EL GENERAL MARGALLO, EXTREMEÑO Y HEROE

“EL GENERAL MARGALLO, EXTREMEÑO Y HEROE”, es el título de mi artículo que hoy, 24 de 2018, aparece publicado en el periódico regional extremeño “HOY”. Prácticamente toda la prensa nacional coincidió en que el General Margallo fue un héroe”.

Juan García-Margallo y García (Montánchez, 1839-Melilla, 1893), fue un cualificado militar extremeño que en agosto de 1891, siendo general de brigada, fue nombrado Comandante General de Melilla por la reina regente María Cristina. Un lugar que debe su nombre a la excelente miel que ya se recogía durante el Imperio Romano. En 1566 Melilla pasó a la corona española.

Desde su llegada a Melilla Margallo estudiaba permanentemente las posiciones españolas ante posibles ataques riffeños. En 1893, en función del tratado de Wad-Ras, entre España y Marruecos, el Gobierno decidió levantar el fuerte de Sidi Guariach, (“Mi señor del río de las plumas”), junto a otros cinco, para completar el círculo de seguridad de Melilla.

El fuerte debía alzarse en las cercanías de la tumba de un morabito o santón de los riffeños. Lo que no consentían los bajás de las cabilas, los santones ni los bereberes de las montañas, considerándolo una profanación.

El 28 de septiembre comenzaron las obras y ese día se iniciaron las hostilidades moras destrozando todo lo construido por las fuerzas españolas en una agresión que, pocos días  después, daría inicio a los primeros derramamientos de sangre.

La prensa española se hizo eco enseguida de la proximidad de un conflicto armado, pidiéndose mano fuerte en defensa de la plaza. Aún así Margallo dio muestras de diálogo entrevistándose en diversas ocasiones con los bajás.

Los expertos españoles decían de los bereberes que eran “feroces, salvajes en sus deseos, su única ley es la fuerza, su único respeto lo inspira aquel que paga más y sus tribunales están encerrados en el cañón de sus espingardas o Remingtons”.

Los bereberes, se destacaba, son codiciosos y falsos como los de su raza, y, como montañosos, son ágiles, sobrios, valientes y excelentes tiradores.

Asimismo “La Ilustración Ibérica” dice que los riffeños dan todo de sí “cuando se lanzan a la guerra, y más aún si esta guerra es contra los perros cristianos”.

De cabeza afeitada, excepto la coronilla, con la gumía en cintura, espingarda o fusil, el rifeño se lanza al combate en medio de aullidos, acometiendo de modo furioso y sin compasión el objetivo de matar al enemigo.

En medio de una gran tensión se llegó al 27 de octubre con una batalla en la que más de doce mil bereberes acorralaron a sus tropas en el fuerte Cabrerizas Altas que solo contaba con unos trescientos hombres y la artillería de los fuertes.

Tras una noche de angustia entre disparos y “alaridos de las hordas salvajes“, en la mañana del 28 se acercaba al fuerte un convoy con agua, víveres y municiones y cuya llegada trataban de impedir los moros.

La entereza de Margallo conmovía a todos. De repente, en un gesto de coraje, contra la opinión de los militares españoles, salió a alentar a los soldados desplegados, en medio de una nube de balas, ordenando:

— ¡Armen…! ¡A la bayoneta!

Apenas avanzó cien metros cuando un disparo le acertó en el pómulo derecho cayendo mortalmente herido al suelo.

Los moros intentaron apoderarse del cadáver, pero los soldados recuperaron a bayonetazos el cuerpo del general.

El patio del fuerte se convirtió en un lugar de lágrimas de la guarnición. Margallo era muy querido por sus subordinados que le veían como al general victorioso y al valiente militar ante la guerra.

El entierro fue una manifestación de duelo al que asistieron todos los militares y todo el vecindario melillense, colocándose encima de la caja el fajín, la espada, el bastón y el ros del general.

El periódico “El Correo Militar”, destaca su valor sereno, su abnegación y su pundonor y que “murió heroicamente en las trincheras”, subrayando que Margallo pereció “víctima de todas las torpezas y todos los delitos de lesa Patria cometidos por los políticos españoles, así civiles como militares”, mientras que “El Día” deja constancia de la gloriosa muerte del general: “¡Así mueren los soldados españoles; así dicen al mundo que son los primeros en dar el ejemplo ante el peligro; así cubren de gloria la bandera de la patria y hacen inmortal el nombre de España!”.

La Ilustración Española” pide “¡Honor a Margallo!” y que “descanse en paz, entre los héroes españoles”.

La revista “La Ilustración Ibérica” expone que “durante veinticinco mortales días Margallo estuvo aguardando aquellos refuerzos que paulatinamente se le habían de ir enviando” y que “su alma de soldado no pudo sufrir más tiempo la dura pasividad ante la canalla bárbara de las kabilas”.

La Epoca” dice que Margallo “ha entrado en la inmortalidad por la puerta de los héroes” y el periódico “El Imparcial” destaca que la historia militar del general es “fecunda como pocas en actos de valor, energía y heroísmo” y que “puede compendiarse en un solo elogio: El general Margallo debe toda su carrera a méritos de guerra”.

Un día antes de su fallecimiento la Reina firmaba el nombramiento del general de división Manuel Macías Casado como Comandante General de Melilla, del que la prensa informaba jornadas atrás y cuya decisión pudo pesar sobre la heroica acción del general extremeño.

Una semana después el alcalde de Cáceres, José Trujillo Lanuza, le daba su nombre al callejero cacereño en la que hasta entonces se denominaba calle Moros, que nació para acoger a los moriscos que el rey Felipe II deportó desde Las Alpujarras.

Entre sus condecoraciones figuran la Cruz de San Fernando, la Cruz Roja del Mérito Militar, la Cruz de Carlos III del Mérito Militar, la Medalla y Cruz de San Hermenegildo y la Medalla de Alfonso XII.

 

 

 

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