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63 AÑOS DE TELEVISION ESPAÑOLA Y, GRACIAS, SIEMPRE

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Hoy, 28 de octubre, se cumplen 63 años de la puesta en marcha de Televisión Española. Una Casa que un día, allá por los mediados de los 70, me acogió con la generosidad de las puertas abiertas. Hoy, pues, es un día de recuerdos, para tantos y tantos compañeros, tantísimos y extraordinarios profesionales y tantísima buena gente, como todos los que me encontré en el camino, con casi cuarenta años de servicio.

 

Programa "Parlamento". Año 1981.

Programa «Parlamento». Año 1981.

Tras pasar por la Escuela Oficial de Radiodifusión y Televisión y la Facultad de Ciencias de la Información, aprendí todo de todos ellos: Verdaderos Maestros del periodismo, de la cámara, de la realización, del montaje, de la presentación, del reporterismo, de la iluminación, de la documentación, de la producción, del rigor y del magisterio de la hondura profesional…

¡Qué gran Televisión (mejor, con mayúsculas) se hacía en aquellos tiempos, en base a señalados trabajos de todo el colectivo, y continúa haciéndose…!

Citar a un puñado de personas, tan solo a título de ejemplo, del calibre profesional, y humano, de Luis Mariñas, de Ladislao Azcona, de Diego Carcedo, de Pedro Macías, de José Luis Balbín, de Matías Prats, de Jesús Hermida, de José Marín Quesada, extraordinario realizador y gran amigo, de José María Iñigo, siempre de largo mostacho y cordialidad, de Tico Medina, de Manuel Martin Ferrand, de Miguel de la Cuadra Salcedo, (que me firmó un  autógrafo. perdido por el olvido y trajín de los papeles, donde se leía, más o menos, «A Juan de la +, que, quién sabe, algún día podría ser mi jefe«, y que lo recibí enrojecido), de todo un gigantesco abanico inmenso de nombres, es dejarse atrás al mismo tiempo una larga, inacabable lista de personas entregadas al día a día entre, por y hacia los caminos de Televisión Española, ahora que otros compañeros van escribiendo los aconteceres de aquellos pasos, conformando la propia historia de una historia sorprendente y que tanto nos seducía a todos, además, claro es, del reflejo que representaba a través de la pantalla, irradiándose por todos los caminos de España.

Por ahí quedan las páginas de mi siempre humilde trayectoria, y cuyos pasos iban moviéndose y deslizándose, paulatinamente, en medio de aquella gigantesca y familiar empresa de RTVE en Prado del Rey. Y donde tantas horas dejábamos (a veces solo nos faltaba dormir sobre el césped de los jardines de Prado del Rey, junto al lago de los patos que por allí deambulaban). porque la entrega era común y absoluta en todos los profesionales. Siempre obedecíamos a un mandamientos que se nos inculcó desde el principio: Siempre manda la actualidad y la prioridad informativa.

Pero he dejar constancia de aquellos segmentos del tiempo, cuando, en aquellos ratejos libres y de ocio, uno se incrustaba, por los estudios cuajados de decorados gigantescos, donde se realizaban programas de teatro, de entretenimiento, infantiles, musicales… Todo era aprender disfrutando. Te podías encontrar, para el álbum de la memoria colectiva, a Laura Valenzuela maquillando su belleza por los pasillos, a Manolo Escobar sonriendo y canturreando pasodobles, a un cámara a todo meter con unas imágenes de última hora para el Telediario, o con Tip y Coll, éste más filósofo, aquel más cercano y dicharachero, siempre inconmensurables, o con Mariano Medina, «El hombre del tiempo«, tal cual se le conocía por todas las esquinas, que saludaba en voz baja como no queriendo molestar, acompañado de sus viejas carpetas con unos cuantos mapas del tiempo, o con Sara Montiel, o con Paco Camino, o con Adolfo Marsillach, Marisa Medina, o con Jana Escribano, locutoras de gran realce, o con un grupo de paisanos de cualquier lugar, ataviados con el traje típico, que iban a grabar unas danzas populares para cualquier programa, mientras se acompañaban de los acordes de las bandurrias, de las guitarras, de las panderetas, y que miraban por todas partes, con un ayudante de producción y una azafata al frente que les guiaban en la larga caminata hasta el estudio correspondiente, o con los conocidos como los Hermanos Malasombra, que protagonizaban un curioso programa infantilTodo un mundillo variopinto a caballo, por tanto, de numerosas parcelas.

O con Isabel Tenaille, o con Mary Cruz Soriano, siempre la mar de cordiales, que tenían el despacho de los programas que presentaban junto a aquel en el que yo trabajaba. o con Adela Cantalapiedra, compañera de programa, que nos acompañó a una de las ediciones del Cerezo en Flor, o con Joaquín Arozamena, o con Victoria Prego, o con Pedro Erquicia, que marchaba, siempre, como reflexionando cartujamente, hacia su despacho de «Informe Semanal«, o con Matías Prats, junior, de siempre incrustado en la inquietud del panorama deportivo, o con Alberto Delgado, cronista político y parlamentario, o con Miguel Ors, o con Cristina García Ramos, que también compartió con un servidor tareas de presentación en el mismo programa…

¡Qué fácil, como podréis observar, resultaba aprender, con profesionales de tanto relieve…!

Todo un mundo, queridos amigos, que habrá que ir desglosando, siquiera sea por su fascinación. ¡Qué sencilla, qué mágica, que inmensa era aquella TVE, que rezumaba un aire cálido, humano por aquellos pasillos, por aquellos estudios, por aquellos decorados…!

En este tiempo de recuerdo queda, inolvidable, aquel día que mi siempre querido y llorado amigo Juan Rodríguez Ruiz, que dirigía el programa informativo «Desde la bola del mundo«, me comentó entre bambalinas:

— Juan, mañana no se te olvide venir con chaqueta y corbata…

Solo atiné a decir:

— ¡Pero si siempre vengo así, Juan…! –repliqué, –entre la timidez y la expectativa del motivo sobre la orden del director del programa.

Me dio una cariñosa palmada en la espalda, sonrisa semicontenida –ahora que lo pienso, tras tanto tiempo– y me dijo tan solo:

— ¿Aquí quién es el jefe?

Pensé en que se trataría de una entrevista de carácter «extraordinario«, por darle alguna denominación, algún almuerzo de trabajo…  Pero me equivoqué de pleno. Llegado el día siguiente, a eso de diez de la mañana, Juan Rodríguez mientras uno tecleaba el texto para alguna de sus informaciones (probablemente sobre algún tema de Cáceres, remitido por Enrique Caldera o Luis Bravo,  dijo:

— ¡A la una y media más o menos bajas a la sala de maquillaje…!

Se llevó el dedo índice a la boca, en actitud de que me callara. Y obedecí impacientemente, para no engañarnos, mientras cada quince o veinte minutos, miraba el reloj, cuyas agujan avanzaban de forma inexorablemente. Seguía sin entender que pasaría a la una y media la tarde. Aquello parecía un jeroglífico, en los que jamás he sido muy experto. Minutos más tarde llegaba la presentadora habitual del espacio, Nieves Romero, de larga trayectoria en RTVE. Juan, entonces, nos reunió a los dos y dijo:

— Como ya sabe Nieves, hoy comienzas a presentar el programa.

Me quedé «in albis«. Completamente mudo y sin palabras.

Nieves, mientras le correteaba una lagrimilla de emoción por el rostro, me dio un largo y cálido abrazo:

— ¡Mucha suerte, Juan…! Te quiero un montón…!

Me quedé absorto. Llamé a mis padres. Don Valeriano y doña Dorita, claro, avisaron a familiares y amigos. Imagino que mi debut estaría invadido por los nervios de lo que representaba mi nuevo cometido. Pero siempre decidí seguir a pies juntillas los criterios de tantos buenos jefes y compañeros de andanzas por aquel mundillo salpicado de curiosidades, de información, de aventuras…

Tras el debut, al abandonar el estudio televisivo, allí estaban Juan Rodríguez y Nieves Romero, que salían del control. Solo oí tres palabras que parecían salidas al unísono:

— ¡Bien, Juan, bien…!

1985: Director de TVE-Navarra.

1985: Director de TVE-Navarra.

Luego, paulatinamente, fui recorriendo un montón de caminos entre compañeros y amigos. Citar de entonces a unos cuantos, en aquellos comienzos, es un tributo de justicia en la memoria y en el respeto a todos ellos. Los cito y dejo constancia hasta donde me llega la reflexión de un denso día emocional.

A los ya citados, añado: José Luis Pimentel Herrera, Subdirector del Programa, José Miguel Sierra Mackiew, realizador, José María Echevarría y Manuel Yébenes, montadores, María Jesús Jarque, Luisa Aleñar, Leonor Ruiz, José Julio García, redactores, Rafael Bellido, en la producción… Ya saldrán más nombres… Y los corresponsales gráficos, y algunos gráfico-redactores, en todas esas diecinueve provincias, que también iremos sacando poco a poco, por ser, asimismo, de justicia. El equipo de Cáceres, ya queda señalado, Emilio Rodríguez Olivenza y Manuel López, de Badajoz; Saturio Ugarte, de Soria; Pedro Peral, de Ciudad Real; Mayoral, de Avila, Juan Antonio Prieto, de Santander, Texeda, de Cuenca, diversos reporteros gráficos de los Servicios Informativos Centrales que prestaban su colaboración accidental porque andaban muy ocupados en sus grandes y excepcionales reportajes de todas las temáticas y por todo el mundo, creando escuela, como Emilio Polo de Guinea, José Manuel Alaiz de la Fuente, Cayetano Mesa, Evaristo Canete, Germán, Pepe Peciña, Reverte, acompañando con la extraordinaria calidad de su hondura, con la cámara al hombro a Miguel de la Cuadra Salcedo, a Luis Pancorbo, a Jesús González Green… Y los ayudantes de cámara como Antonio Gómez Carrascal, Miguel Cañadas Santiago, Francisco Mínguez, Manuel Ovalle, Agustín Ballesteros, que más tarde, serían otros excepcionales reporteros gráficos.

Hago un alto. Tomo aliento. Sigo con reporteros gráficos: Valentín López Hernán-Gómez y Paco Cerro, que seguía las actividades de la Casa Real, con Celso Ferreiro como Informador, Agustín Ballesteros Sorarraín, Fernando Ruiz del RíoGabriel Flores, Pedro Horcajuelo, Escamilla, Alberto Ramos… Sigo con periodistas: Miguel Vila,  de deportes, Juan Antonio Franco Oliván, informador especializado en la Bolsa, Joaquín Castro Beraza,  que más tarde sería Director de los Servicios Informativos, Mary Carmen Izquierdo, el primer rostro femenino en la información deportiva de TVE, Alejandro Heras Lobato, Baltasar Magro, Santiago López Castillo, José Hervás, Rafael García Arranz, que posteriormente estaría al frente de Teletexto, imprimiéndole un impulso relevante, Luis Ignacio Parada, especializado en Economía, Elena Martí, en Política internacional, Carmen Enríquez, informadora de la Casa Real, Augusto Rey Vilas, Ramón Barro, Celso Vázquez, Carmen Sastre, Alejandro Plaza, Carlos Estévez, Antonio Martín Benítez, José Martos Domínguez, José María Varona, Francisco Rioboó, Agustín Cortajarena, José María Almela, Rosa María Artal., José Angel de la Casa, compañero de estudios, que retransmitiría cientos de partidos de fútbol…

Y otros presentadores de Informativos: Clara Isabel Francia, Manuel Almendros, Mary Carmen García Vela, Florencio Solchaga, Jesús Alvarez, Julio César Fernández, Gustavo Cantolla, Rolando Gómez de Elena, Tello Zurro, David Cubedo, la voz de oro del NODO…

Y realizadores: José Marín Quesada, de un impecable y brillante currículum, todo un capítulo de la televisión, Luis Tomás Melgar, Pepe Terribas, José Lombardía, Carmelo José Barrera…

Y otros montadores; Xoqui Saire, Diomedes Bravo, Santiago Terroba

Y corresponsales desparramados por esos complejos vericuetos de la panorámica internacional: José Antonio Plaza, en Londres, Paloma Gómez Borrero, en Roma, Manuel Piedrahita, en Berlín, Miguel Veyrat, en Rabat…

Y productores: Javier Fuentes Jiménez, José Enrique Ballesteros, que hoy desempeña su trabajo en el Centro Territorial de TVE-Madrid…

Y tantos buenos técnicos: Pablo González Tocino, de sonido, que luego sería un  gran realizador deportivo, Fausto Tortosa Verdú, documentalista y más tarde redactor…

Ha sido, perdonadme y permitidme, un pequeño desahogo, si se quiere, histórico. Hoy más que nunca, en este cumpleaños de Televisión Española, pues, quiero dejar constancia pública de mi máximo agradecimiento a una empresa de extraordinaria relevancia social, ante la que un día me presenté con esa sana circunspección que se le presentaba al novato. Y encima, además, rodeado de tantos buenos profesionales, de caras conocidas, de periodistas excepcionales… Una empresa a la que, ahora, en su nuevo cumpleaños, debo completamente todo.

Atrás queda un largo haz  de Crónicas, de Reportajes, de Entrevistas, de Acontecimientos, de Viajes, de miles de Anécdotas, de Curiosidades, de Documentación, de Responsabilidades, de Sueños y de Insomnios, de horas de montaje en aquellas cabinas donde tanto se aprendía…

Una empresa, RadioTelevisión Española, que me dio tanto, que ahora, desde el aire hilvanado de la emoción, la celeridad pautada de tantas estampas, de mis trabajos, trato de plasmar como en esa cabalgada  que tanto me fue llenando día a día de un ámbito que tanta generosidad derrochaba con todos nosotros.

Aquí dejo hoy, pues, unos compases del tiempo, desde mi más intensa e inmensa gratitud a tantos compañeros que tanto que me ayudaron, mientras espero seguir y continuar la andadura. Creo honradamente, con la mano en el alma que merece, sencillamente, la pena.

Hoy, pues, va por todos ellos. Los que figuran en esas lineas que ya quedan dibujadas en el paisaje de las lineas escritas y los que van a seguir acompañando esta trayectoria. Así, pues, va por todos ellos.

Qué gran empresa, amigos…!

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EL TRAJE TIPICO DE CACERES EN UN CUPON DE LA ONCE

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El Traje Típico de Cáceres se conforma, en sus diferentes prendas y manifestaciones, como una joya histórico popular en el transcurso del tiempo, siendo, cada día, cada día más admirado por todos los lugares del mundo. Un traje de extraordinaria raigambre e identidad costumbrista que se airea en todas las manifestaciones festivas.  

A lo largo de la historia son numerosas las estampas, las tarjetas postales, los dibujos, los cuadros, los cromos de álbumes de colecciones infantiles diversas, las ilustraciones de libros, calendarios, y un largo etcétera, que aparecen con el Traje Típico de Cáceres, tal como vamos recogiendo, paulatinamente, en nuestro blog: «CACEREÑEANDO, EL BLOG DE JUAN DE LA CRUZ«.
De este modo, sin entrar en las consideraciones específicas de la indumentaria popular cacereña, sobre la que existen numerosos artículos, ensayos, reportajes, investigaciones, de muy acreditados estudiosos, de antes y de ahora, como los que conforman los nombres de Manuel García Matos, Angelita Capdevielle, Domingo Sánchez Loro, Valeriano Gutiérrez Macías, María Fernanda Sánchez Franco, Manuel Trinidad, Juan José Domínguez Moreno, y otros muchos, analizamos, pues, las fuentes de la curiosidad desde la perspectiva de esas Otras Estampas, por darle una denominación a tantas imágenes de y sobre el Traje Típico de Cáceres.
Como es, por ejemplo, la que resulta de la aparición de este cupón editado el 22 de Noviembre de 1996 por la Organización Nacional de Ciegos Españoles sobre el Traje Popular de Cáceres, dentro de la serie tan acertada como resulta la de TRAJES TÍPICOS.
Una llamativa imagen que es original del pintor, ilustrador, dibujante y figurinista Lluis Labarta y Grañé (Barcelona, 1852-1924), con litografía de Magín Pujadas, que, en su día, que llegó a ser Director Artístico y Litográfico de la Editorial «Espasa y Cía«, creada en 1881. y para la que fuera elaborado dicho dibujo.

Dicho cupón representaba, tal como se puede apreciar, la imagen de la vestimenta típica de una joven cacereña que aparece representada, además, con la estampa, tan conocida y frecuente en su día, con el cántaro al cuadril. Unas imágenes curiosas de estampas tan duras como aquellas inveteradas caminatas de las mujeres y chicas cacereñas hasta las fuentes y cargar con el agua precisa para hacer frente a los diversos menesteres caseros que se necesitaban en todos los domicilios familiares.

Ese día, hasta donde relata la historia popular del callejeo por Cáceres, los vendedores de los cupones de la ciudad que invaden las esquinas de las principales calles, sobre todo del centro del caso urbano, añadían a su habitual pregón de «¡Los iguales para hoy!«, el de:

— «¡La suerte de la ONCE, hoy, seguro, con el cupón del Traje Típico de Cácereeeeeeeees!«.

Una estampa, por cierto, que como es lógico, dio lugar a numerosas tertulias en la calle, en la barra de los bares, en las tiendas, en las tertulias vecinales, en los soportales de la Plaza, Pintores arriba, Pintores abajo, Cánovas arriba, Cánovas abajo, a la hora de pegar la hebra, y centrar una amplia y variopinta diversidad de chácharas en en el hilo argumental la imagen del Traje Típico de Cáceres en el cupón de la Organización Nacional de Ciegos de España.

— ¿Ha visto usted, señora Genara, el cupón de la ONCE de hoy? –dijo un tendero del mercado.

— ¡Lo han dado hasta en la radio esta mañana…! ¡Y tiene a una muchacha con el traje típico de Cáceres!. –respondió el carnicero, vecino de puesto, mientras partía con el cuchillo unas chuletas de cerdo.

— ¡Ah, pues no sabía nada…! ¡¡Madre, qué alegría para todos…!–respondió el ama de casa, mientras sacaba de un bolsillo del abrigo la lista de los productos que tenía que adquirir… Entonces el carnicero, de profuso bigote, con pelo entre grisáceo y canoso prematuro, con amplia sonrisa, le enseñó un cupón del día a la señora Genara:

— ¡Mire usted qué bonito…! ¡A ver si nos toca por este motivo…! –y se lo pasó varias veces por el pecho, llamando a la suerte, tal como había aprendido desde siempre y en la esperanza de que el premio llegara su número. Lo que, en definitiva, hacen y hacemos todos.

La señora Genara no estaba dispuesta a que la suerte del cupón de la ONCE, bellamente ilustrado con una joven ataviada con el Traje Típico y Popular de Cáceres, pudiera tocarla a todos, menos a ella.

— En cuanto que salga de aquí voy a ver si me encuentro con un vendedor de la ONCE, que hoy, seguro, nos van a dar un poquito de suerte…

De repente, en medio de la algarabía tan frecuente en el mercado, entre un rumor continuado de voces y de charlas amenas, la mar de animadas entre vendedores y clientes, que si una oferta de los tenderos, que quién da la vez en la cola, que el bacalao acaba de llegar ese misma mañana de Bilbao, se oyó un vozarrón por encima de los otros:

— ¿Quién quiere un cupón con el Traje Popular de Cáceres…?

Al escuchar el anuncio del vendedor pareciera que se hizo un silencio. En ese impasse tan solo se oían los golpes del bastoncillo como rastreando el suelo. La señora Genara dejó la bolsa a cuadros de la compra en el suelo, sacó el monedero del bolso, y adquirió de una tacada seis cupones, seis, como en los toros, añadiendo:

— Uno para mi madre, otro para la señora Evarista, que es un primor de vecina, otro para cada uno de mis hijos, otro para mi marido, Gervasio, y para mí, y otro para guardarlo por si toca y tener siempre una cosechita almacenada.

Luego se despidió del lotero con esa sonrisa propia de la alegría del día, una comidilla que correría por los ríos y afluentes de las calles y plazoletas del todo Cáceres, deseándole y deseándose, al mismo tiempo, la misma suerte.

— ¡Vamos a hacer un extra…!, que para eso somos hoy protagonistas en todita España. ¡Ay, madre, qué bonito que es el traje regional de mi tierra, de mi ciudad…! ¡En cuanto que llegue a mi casa se lo comento a todas las vecinas y llamo por teléfono a mis hijos, que aquí tienen un cuponcito, que les regala su madre, con todo el cariño del mundo, y a mis primas, la Tomasa, la Petra, la Marga, la Florita, la Severiana… ¡Ea, ya tenemos el cafetito hecho…!

DEDICATORIA: Para Adela Sánchez Corchero, querida amiga, en el hechizo del paseo cacereño.

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MONJAS Y SACERDOTES ENTRE SERPENTINAS Y CONFETTIS (1965)

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Día de la Provincia en Cáceres, 1965. La Avenida de España se conforma como un hervidero de alegría festiva en la celebración de una Fiesta con rango de extraordinaria.

José Luis Caldera, Benigno Tovar y Pedro Tovar, entre serpentinas y confettis...

José Luis Caldera, Benigno Tovar y Pedro Tovar, entre serpentinas y confettis…

El día ha salido bueno de verdad, dice el paisanaje que aguarda la celebración del Día de la Provincia. Y, además, acorde con el sabor y la llamada la fiesta, invitando a todos a una siempre animada y magna concentración en las zonas del recorrido del desfile.

Un desfile que se conforma de llamativas carrozas diseñadas por consagrados artistas, tras darle mil vueltas a la configuración de su obra, tan esperadas por todos los cacereños, con ricas imágenes de las comarcas, con la presencia de numerosos grupos folklóricos llegados desde diferentes puntos de la provincia, con una exhibición de trajes y de las ricas canciones, jotas y otras danzas populares…

Una muy amplia muestra, asimismo, de productos típicos de pueblos cacereños con el color y el aroma generoso de las frutas, con verduras, con los siempre sabrosos dulces salidos de los hornos, con trajes, con artesanía naciente de los alfares, con varias generaciones de antigüedad y al amor de la lumbre, entre lebrillos, piporros y cántaros, de telares, armoniosos y creativos por parte de los trabajadores del pueblo cacereño, con aparejos de labranza, arados, colleras, que tanto honran a las buenas gentes de la tierra parda, con todo un aluvión de variedad y diversidades que llaman la atención de miles de personas que se convocan, que se dan cita y participan, con la mirada expectante y en medio de un carrusel configurado por expresiones de exaltación. Siempre, claro es, alrededor del recorrido de la pintoresca celebración. Y de las que las gentes de Cáceres arden en deseos.

Un acontecimiento popular cuajado de jolgorio y de alegría, de diversión, de sonrisas en un ambiente que cuenta de la mayor participación y con el gentío que se desborda por los riachuelos de la cacereña Avenida de España en toda su extensión. Por allí la Avenida de la Montaña, por allá la calle General Primo de Rivera… Atrás quedaba la Feria de Mayo… Pero eso ya se aparcaba en el pasado. Caminemos, pues, adelante.
Suenan los acordes musicales conformados por las bandurrias, por las guitarras, por los laudes, por las cucharas raspando las botellas de anís, por los panderos, por las flautas, por las castañuelas. Se escucha el conjunto de la masa coral. A la que se añaden espontáneamente, de forma popular, todos. Cacéres canta y baila y celebra el Día de la Provincia en el sabor de aquellos tiempos donde los acontecimientos festivos gozaban del mayor aplauso ciudadano.
Se corean entre rítmicas palmadas, por miles de espectadores, las canciones de la tierra, se lanzan piropos a las mozas, que se enorgullecen del rumor de los jóvenes, se palpa el sabor del tipismo ancestral y tradicional extraído, a golpe de esfuerzo y de investigaciones, por muchos estudiosos y que, entre todos, se fueron recuperando… Tal cual como sucede por todos los pueblos de España convocados en sus acontecimientos feriales y en el ritmo de fiesta como un acto de recreación e identidad popular. De norte a sur y de este a oeste por la piel de toro española.
Las guapas jóvenes que lucen en las carrozas, bien aderezadas con las mejores galas, campuzas cacereñas de pura cepa, y otras identidades etnográficas, saludan desde lo alto –sonrisa arrolladora, pasión de cacereñismo– arrojando al público toda una continuada serie de serpentinas y confettis. Un vaivén de sorpresas…
Cáceres, mientras repasamos las dos curiosas secuencias y fotogramas de los reporteros gráficos de NODO, que acompañan este ensayo, canta y baila como hacen, en sus citas con la historia popular, todos los ciudadanos de todos los pueblos,
También, claro es, por supuesto: Una gran Batalla de flores. Adioses, amor, pasión, diversión colectiva de un pueblo con ganas de jarana, desde las carrozas se escapan algunos obsequios a los espectadores, en forma de golosinas, por las que se pelean en acelerada carrera y disputa los muchachuelos y, también, los mayores, mientras que otros, más decididos, se lanzan hasta la misma carroza a ver si alcanzan una perrunilla, que se llevan triunfalmente entre aplausos del personal al héroe del dulce típico cacereño, mientras el mismo exhibe la perrunilla desmijada como si de un trofeo se tratase.
 
— ¡Qué bien bailais las jotas cacereñas, caraja, y que pedazo de salero teneis todas…! –grita un paisano de traje de pana negra, a pesar de los sofocantes calores de ese junio, botas camperas, gorra capada entre motas volanderas, camisa a rayas verticales de azul y marrón, colilla en la comisura de los labios… 
El gentío se apretuja al máximo para presenciar el desfile de carrozas. Sobresalen las cabezas y los ojos mirando a las carrozas. Los hombres, las mujeres, los niños, la juventud, diríase que todo el personal, tiene y mantiene el ánimo predispuesto para una buena tarde. Y apurando ese deseo todos se divierten en la fiesta, que para eso se celebra, mientras los decibelios de los acordes musicales populares cambian su tono de mayor a menor, o viceversa, según evoluciona el paisaje del desfile en el paraje del Día de la Provincia.
Unos, los menos, las autoridades, en la tribuna presidencial, por mor de los rigores y exigencias de la normativa, con traje, así como impecable; otros, casi la práctica totalidad de los asistentes como observadores, con aire deportivo, polos, camisas de manga corta, pantalones vaqueros, o de tergal; las muchachas, siempre atractivas, con su sonrisa de azucena y de jazmín, de amapola, de terciopelo y lirios; otros con el pelo engominado y a la última moda; otros, con indumentaria sacada del baúl casi del olvido, heredada de sus antepasados y conservada como una joya. Diríase que primorosamente.
Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl divertiéndose en el Día de la Provincia. 1965.

Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl divertiéndose en el Día de la Provincia. 1965.

Por allí se agolpaba, como suelen apuntar las crónicas periodísticas de la historia, que se almacenan en las buhardillas de los archivos y hemerotecas, el todo Cáceres, con sus vecinos que llegaban desde San Blas o desde la barriada de Aldea Moret, o, acaso, desde Aguas Vivas, desde diferentes pueblos de la provincia, norte, sur, este y oeste, acompañando a sus representaciones del municipio o de la comarca…

Y ese todo Cáceres, haciendo un alto en el camino, disfrutaba, de forma entusiasmada, en la exaltación de la festividad  con cita en el Día de la Provincia…

 Entre ellos, en la tribuna, instalada a la altura del edificio que se alzaba como el Asilo de Ancianos, con tan admiradas monjas y venerables mayores en sus dependencias, podemos apreciar a los sacerdotes José Luis Caldera, Pedro Tovar, que fuera párroco de la iglesia de Santiago, Benigno Tovar, hermano del anterior, coadjutor de San Blas…
En el otro documento fotográfico apreciamos a  unas monjas pertenecientes a la Orden de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, con tanta y tan buena labor en Cáceres, siempre entregadas a los pobres, los marginados, escuelas, centros de acogidas, aunque en la imagen se encuentran disfrutando, alegremente, en medio de un ramillete en abanico, dibujado de serpentinas y confetis multicolores. Las mismas son, al parecer, por los datos facilitados por un lector sor Aurora (Cruz Roja) y Sor Pilar (Colegio La Milagrosa).
Es de señalar, asimismo, que las hermanas de la Caridad de S.Vicente de Paúl, como nos indica Jimena Ruiz, continúan haciendo una gran labor con el comedor para necesitados, instalado en la casa donde reside la Congregación en la Parte Antigua.
 
N: Las imágenes están entresacadas del reportaje dedicado por Noticiarios y Documentales (el popular NODO) al Día de la Provincia de Cáceres del año 1965.
 
NOTA: A mi querido amigo Francisco J. Paniagua Mata que todos los días cacereñea a base de bien. Gracias, Maestro.

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ROSTROS CACEREÑOS…

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Confieso que soy un admirador profundo de los rostros, impresionantes, impresionables, duros, esforzados, severos, del Cáceres y de la Extremadura rural, de los campesinos, agricultores y de aquellas mujeres heroicas, cruzadas de pueblo y campo, que se fueron por el sendero de la eternidad, dejándose el pellejo en la dureza y severidad de las caminatas del día a día, entre los surcos, siempre inveterados, de la tierra parda…

 

Mujer de Cañamero, 1928, fotografía de Ruth Matilda Anderson.

Mujer de Cañamero, 1928, fotografía de Ruth Matilda Anderson.

Mi pequeño archivo cuenta con una serie documental de rostros cacereños desdibujados en el pulso de la historia, cansados de trasegar afanosamente en un sin parar, en un sin vivir, desgarrados, que miran quizás con una interrogante de misterio, de enigma, como preguntándose, tan solo, entre resignaciones y paciencias, a voz en grito, o, tal vez, en medio de un estrepitoso silencio «¿Por qué? o, acaso: «¿Por queeeeé?».

Como este Rostro de la izquierda, fotografía titulado CON SOMBRERO DE PAJA, captado por Ruth Matilda Anderson, en 1928, en la localidad cacereña de Cañamero.

Rostros archivados de la mano de extraordinarios fotógrafos, de buenos, muy buenos escritores, ensayistas, filósofos de la razón, ignoro si pura o no, de reportajes sobre la historia de los pueblos y aldeas de la provincia de Aquellos Tiempos, de humanistas y sociólogos, de artículos desgarradores, de personajes que faenaban entre sus andaduras y nos iban dejando ese sorprendente legado de Rostros Cacereños… Rostros de misterio como la negra pena, de sabores como la pena negra, rostros abrasados en el crujido del azar de la vida, rostros que no saben dónde mirar pero que, eso sí, cabalgan a lomos de una dignidad inmensamente infinita, hacia la justicia del juicio tras tantos avatares…

Rostros que, junto a otros testimonios de nuestra historia, sacrosanta, y otras veces, como perseguida –o, tal vez sin como– por los disparos traidores de la maldición, parecieran perseguir, uno y otro día, siempre, por las campas de cada amanecer hasta la propia oscuridad de la noche más cerrada, a nuestras buenas, humildes, esforzadas gentes en el vía crucis de esta vereda. Gente admirable, con un corazón de sortilegio para aguantar los azotes de la ira del viento, las piedras de los tropiezos, la carencia de la sonrisa, quizás, puede, acaso, por la hipotética carencia de músculos en la cara…

Campesino de una comarca del Norte de Cáceres en los años 20

Campesino de una comarca del Norte de Cáceres en los años 20

Pero gentes, siempre, muy luchadoras, pudiera decirse que eternamente luchadoras, que ganaban el pulso a la noria de los sufrimientos, aunque en ocasiones se los llevara por delante la corriente del agua y tuvieran que asirse a la esencia del aire, al misterio de la nada, y, en ocasiones, sucumbir ante la adversidad. ¡Porque la vida no son cuatro días, como señala el dicho popular…!

Me pregunto, ahora, con la mano en mi alma extremeña que he dejado y plasmado cientos de veces, siempre desde la buena fe, mis paisajes y mis parajes por las campas cacereñas y extremeñas, por numerosos lugares de la comunicación: ¿Por qué no sacaba adelante, pues, estas fotografías, en vez de morir en un archivo que, no se, un día podría desfallecer en el aburrimiento y aislamiento de un despacho, como se olvidan tantos recuerdos, tantas estampas, tantas imágenes… para la nada?

Me lo he jugado, entonces, mano a mano, en mi conciencia como si fuera un verso suelto de la paz que uno quisiera guardar y fortalecer… Pero, antes, es de justicia revitalizar esa serie de Rostros Cacereños que tanto quieren decir sin decir nada porque ya, tan solo callados, lo manifiestan, lo relatan, lo cuentan todo, absolutamente todo, cuando han estado días, semanas, meses y años, muchos años, callados en ese hipersilencio que mamaron de la propia rutina cuando sus primeros pasos…

Entonces, al cabo de unas reflexiones conmigo  mismo, pensé que merecía la pena pregonar la expresión de estos rostros que tanto tienen que apuntar en las columnas de la historia de la provincia de Cáceres…

Hurdano, años treinta, aproximadamente.

Hurdano, años treinta, aproximadamente.

Por eso hoy abro la puerta de un camino, a caballo de esos quehaceres del escritor y del periodista, con su pluma apaisajada por las veredas de la admiración y el respeto a tantas gentes que supieron escribir, como muchos, parte del recorrido de la tierra cacereña. Basta, tan solo, con detenerse en las estampas, en las miradas, en los entresijos de esas fotografías…

He de confesar, amigo lector, que al teclear el ordenador y escribir este pequeño ensayo, me tiembla el alma, contemplando esos documentos fotográficos que silban en el aire, que duelen en su reflejo y en su esencia, y que quienes hemos conocido, siquiera fuera un mínimo segmento de algunas de tantas y tantas vidas anónimas de nuestras gentes de pueblo y campo, y también de ciudad, claro, sentimos el escozor de esos hombres, de esas mujeres, de esos chicuelos, que supieron labrar con extraordinaria dignidad los surcos de la tierra parda.

También me pregunto por esas fotografías. A veces no las saqué por dolor ajeno y propio, en ocasiones porque pasaba por el tamiz de los mismos como queriendo dejar atrás una página de la historia de tanto dolor, otras, sencillamente, por olvido, y, finalmente, otras, porque uno también llora y le resulta muy cuesta arriba escribir una línea con los ojos empañados por esas lágrimas que humedecen y nublan la vista.

Aquí, por ejemplo, teneis, a la izquierda, a una lavandera cacereña de extraordinario esfuerzo humano y familiar. Su cara, su rostro pareciera un poema de lucha y de sacar adelante la casa , como lo es, de paz y esperanza. Se trata, sencillamente, de Vicente Polo Salgado, a la que, siguiendo la tradición de aquellos tiempos, conocían bajo el apodo de La Farruca, heredado, al parecer, de ese mismo apodo con el que se conocía a su padre.

Gracias, pues, mil veces mil, a esos Rostros Cacereños de los que emerge tanta Serenidad, tanta Paz, y cuyas gentes fueron capaces de recorrer los pedregales de las andaduras, entre vértigos y dolores, conformado por decenas de arrugas de trabajo, esfuerzo y padecimientos…

La voz, sí, la voz escrita, que es la palabra, me ha conmovido con esos Rostros que, paulatinamente, iré dejando para mis amigos y lectores con la voz atragantada en aquellos enormes afanes a los que se veían obligados, desde la necesidad y la exigencia, para salir adelante, en medio de todo un desgarrador marasmo y un maremagnum de interrogantes…

Gracias, pues, a esos Rostros Cacereños de tanta y tantísima Dignidad…

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LA MONTAÑA DE CACERES…

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Un día cualquiera, del Cáceres de Aquellos Tiempos, nuestro siempre querido Javier (García Téllez, claro es), se encaminó, cámara fotográfica al hombro, a buscar instantáneas, como las que se plasmaron, con su firma, en el álbum de la historia de la fotografía en Cáceres. Ese día se fijó en la Montaña y en su Santuario.

 

Una misión, la de Javier, siempre encomiable, y un compromiso que adquirió, también para siempre, en su identidad por y con Cáceres, que regó con su elevado grado de creatividad, su capacidad de trabajo, asimismo en su estudio, en la calle Pintores, e, igualmente, a través de la corresponsalía en numerosos periódicos y revistas nacionales, como «ABC«, «Blanco y Negro«, la agencia «EFE«…

Una ciudad a la que, como me comentara un día su hijo Valentín, que gloria haya, buen amigo, le debió de dar cientos y cientos de vueltas, «gastando suelas de zapatos permanentemente», comentaba, buscando todo tipo de rincones, imágenes, estampas, perspectivas que enriquecieran la imagen de Cáceres, como retrató a miles de cacereños en bautizos, en comuniones, en bodas, en festejos y acontecimientos diversos, mientras me comentaba, con un rico cocido madrileño al medio:

— ¡La verdad es que mi padre es un genio…!

Hizo un alto y añadió:

— Y un trabajador infatigable.

¡Y vaya si consiguió recrearse en la estampa de fotografiar lo que se podría señalar y manifestar como el todo Cáceres…!

Entre los cientos y cientos documentos sobre Cáceres, en su fecunda vida profesional, y de tantos y tan diversos campos y panoramas, siempre con el tamiz y el matiz cacereño, hoy dejamos constancia de este bella perspectiva dirigida hacia el camino en el recorrido hasta el Santuario de la Virgen de la Montaña, la Patrona de Cáceres, que todos conocemos tan bien.

Una labor tan abierta y servicial, de tanta y tan exquisita generosidad con la ciudad cacereña, que Javier García Téllez presta hoy su nombre a un Instituto de Educación Secundaria en la ciudad cacereña.

Javier García Téllez (Gata, 1888-Cáceres 1963) obtuvo una Medalla de Oro en la Exposición Iberoamericana de Sevilla, celebrada en el año 1929, con una colección documental sobre los monumentos de Cáceres, Plasencia y Trujillo, presidente de la Escuela Elemental de Trabajo y Capataces Agrícolas, posteriormente Escuela de Maestría Industrial, concejal del Ayuntamiento,

Aquí os dejo hoy, pues, una hermosa imagen de otros tiempos, con una excepcional perspectiva, para el sabor, el recuerdo y la historia del Cáceres de Aquellos Tiempos.

 

 

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MONUMENTO A GABRIEL Y GALÁN

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José María Gabriel y Galán se conforma como uno de los nombres más relevantes de la poesía castellano-extremeña. Como sabemos todos los extremeños.

Estatua a Gabriel y Galán en el Paseo de Cánovas, por Pérez Comendador.

Estatua a Gabriel y Galán en el Paseo de Cánovas, por Pérez Comendador.

Lo que viene al hilo de esta antigua fotografía, referenciada en los años cincuenta/sesenta, que llevara a cabo el excepcional fotógrafo aragonés Luis García Garrabella, 1907-1977), y que, en aquellas décadas, cámara en ristre, decidió recorrerse España de cabo a rabo, por toda la geografía de la piel de toro que se expande por los cuatro puntos cardinales y tratar de plasmar los monumentos, las esencias, las particularidades, los paisajes, las costumbres, las sensibilidades que se dan cita por la hermosura de los pueblos y ciudades de España.

El objetivo: Conformar una colección de postales fotográficas de la marca que llevaría su nombre en el reverso de las postales, EDICIONES GARCÍA GARRABELLA, que tuvo, por cierto, un gran eco en el mercado de Aquellos Tiempos. Y que, por supuesto, habría de encontrar un manifiesto interés en su colección de Tarjetas Postales de España.

Una de las fotografías más representativas de Cáceres, elegidas por Luis García Garrabella para dicha colección, quizás como quiera que el mercado se encontraba saturado de postales cacereñas con los monumentos más representativos de la entonces conocida como Ciudad Antigua, hoy Casco Histórico-Monumental y Ciudad Medieval, se conforma con la estatua de José María Gabriel y Galán, en primer plano, y con el céntrico Paseo de Cánovas al fondo.

Fotografía aparecida en 1926 en el diario ABC, en el día de la inauguración del Monumento.

Fotografía aparecida en 1926 en el diario ABC, en el día de la inauguración del Monumento.

Un monumento elaborado, de forma primorosa, con gran sentido figurativo y con una gran composición artística, por el galardonado y laureado escultor extremeño Enrique Pérez Comendador, en el año 1926, a quien le entusiasmó el encargo, de tanto realce y belleza, en homenaje a una personalidad de la poesía y de las letras como la figura que representa el autor de «El Ama«, José María Gabriel y Galán.

Es de señalar que Enrique Pérez Comendador (Hervás, 1900-Madrid, 1981), perteneciente a la Escuela Sevillana de Escultura se distinguió, desde siempre, por su amplia capacidad de trabajo y sus cualidades imaginativas y realistas. El mismo cuenta en su haber con destacadas obras y significativos galardones: Como son el monumento a San Pedro de Alcántara en la Plaza cacereña de Santa María y al que le puso su propio rostro, los Monumento a Vasco Núñez de Balboa y Ramón Gómez de la Serna, en Madrid,  el de Pedro de Valdivia, en Santiago de Chile el paso «La Despedida«, que desfila procesional, devotamente, durante la Semana Santa de Zamora, una de las más hermosas y sugestivas de España.

Y entre sus galardones destacar las diversas que obtuvo en la Exposición Nacional de Bellas Artes en Madrid, la Medalla de Oro de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, el Gran Premio de Roma, el Premio Nacional de Escultura, además de ser Miembro de la Academia Española de Bellas Artes de Roma, de la que alcanzó la dirección e imprimiéndole un señalado y manifiesto impulso….

Una trayectoria tan amplia y cuajada de éxitos y triunfos, gracias a la artística delicadeza de sus manos, para mayor gloria de Cáceres.

José María Gabriel y Galán, (Salamanca, 1870-Guijo de Granadilla, 1905), la figura homenajeada, que da título a este trabajo, se merecía el mayor recuerdo y agradecimiento de Cáceres, a pesar de que nos dejó con tan solo treinta y cinco años y una densa e ingente obra, tanto en castellano como en el dialecto extremeño, el castúo.

Un poeta intenso, generoso con la luz de la vida, con la que gente que camina por el sendero de la vida, con el paisanaje del Guijo, siempre marcado por la admiración al ilustre vate.

Gabriel y Galán, que ejerció un tiempo de maestro en la localidad cacereña de Guijo de Granadilla, donde afincaría, destacó, sobre todo, por su entrega e identidad al sentimiento, la realidad y al mundo a caballo entre el campo y su sentido cristiano de la vida, donde matrimonió con Desideria García Gascón, dejando el colegio, a partir de entonces y dedicándose a la administración denominada «El Tejar», un latifundio de su mujer.

Un tiempo que comienza a compartir con la rica y expresiva poesía que nace en su alma: «El Cristu benditu«, «El Ama«, con la que alcanza la Flor Natural de los Juegos Florales de Salamanca, así como el logro de otras Flores Naturales en Zaragoza, Sevilla y Buenos Aires, que le van culminando como un poeta de relieve.

Un hombre y poeta que se entregó a la vida del campo y a la hondura de los planteamientos cacereños. Y que al fallecer con tan temprana edad se rompió la enorme talla poética de una personalidad que rezumaba identidad de sangre castellana y extremeña y que divulgó, sobremanera, los nombres de Cáceres y Extremadura en los ámbitos literarios extremeños.

Destacar, asimismo, que a pesar de su juventud, a los 33 años, José María Gabriel y Galán ya fue nombrado Hijo Adoptivo de Guijo de Granadilla.

Todavía hoy, afortunadamente, cada 6 de enero, los amigos de Gabriel y Galán continúan rindiéndole homenaje de gratitud y numen poético entre versos cuajados de sensibilidades poéticas.

Una cita que potenció el investigador y escritor cacereño Valeriano Gutiérrez Macías, Premio Nacional de Periodismo «Gabriel y Galán», autor de las obras «Biografía de Gabriel y Galán» y «Anecdotario de Gabriel y Galán»,  ante la misma estatua y con la aportación de destacados intelectuales, escritores, vates, niños y juglares que se aúnan y reúnen gracias a la excepcional figura de la talla, poética y humana, de José María Gabriel y Galán.

En la fotografía de la izquierda, año 1970, se aprecia al poeta Fernando Bravo y Bravo, con capa, el tercero por la izquierda, al investigador y escritor Valeriano Gutiérrez Macías, en el centro de la imagen, al sacerdote Manuel Vidal Carrasco, al poeta José Canal Rosado, segundo por la derecha  y al periodista Fernando García Morales, primero por la derecha.

Posteriormente, tras el fallecimiento de Valeriano Gutiérrez Macías, tomaron el testigo de esta tradición y de este empeño, «eternamente galanista por mérito propio, calidad del poeta y su dedicación a Cáceres y Extremadura«, como señalara Gutiérrez Macías, dos extremeños, tan apasionados como comprometidos con la obra del poeta, Joaquín García-Plata y Matías Simón, que, con el mayor esmero, continúan convocando a todos los cacereños cada 6 de enero ante la estatua de Gabriel y Galán, en el cacereñísimo Paseo de Cánovas.

Joaquín García-Plata y Matías Simón, dos apasionados del poeta siguen, pues, con extraordinario entusiasmo esa estela del galanismo en Cáceres…

Mientras enriquecen y divulgan la imagen de Gabriel y Galán.

Queremos finalizar este ensayo dejando plasmado uno de esos poemas con el que nos deleitó, como siempre, José María Gabriel y Galán. En este caso «El embargo«.

Señol jues, pasi usté más alanti
y que entrin tos esos,
no le dé a usté ansia
no le dé a usté mieo…

Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s’ha muerto!

¡Embargal, embargal los avíos,
que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
ya me está sobrando,
ya me está gediendo!

Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
y esa segureja
y ese cacho e liendro…

¡Jerramientas, que no quedi una!
¿Ya pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
ni esa segureja
ni ese cacho e liendro…

¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto
si alguno de ésos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s’ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
cuatro mesis vivo
y una nochi muerto!

¡Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
porque aquí lo jinco
delanti usté mesmo!
Lleváisoslo todu,
todu, menus eso,
que esas mantas tienin
suol de su cuerpo…
¡y me güelin, me güelin a ella
ca ves que las güelo!…

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SAN JORGE EN LA IGLESIA DE SANTA MARIA

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San Jorge, Patrón de Cáceres, 23 de abril, coincidiendo con la fecha en que, allá por 1229, las tropas cristianas de Alfonso IX de León arrebataron Qazrix a los árabes, es una de las imágenes que figura en el retablo plateresco de la Concatedral de Santa María.

 
Casi con toda seguridad es, por el motivo citado anteriormente, por el que, muy posiblemente, la tradición popular señala a San Jorge, como intercesor en la reconquista de la entonces villa.
 
El retablo de la catedral cacereña, de 1551, es obra de Roque de Balduque y Guillén Ferrant, elaborado en madera de cedro. En la estampa de San Jorge se le aprecia, como es habitual y dicta también la tradición, luchando contra el dragón.
 
La fotografía es obra de un eminente cacereño, como Antonio Cristino Floriano Cumbreño, catedrático, arqueólogo, director de la Escuela Normal de Cáceres, Cronista Oficial de la ciudad, director del periódico «La Montaña«…
 
El documento fotográfico referido figura como portada del libro «CACERES MONUMENTAL VISTO EN UNA HORA«, publicado en el año 1941, por Antonio Floriano Cumbreño, con el curioso y muy acertado antetítulo que reza así: «NO SE VAYA USTED SIN VER LA CIUDAD ANTIGUA«, tal como se conocía, en Aquellos Tiempos, al Casco Histórico Monumental Cacereño y hoy, también, CIUDAD MEDIEVAL.
Antonio Floriano Cumbreño es, asimismo, autor de otras publicaciones de relieve como «GUIA HISTORICO-ARTISTICA DE CACERES«, «LA VILLA DE CACERES«, y otras de manifiesto interés.
 
Jorge de Capadocia, formado en la educación cristiana, formó parte de las huestes del ejército del emperador Diocleciano, alcanzando el grado de tribuno en la guardia personal del mismo,  hasta que, en el correr del año 303, fue decapitado por negarse a participar en la persecución de los cristianos.
Posteriormente Jorge de Capadocia fue canonizado por el Papa Gelasio I.
Como anécdota curiosa señalar que en la celebración de las fiestas en honor de San Jorge, en la capital cacereña, se celebraba, con rango histórico-costumbrista, unas peleas a brevazos entre bandas rivales de muchachuelos cacereños.
 
Lo peor no eran las manchas en la ropa, sino algún que otro ojo morado. Hasta que el Ayuntamiento decidió prohibir tales enfrentamientos «bélicos» de la muchachada cacereña por el peligro para los transeúntes que, de repente, se encontraban inmersos en los campos de batalla, recibiendo impactos de la munición entre unos y otros «ejércitos«.

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