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Archive For The “Historia” Category

ENRIQUE POLO DE LARA, UN GOBERNADOR CIVIL QUE SE ENTREGÓ A CACERES

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Enrique Polo de Lara, que fuera Gobernador Civil de Cáceres, entre los años 1912-1913, dejó un señalado recuerdo entre la ciudadanía de aquel entonces por su dedicación constante a la provincia de Cáceres y que cuenta con una biografía tan apasionante como curiosa e interesante.

enriquepolodelaraTeniente Coronel de Artillería, perteneciente a la masonería, Enrique Polo de Lara, (1854.131), prestó sus primeros servicios en el escuadrón de Caballería de Galicia. Posteriormente combatiría en Cuba y Filipinas, y en su guerrera llegaron a colgar 18 medallas y la Cruz de San Hermenegildo. Condecoraciones, se especifica en el periódico “El Bloque”, de Cáceres, ganadas en lucha abierta con los enemigos de España.

Enrique Polo de Lara también desempeñó importantes mandos, protagonizó sorprendentes aventuras, fue ayudante de los Generales Chinchilla y Pavía, resultó herido de gravedad en un enfrentamiento bélico, estuvo diez meses preso, logró escaparse de sus enemigos y durante cuarenta y cinco días se alimentó en la selva de hierbas aceitosas como las denominadas ojos de mariposa hasta que, por fin, llegó a Manila.

Cuando decidió abandonar la carrera militar, lo que hizo cuando ostentaba el número uno de su escalafón, para dedicarse a la vida política lo hizo figurando en las filas de la izquierda liberal, siendo afecto a don José Canalejas, que fuera varias veces Ministro y presidente del Consejo de Ministros.

A su llegada al Gobierno Civil de Cáceres el semanario “El Bloque”, tras pasar revista a su biografía, subraya lo siguiente:

Comprenderán nuestros lectores que el nuevo Gobernador Civil de Cáceres no es uno de esos hombres vulgares que se limitan a cobrar la nómina y dejar hacer, no; el nuevo Gobernador tiene una perfecta inteligencia de los deberes anejos a su cargo y sabe cumplirlos perfectamente«.

Asimismo, añade el periódico cacereño:

No es el dómine severo que con el palo en la mano hace entrar ben segura vereda a sus subordinados, sino el amigo prudente y sabio que con lógicas razones los conduce por el camino de la justicia y de la verdad”.

Su llegada a Cáceres también fue saludada por el periódico “Era Nueva” destacando el siguiente texto:

Según antecedentes veraces el el Sr. Polo de Lara militar de brillante historia y prestigioso político que goza de grandes influencias”.

Mientras que ante dicha llegada de Enrique Polo de Lara al frente del Gobierno Civil el periódico “Regional” señala: “Parece que solo a sus méritos y reiterados servicios debe hoy el puesto que ocupa”.

Más adelante dicho periódico deja constancia de su probado amor a la enseñanza y a la agricultura así como su interés “por el mejoramiento de todos los servicios públicos de la provincia, a cuyo fin propónese visitar cuantos pueblos pueda y el territorio de Las Hurdes, tan desatendido hasta ahora”.

En Cáceres destaca, como uno de los principales logros obtenidos por Enrique Polo de Lara, el poner en marcha una institución de tanta importancia como vino a resultar La Cantina Escolar, como ayuda alimenticia a los niños más humildes, secundado por la Junta Provincial de Instrucción Pública, y cuya inauguración se llevó a cabo en la escuela Graduada de Niñas, instalada en la Plaza de Caldereros. En el transcurso del acto, que contó con la presencia de las señoras doña Angela Bermejo de Herreros, doña Catalina Muñoz de Durán y doña Angela Asensio de Acha, se sirvió un desayuno de arroz con chorizo y pimientos y abundantes panecillos y galletas.

Enrique Polo de Lara, del que cuenta la prensa de la época su preocupación por todos los asuntos, sobre todo los de tipología social y humana de Cáceres, y, más aún, los relativos a los niños más humildes, organizaba con frecuencia reparto de ropa entre los niños más pobres… También veló por dignificar la Escuela, la figura del Maestro, la instrucción e higiene pública en todos los campos, mostró su máxima preocupación por el Hospicio y los Hospitales…

Por otra parte el Gobernador Civil fortaleció la autoridad de los curas párrocos en sus respectivas jurisdicciones municipales, saneó con todo rigor las costumbres y la moral, combatió el juego, una lacra que causaba estragos en aquellos tiempos, y trató de combatir por todos los medios a su alcance, la emigración,y prohibió la mendicidad colocando grandes carteles en las vías de acceso a la ciudad, lo mismo que luchó por erradicar las casas non-sanctas

A este respecto el periódico «El Noticiero» dice: “El Señor Gobernador Civil , que desde que llegó a esta capital no cesa en su afán de dictar medidas inspiradas, todas, en su espíritu de recta justicia y moralidad, termina de dar otra nueva encaminada a que desaparezcan algunas casas non-sanctas situadas en las inmediaciones de escuelas a donde acuden niños”. Una medida que el mismo medio señala que “merece ser aplaudida con entusiasmo por todas las clases sociales”. La medida aumenta con la prohibición terminantemente “de que salgan a la calle, como lo veían haciendo, las mujeres de vida alegre”.

El Gobernador Civil, Enrique Polo de Lara, también se ocupó, de forma señalada por la debida asistencia y cuidado de centros benéficos, mataderos, fuentes públicas, mercados, corporaciones municipales, escuelas, cuarteles, limpieza de las calles y un largo etcétera.

Como hombre que fue, también, de ciencia y como propietario de la fábrica de insecticidas «Nuestra Señora del Rosario«, inventó el insecticida Polo para naranjos y olivos, Danum para la langosta y otros insectos, Pasta Bank para las oquedades y operaciones de tala, Extracto Mek para las enfermedades de raíces, Líquido Naik para musgos, hongos, líquenes, hormigas.

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Portada del libro «En justa defensa», escrito por Enrique Polo de Lara.

También, además, Enrique Polo de Lara tuvo tiempo para escribir numerosos libros y publicaciones como “La Guerrilla”, “De Sevilla a los montes Tingülanes”, “Estudio social y político de Filipinas”, “En justa defensa (Refutación documentada de las falsas acusaciones de un fraile agustino”, editado en Sevilla en 1900, “Colonización cubana”, “Diez meses cautivo”, “Al través del Caroballo”, “Un paseo por Asia”, “Filipinas. Usos y Costumbres”. Nuestro protagonista fue fundador, asimismo, de periódicos como “Juan Palomeque”, publicación satírica de Sevilla, de “La Lealtad”, de “La Integridad” (izquierdista) y de “El Correo Andaluz«.

La prensa de la época, de Cáceres, le denominaba Gobernador modelo y el periódico «El Bloque» dejó constancia expresa de su respeto a todos y de su consideración y nobleza para con los adversarios políticos, además de influyente en las esferas de poder.

Enrique Polo de Lara, que en septiembre de 1913 fue nombrado Gobernador Civil de Soria, dejando un gran reto a su sucesor, también fue Interventor General, Subintendente, Administrador Principal de Hacienda y Gobernador Civil de Santiago, todas en la isla de Cuba, y en las Filipinas desempeñó el cargo de Gobernador electo de Manila, gobernador de ambos Camarines, de Ilocos Norte, y por segunda vez de los dos Ilocos.

Posteriormente en España desempeñó el cargo de Gobernador Civil en Huelva y Santander, de donde pasó al de Cáceres, ejerciendo sus funciones y responsabilidades a lo largo de año y medio, aproximadamente, dejando un más que señalado recuerdo en la población.

También ejerció el cargo de Director de Bellas Artes, del Ministerio de Instrucción Pública.

Enrique de Polo Lara, que consideraba que el mayor tesoro del hombre lo constituye el saber, fue calificado, tal como relata la historia, como de persona de esmerada educación, y, al tiempo, de fino y agradecido trato. También se le destaca como excelente caballero, hábil político, militar valiente y hombre culto y, también, de positivamente culto. Lo mismo que se destaca que “enemigos más o menos sitemáticos viéronse obligados a reconocer y ensalzar la gestión del Sr. Polo de Lara”.

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Dibujo de Enrique Polo de Lara que parece en el libro «Los liberales de Sevilla».

Es de destacar, asimismo, que el escritor Juan Sánchez Lozano, en el libro “Los liberales de la provincia de Sevilla”, prologado por una autoridad y personalidad como la de José Francos Rodríguez, que fuera alcalde de Madrid y ministro en el reinado de Alfonso XIII, que dice lo siguiente en el perfil político de Enrique Polo de Lara:

En política, como en muchas otras esferas de la vida, cuando los hombres se elevan es por algo, y cuando dentro de los respectivos partidos se escala la primera línea y se llega a ocupar un puesto como el que en el liberal de esta provincia ocupa el señor Polo de Lara es porque ostenta méritos para ello, pues no teniendo la política entrañas, la confabulación y el trabajo de los demás impide que se logren y contengan posiciones inmerecidas”.

Enrique Polo de Lara fue nombrado en su día Hijo Adoptivo de Ilocos, en Filipinas.

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EL GENERAL PRIMO DE RIVERA, PRESIDENTE DEL DIRECTORIO MILITAR, EN CACERES, EN 1925

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Al redescubrir esta fotografía con la visita del General Miguel Primo de Rivera a Cáceres en 1925, hace ya 91 años, me he permitido la licencia de escribir estas lineas.

 

generalprimoderiveraencaceres1925-001El 27 de octubre del año 1925 se produjo en Cáceres una visita histórica. La llevada a cabo por el general Miguel Primo de Rivera, presidente del Directorio Militar y Marqués de Estella, que giró una visitó a la ciudad de Cáceres y que llevó a cabo un amplio recorrido por la provincia para interesarse por las inquietudes, los problemas y los anhelos de la población cacereña. Una visita, por tanto, de fuerte contenido político, social y festivo.

Una visita que el periódico «La Montaña«, en su edición del 28 de octubre de 1926, destaca con el siguiente antetítulo de la portada: «Ha llegado el Caudillo«.

Fue un día en que cerró el comercio y la vida de la ciudad se centró, a lo largo de esa jornada, en torno a la figura, a las palabras, a los gestos y a las propuestas del general Primo de Rivera y sus interlocutores. En este caso, el pueblo cacereño.

La misma coincidió con una jornada en la que hacía sol y, a la vez, un frío severo. Tan es así que el periódico «La Montaña«, en la crónica escrita por su director, Narciso Maderal Vaquero, que posteriormente sería alcalde de Cáceres, señala que había «Un vientecillo que helaba la sangre, quitaba esta mañana la fuerza al sol que alegraba la ciudad«.

La capital cacereña llevaba largo tiempo esperando y esmerándose en la visita de Miguel Primo de Rivera. Todo fue un arduo trabajo para revestir de las mejores galas la imagen de la ciudad con las casas profusamente engalanadas así como todo tipo de colgaduras en las balcones, ventanas y calles que lucían toda una serie de prendas de gala. Colgaduras con los colores de la bandera española, bellos reposteros, preciosos tapices. Como correspondía a un día de tan señalada importancia en el calendario histórico de Cáceres.

La entonces llamada Avenida de Armiñán, que pasaría a ser más tarde Avenida de España, fue el lugar elegido para el recibimiento a la figura del presidente del Directorio Militar. Una Avenida repleta de nativos y foráneos, engalanada de arriba a abajo con el máximo esplendor en el que se volcaron todos. Instituciones, empresas y paisanos en general. Cada uno en función de sus posibilidades.

El hecho evidente es que la Avenida de Armiñán, relatan los cronistas, presentaba un aspecto de brillantez y de lujo.

Y allí esperaba impaciente el pueblo, que desbordaba los andenes y el Paseo de Cánovas, la llegada de la comitiva oficial, mientras hacia la Avenida se dirigía la compañía del Regimiento Segovia que se encaminaba a situarse en el lugar elegido para la recepción, a fin de rendirle honores, mientras que «suenan a lo lejos las cornetas y la charanga militar. Se abre calle y con marcialidad desfila la compañía del Regimiento. Todo el mundo se descubre respetuosamente al paso de la bandera«.

Y allí, en medio de la emoción sobrecogida del pueblo, se dio cita el todo Cáceres para ser testigo de una jornada de un señalado considerando en las páginas de la historia que, solo el tiempo, va juzgando en función de las características propias de la misma, tras ciento tres años de la implantación de aquel tiempo de Gobierno, con la aquiescencia del Rey Alfonso XIII.

Y allí, pues, además del paisanaje normal y corriente, que luchaba por conseguir el mejor puesto y sitio, aguardaban al General Primo de Rivera y las autoridades acompañantes «jefes y oficiales del Regimiento Segovia, clero, profesores del Instituto Nacional, Normales de Maestras y Maestros, Carabineros, Guardia Civil, oficiales del Gobierno Civil, Diputación y Ayuntamiento, Delegado de Hacienda...».

Una llegada, la del General Primo de Rivera, apoteósica y que desbordó todas las expectativas previstas por los organizadores. Y a los acordes de la Marcha Real el General pasó revista a la compañía del Regimiento Segovia, con bandera, música, banda y escuadra de gastadores y los Somatenes, tras lo que presidiría el desfile de la compañía militar.

Posteriormente el general transitó en un paseo multitudinario por la calle Alfonso XIII y la Plaza Mayor, se detuvo en el Palacio de Camarena, admiró el milagroso Cristo de Carvajales, presidió la recepción en el Ayuntamiento, mil niños desfilaron con la bandera de España, disfrutó del sabor del Palacio de los Golfines, de la perspectiva de San Mateo y del Instituto.

Más tarde, como debe de ser, tuvo lugar un banquete en la Diputación Provincial. El mismo fue servido por la Casa Montalbán y el menú estaba compuesto de:Huevos Axdír, merluza salsa Robert, ternera con champignon, guisantes a lo franco-española, fiambres al Aspí, crema Santa Catalina, tartas reales, dulces, pastas y frutas variadas. También, claro, café, habanos, licores nacionales. Los vinos fueron Rioja tinto y blanco y, por último, champagne Domecq.

A los postres, como marca la tradición, discursos. El Gobernador Civil, José García Crespo, mostró su orgullo por la presencia del General Primo de Rivera en Cáceres, manifestó que «os debemos la seguridad de la Patria y la garantía de las personas«, afirmó que «Salvasteis a España y supisteis evitar una catástrofe al unir vuestra suerte al glorioso destino de Africa» y fue valiente cuando se atrevió a ofrecer al Marqués de Estella «los alientos espirituales de una región que ha sabido ser resignada hasta en el olvido«.

Los cuatrocientos comensales aplaudieron largamente la intervención, profunda y clara, del Gobernador Civil.

Por su parte el General Primo de Rivera agradeció la ayuda de todos al Movimiento del 13 de Septiembre. Una parte de la historia de España, que ya queda muy atrás. Aunque el hecho evidente es que, siete años después, tuvo que dimitir y exiliarse a París.

Pero añadió: «Cáceres puede servir de ejemplo para las virtudes ciudadanas«. Y dijo, además: «Y esto tiene una gran importancia, cuando no está lejos el día en que vuelva un poder civil a guiar los destinos de la nación. Con ello conseguiremos una evolución en la historia de España, porque habremos conseguido levantar colectivamente la moral de la patria y con ellos España habrá encontrado el verdadero remedio a su mal«.

NOTAS:

(1) En la fotografía se ve al General Primo de Rivera camino del Ayuntamiento de Cáceres con las autoridades. Entonces el presidente de la Diputación era Gonzalo López Montenegro, el gobernador civil García Crespo y el alcalde de la ciudad Arturo Aranguren.

(2) Como dato anecdótico señalemos que Miguel Primo de Rivera llegó a ser primer Teniente del Regimiento de Extremadura

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LAMINAS SOBRE CACERES

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LAMINAS SOBRE CACERES trata de ser un compendio de aquellas referencias fotográficas que aparecen sobre nuestra ciudad en determinadas enciclopedias y diccionarios, a lo largo del tiempo, así como  postales u otros documentos, de tipología curiosa, como pueden ser los publicitarios de determinadas marcas comerciales, y que, en su momento, editaban postales, láminas o estampas con textos, por lo general de carácter histórico, dedicados a facilitar a los clientes de toda España una pequeña referencia explicativa sobre Cáceres.

ENCICLOPEDIA ESPASA

EDITORIALESPASA1925-001Aquí os ofrezco la lámina de fotografías que aparece sobre Cáceres en la Enciclopedia Espasa, publicada entre los años 1905-1933, que consta de setenta tomos y que, desde su aparición, fue y está considerada como una obra de extraordinario interés. Sobre todo en el panorama cultural español y latinoamericano.

La Editorial Espasa fue fundada en Barcelona, el año 1860, por los hermanos Pablo y José Espasa Anguera. Y esta obra enciclopédica, de gran alcance, constituyó, entre otros, uno de sus pilares más sólidos.

Imágenes de Cáceres, que podemos contemplar y admirar sueltas y que, ahora, juntas, en la lámina de la Enciclopedia Espasa, de señalado prestigio internacional, lo que es de reconocer, da un gran sabor histórico-documental sobre la belleza, sin par, de la ciudad, siempre eterna, de Cáceres.

Aquí teneis, pues, las imágenes que se corresponden con la Casa de los Golfines, con el Balcón del Círculo de la Concordia, en su día instalado en el Palacio de Godoy,  con la imagen del Arco del Cristo y con una instantánea del Arco de la Estrella.

CACERES EN LA ENCICLOPEDIA ILUSTRADA SEGUÍ (1905-1910)

Entre los años 1905-1910 apareció en España la Enciclopedia Ilustrada Seguí, de catorce tomos, con señalado relieve y aceptación en el mundo de habla hispana.

La Enciclopedia Ilustrada Seguí, que está considerada como una obra de arte, según los expertos, nos muestra un mapa de la provincia de Cáceres, un plano de la capital y una serie de fotografías de la misma, sobre diversos edificios y lugares de carácter emblemático y que conforman una lámina catalogada como de auténtica joya.

Aquí están, pues, todas juntas, en una misma lámina, las fotografías de la Plaza Mayor, el Arco de la Estrella, la Audiencia, el Palacio Episcopal, el Hospicio, la Casa de los Golfines, el Arco del Cristo, el Ayuntamiento y la Casa Palacio de los Mayoralgos.

Fotografías de relieve y distinción todas ellas y que, en opinión de los expertos y entendidos en la materia, se conforma como una auténtica joya al ofrecerlas juntas en una lámina de brillante notoriedad.

CACERES EN EL DICCIONARIO ENCICLOPEDICO POPULAR ILUSTRADO SALVAT (1906-1914)

trajetipicocacereño.diccionarioenciclopedicopopularilustradoprincipiosXX-001La imagen del Mapa Provincial de Cáceres con una ajustada muestra de datos, en lo que resulta la configuración del propio diseño, con una pareja vestida con el traje típico como podeis ver en la imagen adjunta, también aparece en el Diccionario Enciclopédico Popular Ilustrado que decide lanzar la Editorial Salvat, creada en 1869 bajo el nombre de Hermanos y Salvat.

En la lámina, dentro del Mapa Provincial, se ajustan toda una serie de ramales como el nombre de la capital de la provincia, las cabezas de partido, los pueblos con Ayuntamiento, los pueblos agregados o aldeas, los límites de la provincia, los límites de partido, ferrocarriles, Carreteras, Caminos, Rios y Torrentes. La provincia contaba, en aquellos tiempos, con 362164 habitantes.

La empresa Salvata decidió lanzar el Diccionario Enciclopédico Popular Ilustrado con extraordinarias expectativas y dimensiones. Una empresa que acometieron sus dirigentes con entusiasmo y que posibilitó una gran publicación, conformada por diez tomos y un apéndice, que apareció con el subtítulo de Inventario del Saber Humano.

En la introducción de la misma, como orientación de atractivo para el lector se especifica que el mismo «Comprende además de todos los vocablos que se hallan en la última edición del Diccionario de la Real Academia Española, las voces técnicas de Ciencias, Artes y Oficios, las más corrientes en los países de América y las extranjeras adaptadas por el uso, frases, modismos y refranes más conocidos, artículos y notas geográficas, históricas, de ciencias físicas y naturales. literarias, bellas artes, deportes, etc.».

Asimismo se configura como el primer Diccionario Enciclopédico de la Casa Salvat ofreciendo, en el conjunto de la obra, multitud de grabados, fotografías y mapas.

CACERES EN LA GEOGRAFÍA CALLEJA DE FINALES DEL SIGLO XIX

laminas.geografiacallejaOtra estampa muy llamativa y curiosa, elaborada sobre Cáceres a lo largo del tiempo, es la que se publicó en su día por parte de la Editorial Calleja, dentro del libro «Geografía Calleja«, que apareció a finales del siglo XIX. Más concretamente, al parecer, según los diversos textos consultados, la fotografía de la lámina sería de la edición correspondiente al año 1890.

En la misma se pueden apreciar, tal como se señala, el Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, el Claustro del mismo, la fachada de la Catedral de Plasencia, las Ruinas del Monasterio de Yuste, las Ruinas del Monasterio de Jarandilla, la Casa del Sol, el Palacio de los Golfines, la iglesia de San Martín, de Trujillo, y el Cementerio Judío de Berrocal, en Plasencia.

Una lámina de gran interés histórico y que está considerada como una verdadera joya sobre las referencias de dichas láminas acerca, en este caso, de Cáceres y la provincia.

La Editorial Calleja fue fundada por el editor, pedagogo y escritor Saturnino Calleja, (1853-1915), que se dedicó, de forma fundamental y básica, a la publicación de libros tanto de Educación Primaria como de Lecturas Infantiles.

Una Editorial que fue un señalado referente y la más popular, en su tiempo, en España, Hispanoamérica y Filipinas, llegando a publicar, solo en 1899, más de tres millones cuatrocientos mil volúmenes. Una cifra de auténtico impacto en aquellos tiempos. También destaca, entre sus publicaciones, el Diccionario Manual de la Lengua Española, ilustrado con millares de grabados, mapas geográficos, retratos de hombres célebres y láminas.

Resulta muy conocida la publicación y muy amplia divulgación de sus cuentos a precios baratísimos, entre 5 y 10 céntimos de la época, y que, en razón de su costo, eran adquiridos y devorados, casi, por la población. Lo que dio pie a la popular y coloquial frase de «Tienes más cuento que Calleja«.

VISTA PARCIAL DE CACERES, EN 1972, EN POSTAL DE LABORATORIOS EMYFAR

Allá por el año 1972 el laboratorio Emyfar, sito en la localidad catalana de Hospitalet de Llobregat, decidió lanzar, con sus productos médicos, una colección de postales titulada PAISAJES DE ESPAÑA A VISTA DE PAJARO.

La correspondiente a Cáceres es la número 17 y que aquí os ofrezco. La misma se titula, por cierto, VISTA PARCIAL DE CACERES. La colección se compone de cien fichas con un pequeño apunte histórico.

Nuestra ciudad contaba entonces, según consta en el documento, con 56064 almas. Y algunos tuvieron la suerte de poder hacerse con ese documento con sabor y antigüedad a 44 años atrás.

Aunque no se sabe a ciencia cierta si es que eran devotos de esa colección o es que los mismos se encontraban ante la necesidad de adquirir un medicamento, como el que se anuncia en el reverso de la postal, denominado Tosmina, un antibiótico de amplio espectro balsámico expectorante.

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MORET, EL MINISTRO DE LAS MINAS DE CACERES

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Segismundo Moret y Prendesgart, que fuera Ministro en cinco ocasiones, y presidente del Consejo de Ministros, tuvo un papel estelar en la historia de Cáceres en unos tiempos tan complejos y severos como aquellos que se vivían allá por 1864, cuando se descubrieron Las Minas de Cáceres. Fue tanto lo que hizo por Cáceres que a la barriada minera se le dio su nombre, el Ayuntamiento le nombró Hijo Adoptivo y, ya en 1913, le puso, también su nombre, a una de las calles de mayor relieve en la vida de la ciudad. La antigua calle Cortes.

 

moret5Y es que, en aquellos complejos tiempos de la segunda mitad del siglo XIX Cáceres, hasta donde podríamos deducir, venía a ser una Villa más bien abandonada de la mano de Dios. En definitiva, como tantos y tantos lugares en aquella etapa, donde las gentes, acaso como en toda época y lugar, se buscaban la vida como buenamente podían para salir adelante.

Más un día, allá por 1864, el comisario de Policía Francisco Lorenzo de Acuña, conocido como el Fraile, ya que había vestido hábitos monásticos, y que primeramente ejerció de abacero y se ocupó en una tienda de ultramarinos, paseando por la zona de El Calerizo, descubrió la existencia del fosfato calizo. Un acontecimiento que, enseguida, fue tomando cuerpo, forma e ilusión colectiva.

De tal modo fue la importancia del descubrimiento de las minas que el hallazgo llevó a que Segismundo Moret, que ejerciera cinco veces como ministro, y posteriormente desempeñara las funciones de presidente del Consejo de Ministros se percatara de la transcendencia y de las posibilidades socioeconómicas que podrían deducirse de tal hecho y pusiera su máximo empeño en el mayor y mejor aprovechamiento de las mismas, consciente de la riqueza de fosfatos que habría de albergarse en las minas.

De tal forma que, como se ha reconocido a lo largo de la historia, las minas supusieron el arranque y levantamiento de lo que se podría denominar como la primera gran industria en la vida de Cáceres y que posibilitó los caminos para solventar el trabajo, y por tanto la supervivencia, de numerosas familias cacereñas.

Y es que no hay que olvidar, en este punto, que Segismundo Moret, 1838-1907, catedrático de Economía Política e Instituciones de Hacienda Pública, embajador en Londres, Ministro de Ultramar, de Hacienda, de Gobernación, de Estado, de Fomento, presidente del Congreso de los Diputados y presidente del Consejo de Ministros, se conforma como una figura calificada de un auténtico adelantado de los tiempos en el fomento de las reformas sociales. Lo mismo que trató de hacerlo con la educación, con las ciencias.

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Retrato de Segismundo Moret en sus tiempos como Ministro de Ultramar.

Tal fue el interés y preocupación del político liberal y monárquico, que a raíz de dicho hallazgo y descubrimiento, viajó en numerosas ocasiones a Cáceres. sobre todo en el período comprendido entre los años 1874 y 1871, defendiendo la riqueza minera del Calerizo y, al tiempo, imprimiendo un gran desarrollo en la zona. Lo que supuso toda una revolución popular en Cáceres.

Y es tanto lo que Segismundo Moret se propuso en el empeño que batalló por la puesta en marcha del ferrocarril hasta la misma boca de la mina para la más rápida y cómoda exportación de la fosforita por España y diversos países europeos, participó en la Sociedad General de Fosfatos de Cáceres así como en la Sociedad de los Ferrocarriles de Cáceres a Malpartida de Plasencia y a la frontera portuguesa y se convirtió en uno de los pilares y artífices de la puesta en marcha del Tren Internacional Madrid-Lisboa, en 1881, con la presencia en Cáceres de los Reyes de España, Alfonso XII, y de Portugal, Luis I.

Toda una jornada histórica en la que la ciudad estaba bellamente adornada con guirnaldas, banderas, gallardetes, arcos florales. Y, sobre todo, una gran expectación popular. Con tal ocasión se celebró misa y Te-Deum en la iglesia de Santa María, corrida de toros con un cartel de antología, Salvador Sánchez, Frascuelo, y Angel Pastor, visita a Cáceres Antiguo, banquete servido por el restaurante madrileño Lardhy, iluminación nocturna, fuegos artificales, bailes de sociedad en El Círculo de Artesanos, en el Círculo de la Concordia y en La Unión, a los que giró visita Su Majestad. Y como era de suponer, también se llevó a cabo un viajecito en tren hasta las minas, donde las muy ilustres personalidades recorrieron las instalaciones de la denominada La Abundancia, saludaron al vecindario y presenciaron un desfile del paisanaje.

Ante sus esfuerzos y logros, que supusieron un señalado paso en la vida económica y social de Cáceres, en el año 1880 el Ayuntamiento de la Villa le dio su nombre al entonces barrio minero, que pasaría a denominarse Aldea Moret, y que se inaugurara en 1875, le nombró Hijo Adoptivo en 1881 y, ya en 1913, unos años después de su fallecimiento, el pleno municipal decidió dar su nombre a una de las calles más importantes de Cáceres, ya que Segismundo Moret se presentaba como una figura emblemática en la evolución de la Villa. Y desde aquel año, 1913, la calle, hasta entonces denominada Cortes, una de las más céntricas y de mayor relieve, pasó a ser conocida como Moret.

Cáceres, pues, impulsó la dedicación y entrega de Moret con todos los reconocimientos posibles. Una calle, la que le dedica Cáceres, por cierto, de gran porte con comercios y empresas de relieve.

Se trata de una figura, sencillamente, que un estudioso de su obra, como es el profesor José Pastor, ha llegado a denominarle como «el personaje más importante que ha tenido la ciudad en la etapa contemporánea, porque originó una verdadera revolución industrial en la ciudad«.

Señalemos, asimismo, que a su muerte una Orden Real dispuso que la enseña nacional ondeara a media asta en los edificios públicos como manifestación de duelo.

Segismundo Moret también es Hijo Predilecto de Cádiz, donde se levanta una estatua en su honor, en la que destacan las palabras Patriotismo, Libertad, Lealtad y Elocuencia.

El mismo también tuvo tiempo, en su extraordinaria capacidad de trabajo, para ejercer como presidente del Ateneo de Madrid, de la Institución Libre de Enseñanza, de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, miembro de la Real Academia Española y de la de Ciencias Morales y Políticas, así como firmar numerosas publicaciones.

También es de señalar que, entre otras numerosas condecoraciones, habida cuenta de la transcendencia de su trayectoria, se encuentra en posesión de la Gran Cruz de Carlos III. 

Finalmente dejar constancia de que Segismundo Moret perteneció a la Masonería donde llegó a ser Maestro Masón de la Logia Madrileña El Progreso número 1 y Grado 33 del Consejo Supremo. Y como buen masón echó una mano a una serie de entidades que estaban catalogadas como nidos de masones o sensibilidades masónicas, como es el caso de «Los Amigos de los Pobres«, «El Ateneo» o «Los Amigos del Progreso«.

NOTA: En Aquellos Tiempos de los Años 50 y 60 de la pasada centuria la calle Moret, una de las calles comerciales más céntricas e importantes de Cáceres, se agavillaban numerosos establecimientos comerciales de todo tipo: La Relojería Alvarez, donde se despachaban las entradas para los espectáculos taurinos, el Hotel Alvarez, el hotel tradicional de los toreros, la pastelería La Granja, el bar Maleno, la ferretería Abad, la mercería Torrecilla, el establecimiento fotográfico de Caldera…

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UN PRECURSOR DEL ROMANTICISMO, JEFE POLÍTICO DE CACERES EN 1839

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Nicomedes-Pastor Díaz Corbelle, (Vivero 1811-Madrid 1863), que sería ministro de Instrucción, Comercio y Obras Públicas y, también, Ministro de Gracia y Justicia, tiene una señalada vinculación en y por la provincia de Cáceres, de donde fue Oficial del Ministerio de la Gobernación en 1835, Jefe Político –el equivalente a Gobernador Civil– en 1839, tras la creación de las Subdelegaciones de Fomento, diputado por Cáceres y, posteriormente, diputado por Navalmoral de la Mata, cuando los mismos se elegían por partidos judiciales.

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Cuadro con la figura de Nicomedes Pastor Díaz en el Congreso de los Diputados.

Licenciado en Leyes por la Universidad de Alcalá de Henares, fue formándose en la doctrina de la sensibilidad política liberal-conservadora y monárquica, estableciendo, desde muy joven, una amplia red de contactos, tanto literarios, por su afición a las tertulias de la actualidad y a la poesía, como políticos, que consideraba uno de los elementos y ejes vitales de la sociedad.

De este modo y muy joven, con tan solo 24 años llega a desempeñar su primera responsabilidad en Cáceres, gracias a la mediación del General Manuel de Latre, al ser designado Oficial del Ministerio de la Gobernación. Una tarea y un reto en los que se compromete firmemente desde su llegada.

Defensor acérrimo de la Constitución establecida en el año 1837, que fue promovida por Salustiano Olózaga, opositor a un nuevo período constituyente, apostando firmemente por la defensa de los intereses colectivos por encima de los intereses de partidos, como, más tarde, defendería la de 1845, de sus funciones en Cáceres pasa a ser nombrado Jefe Político de Segovia en tiempos de un severo confusionismo y beligerancia política, por las guerras carlistas. Ya había alcanzado, pues, un cargo repleto de la mayor autoridad.

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Cuadro con la imagen de Nicomedes Pastor Díaz en el Museo del Prado.

Su actitud de firmeza, de temple, de decisión y de consideraciones en un momento tan delicado le llevan a ser nombrado en 1839 Jefe Político de Cáceres, cuando ya estaba cerca el final de la Primera Guerra Carlista, (1) y cuando se aunaron las responsabilidades de los Jefes Políticos y de los intendentes. Y fue, precisamente en Cáceres, donde Nicomedes Pastor Díaz redacta un famoso Manifiesto que tendría una gran influencia en el movimiento y en la dinámica de la política liberal y que, a partir de su publicación, en la Imprenta cacereña de Lucas de Burgos, le imprimiría muy altos vuelos al mismo en la muy difícil y compleja encrucijada en que se encontraba España en aquellos más que convulsos tiempos.

Manifiesto de apoyo a la Constitución y una publicación dedicada a los ciudadanos cacereños subrayando una serie de principios y pautas de conducta en los que siempre se movió, siendo uno de los más decididos impulsores del movimiento liberal en España. Un Manifiesto que, según determinados historiadores, está calificado de «obra modélica como exposición de los principios del régimen liberal y participativo pero que fracasó como esquema de Gobierno«. Si bien hay otros historiadores que cuestionan dicho Manifiesto.

Posteriormente Nicomedes Pastor Díaz, tras dejar la Jefatura Política de la Provincia de Cáceres, pasa a ser elegido Diputado en las Cortes por Cáceres en las elecciones de 1844-1845. Y, curiosamente, al ser designado congresista también ocupa el puesto de Secretario General en el Banco de Isabel II.

Más tarde, teniendo en consideración la eficacia de su trabajo político, alcanza un escaño en el Congreso de los Diputados por Navalmoral de la Mata, en una etapa que los diputados se elegían por partidos judiciales.

Todo un proceso de lucha constante de sus ideales, con la mayor firmeza y consistencia, defendiendo la necesidad del avance del liberalismo hacia lo social, como uno de los principales camino de su obra, llegando a apostar con todas sus fuerzas, durante el tiempo de regencia de María Cristina, por una vía intermedia entre los liberales progresistas y los liberales moderados, que acabó en la escisión y con un grupo, en el que militaba Nicomedes Pastor Díaz, que fue denominado como Los Puritanos

No obstante persistió en sus ideas, de la máxima sensibilidad liberal, en una clara apuesta por el mejor servicio a la causa común de la ciudadanía, lo que le llevó a alcanzar el Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas, bajo la presidencia del Gobierno por parte de Francisco Pacheco, amigo suyo, desde el que imprimió una lucha sobre todo por los derechos de las aguas y contra la corrupción y el fraude, que le imprimieron un gran crédito político.

Tal fue su propia capacidad de entrega y trabajo a las dinámicas del movimiento liberal-conservador, un auténtico liberal, en el sentido más profundo y claro de la palabra y de la propia concepción de la ideología, que llegó a ser nombrado Ministro de Gracia y Justicia bajo la presidencia de Leopoldo O´Donnell al frente del Gobierno, con Unión Liberal. Un partido que está considerado como partido de centro político en el ámbito de la historia contemporánea de España. Y un partido, por otra parte, que, al llegar al Gobierno logró generar y posibilitar un período de estabilidad y, al mismo tiempo, de desarrollo de carácter económico al régimen de la Reina Isabel.

Es de señalar, asimismo, que Nicomedes Pastor Díaz, persona de profundas convicciones religiosas y morales, trataba de llevar al campo de la política su capacidad de reflexión ética dejando constancia firme y clara desde el principio que la proyección de sus planteamientos trataba de evitar y esquivar lo que otros conocen como deriva partidista.

Quizás, por ello, su pensamiento y también sus ideales pudieran haber ido teniendo un camino paralelo al de su reflexión religiosa. De tal modo es así esta última que el prestigioso poeta  Juan Valera señalaba que Nicomedes Pastor Díaz rezaba todos los días el Breviario, también le  acompañaban en la mesilla de noche La Biblia y La Divina Comedia.

También fue un cualificado orador y fundador de los periódicos «El Heraldo» y «El Sol«, desde cuyas tribunas se mostró claramente partidario de Isabel II, y muy contrario a las políticas del poderoso general Baldomero Espartero, lo que hizo desde las páginas de la revista «El Conservador», que aparece en 1841, mientras se consolidaba su predicamento entre los monárquicos, hasta que en 1843 lograron abatir la figura del general progresista mediante el pronunciamiento militar de Narváez y un movimiento popular. Lo que no obsta para dejar constancia de que Pastor Díaz, guiado por la moderación, mostrara su oposición a la política de Narváez, siguiera defendiendo la Constitución como marco de convivencia social y, más claramente, como entendimiento desde las rivalidades de moderados y progresistas.

También llegó a ser Magistrado en la Audiencia de Valladolid, miembro de la Real Academia de la Lengua, de la Ciencias Morales y Políticas, Rector de la Universidad de Madrid, embajador de España en Italia y Lisboa y senador vitalicio.

Durante toda su vida trató de combinar las artes de la escritura y de la poesía con la severidad de aquel tiempo político tan complejo y delicado que le tocó vivir. Pero la gigantesca figura de Nicomedes Pastor Díaz le hacía buscar y encontrar tiempo para llevar a cabo todos sus proyectos y todas inspiraciones, todos sus estudios y todas sus reflexiones.

Fruto de tan ingente dedicación, como escritor y poeta, destacó en el terreno romántico, hasta el extremo de que Nicomedes Pastor Díaz, ex Jefe Político de Cáceres y diputado por la misma, está considerado por los tratadistas como una de las figuras precursoras del romanticismo y precursor, a la vez, de Gustavo Adolfo Bécquer. Juan Valera, por su parte, llega a señalar que Nicomedes Pastor Díaz «es el más romántico de todos nuestros modernos poetas».

Un autor que dejó un extraordinario legado como  «Poesías«, algunas de ellas cuajadas de dolor, como «Mariposas Negras«, otras de corte filosófico y de nostalgias de la tierra gallega, otros con carga de misticismo y de melancolía, y otras de reflexión sobre su soledad. No olvidemos que, en su momento, declara que la poesía debe tener una función social y ser expresión del alma del poeta

También cultivó la novela con obras como «Una cita» y «De Villahermosa a la China. Coloquios de la vida íntima«, así como una serie de biografías, «Galería de españoles célebres y contemporáneos«, con retratos de una serie de personajes españoles de variadas ramas. Como son la política, las artes, las ciencias,  la poesía, las armas.

Otras destacadas obras suyas son, por ejemplo, «Condiciones del Gobierno Constitucional en España. Palabras de un diputado conservador sobre las principales cuestiones de nuestra situación política«, «Compendio Histórico-Crítico de la Jurisprudencia Romana» y «A la Corte y a los Partidos» entre otros.

Fue, al tiempo, amigo de Donoso Cortés, de Espronceda, de Larra y, sobre todo, de José Zorrilla, hasta el extremo de que fue prologuista de la primera edición de «Don Juan Tenorio«. Nicomedes-Pastor Díaz está considerado el paradigma del romanticismo y uno de los más puros representantes de la poesía romántica.

También es de destacar en este estudio, como un hecho de relieve, que, a pesar de los cargos que ocupó, su madre y sus hermanas necesitaron de una pensión para su subsistencia tras el fallecimiento del mismo.

Nicomedes-Pastor Díaz, uno de cuyos retratos se encuentra en el Salón de los Pasos Perdidos, en el Congreso de los Diputados, y que fue calificado por Antonio Cánovas del Castillo como uno de los analistas políticos más relevantes del siglo XIX español, recibió las condecoraciones de Carlos III, la de San Genaro, de Nápoles,  la de Cristo, de Portugal, la de San José, de Parma, la de San Mauricio y la de San Lázaro, de Cerdeña.

Aquí os dejo uno de sus poemas más relevantes.

A LA LUNA

Desde el primer latido de mi pecho,
Condenado al amor y a la tristeza,
Ni un eco a mi gemir, ni a la belleza
Un suspiro alcancé:
Halló por fin mi fúnebre despecho
Inmenso objeto a mi ilusión amante;
Y de la luna el célico semblante,
Y el triste mar amé.

El mar quedóse allá por su ribera;
Sus olas no treparon las montañas;
Nunca llega a estas márgenes extrañas
Su solemne mugir.
Tú empero que mi amor sigues doquiera,
Cándida luna, en tu amoroso vuelo,
Tú eres la misma que miré en el cielo
De mi patria lucir.

Tú sola mi beldad, sola mi amante,
Única antorcha que mis pasos guía,
Tú sola enciendes en el alma fría
Una sombra de amor.
Sólo el blando lucir de tu semblante
Mis ya cansados párpados resisten;
Sólo tus formas inconstantes visten
Bello, grato color.

Ora cubra cargada, rubicunda
Nube de fuego tu ardorosa frente;
Ora cándida, pura, refulgente,
Deslumbre tu mirar;
Ora sumida en soledad profunda
Te mire el cielo desmayada y yerta,
Como el semblante de una virgen muerta
¡Ah!. .. que yo vi expirar.

La he visto ¡ay, Dios! . . . Al sueño en que reposa
Yo le cerré los anublados ojos;
Yo tendí sus angélicos despojos
Sobre el negro ataúd.
Yo solo oré sobre la yerta losa
Donde no corre ya lágrima alguna . . .
Báñala al menos tú, pálida luna…
¡Báñala con tu luz!

Tú lo harás… que a los tristes acompañas,
Y al pensador y al infeliz visitas;
Con la inocencia o con la muerte habitas:
El mundo huye de ti.
Antorcha de alegría en las cabañas,
Lámpara solitaria en las rüinas,
El salón del magnate no iluminas,
¡Pero su tumba … sí!

Cargado a veces de aplomadas nubes
Amaga el cielo con tormenta oscura;
Mas ríe al horizonte tu hermosura,
Y huyó la tempestad;
Y allá del trono do esplendente subes
Riges el curso al férvido Oceano,
Cual pecho amante, que al mirar lejano
Hierve, de tu beldad.

Mas ¡ay! que en vano en tu esplendor encantas;
Ese hechizo falaz no es de alegría;
Y huyen tu luz y triste compañía
Los astros con temor.
Sola por el vacío te adelantas,
Y en vano en derredor tus rayos tiendes,
Que sólo al mundo en tu dolor desciendes,
Cual sube a ti mi amor.

Y en esta tierra, de aflicción guarida,
¿Quién goza en tu fulgor blandos placeres?
Del nocturno reposo de los seres
No turbas la quietud.
No cantarán las aves tu venida;
Ni abren su cáliz las dormidas flores:
¡Sólo un ser . . . de desvelos y dolores,
Ama tu yerta luz! . . .

¡Sí, tú mi amor, mi admiración, mi encanto!
La noche anhelo por vivir contigo,
Y hacia el ocaso lentamente sigo
Tu curso al fin veloz.
Pásarte a veces a escuchar mi llanto,
Y desciende en tus rayos amoroso
Un espíritu vago, misterioso,
Que responde a mi voz. . .

¡Ay! calló ya… Mi celestial querida
Sufrió también mi inexorable suerte…
Era un sueño de amor, . . .Desvanecerte
Pudo una realidad.
Es cieno ya la esqueletada vida;
No hay ilusión, ni encantos, ni hermosura;
La muerte reina ya sobre natura,
¡Y la llaman . . .VERDAD!

¡Qué feliz, qué encantado, si ignorante,
El hombre de otros tiempos viviría,
Cuando en el mundo, de los dioses vía
Doquiera la mansión!
Cada eco fuera un suspirar amante,
Una inmortal belleza cada fuente;
Cada pastor ¡oh luna! en sueño ardiente
Ser pudo un Endimión.

Ora trocada en un planeta oscuro,
Girando en los abismos del vacío,
Do fuerza oculta y ciega, en su extravío,
Cual piedra te arrojó,
Es luz de ajena luz tu brillo puro;
Es ilusión tu mágica influencia,
Y mi celeste amor… ciega demencia,
¡Ay!. . . que se disipó.

Astro de paz, belleza de consuelo,
Antorcha celestial de los amores,
Lámpara sepulcral de los dolores,
Tierna y casta deidad,
¿Qué eres, de hoy más, sobre ese helado cielo?
Un peñasco que rueda en el olvido,
¡O el cadáver de un sol que, endurecido
Yace en la eternidad!

NOTAS:

1.- La primera Guerra Carlista tuvo lugar entre 1933-1840 entre los carlistas, partidarios del Infante Carlos María Isidro de Borbón y de su régimen absolutista, y los isabelinos, defensores de Isabel II y de la regenta María Cristina de Borbón.

2.- El ensayo que redactó escribió Nicomedes Pastor Díaz, durante su etapa como Jefe Político de Cáceres en el año 1839, LA CUESTION ELECTORAL EN DICIEMBRE DE 1839 Y ENERO DE 1840, se encuentra editado en Cáceres por la  Imprenta de Lucas de Burgos.

3.- La primera de las fotografías se corresponde con el retrato de Nicomedes Pastor Díaz que está situada en el Salón de los Paos Perdidos, en el Congreso de los Diputados.

4.- La segunda de las fotografías de Nicomedes Pastor Díaz, se corresponde con el cuadro que pertenece al Museo del Prado y está pintado en el año 1848 por José Gutiérrez de la Vega y Bocanegra.

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UN PRECURSOR DEL ROMANTICISMO, JEFE POLÍTICO DE CACERES EN 1839 by JUAN DE LA CRUZ GUTIERREZ GOMEZ is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.

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GENERAL MARGALLO

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El general Juan García-Margallo y García (Montánchez, 1839-Melilla, 1893) presta su apellido a la vieja Calle Moros, una de las más emblemáticas de Cáceres, y que nació para acoger a los moriscos que el rey Felipe II deportó desde Las Alpujarras. La Villa entonces terminaba hacia el Norte en la parte baja de la Judería Nueva, en torno a lo que hoy es Ríos Verdes y Santo Domingo. 

GENERAL MARGALLO OTRA

El general Juan García-Margallo, considerado un héroe cacereño en la Guerra del Rif.

La muerte en acción de guerra del general Juan García Margallo, siendo Comandante General de la Plaza de Melilla, que fue abatido de un balazo en el pómulo derecho, en 1893, dio origen al cambio de denominación de la calle en el mismo año de su fallecimiento. Una calle que, en la tipología popular, no obstante, siempre fue la calle Moros y que bajo la alcaldía de José Trujillo Lanuza cambió su denominación en honor del general cacereño.

Juan García-Margallo, hijo de Ildefonso García-Margallo y Jara, Vizconde de Montánchez, y de Agustina García Rubio, casado con Adelaida Cuadrado y Aznar, fue bisabuelo del actual Ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, como me comentara el mismo personalmente, cuando ejercía como diputado constituyente por la circunscripción de Melilla en el Congreso, representando a Unión de Centro Democrático, y el periodista se afanaba, por aquellos tiempos, entonces en las lides periodístico-parlamentarias con Televisión Española.

Juan García-Margallo, que ingresó como Cadete en el Colegio de Infantería en 1855 y ascendiera a alférez el año 1858, que ya luchara contra el carlismo y los republicanos, se incorporó en 1859, con el batallón de Cazadores “Figueras, número 8”, al ejército español combatiente en la Guerra de Africa, bajo el mando del general Leopoldo O´Donnell, resultando herido en su bautismo de sangre en 1960 y siendo condecorado en el mismo campo de batalla.

general margallo la ilustracion española

El General Margallo en un grabado publicado en «La Ilustración Española» en su número 39, en el año 1893.

Asimismo Juan García-Margallo peleó en numerosas y señaladas acciones, en defensa de España y participando de forma valerosa y decidida, en los acontecimientos de los años 1866, en que es ascendido a capitán, y en 1869.

La densidad de su prestigio heroico y sentido estratégico le llevó a ser destinado en el año 1872  a Navarra y las Vascongadas para tratar de frenar el avance de las fuerzas carlistas.

Fruto de su valor, ardor y esfuerzo, con una inactividad inusitada, así como de un alto grado de decisión, reflejos y espíritu militar llegó a ser nombrado Gobernador Militar de Melilla el año 1890, alcanzando el rango de general de brigada.

Un año en que dio comienzo la sangrienta Guerra del Rif, también denominada Guerra de Margallo, en la que se libraron durísimos episodios contra las tribus cabileñas que trataban de sitiar la plaza española de Melilla cuando éstas intentaban fortificar y asegurar la protección y defensa de la misma ante las incursiones indígenas. Como supuso el caso de levantar unas fortalezas defensivas para evitar los ataques indígenas y, entre otras, una en las cercanías de la tumba de un morabito o santón de los rifeños. Concretamente de Sidi Guariach.

Un motivo por el que los nativos decidieron presentar batalla a las huestes del general cacereño. Hasta el extremo de que el 3 de octubre del año 1893 más de seis mil guerreros, procedentes de treinta y nueve cabilas, bajaron desde las montañas y rodearon la villa melillense, cuyo ejército tan solo disponía de cuatrocientos soldados españoles en medio de duros y señalados combates.

En el transcurso de esa batalla la artillería del ejército español procedió a disparar con armamento pesado de tal fatalidad que uno de los cañonazos destruyó una mezquita. Lo que dio lugar a que los bereberes procedieran a convertir su rebelión en una Guerra Santa.

general margallo. lapida cementerio melilla

Lápida de Juan García-Margallo en el cementerio de la Purísima Concepción, en Melilla.

Una batalla cruenta en la que las estrategias, el arrojo, la valentía y la capacidad operativa de riesgo por parte del general Margallo defendiendo las posiciones españolas, que le encumbraron a la heroicidad, no pudo evitar los más sangrientos enfrentamientos, hasta que acorralaron a sus tropas en el Fuerte Cabrerizas, y acabando con su vida, en dicho lugar, en el transcurso de las acciones bélicas llevadas a cabo por las fuerzas bereberes los días 27 y 28 de octubre.

Es de señalar, asimismo, que el general cacereño Juan García-Margallo y García está considerado como un auténtico héroe tal cual como demostró con su arrojo y su coraje defendiendo la posesión española en Africa.

El periódico “La Comarca de Cervera”, del 11 de noviembre de 1893 dice al respecto que “demostró su valor y arrojo y el espíritu de amor patrio que sentía como español cayendo muerto instantáneamente atravesado por tres balas rifeñas al acabar de pronunciar delante de las tropas que se lanzaban a la lucha las palabras: “Hay que morir para salvar el honor”.

Es de recoger, también, que el escrito referido anteriormente finaliza con la siguiente invitación al lector: “¡Descubrámonos con respeto delante del cadáver del general Margallo y de los héroes anónimos que murieron a su lado defendiendo la bandera española!”.

En el Fuerte Cabrerizas hay una placa en la que se lee: «En la puerta de este fuerte murió heroicamente el 28 de octubre de 1893 el bravo y pundonoroso Comandante General de Melilla y presidente de la Junta de Arbitrios D. Juan García Margallo«.

No obstante es dejar constancia que algunas fuentes históricas apuntan a la hipótesis de que fuera el entonces teniente Miguel Primo de Rivera, que recibiría la Cruz Laureada de San Fernando por su cometido en esta Guerra y que llegaría a la presidencia del Directorio Militar, quien disparó en la cabeza al general Margallo. Si bien no existe prueba alguna de lo expuesto.

También debemos de subrayar que, en su día, una Comisión de Militares decidió poner en marcha, el Panteón Margallo, con el fin de «construir un mausoleo para reunir en él los cuerpos de los españoles muertos en el campo de batalla desde el día 2 de octubre de 1893 hasta que terminaron las hostilidades contra los moros«, según señala Juan Díez Sánchez en el periódico «El Heraldo de Melilla«. El mismo se construyó gracias a las aportaciones de una suscripción pública efectuada en 1896.

Entre sus condecoraciones figuran la Cruz de San Fernando, la Cruz Roja del Mérito Militar, la Cruz de Carlos III del Mérito Militar, la Medalla y Cruz de San Hermenildo, la Medalla de Alfonso XII.

Asimismo el General Margallo presta su nombre al callejero en Montánchez, su localidad natal, en la ciudad de Cáceres, donde sustituiría a la anteriormente denominada Moros, nombre que se comparte popularmente, aún hoy, y entre ciudades y municipios también cuenta con calles en la ciudad de Melilla, en Madrid y en Valdepeñas.

NOTAS:1: El grabado del General Margallo aparece publicado en el número 39 de la Revista «La Ilustración Española y Americana«, correspondiente al 22 de octubre de 1893, en base a una fotografía hecha al mismo, poco antes de su muerte, por el entonces capitán de Artillería Carlos Huelín.

2: La segunda fotografía se corresponde con la lápida de Juan García-Margallo, en el Panteón Margallo, en el cementerio de la Purísima Concepción, de Melilla, construido en el paraje conocido como Rambla del Agua e inaugurado en 1892. La misma está captada de El Alminar de Melilla.

3.- El cambio de denominación del nombre de la calle Moros, en Cáceres, al de General Margallo, es reflejo de un sentimiento desconocedor del verdadero origen de la toponimia de la cacereña calle a la que presta su apellido y su heroicidad el ilustre militar montanchego.

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JOSE DE CARVAJAL Y LANCASTER, UN CACEREÑO EN LA CORTE DE FERNANDO VI

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José de Carvajal y Lancaster, 1698-1754, cacereño, estadista, político y diplomático de un señalado prestigio, es uno de los nombres de mayor relieve que emanan en los nombres de la historia de la ciudad.

 

jose de carvajal lancaster

José de Carvajal Lancaster, Ministro de estado con Fernando VI, es, sin duda, uno de los nombres cacereños que figura con moldes de oro en la política española.

Hijo de Bernardino de Carvajal Sande y Vivero Moctezuma, que ostentaba el título de II Conde de la Quinta Enjarada, creado por el Rey Carlos II en 1678, y de María Josefa de Lancaster Padilla Noroña y Sylva, perteneciente a una familia de notoria importancia inglesa descendiente del Infante Jorge de Lancaster, sus abuelos eran el Duque de Abrantes, título creado por Felipe IV en 1642, a favor de Alfonso de Lancaster y Lancaster, por la vía de la línea materna, y por la paterna el Duque de Linares. Familias de alta cuna y notoriedad dentro del panorama nobiliario español.

Su hermano mayor, Juan, alcanzó el ducado de Abrantes y también fue Duque de Linares, Marqués de Sardoal, Marqués de Valdefuente, Marqués de Puerta Seguro, Conde la Mejorada, Conde de la Enjarada y Grande de España, llegando a Teniente General. Su hermano Isidro fue arcediano, canónigo catedralicio y Obispo de Cuenca, uno de los fundadores de la iglesia de San Felipe Neri, y otro hermano, Alvaro, también fue, asimismo, arcediano y canónigo en Cuenca. Por su parte Fernando de Lancaster Noroña y Silva, Duque de Linares, Marqués de Valdefuentes y Virrey de la Nueva España, era su tío.

Tras finalizar sus estudios de Leyes en el Colegio San Bartolomé, de Salamanca, que ya en aquellos tiempos gozaba de reconocimiento internacional, comenzó su trayectoria de Oidor en la Real Chancillería de Valladolid.

José de Carvajal y Lancaster, de preclara inteligencia y habilidad, desde la formación y una mezcla de respeto y audacia, comenzó su destacada trayectoria de la mano y tutela tanto del primer ministro José del Campillo, de quien fue secretario personal, de José Patiño Rosales, Ministro reformador del Rey Felipe V, así como de Zenón de Somodevilla y Bengoechea, Marqués de la Ensenada, que durante un tiempo fuera mano derecha del Rey Fernando VI, desempeñando la Secretaría de Estado de Hacienda, Guerra, Marina e Indias, mientras entre ambos, José de Carvajal y Lancaster y el Marqués de la Ensenada, dos pudo haber habido como una especie de alianza por la que, incluso sin querer, y dadas sus facultades, se podría decir que casi anulaban la personalidad de Su Majestad.

Desde el comienzo de su actividad política el político caceeño destacó por su capacidad intelectual, sus conocimientos, su rectitud, su habilidad, su delicadeza y su inteligencia, participando en el Consejo de Estado como secretario del ministro.

calle carvajal y lancaster

Rótulo de la calle Carvajal Lancaster en Cáceres, gentileza de Paco Mangut.

Asimismo el Rey Felipe V decidió enviarle como embajador especial a la Dieta de Frankfurt, la reunión imperial para elegir sucesor tras la muerte de Carlos VI y que, en buena parte, gracias a los informes de José de Carvajal y Lancaster, logra la elección al frente del Sacro Imperio Romano Germánico del candidato por parte de España, el duque de Baviera, Carlos Alberto de Wittelsbachy, a la sazón, Carlos VII. Lo que le supuso a nuestro paisano su verdadero lanzamiento político entre cualificadas muestras de alabanza y loa a su sensibilidad histórica, política, diplomática y, sobre todo, intelectual.

Posteriormente fue presidente del Consejo de Indias, donde llevó a cabo un gran papel. Y también es nombrado presidente de la Junta de Comercio y Moneda. Poco tiempo después Fernando VI, también conocido como el Reformista Pacifista, le designa Decano de Consejo de Estado pasando enseguida a ser Secretario de Estado y Asuntos Exteriores, lo que equivalía a la condición de ministro y, además, con los mayores poderes en el delicado y complejo panorama de sus misiones.

Un cargo verdaderamente transcendental y decisivo para la marcha de la Monarquía, ya que la política exterior, siempre tan importante, pasaba a depender de José de Carvajal  y Lancaster. Por lo que dicho cargo se conformaba de la máxima confianza del Rey Fernando VI, convirtiéndose, de este modo, en una figura clave en el ámbito de la política exterior española.

Retrato de José de Carvajal y Lancaster que figura en la Real Academia Española.

Un político, José de Carvajal y Lancaster, que al hacerse cargo de la Secretaria o Ministerio de Estado ya señaló, textualmente, que veía «a este reino necesitadísimo de paz«. Una misión que persiguió al máximo. Por lo que no podemos por menos que señalar que el mismo, siempre recto, ilustrado y respetado, fuera, probablemente, verdadero artífice del pacifismo fernandino.

Ya en este sentido la prestigiosa historiadora María Dolores Gómez Molleda subraya que «El pensamiento político de Carvajal tiene un centro: Las Indias. Un sistema: La Paz. Y un modo: El Equilibrio«.

Lo mismo que Manuel Espadas Burgos destaca su sagacidad, diplomacia y un sentido eminentemente pacifista y abierto al mejor entendimiento, con una política de cercanía a Francia y a Inglaterra, él, que era un cualificado anglófilo, basando su actuación, en este campo «en el secreto y en la maña«. Un pacifismo que se podía calificar como de a caballo entre el mantenimiento amistoso en lo que se denominaba el poder continental del país galo y la figura de acercamiento y estrechamiento de lazos al poder marítimo, de casi siempre, histórico, de Gran Bretaña. Además de su pronunciada neutralidad en las Guerras de Europa. Pero que, como figura en las páginas de la historia, facilitarían y conformarían estabilidad y una recuperación interior española.

Estudioso y conocedor de las obras del Cardenal Richelieu, de nombre Armand Jean du Plessis, que fue primer ministro con el Rey Luis XIII, y de Jean-Baptiste Colbert, ministro del Rey francés Luis XIV, sus criterios y horizontes, se dirigieron, sobre todo en el campo de cuestiones internacionales, hacia esa neutralidad de la que tanto participaba y consolidar a la Monarquía como forma de Estado.

Y es que a José de Carvajal Lancaster le distinguía, sobre todo, el olfato político, con prestigio, reconocimiento público de la máxima seriedad, rectitud y de una formación ilimitada, ganándose, desde el primer momento, lo que fue muy importante, la admiración y consideración de Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI, y persona de absoluta y total influencia en muchas de las decisiones del Rey. Bárbara de Braganza era hija de Juan V de Portugal.

En este sentido no es de olvidar que a su llegada al trono el Rey Fernando VI se encontró con la Guerra de Sucesión Austriaca, también conocida como Guerra de la pragmática Sanción en una lucha, demasiado insaciable, por obtener el poder hereditario en la Casa de Austria y que desempeña una feroz batalla, que duró hasta ocho años, tras el fallecimiento de Carlos VI.

Acaso porque José de Carvajal Lancaster es un profundo conocedor, estudioso y convencido de la importancia de la política de la Ilustración que se iba imponiendo paulatinamente en España y, a la vez, un adelantado a su tiempo.

Una etapa del mayor relieve en la que el político cacereño destaca por su capacidad de entendimiento en el avance y en la búsqueda de una política que él mismo calificaba de reformista, entre sus numerosas y delicadas misiones, posibilitando todo tipo de acuerdos, de convenios, de tratados, de avances sociales y de logros en la política exterior. Todo ello en base a un arduo e intenso trabajo negociador. Consiguiéndosede este modo, según determinados historiadores, el mantenimiento de la paz. Todo porque José de Carvajal Lancaster, que dispuso de casi todo el poder, se mostraba firmemente convencido de que el proceso de la Ilustración era vital para alcanzar los objetivos propuestos por el nuevo Gobierno.

Una forma de poner en marcha lo que se conoce como el absolutismo ilustrado. mantenimiento del poder, de la monarquía y las clases más fuertes, y una búsqueda de alianzas con la gente de a pié y prometiendo finalizar con la pobreza, la injusticia y la tiranía. Aunque, posteriormente, llegaría el siglo de las luces.

En aquella difícil y compleja etapa, acentuada sin duda por el carácter del Rey Fernando VI, de quienes muchos señalan y acentúan su timidez, introversión, melancolía y debilidad, José de Carvajal Lancaster destacan sus negociaciones como el acuerdo denominado «Tratado de límites en las posesiones españolas y portuguesas en América» para evitar el contrabando británico por el Río de la Plata, a cambio de ceder dos áreas en la zona fronteriza tanto de las Amazonias como en el Sur. Lo que provocó un duro conflicto con los indios guaraníes que se alargó durante once ásperos y severos años, que acabó con la expulsión de los jesuitas de la zona, y que hasta determinó el cese fulminante del padre jesuita Francisco de Rávago, a pesar de ser el mismo, en aquellos momentos, confesor del Rey, con todo lo que suponía dicho cargo, acusado de impedir el acuerdo con la corona portuguesa.

Otro acuerdo notable fue el «Tratado de Indemnización y Comercio entre las Coronas de España y de Gran Bretaña«.

También lleva a cabo la firma de un Concordato entre la Santa Sede por medio del cual se adquirió el patronato universal y del Tratado de Madrid, además de buscar, de modo constante, como uno de los epicentros de su política, la mayor estabilidad en el ámbito de las relaciones con América, porque la misma continuaba facilitando muchos beneficios y las inquietudes de la aristocracia se justificaban basaron en el mantenimiento, como fuera, de ese flujo de riquezas que emanaba del Nuevo Continente. Mientras tanto iba abandonando, de forma paulatina la pelea por la recuperación de un área como era la mediterránea.

Probablemente porque a esas alturas pudiera considerar más práctico, de cara al sostenimiento de la Monarquía ya a la tranquilidad social, la ampliación de todo tipo de promociones comerciales, a raíz de los esquemas trazados desde la política de reformas del Rey Fernando VI y de todo su gobierno como forma de tratar de lograr y estabilizar la tan deseada paz en España.

Todo un planteamiento reformista que estuvo claramente diseñado por las adversidades políticas que llegaban de tiempos atrás, las dificultades y contrariedades económicas y sociales así como el aperturismo y establecimiento de las más adecuadas sendas culturales para alcanzar, como objetivo, una meta de nuevas líneas de evolución gubernamental y por la ciudadanía.

Un tiempo en el que el gobierno de Fernando VI apostó, entre otros impulsos, por la construcción y potenciación naval de la Armada, lo mismo que defendió la máxima proyección de caminos, canales y puertos, elaborándose, también, el catastro de Ensenada tratando de sustituir los impuestos de consideración y tipología tradicional por un único impuesto.

Asimismo José de Carvajal y Lancaster fue nombrado presidente de la Junta de Comercio y Moneda posibilitando el establecimiento de la Real Compañía de Comercio y Fábricas de Extremadura, con sede en Zarza la Mayor y que se dedicaba a la fabricación y comercialización de tejidos. Una compañía que llegó a disponer en su día, ni más ni menos que en aquellos complejos tiempos, de 102 telares y 132 operarios.

Apasionado de la cultura, de las nobles artes y ciencias, a la que dedicaba el escaso tiempo libre del que disponía, en medio de una serie de cargos y puestos de extraordinaria dedicación e importancia, de gran claridad, lucidez e inteligencia, era un exponente de conocimientos de las páginas políticas, históricas y literarias de los autores de mayor consideración.

De siempre, en su trayectoria política, optó por la máxima neutralidad como camino más idóneo, desde el convencimiento personal, moral y como forma de llegar a la ciudadanía, del mejor modo posible, y potenciar y garantizar al máximo el proceso y desarrollo de la Monarquía.

En su inquietud y sensibilidad cultural procedió a impulsar la fundación de la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, denominada así en honor del rey Fernando VI, así como, en un gesto de gran sensibilidad, puso en marcha el Jardín Botánico en Madrid.

José de Carvajal y Lancaster, que presta su nombre a una de las calles de Cáceres, lo que ya, de por sí, resulta muy importante, aunque muchos desconozcan el relieve de su personalidad política, también ejerció como Director de la Real Academia Española, que ocupó entre 1751 y 1754, fecha en que falleció en el Palacio madrileño del Buen Retiro.

Una muerte, la del político cacereño, que vino a suponer y a representar, a una escala imprevista, el abatimiento y el derrumbamiento de la casi práctica totalidad de las reformas que se habían ido impulsando desde el Gobierno de Fernando VI y canalizadas, en buena medida, por José de Carvajal Lancaster.

Volcado, también en su obra personal, dejó señalados legados para la posteridad, como son, por ejemplo, el Testamento Político, 1745, Mis Pensamientos, 1753, y la Representación, publicada en 1752.

El ilustre cacereño forma parte también de las páginas de la historia como caballero de la Insigne Orden del Toison de Oro.

No obstante como no se puede contentar a todos Marcelino Menéndez Pelayo define al gobierno de Fernando VI como «La parte más oscura de nuestra historia desde el siglo XVI acá…, de modesta prosperidad y reposada economía, en que todo fue mediano y nada pasó de lo ordinario ni rayó en lo heroico, siendo el mayor elogio de tiempos aquellos decir que no tienen historia».

Si bien es de justicia dejar constancia de que el Rey Fernando VI también fue conocido como El Prudente y El Justo, gracias, entre otras, a las decisiones y los consejos de José de Carvajal Lancaster. Un político cacereño que figura, con letras de oto, en la historia de España.

Y es que la política llevada a cabo por el Rey Fernando VI podría ser aplicable a la política desarrollada por José de Carvajal Lancaster, y que persiguió siempre, sin éxito, la obtención de Gibraltar. Tal como figura su influencia en el reinado de Fernando VI, y que según determinados estudiosos ha sido marginado en la historia de España de una forma poco correcta, en el que se consiguieron cualificadas reformas estructurales y políticas, con un reinado destacado por su carácter pacifista, aunque otros le señalan como quien abrió el camino al siglo de las luces ya bajo el reinado de Carlos III.

Finalmente señalar que José de Carvajal y Lancaster habitó durante un tiempo en el número 37 de la calle San Vicente de Sevilla, actual sede del PSOE de Andalucía, y que fue, antes, según recoge el diario «El Mundo«, en una información publicada el 12 de octubre de 2015, la casa que «se hizo y fabricó para su manejo» José de Carvajal y Lancáster, ministro del Consejo de Estado de Su Majestad Fernando VI y presidente del Consejo de las Indias, según reza una lápida situada en el patio y fechada en el año 1753.

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JOSE DE CARVAJAL Y LANCASTER, UN CACEREÑO EN LA CORTE DE FERNANDO VI by JUAN DE LA CRUZ GUTIÉRREZ GÓMEZ is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.

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