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CALLE CALEROS, ¡PEDAZO DE CALLE…!

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La calle Caleros, una de las más antiguas, importantes y de gran sabor popular de Cáceres, por antonomasia, y que aparece, como tal, en documentos del siglo XIV, tras la reconquista de la Villa, surgió en la necesidad de la expansión de la ciudad ante el aumento demográfico y que comenzaba a crecer, ya en la Edad Media, más allá de la ciudad Intramuros conformando, por tanto, la zona Extramuros.

calle caleros foto blog pueblos de españa.

La calle Caleros es una de las de mayor sabor popular de toda la ciudad de Cáceres y que bordea la muralla.

El nombre de la calle Caleros tiene su origen en la costumbre de que los integrantes de un mismo gremio y actividad habitaran en la misma rúa, que, en este caso específico, bordea la muralla por su parte oriental, transcurriendo entre el Arco del Cristo y el Arco del Socorro. Precisamente la blancura es una de sus señas de identidad.

Acaso porque hubo un tiempo, largo, en que uno de los distintivos de la calle, del barrio, cuyo corazón es la calle Caleros, y de una buena parte de la ciudad, consistía, precisamente, en el encalamiento de las fachadas y de los patios, que se blanqueaban de forma periódica, lo mismo que el resto de las dependencias de las casas.

La calle Caleros, cuyo gremio de artesanos y comerciantes, fue, en su momento, y a lo largo de mucho tiempo, uno de los más numerosos de Cáceres, de acreditado prestigio, por la calidad de la cal, por la de los caleros, por la de la propia caliza y por los calerizos, fue, también, al comienzo de su nacimiento, claro es, uno de los arrabales de aquella villa.

Tal cual lo iban siendo otros barrios como el de Moros, por los que comenzaba a fluir, de forma paulatina, una parte de la vida urbana. Y es que, al parecer, en la misma calle Caleros llegaron a confluir en sus buenos tiempos más de cuarenta hornos que lograron convertir a la calle en una de las más industriales de la ciudad. Incluso, al parecer, en Cáceres hasta pudo haber, al tiempo, hasta cien hornos de cal, que se repartían, básicamente, entre la Ribera del Marco y El Calerizo y que con el paso del tiempo, poco a poco, irremisiblemente, iban desapareciendo.

Señalemos que las caleras, de una altura de entre dos y tres metros, eran hornos de combustión conformados de piedras superpuestas. Los caleros llenaban la parte superior de piedras de tipología caliza. El mismo se abría, por la parte baja, con una puerta por la que se introducía la leña para alimentar la elaboración de la cal, y que tenían que mantenerse en combustión entre doce y dieciocho horas. En función de la cal que pretendiera extraerse. Un oficio duro, severo, sacrificado. Pero que honró, y de qué manera, a la calle y a Cáceres.

caleros. rotulo. hoy.

La Calle Caleros muestra toda su profundidad y tipología popular en esta fotografía.

Un día, de hace ya siglos, pues, el Concejo de la Villa de Cáceres decide poner nombres de gremios a las calles y plazas. Como el de Caleros. En el callejero local figuran, asimismo, entre otras, calles con nombres como Pintores, Carniceros, actualmente Sergio Sánchez, Tenerías, Labradoras, Caldereros, Carreteros, Aperadores, Hortelanos, Hornos, Plaza de las Canterías y, muy recientemente, el Ayuntamiento honraba a todo Cáceres con la Avenida de las Lavanderas y Turno de Oficio, dedicada, claro es, al gremio de la abogacía.

Una industria, la de los caleros, de señalada importancia en la historia social y económica de Cáceres. Hasta el extremo de que el ex ministro y ex presidente del Gobierno, Segismundo Moret, le concedió tanta importancia que. gracias al descubrimiento de las minas de fosfato y de cal, emanado de la zona, logró llevar el tren hasta la boca de las mismas, generando una intensa actividad que posibilitó el alzamiento y construcción de un poblado de extraordinario relieve en la vida de la ciudad.

caleros. esquina caleros- villaobos 1960.

Una imagen de los años sesenta con una lavandera en la confluencia de las calles Caleros y Villalobos.

Una Villa, la de Cáceres, que en 1880, cuando aún no era ciudad, acordó poner en su honor el nombre de Barrio de Moret, que posteriormente pasaría a denominarse Aldea Moret. También el Concejo le nombró Hijo Adoptivo en el año 1881 y hasta le dio, en el año 1913, el nombre de una de las calles más importantes y transitadas del casco urbano. La hasta entonces denominada Cortes.

La calle Caleros, cuya armonía estética han sabido conservar a base de bien sus vecinos, sin que la misma pierda el menor relieve, lo que es digno de consideración, se abraza, en sus proximidades, a todo un inmenso río de rúas y plazas de entrañable sensibilidad como son Fuente Concejo, la Plazuela del Socorro, Ribera de Curtidores, Cada Adarve del Cristo, Calle Amargura, Cuesta del Marqués, calle San Roque, calle Alto de Fuente Frías… y todo un puñado de calles que se arremolinan en esta zona de una considerable transcendencia y repercusión en la historia de la ciudad de Cáceres.

Tal como marcan los cánones de la tradición, de la tipología y de la fenomenología social, popular y humana en el recorrido de la historia de la ciudad.

Una calle, siempre, cuajada de vida, de esfuerzos, de penalidades y, al tiempo, de un profundo cacereñismo…

Y que, como todos sabemos, desde siempre, por cierto, forma parte de la esencia, de la historia y de las dinámicas de la capital cacereña entre una inmensidad de sensaciones y de sensibilidades que, en modesta opinión, siempre, también, nos hacen vibrar el alma de cacereñismo.

caleros ermita vaquero. caminodeemaus

La ermita del Vaquero se alza en un esquinazo de la calle Caleros, donde vivía el pastor Gil Cordero.

En la misma sobresale la ermita del Vaquero, construida en el siglo XVII, sobre la casa del pastor y vaquero Gil Cordero, a quien se le apareció la Virgen de Guadalupe en 1326 en la puebla, en la Sierra de las Villuercas.

Tras una larga lucha por parte de los vecinos de la calle Caleros en el año 1667 Juan de Carvajal y Sande, aunque otros historiadores consideran que es Juan de Sande y Carvajal, Presidente del Consejo de Hacienda y Caballero de la Orden de Calatrava, procede a encargar la elaboración de la imagen de la Virgen de Guadalupe. Con lo que dio pie, ya, para la construcción de la ermita, que inicialmente llevaba el nombre de la que es patrona de Extremadura desde el año 1907, por cédula pontifical del Papa Pio X, y con el obispo Ramón Peris Mencheta al frente de la diócesis de Coria.

La consagración de la misma se lleva a cabo el 8 de septiembre del año 1668.

La ermita es obra de Sebastián de Acosta y en su portada se alza una hornacina con la imagen de la Morenita de las Villuercas como recuerdo para la eternidad. Su retablo, de madera policromada, es obra del brocense Juan Bravo.

Aunque, por esas circunstancias de la historia en sus páginas en su lugar durante unos cincuenta años se instaló una mancebía que se plagaba, ya en aquellos tiempos, de meretrices, colipoterras, alcahuetas y buscones de aquel Cáceres.

Una ermita que en su día cayó en el silencio y también en el olvido, por esas causas que ni la propia historia sabe explicar, hasta que, afortunadamente, a raíz de una reivindicación y movilización popular de los vecinos de la calle, allá por los años ochenta, se procedió al adecuado arreglo y adecentamiento de la misma, con lo que ya pueden presumir, con razón, de que tienen hasta una ermita y con una larga historia detrás.

Una calle en la que, como nota de especial curiosidad, en el número 23, allá por el lejano año de 1879, se ocuparon dos monjas francesas de la Congregación de las Hermanitas de los Pobres, fundada por Juana Jugan, de poner en marcha un asilo para atender a los más viejos y necesitados de la ciudad. Y en cuyas dependencias, tan solo podían cobijar a veinte ancianos.

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Dos vecinas de la calle Caleros encalando la fachada de la casa los días previos a la bajada y llegada de la Virgen de la Montaña.

Pero el hecho evidente es que la calle Caleros tiene solera, sabor popular, que se configura como una de las más emblemáticas en la historia de Cáceres y en la que lo más importante y significativo, además de su larga tradición histórico-popular, es, sin lugar a dudas, el paso de la imagen procesional de la Virgen de la Montaña, cada año, cuando la patrona baja desde el Santuario hasta la Concatedral para la celebración del Novenario.

Y que posibilita el que todavía haya personas, vecinos y familias que se agarran al mantenimiento tradicional de recibir a la Virgen de la Montaña en base a a esa tradición popular en el calendario y en la conformación de la calle de encalar, al menos, la facha de la vivienda, tal comos podemos apreciar en la fotografía, del diario «Extremadura» y correspondiente a este mismo año

Seguramente porque la calle Caleros vive el pulso y el pálpito de los segmentos del paso de la Virgen día a día. Y, con mucha mayor intensidad, claro es, a medida que se acerca su emocionada y emocionante bajada a la ciudad.

calle caleros virgen montaña 2015

La Virgen de la Montaña guarda, desde siempre, una especial simbología en el marco de la calle Caleros.

Un recorrido emocionalmente intenso desde que la Virgen de la Montaña es recibida en Fuente Concejo, por las autoridades y el pueblo, donde se le entrega el bastón de mando de la ciudad, a los acordes del himno nacional, y donde una inmensa mayoría de fieles y devotos de la Virgen, en definitiva, todo el pueblo, camina tras su patrona.

Ante tal acontecimiento todos los vecinos de la calle Caleros ya llevan un montón de días acoplando todo tipo de preparativos, empezando por el encalamiento de las casas, como ya hemos señalado. Una tradición que, lamentablemente, se va perdiendo por la callejuela y el rincón del olvido. Preparativos que arrancan en la emoción más intensa, y en donde se canta con alegría emocionada, se baila porque lo pide el cuerpo, se reza porque lo solicita el alma, se llora porque se escapan las lágrimas y sus gentes se emocionan hasta lo más hondo porque no se puede contener el alma.

La Virgen de la Montaña, conocida también popularmente como la cacereña más bonita, entra en la calle Caleros al ritmo del «Redoble«. Desde las balconadas y ventanas de Caleros, en esa tarde inolvidable, histórica, con moldes de oro y humanidad y devoción, llueven pétalos, llueven besos, llueven canciones, llueven, a la vez, piropos y plegarias, llueven vivas que se escuchan hasta en el santuario de la Virgen. Quizás, incluso, más allá. Llueven fervores.

De principio a fin la calle Caleros, siempre con su patrona, es el lugar más sensitivo, emocionalmente hablando, para acompañar a la Virgen. Y donde, como se suele decir, no cabe ni un alfiler porque la devoción participativa se supera de año en año y hasta parece que la calle se revienta. Pero de hondura de conceptos tradicionales y religiosos.

Un día, pues, de lujo y de sentimiento devocional inmensamente calero. Tanto que un año alguien quiso desviar el recorrido procesional para que el desile procesional entrara a la Concatedral por la Avenida de la Montaña, el vecindario se puso de uñas y armó la marimorena. Pero la Virgen, camino del novenario anual, pasó, faltaría más, por la calle Caleros.

calle caleros hermana mayor virgen de la montaña

El azulejo que distingue a la Calle Caleros como Hermana de Honor de la Santísima Virgen de la Montaña.

Allí se arremolinan miles de personas en un acontecimiento verdaderamente sensitivo. Por varias razones. Primera y más importante: Porque la Virgen de la Montaña pasa por su calle; en segundo lugar, por la fe y la devoción de todos los caleros o caleranos, si se me permiten las palabras; en tercer lugar, porque la calle Caleros es Hermana Mayor de Honor de la Virgen de la Montaña, tal cual reza en el azulejo que lo inmortaliza.

Una calle aderezada de vida, de colgaduras, de arcos, de mantones, de estampas, de colchas, de banderas, de flores, muchas, muchísimas flores, y, al tiempo, plena de olor intenso e inmenso de romero, de jazmines, de hierbas aromáticas.

Y es que la Virgen de la Montaña, como cuentan los vecinos, es, de siempre, calerista. Y allí, mientras los vecinos cargan con las andas, siquiera sea unos pasos, mientras otros se esfuerzan por rozar el manto, o la esquina de las andas, y nadie escucha el sonido de las horquillas, se mece y se baila al paso, entre admiraciones y toques de palmas, se escuchan las estrofas populares y los acordes del «Redoble«.

Una jota de pique, que se dice en términos folklóricos-populares, la jota típica popular cacereña, y en las que, desde que la misma, que emana del siglo dieciocho, se habla de la calle Caleros, con estas letrillas:

Las de la Calle Caleros
se lavan con aguardiente,
las del Caminito Llano
con agüita de la fuente.

O:

A las de la calle Caleros
la multa les van a echar,
por tener en los zaguanes
las tinajas de la cal.

calero sfolklore

Muchas jóvenes cacereñas reciben a la Virgen y la acompañan hasta la Concatedral ataviadas con los trajes típicos de campuza y de montehermoseña.

Muchas jóvenes reciben a la Virgen con el traje de campuza, el traje típico y popular de la ciudad de Cáceres, engalanadas con el pañuelo de mil colores, con refajos, con polleras, como muchas son las que la reciben vestidas, de forma elegante y airosa, bella, armoniosa, con el traje típico de Montehermoso.

La calle Caleros se transforma en una algarabía de músicas, de exaltaciones. La Banda de Música Municipal y la de la Diputación Provincial, siempre con la Virgen, interpretan aires populares y pegadizos. Por allá, el pueblo, por acá, la tuna, dejando su capa al suelo para que pase la Virgen sobre las mismas.

Y en el centro, con el manto que le regaló el Ayuntamiento con motivo de las bodas de plata de su coronación canónica, el 12 de octubre de 1949, con el escudo de Cáceres en el delantal, la Virgen que, a lo largo de nueve días de estancia en la Concatedral, va a recibir miles de peticiones y de oraciones y de deseos y de preces y de miradas y de lágrimas y de deseos y de angustias y de sueños y de ofrendas y de flores y de esperanzas y sugerencias y de anhelos y de promesas inveteradas…

Una calle con sabor y pulso propio y que figura, por derecho propio, en las páginas de la historia de Cáceres. Por la calle en sí, por el barrio y, también, por sus gentes. Y una calle que se ha ido plagando, a lo largo de toda su historia, de las más variopintas imágenes, de todo tipo y condición popular.

callecaleros.caceres1961

Un piconero por la calle Caleros en el año 1961.

Por ejemplo, a pesar de la severidad que había en el fondo de la misma, la de estos carboneros que, arrancando en las gélidas madrugadas invernales de pueblos cercanos a Cáceres, a lomos de un burro, cobijados bajo una manta, la gorra calada hasta las orejas, ya andaban a eso de primera hora de la mañana pregonando sus mercancías con las que se ganaban la vida, a base eso sí, de muy duros esfuerzos y muchas calamidades y mucha hambre.

La estampa, ay, de los piconeros y carboneros que no paraban de caminar por el recorrido urbano, en el sudor del día a día, para calentar los fogones y los braseros de los hogares cacereños que en esos inviernos de Aquellos Tiempos tenían que echar mano del siempre socorrido recurso del carbón y del picón.

Una calle cuajada de sabor, de eternidad, de estampas como las dos que figuran a la izquierda de estas letras hilvanadas con esa sensación de cómo va pasando el tiempo sin que caigamos en la cuenta del transcurrir del mismo, hasta que no nos topamos con este tipo de imágenes.

aguadoras por la calle Caleros (Julita G. Parra, NO ERES DE CC si...)Lo mismo que por aquellos tiempos, ay, de entonces, desfilaban, con mucho amor y sufrimiento, con extraordinario corazón y un impresionante esfuerzo, mujeres de pasión y miles de sudores, repletas de sacrificio y de sensibilidad, de hondura, que caminaban, una y otra y otra vez por aquella calle Caleros, arriba y abajo, abajo y arriba, a la fuente y de la fuente, tal como se aprecia en la imagen, como lo hicieron durante muchos años por tantas y tantas calles, con cántaros de barro, y a por el agua. Al cuadril, clavados en la cadera, y encima de la cabeza sobre un rodillo…

Mujeres, siempre de un gran fuerza y coraje, que salía de lo más profundo de sus adentros. Y a las que hoy, como siempre, testimoniamos nuestro cariño y agradecimiento. Como ejemplo de todas ellas podríamos citar, entre otras muchas lavanderas cacereñas a Lorenza, «La Gata«, que según señala en uno de sus artículos de la sección «Ventanas a la ciudad», era «un compendio de tradiciones cacereñas«, cuando se reunían los vecinos por la Navidad y cantar romances y villancicos con la pandereta, con el almirez, con la zambomba y también, claro es, con la botella de panete.

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José Luis Franco, Franquete, que naciera en la calle Caleros, es Hijo Predilecto de Cáceres.

En la calle Caleros nació, por ejemplo, un cacereño de una talla humana inmensa, como es José Luis Franco, conocido por todos como Franquete.

Su bonhomia, su alto grado de cacereñismo, su generosidad, han llevado a que Franquete sea Hijo Predilecto de Cáceres, ciudadano bondadoso y ejemplar, amigo de todos.

Franquete es, por encima de todos, como ha dicho miles de veces, cacereño, cacereñeador y cacereñista, y que ha hecho del cacereñeo su vida. Amigo de todos, al servicio de todos, Franquete, radiofonista, humorista, vital, es hijo de José Franco, que trabajara de conductor con don Pablo Vioque, y de María, y desde niño ya se ganó el cariño y la admiración del todo Cáceres.

Y que cada día que pasa, en los compases de la propia vida, figura como uno de esos cacereños que se ha ido labrando, desde siempre, esa imagen de cordialidad, de generosidad, de bonhomía, de cacereño ilustre, siempre cercano a todos, siempre incardinado en el corazón de la ciudad con su más profundo cacereñismo,

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Santos Benítez Floriano, Cronista Oficial de Cáceres, también vino al mundo en la calle Caleros.

Y de la calle Caleros también emana la saga familiar que arranca con Santos Floriano González, que ya en 1900 regentara en la Plaza una imprenta y una droguería. Y en esa cacereñísima calle nació Santos Benítez Floriano, que antes de ser designado Cronista Oficial de Cáceres fue Premio Extraordinario de Bachillerato, licenciado en Geografía e Historia, director del Patronato de Turismo, Artesanía y Cultura tradicional. También es mayordomo de la Cofradía de Jesús Nazareno y de la Virgen de la Misericordia.

Y en la calle Caleros también nació Rafaela García, que a los nueve años de edad ya trabajaba, para ganarse el pan con el sudor de su frente, lo que se dice pronto, pero que muy pronto, de niñera en el palacio del Conde de Canilleros, y que fue homenajeada hace escasos meses por el Ayuntamiento al haber cumplido los cien años de edad, en medio del cariño de toda la larga estirpe familiar que la sigue en el ritmo de la vida en Cáceres.

Una calle, de y desde siempre, con una larga lista de personajes que se fueron y se van incrustando en las páginas de la historia de Cáceres por una variada muestra de sensibilidades.

Calle que marcha entre piedras y lavanderas, entre caleros y saetas, entre crónicas de la historia y oraciones al altar de la Montaña, entre silencios, que dormitan en el seno de la ciudad, y pasiones que se agigantan en el transcurso del tiempo como uno de esos señeros pasos de la propia capital cuando cualquier vecino, de la calle Caleros o de cualquier otra calle, se acerca a la mimsa y va viendo, paulatinamente, el sosiego sereno del camino.

teresa la navera cofrades abc sevilla

Teresa, La Navera, vaya voz, le canta al Nazareno desde su rincón en el Adarve.

Teresa Macías, la Navera, seguramente la saetera más popular de todo Cáceres, también vivió un puñado de años en la calle Caleros, y donde se fue a vivir nada más casarse. Una calle en la que Teresa, a la que quería todo Cáceres, fue la mar de feliz. Sobre todo cuando cantaba, lo que hacía de maravilla, y, más aún, en su recuerdo de aquellas Navidades, como nos relata su hijo Fernando Montes Macías, en las que se reunían los vecinos y se lo pasaban pipa entre villancicos al ritmo de zambombas, panderetillas, almireces, guitarras, botellas de anís, botellas de panetes, castañuelas. Y, claro es, con mantecados, mazapán, turrón, polvorones y sidra en la celebración navideña de paz, amor y felicidad.

Pero lo suyo fueron las saetas que recorrían el alma, la esencia y el paisaje de las emociones en la Semana Santa al ritmo de los desfiles procesionales y el paso de Vírgenes y Cristos. Tan es así que Cáceres ha inmortalizado con un azulejo el Rincón de Teresa, la Navera, incrustado en el callejero de la ciudad, allá, en El Adarve, en lo que fuera la Casa-Palacio de los Pererros, en la inmensidad del corazón de la Ciudad Medieval.

Un lugar privilegiado, en esencia, desde el que, en medio de un impresionante silencio, sin ruido alguno, con todos pendientes de su voz, Teresa, nuestra querida Teresa, se arrancaba e impregnaba los latidos del corazón de todos, mientras se nos compungía el alma al paso del Nazareno, en la Procesión de la Madrugada o del Cristo Negro, con aquellas sublimes letras que salían de la reflexión serena de don Miguel Muñoz de San Pedro o de ese poeta de Ahigal, Juan García, conocido como el Cartero-Poeta. Una de las letras decía:

Con las alas de un mosquito

hizo la Virgen un manto

y le salió tan bonito

que lo estrenó el Viernes Santo

en el «intierro» de Cristo.

Como allí, en la más que cacereñísima calle Caleros, en su número 53, Narciso Mangut Gaspar, casado con Vicenta López, que, en su día, puso en marcha su negocio con un horno de cal, allá en el Camino de maltravieso, y que heredaría, posteriormente, su hijo Baldomero. Por aquellos pagos de Caleros también vivió, por ejemplo, Agustín Vaca Holgado, calero asimismo de profesión, hijo de Sebastián, también calero, y de una lavandera, Dioni Rebollo, que es de las que blanquea la fachada de la casa de año en año en los días previos a la bajada de la Virgen. Por allí también se andaba Tomás Holgado, perteneciente a una familia tan popular como son los Cachichi, como estaba La Salva, con su tienda de chucherías mil, que arrastraban a una legión de chiquillos…

Y como estaba la lavandera de siempre, Lorenza, la Gata, que según señala en uno de sus artículos de la sección «Ventanas a la ciudad«, era «un compendio de tradiciones cacereñas«, cuando se reunían los vecinos por la Navidad y cantar romances y villancicos con la pandereta, con el almirez, con la zambomba y también, claro es, con la botella de panete.

Una calle, Caleros, con c de Cáceres, con c de costumbrismo, con c de cordialidad, con c de cariño, c de corazón que vuelan hilvanados en la esencia de su magia.

Y una calle que en el año 1952 aparecía con ese profundo sabor que podemos apreciar unas líneas más arriba.

calle caleros azucena

Azucena Alvarez, que puso en marcha el grupo de Facebook «No eres de Cáceres si…» vive abrazada a la muralla en la calle Caleros.

Y en la calle Caleros vive y saborea el paladar del costumbrismo y de su vitalidad Azucena Alvarez, que regenta la papelería El Atril, en la calle Roso de Luna, y que echándole mucho amor propio y pasión a la ciudad puso en marcha hace un tiempo un grupo de Facebook, denominado «No eres de Cáceres si…«, en el que constantemente aparecen fotografías antiguas y modernas, historias de los personajes célebres, de sus actividades, de sus paisajes, de sus gentes, de sus costumbres, de sus añoranzas, como aparecen poesías. Todo un puzle, por consiguiente, de vital calidad histórico-documental, social y participativa en el Cáceres de hoy.

Una calle en la que también vivió Teresa Sánchez Romero que, nacida en el 44, y con escasez de diversión ciudadana infantil confesaba a Cristina Núñez en el diario «Hoy«, en marzo de 2013, que con diez o doce años ya escribía obras de teatro para sus amigas y que representaban en los zaguanes de Caleros.

Una casa que, lamentablemente, se vendió en su día, lo que le costó a Teresa sangre, sudor y lágrimas, y que sigue escribiendo mucho sobre la Ciudad Histórico-Monumental de donde guarda inmensos, profundos recuerdos de cuando su paso por las carmelitas.

Hay que decir y dejar constancia, asimismo, para que se lea en todas partes, que la calle Caleros, tal como se va viendo, y como tratamos de ir dejando constancia, paulatinamente, es mucha y buena calle, con el sabor de la historia, con la hondura de sus gentes, desde muchas generaciones ha, con el hechizo que emana de su propio nombre en el callejero cacereño, Caleros, y que destaca, sobremanera, como una calle de un impresionante sabor escénico que nos llena a todos de profundidad cacereñista.

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El imán Brazim El Azifi en la mezquita de la calle Caleros

Una calle en la que en el año 2006 se abrió la primera mezquita, denominada Tuba, cuya traducción es clemencia, Más concretamente en el número 11, donde anteriormente se asentaban los miembros de Testigos de Jehová, como lugar de culto, de encuentro, de escuela coránica y de lengua árabe para los más pequeños. Una mezquita considerada como por los mismos como símbolo cultural y de identidad, y con Brazim El Azifi, natural de Kenitra, cerca de Rabat, como primer imán. O, lo que es lo mismo, primer guía espiritual.

Y una calle, también, de la que María Hurtado Pérez, que se declara CATOVI, o sea, Cacereña de Toda la Vida, escribía el 30 de julio de 2013, en la web «Asuntos de Familia«, un texto titulado «Diario de una madre de provincias«, en el que tras señalar que si personalmente creía alcanzar el summum del cacereñismo al irse a vivir a la calle Caleros, un día uno de sus hijos, con tan solo cinco años, le espetó: “Mamá, nosotros no vivimos en la ciudad”, porque para él «Cáceres es Cánovas, La Madrila, Los Fratres o Moctezuma pero la calle Caleros NO es Cáceres, para él este barrio es simplemente…la Plaza”.

La autora finaliza señalando que «Tal vez mi hijo tenga razón y la ciudad de verdad comience en Cánovas. Yo me quedo con la parte antigua, la vida de barrio de Caleros y sus casas«.

CALLE CALEROS POR PABLO DONCEL

Así pintó en su día nuestro querido amigo Pablo Doncel, 1935-2015) la calle Caleros con la Iglesia de Santiago al fondo en una bella perspectiva…

Mientras tanto se va tejiendo, también paulatinamente, poco a poco, pero sin descanso, ese proceso de revitalización y renovación generacional, social y convivencial de la calle Caleros, que arranca con el Plan Urban-Calerizo en el que se especifica que trata de «reactivar económica y socialmente las ciudades y los barrios en crisis con el fin de fomentar un desarrollo urbano innovador y sostenible», aumentando de día en día la población joven que se interesa por vivir en el área extramuros del Casco Histórico-Artístico. y los comercios, de diferente tipología, abren, poco a poco, cada día más, las puertas de la ilusión.

¿Es el florecer de la Calle Caleros?

Seguramente, sí. Y ojalá no nos equivoquemos. Una calle, en suma, que desborda el más hondo y profundo sabor y calado a lo largo de la historia de Cáceres, y que siempre se encuentra en el epicentro de la ciudad por la hondura de su tradición y de sus tradiciones, de sus vivencias y hechos y logros e inquietudes, tan arraigadas en el pulso existencial de la misma, mientras todo su vecindario, a una, como en Fuenteovejuna, sigue trabajando, de forma esmerada, por la mayor y mejor recuperación de la misma y de todo su entorno, en la esperanza, claro es, del mejor futuro para todos.

Una calle, sencillamente, y nada más y nada menos, llamada Caleros. Lo que supone y mucho, ya de por sí, en nuestra ciudad. Y , además, enclavada en uno de los lugares más emblemáticos y más significativos y señalados de una ciudad, Cáceres, que, como la de Roma, es eterna. ¡Pedazo de calle…!

NOTAS:

01.- La primera fotografía, con el rótulo de la Calle Caleros, firmada por Ñirre está captada del blog pueblosdeespana.

02.- La segunda, mostrando la profundidad de la calle Caleros está captada del periódico «Hoy«.

03.- La fotografía de la ermita del Vaquero está captada del blog caminodeemaus.

04.- Las de la Virgen de la Montaña en la calle Caleros, el día de la bajada de Virgen, correspondiente a este año, la de la placa que distingue a la Calle como Hermana Mayor de la Virgen y la de las jóvenes ataviadas con el traje típico están cedida por ese  gran cacereñeador y amigo que es Fernando Montes Macías.

05.- La fotografía de Franquete, Hijo Predilecto de Cáceres, está captada de la revista Nuestra Voz.

 

 

Licencia de Creative Commons
CALLE CALEROS, ¡PEDAZO DE CALLE…! by JUAN DE LA CRUZ GUTIÉRREZ GÓMEZ is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.

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LOS 127 MANTOS DE LA VIRGEN DE LA MONTAÑA

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Los 127 mantos que posee la Virgen de la Montaña, patrona de Cáceres, son una joya y forman parte ineludible, y muy significativa, de la historia de la ciudad.

 

virgen montaña bombardeo

La Virgen de la Montaña con el manto que llevaba cuando fue bombardeada la ciudad de Cáceres el 23 de julio 1937.

La Virgen de la Montaña, que ya fue propuesta como Patrona por primera vez en el año 1688, aunque la realidad es que alcanzó dicho título el 2 de marzo del año 1906, cuando el Papa Pío X firmó su proclamación como Patrona Principal con el título de Madre de la Divina Gracia, en tiempos de don Ramón Peris Mencheta, como Obispo de la Diócesis de Coria, dispone de ciento veintisiete mantos. Todos ellos son de un gran valor y se configuran como toda una serie de obras y de trabajos de gran relieve y preciosos, donados desde la mayor devoción, fe y esperanza, entre oraciones y rogativas, desde apellidos de ilustres familias cacereñas a gentes anónimas que igualan y rivalizan, dicho sea con el mayor respeto y en el  mejor sentido, por el cariño, por la pasión y por los sentimientos hacia la Virgen de la Montaña.

virgen montaña manto regalado por la Reina Isabel lI.

La Virgen de la Montaña con el manto regalado por Su Majestad la Reina Isabel II.

La colección, de una señalada belleza y riqueza, auténticas obras de arte, se inicia con el manto que fue donado por Su Majestad la Reina Isabel II, con un traje suyo de corte. El mismo está conformado de raso blanco, recubierto totalmente de encaje de fondo de malla e hilo de oro y plata, con aplicaciones de flores bordadas en seda de color. La malla del delantal de la Virgen es de fondo de seda.

También destaca el ofrecido por la ciudad de Cáceres con motivo de las bodas de plata de la Coronación Canónica de la Virgen, el 12 de octubre de 1949, que es de estilo renacimiento, sobresaliendo en el delantal de la misma el escudo de la ciudad.

Asimismo se encuentra el manto que llevaba puesto la Virgen en la Iglesia de Santa María cuando la ciudad fue bombardeada durante la Guerra el 23 de julio del año 1937.

También se hayan otros como el elaborado con un capote del torero cacereño Emilio Rey «El Pato«, el donado por funcionarios del Ayuntamiento de Cáceres en 1981 por suscripción popular, el que luce la Virgen y con el que obsequiaron a la Virgen, en su día, las tropas y el personal civil del CIMOV número 1 o el confeccionado con el vestido de una de las damas de los IX Festivales Folklóricos Hispanoamericanos-Luso-Filipinos, celebrados en Cáceres el año 1966, de brocado natural blanco, con aplicaciones en hilo dorado y de colores.

virgen montaña estampa

Una antiquísima estampa de la Virgen de la Montaña y que de siempre figuraba en un lugar destacado de buena parte de los hogares cacereños.

El más antiguo data del año 1902 y fue donado por doña Petra Fernández de Trejo. El mismo se configura de terciopelo rojo, bordado al realce en oro, escudo de armas de los Trejo, guirnaldas de flores y hojas, todo en oro.

Los mantos se le cambian a la Virgen una vez por semana, según lo estipulado, y, cuando la Patrona se encuentra en la ciudad, a lo largo de la celebración del Novenario, que se lleva a cabo con caracter anual, en medio de intensas muestras de cariño, de fervor y de devoción, se procede a renovárselo diariamente.

La tradición en la historia popular cacereña señala que todos aquellos cuantos acuden a ver a la Virgen, para postrarse ante la misma y depositar en ella sus oraciones, tratan de adivinar el color del manto. Asimismo se especifica que, de acertar el color del manto, habrá buena suerte.

Durante mucho tiempo fue una costumbre típica el lucir encima de las cómodas, de las mesillas de noche , de los aparadores, del cabecero de la cama o incrustada entre el marco y el cristal de algunas fotografías familiares, de bodas, de primera comunión, etc, una estampa de la Virgen de la Montaña.

NOTA: La primera de las fotografías está captada del Blog Tu Semana Santa y la segunda de la página de la Real Cofradía de la Virgen de la Montaña.

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EL ESCUDO DE LA DIPUTACION PROVINCIAL DE CACERES… EN 2013

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Resulta un poco sorprendente, o quizás un mucho, que en una provincia como la de Cáceres, donde tan solo en el ámbito de la historia de las familias nobiliarias y sus diversas generaciones en el Casco Histórico-Monumental, podría disponer de hasta 1200 escudos, según los expertos y estudiosos, la Diputación Provincial no dispusiera de un escudo heráldico propio hasta finales de noviembre del año 2013.

 

Escud de la Diputación de Cáceres

El escudo de la Diputación de Cáceres por fin vio la luz pública y oficial el 28 de noviembre del año 2013, cuando la institución se creó el año 1833.

Más aún tratándose de una Diputación Provincial que cuenta ni más ni menos que con 182 años de vida, lo que se dice pronto, ya que la misma se constituyó oficialmente como tal a raíz de la División Territorial de España que procedió a llevarse a cabo durante el año 1833. Fecha en la que se conformó Cáceres como una sola provincia cuando tanto Badajoz como Cáceres se conformaban, hasta entonces, según la ordenación territorial de España, como la Provincia de Extremadura.

No obstante es de señalar y dejar constancia en este sentido, por justicia histórica, que, tras tantos años sin escudo heráldico oficial que distinguiera como era debido a la Diputación Provincial de Cáceres. y a en el año 1977, tras la celebración de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura franquista, el abogado Jaime Velázquez, que entonces resultó elegido como presidente provincial de la Corporación Provincial por Unión de Centro Democrático, procedió a realizar un encargo para que la Diputación contara con su sello heráldico de carácter propio. Una iniciativa valiosa, original y digna de dejar constancia y a fin de que la institución provincial cacereña pudiera contar con su propio sello distintivo y creado en el marco del análisis correspondiente. Lo que resultaba, en definitiva, un estudio de una más que señalada envergadura. Sobre todo, como se diría coloquialmente, por las cuestiones e hipotéticos recelos que se pudieran suscitar en toda la demarcación provincial de Cáceres.

ESCUDO CIUDAD CACERES WIKIPEDIA

Este es el Escudo Oficial de la Ciudad de Cáceres y que era el que utilizaba habitualmente la Corporación Provincial hasta noviembre de 2013.

Si bien la realidad indica que hasta noviembre de 2013 se utilizaba el escudo de la ciudad y que data de los tiempos de los Reyes Católicos: Castillo de oro, con sus tres almenas y un león de color púrpura en el lateral derecho. Por la parte superior el mismo se adorna con una corona de florones.

De este modo la Corporación Provincial anterior retomó el asunto. Y el notable heraldista Abelardo Muñoz, miembro del Instituto de Estudios Heráldicos y Genealógicos de Extremadura, con los estudios de Antonio Flores Cumbreño, correspondientes al año 75, y de Santos Benítez, Cronista Oficial de la Provincia de los años 80, concluyó un escudo institucional y heráldico de la provincia.

El mismo se conforma de los blasones de Cáceres, Plasencia, Trujillo, Navalmoral de la Mata y Coria, como cabeceras de las comarcas naturales correspondientes a la provincia, y procediendo a incorporar, desde nuestro punto de vista consideramos que muy acertadamente, la Cruz de Alcántara, muy vinculada a la historia cacereña. Añadamos, por último, que el escudo queda timbrado por la Corona Real.

Así pues, felicitémonos, porque, aunque haya tardado un largo tiempo en el transcurso de la historia, su correr y sus aconteceres, la  Diputación Provincial de Cáceres, en base a fehacientes y muy rigurosos estudios ha logrado posibilitar un escudo de una extraordinaria identidad en el marco del relieve provincial de Cáceres.

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LA PATRONA DE EXTREMADURA FIGURA, DESDE SIEMPRE, EN LA DIOCESIS DE TOLEDO

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La Virgen de Guadalupe, que es la Patrona de Extremadura, sorprendentemente y por raro que parezca, permanece, desde siempre, en suelo de la diócesis de Toledo, que no en balde es la diócesis en la que reside el Cardenal Primado de España.

 

virgen de guadalupe

La Santísima Virgen de Guadalupe es conocida, también, como la Morenita de las Villuercas.

Llamativo, curioso y extraño caso, que muy probablemente no se de en ningún otro lugar de España. Pero el hecho real es que la sagrada y venerada imagen de la Virgen de Guadalupe se encuentra enclavada en el Real Monasterio de Guadalupe, enclavada en el precioso pueblo que lleva su nombre, Guadalupe, de 2063 habitantes, que al principio se llamó La Puebla de Guadalupe, nombre que aún se le sigue dando por parte de mmuchos, Conjunto Histórico-Artístico, alzado entre los siglos XV y XVIcon llamativas callejas, que pertenece a la comarca de Las Villuercas, en la provincia de Cáceres, al partido judicial de Logrosán, en la provincia de Cáceres. Y, sin embargo, por esas cosas de la vida, que pocos alcanzan a comprender, también pertenece a a la diócesis de Toledo.

Un bello y hermoso rincón de la geografía cacereña, convertido con una gran frecuencia en un lugar abarrotado de piadosos visitantes, de peregrinos de los más sorprendentes lugares y devotos, sobre todo extremeños, claro es, que no alcanzan a comprender, ni tan siquiera de la mano de la historia, cómo en llegando y pisando a suelo guadalupano, o sea, cacereño y extremeño, estén, al mismo tiempo, pisando suelo de la diócesis de Toledo.

virgen de guadalupe

La Virgen de Guadalupe ha convertido al pequeño pueblo extremeño en foco de devoción, de fe y de peregrinación.

Un contencioso que, hasta la fecha, no han sabido, no han podido o no han querido resolver ni las autoridades religiosas, ni las políticas. Y el tema por lo que se ve para largo, si seguimos el curso de la historia que, como señalaba Antonio Guerra el 15 de marzo en el periódico Extremadura, llevamos ya la friolera de 793 años esperando a que la diócesis de Toledo, devuelva a nuestra Comunidad Autónoma los treinta pueblos extremeños que forman y conforman parte de la misma.

Un más polémica cuestión sobre la que que mismo martes pasado, 8 de septiembre de 2015, el Arzobispo de Toledo y Cardenal Primado, Braulio Rodríguez, una autoridad religiosa de la mayor prestancia en España, no quiso entrar a pronunciarse, a pesar de las continuas demandas y quejas del pueblo extremeño que vienen reivindicando históricamente, con la mayor prudencia y respeto, como signo de distinción de los extremeños, que Guadalupe sea proclamada ya, y pase a formar parte, de una vez por todas, de una de las tres diócesis extremeñas. Un Cardenal Primado, Braulio Rodríguez, por cierto, que ya manifestara el pasado mes de marzo que éste «es un problema político y me atrevería a decir que un poco nacionalista», en unas declaraciones que ruborizaron a muchos. Y no solo a políticos y a religiosos. Si no lo que es peor, al pueblo llano extremeño, que, cuando menos, quiere a la Virgen de Guadalupe tanto como él. perdón. Quizás más que él. Perdón. Seguro que mucho más que él.

monasterio de guadalupe fachada

El Monasterio de Guadalupe se alza hacia los cielos en medio de un gran esplendor y belleza.

Más aún teniendo en consideración que la Virgen de Guadalupe es Patrona de Extremadura desde el año 1907, en tiempos del Papa Pío X. Si bien cuando los franciscanos se hicieron cargo del monasterio en 1908, tras un pequeño tiempo abandono del mismo, pidieron o, quizás, mejor dicho, exigieron, a la superioridad religiosa que el Monasterio continuara bajo la potestad administrativo-religiosa de Toledo y que en 1928 se procediera a la coronación canónica de Santa María de Guadalupe como Reina de las Españas, título equivalente a Patrona de la Hispanidad. Acto que se llevó a cabo el 12 de octubre de dicho año por el Cardenal Primado, Pedro Segura, en presencia del Rey Alfonso XIII.

Un conflicto, el de que Guadalupe pertenezca a una diócesis no extremeña, castellanomanchega por más señas, que lleva mucho tiempo enquistado, sin resolver, demasiado tiempo, añadimos nosotros, modestamente, mientras el bello pueblo enclavado en Las Villuercas, sigue siendo foco de peregrinación, de fe, de esperanzas, de sueños, de rogativas, de anhelos, de oraciones, de besamantos. Y donde se erigió un inmenso y muy bello monasterio, aunque primero fue santuario, desde que la Virgen se le apareciera al vaquero cacereño Gil Cordero, allá a finales del siglo XIII, se llenara de imágenes, de frailes, de capillas, de oratorios, de cuadros, de cirios, de altares, de velas, de púlpitos, de confesionarios, de bancos, de una inmensa escenografía histórico-religiosa.

pintura zurbaran en guadalupe

San Jerónimo flagelado por los ángeles, una de las numerosas obras pintadas por Zurbarán en el Monasterio de Guadalupe.

Empezando, claro es, por la Morenita de las Villuercas, de la que la historia señala que fue esculpida por el propio San Lucas, y que por esas circunstancias de la vida, llegó hasta Guadalupe, donde fue descubierta a orillas del río Guadalupejo, tras haber sido ocultada desde la época de la invasión musulmana, allá por el siglo VIII.

Y donde hoy se enclava un Real Monasterio de los siglos XIII y XIV, con mezcla de elementos góticos, renacentistas y barrocos, Patrimonio de la Humanidad desde el año 1993, custodiado por los monjes de la orden jerónima desde 1389 hasta 1835, y con un extraordinario Museo, con impresionantes pinturas de Francisco de Zurbarán, artista de carácter religioso, de Juan de Flandes y El Greco, entre otros, además del Claustro Mudéjar con un Templete gótico mudéjar de ladrillo y revestido de azulejos de Manises, el Camarín de laVirgen, del siglo XVIII, la Sala Capitular, del siglo XV, con destacadas pinturas góticas al fresco, grandes libros de coro miniados y otros legajos.

El caso y la cuestión es que, por numerosos contenciosos o reivindicaciones que ha habido a lo largo de los siglos, desde que se inició el asunto, allá por las lejanas fechas de 1222, cuando el arzobispo toledano Rodrigo Ximénez de Rada, al parecer el comprador de los Montes de Toledo, no se ha sabido resolver entre las partes en litigio.

Montes de los que forman parte Guadalupe y los treinta pueblos extremeños restantes, que también pertenecen a dicha diócesis toledana. Como es el caso de Helechosa de los Montes, Siruela, Fuenlabrada de los Montes, Carrascalejo, Valdelacasa de Tajo, Garvín, Zarzacapilla, Bohonal de Ibor, Castañar de Ibor, El Risco, Villarta de los Montes, Puebla de Alcocer, Capilla, Navatrasierra, Garlitos, Herrera del Duque, Peraleda de San Román, Valdecaballeros, Bohonal de los Montes, Garbayuela, Casas de Don Pedro, Villar del Pedroso, Tamujero, Peñalsordo, Talarrubias, Navalvillar de Ibor, Alía y Guadalupe.

Montes de Toledo que adquirió, al parecer, por ocho mil morabetinos y mil cahices de trigo y cebada. Que así, a bote pronto, no parece demasiado. Y que hasta podría merecer una colecta en las misas de las iglesias extremeñas, de cualquier domingo, en la seguridad de que se lograría una cantidad muy superior a la mismas, incluido el nivel de los correspondientes IPC anuales, por mucho que hayan transcurrido casi ocho siglos.

papa francisco i

Su Santidad el Papa Francisco I debiera dar la orden de que Guadalupe y el resto de pueblos extremeños que pertenecen a la diócesis de Toledo pasen a una diócesis extremeña.

Y es que con este tema no pudo ni tan siquiera, por mucho que lo solicitara en su día,el obispo placentino Sancho pidiendo que la jurisdicción eclesiástica se adecuara a la civil, o que hubiera un cruce de agrias y polémicas tensiones entre el ex presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra y el cardenal primado, Antonio Cañizares, ni que el expresidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago, dirigiera una carta el pasado año dos mil catorce al arzobispo de Toledo reclamando en una carta al Papa Francisco que Guadalupe y los otros treinta pueblos extremeños pasen a pertenecer a una de las tres diócesis extremeñas y dejen de depender de Toledo, lo que calificaba de una histórica reivindicación de la región.

Como anteriormente ya había hecho también Guillermo Fernández Vara, presidente de la Junta de Extremadura, en el acto institucional del Día de Extremadura y del Día de la Festividad de Guadalupe, en el año 2010, y que reclamó a las autoridades de la Iglesia Católica que escuchen a la mayoría de extremeños, que reivindican que el Monasterio de Guadalupe deje de pertenecer a la Diócesis de Toledo, ya que sus razones tienen que ver con el sentimiento.

Sin embargo el Nuncio Apostólico del Papa en España, Renzo Fratini, ya se interrogaba en 2009 a la pregunta de cuándo pasaría Guadalupe y su Virgen a una diócesis extremeña, que «¿La Virgen de Guadalupe es la patrona de Extremadura? Entonces eso hay que estudiar y ver, ahora no tengo respuesta para dar» y añadiendo que la reivindicación sobre Guadalupe no era un asunto capital, que podría dividir, ya que lo relevante es la fraternidad.

braulio rodriguez

Braulio Rodríguez, Arzbispo de Toledo y Cardenal Primado, autor de unas polémicas declaraciones sobre Guadalupe como parte, que es, a fecha de hoy, de la diócesis de Toledo.

Asimismo es de señalar que el pasado 10 de marzo y a propósito de este tema, de importancia transcendental para Extremadura, por mucho que el Arzobispo de Toledo y Cardenal Primado, Braulio García, pudiera no considerarlo así,manifestaba lo siguiente en el periódico ABC: «Que cuando en 2009 el entonces Papa Benedicto XVI le nombró arzobispo de Toledo la Diócesis de Toledo tenía parte en Extremadura y parte en Toledo y que ninguna de las dos es más importante.

Asímismo señalaba que es «mentira que la diócesis se esté lucrando» con el monasterio de Guadalupe, ya que el 10 por ciento de los ingresos brutos que recauda pasa a un fondo común para ayudar a otras parroquias y «es la comunidad franciscana quien está encargada de la administración de los bienes monetarios». «No se puede ir engañando a la gente», concluyó el arzobispo.

Todo un anacronismo, pues, la situación creada, en nuestra siempre modesta opinión, que se ha convertido en una severa y profunda injusticia regional histórica Y que salvo error u omisión no tiene precedente en España. ¿Una Patrona de una Comunidad Autónoma instalada en territorio de otra Comunidad? Cuando menos parece tan raro y sorprendente como extraño.

¿Conoceremos algún día la verdad, como Dios manda, de qué es lo que hay detrás de tamañas decisiones, de tanto silencio administrativo-eclesiástico ante tan justa reivindicación popular de los extremeños y que solo requeriría de un simple y mero trámite administrativo?

 

 

 

 

 

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MASSA SOLIS, POETA DEL COLOR

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José Massa Solís, gracias a su alto grado de creatividad e intelectualidad, es uno de los pintores de mayor relieve en la historia de Cáceres. Y que un día, en una muestra de sensibilidad, siempre desde la humildad y la modestia, claro es, dijo que era un poeta del color, tal como un día le comenté, en una de nuestras innumerables charlas.

MASSA SOLIS CIUDAD ANTIGUA

Así ve José Massa Solís la Ciudad Histórico-Monumental de Cáceres, con un colorido impregnado de fuerza.

Amigo de siempre, porque además de excelente pintor, creativo en grado sumo y trabajador incansable, José Massa Solís, (Miajadas, 1935)es buena gente. Mejor aún, muy buena persona. Y de una honradez extraordinaria en su sensibilidad humana, personal y espiritual. Que de todo se compone Pepe Massa Solís, y que, desde mi personal opinión, se configura como un lujo, impresionante, de Cáceres, de Extremadura, de la pintura universal. Un gran poeta, claro que sí, del color. Y del Cáceres de su corazón que lleva esculpìdo con todo merecimiento y nobleza desde que se dio cuenta de su vocación, de la fuerza de la tierra y de su capacidad expresiva para conectar, a través de la pintura, con esa manifestación de transmitir el ritmo de sus pinceles, de sus imaginaciones, de sus creaciones de largo alcance y recorrido, de su alto grado de intelectualidad, de su talento, de su pasión.

MASSA SOLIS PLAZA DE SAN JORGE

La Plaza de San Jorge y el Palacio de los Golfines de Abajo visto, de un modo de excepcional relevancia artística, por José Massa Solís

Con un currículum de Cum Laude, si se me permite la expresión, con un largo listado de premios y distinciones a nivel internacional. Miembro Emérito de Academias, Centros y prestigiosas Asosiaciones Artísticas, como la Academia Francesa de las Artes, Ciencias y Letras en París y la Academia Internacional de Arte Moderna de Roma, la fecunda obra de José Massa Solís, poeta del color y extremeño universal, cuelga en las paredes de los más prestigiosos museos y pinacotecas, gracias a una obra bella y fascinante, sería y profunda, rigurosa y analítica, mientras pasea, con sosiego, inquietud e ilusión al tiempo, el nombre de Miajadas, el de Cáceres, el de Extremadura, y la fuerza y la sugerencia de su plasticidad, de sus pinturas y del Casco Histórico-Monumental. Una Ciudad Medieval, por cierto, la de Cáceres, que ha radiografiado de modo sublime y solemne.

Todo desde que un día su tío, el gran pintor Antonio Solís Avila, que durante tanto tiempo mostró sus creaciones en el diario ABC, le metió el gusanillo. Un gusanillo vocacional que se trabajó desde siempre, en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, en sus estudios en París y Frankfurt, y que hoy continúa jalonando peldaños y escalones para la efigie de la posteridad.

Volcado, siempre, en estudio de las tendencias pictóricas y su imaginación, siempre en estado de reflexión y avance al cometido y a la responsabilidad de su trabajo, con un nombre de prestigio en el panorama pictórico nacional e internacional, José Massa Solis, gracias a su propia creatividad, se ha ido labrando, en el curso de la su propia historia, un hueco de significado realce. Y es que siempre hay que crear para enriquecer la propia formación y el desarrollo de las inquietudes interiores, como una de sus expresiones más habituales

MASSA SOLIS ARCO DE LA ESTRELLA Y ADARVE

El Adarve y el Arco de la Estrella, puerta de entrada al recinto histórico-artístico de Cáceres.

Trabajador incansable, galardonado en numerosos certámenes, de extraordinarias facultades imaginativas y creativas, que ha desarrollado con fuerza, con ímpetu y con valentía, Massa Solís se encaramó, un día, a ese privilegiado lugar de los elegidos. Lo que le costó, que todo hay que decirlo, un trabajo ímprobo y al que se entregó no solo sin desmayo alguno. Si no con toda la ilusión y todas sus energías.

Con una personalidad de hondos conceptos culturales y morales en su propio desarrollo y evolución, reflexivo observador desde su estudio de pintura, siempre enclavado en lo más hondo de su genuina personalidad, de su reflexión permanente, de su prisma de excepcionales cualidades, de su atalaya como estudioso constante de su obra, es uno de los pintores de mayor relieve, Massa Solís se fue convirtiendo paulatinamente, en uno de los pintores más prestigiosos y de mayor enjundia.

Lo que se dice pronto, pero que no es más que producto y resultado de los muchos esfuerzos y trabajos que, desde siempre, ha ido llevando a cabo el prestigioso pintor cacereño.

massa solis la montaña

Una imagen del Santuario de la Montaña con una parte de la ciudad de Cáceres al medio.

Al medio mucho tiempo y trabajo, mucha reflexión y ánimo, mucho decaimiento e ilusión, a la par, mucha constancia, y muchas días de estudio sereno e inquieto al tiempo. Con una multitud de proyectos, de trazos, de rasgos, de colores, de apuntes, de percepciones, de semblanzas, de ángulos, de perspectivas, de tonalidades, de percepciones, de semblanzas, que fluían a su mente. Si bien el recorrido del camino entre su visión y sus ideas sería largo, plagado de muchas interrogantes, hasta que lograron llevarle a entrar por la puerta grande en el panorama artístico, social, nacional e internacional.

Intelectual nato, apasionado cacereño, cacereñista y cacereñeador, entusiasta de su tierra, estudioso de la pintura en su expresión más creativa Massa Solís es uno de esos personajes que ha enriquecido de modo notorio, con sus aportaciones, la belleza, por ejemplo, del Casco Histórico-Monumental de Cáceres.

massa solis plazamayor

La Plaza Mayor de Cáceres enfilando hacia el Casco Histórico-Artístico de la Ciudad Monumental.

Lo que ha conseguido a base de un trabajo ilimitado, una pasión entusiasta, una paciencia continuada y casi monástica, y un estudio detallado, se diría que piedra a piedra, de cada reflejo de sus pinceladas para exaltar, sobremanera, el Casco Histórico de Cáceres. Un trabajo con el que Pepe Massa, gran pintor, excelente creador e ilustre cacereño, ha conseguido un reconocimiento de calibre nacional e internacional.

Y lo mismo que durante un tiempo se entregó a a plasmar el Mural «Cáceres, Patrimonio de la Humanidad», para la sede mundial de la UNESCO, en París, que luce junto a obras de Salvador Dalí, de Joan Miró, de Pablo Picasso, otro día recibe, allá, junto a la estatua del poeta Gabriel y Galán, en el Paseo de Cánovas, el premio Valores Extremeños. por haber sido capaz de plasmar en sus cuadros las grandeza, las formas y el colorido de Extremadura», según se puede leer en el acta del jurado.

Desde aquí, pues, nuestro homenaje y tributo de admiración y reconocimiento a una gloria de largo recorrido en pintar, en recrearse, en dibujar y diseñar sus creaciones sobre el Casco Histórico-Monumental de la Ciudad de Cáceres a través de un notorio relieve de imaginación y de notable acierto, tal como recogen los críticos nacionales e internacionales en el panorama artístico.

massa solis homenaje a los impresionistas

Una de las obras de Massa Solís en su particular homenaje a los impresionistas. En este caso a Goya y a su cuadro La Gallina Ciega.

Pero dejando constancia expresa, eso sí, de que José Massa Solís, que un día empezara dibujando a tinta china, sigue volcado en la más amplia temática universal. Cuadros sobre la Gran Vía madrileña, reinterpretaciones de obras clásicas, como hizo en día con Tiziano y su cuadro sobre Carlos V, o la obra de Seurat denominada «Tarde de domingo en la Isla de la Grande Jatte», y otras de Goya, como se ofrece en la ilustración de la izquierda, en base al cuadro del pintor aragonés titulado «La gallina ciega», o de obras de Velázquez, de Dalí, de Van Gogh, de Renoir, con su más que señalada capacidad creativa, personalidad y relieve, en los que siempre hay toda una fenomenología de brillantez intelectual, reconocida por académicos, por pintores del mayor prestigio, por la crítica especializada.

MASSA SOLIS ANA ISABEL 1995

Retrato de Ana Isabel Massa, hija del pintor, en el año 1995.

José Massa Solís es, al tiempo, un estudioso, un analista, un señalado y riguroso diseñador del rostro humano, habiendo adquirido un significativo prestigio por la calidad y autenticidad de los retratos, en los que domina a la perfección los rasgos y los trazos físicos de las caras, como es, por ejemplo, el caso del retrato de su hija Ana Isabel, realizado el año 1995, y de un parecido de extraordinarias similitudes.

Del mismo modo José Massa Solís dedica una buena parte de su escaso tiempo libre a la pasión por la lectura, infantigable, sobre los impresionistas franceses, al estudio, los apuntes y los diseños de pintura y recreación sobre la hondura y penetración del paisaje extremeño a fín de trasladarla a su voluminosa obra… Y el lujo que representa para todos nosotros, claro es, que su obra sea conocida como el «massismo» o un «constructivismo lírico-cromático».

Una obra, en suma, la de la reconocida obra de José Massa Solís, que se caracteriza, además de por su capacidad y fuerza expresiva, se diría incluso que de vitalidad, con un muy señalado cariz de identidades de tipología popular. Lo que aprendió a mamar y a cultivar desde siempre. Todo ello arropado por el aire de una identidad marcada por su propia sencillez y naturalidad coloquial, que imprimen al artista de una personalidad de marcados rasgos humanos y humanistas.

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LUIS REGIDOR Y SU PASEO

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Luis Regidor Blasco, 1948-2012, que cuenta con un Paseo en la ciudad, fue un cacereño inquieto, culto, rebelde, tertuliano apasionado, amante de los viejos y entrañables cafés como punto de encuentro, de actualidad y de pasar revista a la sociedad en la que se encontraba inmerso, reivindicativo, catedrático de Francés en el Instituto Norba Caesarina, durante más de cuarenta años, uno de los inspiradores del Gran Café, 1983, en el que pretendía erigir un gran centro cultural, como los grandes cafés franceses, por ejemplo Les Deux Magots, italianos, por eje1mplo El Greco, o austriacos, por ejemplo Silbernes. Y, mientras, soñaba en el recuerdo imborrable con la imagen siempre a caballo entre la cafetería Avenida y el café Jamec, en la cacereña avenida de España y en la cacereña calle de Pintores, que se habían derrumbado años atrás, 1972 y 1980, respectivamente, abatidos por la crisis y la modernidad de los tiempos, que todo lo arrasan.

 

placa en recuerdo a luis regidor en el rodeo

El 22 de abril de 2014 el profesor y cantautor cacereño Luis Regidor Blasco presta su nombre a un Paseo para la eternidad de Cáceres.

Lo mismo que fue buena gente, noble, viajero impenitente, sobre todo por Europa, cantautor de composiciones como «Para ser extremeño«, «Cáceres«, «Misa de Pontifical«, «Hay que democratizar«, «Soledad de campos extremeños«, «El alma vieja«, «Cenicienta«, «Mi calle«, el villancico «Que nació bajo una encina«, «Yo se«, «Como una alondra«, que cantaba, soñando entre viejos encinares extremeños y sueños idílicos por una sociedad mejor, acompañado, casi siempre, de su guitarra y con la que, según decía, alcanzaba momentos de apasionante felicidad personal por su sentimiento expresivo. Al menos, añadía, consigo mismo. De este modo, por ejemplo, se crecía, interiormente, cuando cantaba al viento letras, salida de su pluma y de su sentimiento como aquella, tan honda y profunda, que señala para la eternidad de la obra del cantautor:

Hay que aprender a vivir para volar,

hay que aprender a vivir para soñar,

hay que sentir el alma entre las venas,

hay que matar a sueños la realidad.

Luis Regidor vivió por y para Cáceres, una tierra que sentía en el alma. Porque, como me apuntaba hará cuatro o cinco años, con un café al medio, es la tierra en la que me nacieron. Y punto, Juan.

Abierto a las tertulias de conversiones con tintes y aires inquietos y de señaladas sensibilidades creativas e intelectuales, como lo que era, amigo de su tierra, de su ciudad, de sus gentes, se entregó a ellas porque lo sentía en sus adentros y en sus adentros lo llevaba.

Luis Regidor

Luis Regidor era un cacereño y un CACEREÑEADOR convencido de su filosofía cacereñista. Y perdón por el juego de palabras.

Amigo de sus amigos, paisano entrañable de sus entrañables paisanos y del paisanaje. Luis Regidor también era, como se puede colegir, europeista, y un apasionado caminante, por el panorama y los senderos de la intelectualidad, de los páramos de la felicidad, como aquel titular que el 18 de noviembre de 2012 le dio al periódico Extremadura señalando: «Se ha obligado a estudiar a todos y nunca se ha priorizado la felicidad de los alumnos». Todo un ejemplo de belleza del pensamiento, de la reflexión, de la hondura humana y de la cultura humanística.

Cantautor reivindicativo, con composiciones preñadas de vida, y en ocasiones desgarradoras, sobre todo de sentimiento de libertad, poco antes de su fallecimiento la Facultad de Formación del Profesorado le había concedido el premio María Antonio Fuertes por la labor humanística que había llevado a cabo durante sus numerosos años de docencia.

La verdad es que Luis Regidor, por ser honestos, fue, ante todo, tan franco como valiente y tan sensible y sincero como la sangre que le corría, de forma galopante, por las venas, siempre, de un cacereñismo cuajado de hondura.

Paseo Luis Regidor

El Paseo Luis Regidor da alma y vida y canción y libertad a ese camino de sentimientos que llevaba, tan dentro, el profesor y cantautor cacereño.

Mientras tanto, ahora que desde el 22 de abril del pasado año presta su nombre a un Paseo en Cáceres, allá por El Rodeo, que concluye en el templete que está situado junto al instituto Norba Caesarina, envuelto de silencios y soledades, y a veces del griterío del alumnado del centro educativo, seguro que vuelan por el aire los compases de sus canciones y se escucha, de modo impecable,su dedicación a Cáceres.

El escritor e investigador Moisés Cayetano Rosado, catedrático de Geografía e Historia en Badajoz, estudioso de las páginas de Extremadura en todas sus manifestaciones, ya señalaba en el periódico Hoy del cuatro de abril del año dos mil cuatro que fue un cantautor excepcional, un cacereño universal en sentimientos, a la altura, escribe, de Pablo Guerrero y Luis Pastor. Lo que dice, añadimos nosotros, mucho de él.

En tertulias, en recitales, en la soledad de su despacho y hasta en la fantasía de su exquisita dulzura CACEREÑEADORA.

NOTA: Las dos primeras fotografías está captada del periódico Hoy, y la tercera de las mismas del periódico Extremadura.

 

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EL SABOR POPULAR DEL CALLEJERO CACEREÑO

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La cultura urbana, social, coloquial y popular se suele imponer, a base de paciencia, de años y de persistencia, algunas veces, sobre la fenomenología administrativa. Y el sabor popular del callejero de Cáceres, por ejemplo, no iba a ser una excepción.

 

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La Plaza de Hernán Cortés es conocida, popular y socialmente, como la Plaza del Caballo.

De este modo hay nombres de una gran tipología popular en el callejero cacereño, marcados por la ciudadanía, que se imponen a los oficiales, como hay una especie de batalla intergeneracional. Unos sacan los nombres antiguos del zurrón y otros hablan de los nombres reales.

De este modo la Plaza Mayor, que siempre ha sido, es y será la Plaza, ha respondido a los nombres oficiales de Plaza Pública, Plaza de la Feria, Plaza de la Constitución, Plaza de la Villa, Plaza del General Mola y Plaza Mayor. Lo mismo que la calle Pintores siempre será la calle Pintores por mucho que las directrices del callejero la hayan ido denominando calle Alfonso XIII, posteriormente calle Pablo Iglesias y, luego, Generalísimo Franco. O lo mismo que su vecina calle Moret, aunque se impone el nombre de calle Cortes. O igual que la Plaza de Las Cuatro Esquinas, de donde parten las calles Muñoz Chaves, Sancti Spiritu, Zapatería y Gabriel y Galán, se imponen al nombre de plaza del Duque.

De allí mismo por ejemplo arranca el nombre de la calle General Margallo pero que en historia coloquial y popular aún sigue siendo la calle Moros, desde el año ni más ni menos que 1893. Una calle que confluye con la antigua de José Antonio y hoy Barrio Nuevo ante el colegio Delicias pero que la ciudadanía conoce, se diría que desde siempre, por el Perejil o Pérez Gil, apellidos, al parecer, de uno de los maestros pioneros en imponer las enseñanzas en dicho centro escolar.

Asimismo es de señalar que el nombre popular, en su día, de la Avenida de Nuestra Señora de Guadalupe fue el de Paseo de las Acacias, que durante más de veinte años fue un paseo la mar de romántico y melancólico, sobre todo para quienes lo frecuentaban, que eran las parejas de novios, o como el nombre de Paseo de Cursilandia se impuso en el espacio comprendido entre la acera de los números impares de la Avenida de España comprendida en el segmento entre la Avenida de la Montaña y la calle Silva. Si bien este nombre ya anda en desuso.

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La Plaza de América es conocida, popularmente, como la Plaza de la Cruz o Plaza de la Cruz de los Caídos.

Por ello el lector sabe que si le hablan de quedar en la Cruz, a secas, antes llamada de los Caídos, le están citando en la Plaza de América que vertebra, prácticamente, todas las direcciones de un eje viario de la mayor importancia en Cáceres. Lugar que previamente había sido conocido como Plaza del Lápiz. Asimismo Todavía hay algunas personas mayores que hablan de la calle Empedrada, refiriéndose a la céntrica calle de General Ezponda. Lo que ya es remontarse años atrás. Nombre, el de Empedrada por el que fue muy conocida y popular en su día por haber sido ni más ni menos que la primera calle de la ciudad que alcanzó el privilegiado lujo de la pavimentación.

Lo mismo que hay quienes recuerdan que el Arco de la Estrella fue, en su día, el Arco del Rey, hasta que llegó la República, mientras que la calle Camberos, como recordaba hace pocos días Angel Cerrillo, era conocida como la Calle Oscura.

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Todavía son muchos los cacereños que siguen llamando Plaza de Italia a la Plaza denominada hoy, oficialmente, de Antonio Canales, alcalde republicano de Cáceres.

Todavía son muchos los cacereños que a la actual Plaza de Antonio Canales, alcalde republicano de la ciudad de Cáceres, continúan conociendo y llamando como Plaza de Italia, donde llegaron a instalarse en su día las conocidas como Casas Baratas y que hoy es un señalado lugar de relieve y en una perfecta ubicación en uno de los ámbitos centrales de la ciudad de Cáceres.

Y si subes por San Antón, a mano izquierda, lo primero que te encuentras es, sencillamente, la Plaza conocida como del Requeté, donde se ubicó un comercio emblemático en la ciudad en los años cincuenta, sesenta y setenta, y que llegó a ser de los pocos en los que siempre, siempre, siempre, había unas colas de padre, madre y muy señor mío, gracias a Getulio Hernández, un empresario del textil de señaladas iniciativas.

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El Paseo de Cánovas es, desde sus inicios, a finales del siglo XIX, como uno de los lugares más emblemáticos de Cáceres.

Por su parte el Paseo de Cánovas llegó a ser conocido como Paseo de las Afueras de San Antón, Avenida del 2 de Mayo y Avenida de Armiñán, y que popularmente también conocido, en su día, como Paseo de los Aburridos hasta finales del siglo diecinueve, en la época en que la zona sur de Cáceres finalizaba en San Antón y había un Paseo que llegaba hasta Aldea Moret, y con tan solo tres edificios en Cánovas. El Hospital Provincial, el Asilo de Ancianos de las Hermanitas de los Pobres y el Parador del Carmen. ¿Hay alguien que, en alguna ocasión no haya llamado Paseo de Cánovas al que va desde San Antón hasta la Plaza de América y que, en su primer tramo, entre San Antón y la Fuente Luminosa se conoce como Paseo de Calvo Sotelo, y desde ahí hasta arriba del todo es el Paseo de Cánovas?

Por su parte, lo que hoy es Avenida de Hernán Cortés, popularmente sigue siendo conocida por muchos como La Ronda, mientras que la Plaza de los Conquistadores, para no engañarnos, sigue siendo, coloquialmente hablando, la Plaza de Colón, y por la que pasaban miles de cacereños para ir a las Ferias del Rodeo, de mayo y septiembre, a los partidazos de fútbol del Club Deportivo Cacereño, que siempre estaba peleando en los años sesenta por el liderazgo en el Grupo XIII de la Tercera División, a las piscinas de la Ciudad Deportiva, a la Residencia Sanitaria, y a partir de 1965 al Instituto Nacional de Enseñanza Media «El Brocense».

También hay quienes continúan llamando conociendo como El Carneril a la Barriada Llopis Iborra, a pesar de lo que ha llovido desde entonces.

Eso sí, la plaza de San Juan, que en su día fue conocida como la Corredera de San Juan y/o San Juan de los Ovejeros, se encontraba dividida en Corredera Alta y Corredera Baja. Posteriormente el trazado que va desde San Juan hasta la Plaza fue bautizado como Gran Vía e incluso como Defensores del Alcázar. Y para muchos que viven en los comienzos de la carretera de Monroy su espacio físico siempre será la barriada de Pinilla, construida a finales de los cincuenta, que es el apellido de su constructor, y de nombre Valentín.

También son bastante los cacereños que se siguen refiriendo a la calle Gómez Becerra como la de la Pulmonía, mientras que la Plaza del Caballo es como muchos denominan o conocen a la Plaza de Hernán Cortés.

NOTA: La fotografía de la Plaza de Italia está captada del periódico Hoy.

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EL SABOR POPULAR DEL CALLEJERO CACEREÑO by JUAN DE LA CRUZ GUTIÉRREZ GÓMEZ is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.

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