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LA EMIGRACION CACEREÑA (1910-2018)

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Hoy, en 2018, la población de la provincia de Cáceres continúa siendo la misma, prácticamente, que la que había en 1910. ¿Cómo se explica este fenómeno? La emigración se sigue conformando, pues, como el mayor drama histórico-social de Extremadura… Este es mi artículo que hoy, 4 de noviembre,  aparece publicado en el periódico «Hoy».

 

Desde hace largo tiempo analizo el tema migratorio. En artículos, ensayos, en mis novelas.

Hoy ahondo en este fenómeno que, en mi modesta opinión, supone la mayor tragedia histórico-social de Extremadura. Centrémonos en la provincia de Cáceres con datos rigurosos. Y que hablen los cacereños: De la ausencia y de la presencia.

Si continuamos la línea demográfica comparativa, desde hace 108 años, podremos apreciar que la provincia de Cáceres contaba en 1910 con 397.785 habitantes. A finales del pasado año, la provincia registraba 396.487 almas. Esto es: La población sigue siendo la misma de hace más de un siglo, aunque en los sesenta llegó a contar con 556.759 personas.

La capital cacereña que en 1910 registraba 17910 habitantes, hoy tiene 96.068, cuando las garras migratorias siguen al acecho de Extremadura.

En 1910 España contaba con 19.910.669 ciudadanos y hoy registra 47.007.637 de habitantes. Lo mismo que en Cataluña, hombre, en aquellos tiempos residían 1.084.868 personas y hoy 7.600.267.

Parece clara, pues, la profunda insolidaridad de los Gobiernos de España, con nuestra tierra, sin entrar en la renta per cápita, con diferencias abismales, a pesar del hostigamiento de la sangría migratoria en Extremadura, con miles de brazos jóvenes trasvasando las fronteras regionales.

Los pequeños pueblos se van perdiendo sin mayor ruido, salvo el grito de la España Vaciada, cuajados de familias desgarradas y rotas; los ricos campos, abandonados; la historia y tradiciones, perdiéndose en esos caminos a otros lugares de la geografía nacional. ¡Cuántas veces paisanos extremeños han tenido que escuchar que eran unos charnegos mientras sudaban levantando Cataluña…!

¿Qué hacer, pues, si las industrias no llegan, los Gobiernos nacionales y regionales pasan olímpicamente, salvo algunas migajas, el AVE ni llega ni se le espera y se escucha en las campas de España, solo, el murmullo de la soledad de los pueblos de Cáceres?

Con datos irrefutables, con tantos políticos acaramelados en los aterciopelados sillones, cuántas promesas desvanecidas… Salvo error u omisión, la provincia de Cáceres continuará con datos poblacionales a la baja.

Algunos políticos, de ayer y hoy, con largas trayectorias, debieran dar cuenta. Si quiera sea por transparencia e higiene.

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LA MARCHA DE DON BRAULIO

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Tras haber cumplido setenta y cinco años el Arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez Plaza, ha tenido que presentar su renuncia al Papa. Un gran alivio para los extremeños que con el probable nombramiento del cacereño Francisco Cerro Chaves confían, ya, en que Guadalupe, donde reside la Patrona de la región, pase a depender, por fin, tras tantas y tantas reivindicaciones populares, de una diócesis extremeña. Ya era hora, añadimos.

 

Ya se marcha pronto don Braulio, titular del todopoderoso Arzobispado de Toledo, diócesis a la que pertenecen, todavía, incomprensiblemente, treinta y un pueblos extremeños, en un sorprendente anacronismo, que arranca desde 1222, cuando el arzobispo y guerrero toledano Rodrigo Ximénez de Rada –que en 1218 fracasó en la toma de Cáceres– procedió a comprar y adquirir los Montes de Toledo, por 8000 morabetinos y 1000 cahices de trigo y cebada, al conde Alfonso Téllez que se los había arrebatado en 1217 a los musulmanes. Entre esos pueblos se encontraba Guadalupe, que, desde 1907, acoge a la Patrona de Extremadura, por decisión canónica del Papa Pio X.

Ya se marcha pronto don Braulio, de quien debemos dejar constancia de su insensibilidad con las justas reivindicaciones regionales, como las abanderadas por Guillermo Fernández Vara, hasta la Plataforma “Guadalupex” (Guadaluoe Extremeña), y todo el pueblo extremeño, con quienes el todavía prelado no se ha mostrado mínimamente cercano tan siquiera para atender la demanda de que hora es, a estas alturas del siglo XXI, que en la diócesis, que todavía dirige, se reconozca que la Virgen de Guadalupe es extremeña y no castellano-manchega. Y que, por tanto, debiera de pertenecer a una diócesis de la Comunidad Autónoma de Extremadura y no a la de Toledo.

Pero don Braulio, desde su alta atalaya episcopal, ha pasado de este tema, cuando aún recordamos sus clamorosos silencios, por ejemplo del pasado 8 de septiembre, en su última homilía en Guadalupe, con motivo del Día de Extremadura sin referirse a este contencioso al que no ha querido ni sabido hacer frente, lo mismo que podemos sacar a colación su desafortunada declaración cuando expuso que la demanda extremeña “es un problema político y me atrevería a decir que un poco nacionalista”. ¡Qué desconsideración…!

Ignoro cómo le despedirá el pueblo extremeño, sus gentes, que tanto han aguantado su imperturbabilidad y omisiones ante una reivindicación tan justa por parte de las nobles, sencillas y siempre enormemente pacientes gentes extremeñas, ante la Virgen que se apareció en el siglo XIV al vaquero cacereño Gil Cordero en Las Villuercas, y que también es, por cierto, la Patrona de la Hispanidad, desde que el 12 de octubre de 1928 se procediera a la coronación canónica de Santa María de Guadalupe como Reina de las Españas, título equivalente a Patrona y Reina de la Hispanidad, “Hispaniarum Regina”, por parte del Cardenal Primado, Pedro Segura, en presencia del Rey Alfonso XIII.

Aunque por esas cosas de la intrahistoria, el 12 de octubre se mencione y confunda en el protagonismo mucho más a la zaragozana Virgen del Pilar, que a la Morenita de las Villuercas. Así se escribe, en ocasiones, la historia. Con renglones torcidos.

Tras haber cumplido setenta y cinco años en enero pasado, su Reverendísima, don Braulio, presentó su renuncia al Papa Francisco I y tendrá que dejar el Arzobispado Primado Toledano en las próximas semanas. Todo apunta, según se destacaba días pasados en diferentes medios, que el actual Obispo de la diócesis Coria-Cáceres, Francisco Cerro Chaves, nacido en la localidad de Malpartida de Cáceres, comprometido con la tierra, podría sustituirle en el cargo. Lo que representaría, en nuestra opinión, un extraordinario acierto papal.

Francisco Cerro, teólogo y filósofo, con una trayectoria de gran formación y esfuerzo, buena gente, persona cercana, siempre del lado de la razón y el equilibrio, junto a los más débiles, luchador y trabajador infatigable, tendrá que afrontar por delante este reto que desde hace largo tiempo se viene exponiendo de modo constante a los prelados del Arzobispado toledano. Todo un acto de tanta justificación religiosa, regional, social, y serenamente acorde con el correr de los tiempos.

Atrás quedan el intento del obispo placentino Sancho de Velasco, que, en 1349, se llegó armado hasta Guadalupe solicitando que la jurisdicción eclesiástica se adecuara a la civil, el cruce de polémicas tensiones entre Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ex presidente de Extremadura, y el cardenal Antonio Cañizares, la carta que remitiera otro ex presidente regional, José Antonio Monago, al Papa y al arzobispo de Toledo reclamando que esos pueblos extremeños pasaran a las diócesis regionales, y que Fernández Vara entregara en mano a Francisco I un completo expediente justificativo de la demanda extremeña.

Francisco Cerro ya dejó constancia expresa, de forma honesta y decidida, también valiente y arriesgada, claro es, que “Nos duele que, todavía, Guadalupe no pertenezca a alguna de las diócesis de nuestra provincia eclesiástica”, añadiendo que “los obispos extremeños hemos trabajado y seguimos trabajando para que se haga realidad lo que es el sentir general del pueblo sencillo de Dios”, lo mismo

Dejemos referencia también, en este artículo, de aquella curiosa pero extraordinaria declaración simbólica que, allá en 2013, realizaba el entonces guardián del Monasterio de Guadalupe, fray Sebastián Ruiz, subrayando que “el día que Guadalupe pase a Extremadura, repico las campanas”. Pero fray Sebastián Ruiz dejó de ser Guardián sin haber repicado las campanas,

¿Es razonable que la Patrona de Extremadura pertenezca, a estas alturas del siglo XXI, a la diócesis de Toledo? ¿Es razonable que la Patrona de la Hispanidad, que lo es la Virgen de Guadalupe, pase desapercibida en todos los medios en un día como el 12 de octubre?

Las sinrazones, en este caso, de la Santa Madre Iglesia, ha posibilitado que los extremeños estén luchando y seguirán haciéndolo arduamente por estos reconocimientos, en la seguridad de que Francisco Cerro se conformaría como un verdadero valedor de este tema ante el Papa Francisco I.

Señalemos, finalmente, que días pasados, el periódico “Confidencial Digital” exponía que a la hora de los argumentos para la elección ha pesado, sobretodo “el conflicto de Guadalupe, para el que monseñor Cerro Chaves tiene una solución”, Por lo que ya parece que se atisba un camino de luz y de esperanza para este insólito contencioso.

Adiós, don Braulio. Y ojalá podamos decir bienvenido don Francisco

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BREVAZOS POR SAN JORGE

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Las higueras forman una parte consubstancial de muchos paisajes y horizontes cacereños. De las higueras salen primero las brevas y, posteriormente, los higos. Y las brevas, asimismo, se incrustaron en el costumbrismo cacereño, por las peleas a brevazos en la festividad de San Jorge, hasta que el Ayuntamiento decidió prohibirlas… Aquí os dejo mi artículo BREVAZOS POR SAN JORGE que hoy aparece publicado en el periódico regional extremeño HOY.

A estas alturas del año los muchachuelos cacereños, de hace la tira de años, llevaban madrugando determinados días, evitando los calores caniculares, gateando por sus ramajes, higuera arriba, casi felinamente, para arrancar unos higos, fruto delicioso, que, lamentablemente, ha perdido presencia en el mercado. Meses antes echaban mano de las brevas, primera cosecha de la higuera.

Acudo a la breva, vinculada a su tradición festiva en Cáceres. Porque en la conmemoración de San Jorge tenían lugar peleas con lanzamiento de brevas entre pandillas de barrios rivales…

Todo arranca cuando tras arrebatar el rey Alfonso IX de León la antigua Qázris a la morisma se dictó que habría de celebrarse la festividad con el encendido de hogueras, semejando el asedio cristiano, y lanzamiento de brevas, dejando constancia de los enfrentamientos guerreros.

En 1929 el periódico ‘Nuevo Día‘ señalaba la diversión de la chiquillería «tantas veces decantada de arrojar brevas poco maduras a los viandantes». Fiestas, asimismo, con diana, función religiosa, concierto, fuegos artificiales y retreta militar.

En su libro ‘Por la geografía cacereña‘, publicado en 1968, Gutiérrez Macías recoge el crecimiento popular de la fiesta, con pregón de heraldos, actos deportivos, religiosos y recreativos, subrayando que el Ayuntamiento había prohibido años atrás las peleas de brevas e higos por constituir un peligro para los viandantes.

Porque hubo más de un ojo morado y brevazos por diferentes partes del cuerpo, no ya entre los contendientes, sino que muchos proyectiles impactaban en los transeúntes cuando los paisanos pasaban por los campos de batalla.

Asimismo Antonio Sánchez Buenadicha recuerda en uno de sus artículos que las rivalidades entre las pandillas del Picadero contra los enemigos de la Plazuela de Santiago se solventaban con peleas a brevazos y munición de la Ribera del Marco.

También hay refranes como «Al tiempo de brevas todos llegan», «Por San Juan brevas y por San Pedro las más buenas», «Año de brevas, año de eras» o «De higos a brevas».

Una recomendación gastronómica: Cate membrillo con brevas. A ver qué tal.

NOTA: Como el artículo se limita a una extensión determinada y el tema nos resulta curioso, ya que se trata de una tradición en las páginas de la historia, dejemos constancia que nuestro querido amigo José Antonio Collazos, que domina las páginas de la vida social, costumbrista, humana y hasta el murmullo de los ecos de sociedad y otros aspectos, que hoy se relaja paseando por la prensa de Cáceres del primer tercio de siglo, que vivió aquella época de los brevazos, me apunta la siguiente anotación, que es digna de reseñar para los anales en el trazado y en el recorrido de la propia historia de la capital altoextremeña que «también había peleas a pedradas, como las que se llevaban a cabo entre las pandillas de muchachuelos de la zona de la Plaza de Toros y finales de la Ronda, con los de Aguas Vivas. Siempre ganaban estos últimos«.

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LA EXTREMADURA VACIADA

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Extremadura se sigue desangrando poblacional, demográficamente hablando, ante tantas pasividades que hieren ya, en profundidad, a quienes tienen que coger los bártulos y marcharse de la región.  LA EXTREMADURA VACIADA es el título de mi artículo que, sobre este tema, hoy aparece publicado en el periódico regional extremeño «HOY».

Aprovechando, lamentablemente, que el Pisuerga pasa por Valladolid, el Tajo por Cáceres y el Guadiana por Badajoz, la España Vaciada, mejor con mayúsculas, está tomando el pulso, y bien, a todos los Gobiernos, municipales, provinciales, autonómicos y nacional (sí, cuatro gobiernos, cuatro), sin contar Mancomunidades y otras instituciones, algunas de dudosa necesidad, para reivindicar, en este largo tiempo de crisis, la urgente atención a la riqueza interior de España. En este caso, hablemos de Extremadura.

            Y que se defiendan mucho más y mucho mejor esa abundante serie de pueblos extremeños que han caído en picado, demográficamente hablando, como hemos escrito en numerosas ocasiones, sin que las benditas Administraciones se inmuten lo más mínimo. Lo de siempre, se comenta en las filas migratorias de la región, el problema, de extraordinaria gravedad, no va con la clase política, más pendiente de otros temas más rentables para los que se acomodan en sillones aterciopelados sin que nadie les pida cuentas.

            Una tierra extremeña que desde aquellos cincuenta, ya del pasado siglo, con distintos Gobiernos y hasta hoy, no ha dejado de perder, estrepitosamente, gentes en sus aldeas, en sus pueblos, y ya, ahora mismo, también, en sus grandes ciudades, porque sus gentes marchan a buscarse los garbanzos allá en el exterior de las lindes regionales.

            Un grito desgarrador, el de la Extremadura Vaciada, que han defendido tanto y tantos, tan infructuosamente, a lo largo de tanto tiempo, entre tantas estampas de pena, de soledad, de llanto interior, de abatimiento de los municipios, entre tantas desatenciones de todos esos Gobiernos, cada uno en sus respectivas responsabilidades, ante lo que representa uno de los mayores dramas histórico-sociales de la región, como resulta la sangría del patrimonio humano. Consecuentemente, también, en todos los campos.

Parece claro que ha llegado el momento para dejar a un lado esa bondad y resignación del que se conforma parte de la esencia extremeña y pasar la factura correspondiente a quienes han tolerado, con sus desidias, tanto desgarro social.

No hace demasiado tiempo dejábamos constancia, en estas mismas páginas, de las cifras “oficiales” y demoledoras de la pérdida de población extremeña en sus cuatro puntos cardinales.

Este es el tiempo en que se necesitan expertos de relieve en todos los caminos de las vías políticas, de hablar alto y claro, de no tolerar ni permitir que Extremadura siga desangrándose por tanta ineptitud habida y por haber.

El articulista ha visto llorar físicamente hablando, en muchas Casas y Centros Regionales, que se esparcen por las campas migratorias de la geografía nacional, a hombres hechos y derechos –como se dice coloquialmente-, porque un día no tuvieron más alternativa que salir de sus pueblos, porque Extremadura les duele en el alma, porque muchos ya, a estas alturas, con dos generaciones de diferencia, hijos y nietos, el regreso a la tierra parda, que dijera Luis Chamizo, es imposible…

Ahora es uno de esos momentos en que la gente extremeña debe de subirse al Tren, y no al AVE –que sigue sin traquetear por los raíles de las vías ferroviarias, a pesar de las promesas de Aznar, Zapatero, Rajoy y Sánchez— del grito de la España Vaciada que ya clama por la justa demanda de ser atendidos desde el esfuerzo de la igualdad entre todos.

Que lo podamos ver…

NOTA DEL AUTOR: La fotografía que ilustra el texto es de la aldea del Arco, perteneciente a Cañaveral y está captada del blog «Extremadura Misteriosa«.

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YA SE VAN LOS EMIGRANTES

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YA SE VAN LOS EMIGRANTES es el título de mi artículo que hoy, 30 de agosto de 1019, aparece publicado en el periódico regional «HOY», de Extremadura. Y es que, todo comos sabemos, la emigración constituye el mayor drama histórico-social de la región extremeña.

El articulista no quisiera creer que el titular de este trabajo representa una contradicción. Y ojalá no tuviera que dar ese paso, una vez más, a ese tema que, no por manido, deja de ser dramático en las campas extremeñas. El de la emigración que, desde allá por mediados del pasado siglo, comenzó a abatir, asolar y desvencijar pueblos y ciudades de nuestra región, por cientos de miles de habitantes, como bien saben nuestras gentes, pueblos y nuestros políticos –que tan poco han hecho para el retorno de los emigrantes—cuando, a estas alturas, siguen saliendo jóvenes, como tan bien conoce la historia de Extremadura.

Con los últimos compases de agosto ya se van de los pueblos cacereños y pacenses, a sus lugares de trabajo y residencia, miles de extremeños que, un año más, han pasado las vacaciones donde les parieron, donde aprendieron las primeras letras y que, a partir de los años sesenta, comenzaron a abandonar ante la realidad y el pesimismo económico-laboral e industrial extremeño, marchando hacia aquellas áreas de la geografía española en la que crecían, y siguen creciendo, polígonos industriales.

Muchos emigrantes vuelven a Extremadura, circunstancialmente, en este tiempo estival, se inundan de añoranzas, abrazan a sus familiares y amigos, se hacen eco de la propia realidad de esos pueblos, que cada día cuentan con menos gentes, –ahí están las cifras oficiales–, con menos brazos jóvenes, porque casi nadie quiere el campo, y porque en estos hermosos pueblos extremeños, de tanto buen paisanaje, no crecen, sino todo lo contrario, las empresas, las industrias, las ayudas. Por lo que los pueblos extremeños y lo que aún resulta peor, las grandes ciudades de la región, cada día se vacían más.

Qué lástima, Extremadura, con la grandeza que existe en tu historia, en tus hombres y mujeres, en tus tierras, en tus pueblos de tanta belleza y costumbrismo, porque cada vez quedan menos jóvenes para levantar, entre sudores e inmensos esfuerzos, esa tierra parda que les viera nacer.

Ya se van, pues, los emigrantes, como bien saben los políticos profesionales. Y ya se van a otras tierras que cuentan con muchas más y mejores ayudas desde el Gobierno central, antes y ahora, qué más da, que cada día las hace más grandes mientras Extremadura golpe a golpe y verso a verso, como escribiera Machado y cantara Serrat, se sigue desangrando, aún, a estas alturas, cuando sobre las mesas ministeriales se almacenan las demandas en políticas de igualdad entre las Comunidades Autónomas.

Una falacia y un incumplimiento pavoroso que tantos han permitido por las circunstancias que sean, allá y acullá.

Con los últimos compases del mes de agosto, que ya toca a su fin, ya se van, qué pena, los emigrantes, con el maletero repleto de embutidos, de dulces, de cacharritos de artesanía, con los decorar un rincón de la casa, en Madrid, en el País Vasco, en Cataluña, mientras nuestros pueblos continúan hundiéndose en medio de un conformismo inexplicable.

No es cuestión solo, no, de que mañana circule un AVE. Eso es, simplemente, peccata minuta, al lado de la que está cayendo y que salvo error u omisión, va a seguir cayendo, Extremadura, tierra mía.

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DON MIGUEL Y CACERES

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Aquí os dejo el artículo «DON MIGUEL Y CACERES», que hoy, 2 de julio de 2019, aparece publicado en el periódico regional extremeño hoy, sobre la figura humana, histórica y cacereñista de don Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros.

 

«Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses» se conforma como un notorio estudio de Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, una genuina figura de la historia y cultura de Cáceres.

Una personalidad, don Miguel, que se distinguía por su humanismo, cuajado de aportaciones a la historia cacereña, todo trabajo, hondura y pasión por Cáceres, donde las campanas, sonaban en sus cercanías, en la Plaza de Santa María, cuyos tañidos le acercaban ese aire de inspiración que emanaba del repiqueteo en la Plaza Medieval…

Una ciudad a la que entregó su vida con rigor, intelectualidad y defensa por la rehabilitación del Casco Histórico-Monumental, hoy Patrimonio de la Humanidad y Tercer Conjunto Medieval mejor conservado de Europa, tras Praga y Tallín.

En 1961 publicó «Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses«. Historia, Arte, Campo, Economía, Tipismo, Extremeñismo, y que, ahora, he vuelto a ojear, con la amistad entre don Miguel y mi padre, que compartían afanes por lo que el articulista denomina, permítaseme, cacereñismo.

Un reencuentro que me ha refrescado la memoria, con el magisterio de don Miguel, como queda esculpido en el aire volandero del hechizo y la magia de Cáceres. A pesar del tiempo transcurrido la obra, magníficamente ilustrada, se diseña como una cualificada atalaya literaria para conocer Extremadura.

Mi padre me aconsejó que debiera leer la obra para ahondar en la Extremadura cincelada por don Miguel, un hombre cordial, cercano, cuando estrechaba la mano en la cafetería Jamec, al entonces ruborizado estudiante, comentándome: «Extremadura, querido Juan de la Cruz, merece la pena».

Ahora saboreo el libro, que voy releyendo estos días, respondiéndole con la mano diestra en el corazón: «Muchas gracias, don Miguel, por esta lección de extremeñismo».

Un libro que debiera reeditarse para que todos, escolares, universitarios y el paisanaje extremeño, sepa de los valores de la tierra con manifiesta visión regional.

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REFRANES, PROVERBIOS Y CANTARES

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Cáceres es y se conforma como una ciudad muy rica en presencia, a lo largo del tiempo, en refranes, en dichos populares, en cantares, en proverbios. Aquí os dejo mi artículo «REFRANES, PROVERBIOS Y CANTARES» que hoy, 6 de junio, aparece publicado en el periódico regional extremeño «Hoy».

 

La cita de Cáceres en refranes, proverbios y cantares es de magnitud, con expresiones como la del Comendador Hernán Núñez, humanista del XVI, que en su obra ‘Refranes o Proverbios en Romance’ señala que «Cuando la Sierra de la Mosca se toca, toda la Sierra se vuelve una sopa», es decir, lluvia a manta de Dios. Asimismo Gonzalo Correas, catedrático cacereño en Salamanca, siglo XVII, escribe en su libro ‘Vocabulario de Refranes’ que «Nacer en Cáceres y morir en cualquier parte», ya que en tiempos lejanos había muchos nobles, también muchos segundones que se marchaban buscando fortuna. Tierra que sigue perdiendo caudal juvenil por las vías migratorias. Correas también expone el dicho «En Ciudad Rodrigo, damas, en Cáceres, caballeros, y en Plasencia, dineros».

Posteriormente Rodríguez Moñino expone, en ‘Dictados Tópicos de Extremadura‘, 1931, aquellos versos: «El Cáceres ya no es Cáceres, que es la Reina de la España, que a su cabecera tiene, la Virgen de la Montaña», como en el ‘Diccionario Geográfico Popular de Extremadura‘, 1960, entresaca letras de jotas como ‘El Redoble’, dieciochesca, y otras: «En el Camino Llano, el sol se para, y la luna, en el Potro de Santa Clara». También publica: «Cáceres es la cabeza, Trujillo, el corazón, Plasencia la que no llora, Coria se enmudeció».

Valeriano Gutiérrez Macías, investigador y escritor.Asimismo Valeriano Gutiérrez Macías refiere, años 60, que en Cáceres hay cuatro gentilicios, cacereños, el más utilizado, cacerenses, un logro de Publio Hurtado, norbanos y norbenses, tal como deja constancia José Luis Rodríguez Plasencia en ‘Gentilicios de Extremadura’, subrayando que norbenses se debe a la Colonia Norba Caesarina y norbanos al fundador de la misma, Cayo Norbano Flaco.

Entre tantas referencias, Gutiérrez Macías, expone que el extremeño es más dado a ensalzar lo ajeno que lo propio y que en la región encaja bien el refrán que se aplica a sus hijos: «Largos para hacer hazañas y cortos para contarlas».

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