proceder a la inauguración de ese reto empresarial que, en su día, fue un lugar emblemático de la ciudad. Como lo es, hoy, el Complejo Alvarez situado en la carretera de Salamanca, que dirigen los nietos de aquel ilustre cacereño-asturiano que se llamó Antonio Alvarez Rivera y que levantó, a pulso, un verdadero emporio de la hostelería.

Y también en ese mismo año de 1936 el periódico cacereño “El Radical“, con fecha de 1 de junio, ofrece a sus lectores el anuncio de la presencia en el número 9 de la calle Moret de la pescadería propiedad del cacereño Ramón Trocolí.

Y que, además, ofrece “todos los días” a los lectores, y por tanto a la clientela, consumidores, visitantes y paseantes de la zona,  “pescados y mariscos frescos“.

Toda una oferta que no podían despreciar las sufridas amas de casa en sus trajines y en sus recorridos por las calles tratando de buscar y encontrar, siempre, el mejor de los equilibrios en la ecuación calidad-precios.

Una calle en la que allá por el correr del año 1936 ya podemos encontrarnos con este anuncio y en el que se nos informa de la presencia, en el número 4 de la calle Moret, de la Consulta que allí se encontraba instalada de “Ginecología y Partos” de Gonzalo Mingo González y de Arturo García Sánchez.

Y por la que, tal como se puede apreciar en la hemeroteca y en la historia local, así como por el nombre y prestigio de ambos doctores, pasaron muchas cacereñas para ser atendidas por esos dos médicos tan cualificados.

Ya por los años cuarenta también se ve en la geografía comercial de la calle Moret, el “Bar-Restaurante Patete“, propiedad de Angel Moreno Cruz, con sus dependencias en el número 3 de la céntrica calle.

Al mismo tiempo, además, el el amigo Patete también ofrecía sus servicios a los espectadores que asistían a las sesiones cinematográficas que se proyectaban en las noches estivales en la Plaza de Toros.

Patete se consagró, como diría el maestro Miguel Delibes, como uno de esos personajes incorporados en el decorado de una de las principales calles de Cáceres.

Y, quizás, por eso mismo, Patete alzó su establecimiento en la calle Moret, tal como podemos apreciar de la lectura de esa carta que se nos ofrece, original y curiosa, en la fotografía de la izquierda.

Un Patete que, hasta donde tenemos ligeros apuntes, sabía de la importancia del mensaje publicitario en la prensa. De ahí que, allá por el año 1929, más concretamente el 20 de julio de 1929, se anunciaba de este modo, que podemos apreciar en la fotografía, en el periódico “Nuevo Día“. Y en el que destacaba, de modo señalado, su “Almacén de vinos, jarabes y vermouth“.

Una calle de merecida fama en en runrún del trasiego ciudadano y en la que, poco a poco, se iban alzando y agavillando comercios, empresas, industrias, tiendas y, en definitiva, establecimientos comerciales de todo tipo y condición. Lo que imprimía un aire tradicional, festivo, popular y de invitación a la curiosidad de los hombres y mujeres cacereños.

Como iban siendo el Hotel Alvarez, el hotel tradicional de los toreros que actuaban en el coso cacereño de la Era de los Mártires, la pastelería La Granja, cuya encargada era la señora Jesusa, el bar Maleno, la mercería de Torrecilla, el establecimiento fotográfico de Caldera, una gran saga…

Y tantas y tantas que iban haciendo camino al andar en la panorámica comercial de Cáceres.

Como es el caso, por ejemplo, de Mecano. Otra de esas empresas modelo y que sirvieron de referencia, de tipología, de modelo y de relieve en medio de los pasos de la historia del Cáceres de Aquellos Tiempos, que, a medida que van dejando sus pasos atrás, son más recordados por sus aires de agrandar espacios comerciales, iniciativas industriales y empresariales, entre el tesón, la constancia, el esfuerzo, el sacrificio y la imaginación…

Lo que venía a resultar, en definitiva, como un lugar con el aire de la relevancia, importancia, transcendencia y repercusión de la calle Moret.

Bar La Catalana, otro lugar emblemático del Cáceres de Aquellos Tiempos…

Un lugar, una zona, una calle en la que en el Cáceres de Aquellos Tiempos también se encontraban y dinamizaban la rúa la taberna La Catalana, de José Medina, que abrió sus puertas en la década de los cincuenta, que debe su nombre a que la mujer de Medina era de origen catalán. En la misma se despachaban, de modo preferente, pistolas de vino, que no dejaban de ser unas botellas de refresco, de los entonces, con preferencia por las botellas de gaseosas de La Polar, pero, eso sí, repleta de ricos caldos de la provincia de Cáceres.

En el bar y taberna de La Catalana también, por cierto, se despachaban unos muy sabrosos bocadillos de mejillones, según el testimonio de quienes tuvieron, en su día, la dicha de poder saborearlos, en medio de la tertulia, de los comentarios, de las risas, de las disputas, de las jocosidades y hasta de las partidas de cartas propias de esos lugares como el bar La Catalana y en donde, por cierto, todo indica que se servían muy ricos caldos, tanto tintos como blancos, procedentes de diversas localidades de la provincia de Cáceres.

La Catalana, por cierto, se encontraba incrustada entre la Camisería Picado y Calzados Marta. Otros dos comercios de relieve en el trasiego comercial, del Cáceres de Aquellos Tiempos.

En aquella Moret, siempre con las puertas de la amabilidad y de su mostrador comercial, siempre, asimismo abierta a todos los cacereños, hubo otra tienda de relieve. Nos referimos a de don Luis González.

En la misma, como podemos apreciar por la referencia fotográfica del sobre todo, se ofrecía un poco de todo, porque se trataba de abrir las puertas de unos Almacenes con todo tipo de mercancías. De papelería, de juguetes para los más pequeños, de zapatos para toda la familia, de géneros de punto, de los perfumes que ya invadían el mercado a todos los bolsillos…

Una tienda, la de la Viuda de don Luis González, doña Magdalena Cascos, maestra en la Escuela Perejil, y que fuera madre de Luis González Cascos, que llegó a ser alcalde de Cáceres. Y en la que, desde el principio de su presencia y apertura al público de la ciudad y también a los que se llegaban desde diferentes pueblos de la provincia, se impuso la cordialidad, la amabilidad, la tertulia y la buena disposición para con toda la clientela. Además, claro es, como marca de la casa, la de los buenos precios al decir de todos. Lo cual, para no engañarnos, siempre resulta un estímulo para el consumidor y cliente como punto anímico de partida para ir, tal cual se solía decir, a la compra.

Antonio Camacho con el prestigioso torero Paco Camino en la Plaza de Toros de Cáceres. Años70.

Como por allá, en la calle Moret, se incrustaba, también, en el Cáceres de Aquellos Tiempos, la tienda de ultramarinos de Antonio Camacho, (1930-2003). Y en la que era frecuente verle con el guardapolvos encima de la ropa.

Antonio Camacho, uno de los grandes referentes del deporte en las páginas de la historia de Cáceres, fue un célebre guardameta del Club Deportivo Cacereño, que también defendió los colores del Atlético de Madrid y que llegó a ser árbitro internacional.

Todo un porterazo, buena gente en el decir y en el sentir de todos los que disfrutaron de su amistad, de su buen humor, de su bonhomía, y siempre, sobretodo, de sus excepcionales dosis de cacereñismo.

Unas dotes de las que en su recorrido por Cáceres dejó constancia expresa. Desde el cariño, la familiaridad y la cordialidad con la que atendía a todos. Acaso porque era una de sus dotes innatas. La de la cordialidad y la simpatía. Tanto en sus paseos por la ciudad como en el tiempo en que permanecía en la tienda.

Algo que es muy de agradecer.

Ya en los años setenta de la pasada centuria, la calle Moret, seguía conformándose como ese gran núcleo y armazón económico-social del que siempre fue disponiendo y gozando. Como venimos dejando constancia expresa. Y todo ello a pesar del estiramiento que poco poco iba pegando la ciudad de Cáceres por los cuatro puntos cardinales.

Pero, evidentemente, el centro de la capital, siempre será el centro. Con toda su carga de historia popular que hay a sus espaldas.

Y de ese año, precísamente, de 1970, es la fotografía que acompaña estas líneas. Y que está captada del blog “Fotos antiguas de Cáceres“, y que fue subida en su día por Miguel Angel Redondo.

Al fondo de la instantánea fotográfica se ve el rótulo de “Sobrinos de Gabino Díez“, en la intercesión que lleva, en apenas unos escasos metros, desde la Calle Moret a la calle Pintores.

Y por aquella también tuvo su empresa otro cacereño ejemplar, Luis González Cascos, (1926-2015), que fuera alcalde de la ciudad encabezando la lista Unión de Centro Democrático, presidente de la Cámara de Comercio e Industria, presidente de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Cáceres, presidente de la Confederación Española de Pequeñas y Medianas Empresas y presidente del Consejo de Administración de Editorial Extremadura.

También se encontraban por aquellos históricos pagos de la calle Moret la pastelería Estila, que, además, también tenía la especialidad en venta de raspaduras, vendía raspaduras, Chelo y su histórica librería, la conocida Banca Sánchez, Siro Gay, la Zapatería López, el bufete de Oscar Madrigal, Timoteo, Callista, el ultramarino de Felipe Gil, que, por cierto, era suegro de Antonio Camacho, “Siro Gay“, un salmantino que comenzó a crear un gran emporio allá por 1906 en la capital castellana que le vio nacer, el taller de electricidad y “Lámparas Civantos”, el bar “El Sordo“, la “Pensión Burgalesa“, la “Sastrería Falcón”…

También vivía en la calle Moret, anteriormente Cortes, el practicante Juanals, toda una institución en el Cáceres, pues, de Aquellos Tiempos.

A todos ellos, pues, como siempre, nuestro mejor recuerdo y nuestra mayor gratitud. Porque, sencillamente, trataban y siguen tratando de hacer, cada día, más y mejor Cáceres.

NOTAS:

1: Más información sobre Segismundo Moret en el capítulo de este Blog titulado “MORET, EL MINISTRO DE LAS MINAS DE CACERES“.

2: La fotografía de “Mecano” está captada del periódico “Extremadura“.

3.- La fotografía de Antonio Camacho con Paco Camino es una instantánea de ese señalado y popular artista cacereño, además de excelente persona, que fuera Juan Guerrero.

2 comments on “CALLE MORET, ANTES CORTES
  1. Sebastián Castela Lancho dice:

    Extraordinario relato de una calle relativamente corta,con historial amplio y lleno de vida.Gracias Juan por acercarnos a la vida de otros tiempos.

    • Muchas gracias, querido Sebastián, por la generosidad de tus palabras. La verdad es que, con la mano en el corazón, creo, honradamente, que merece la pena el trabajar, del modo más afanoso posible, por Cáceres, y tratar de recuperar los pasos de las páginas que se acogen en la historia de la ciudad. Un abrazo cordial. Juan de la Cruz.

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