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Archive For The “Tradiciones” Category

VIDAL HERNANDEZ, UN TAMBORILERO MÍTICO

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Vidal Hernández Sánchez fue un tamborilero mítico que en Aquellos Tiempos acompañaba al desfile de los Gigantes y Cabezudos en las Ferias y Fiestas Cacereñas, de mayo, en honor de San Fernando, y de septiembre, en honor de San Miguel.

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Vidal Hernández Sánchez, un tamborilero singular en la historia de Cáceres.

Vidal Hernández Sánchez, natural de la pequeña localidad cacereña de La Garganta, fue una persona de excepcional valía y que desde muy pequeño aprendió a tocar, de forma tan genuina como magistral, como se iría demostrando a lo largo del tiempo la flauta, también conocida como gaita, y el tamboril.

Y poco a poco a base de ensayos, de investigaciones, de actuaciones, de viajes, siempre de forma tan entusiasta como incansable, Vidal Hernández Sánchez, se fue abriendo un hueco en el panorama musical popular de la Alta Extremadura.

Hasta el extremo de que podría señalarse que no había acontecimiento típico alguno, en toda la provincia de Cáceres, que no estuviera Vidal con su largo repertorio de canciones típicas y populares. Desde la típica jota ochocentista cacereña, «El Redoble» hasta «Los Sones de Montehermoso» pasando por «La Jota del Candil«, «Las Rondeñas«, «La Jota de Guadalupe«, «El Perantón«, danza típica originaria de Zarza de Granadilla, «La Carta«, «Los pajarillos«, «La Jota Cuadrada«, originaria de la localidad de Monroy, o «El pájaro bobo«, recopilada en Arroyo de la Luz, en su día, como tantas y tantas canciones, coplas y danzas, por el eminente profesor, investigador y folklorista extremeño que fuera Manuel García Matos, que tanto aportó a la historia del folklore de la provincia de Cáceres, de Extremadura y de España.

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Vidal Hernández, a la izquierda, con los Coros y Danzas de Sección Femenina en La Plata, Argentina, en 1948.

De tal forma fue adquiriendo nombre y prestigio que desde muy joven pasó a configurarse como el flautista y tamborilero de los Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres, con los que recorrió y actuó en numeroso países de Europa y América. Y en cuyas actuaciones, además, claro es, de su peculiar sonido artístico-musical logró popularizar la imagen de arrojar hacia lo alto el sombrero al final de las diferentes y miles de actuaciones folklóricas que se dan cita a lo largo de su vida.

Un tipo, Vidal Hernández, que era conocido popularmente como «Remundaina» y también como «Tío Vidal«, genuinamente sencillo, pleno de identidad popular y que de siempre se esforzó y se empeñó en llevar a lo más alto las esencias del folklore altoextremeño, de sus canciones y de sus danzas. Lo que consiguió, evidentemente, pero en base a un ímprobo y señalado esfuerzo.

vidal.Su fama alcanzó tal calibre que, incluso, es de señalar que la prestigiosa y afamada artista que era Concha Piquer le ofreció formar parte de su compañía. Pero el flautista y tamborilero cacereño siguió en su tierra de siempre con la sensibilidad de que emanaba de la notoriedad de sus instrumentos musicales.

Asimismo es de señalar que Vidal Hernández Sánchez, el tamborilero histórico de la localidad cacereña de La Garganta, le dio tanto prestigio a su lugar de nacimiento que un día del año 2012, afortunadamente, la Corporación Municipal decidió inmortalizar su nombre y con el que bautizó a la Plaza Mayor del pueblo.

Ahí es nada. ¡Menudo honor, que la Plaza Mayor de La Garganta se denomine con el nombre de Vidal Hernández Sánchez!, Tamborilero Mayor de Extremadura, podríamos añadir.

Lo que, sin lugar a dudas, llevarán a gala los descendientes del prestigioso tamborilero cacereño.

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Otra fotografía de Vidal con los Coros y Danzas de Cáceres en una actuación en la capital.

Una figura de un más que manifiesto relieve en el panorama folklórico, costumbrista, típico  y popular de la Alta Extremadura y que mantuvo una manifiesta colaboración con ese eminente folklorista cacereño, de prestigio nacional, que fue Manuel García Matos, mientras por el aire parece que suenan la notas de su flauta al ritmo de tonadas y canciones como «La Vitorina«, «El Pindongo«, «El Cerandeo«, de Cáceres, «»Baile del Pollo y la Pata«, «La Bruja«, de Madrigal de la Vera, «El Arbolito«, de Piornal, «Me tiraste un limón«, de Hinojal, «Trébole, trébole«, de Villanueva de la Vera, «De Quintos«, de Casar de Cáceres, «La Pimentonera«, de Pasarón de la Vera, «El Pirulí«, de Talaván, «De Bodas«, de Serrejón, «El arbolito«, de Piornal,  «Abre la ventana«, de Garrovillas de Alconetar,y tantas canciones que se divulgaron por cientos de lugares…

Todas ellas, por cierto, de un gran y señalado arraigo del folklore popular de la Alta Extremadura, y con una serie de letras, fruto de la inspiración popular, tan curiosas y llamativas como la de esta última, cuando se canta:

Abre la ventana,

cierra el postigo;

me dejarás un pañuelo

que vengo herido,

ábrela, morena, la ventana,

ábrela, preciosita del alma.

O, si se quiere, esa otra, «El que espera, desespera», recogida en la localidad de Ceclavín, y con una letra como:

Carretero, carretero,
vente juntito a mi vera,
que en la ventana de enfrente
una morena te espera.
Y el que espera, desespera
y luego le dicen que no.

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Vidal, a la derecha de la fotografía, en la Romería en honor de la Virgen del Castañar, en Aquellos Tiempos.

Y siempre, siempre, siempre, para que conste en acta, vestido y ataviado con la indumentaria popular y típica. A sabes: Con su camisa de lino blanca abierta hasta la cintura y con amplio vuelo en las mangas, con su calzón negro por debajo de las rodillas, su chaleco de terciopelo, su faja roja de lana bordada, sus botas negras, con sus medias blancas, con su sombrero de ala ancha, con sus polainas, con su estampa ajustada a la tipología de la indumentaria popular.

Hoy, pues, va, sencillamente, por una figura tan entrañable como la que representó Vidal Hernández Sánchez, uno de los más grandes flautistas y tamborileros que ha dado la provincia de Cáceres y cuyo nombre esparció, como las semillas, por numerosos lugares de todo el mundo y en numerosas festividades populares.

Y todo ello, para que conste en acta, como le escuchara en su día en algún encuentro con mi padre, y, también, de boca del propio Manuel García Matos, en base a una toma de conciencia para la divulgación permanente de los aires populares cacereños, a un entusiasmo verdaderamente ilimitado y a una afición a la que se entregó desde siempre.

Acaso, todo ello, porque Vidal Hernández Sánchez nació, sencillamente, para este cometido de una extraordinaria relevancia en el panorama de las gentes y de las identidades populares y perpetuarse como uno de los más señalados flautistas y tamborileros en el transcurso y a lo largo de la historia de Cáceres.

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EN LA ROMERÍA DE LA VIRGEN DEL CASTAÑAR, EN LA GARGANTA

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Una fotografía de aquellos Tiempos en los que, con motivo de la celebración de la Romería en honor de la Virgen del Castañar, patrona del pequeño y pintoresco municipio de La Garganta, se reúnen a hacer un alto en el camino todos los asistentes.
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Un alto en el camino en la Romería en honor de la Virgen del Castañar, en La Garganta.

Una fotografía de Aquellos Tiempos en los que, con motivo de la celebración de la Romería en honor de la Virgen del Castañar, patrona de La Garganta, se reúnen a hacer un alto en el camino todos los asistentes.

Una ceremonia ritual, sencilla, popular y plena de tipismo. Una romería de las más antiguas de Extremadura, que cabalga a lomos de la historia, año 1446, cuando la Virgen se apareció a dos pastores garganteños, Joaquín López e Isabel Sánchez, que se encontraban apacentando su ganado, y anunciándoles que la misma acabaría con la peste y que asolaba la zona años ha.

Ese día, Lunes de Pentescostés, una gran identidad costumbrista, se escucha desde primeras horas de la mañana, acaso desde el alba, la flauta y el tamboril por las calles a toque de dulce diana popular con ritmos típicos de las canciones tradicionales, como amanece con el ruido de los casos de caballos que ya trasiegan y transitan en el fervor de rendir homenaje a la dinámica histórica del calendario festivo de La Garganta.

Muchos lugareños se llegan a caballo desde La Garganta y antes de procederse a la llegada al Santuario los alcaldes de la cercana localidad salmantina de Béjar y de La Garganta proceden a la ceremonia, histórica, de intercambiarse los bastones o varas de mando. Todo ello, claro es, en un acto marcado por la sencillez, también por la celebración festiva, y, siempre, a los señalados acordes de la dulce que emana de la flauta y el tamboril. Al tiempo, con la música, unos se lanzar a bailar la jota como buenamente pueden, con chasquidos y risas, otros las tararean, y todos con la sonrisa de la celebración festiva-

Posteriormente, con los asistentes en el interior del Santuario tiene lugar la celebración de la Misa y, acto seguido, se procede al besamanto por parte de los lugareños y forasteros que quieren depositar su fe, y cuenta la tradición, que, al tiempo, sus esperanzas, sus rogativas y sus peticiones.

Luego, claro, viene el ritual campestre, que no falte de nada, con lugar destacado para la caldereta de cabrito, los buenos caldos de pitarra, un lujo de sabor por su perfecta elaboración y componentes. Y, también, faltaría más, el ritual de la leche frita elaborada por el paisanaje el día anteriori. Celebración que tiene lugar allá en El Castañar.

Más tarde todos vuelven de nuevo a la ermita. Tal cual marca el ritmo y el pulso de la tradición histórica, que hay que seguir tratando de mantener con la mayor autenticidad, se asiste al rezo de la Salve, el gentío acude hasta el lugar conocido como Llano Alto y los caballos, conducidos por los jinetes, tratan de galopar, como se suele decir, a todo meter.

Y, tras la merienda, una mezcla de los más diversos cpmponentes  de buenas hogazas de pan, de chorizos de pura cepa, de torreznos de delicia, dulces de esmero artesanal y familiar, se pone fin al marco de la fiesta. Una romería, pues, como señalábamos al principio, de las más antiguas de la historia en la Extremadura de hoy y que pervive y persiste, siempre y desde siempre, por el esfuerzo y la participación de todo el vecindario en el día del homenaje a la Virgen del Castañar.,

A la derecha de la histórica fotografía se puede ver al popular tamborilero cacereño Vidal Hernández, natural, precisamente, de La Garganta, que cada año acudía a las Ferias y Fiestas de la capital, para acompañar a los Gigantes y Cabezudos, acompañado siempre de una ristra de la chiquillería local, lo mismo que era el flautista y tamborilero de los Coros y Danzas de la Sección Femenina de Cáceres.

Señalemos que el pueblo de La Garganta se conforma, a fecha de hoy, de 464 habitantes, que sus habitantes son conocidos, de siempre, como los paporros, y que fue un pueblo eminentemente trashumante con el ganado, apostándose en invierno con los pastos existentes al sur de las dehesas y en verano en los agostaderos.

A 1126 metros de altitud, incrustado entre el Puerto de Béjar, Baños de Montemator, Candelario y Hervás, y con un entorno verdaderamente hermoso y admirable, su plato típico, como ya queda dicho es la Caldereta de Cabrito. Si bien, asimismo, en su gastronomía figura algo tan delicioso como las Patatas Revolconas y que allí reciben el nombre Patatas Arrevueltas y que se elabora a base de patatas cocidas con el añadido de una suculencia como resulta el torrezo, y acompañado de un poco de pimentón, sal y cebolla.

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SORTEO DE QUINTOS

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Un domingo del mes de noviembre, con los fríos de la época otoñal avanzada, se celebraba, en aquel entonces, el sorteo de quintos en la Caja de Reclutas, allá en el Cuartel, junto a la Plaza de Toros, en medio de una gran expectación y afluencia de vecinos de toda la provincia de Cáceres. Lo que se conformaba como una tradición de largos años de existencia en la tipología popular y costumbrista de Cáceres, como de toda España.

 

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Imagen correspondiente al sorteo de quintos efectuado el 23 de noviembre de 1981 en el Cuartel Infanta Isabel.

Domingo cacereño de quintos de un gran alboroto popular. Domingo cacereño, pues, que llenaba y atiborraba la ciudad de mozos, de mozas y familiares de quintos que desfilaban, en medio de una manifiesta algarabía festiva y popular, por una buen parte de las calles de Cáceres, que se embadurnaban de cantos típicos, de coplillas de quintos, de conversaciones, de voces, de ese rumor callejero que emana de la aglomeración del gentío. Y que, de paso, invitaba al vecindario cacereño a asomarse a las ventanas y balcones, entre geranios y claveles, o corriendo los visillos y cortinas, para contemplar el espectáculo que representaba la estampa de los quintos, que acudían a presenciar el sorteo y saber de su suerte. Y que se iniciaba a las nueve de la mañana.

Todo un acontecimiento social que, a través de las ondas radiofónicas, divulgaban, en directo, con su sensibilidad habitual, con sus conocimientos, con sus hilos argumentales aquellos maestros que eran Cayetano Polo, Polito, o Gabriel Romero, que se encargaban de retransmitir el sorteo para toda la provincia. Y toda la provincia, claro es, conectando con ellos, con La Voz de Extremadura y las demás emisoras que iban surgiendo y fluyendo en el recorrido del paso del tiempo. Un acontecimiento que, al día siguiente, ocupaba, asimismo, un señalado espacio de las páginas de los periódicos locales, provinciales y regionales.

Se veían ropas de pana como se contemplaban boinas, se veían bufandas como trajes, se veían pantalones bombachos y jersey de lana, se veían chaquetas, se veían chaquetones de piel, se veían caras alegres de muchachos jóvenes llenos de vida, rostros expectantes ante el destino que les aguardaba en el cumplimiento de las obligaciones del servicio militar, y se contemplaban, al tiempo, rostros curtidos por la severidad de las faenas agrícola-ganaderas, sombreros, pañuelos en la cabeza, faldas negras, medias negras… Todo un montón de gente que acompañaba a los quintos procedentes de todos los pueblos de la provincia, y pasar el día en la capital. «Hoy se ha juntado toda la provincia aquí en Cáceres«, se escuchaba a los más mayores.

Los coches de linea, los taxis, los coches particulares, las motos, los trenes, no daban abasto.Los jóvenes, lógico, se agolpaban junto al paisanaje del pueblo. Y allá, hacia el cuartel, iba un contingente de paisanos en numerosos grupos de mozalbetes y quintos de Herguijuela, Valencia de Alcántara, de Trujillo, de Malpartida de Cáceres, de Guadalupe, de Montánchez, de Arroyo de la Luz, de Ahigal, de Torremocha, de Plasenzuela, de Alcuéscar, de Garrovillas, de Pescueza, de Ibahernando, de Serradilla, de Granadilla, de Zarza la Mayor, de Cilleros…

Todo era expectación en la ida hacia el Cuartel, por la confluencia de las calles Margallo y Barrio Nuevo (entonces José Antonio). Se veían bolsas y cestas de mimbre con comida para el almuerzo, con olor a pan candeal, a tortilla de patatas, a jamón serrano, a chorizo, a patatera, a filetes, a perrunillas, a roscas de alfajor, a pestiños, a madalenas, a mantecados, a rosquillas de anís… Y hasta a botas de vino con los buenos caldos de la zona. Y se veían, a la par, a novias, a padres, a madres, que acompañaban al quinto en un día de tan marcadas características entre regalos que le habían hecho ese mismo día, por la importancia de la fecha del calendario. Regalo al que se correspondía con dulces y copas en la casa del quinto. Y, después de quintas, y del servicio militar, ya se sabe, a enfilar la vida…

Camino del cuartel la muchedumbre marchaba por los amplios vomitorios humanos de las calles Margallo, Barrio Nuevo (antes José Antonio) y La Ronda, que llegaban desde lo alto de Cáceres, allá por la Cruz de los Caídos, injertándose poco a poco por el Paseo de Cánovas hacia abajo y haciendo alto en los bares y cafeterías del camino. El Avenida, por ejemplo, en el citado Paseo, el Jamec, por ejemplo, en Pintores, el Maleno, por ejemplo, en Moret, El Gironés, por ejemplo, en la Plaza de San Juan, el Toledo, por ejemplo, en la Plaza Mayor, el Rialto, por ejemplo, en La Concepción, el Pato, por ejemplo, en General Ezponda, La Parra y la Viña, por ejemplo, en la calle José Antonio, Peromingo, por ejemplo, en la calle Margallo.

El sorteo, en las dependencias del acuartelamiento, repleto del personal, se conformaba como todo un auténtico cúmulo de las más señaladas expectaciones. A veces entre olés porque el quinto desempeñaría sus funciones del servicio militar en Cáceres, y otros y otras deslizando unos riachuelillos de lágrimas porque a su familiar, y ya inminente soldado, le tocaba servir en las plazas españolas allá en tierra mora, allá en tierra africana, lo que conllevaba un aluvión de pesares, de disgustos y de quejas por la mala suerte que les había deparado el azar.

Tras el final del acto el hervidero humano transitaba por todos los establecimientos de hostelería expandidos por los cuatro puntos cardinales de la ciudad. ¡Vaya un trasiego humano del personal de todos los pueblos de la provincia…!

No había forma humana alguna de encontrar una mesa, una silla libre, ni tan siquiera un hueco en la barra del bar o de la cafetería. Corrían los bocadillos de calamares, las raciones de prueba de cerdo, de gambas al ajillo, de torta del Casar, las tapas de carne frita, las cañas de cerveza, los chatos con vinos del país, con preferencia por los de Cañamero, y tinto con los Montánchez, acompañados por unas patatas fritas del Gallo, las gaseosas, los cafés con un chorro de coñac, los carajillos, las copas de aguardiente, los cubalibres… Al medio, claro es, multitud de conversaciones. Sobre el sorteo, la vida de la mili, que allí sí que se hace uno o le hacen a uno un hombre de verdad, lo rápido que pasa el tiempo y que en nada menos ya estará el quinto con la cartilla verde como sinónimo de que ya se ha licenciado el soldado y, por tanto, ya queda exento del servicio militar…

Luego, más tarde, se escuchaban, también, coplillas populares propias del día de quintos.

Como, por ejemplo:
Si te toca te jodes,
que te tienes que ir,
que tu madre no tiene
dos mil reales pa tí.

O:

No llores, que yo no lloro,
porque me voy a la guerra;
tu se buena y te respondo
que he de volver a tu vera.

O:

A mí me ha tocado el uno
y a mi compañero el dos,
qué suerte más desgraciada
hemos tenido los dos.

O:

Ya se van los quintos, madre,
ya se van los buenos mozos,
ya se queda la plaza
de tuertos y legañosos.

O:

Los quintos cuando se van
pa las madres son las penas,
que las mozas se divierten
con los chavales que quedan.

O:

Ya se van los quintos, madre,
ya se va mi corazón,
ya se va el que tiraba
chinitas a mi balcón.

O:

La madres son las que lloran
que las novias no lo sienten,
se quedan cuatro chavales
y con ellos se divierten.

O:

Mi novio cuando se fue
me dijo que no llorara,
que echara penas a un lado
pero que no le olvidara.

O:

Yo no siento ir a Melilla
ni pasar por el Estrecho,
lo que siento es mi morena
que se queda en barbecho.

Otra variable de esta última coplilla es:

No temo ir a Melilla
ni pasar por El Estrecho
lo que temo es mi morena,
que otros la toquen los pechos

O:

Porque soy quinto de este año
ya no me vas a querer,
ya no saldrás a la puerta
como solías hacer .

En Piornal, por ejemplo, cantan:

Soy un quinto que la pinto
y no me meto con naide,
y el que se meta conmigo
ya veremos cómo sale,
ya veremos cómo sale,
soy un quinto que la pinto.

Finalmente señalar que la palabra quinto procede de cuando con la llegada de los Borbones, en 1704, se dictó una Ordenanza que ponía en marcha el reclutamiento de quintas, nombre que emanaba de que se elegía a uno de cada cinco mozos en edad militar a través de un sorteo.

NOTA: La fotografía está captada del periódico Hoy.

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LA PROCESION DEL CRISTO DEL PERDON HASTA LA CARCEL

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El Cristo del Perdón pertenece a la Real y Fervorosa Hermandad de Nazarenos y Cofradía de los Ramos, Cristo de la Buena Muerte, Virgen de la Esperanza y San Juan Bautista, fundada en 1946 con el nombre de Cofradía de los Ramos y Cristo de la Buena Muerte.

 

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Ante la puerta de la Cárcel Vieja de Cáceres se desarrollaba, con toda sencillez y solemnidad, la liberación de un preso gracias al Cristo del Perdón.

Una Cofradía que se puso en marcha gracias, entre otros, a nombres tan señalados en la historia de Cáceres como los de Juan Pablos Abril, semanasantero de pro, concejal, escritor y gobernador civil de Teruel y Santa Cruz de Tenerife, de Dionisio Acedo Iglesias, que dirigiría el periódico Extremadura a lo largo de muchos años, o de León Leal Ramos, uno de los fundadores de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Cáceres, en los primeros años del pasado siglo y seguidor de la doctrina apostólica social.

Una Cofradía que, ya en sus inicios, apuesta por la presencia de un Cristo del Perdón en las calles cacereñas durante la celebración de la Semana Santa. Un nombre de relevancia, de autenticidad, para un desfile procesional.

Y así fue. La Junta Directiva de la Cofradía apostó por poner en marcha el desfile procesional del Cristo del Perdón, que camina desde la Iglesia Parroquial de San Bautista hasta la Cárcel Provincial, por primera vez, en 1952, en un recorrido que vio todo Cáceres, con una gran aglomeración de ciudadanos a las puertas del presidio. Dándose inicio, de esta forma, a una señalada tradición que seguirían numerosos cacereños a las puertas del presidio.

CRISTO PERDON CACERES

El antiguo Cristo del Perdón procesionando hasta la Cárcel Vieja en una tradición, de señalada sensibilidad, que se mantuvo entre 1952-1963.

El motivo era porque se contaba con la novedad de que el Cristo del Perdón se pararía ante la cárcel de Cáceres y se procedería a liberar a un preso, siempre y cuando el mismo no estuviera incurso en delitos de sangre, sino por lo que se denominaba como delito contra la hacienda pública, popularmente conocido como contrabando, y que se encontrara, al tiempo, en la última fase de condena.

Para llevar a cabo dicha liberación del preso se requería el abono de una cantidad a fin de sufragar la multa correspondiente y poder dar la libertad al presidiario.

La colecta para la misma la encabezó don Antonio Rueda y Sánchez-Malo, a la sazón gobernador civil de Cáceres, con mil pesetas, más otras aportaciones populares que se establecieron de a peseta por colaborador.

Aquel primer año de una procesión histórica, la del Cristo del Perdón, el recorrido del largo desfile va desde la Iglesia de San Juan y pasa por la Gran Vía, Plaza del General Mola, Gabriel y Galán, Plaza del Duque, Muñoz Chaves, Juan de la Peña, San Blas y Héroes de Baler, hasta alcanzar la prisión.

En las puertas de la Cárcel Vieja se vivía un momento de intensidad emocional, entre la expectación popular, la emoción semanasantera, y el canto de saetas, muchas de las cuales salían de las gargantas de los presos. Aquel año, 1952, se procedió, pues, a la liberación del primer presidiario en la historia de la Cofradía y que respondía por el nombre de Manuel Robles.

Previamente se llevaba a cabo a la colocación de una capucha o verduguillo sobre su rostro, para ocultar su identidad.

Un recorrido que, en algunas ocasiones, regresaba subiendo por la Ronda o Cuesta del Cementerio, para llegar hasta la Plaza Mayor a través de la calle José Antonio, hoy Barrio Nuevo, bajar por General Ezponda, y enfilar la calle Pintores arriba hasta su llegada, nuevamente, a la iglesia parroquial de San Juan.

Sin embargo ya en el año 1963 se decide cambiar el recorrido procesional, rompiendo ese recorrido de emoción hasta la Cárcel Vieja, y el desfile semanasantero con el Cristo del Perdón permanece por las calles de la ciudad en medio, como siempre, del fervor popular y liberándose al preso en la sede del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura.

Una Semana Santa, la de Cáceres, que hoy es un lujo gozando del reconocimiento de Interés Turístico Regional, Nacional e Internacional.

Fuente: Blog CACERES EN OCHO DÍAS, de José María Avila Román, autor del libro NO SOS FIEIS DE LAS HORQUILLAS (Teoría inédita del hermano de carga cacereño)

NOTA: La fotografía del antiguo Cristo del Perdón forma parte del Archivo Documental de ese inquieto cacereño que es Fernando Montes Macías.

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LA TOSTADA EXTREMEÑA, UN MANJAR

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La tostada extremeña se considera como uno de esos suculentos manjares que forman parte del desayuno de la tierra, como para chuparse los dedos, y que miles de cacereños, de extremeños y de turistas, saborean, paladean y disfrutan cada día. Y que ya, afortunadamente, está incrustada en la tipología del desayuno tradicional de la tierra.

tostada extremeña

La tostada extremeña, pan, tomate, jamón y aceite, además de otros ingredientes, es un desayuno de inmenso placer en la cocina regional.

Creado, en su momento, con una gran imaginación, en base a los más que suculentos productos extremeños, y que desde hace un determinado tiempo los catalanes tratan de imponer bajo la denominación de pa amb tomàquet i pernil. Lo que no es justo ni serio. O sea, pan con tomate y jamón. Es decir, una tostada extremeña. Incluso si tiramos de la denominación de la enciplodeia Wikipedia veremos cómo se señala que la misma «es una comida tradicional catalana con antecedentes en las costumbres culinarias de trabajadores extremeños –también se señalan andaluces y murcianos– que emigraban hacia otras zonas de la Península Ibérica».

Queda claro pues que el pa amb tomàquet i pernil, además del resto de ingredientes, tiene un origen netamente extremeño. Lo que ya es hora de decir, de reivindicar y de proclamar alto y claro en defensa del nombre de Extremadura.

La tostada extremeña, que se va imponiendo a fuerza de trabajo y de prestigio, se está configurando como una delicia de la cocina tradicional y costumbrista auténticamente extremeña. Y a la que, al menos en este caso, no le hacen falta extranjerismos que usurpen su nombre.

tostada cacereña

Otra imagen de la rica tostada extremeña debidamente aliñada con los ingredientes correspondientes.

Un desayuno, el de la tostada extremeña, que viene luchando desde hace largos años con otros productos históricos de la cultura del desayuno de la tierra. Como son los riquísimos e históricos churros, de agua, harina y sal, como es la cachuela, un producto de matanza que se conforma básicamente de hígado de cerdo, frito en manteca de cerdo, y mezclado en un preciado revuelto con cebolla, ajo, pimentón y otras especies, como son las migas, de las que hay y existen infinidad de variables y recetas. y como son las pringadas, rebanadas de pan frito, eso sí, de pan del día anterior, y que con o sin azúcar, conformaron una verdadera delicia en sus buenos tiempos. Productos todos ellos, por cierto, que, en nuestra tierra, son un lujo.

Sin embargo esta lucha por hacerse un hueco en el desayuno resulta dura, en opinión de los entendidos. Aunque lo interesante es, creemos, eliminar, por justicia el nombre catalanizado, que, dicho sea de paso, no tiene, para más inri, ningún componente catalán.

La tostada extremeña, consiste, sencillamente, en regar una tostada de pan de pueblo, mejor en horno de leña que en tostadora, con un poco de aceite afrutado, aceite de oliva virgen extra,, pasar un poco de puré de tomate natural, cortados a la mitad y rallados para separar la pulpa de la piel y las pepitas, y añadir, posteriormente, unas buenas lascas de jamón ibérico de bellota.

cerdos en montanera

Una piara de cerdos extremeños en montañera.

A ser posible, claro es, con la Denominación de Origen Extremadura y, por tanto, procedente de cerdos criados en lo más puro y natural de la plena naturaleza extremeña, a campo abierto, correteando las piaras siempre libremente por las dehesas y alimentándose a base de bellota. El ajo y el pimentón pueden considerarse optativo. Si bien se recomienda que de utilizar pimentón sea el de La Vera. Lo que se dice todo un manjar, un lujo y unja exquisitez para el paladar.

Por si alguno de los lectores lo desconociera la tostada cacereña o extremeña tiene siete virtudes que merece la pena citar para su conocimiento y animarle a que desayune la misma. Y estas virtudes son las siguientes:

  1. Son buenas para comer.
  2. Mejor para beber.
  3. Buenas para dormir.
  4. Mejor para digerir.
  5. Aguza el diente.
  6. Mueve el vientre.
  7. Y pone las mejillas colorás.
olivar extremeño

El olivar cacereño y el riquísimo aceite que emana de los mismos goza de un reconocido prestigio internacional.

Por si fuera poco ahora circula un post por Facebook, en el que orienta sobre la cultura histórica de la Tostada Extremeña. Y que se podría componer, pero solo como un simple ejemplo, para un gustosísimo sabor del paladar, de pan extremeño de Trujillo, de tomate extremeño de Miajadas, de aceite extremeño de Monterrubio, de ajo extremeño de Aceuchal, y de jamón, se subraya, de cualquier parte de Extremadura. Pero sin descartar, añadimos, dichos productos y componentes de cualquier parte. Por ejemplo, aceite de la Sierra de Gata, el pìmentón de La Vera, las hogazas de pan, siempre artesanales, claro es, de las que aún se siguen elaborando en la mayoría de las panaderías de los pueblos de Extremadura.

Lo que sí se podría cuestionar, que en cuestión de gustos no hay nada escrito, es si el acompañamiento se hace con café o con un buen vino, que de todo hay en la viña del Señor. Aunque los expertos señalan que si es a primera hora debiera de ser con café. Y de media mañana en adelante, con lo que le pida el cuerpo al cliente.

secadero jamones

Un secadero de jamones extremeños procedentes de cerdos criados en las dehesas de la tierra.

Asímismo podemos añadir, para que culminar el ánimo a su degustación, que los beneficios del jamón son altamente significativos para la salud por la cantidad de minerales que se conforman en el mismo, en opinión de los estudiosos. Como son, por ejemplo, por citar unos cuantos el hierro, el cinz, el calcio, el fósforo y el magnesio. A lo que hay que añadir que tan delicioso producto también contiene vitamina B1, B2, B3 y B6. Además de poseer, al mismo tiempo, un bajo aporte calórico. Asimismo se señala que ayuda a la prevención de la osteoporosis y de la arterioesclerosis.

Más alicientes, pues, parece imposible encontrarlos. Consume, pues, amigo, tostada extremeña. Todo un placer. Y si lo divulgas y acabamos con el sonsonete de la catalanización del pa amb tumaca, mejor que mejor.

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AQUEL DIA QUE DESAPARECIO LA FERIA DE SAN MIGUEL

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A finales de septiembre del año 1948 se ponía en marcha la Feria de San Miguel de Cáceres. Una Feria llena de ilusión y de vida, tanto en y desde el Ayuntamiento como en el pueblo cacereño que acogió su puesta en marcha con un una más que agradable calidez popular.

cartel feria septiembre 1954 por zori

Precioso cartel anunciador de las Ferias y Fiestas de San Miguel, en septiembre de 1954, pintado por Zori.

Un empeño y un logro del entonces concejal el doctor Juan Pablos Abril, que, posteriormente, sería gobernador civil de Teruel y de Santa Cruz de Tenerife.

Pero la Feria de San Miguel murió muy joven con tan solo treinta y ocho años de vida. Justo cuando el uno de octubre del año 1986 la caravana ferial se despedía, ya para siempre, de la ciudad de Cáceres cuando llegó a arraigarse como una tradición de inveterado calado en las estructuras festivas, populares y humanas de la ciudadanía cacereña.

Corrían el 1 y el 2 de octubre del año 1986. Y los últimos feriantes que habían colocado sus instalaches y cacharritos en el Recinto Ferial, con motivo de las Fiestas de San Miguel, abandonaban, en una caravana de silencio y despedida, y con las lágrimas parpadeando en el rostro y el alma de todos los cacereños y también, claro, de los mismos feriantes, nómadas, ambulantes y errabundos por el panorama festivo de la geografía provincial y nacional.

Habían finalizado, de forma definitiva, las Ferias y Fiestas de San Miguel, que en 1.948 ponía en marcha el concejal Juan Pablos Abril, en medio, cuentan las crónicas, de una recepción y algarabía popular.

Y que, al mismo tiempo, se marchaban en un adiós, para no engañarnos, cuajado de pena entre el llanto y el pesar de los más pequeños y el sentimiento, también de lástima, de los más mayores, que ya se habían habituado a esas Ferias y Fiestas, tan cacereñas, en honor de San Miguel.

Y en las que a decir verdad, se volcaba, como siempre, el todo Cáceres, entre rayos de luz de magia y alegría, entre alegrías, risas, celebraciones, espectáculos, y ese grito de «¡Vamos a la Feria…!«.

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La fotografía de Juan Guerrero capta el recinto ferial del Rodeo en los finales de los años 50.

Ferias nacidas en torno a la tradición ganadera, allá en el histórico recinto ferial del Rodeo, donde siempre se reunió una extraordinaria multitud en torno a sus tradicionales fiestas, en este caso las de septiembre, en honor a San Miguel.

Ferias, aquellas nuestras Ferias y Fiestas de San Miguel, a finales de septiembre, y que durante tan solo treinta y ocho años, porque la vida y las decisiones políticas son así de severas-

Pero que, sin embargo, como todas las fieras, lograron hacer las delicias de pequeños y mayores, que siempre aguardaban la apasionante llegada de los días feriales como un sueño de realidad crecido con un ramillete de ilusiones, de alegrías de risas, de felicidad, con la festividad participativa en medio de todo un gigantesco carnaval de atracciones.

Pero ese gigantesco e inmenso Carnaval Ferial, de tanta hondura y raigambre, estaba condenado a desaparecer, qué curioso, desde las campas de la vías políticas. Lo de siempre.

CARTEL SEPTIEMBRE 1975

Cartel anunciador de las Ferias y Fiestas de San Miguel, del año 1975. Toda una explosión de color, de belleza y de escenificación artística.

Pero ese 1.986 la caravana circense de las Ferias Septembrinas de San Miguel se despedía de Cáceres, dejando, atrás, la ciudad, sin tiovivos ni norias, sin circos ni carrouseles, sin caballitos ni coches de choque, sin circos ni puestos de churro, sin tómbolas ni puestos de turrones o de chucherías variadas. Ya, sencillamente, no regresarían con multicolor representación, en San Miguel, a Cáceres.

Una Feria que dijo adiós casi en silencio. Con el sentimiento y pesar de los cacereños, con la pena de la grey infantil, con la desilusión de los mayores. Y, relatan muchos, con incomprensiones.

La ciudad de Cáceres sintió en sus carnes la despedida a unas Ferias, las de Septiembre, en honor de San Miguel, que ya se habían abierto un hueco de sentimiento tradicional en la ciudad, gracias, sobre todo, al aplauso de todos los cacereños.

Aquellas Ferias se despedían. Y en las que se había bailado al ritmo de a la Orquesta Platería, se había reído con Gila, se escucharon las canciones de Rocío Jurado, donde el flamenco se hizo un arcoíris con Carmen Linares, donde Francisco Umbral pronunció el pregón, donde actuó Nacha Pop, donde torearon Curro Vázquez, Luis Reina y Juan Mora, y donde miles de cacereños recorrieron el ferial arriba y abajo, con el estruendo y la confusión de músicas en una competición de altavoces, como siempre.

Hubo un tiempo posterior, incluso, en que algunos concejales de la ciudad pensaron en ponerla en pie con la celebración del Día de Extremadura. Lo que no llegó a pasar porque, al final, las cosas son como son y no como uno quisiera.

¿Cuándo volverán las Fiestas de Septiembre? ¡Va, pues, no obstante, un brindis por la Feria de San Miguel…! Aunque mucho nos tememos, por mor del paso del tiempo, que se va quedando poco a poco atrás, y por las escasas ilusiones de otros, que la Feria de San Miguel, que tanto marcó la vida de la ciudad de Cáceres, de sus pequeños y de sus mayores, ya dijo adiós definitivamente.

CARTEL FERIA SAN MIGUEL CACERES 1960

Y este es el cartel que lucieron las Ferias y Fiestas septembrinas, en honor a San Miguel, del año 1960.

Toda una lástima que comparten, todavía hoy, veintinueve años después, miles y miles de cacereños, de diversas generaciones, que siguen sin entender cómo y por qué un buen días alguien decidió sin dar mayores explicaciones, que se había terminado la siempre cacereñísima Feria de San Miguel, con la que tanto disfrutaron, sintieron, rieron y paladearon todos los ciudadanos.

El hecho evidente es que, al finalizar las Ferias y Fiestas de San Miguel, correspondientes al año 1986, los feriantes, con sus caravanas y atracciones multicolores, inundados por la nostalgia y el sentimentalismo, por la melancolía, como le pasó a un inmenso gentío del paisanaje cacereño, dijeron adiós, entre un puñado de lágrimas y de nostalgias, a una gran Feria que, desde sus inicios, caló de un modo profundo en lo más hondo de los sentimientos y de la ilusión y en el alma de una ciudad que aún, tanto tiempo después, continúa echando en falta y reclamando aquella feria septembrina.

Mientras tanto son otros los que tienen la palabra para que vuelvan, o no, las Ferias y Fiestas de San Miguel, de tan excepcional calado, durante su presencia, en el calendario festivo cacereño.

NOTA: La fotografía del recinto ferial del Rodeo es obra del gran artista cacereño Juan Guerrero.

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DE LAS PELEAS DE GALLOS A LA CALLE REÑIDERO DE GALLOS

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Vamos a hacer una pequeña incursión por una tradición de largas raíces y de muchos años en Cáceres, cual es la de las Peleas de Gallos.
PELEAS DE GALLOS

Las Peleas de Gallos han sido una costumbre, desde finales del siglo XIX hasta finales del siglo XX, en la ciudad de Cáceres.tradicional Barrio de Aguas Vivas.

Es de señalar que las peleas de gallo llegaron a convertirse en una pasión, entretenimiento y afición de muchos cacereños, que se cruzaban apuestas de variadas e importantes cuantías, que allá que acudían a la Gallera, Reñidero de Gallos o Canchas de Gallos, que decían otros, situándose una de ellas en la esquina de Alfonso IX con la calle Comandante Sánchez Herrero.

Una tradición de señalado relieve con especial énfasis desde finales del siglo XIX, y que fue avanzando a lo largo del pasado siglo, aunque ya por los ochenta comenzaron a decaer. Si bien la fuerza y la pujanza costumbrista debió de ser tanta que el callejero cacereño se enriquece hoy con una calle denominada Reñidero de Gallos situada en el popular y cacereñísimo barrio de Aguas Vivas.

En este sentido no debemos dejar atrás, como manifestación importante de esta tradición de Peleas de Gallos en Cáceres que ya en el programa ferial correspondiente al año 1913 hace la friolera tan solo de ciento dos años, figuran de forma destacada las mismas junto a las Dianas Floreadas, el mercado de ganados, los bailes de sociedad y verbenas, el disparo de morteros, las corridas de toros o el teatro.

En la Calle Reñidero de Gallos se encontraba el principal de los recintos que había en Cáceres, que convocaba a numerosos cacereños que seguían en el interior del Gallero entre gritos de aliento, en función de sus apuestas, las pasiones y ánimo a sus gallos y que habían sido criados solo para un duro combate. Una pelea en la que el gallo luchaba hasta la extenuación. O mataba o moría.

El mejor gallero de Cáceres y de Extremadura, según relatan las crónicas, fue Diego García, a quien la ciudad conocía como Diego Reculo, Diego, por nombre de pila, y Reculo por el nombre dado al mejor gallo de su gallera. Diego García, a la sazón, era el padre de ese gran cantante o cantaó que es El Niño de la Ribera.

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Dos gallos en el transcurso de una dura pelea entre ambos.

Los gallos eran preparados debidamente para el esplendor y el riesgo del combate. Y disponían, al parecer, de una señalada alimentación, de todo tipo de cuidados, de entrenamientos intensivos para aumentar sus fuerzas, correr mucho para el fortalecimiento del cuerpo, y otros ejercicios preparatorios para el combate, y en el que, quizás nunca mejor dicho, el gallo se jugaba la vida.

No obstante es de señalar que las peleas de gallos, que en su día gozaron de gran fervor en algunos sectores de cacereños, fueron ilegalizadas por la Junta de Extremadura en el año 2002. Si bien la crianza de los gallos de pelea no está prohibida.

De este modo es de señalar que en un reportaje publicado en el diario Hoy el 8 de abril de 2012, titulado «Extremadura exporta gallos de pelea», que en la región hay unos seis mil gallos de pelea y que unos trescientos extremeños se dedican a la cría de los mismos. Unos apuntan que los mejores gallos de pelea se criaban en la Ribera del Marco y que ahora ya es en Aldea Moret.

Por último es dejar constancia de que, dentro de la fraseología popular, cuando una persona discute con mucha vehemencia se dice: «¡Vaya un gallito de pelea que está hecho!». Incluso, en nuestros tiempos niños, al líder de la pandilla las personas le conocían como el Gallito del grupo.

NOTA: La primera fotografía está captada de la página www.expresiononline.com y la segunda de la página noticel.com

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