MANUEL CASTILLO QUIJADA, DIRECTOR DEL INSTITUTO, CON CALLE EN CACERES

La historia de Cáceres, como la de tantos y tantos lugares, se encuentra llena, en sus páginas, de muchas personas que prestaron sus nombres y apellidos al relieve de la misma. Es, por ejemplo, el caso de Manuel Castillo Quijada.

En 1897, hace 120 años, llegaba al Instituto General y Técnico de Cáceres, como catedrático de Francés, Manuel Castillo Quijada (1869-1964). Un joven madrileño, enraizado en Valencia, que ejercía como bibliotecario de la Universidad de Salamanca, y que se convertiría en una persona de relevancia en aquella pequeña capital de provincias que rondaba por las 13000 almas.
 
Se integró, al máximo, en diferentes esferas de la vida cacerense, fue uno de los cofundadores de la prestigiosa “Revista de Extremadura“, también ejerció la docencia en la Escuela de Magisterio, alcanzó la dirección del Instituto, que desempeñó entre 1902-1918, y, también, del periódico liberal “El Noticiero“, de Juan Muñoz Chaves, desde donde tomaba el pulso a todos los aconteceres en la ciudad y en la provincia.
 
Firmaba en el diario con diversos seudónimos como Chateau, Castillo y Don Nadie, luchó, sobre todo, por las dinámicas culturales, y fue uno de los mayores impulsores para que se impusieran a sendas calles cacereñas los nombres de Sergio Sánchez, que fuera catedrático de Retórica y director del Instituto, y de Juan Donoso Cortés, impulsor del Colegio de Humanidades, que sustituirían a las calles Grajas y Carniceros.
 
Tras una larga andadura en Cáceres, donde no estuvo exento de fuertes polémicas con otros medios periodísticos como “El Bloque“, “El Tiempo” o “Malvas y Ortigas“, pasó al Instituto “Luis Vives“, de Valencia, donde llegaría a ser Vicedirector, y donde fundó la publicación “La Voz Valenciana“.
 
Un día de 1939, por aquellas circunstancias, tomó el camino del exilio hacia Paris. Posteriormente, con la II Guerra Mundial, se trasladó a México.
 
Manuel Castillo y Quijada, a quien Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, alumno suyo, le describiría como “de temperamento activo, nervioso“, añadiendo que “su aparente aludida hosquedad, encubría un corazón bondadoso”, cuenta, entre otras publicaciones, con “Lengua Francesa”, “Prontuario de Gramática Francesa” y “Recuerdos de ayer”.
 
Un nombre de un humanista, entre las páginas de la historia de Cáceres, acaso en el olvido, como tantos y tantos, y que, al menos, tiene inmortalizado su nombre y apellidos al callejero cacereño, cerca, por cierto, de la calle Valeriano Gutiérrez Macías y de las de Jacinto Benavente, Pío Baroja y Azorín, entre otros.

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