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Archive For The “Cáceres hoy” Category

MANUEL VAZ-ROMERO, IN MEMORIAM

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Cáceres llora hoy el fallecimiento de Manuel Vaz-Romero. Un hombre de exquisita sensibilidad cultural, humana, humanista y humanística, amigo del alma, del que tanto aprendí en aquel despacho de mi padre, entre conversaciones de cultura histórica, periodística y ciudadana de Cáceres, que, lamentablemente, nos ha dicho adiós.

 

manuelvaz-romero2El maestro, el amigo, el compañero, el historiador, el honrado trabajador, siempre con cientos de proyectos, por su Cáceres de la vida, por su compromiso con la ciudad. Y, como honor especial para quien escribe estas líneas, compañero de página en REGION DIGITAL, querido Manuel.

Licenciado en Historia, escribió la tésis “Cáceres bajo el franquismo (1936-1939)”, fue ejemplo y modelo de profesor en Centros como el Colegio Diocesano o el Instituto Nacional de Enseñanza Media “El Brocense”, se volcó, asimismo, en escribir artículos, de una señalada sensibilidad emocional alrededor, casi siempre, de la fenomenología argumental de Cáceres… Y poco a poco, más allá de su predicamento profesoral en las tribunas y estrados de las aulas docentes, entre críticas de arte, reseñas literarias y su hondura en la idea fija que todos pudiéramos conocer más y mejor Cáceres se adentró en la profundidad de los libros…

Por ello, un buen día, se arremangó en su casa, con una cafetera al lado, y empezó a perfilar sus primeros y armónicos compases que iban a conformar el trazado y la estela literaria de su senda. Siempre abierta, siempre intensa, siempre profunda, siempre interesante.

Docto, culto, inquieto, Manuel Vaz-Romero ha ido puliendo su camino de investigador. Lo que hoy, para ser claros y agradecidos, representa todo un honor para la ciudad y un lujo para quienes gozamos de sus charlas, de sus consejos, de sus opiniones, de su prudencia, de su sabiduría, de su buen humor, de su educación, de su cortesía, de su cariño, de sus conversaciones, de su afán cultural y de sus enseñanzas.

Trabajaba con rigor en la pasión con, de, en, por y para Cáceres, con exquisita amenidad e interés con el alumnado, buscaba y perseguía la charla amiga de sus referencias intelectuales.

Charlamos mucho no, muchísimo, con motivo de la elaboración de su libro “Valeriano Gutiérrez Macías, el sencillo hombre de la tierra parda”, y hace tan solo unas semanas cuando vio, leyó y se emocionó con mi artículo “El primer cuento de don Valeriano”, publicado hace escasos días en “Región Digital”, junto a uno de sus artículos habituales en este periódico, me lo pidió para incorporarlo a su Archivo.

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Uno de sus libros más relevantes: «Manuel Llopis Iborra, la huella luminosa de un Obispo».

Así, a vuelapluma, en estos apuntes y en esta semblanza de urgencia, me acuerdo de algunas de sus publicaciones “Cáceres, fantasía de piedra y luz”, “La ciudad de Cáceres y sus alcaldes en el siglo XX”, “La Diputación Provincial de Cáceres y sus presidentes”, “Manuel Llopis Iborra, la estela luminosa de un Obispo”, “Alfonso Díaz de Bustamante, un alcalde ejemplar”, “Hijos Predilectos y adoptivos de Cáceres”, “Manuel Veiga, un afán de transformación social”…

Ahora trabajaba, entre otros temas que saturaban su despacho de ideas volanderas a las que perseguía de forma insistente, tratando de alcanzarlas todas. Pero en un ingente reto se afanaba en una obra de complejos considerandos: “Obispos de la Diócesis Coria-Cáceres”. Y ya había adelantado sus primeros pasos en esta publicación con señaladas pinceladas sobre una serie de aquellos prelados que rigieron los destinos de la diócesis.

Como es el caso de sus trabajos y artículos alrededor de las figuras de algunos de los prelados que rigieron los destinos de la diócesis Coria-Cáceres: Marcelo Spínola, Ramón Peris Mencheta, Dionisio Moreno Barrios, Francisco Barbado Viejo, Francisco Cavero y Tormo, Ciriaco Benavente Mateos o Francisco Cerro Chaves…

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Manuel Vaz-Romero con la fotografía de uno de los Obispos más señeros de la diócesis Coria-Cáceres.

Manuel Vaz-Romero era, sobre todo, un gran tipo, una excelente persona, educadísimo, correcto, cordial, de corazón honrado, de pasión por el cacereñismo…

Adiós, Manuel, siempre mi querido amigo, desde estas líneas de urgencia, ahora que releo tu último correo electrónico, del pasado 25 junio, menos de un mes, en el que me señalabas: “Sigo tus artículos con mucho interés, pues se te nota el mucho amor con que trabajas esta clase del mundo cacereñista, que ambos profesamos”.

Al hilo de esta despedida quisiera dejar el calor humano de aquella entrevista en el periódico Extremadura, con motivo de la publicación de su libro “Alforjas para un viaje”. A la pregunta del redactor sobre el eje central del libro y su mensaje respondió: “El libro pretende ser ante todo un homenaje a una tierra estigmatizada, pero al mismo tiempo mitificada, incluso hoy. Es un recuerdo de Las Hurdes esa “Tierra sin Tierra” de Victor Chamorro, “Clamor de piedras” de Pérez Mateos y “Tierra de silenciode Juan de la Cruz Gutiérrez.

Permíteme, lector, pues, que se me resbalen unas lagrimillas por los carriles del rostro humano, que nacen en el riachuelo emocional del tiempo pasado, desbordado de ingentes recuerdos, y que si pestañeo, y se cae una lagrimilla en el escrito, lo pases por alto, lector.

Adiós, Manuel, hasta siempre…

NOTAS:

01: Artículo publicado en el periódico digital extremeño REGION DIGITAL el 23 de Julio de 2016, tras el fallecimiento de Manuel Vaz-Romero.

02: La primera de las fotografías está captada del periódico digital extremeño «REGION DIGITAL».

03: La tercera de las fotografías está captada del periódico «EXTREMADURA«.

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NO ERES DE CACERES SI…

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El 13 de diciembre de 2015 se celebró una Quedada del grupo No eres de Cáceres sí en el Casco Histórico Monumental para recorrer sus callejuelas y plazoletas de la mano de César García, un jabato del cacereñismo, un lujo de guía, y disfrutar de sus explicaciones sobre la historia, las historias, las leyendas alrededor de esa inmensa Ciudad Medieval.

 

NO ERES DE CACERES SI...

Los asistentes a la Quedada del grupo «No eres de Cáceres si…», siguen, atentos, las explicaciones de César García.

Me dolió el alma, al menos un poco, por no juntarme con el grupo. Y, luego, el recorrido del vídeo de la Quedada con una notable crónica del periodista Paco Mangut, el sabor de la savia y el saber de César García, que sabe de Cáceres lo que no está en los escritos, el camino y el trasiego a lo largo y ancho por el Casco Histórico Monumental, la historia y la leyenda, la hazaña y el misterio, el silencio y el murmullo del grupo…

La música de fondo elegida, con precisión de cariño y acierto, por Paco Mangut, con la emocionante canción de Pablo Guerrero entonando su creación  «Por una calle de Cáceres«, sus palabras, que venían a compendiar el sentimiento de todos los componentes del Grupo, me han llevado a repasar un par de veces esa sobresaliente crónica de la Quedada de No eres de Cáceres sí…

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38 AÑOS DEL MERCADO FRANCO

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El 14 de diciembre de 1977 figura en las páginas de la historia de Cáceres porque, por fin, tras una larga insistencia y batalla que estaba presentando desde hacía años la Asociación de Amas de Casa de Cáceres, se ponía en marcha el Mercado franco de la ciudad.

 

Una idea, un proyecto y una lucha, la del Mercado franco, que salió adelante con la llegada de UCD al Gobierno, gracias en buena parte a la sensibilidad del primer gobernador civil de la democracia, Luis García Tafalla, que amparó la idea de las amas de casa de Cáceres, cuya fundadora y presidenta fue Josefa Toboso.

mercado camino llano luis montes

El Mercado del Camino Llano se puso en marcha en 1977. Hace, ya, 38 años…

Su objetivo era, sencilla y llanamente, el de luchar con ahínco contra la subida de los precios así como de la cesta de la compra, que, por alguna extraña teoría, nadie sabe explicar por qué crecen más que los salarios.

No obstante nuestro querido amigo y compañero José María Parra, ya fallecido, en su conferencia «Nuestro Cáceres de ayer y hoy«, dentro del ciclo titulada «Los Misterios de Cáceres«, que impartiera bajo la coordinación del profesor Esteban Cortijo, señalaba, respecto al Mercado franco, lo siguiente:

«Luis García Tafalla erra inspector de trabajo en Badajoz y le gustaba la buena vida. Viene a Cáceres y se da cuenta de que aquí el coñac «Torres» de cinco años es más caro que en unos almacenes de Badajoz, y esto le hace pensar que Cáceres es una ciudad cara y buscó una solución que no tardó en encontrar y poner en marcha: el Mercado Franco, de la mano de la Asociación de Amas de Casa y del alcalde, a la sazón Manuel López. El precio del coñac hizo que en diciembre de 1.997 se creara el Mercado Franco del que aún continúan protestando los empresarios cacereños. Ahora tenemos 500 puestos y un problema que no hay quien lo salte«.

Con la inauguración del mercado franco en Camino Llano, como me comentara Luis García Tafalla aquel mismo de su arranque, se daría marcha a la competencia, alegría al ciudadano y vida a la ciudad. Aunque otros, subrayaba con ironía y deportividad, se cabreen un poco por la rivalidad comercial. Ese otro, claro es, eran los comerciantes.

Todos aunaron fuerzas y dicho y hecho. Aquel mercadillo, que se aglutinaba por la Plaza, aprovechando el tirón de la gente que acudía al antiguo mercado, donde se vendían frutas, pescado y carne, que arrancara en 1931, y que en su día llegó a tener hasta pavos, gallinas, patos y navideños en un guirigay de escandalera descomunal, ahora que se acercan las fechas, ya se convertía en Mercado franco.

Desde entonces, de miércoles en miércoles, se escuchan en el Mercado franco miles de voces, de ofertas, de pregones del tenor de «¡Venga guapa, vamos!«. «¡Aprovecha la oferta que hoy estamos que lo tiramos todo por la ventana!«, «¡Por el precio de uno te llevas no dos ni tres, sino hasta cuatro!«, «¡Bueno bonito y barato…!«. «¡Vamos, que nos vamos!«, «¡Vaya chollo, señora!«…

También había, lógico, y se continúan ofertando buenos productos de las huertas cacereñas. Desde tomates hasta repollos, desde coliflores a higos, desde acelgas a escarolas, aceitunas, peras, uvas, toda clase de embutidos, quesos diversos, ferretería, menaje, pasando por las más variadas prendas de tela, cosméticos, todo tipo de los siempre riquísimos dulces cacereños, industriales y artesanales, calzado, plantas, flores, aluminio, plástico, cerámica artesanal y un puzle de mil propuestas para el consumo.

Un mercado variopinto, festivo, de color, de mirar por el cuidado del bolsillo y del monedero casero y de curioseo ciudadano. Por la compra, por el regateo, por la variedad de la oferta y el estudio del cliente sobre los precios comparativos y, también, por aquello de pasar la mañana de un modo divertido.

Su emplazamiento inicial llenó al Camino Llano y zonas aledañas, de puestos ambulantes, de calor humano, de griterío imparable de un mercado de vendedores de múltiples ofertas, de curiosidades, de amas y amos de casa tirando del carrito de la compra, de visitantes de todo tipo y condición. O sea, de murmullo callejero y de trajín. Y de vida.

mercado teofilo

Oteando el panorama desde el tenderete… Una gran fotografía de Teófilo Amores.

Todo un acierto en la socioeconomía local que festejaron casi todos. Menos algunos comerciantes. De ahí que, con el paso del tiempo, el aumento de los puestos invadiendo las zonas próximas, la Plaza Marrón, la calle Clavellinas o la calle Colón, el aumento, también de visitantes y compradores, y su incrustación en uno de los centros urbanos más señalados de la ciudad, las autoridades decidieran posteriormente, que el lugar ideal para ese mundo de comercio y transacción, entre la oferta y la demanda, era El Rodeo, por su capacidad expansiva y donde se instalarían un montón de puestos, alrededor de trescientos, a partir de 1988.

Una medida que conllevó, al principio, severas divergencias entre el Ayuntamiento y los comerciantes, que consideraban inadecuado el llevarlos a una zona supuestamente lejana.

Pero, al final, la paz fue posible, fructificaron los acuerdos, a pesar de que se negoció, y mucho, si el mismo se trasladaba a la Avenida de Portugal. Pero acabaron, claro es, en el Rodeo. Y aunque el acuerdo inicial era el de zona alrededor del pabellón «Juan Serrano Macayo» y sus cercanías, esto es, las avenidas de Pablo Naranjo Porras, del Brocense y de Muñoz Torrero, el hecho evidente es que se fue alargando, extendiendo y creciendo de modo considerable.

mercado ronda de la pizarra

El Mercado franco de Cáceres en la Ronda de la Pizarra.

Más como todo evoluciona y la ciudad se iba expandiendo también por aquel área del Rodeo, el Mercado franco se traslada, once años después, ya en agosto de 1999, a la Ronda de la Pizarra, y que acoge sus instalaciones. Como consecuencia surgen, de nuevo, las discordancias y las protestas y las quejas de los comerciantes y mercaderes, que no le veían futuro como no se lo vieron al anterior cambio del Camino Llano al Rodeo, aunque a fe que nunca les fue mal. De lo contrario, como señala el dicho popular, puede que no estuvieran.

Mientras tanto van transcurriendo los años, continúa de forma paulatina, casi sin darnos cuenta, el crecimiento del entorno urbano de la ciudad, y el Mercado iba quedando semiencerrado en la Ronda de la Pizarra. Por lo que se llega a un nuevo debate acerca de su próximo traslado. Se barajan opciones como la Mejostilla, Casa Plata, Maltravieso y El Ferial.

Pero al final se decide el acuerdo de su traslado a la Vega del Mocho, donde se sitúa el mercado a partir de principios de 2012, y en el que, a estas alturas, ya se instalan semanalmente quinientos y pico largo de puestos. Lo que supone una parte importante para la economía de los vendedores del Mercado ambulante, que siguen quejándose de que el emplazamiento no les atrae. Lo mismo que los vecinos muestran su oposición al Ayuntamiento. Lo de siempre. Quejas de unos, enfados de otros, disconformidades de las tres partes en litigio. Consistorio, comerciantes y vecinos.

Al tiempo, la población visitante del mercado franco o mercadillo, como se señala en la tipología popular, aumenta. Como aumentan el flujo de operaciones mercantiles, las tertulias de los viandantes revolviendo entre las prendas, tocando y retocando la madurez de las frutas, comprobando la viabilidad entre el previo, el regateo y el acuerdo final para proceder a la compra, llenar el carro de una diversas de alimentos y prendas, de cosas necesarias e innecesarias, pero que «¡Era un chollo…!» o «¡Menuda ganga!«, comentan entre sí las vecinas…

Mientras tanto los mercaderes ambulantes cacereños siguen pensando que su lugar idóneo, hoy por hoy, como ya barajaron en su tiempo, es Casa Plata. O sea junto a la Charca Musia, donde hace cincuenta años los chiquillos y  jovenzuelos de entonces acudíamos en bandadas, como las golondrinas, como los grajos, como los aviones, a bañarnos, clandestinamente, en los calurosos estíos de aquel Cáceres de entonces.

NOTA: La primera de las fotografías ha sido facilitada por Luis Montes Quijada, la segunda es de Teófilo Amores y la tercera está captada del periódico «Extremadura«.

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CALLE CALEROS, ¡PEDAZO DE CALLE…!

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La calle Caleros, una de las más antiguas, importantes y de gran sabor popular de Cáceres, por antonomasia, y que aparece, como tal, en documentos del siglo XIV, tras la reconquista de la Villa, surgió en la necesidad de la expansión de la ciudad ante el aumento demográfico y que comenzaba a crecer, ya en la Edad Media, más allá de la ciudad Intramuros conformando, por tanto, la zona Extramuros.

calle caleros foto blog pueblos de españa.

La calle Caleros es una de las de mayor sabor popular de toda la ciudad de Cáceres y que bordea la muralla.

El nombre de la calle Caleros tiene su origen en la costumbre de que los integrantes de un mismo gremio y actividad habitaran en la misma rúa, que, en este caso específico, bordea la muralla por su parte oriental, transcurriendo entre el Arco del Cristo y el Arco del Socorro. Precisamente la blancura es una de sus señas de identidad.

Acaso porque hubo un tiempo, largo, en que uno de los distintivos de la calle, del barrio, cuyo corazón es la calle Caleros, y de una buena parte de la ciudad, consistía, precisamente, en el encalamiento de las fachadas y de los patios, que se blanqueaban de forma periódica, lo mismo que el resto de las dependencias de las casas.

La calle Caleros, cuyo gremio de artesanos y comerciantes, fue, en su momento, y a lo largo de mucho tiempo, uno de los más numerosos de Cáceres, de acreditado prestigio, por la calidad de la cal, por la de los caleros, por la de la propia caliza y por los calerizos, fue, también, al comienzo de su nacimiento, claro es, uno de los arrabales de aquella villa.

Tal cual lo iban siendo otros barrios como el de Moros, por los que comenzaba a fluir, de forma paulatina, una parte de la vida urbana. Y es que, al parecer, en la misma calle Caleros llegaron a confluir en sus buenos tiempos más de cuarenta hornos que lograron convertir a la calle en una de las más industriales de la ciudad. Incluso, al parecer, en Cáceres hasta pudo haber, al tiempo, hasta cien hornos de cal, que se repartían, básicamente, entre la Ribera del Marco y El Calerizo y que con el paso del tiempo, poco a poco, irremisiblemente, iban desapareciendo.

Señalemos que las caleras, de una altura de entre dos y tres metros, eran hornos de combustión conformados de piedras superpuestas. Los caleros llenaban la parte superior de piedras de tipología caliza. El mismo se abría, por la parte baja, con una puerta por la que se introducía la leña para alimentar la elaboración de la cal, y que tenían que mantenerse en combustión entre doce y dieciocho horas. En función de la cal que pretendiera extraerse. Un oficio duro, severo, sacrificado. Pero que honró, y de qué manera, a la calle y a Cáceres.

caleros. rotulo. hoy.

La Calle Caleros muestra toda su profundidad y tipología popular en esta fotografía.

Un día, de hace ya siglos, pues, el Concejo de la Villa de Cáceres decide poner nombres de gremios a las calles y plazas. Como el de Caleros. En el callejero local figuran, asimismo, entre otras, calles con nombres como Pintores, Carniceros, actualmente Sergio Sánchez, Tenerías, Labradoras, Caldereros, Carreteros, Aperadores, Hortelanos, Hornos, Plaza de las Canterías y, muy recientemente, el Ayuntamiento honraba a todo Cáceres con la Avenida de las Lavanderas y Turno de Oficio, dedicada, claro es, al gremio de la abogacía.

Una industria, la de los caleros, de señalada importancia en la historia social y económica de Cáceres. Hasta el extremo de que el ex ministro y ex presidente del Gobierno, Segismundo Moret, le concedió tanta importancia que. gracias al descubrimiento de las minas de fosfato y de cal, emanado de la zona, logró llevar el tren hasta la boca de las mismas, generando una intensa actividad que posibilitó el alzamiento y construcción de un poblado de extraordinario relieve en la vida de la ciudad.

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Una imagen de los años sesenta con una lavandera en la confluencia de las calles Caleros y Villalobos.

Una Villa, la de Cáceres, que en 1880, cuando aún no era ciudad, acordó poner en su honor el nombre de Barrio de Moret, que posteriormente pasaría a denominarse Aldea Moret. También el Concejo le nombró Hijo Adoptivo en el año 1881 y hasta le dio, en el año 1913, el nombre de una de las calles más importantes y transitadas del casco urbano. La hasta entonces denominada Cortes.

La calle Caleros, cuya armonía estética han sabido conservar a base de bien sus vecinos, sin que la misma pierda el menor relieve, lo que es digno de consideración, se abraza, en sus proximidades, a todo un inmenso río de rúas y plazas de entrañable sensibilidad como son Fuente Concejo, la Plazuela del Socorro, Ribera de Curtidores, Cada Adarve del Cristo, Calle Amargura, Cuesta del Marqués, calle San Roque, calle Alto de Fuente Frías… y todo un puñado de calles que se arremolinan en esta zona de una considerable transcendencia y repercusión en la historia de la ciudad de Cáceres.

Tal como marcan los cánones de la tradición, de la tipología y de la fenomenología social, popular y humana en el recorrido de la historia de la ciudad.

Una calle, siempre, cuajada de vida, de esfuerzos, de penalidades y, al tiempo, de un profundo cacereñismo…

Y que, como todos sabemos, desde siempre, por cierto, forma parte de la esencia, de la historia y de las dinámicas de la capital cacereña entre una inmensidad de sensaciones y de sensibilidades que, en modesta opinión, siempre, también, nos hacen vibrar el alma de cacereñismo.

caleros ermita vaquero. caminodeemaus

La ermita del Vaquero se alza en un esquinazo de la calle Caleros, donde vivía el pastor Gil Cordero.

En la misma sobresale la ermita del Vaquero, construida en el siglo XVII, sobre la casa del pastor y vaquero Gil Cordero, a quien se le apareció la Virgen de Guadalupe en 1326 en la puebla, en la Sierra de las Villuercas.

Tras una larga lucha por parte de los vecinos de la calle Caleros en el año 1667 Juan de Carvajal y Sande, aunque otros historiadores consideran que es Juan de Sande y Carvajal, Presidente del Consejo de Hacienda y Caballero de la Orden de Calatrava, procede a encargar la elaboración de la imagen de la Virgen de Guadalupe. Con lo que dio pie, ya, para la construcción de la ermita, que inicialmente llevaba el nombre de la que es patrona de Extremadura desde el año 1907, por cédula pontifical del Papa Pio X, y con el obispo Ramón Peris Mencheta al frente de la diócesis de Coria.

La consagración de la misma se lleva a cabo el 8 de septiembre del año 1668.

La ermita es obra de Sebastián de Acosta y en su portada se alza una hornacina con la imagen de la Morenita de las Villuercas como recuerdo para la eternidad. Su retablo, de madera policromada, es obra del brocense Juan Bravo.

Aunque, por esas circunstancias de la historia en sus páginas en su lugar durante unos cincuenta años se instaló una mancebía que se plagaba, ya en aquellos tiempos, de meretrices, colipoterras, alcahuetas y buscones de aquel Cáceres.

Una ermita que en su día cayó en el silencio y también en el olvido, por esas causas que ni la propia historia sabe explicar, hasta que, afortunadamente, a raíz de una reivindicación y movilización popular de los vecinos de la calle, allá por los años ochenta, se procedió al adecuado arreglo y adecentamiento de la misma, con lo que ya pueden presumir, con razón, de que tienen hasta una ermita y con una larga historia detrás.

Una calle en la que, como nota de especial curiosidad, en el número 23, allá por el lejano año de 1879, se ocuparon dos monjas francesas de la Congregación de las Hermanitas de los Pobres, fundada por Juana Jugan, de poner en marcha un asilo para atender a los más viejos y necesitados de la ciudad. Y en cuyas dependencias, tan solo podían cobijar a veinte ancianos.

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Dos vecinas de la calle Caleros encalando la fachada de la casa los días previos a la bajada y llegada de la Virgen de la Montaña.

Pero el hecho evidente es que la calle Caleros tiene solera, sabor popular, que se configura como una de las más emblemáticas en la historia de Cáceres y en la que lo más importante y significativo, además de su larga tradición histórico-popular, es, sin lugar a dudas, el paso de la imagen procesional de la Virgen de la Montaña, cada año, cuando la patrona baja desde el Santuario hasta la Concatedral para la celebración del Novenario.

Y que posibilita el que todavía haya personas, vecinos y familias que se agarran al mantenimiento tradicional de recibir a la Virgen de la Montaña en base a a esa tradición popular en el calendario y en la conformación de la calle de encalar, al menos, la facha de la vivienda, tal comos podemos apreciar en la fotografía, del diario «Extremadura» y correspondiente a este mismo año

Seguramente porque la calle Caleros vive el pulso y el pálpito de los segmentos del paso de la Virgen día a día. Y, con mucha mayor intensidad, claro es, a medida que se acerca su emocionada y emocionante bajada a la ciudad.

calle caleros virgen montaña 2015

La Virgen de la Montaña guarda, desde siempre, una especial simbología en el marco de la calle Caleros.

Un recorrido emocionalmente intenso desde que la Virgen de la Montaña es recibida en Fuente Concejo, por las autoridades y el pueblo, donde se le entrega el bastón de mando de la ciudad, a los acordes del himno nacional, y donde una inmensa mayoría de fieles y devotos de la Virgen, en definitiva, todo el pueblo, camina tras su patrona.

Ante tal acontecimiento todos los vecinos de la calle Caleros ya llevan un montón de días acoplando todo tipo de preparativos, empezando por el encalamiento de las casas, como ya hemos señalado. Una tradición que, lamentablemente, se va perdiendo por la callejuela y el rincón del olvido. Preparativos que arrancan en la emoción más intensa, y en donde se canta con alegría emocionada, se baila porque lo pide el cuerpo, se reza porque lo solicita el alma, se llora porque se escapan las lágrimas y sus gentes se emocionan hasta lo más hondo porque no se puede contener el alma.

La Virgen de la Montaña, conocida también popularmente como la cacereña más bonita, entra en la calle Caleros al ritmo del «Redoble«. Desde las balconadas y ventanas de Caleros, en esa tarde inolvidable, histórica, con moldes de oro y humanidad y devoción, llueven pétalos, llueven besos, llueven canciones, llueven, a la vez, piropos y plegarias, llueven vivas que se escuchan hasta en el santuario de la Virgen. Quizás, incluso, más allá. Llueven fervores.

De principio a fin la calle Caleros, siempre con su patrona, es el lugar más sensitivo, emocionalmente hablando, para acompañar a la Virgen. Y donde, como se suele decir, no cabe ni un alfiler porque la devoción participativa se supera de año en año y hasta parece que la calle se revienta. Pero de hondura de conceptos tradicionales y religiosos.

Un día, pues, de lujo y de sentimiento devocional inmensamente calero. Tanto que un año alguien quiso desviar el recorrido procesional para que el desile procesional entrara a la Concatedral por la Avenida de la Montaña, el vecindario se puso de uñas y armó la marimorena. Pero la Virgen, camino del novenario anual, pasó, faltaría más, por la calle Caleros.

calle caleros hermana mayor virgen de la montaña

El azulejo que distingue a la Calle Caleros como Hermana de Honor de la Santísima Virgen de la Montaña.

Allí se arremolinan miles de personas en un acontecimiento verdaderamente sensitivo. Por varias razones. Primera y más importante: Porque la Virgen de la Montaña pasa por su calle; en segundo lugar, por la fe y la devoción de todos los caleros o caleranos, si se me permiten las palabras; en tercer lugar, porque la calle Caleros es Hermana Mayor de Honor de la Virgen de la Montaña, tal cual reza en el azulejo que lo inmortaliza.

Una calle aderezada de vida, de colgaduras, de arcos, de mantones, de estampas, de colchas, de banderas, de flores, muchas, muchísimas flores, y, al tiempo, plena de olor intenso e inmenso de romero, de jazmines, de hierbas aromáticas.

Y es que la Virgen de la Montaña, como cuentan los vecinos, es, de siempre, calerista. Y allí, mientras los vecinos cargan con las andas, siquiera sea unos pasos, mientras otros se esfuerzan por rozar el manto, o la esquina de las andas, y nadie escucha el sonido de las horquillas, se mece y se baila al paso, entre admiraciones y toques de palmas, se escuchan las estrofas populares y los acordes del «Redoble«.

Una jota de pique, que se dice en términos folklóricos-populares, la jota típica popular cacereña, y en las que, desde que la misma, que emana del siglo dieciocho, se habla de la calle Caleros, con estas letrillas:

Las de la Calle Caleros
se lavan con aguardiente,
las del Caminito Llano
con agüita de la fuente.

O:

A las de la calle Caleros
la multa les van a echar,
por tener en los zaguanes
las tinajas de la cal.

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Muchas jóvenes cacereñas reciben a la Virgen y la acompañan hasta la Concatedral ataviadas con los trajes típicos de campuza y de montehermoseña.

Muchas jóvenes reciben a la Virgen con el traje de campuza, el traje típico y popular de la ciudad de Cáceres, engalanadas con el pañuelo de mil colores, con refajos, con polleras, como muchas son las que la reciben vestidas, de forma elegante y airosa, bella, armoniosa, con el traje típico de Montehermoso.

La calle Caleros se transforma en una algarabía de músicas, de exaltaciones. La Banda de Música Municipal y la de la Diputación Provincial, siempre con la Virgen, interpretan aires populares y pegadizos. Por allá, el pueblo, por acá, la tuna, dejando su capa al suelo para que pase la Virgen sobre las mismas.

Y en el centro, con el manto que le regaló el Ayuntamiento con motivo de las bodas de plata de su coronación canónica, el 12 de octubre de 1949, con el escudo de Cáceres en el delantal, la Virgen que, a lo largo de nueve días de estancia en la Concatedral, va a recibir miles de peticiones y de oraciones y de deseos y de preces y de miradas y de lágrimas y de deseos y de angustias y de sueños y de ofrendas y de flores y de esperanzas y sugerencias y de anhelos y de promesas inveteradas…

Una calle con sabor y pulso propio y que figura, por derecho propio, en las páginas de la historia de Cáceres. Por la calle en sí, por el barrio y, también, por sus gentes. Y una calle que se ha ido plagando, a lo largo de toda su historia, de las más variopintas imágenes, de todo tipo y condición popular.

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Un piconero por la calle Caleros en el año 1961.

Por ejemplo, a pesar de la severidad que había en el fondo de la misma, la de estos carboneros que, arrancando en las gélidas madrugadas invernales de pueblos cercanos a Cáceres, a lomos de un burro, cobijados bajo una manta, la gorra calada hasta las orejas, ya andaban a eso de primera hora de la mañana pregonando sus mercancías con las que se ganaban la vida, a base eso sí, de muy duros esfuerzos y muchas calamidades y mucha hambre.

La estampa, ay, de los piconeros y carboneros que no paraban de caminar por el recorrido urbano, en el sudor del día a día, para calentar los fogones y los braseros de los hogares cacereños que en esos inviernos de Aquellos Tiempos tenían que echar mano del siempre socorrido recurso del carbón y del picón.

Una calle cuajada de sabor, de eternidad, de estampas como las dos que figuran a la izquierda de estas letras hilvanadas con esa sensación de cómo va pasando el tiempo sin que caigamos en la cuenta del transcurrir del mismo, hasta que no nos topamos con este tipo de imágenes.

aguadoras por la calle Caleros (Julita G. Parra, NO ERES DE CC si...)Lo mismo que por aquellos tiempos, ay, de entonces, desfilaban, con mucho amor y sufrimiento, con extraordinario corazón y un impresionante esfuerzo, mujeres de pasión y miles de sudores, repletas de sacrificio y de sensibilidad, de hondura, que caminaban, una y otra y otra vez por aquella calle Caleros, arriba y abajo, abajo y arriba, a la fuente y de la fuente, tal como se aprecia en la imagen, como lo hicieron durante muchos años por tantas y tantas calles, con cántaros de barro, y a por el agua. Al cuadril, clavados en la cadera, y encima de la cabeza sobre un rodillo…

Mujeres, siempre de un gran fuerza y coraje, que salía de lo más profundo de sus adentros. Y a las que hoy, como siempre, testimoniamos nuestro cariño y agradecimiento. Como ejemplo de todas ellas podríamos citar, entre otras muchas lavanderas cacereñas a Lorenza, «La Gata«, que según señala en uno de sus artículos de la sección «Ventanas a la ciudad», era «un compendio de tradiciones cacereñas«, cuando se reunían los vecinos por la Navidad y cantar romances y villancicos con la pandereta, con el almirez, con la zambomba y también, claro es, con la botella de panete.

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José Luis Franco, Franquete, que naciera en la calle Caleros, es Hijo Predilecto de Cáceres.

En la calle Caleros nació, por ejemplo, un cacereño de una talla humana inmensa, como es José Luis Franco, conocido por todos como Franquete.

Su bonhomia, su alto grado de cacereñismo, su generosidad, han llevado a que Franquete sea Hijo Predilecto de Cáceres, ciudadano bondadoso y ejemplar, amigo de todos.

Franquete es, por encima de todos, como ha dicho miles de veces, cacereño, cacereñeador y cacereñista, y que ha hecho del cacereñeo su vida. Amigo de todos, al servicio de todos, Franquete, radiofonista, humorista, vital, es hijo de José Franco, que trabajara de conductor con don Pablo Vioque, y de María, y desde niño ya se ganó el cariño y la admiración del todo Cáceres.

Y que cada día que pasa, en los compases de la propia vida, figura como uno de esos cacereños que se ha ido labrando, desde siempre, esa imagen de cordialidad, de generosidad, de bonhomía, de cacereño ilustre, siempre cercano a todos, siempre incardinado en el corazón de la ciudad con su más profundo cacereñismo,

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Santos Benítez Floriano, Cronista Oficial de Cáceres, también vino al mundo en la calle Caleros.

Y de la calle Caleros también emana la saga familiar que arranca con Santos Floriano González, que ya en 1900 regentara en la Plaza una imprenta y una droguería. Y en esa cacereñísima calle nació Santos Benítez Floriano, que antes de ser designado Cronista Oficial de Cáceres fue Premio Extraordinario de Bachillerato, licenciado en Geografía e Historia, director del Patronato de Turismo, Artesanía y Cultura tradicional. También es mayordomo de la Cofradía de Jesús Nazareno y de la Virgen de la Misericordia.

Y en la calle Caleros también nació Rafaela García, que a los nueve años de edad ya trabajaba, para ganarse el pan con el sudor de su frente, lo que se dice pronto, pero que muy pronto, de niñera en el palacio del Conde de Canilleros, y que fue homenajeada hace escasos meses por el Ayuntamiento al haber cumplido los cien años de edad, en medio del cariño de toda la larga estirpe familiar que la sigue en el ritmo de la vida en Cáceres.

Una calle, de y desde siempre, con una larga lista de personajes que se fueron y se van incrustando en las páginas de la historia de Cáceres por una variada muestra de sensibilidades.

Calle que marcha entre piedras y lavanderas, entre caleros y saetas, entre crónicas de la historia y oraciones al altar de la Montaña, entre silencios, que dormitan en el seno de la ciudad, y pasiones que se agigantan en el transcurso del tiempo como uno de esos señeros pasos de la propia capital cuando cualquier vecino, de la calle Caleros o de cualquier otra calle, se acerca a la mimsa y va viendo, paulatinamente, el sosiego sereno del camino.

teresa la navera cofrades abc sevilla

Teresa, La Navera, vaya voz, le canta al Nazareno desde su rincón en el Adarve.

Teresa Macías, la Navera, seguramente la saetera más popular de todo Cáceres, también vivió un puñado de años en la calle Caleros, y donde se fue a vivir nada más casarse. Una calle en la que Teresa, a la que quería todo Cáceres, fue la mar de feliz. Sobre todo cuando cantaba, lo que hacía de maravilla, y, más aún, en su recuerdo de aquellas Navidades, como nos relata su hijo Fernando Montes Macías, en las que se reunían los vecinos y se lo pasaban pipa entre villancicos al ritmo de zambombas, panderetillas, almireces, guitarras, botellas de anís, botellas de panetes, castañuelas. Y, claro es, con mantecados, mazapán, turrón, polvorones y sidra en la celebración navideña de paz, amor y felicidad.

Pero lo suyo fueron las saetas que recorrían el alma, la esencia y el paisaje de las emociones en la Semana Santa al ritmo de los desfiles procesionales y el paso de Vírgenes y Cristos. Tan es así que Cáceres ha inmortalizado con un azulejo el Rincón de Teresa, la Navera, incrustado en el callejero de la ciudad, allá, en El Adarve, en lo que fuera la Casa-Palacio de los Pererros, en la inmensidad del corazón de la Ciudad Medieval.

Un lugar privilegiado, en esencia, desde el que, en medio de un impresionante silencio, sin ruido alguno, con todos pendientes de su voz, Teresa, nuestra querida Teresa, se arrancaba e impregnaba los latidos del corazón de todos, mientras se nos compungía el alma al paso del Nazareno, en la Procesión de la Madrugada o del Cristo Negro, con aquellas sublimes letras que salían de la reflexión serena de don Miguel Muñoz de San Pedro o de ese poeta de Ahigal, Juan García, conocido como el Cartero-Poeta. Una de las letras decía:

Con las alas de un mosquito

hizo la Virgen un manto

y le salió tan bonito

que lo estrenó el Viernes Santo

en el «intierro» de Cristo.

Como allí, en la más que cacereñísima calle Caleros, en su número 53, Narciso Mangut Gaspar, casado con Vicenta López, que, en su día, puso en marcha su negocio con un horno de cal, allá en el Camino de maltravieso, y que heredaría, posteriormente, su hijo Baldomero. Por aquellos pagos de Caleros también vivió, por ejemplo, Agustín Vaca Holgado, calero asimismo de profesión, hijo de Sebastián, también calero, y de una lavandera, Dioni Rebollo, que es de las que blanquea la fachada de la casa de año en año en los días previos a la bajada de la Virgen. Por allí también se andaba Tomás Holgado, perteneciente a una familia tan popular como son los Cachichi, como estaba La Salva, con su tienda de chucherías mil, que arrastraban a una legión de chiquillos…

Y como estaba la lavandera de siempre, Lorenza, la Gata, que según señala en uno de sus artículos de la sección «Ventanas a la ciudad«, era «un compendio de tradiciones cacereñas«, cuando se reunían los vecinos por la Navidad y cantar romances y villancicos con la pandereta, con el almirez, con la zambomba y también, claro es, con la botella de panete.

Una calle, Caleros, con c de Cáceres, con c de costumbrismo, con c de cordialidad, con c de cariño, c de corazón que vuelan hilvanados en la esencia de su magia.

Y una calle que en el año 1952 aparecía con ese profundo sabor que podemos apreciar unas líneas más arriba.

calle caleros azucena

Azucena Alvarez, que puso en marcha el grupo de Facebook «No eres de Cáceres si…» vive abrazada a la muralla en la calle Caleros.

Y en la calle Caleros vive y saborea el paladar del costumbrismo y de su vitalidad Azucena Alvarez, que regenta la papelería El Atril, en la calle Roso de Luna, y que echándole mucho amor propio y pasión a la ciudad puso en marcha hace un tiempo un grupo de Facebook, denominado «No eres de Cáceres si…«, en el que constantemente aparecen fotografías antiguas y modernas, historias de los personajes célebres, de sus actividades, de sus paisajes, de sus gentes, de sus costumbres, de sus añoranzas, como aparecen poesías. Todo un puzle, por consiguiente, de vital calidad histórico-documental, social y participativa en el Cáceres de hoy.

Una calle en la que también vivió Teresa Sánchez Romero que, nacida en el 44, y con escasez de diversión ciudadana infantil confesaba a Cristina Núñez en el diario «Hoy«, en marzo de 2013, que con diez o doce años ya escribía obras de teatro para sus amigas y que representaban en los zaguanes de Caleros.

Una casa que, lamentablemente, se vendió en su día, lo que le costó a Teresa sangre, sudor y lágrimas, y que sigue escribiendo mucho sobre la Ciudad Histórico-Monumental de donde guarda inmensos, profundos recuerdos de cuando su paso por las carmelitas.

Hay que decir y dejar constancia, asimismo, para que se lea en todas partes, que la calle Caleros, tal como se va viendo, y como tratamos de ir dejando constancia, paulatinamente, es mucha y buena calle, con el sabor de la historia, con la hondura de sus gentes, desde muchas generaciones ha, con el hechizo que emana de su propio nombre en el callejero cacereño, Caleros, y que destaca, sobremanera, como una calle de un impresionante sabor escénico que nos llena a todos de profundidad cacereñista.

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El imán Brazim El Azifi en la mezquita de la calle Caleros

Una calle en la que en el año 2006 se abrió la primera mezquita, denominada Tuba, cuya traducción es clemencia, Más concretamente en el número 11, donde anteriormente se asentaban los miembros de Testigos de Jehová, como lugar de culto, de encuentro, de escuela coránica y de lengua árabe para los más pequeños. Una mezquita considerada como por los mismos como símbolo cultural y de identidad, y con Brazim El Azifi, natural de Kenitra, cerca de Rabat, como primer imán. O, lo que es lo mismo, primer guía espiritual.

Y una calle, también, de la que María Hurtado Pérez, que se declara CATOVI, o sea, Cacereña de Toda la Vida, escribía el 30 de julio de 2013, en la web «Asuntos de Familia«, un texto titulado «Diario de una madre de provincias«, en el que tras señalar que si personalmente creía alcanzar el summum del cacereñismo al irse a vivir a la calle Caleros, un día uno de sus hijos, con tan solo cinco años, le espetó: “Mamá, nosotros no vivimos en la ciudad”, porque para él «Cáceres es Cánovas, La Madrila, Los Fratres o Moctezuma pero la calle Caleros NO es Cáceres, para él este barrio es simplemente…la Plaza”.

La autora finaliza señalando que «Tal vez mi hijo tenga razón y la ciudad de verdad comience en Cánovas. Yo me quedo con la parte antigua, la vida de barrio de Caleros y sus casas«.

CALLE CALEROS POR PABLO DONCEL

Así pintó en su día nuestro querido amigo Pablo Doncel, 1935-2015) la calle Caleros con la Iglesia de Santiago al fondo en una bella perspectiva…

Mientras tanto se va tejiendo, también paulatinamente, poco a poco, pero sin descanso, ese proceso de revitalización y renovación generacional, social y convivencial de la calle Caleros, que arranca con el Plan Urban-Calerizo en el que se especifica que trata de «reactivar económica y socialmente las ciudades y los barrios en crisis con el fin de fomentar un desarrollo urbano innovador y sostenible», aumentando de día en día la población joven que se interesa por vivir en el área extramuros del Casco Histórico-Artístico. y los comercios, de diferente tipología, abren, poco a poco, cada día más, las puertas de la ilusión.

¿Es el florecer de la Calle Caleros?

Seguramente, sí. Y ojalá no nos equivoquemos. Una calle, en suma, que desborda el más hondo y profundo sabor y calado a lo largo de la historia de Cáceres, y que siempre se encuentra en el epicentro de la ciudad por la hondura de su tradición y de sus tradiciones, de sus vivencias y hechos y logros e inquietudes, tan arraigadas en el pulso existencial de la misma, mientras todo su vecindario, a una, como en Fuenteovejuna, sigue trabajando, de forma esmerada, por la mayor y mejor recuperación de la misma y de todo su entorno, en la esperanza, claro es, del mejor futuro para todos.

Una calle, sencillamente, y nada más y nada menos, llamada Caleros. Lo que supone y mucho, ya de por sí, en nuestra ciudad. Y , además, enclavada en uno de los lugares más emblemáticos y más significativos y señalados de una ciudad, Cáceres, que, como la de Roma, es eterna. ¡Pedazo de calle…!

NOTAS:

01.- La primera fotografía, con el rótulo de la Calle Caleros, firmada por Ñirre está captada del blog pueblosdeespana.

02.- La segunda, mostrando la profundidad de la calle Caleros está captada del periódico «Hoy«.

03.- La fotografía de la ermita del Vaquero está captada del blog caminodeemaus.

04.- Las de la Virgen de la Montaña en la calle Caleros, el día de la bajada de Virgen, correspondiente a este año, la de la placa que distingue a la Calle como Hermana Mayor de la Virgen y la de las jóvenes ataviadas con el traje típico están cedida por ese  gran cacereñeador y amigo que es Fernando Montes Macías.

05.- La fotografía de Franquete, Hijo Predilecto de Cáceres, está captada de la revista Nuestra Voz.

 

 

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LOS 127 MANTOS DE LA VIRGEN DE LA MONTAÑA

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Los 127 mantos que posee la Virgen de la Montaña, patrona de Cáceres, son una joya y forman parte ineludible, y muy significativa, de la historia de la ciudad.

 

virgen montaña bombardeo

La Virgen de la Montaña con el manto que llevaba cuando fue bombardeada la ciudad de Cáceres el 23 de julio 1937.

La Virgen de la Montaña, que ya fue propuesta como Patrona por primera vez en el año 1688, aunque la realidad es que alcanzó dicho título el 2 de marzo del año 1906, cuando el Papa Pío X firmó su proclamación como Patrona Principal con el título de Madre de la Divina Gracia, en tiempos de don Ramón Peris Mencheta, como Obispo de la Diócesis de Coria, dispone de ciento veintisiete mantos. Todos ellos son de un gran valor y se configuran como toda una serie de obras y de trabajos de gran relieve y preciosos, donados desde la mayor devoción, fe y esperanza, entre oraciones y rogativas, desde apellidos de ilustres familias cacereñas a gentes anónimas que igualan y rivalizan, dicho sea con el mayor respeto y en el  mejor sentido, por el cariño, por la pasión y por los sentimientos hacia la Virgen de la Montaña.

virgen montaña manto regalado por la Reina Isabel lI.

La Virgen de la Montaña con el manto regalado por Su Majestad la Reina Isabel II.

La colección, de una señalada belleza y riqueza, auténticas obras de arte, se inicia con el manto que fue donado por Su Majestad la Reina Isabel II, con un traje suyo de corte. El mismo está conformado de raso blanco, recubierto totalmente de encaje de fondo de malla e hilo de oro y plata, con aplicaciones de flores bordadas en seda de color. La malla del delantal de la Virgen es de fondo de seda.

También destaca el ofrecido por la ciudad de Cáceres con motivo de las bodas de plata de la Coronación Canónica de la Virgen, el 12 de octubre de 1949, que es de estilo renacimiento, sobresaliendo en el delantal de la misma el escudo de la ciudad.

Asimismo se encuentra el manto que llevaba puesto la Virgen en la Iglesia de Santa María cuando la ciudad fue bombardeada durante la Guerra el 23 de julio del año 1937.

También se hayan otros como el elaborado con un capote del torero cacereño Emilio Rey «El Pato«, el donado por funcionarios del Ayuntamiento de Cáceres en 1981 por suscripción popular, el que luce la Virgen y con el que obsequiaron a la Virgen, en su día, las tropas y el personal civil del CIMOV número 1 o el confeccionado con el vestido de una de las damas de los IX Festivales Folklóricos Hispanoamericanos-Luso-Filipinos, celebrados en Cáceres el año 1966, de brocado natural blanco, con aplicaciones en hilo dorado y de colores.

virgen montaña estampa

Una antiquísima estampa de la Virgen de la Montaña y que de siempre figuraba en un lugar destacado de buena parte de los hogares cacereños.

El más antiguo data del año 1902 y fue donado por doña Petra Fernández de Trejo. El mismo se configura de terciopelo rojo, bordado al realce en oro, escudo de armas de los Trejo, guirnaldas de flores y hojas, todo en oro.

Los mantos se le cambian a la Virgen una vez por semana, según lo estipulado, y, cuando la Patrona se encuentra en la ciudad, a lo largo de la celebración del Novenario, que se lleva a cabo con caracter anual, en medio de intensas muestras de cariño, de fervor y de devoción, se procede a renovárselo diariamente.

La tradición en la historia popular cacereña señala que todos aquellos cuantos acuden a ver a la Virgen, para postrarse ante la misma y depositar en ella sus oraciones, tratan de adivinar el color del manto. Asimismo se especifica que, de acertar el color del manto, habrá buena suerte.

Durante mucho tiempo fue una costumbre típica el lucir encima de las cómodas, de las mesillas de noche , de los aparadores, del cabecero de la cama o incrustada entre el marco y el cristal de algunas fotografías familiares, de bodas, de primera comunión, etc, una estampa de la Virgen de la Montaña.

NOTA: La primera de las fotografías está captada del Blog Tu Semana Santa y la segunda de la página de la Real Cofradía de la Virgen de la Montaña.

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EL ESCUDO DE LA DIPUTACION PROVINCIAL DE CACERES… EN 2013

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Resulta un poco sorprendente, o quizás un mucho, que en una provincia como la de Cáceres, donde tan solo en el ámbito de la historia de las familias nobiliarias y sus diversas generaciones en el Casco Histórico-Monumental, podría disponer de hasta 1200 escudos, según los expertos y estudiosos, la Diputación Provincial no dispusiera de un escudo heráldico propio hasta finales de noviembre del año 2013.

 

Escud de la Diputación de Cáceres

El escudo de la Diputación de Cáceres por fin vio la luz pública y oficial el 28 de noviembre del año 2013, cuando la institución se creó el año 1833.

Más aún tratándose de una Diputación Provincial que cuenta ni más ni menos que con 182 años de vida, lo que se dice pronto, ya que la misma se constituyó oficialmente como tal a raíz de la División Territorial de España que procedió a llevarse a cabo durante el año 1833. Fecha en la que se conformó Cáceres como una sola provincia cuando tanto Badajoz como Cáceres se conformaban, hasta entonces, según la ordenación territorial de España, como la Provincia de Extremadura.

No obstante es de señalar y dejar constancia en este sentido, por justicia histórica, que, tras tantos años sin escudo heráldico oficial que distinguiera como era debido a la Diputación Provincial de Cáceres. y a en el año 1977, tras la celebración de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura franquista, el abogado Jaime Velázquez, que entonces resultó elegido como presidente provincial de la Corporación Provincial por Unión de Centro Democrático, procedió a realizar un encargo para que la Diputación contara con su sello heráldico de carácter propio. Una iniciativa valiosa, original y digna de dejar constancia y a fin de que la institución provincial cacereña pudiera contar con su propio sello distintivo y creado en el marco del análisis correspondiente. Lo que resultaba, en definitiva, un estudio de una más que señalada envergadura. Sobre todo, como se diría coloquialmente, por las cuestiones e hipotéticos recelos que se pudieran suscitar en toda la demarcación provincial de Cáceres.

ESCUDO CIUDAD CACERES WIKIPEDIA

Este es el Escudo Oficial de la Ciudad de Cáceres y que era el que utilizaba habitualmente la Corporación Provincial hasta noviembre de 2013.

Si bien la realidad indica que hasta noviembre de 2013 se utilizaba el escudo de la ciudad y que data de los tiempos de los Reyes Católicos: Castillo de oro, con sus tres almenas y un león de color púrpura en el lateral derecho. Por la parte superior el mismo se adorna con una corona de florones.

De este modo la Corporación Provincial anterior retomó el asunto. Y el notable heraldista Abelardo Muñoz, miembro del Instituto de Estudios Heráldicos y Genealógicos de Extremadura, con los estudios de Antonio Flores Cumbreño, correspondientes al año 75, y de Santos Benítez, Cronista Oficial de la Provincia de los años 80, concluyó un escudo institucional y heráldico de la provincia.

El mismo se conforma de los blasones de Cáceres, Plasencia, Trujillo, Navalmoral de la Mata y Coria, como cabeceras de las comarcas naturales correspondientes a la provincia, y procediendo a incorporar, desde nuestro punto de vista consideramos que muy acertadamente, la Cruz de Alcántara, muy vinculada a la historia cacereña. Añadamos, por último, que el escudo queda timbrado por la Corona Real.

Así pues, felicitémonos, porque, aunque haya tardado un largo tiempo en el transcurso de la historia, su correr y sus aconteceres, la  Diputación Provincial de Cáceres, en base a fehacientes y muy rigurosos estudios ha logrado posibilitar un escudo de una extraordinaria identidad en el marco del relieve provincial de Cáceres.

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LA PATRONA DE EXTREMADURA FIGURA, DESDE SIEMPRE, EN LA DIOCESIS DE TOLEDO

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La Virgen de Guadalupe, que es la Patrona de Extremadura, sorprendentemente y por raro que parezca, permanece, desde siempre, en suelo de la diócesis de Toledo, que no en balde es la diócesis en la que reside el Cardenal Primado de España.

 

virgen de guadalupe

La Santísima Virgen de Guadalupe es conocida, también, como la Morenita de las Villuercas.

Llamativo, curioso y extraño caso, que muy probablemente no se de en ningún otro lugar de España. Pero el hecho real es que la sagrada y venerada imagen de la Virgen de Guadalupe se encuentra enclavada en el Real Monasterio de Guadalupe, enclavada en el precioso pueblo que lleva su nombre, Guadalupe, de 2063 habitantes, que al principio se llamó La Puebla de Guadalupe, nombre que aún se le sigue dando por parte de mmuchos, Conjunto Histórico-Artístico, alzado entre los siglos XV y XVIcon llamativas callejas, que pertenece a la comarca de Las Villuercas, en la provincia de Cáceres, al partido judicial de Logrosán, en la provincia de Cáceres. Y, sin embargo, por esas cosas de la vida, que pocos alcanzan a comprender, también pertenece a a la diócesis de Toledo.

Un bello y hermoso rincón de la geografía cacereña, convertido con una gran frecuencia en un lugar abarrotado de piadosos visitantes, de peregrinos de los más sorprendentes lugares y devotos, sobre todo extremeños, claro es, que no alcanzan a comprender, ni tan siquiera de la mano de la historia, cómo en llegando y pisando a suelo guadalupano, o sea, cacereño y extremeño, estén, al mismo tiempo, pisando suelo de la diócesis de Toledo.

virgen de guadalupe

La Virgen de Guadalupe ha convertido al pequeño pueblo extremeño en foco de devoción, de fe y de peregrinación.

Un contencioso que, hasta la fecha, no han sabido, no han podido o no han querido resolver ni las autoridades religiosas, ni las políticas. Y el tema por lo que se ve para largo, si seguimos el curso de la historia que, como señalaba Antonio Guerra el 15 de marzo en el periódico Extremadura, llevamos ya la friolera de 793 años esperando a que la diócesis de Toledo, devuelva a nuestra Comunidad Autónoma los treinta pueblos extremeños que forman y conforman parte de la misma.

Un más polémica cuestión sobre la que que mismo martes pasado, 8 de septiembre de 2015, el Arzobispo de Toledo y Cardenal Primado, Braulio Rodríguez, una autoridad religiosa de la mayor prestancia en España, no quiso entrar a pronunciarse, a pesar de las continuas demandas y quejas del pueblo extremeño que vienen reivindicando históricamente, con la mayor prudencia y respeto, como signo de distinción de los extremeños, que Guadalupe sea proclamada ya, y pase a formar parte, de una vez por todas, de una de las tres diócesis extremeñas. Un Cardenal Primado, Braulio Rodríguez, por cierto, que ya manifestara el pasado mes de marzo que éste «es un problema político y me atrevería a decir que un poco nacionalista», en unas declaraciones que ruborizaron a muchos. Y no solo a políticos y a religiosos. Si no lo que es peor, al pueblo llano extremeño, que, cuando menos, quiere a la Virgen de Guadalupe tanto como él. perdón. Quizás más que él. Perdón. Seguro que mucho más que él.

monasterio de guadalupe fachada

El Monasterio de Guadalupe se alza hacia los cielos en medio de un gran esplendor y belleza.

Más aún teniendo en consideración que la Virgen de Guadalupe es Patrona de Extremadura desde el año 1907, en tiempos del Papa Pío X. Si bien cuando los franciscanos se hicieron cargo del monasterio en 1908, tras un pequeño tiempo abandono del mismo, pidieron o, quizás, mejor dicho, exigieron, a la superioridad religiosa que el Monasterio continuara bajo la potestad administrativo-religiosa de Toledo y que en 1928 se procediera a la coronación canónica de Santa María de Guadalupe como Reina de las Españas, título equivalente a Patrona de la Hispanidad. Acto que se llevó a cabo el 12 de octubre de dicho año por el Cardenal Primado, Pedro Segura, en presencia del Rey Alfonso XIII.

Un conflicto, el de que Guadalupe pertenezca a una diócesis no extremeña, castellanomanchega por más señas, que lleva mucho tiempo enquistado, sin resolver, demasiado tiempo, añadimos nosotros, modestamente, mientras el bello pueblo enclavado en Las Villuercas, sigue siendo foco de peregrinación, de fe, de esperanzas, de sueños, de rogativas, de anhelos, de oraciones, de besamantos. Y donde se erigió un inmenso y muy bello monasterio, aunque primero fue santuario, desde que la Virgen se le apareciera al vaquero cacereño Gil Cordero, allá a finales del siglo XIII, se llenara de imágenes, de frailes, de capillas, de oratorios, de cuadros, de cirios, de altares, de velas, de púlpitos, de confesionarios, de bancos, de una inmensa escenografía histórico-religiosa.

pintura zurbaran en guadalupe

San Jerónimo flagelado por los ángeles, una de las numerosas obras pintadas por Zurbarán en el Monasterio de Guadalupe.

Empezando, claro es, por la Morenita de las Villuercas, de la que la historia señala que fue esculpida por el propio San Lucas, y que por esas circunstancias de la vida, llegó hasta Guadalupe, donde fue descubierta a orillas del río Guadalupejo, tras haber sido ocultada desde la época de la invasión musulmana, allá por el siglo VIII.

Y donde hoy se enclava un Real Monasterio de los siglos XIII y XIV, con mezcla de elementos góticos, renacentistas y barrocos, Patrimonio de la Humanidad desde el año 1993, custodiado por los monjes de la orden jerónima desde 1389 hasta 1835, y con un extraordinario Museo, con impresionantes pinturas de Francisco de Zurbarán, artista de carácter religioso, de Juan de Flandes y El Greco, entre otros, además del Claustro Mudéjar con un Templete gótico mudéjar de ladrillo y revestido de azulejos de Manises, el Camarín de laVirgen, del siglo XVIII, la Sala Capitular, del siglo XV, con destacadas pinturas góticas al fresco, grandes libros de coro miniados y otros legajos.

El caso y la cuestión es que, por numerosos contenciosos o reivindicaciones que ha habido a lo largo de los siglos, desde que se inició el asunto, allá por las lejanas fechas de 1222, cuando el arzobispo toledano Rodrigo Ximénez de Rada, al parecer el comprador de los Montes de Toledo, no se ha sabido resolver entre las partes en litigio.

Montes de los que forman parte Guadalupe y los treinta pueblos extremeños restantes, que también pertenecen a dicha diócesis toledana. Como es el caso de Helechosa de los Montes, Siruela, Fuenlabrada de los Montes, Carrascalejo, Valdelacasa de Tajo, Garvín, Zarzacapilla, Bohonal de Ibor, Castañar de Ibor, El Risco, Villarta de los Montes, Puebla de Alcocer, Capilla, Navatrasierra, Garlitos, Herrera del Duque, Peraleda de San Román, Valdecaballeros, Bohonal de los Montes, Garbayuela, Casas de Don Pedro, Villar del Pedroso, Tamujero, Peñalsordo, Talarrubias, Navalvillar de Ibor, Alía y Guadalupe.

Montes de Toledo que adquirió, al parecer, por ocho mil morabetinos y mil cahices de trigo y cebada. Que así, a bote pronto, no parece demasiado. Y que hasta podría merecer una colecta en las misas de las iglesias extremeñas, de cualquier domingo, en la seguridad de que se lograría una cantidad muy superior a la mismas, incluido el nivel de los correspondientes IPC anuales, por mucho que hayan transcurrido casi ocho siglos.

papa francisco i

Su Santidad el Papa Francisco I debiera dar la orden de que Guadalupe y el resto de pueblos extremeños que pertenecen a la diócesis de Toledo pasen a una diócesis extremeña.

Y es que con este tema no pudo ni tan siquiera, por mucho que lo solicitara en su día,el obispo placentino Sancho pidiendo que la jurisdicción eclesiástica se adecuara a la civil, o que hubiera un cruce de agrias y polémicas tensiones entre el ex presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra y el cardenal primado, Antonio Cañizares, ni que el expresidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago, dirigiera una carta el pasado año dos mil catorce al arzobispo de Toledo reclamando en una carta al Papa Francisco que Guadalupe y los otros treinta pueblos extremeños pasen a pertenecer a una de las tres diócesis extremeñas y dejen de depender de Toledo, lo que calificaba de una histórica reivindicación de la región.

Como anteriormente ya había hecho también Guillermo Fernández Vara, presidente de la Junta de Extremadura, en el acto institucional del Día de Extremadura y del Día de la Festividad de Guadalupe, en el año 2010, y que reclamó a las autoridades de la Iglesia Católica que escuchen a la mayoría de extremeños, que reivindican que el Monasterio de Guadalupe deje de pertenecer a la Diócesis de Toledo, ya que sus razones tienen que ver con el sentimiento.

Sin embargo el Nuncio Apostólico del Papa en España, Renzo Fratini, ya se interrogaba en 2009 a la pregunta de cuándo pasaría Guadalupe y su Virgen a una diócesis extremeña, que «¿La Virgen de Guadalupe es la patrona de Extremadura? Entonces eso hay que estudiar y ver, ahora no tengo respuesta para dar» y añadiendo que la reivindicación sobre Guadalupe no era un asunto capital, que podría dividir, ya que lo relevante es la fraternidad.

braulio rodriguez

Braulio Rodríguez, Arzbispo de Toledo y Cardenal Primado, autor de unas polémicas declaraciones sobre Guadalupe como parte, que es, a fecha de hoy, de la diócesis de Toledo.

Asimismo es de señalar que el pasado 10 de marzo y a propósito de este tema, de importancia transcendental para Extremadura, por mucho que el Arzobispo de Toledo y Cardenal Primado, Braulio García, pudiera no considerarlo así,manifestaba lo siguiente en el periódico ABC: «Que cuando en 2009 el entonces Papa Benedicto XVI le nombró arzobispo de Toledo la Diócesis de Toledo tenía parte en Extremadura y parte en Toledo y que ninguna de las dos es más importante.

Asímismo señalaba que es «mentira que la diócesis se esté lucrando» con el monasterio de Guadalupe, ya que el 10 por ciento de los ingresos brutos que recauda pasa a un fondo común para ayudar a otras parroquias y «es la comunidad franciscana quien está encargada de la administración de los bienes monetarios». «No se puede ir engañando a la gente», concluyó el arzobispo.

Todo un anacronismo, pues, la situación creada, en nuestra siempre modesta opinión, que se ha convertido en una severa y profunda injusticia regional histórica Y que salvo error u omisión no tiene precedente en España. ¿Una Patrona de una Comunidad Autónoma instalada en territorio de otra Comunidad? Cuando menos parece tan raro y sorprendente como extraño.

¿Conoceremos algún día la verdad, como Dios manda, de qué es lo que hay detrás de tamañas decisiones, de tanto silencio administrativo-eclesiástico ante tan justa reivindicación popular de los extremeños y que solo requeriría de un simple y mero trámite administrativo?

 

 

 

 

 

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