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CACERES, MAS Y MEJOR TURISMO

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El turismo se va abriendo paso en Cáceres, cada día con más fuerza, gracias a una conjunción de factores: La inmensa belleza dela Ciudad Medieval, Patrimonio de la Humanidad, la gastronomía típica, los eventos musicales, teatrales y otros. «Cáceres, más y mejor turismo», es el título de mi artículo que hoy, 19 de octubre de 2021, aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

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CACERES, FASCINANTE CIUDAD MEDIEVAL ESPAÑOLA

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Cáceres es, sencillamente, una fascinante medieval. Con una esforzada recuperación y muy acertada rehabilitación, allá por mediados de la pasada centuria, hoy se representa como un modelo de Ciudad Medieval. Aquí os dejo mi ensayo CACERES, FASCINANTE CIUDAD MEDIEVAL ESPAÑOLA, que aparece publicado en la prestigiosa revista digital chilena, ENFOQUE.

Palacio de Toledo Moctezuma

Palacio de Toledo Moctezuma

El viajero se llena de luz en su andadura y emociones por la Ciudad Medieval de Cáceres. Paso a paso, rincón por rincón, la ciudad, Patrimonio de la Humanidad, se alza a la eternidad de forma permanente a través de su conjunto histórico-artístico-monumental… Una ciudad española fascinante. El viajero se llena de hechizo y sabor, de pasión, en su recorrido por esta ciudad caminando entre el pálpito de las luces de la historia que se expanden por la calma del amanecer, por el sosiego cuando los pasos transcienden en el atardecer, en los recorridos, de puntillas, por sus noches de admiraciones contemplativas, cuando el alma se serena y se radiografía, sublime, la intensidad y diversidad de la luz de Cáceres.

Siempre inmensa, intensa. Siempre caminando entre esas luces de eternidad que se expanden por la calma del amanecer, por el sosiego cuando los pasos transcienden en el atardecer, en los paseos, de puntillas, por sus noches contemplativas, cuando el alma se serena y se radiografía, sublime, la luz de Cáceres.

Casa de los Becerra, Palacio de Golfines de Abajo y torre de la concatedral de Santa Maríadral de an

Casa de los Becerra, Palacio de Golfines de Abajo y torre de la concatedral de Santa María

Cáceres destila aromas de una ensoñación que pareciera resurgir de sus cenizas en aras a lo más bello. Todo un recorrido al Medievo entre aventuras, mercados, adarves, iglesias, palacios, casonas palaciegas, beaterios, juglares, peleas… Piérdete, caminante, entre sus callejuelas y plazoletas y comprenderás cómo ha renacido su recreación con el tiempo. Una Ciudad Medieval de ensueño y lujo.

Verás: El viajero se llena de luz por la Ciudad Medieval de Cáceres, abrazándose al trasluz estival. Un haz de tonalidades amarillentas, azules, naranjas, malvas, rojizas, grises, obscuras, blanquecinas, que se dan cita una y otra vez con ese sentir de quien encuentra la vida como fuente de luz de Cáceres, de quien camina con la luz de Cáceres, de quien marcha hacia la genuina luz de Cáceres. En cualquier lugar, a cualquier hora, en uno y otro esquinazo, por sus caminos y surcos.

¡ Una luz tan profunda como mágica…!

Iglesia Concatedral de Santa María.

Iglesia Concatedral de Santa María.

Más allá toda una impresionante serie de estampas e imágenes que transitan en un recorrido de sublime sabor medieval: La Muralla árabe, el Adarve de la Estrella, la Plaza de Santa María, la Casa Mudéjar, de arquitectura toledana, la Cuesta de la Compañía, el Aljibe, el Palacio de las Veletas, sobre la Alcazaba almohade, la Puerta del Postigo, torres defensivas cristianas y árabes, la de los Púlpitos, la de la Yerba, la Mochada, La Enfermería de San Antonio, el Baluarte de los Pozos, el Arco del Cristo, que rezuma el sabor de la romana muralla, el Foro de los Balbos, donde se alzaba una de las puertas cuando la vieja Norba Caesarina, el Hospital de los Caballeros, el Balcón de los Fueros, la Casa del Judío Rico, la iglesia de San Mateo, alzada sobre una mezquita, campanas que espantan a un vuelo asustadizo y acelerado a cernícalos, vencejos, golondrinas, el conventual de San Pablo con monjas en clausura y voto de castidad, pobreza y obediencia, entre oraciones, trabajo, silencio y canticos gregorianos, un desfile de casas hidalgas cacereñas, la Judería, entre estrechos callejones sefardíes, y su barrio, San Antonio de la Quebrada, con ermita sobre una sinagoga, donde una deslumbrante luz reverbera en sus casitas encaladas, calles con nombres como Amargura, de la Gloria, del Mono, Callejón del Gallo, la Calleja del Moral, Rincón de la Monja, tantos otros tan silenciosamente recogidos y tan deslumbrantes, amplias plazas, estrechas y angostas callejuelas…

Toda una algarabía de torres, iglesias palacios, casonas nobiliarias,. tejados...

Toda una algarabía de torres, iglesias palacios, casonas nobiliarias,. tejados…

Y, también, entre fachadas platerescas, góticas, renacentistas, portadas adinteladas, otras adoveladas, con sillares almohadillados, retablos barrocos, espadañas, matacanes, arpilleras, escudos esculpidos en cantería, unos; en alabastro, otros, blasones heráldicos de familias nobiliarias, con torres, águilas, flores de lis, estrellas, osos, soles, becerras, perales, garzas, yelmos, escudos episcopales, muros de mampostería, almenas picudas, barbacanas, balcones esquinados, ramas de olivo, llamativas gárgolas, ventanas ojivales, gemelas otras, también enrejadas con hierro forjado, ajimeces cacereños, faroles, con preciosa luz que amarillea la noche, nobles medallones, alfices, saeteras, coronas voladas, conchas de peregrinos, leyendas pétreas por los siglos: “Esta es la casa de los Golfines”, “Sé tú Señor para nosotros torre de fortaleza y se renovará como la del águila, nuestra juventud”, “Vanitas vanitatum et omnia vanitas” (1), “Aeterna memoriam iustorum” (2), “Ave María”, “Non habemus hic civitatem manentum sed futuram inquiribus” (3), hornacinas como la de la Puerta del Río, con un Cristo crucificado o la de San Francisco Javier, bóvedas de rosca, patios herrerianos, mudéjares, renacentistas, toscanos, con claustros porticados, policromados artesonados, una salpicadura de jardines, salas de linajes, tapices, cuadros de siglos, pinturas renacentistas al fresco en paredes palaciegas, chimeneas de ladrillos, capillas, sepulcros artísticos, distinguidos, que velan una infinidad de testimonios y retazos en la configuración de la historia cacereña…

Arco de la Estrella, principal puerta de entrada al casco histórico, artístico y monumental de Cáceres.

Arco de la Estrella, principal puerta de entrada al casco histórico, artístico y monumental de Cáceres.

Piérdete, caminante, mejor envuelto por la luz de la noche, y comprenderás el sortilegio histórico-artístico de Cáceres y su recreación, que han renacido con el tiempo. Una Ciudad Medieval por la que te irás sorprendiendo en todas sus esencias, tratando de alcanzar a tocar la luz de Cáceres. Un haz de tonalidades con pinceladas azules, naranjas, malvas, grisáceas, oscuras, blanquecinas, amarillentas, doradas intensas, cuando el sol quema, que tocas el granito y pareciera ardiente en tardes de estío… Colores que se dan cita constantemente con el corazón embargado y asidos a la luz de Cáceres, de quien lo hace exultante por la fuerza de los rayos de la propia luz, real, preciosa siempre, bajo el haz donde se siente Cáceres, aún con los ojos cerrados, qué digo, guiados, alumbrados por la luz que se impregna sobre la ciudad…

Te preguntas ¿Qué sucede? Sencillamente, que te vas contagiando por la magia, sorprendente, de la luz de Cáceres, esparcida hacia todas partes como un ramillete de haces gigantescos de luz, tal como antes nunca habías percibido… Con una riqueza de siempre. Ayer, en los cauces de la Historia y su legado entre raíces judaicas, de la morisma y de la cristiandad; hoy, avanzando desde Cáceres, serpenteando por sus callejuelas y plazoletas, y hacia la esencia de la ciudad, su recinto amurallado, soberbio de esplendor; mañana, como un cielo infinito de luces…

La Plaza Mayor de Cáceres con el fondo de la Ciudad Histórico- Monumental.

La Plaza Mayor de Cáceres con el fondo de la Ciudad Histórico- Monumental.

¡Qué hechizo el que se encuentra más allá, al otro lado del telón de esa escenografía de la historia que se engalana por los rincones cacereños…! Por uno y otro tiempo histórico, en uno y otro lugar, a una y otra hora, en una y otra estación del tiempo, por uno y otro esquinazo, por todos sus caminos y surcos, en todas las direcciones, con la compañía de la lluvia, con sol radiante, cobijados entre sombras, envueltos entre nieblas, con calores, con fríos, con el misterio del encanto, siempre, a cada palmo, con la luz de Cáceres, fascinante, radiante… Siempre, en Cáceres, el rito y el ritmo de su luz perpetua…!

Adéntrate más, entonces, amigo caminante, por la hondura de Cáceres, y avanza de la fuente de luz a las piedras monumentales. Tal vez no puedas expresar más palabra que la que sugieren e imantan los ojos abrillantados…

Ya estás de pleno ante la luz histórico-monumental, artística y excelsa de la ciudad. Jamás se perderá de tu memoria este hallazgo de luz y piedras, rehabilitado y realzado como jamás pudiera imaginarse.

Campanario del Convento de San Pablo.

Campanario del Convento de San Pablo.

Con la riqueza que impresiona siempre la luz cacereña. Déjate ir, pues, hacia donde te lleve caprichosamente la vista, hacia donde te guíen los ojos, allá por donde te conduzca la mirada, hacia donde te dirija el corazón, por donde te pilote el sentimiento y el alma. Te lo aconsejo. Pasearás, entonces, con esa serenidad emocionante y sugerente que inducen las entrañas de la privilegiada ciudad.

Un consejo: No te pierdas un solo rincón, ni tan siquiera de rayo de luz, ni una sola de sus piedras, ni tampoco un solo palmo de sus muros, que se dan cita como el tercer conjunto histórico-monumental europeo. Penetra por toda la geografía del callejero, aprovecha esa inmensidad de luz, escucha el concierto del silencio y el encanto penetrante de la noche cacereña y sitúate en aquel Cáceres en el punto de encuentro con la Edad Media y el Renacimiento. ¡Ahí es nada…! Ese paseo, con el reloj de las prisas arrinconado en el mayor olvido. Medítalo, resulta todo un privilegio, ahora que avanzas tus pasos con las múltiples combinaciones de los colores que se funden con las infinitas pinceladas que emanan de la luz de Cáceres. ¡A cual más bella de todas…!

Cae la tarde estival, paulatinamente, en la inmensidad de Cáceres Medieval.

Cae la tarde estival, paulatinamente, en la inmensidad de Cáceres Medieval.

Uno se enamora de la luz de Cáceres como una estampa sagrada de vida en los adentros del viajero por ese conjunto abierto de calles y plazas palacios e iglesias… Toda una luz con sus juegos de magia, diversa, variopinta, hermosa de toda hermosura, como los campos, los horizontes, los cielos, los parajes, los paisajes y los prismas sacrosantos de todos y cada uno de los miles de rayos, que convergen y zigzaguean cada segundo, bajo el prisma multicolor de las bellezas, de los misterios, de la fascinación por todas las siluetas cacereñas pintadas, desde siempre y, sin embargo, a cada instante, por el esplendor de la luz…

Ahí radica el secreto del enigma, amigo viajero: La combinación de la hermosura de la luz de siempre, plasmada sobre los lienzos y bordada sobre los tapices de Cáceres. Cáceres es luz, sobre todo luz, siempre luz. O, mejor, Luz, con mayúscula. Genuina, plenamente cacereña, más bella que la propia belleza…

Entonces verás en esa Ruta de la Luz de Cáceres, numerosos haces de luz que brillan y de qué forma tan majestuosa y bella… ¡Cómo se distingue, entonces, la luz, la luz especial, con sabor de Cáceres…!

Siempre la luz inolvidable en el viajero y caminante intramuros de la Ciudad Medieval de Cáceres.

1: “Vanidad de vanidades y siempre vanidad”.

2: “La memoria de los justos es eterna”.

3: “No tenemos aquí ciudad permanente sino que buscamos la futura”.

Fotografías: Portal Oficial de Turismo de Cáceres y David Díaz Pérez.

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LA LUZ DE CACERES, CIUDAD MEDIEVAL

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«LA LUZ DE CACERES, CIUDAD MEDIEVAL», es el título de mi trabajo que hoy, 8 de julio de 2021 aparece publicado en la página web de la revista LATITUD, una de las más prestigiosas de Iberoamérica. Aquí os lo dejo.

Me lleno de luz de Cáceres en la tarde, me lleno de tarde en la luz de Cáceres, me lleno de Cáceres en y con su luz… 

Siempre esa luz, inmensa, intensa, diversa, genuina. Todas ellas hermosas. Muy hermosas. En el sentimiento y en los adentros más profundos del paseante…

Siempre caminando contigo Cáceres, entre bellas luces de eternidad. Las que mamé en el domicilio familiar, por las campas niñas y escolares, las que mamé trasegando, curioso, inquieto y avisado, por todos los recovecos de Cáceres… Sobre todo aquellos que se concitan y envuelven por esas callejuelas y plazoletas en el marco de la ciudad que conocíamos como Parte Antigua y Vieja… ¡Qué ironías de la vida, denominar y tildar de Antigua y Vieja, a una ciudad envuelta entre adarves, iglesias, palacios, beaterios, casas señoriales, casas fortaleza, hoy Patrimonio de la Humanidad, por el realce de su conjunto medieval y renacentista!

Un sin parar de encantos, con la guía del pasado… La Muralla árabe, el Adarve de la Estrella, la Plaza de Santa María, la Casa Mudéjar, de arquitectura toledana, la Cuesta de la Compañía, el Aljibe, el Palacio de las Veletas, sobre la Alcazaba almohade, la Puerta del Postigo, torres defensivas cristianas y árabes, la de los Púlpitos, la de la Yerba, la Mochada, La Enfermería de San Antonio, el Baluarte de los Pozos, el Arco del Cristo, que rezuma el sabor de la romana muralla, el Foro de los Balbos, donde se alzaba una de las puertas cuando la vieja Norba Caesarina, el Hospital de los Caballeros, el Balcón de los Fueros, la Casa del Judío Rico, la iglesia de San Mateo, alzada sobre una mezquita, campanas que espantan a un vuelo asustadizo y acelerado a cernícalos y vencejos, el conventual de San Pablo con monjas en clausura y voto de afanes contemplativos de castidad, pobreza y obediencia, por vida, entre oraciones, trabajo, silencio y cánticos gregorianos, un desfile de casas hidalgas cacereñas, la Judería, entre estrechos callejones sefardíes, y su barrio, San Antonio de la Quebrada, con ermita sobre una sinagoga, donde una deslumbrante luz reverbera en sus casitas encaladas, calles con nombres como Amargura, de la Gloria, del Mono, Callejón del Gallo, la Calleja del Moral, Rincón de la Monja, tantos otros tan silenciosamente recogidos y tan deslumbrantes, amplias plazas, estrechas y angostas callejuelas… Algunas empedradas a manos de moros de la morería…

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LA LUZ DE CACERES. BALUARTE DE LOS POZOS

Y, también, entre fachadas platerescas, góticas, renacentistas, portadas adinteladas, otras adoveladas, con sillares almohadillados, retablos barrocos, espadañas, matacanes, arpilleras, escudos esculpidos en cantería, unos; en alabastro, otros, blasones heráldicos de familias nobiliarias, con torres, águilas, flores de lis, estrellas, osos, soles, becerras, perales, garzas, yelmos, escudos episcopales, muros de mampostería, almenas picudas, barbacanas, balcones esquinados, ramas de olivo, llamativas gárgolas, ventanas ojivales, gemelas otras, también enrejadas con hierro forjado, ajimeces cacereños, faroles, con preciosa luz que amarillea la noche, nobles medallones, alfices, saeteras, coronas voladas, conchas de peregrinos, leyendas pétreas por los siglos “Esta es la casa de los Golfines”, “Sé tu Señor para nosotros torre de fortaleza y se renovará como la del águila, nuestra juventud”, “Vanitas vanitatum et omnia vanitas” (1), “Aeterna memoriam iustorum” (2), “Ave María”, “Non habemus hic civitatem manentum sed futuram inquiribus” (3), hornacinas como la de la Puerta del Río, con un Cristo crucificado o la de San Francisco Javier, bóvedas de rosca, patios herrerianos, mudéjares, renacentistas, toscanos, con claustros porticados, policromados artesonados, una salpicadura de jardines, salas de linajes, tapices, cuadros de siglos, pinturas renacentistas al fresco en paredes palaciegas, chimeneas de ladrillos, capillas de devoción, numerosas, sepulcros artísticos, distinguidos, que velan una infinidad de testimonios y retazos y silencios en la configuración de la historia cacereña, zaguanes… También silencio, para almacenar la riqueza del pensamiento ante tanta generosidad de los dioses y las gentes de esta tierra. Detrás de esa ciudad histórico-artística, alarifes árabes, maestros albañiles, canteros, vidrieros, miniaturistas, orfebres, forjadores, imagineros, pintores, escultores, plateros, regidores, linajes, intelectuales, nobles, devotos…

Piérdete, caminante, mejor en la noche de luz de esta primavera, y comprenderás el sortilegio histórico-artístico de Cáceres y su recreación, que han renacido con el tiempo. Una Ciudad Medieval de lujo y fantasía.

LA LUZ DE CÁCERES, PALACIO EPISCOPAL A LA IZQUIERDA Y PALACIO DE HERNANDO DE OVANDO ENFRENTE.

Luces aquellas que mamé, con tanto amor, cuando el tiempo bachiller en las aulas del Instituto, en los intermitentes paseos arriba y abajo entre la Plaza Mayor y la calle Pintores hasta San Juan, o Cánovas, y viceversa, hasta el final de la Plaza… Las que mamé en la calma del amanecer, asomando las primeras luces, en el recreo del sosiego cuando los pasos transcienden por los surcos del anochecer, en el paseo, casi de puntillas, en medio de las noches cacereñas con una lluvia de poemas empedernidos entre haces de sueños, de leyendas, de misterios, de aventuras, de peleas y batallas con espadas cristianas de hierro y con curvas cimitarras musulmanas, de amores, de silencios, de soledades, de reflexiones, de miradas con estampas iluminadas, solo, con la luz de Cáceres… También, claro, cuando el alma se serena. Uno, entonces, dibuja la mirada conquistada ante la radiografía, sublime, de Cáceres.

Me lleno del sabor de Cáceres, una vez más, en todas sus esencias, como siempre, como ayer, como hoy, como mañana. Lo juro en lo más sagrado de mi conciencia, en esta tarde primaveral, abrazándome al trasluz de la ventana, queriendo alcanzar a tocar la luz de Cáceres. Un haz de tonalidades con pinceladas azules, naranjas, malvas, grisáceas, oscuras, blanquecinas, amarillentas, doradas intensas, cuando el sol quema, que tocas el granito y pareciera ardiente en tardes de estío…

Colores que se dan cita constantemente, una y otra vez, con ese pálpito de quien busca la luz de Cáceres como fuente de vida, de quien encuentra el candor anímico y espiritual como manantial de luz de la propia luz de Cáceres, de quien anda, marcha, pasea, camina o se detiene con la mano, con la vista, con el corazón embargado y asidos a la luz de Cáceres, de quien lo hace exultante por la fuerza de los rayos de la propia luz, real, preciosa siempre, bajo el haz donde se siente Cáceres, aún con los ojos cerrados, qué digo, guiados, alumbrados por la luz que se impregna sobre la ciudad…

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LUZ DE CACERES. ADARVE DE NOCHE

Te preguntas ¿Qué sucede? Sencillamente, que te vas contagiando por la magia, sorprendente, de la luz de Cáceres, toda ella, esparcida hacia todas partes como un ramillete de haces gigantescos de luz, tal como antes nunca habías percibido…

¡Qué magia la que se encuentra más allá, al otro lado del telón de esa escenografía de la realidad y hechizo, sublime, que se engalana por todos los rincones de la ciudad eterna cacereña! Por uno y otro tiempo histórico, en uno y otro lugar, a una y otra hora, en uno y otro rincón, en una y otra estación del tiempo, por uno y otro esquinazo, por todos sus caminos y surcos, en todas las direcciones, con la compañía de la lluvia, con sol radiante, cobijados entre sombras, envueltos entre nieblas, con calores, con fríos, con el misterio del encanto sorprendente a cada paso, siempre, a cada palmo, con la luz de Cáceres. Una luz hechizante, fascinante, radiante…

Adéntrate más, entonces, amigo caminante, por la hondura de Cáceres, y avanza de la fuente de luz a las piedras monumentales. Tal vez no puedas expresar más palabra que la que sugieren e imantan los ojos abrillantados…

Ya te encuentras de pleno ante la luz histórico-monumental, artística, excelsa, privilegiada de esta ciudad. Nunca se irá de tu memoria este hallazgo de luz y piedras, tal cual se configura la Ciudad Medieval de Cáceres, rehabilitada y realzada, como jamás pudiera imaginarse para mayor gloria.

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LUZ DE CÁCERES. PALACIO DE LOS GOLFINES DE ABAJO E IGLESIA DE SANTA MARIA

Con la riqueza que impresiona siempre la luz cacereña. Ayer, en los cauces de la Historia y su legado entre raíces judaicas, de la morisma y de la cristiandad; hoy, avanzando desde Cáceres, serpenteando por sus callejuelas y plazoletas, y hacia la esencia de Cáceres, su recinto amurallado, soberbio de esplendor; mañana, como un cielo infinito de luces… Siempre, en Cáceres, el rito y el ritmo de su luz perpetua…!

Déjate ir, pues, hacia donde te lleve caprichosamente la vista, hacia donde te guíen los ojos, allá por donde te conduzca la mirada, hacia donde te dirija el corazón, por donde te pilote el sentimiento y el alma. Una puerta abierta de par en par, siempre, de esa eternidad que fluye por el conducto de nuestras venas desde que nos nacen y alumbran en Cáceres. Incrústate en la plenitud de esas venas de idiosincrasia cacereña. Te lo aconsejo. Pasearás, entonces, con esa serenidad emocionante y sugerente que induce el sabor y el saber entre las entrañas de lo cacereño.

Si me permites, no te pierdas un solo rincón, ni un segmento tan siquiera de rayo de luz, ni una sola de sus piedras, ni tampoco un solo palmo de sus muros, hasta lo alto, que se dan cita como el tercer conjunto histórico monumental europeo. Accede y penetra por toda la geografía del callejero, aprovecha esa inmensidad de luz, escucha el concierto del silencio y el encanto, de la admiración, penetrante, de la noche cacereña, entre esas piedras gigantes, y sitúate, entonces, en aquel Cáceres en el punto de encuentro con la Edad Media y el Renacimiento.

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LUZ DE CÁCERES. PALACIO TOLEDO MOCTEZUMA

¡Ahí es nada…! Ese paseo, con el reloj de las prisas arrinconado en el mayor olvido. Que no te importen los segundos, los minutos, las horas de ese tiempo en el recorrido entre las paredes de la ciudad monumental cacereña. Medítalo, resulta todo un privilegio, ahora que avanzas paso a paso, con las múltiples combinaciones de los colores que se funden con las infinitas pinceladas que emanan de la luz de Cáceres. ¡A cual más bella de todas…! Una acuarela, la del recinto amurallado, compuesta con la armonía del equilibrio histórico y artístico, insuperable, sobre un marco único, y donde hay que detenerse en el segmento de cada pincelada, a cada instante, por el impulso, las tonalidades y las perfecciones de luz… Un aura coral de muy cuidados y espontáneos trazos y rasgos de luces. Pinceladas abrillantadas con los colores, apasionados, cálidos, de la luz, ¡qué luz!, de Cáceres…

Uno se enamora de la luz de Cáceres como una estampa sagrada de vida en los adentros del viajero por ese conjunto abierto de calles y plazas. En lo más profundo del corazón. Toda una luz con sus juegos de magia, infinita y diversa, variopinta y hermosa de toda hermosura, como los campos, los horizontes, los cielos, los parajes, los paisajes y los prismas sacrosantos de todos y cada uno de los miles de rayos, que convergen y zigzaguean cada segundo, bajo el prisma multicolor de las bellezas, de los misterios, de la fascinación por todas las siluetas cacereñas pintadas, desde siempre y, sin embargo, a cada instante, por el esplendor de la luz…

Ahí radica el secreto del enigma, amigo viajero: La combinación de la hermosura de la luz de siempre, plasmada sobre los lienzos y bordada sobre los tapices de Cáceres, donde la luz surge cada instante, como un manantial, por el amplio y luminoso conjunto histórico-monumental…

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LUZ DE CÁCERES. PUERTA DEL RIO O ARCO DEL CRISTO

Cáceres es luz, sobre todo luz, siempre luz. O, mejor, Luz, con mayúscula. Genuina, plenamente cacereña, más bella que la propia belleza, que se pespuntea por todos los segmentos que parten, vuelan por los aires, creciendo en las alturas y que se expanden hacia todos los confines… Y la estampa, allá en lo alto, multiplicándose con todo un eco de luces de intensidad, de puntitos –cual estrellas– de eternidad que transitan sobre el escenario de los aires iluminando, quién sabe, tantos y tantos rincones con la luz, única, de Cáceres…

Entonces verás en esa Ruta de la Luz de Cáceres, numerosos haces de luz que brillan y de qué forma tan majestuosa y bella… ¡Cómo se distingue, entonces, la luz, la luz especial, con sabor de Cáceres…!

¡Qué brillo de luz en, de y sobre Cáceres…! Tanta y tan excelsa, mi querida ciudad, que todos los cacereños la llevamos grabada de por vida en nuestro corazón, como se le alberga a los visitantes en su interior. Una luz que se conforma, a la vez, como toda la luz de Cáceres, que nos ilumina desde lo más profundo de nuestro ser y para siempre

en el esplendor de las esencias de tu alma,

en el esplendor de las esencias de mi alma,

en el caminar de los pasos entre la belleza

que se abre por los horizontes y campas,

en el hechizo de esas estampas serenas,

y tan plenas, ay, de excelencia cacereña,

que enamora de pasión, cálida y eterna,

con las caricias de su luz entre murallas.

Quiero dormirme, una vez más, mecido por el abrazo de tus rayos de luz, Cáceres, con tu imagen

hermosa siempre, sublime, tan sagrada,

con los rasgueos y acordes de la guitarra

de este pobre juglar, en la dulce serenata

por la senda de tus callejuelas y tus plazas;

cuando arrobado en la noche, luz y calma,

entona un melodía de amor…, una balada,

ante tus portones, balcones y ventanas,

que retumba desde una tan bella atalaya,

con el coro del silencio en la madrugada,

hasta lo más alto de Cáceres, la Montaña.

¡Mi querida, preciosa y eterna estampa,

Cáceres… siempre, en la luz de mi alma!

LUZ DE CACERES. NOCHE
LUZ DE CACERES, NOCHE

CACERES

La ciudad de Cáceres, con más de dos mil años de antigüedad, es Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO, desde 1986, y Tercer Conjunto Monumental de Europa. El mismo se conforma como uno de los  conjuntos urbanos medievales más hermosos del mundo, y cuenta con una amplia muestra de palacios, iglesias, adarves, plazoletas, callejuelas, casas nobles, conventos, torres defensivas, miradores, abriéndose, desde siempre a la luz, al colorido, al turismo, a la fascinación más sorprendente, para admiración de visitantes.

Fundada por Cayo Norbano Flaco bajo el nombre de Norba Caesarina, tras el paso de los visigodos, fue conquistada  a los musulmanes por el rey Alfonso IX en el año 1229. Una amplia secuencia de argumentos y de estampas tal como consta y queda enmarcada en las páginas de la historia de Cáceres.

La ciudad cuenta, hoy, con 96.467 habitantes, dispone de campus universitario, Escuela Oficial de Idiomas, Escuela de Bellas Artes, Conservatorio Profesional de Música…

Cáceres también forma parte de las Redes Caminos de Sefarad, por la Vía de la Plata, que transita por Cáceres en su recorrido de la calzada romana entre Gijón y Sevilla.

El turismo, en base al hechizo de su Ciudad Histórico-Artística-Monumental representa  uno de los principales ejes de la economía. Motivo por el que la ciudad dispone de una amplia y moderna red de hoteles, restaurantes con platos típicos de la tierra, como migas, chanfaina y caldereta, guiso de cordero, así como establecimientos de venta de productos típicos, como son sus afamados jamones, chorizos y patateras, productos derivados del cerdo ibérico, quesos, como la Torta del Casar, dulces artesanales de repostería entre los que sobresalen las perrunillas, los mantecados, los pestiños, las floretas, las roscas de alfajor, y buenos caldos, tanto tintos como blancos.

LUZDECACERES.SANTUARIO
LUZ DE CACERES, SANTUARIO DE LA VIRGEN DE LA MONTAÑA

Es de señalar que la Semana Santa de Cáceres, se alberga con una bellísima y extraordinaria sensibilidad, en su imaginería, como son los casos de Jesús Nazareno y el Cristo Negro, de mediados del siglo XIV y otros, en la hondura de sus desfiles procesionales y en sus recorridos. Fundamentalmente los que discurren por el escenario histórico-monumental cacereño, que se encuentran plagados de una profunda devoción y hermosura.

Entre los principales eventos que se dan cita en Cáceres, Capital Española de la Gastronomía en 2015, se pueden señalar la celebración anual del Festival Womad, de música étnica, con intérpretes de diferentes partes del mundo y con variados escenarios por el Casco Histórico, el Otoño Musical, el Certamen de Teatro Clásico, el Mercado Medieval de las Tres Culturas…

Y siempre, claro es, el brillo, la magia y el esplendor de la Luz de la Ciudad Medieval de Cáceres…

1: “Vanidad de vanidades y siempre vanidad”.

2: “La memoria de los justos es eterna”.

2: “No tenemos aquí ciudad permanente sino que buscamos la futura”.

NOTA: Las fotografías han sido facilitadas por el Portal Oficial de Turismo de Cáceres y Tomás González.

 

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EL GARROVILLANO, EL ULTIMO AMBULANTE

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Domingo Pizarro, el Garrovillano, es, probablemente, el último vendedor ambulante de aquella generación de los cincuenta que, a sus 78 años, continúa pregonando los productos de su huerta, por la capital cacereña. Un personaje entrañable y de una estirpe fuerte, como la de los Vito, como los conocen en su pueblo… Este es mi artículo, EL GARROVILLANO, EL ULTIMO AMBULANTE, que hoy, 3 de junio de 2021, aparece publicado en las páginas del diario regional «Hoy», de Cáceres.

Ya se acaban los vendedores ambulantes. Un grito que se expande entre las nuevas generaciones, que ya no encuentran mulas cargadas de picón, sandías o cacharros alfareros.

Pero todavía quedan luchadores, duros como las rocas, que se niegan a la extinción de esos trajines que les posibilitó el condumio, como apunta Domingo Pizarro, el Garrovillano, de la familia de los Vito, que a sus 78 años lleva sesenta y muchos acudiendo con su mercancía hortelana hasta Cáceres.

Mamó el oficio de vendedor ambulante con su padre, aprendiendo una forma de ganarse de la vida, con sacrificio, que nunca se sabe. En los veranos de aquellos tiempos, salían de Garrovillas al caer la tarde, haciendo noche cerca del Casar, durmiendo en las rastrojeras, al sereno, soltando a las bestias, entrando en Cáceres con el alba. Atrás quedaban unas cuantas horas de caminata. Por delante, el pateo de la ciudad con una romana al hombro y una mula con unos cien kilos de piñones al grito de “Piñones como dientes de ajo” o “Piñones de maravilla, que son de Garrovillas”.

En invierno transitaban en frías madrugadas, pernoctando en la posada La Machacona, donde disponían de sus sacos de paja para dormir, colgando los aparejos de las caballerías y sus pertenencias en unos palos de la pared. En una nave tanto mujeres como hombres. Por las  cercanías de la Machacona, emanaban malos olores de cuadra con estiércol y rebuznos. Otras veces se hospedaban en la Posada de Basilio.

Domingo, el último vendedor ambulante, defiende a ese gremio desgarrado ante los hipermercados. Una estirpe recia, que camina con la mente en su rutina, aguando estoicamente las fuertes embestidas migratorias en los pueblos…

Ante el Múltiples, con frío o calor, el Garrovillano continúa ofertando los productos de su huerta, que atiende por la tarde, que le demanda su cada vez menor clientela: Patatas, higos chumbos, criadillas, espárragos, cardillos, aceitunas guisadas, perejil, laurel, tomillo, orégano…

Vendedores ambulantes que van desapareciendo de la iconografía popular…

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CACEREÑEANDO

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CACEREÑEANDO, una siempre muy hermosa sensación, fruto de saborear Cáceres en la belleza, la eternidad y el pálpito de sus emociones. Gracias, Cáceres. CACEREÑEANDO, mi artículo que hoy, 18 de mayo de 2021, aparece publicado en el periódico regional extremeño HOY.

Siempre Cáceres, siempre Cacereñeando.

Siempre Cáceres, siempre Cacereñeando.

Hace unos cuantos años este modesto articulista sacó a colación una palabra que nunca jamás había escuchado ni leído. La palabra Cacereñeando, con la que denomina sus pasos, con frecuencia, por algún que otro grupo de Facebook.

Una palabra que hasta donde tiene conocimiento un servidor no puede incluirse en el Registro de la Propiedad Intelectual porque no se admiten propuestas de una sola palabra. El autor, qué carape, le dio vueltas al asunto, quiso Cacereñear, con la expresión del infinitivo de dicho “verbo” y hasta con todos los tiempos que emanasen del mismo. Tampoco.

Con el tiempo, mientras el periodista va titulando sus pasos por Facebook con ese sentimiento innato que emana del cacereñismo, recibe mensajes de amigos y lectores con la admiración de un verbo, Cacereñear, del Cacereñeo y Cacereñeando, que es gerundio, por cierto. Inclusive allá que en su día, hasta insertó dos artículos en su blog, “Cacereñear” y “Cacereñeando con la Plaza Mayor”, en el que se adentraba con ese sentido que emana de una palabra, concepción o sentimiento tan hondo.

En los mismos dejaba constancia expresa del empeño en tratar de divulgar al máximo la palabra cacereñeo y el verbo cacereñear –con o sin permiso de la Real Academia– que en su traducción más correcta, sería la sensación de saborear, palpar, disfrutar, emocionarse con las imágenes, pasajes, parajes, tipos populares, esencias con los argumentos de Cáceres a través de sus más variadas manifestaciones.

También: “Cacereñear es, sencillamente, sentir a cada paso, las esencias, la hondura y las sensibilidades de un Cáceres siempre penetrante, repleto de hechizo, cargado de mágicas estampas, revivir emociones, en el recorrido cacereñeador para disfrutarlas a cada instante, siempre, y que se quedan grabadas en el alma”.

Vive Dios que, probablemente, la memoria de algunos lectores de esas vías de Facebook, puede atestiguarlo, que bien sabemos todos que doctores tiene la Iglesia.

A buen entendedor, pues, palabras sobran, en el espíritu y en la inquietud de seguir Cacereñeando.

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EL OPUS DE AQUEL CACERES

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EL OPUS DE AQUEL CACERES, en base a los años sesenta, un Cáceres entonces muy próximo y cercano a todos, es el título de mi artículo que hoy, 29 de enero de 2021, aparece publicado en el periódico regional extremeño «Hoy».  Aquí os lo dejo, amigos:

José Ramón Herrero Fontana

José Ramón Herrero Fontana

            Por el Cáceres de Aquellos Tiempos comenzaba sus primeros pasos el Opus Dei. De este modo en 1951 se incorporaba la primera agregada, Concepción Alvarez Jusué.

            Una institución creada por 1928 por monseñor Escrivá de Balaguer, cuyos miembros se iban deslizando en sus labores con discreción y prudencia. Tanto que mirando aquellos pasos de la historia no resulta demasiado fácil arrancar nombres…

            Pero sí quedó la inquietud de José Ramón Herrero Fontana, Gobernador Civil, entre 1961 y 1963, que figura con el número 26 entre los 83 fundadores del Opus Dei, que “pitó” (fichó) por la Obra en 1935, señalado colaborador con Escrivá de Balaguer.

            En esa etapa ya tenían lugar algunas reuniones, inicialmente de contactos y tanteos, en la librería Bujaco, al frente las hermanas Sacra y Loli Ruiz, allá en los soportales de la Plaza, en la casa de López-Montenegro, en la Plaza de la Concepción, en el Palacio de los Golfines, con don Gonzalo de anfitrión, en la finca del doctor Vázquez Solana cerca de Malpartida de Cáceres. Y otras, de mujeres, en las Hermanitas de las Pobres y una clínica.

            Unas charlas iniciales de corte histórico, artístico, cultural, con la presencia de miembros numerarios llegados desde Madrid, para, según procediera, ir incorporando a los jóvenes aspirantes cacereños dentro de las líneas de actuación, que se continuaba con charlas de formación y retiros bajo las coordenadas de la Obra.

            Siempre, claro es dentro de esa discreción con que caminaban en sus pasos, tratando de extender su abanico entre personas que, tal vez, pudieran formar parte de sus filas. Se buscaba unos perfiles de máxima cautela, esmerados y pulcros, entregados en sus afanes…

            En realidad, hasta donde podemos tener conocimiento, fueron muchos los llamados, pero no todos los elegidos. ¿Nombres? La historia popular y de las calles conoce algunos de entonces, que destacaban con preferencia en los ámbitos sociales.

            Herrero Fontana fue, asimismo, un gobernador comprometido con la provincia.

NOTA: Es de dejar constancia de la corrección que se ha efectuado sobre el texto del periódico, donde por un error personal mío señalo el pintor Vázquez Solana cuando en realidad el mismo ejercía como médico.

 

 

 

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GENERAL MARGALLO: ¡MUCHACHOS, VAMOS POR LA GLORIA…!

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El general cacereño Juan García-Margallo fue un héroe, que murió defendiendo la guarnición de Melilla, y murió por tres balazos bereberes cuando se lanzó hacia ellos al grito de «¡Muchachos, vamos por la gloria…!». Sus cinco últimas palabras, que tanto le honran. Aquí os dejo mi artículo «MUCHACHOS, VAMOS POR LA GLORIA…!», que hoy, 22 de Julio, aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

Juan García-Margallo y García (Montánchez, 1839-Melilla, 1893), fue un militar extremeño que vio culminada su brillante trayectoria cuando la reina regente María Cristina firmaba su nombramiento como Comandante General de Melilla, y donde el general, en función del tratado de Wad-Ras, entre España y Marruecos, intentara levantar el fuerte de Sidi Aguariach. Un fuerte que trataba de alzarse en las cercanías de la tumba de un santón de los rifeños, Sidi Aguariach, «Mi señor del río de las plumas», lo que no estaban dispuestos a consentir los bajás de las cabilas ni los bereberes de las montañas.

El inicio de las obras del fuerte fue contestado hostilmente por parte de los moros. En el transcurso de los combates la artillería española destruyó la mezquita del santón. El 28 de octubre las tropas españolas del fuerte Cabrerizas Altas, donde apenas existía agua, víveres y municiones de guerra, se encontraban completamente acorraladas por 20.000 moros de 39 cabilas. Margallo, en un gesto de coraje y valor, montó en su caballo, desenvainó el sable y salió a alentar a unos cien soldados españoles desplegados en guerrillas en medio de una nube de balas.

Lo que hizo al grito de:

–¡Muchachos ! ¡Vamos por la gloria…!

Fueron sus cinco últimas palabras. En unos segundos tres balas bereberes impactaron en su cabeza y cayó al suelo, mortalmente herido, regando con su sangre aquel campo de honor. Una muerte ante la que, según determinadas fuentes, hubo graves negligencias del ministro de la Guerra, José López Domínguez, que tres días antes, sin conocimiento del propio Margallo, ordenó su cese, en plena batalla, mientras el general cacereño respondió con su valor exponiéndose a las balas enemigas. Posteriormente, el 5 de noviembre, el Ayuntamiento aprobó sustituir el rótulo de la calle Moros por el de General Margallo.

El 13 de noviembre, tuvieron lugar las honras fúnebres en el templo de Santa María, con una iglesia profusamente iluminada y con el túmulo adornado de banderas nacionales y guardia de honor con lanceros de Villaviciosa, fuerzas de Infantería del Regimiento de Castilla así como varios pabellones, formados por fusiles y lanzas y destacando una corona en la que se leía: «La provincia de Cáceres a su hijo, el heroico general don Juan García Margallo».

Un héroe con el que la historia militar de España se encuentra en deuda.

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