EXTREMADURA EN UN ALMANAQUE DEL MINISTERIO DE AGRICULTURA (AÑOS 60)

Extremadura, nuestra tierra, desde siempre, ha registrado su mayor fuerza y potencial económico en el campo, en el ámbito de la agricultura y de la ganadería. 

En aquellos años, principios de los 60, Extremadura se configuraba con una significativa fuerza agrícola ganadera en el conjunto del panorama español. Y en aquel entonces el Ministerio de Agricultura elaboró una curiosa publicación de producción agrícola y cabezas de ganado por índices y estadísticas regionales, con unas preciosas estampas en las que figuraban los registros agrícola-ganaderos y una lámina con una pareja vestida con la indumentaria regional típica.
 
Destacaba, entonces el 14,1% del porcino extremeño sobre el total de España, el 13,7 en ovino, el 11,7 en garbanzos o el 9,7 en cebada.
Un campo y una producción, siempre duro, que, sin embargo, se conformaba como la fuente de vida de un gran núcleo de la población extremeña.
 
Luego, ya, por esos tiempos, comenzaron a acelerar sus motores los procesos industriales que se comenzaban a construir en las grandes ciudades, Madrid, Barcelona, Bilbao, y otros municipios españoles, iniciándose, al tiempo, un impresionante vómito migratorio de gentes, como las del paisanaje extremeño, mientras nuestros pueblos perdían y perdían y siguen perdiendo, sin parar,  gentes, brazos jóvenes, ay, en tanta soledad y en medio de tanto desamparo.
 
Un curioso ejemplo. En aquellos tiempos Cataluña contaba con 102.000 cabezas de ganado porcino, lo que representaba el 2,7%. Hoy, tanto tiempo después, la Comunidad Autónoma catalana figura en primer lugar con 6,5 millones de ejemplares de cerda, según la publicación oficial de Estructuras de las Explotaciones Agrícolas.
 
Los pueblos de la inmensidad de Extremadura se pierden, poco a poco, golpe a golpe, como diría el poeta, o surco a surco, o, quizás, lágrima a lágrima, por la senda de la soledad, los brazos de los más jóvenes, que tanto se han esforzado en levantar sus pueblos, entre el sudor y el sacrificio y la crudeza de un trabajo duro emigran a esas grandes ciudades, por la llamada industrial, y nuestra tierra y nuestro campo y nuestros pueblos y nuestras gentes y nuestras historias y nuestras costumbres y nuestras casas, se nos pierde entre las manos. Sin que nadie, apenas, levante la voz contra la injusticia del drama migratorio que tanto flagela a la tierra parda.
 
Extremadura hoy, sigue siendo derrotada por la emigración, y nuestros pueblos, cada día, con menos gente que se dedique a la agricultura y la ganadería, de un excepcional valor y posibilidades en la región, se nos van muriendo…, mientras crecen, y de qué modo, otras Comunidades…
 
¿Por qué…?– clamó la voz del noble pueblo extremeño.
 
La Administración, entonces, calló de forma insolidaria, con Extremadura, con  ese silencio cómplice de muchos que se apoltronan en sillones de terciopelo y que están en los mismos, curiosamente, para defender al pueblo extremeño, siempre tan entregado a sus afanes, tan resignado siempre en sus dolores y en sus miradas hacia los cielos que tantas veces se impregnan de los más negros nubarrones… 

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